Mavis soltó un largo suspiro antes de cerrar los ojos y formar una sonrisa. Afuera la gente daba gritos de alegría, entonaba canciones y reían con orgullo. Hoy era un día especial para todo Fiore, el día en el cual celebraban su libertad.

Tres años atrás, Mavis había llegado a la ciudad acompañada de su amiga Zera. En aquel entonces Fiore era una tierra gris, oprimida por el mando egoísta de un gremio oscuro.

Yuri fue el primer amigo que hizo en el lugar. El apuesto joven de cabellos rubios se encontraba librando una ardua batalla contra los enemigos cuando ella apareció. Fue su gran habilidad con la magia y sus largos años de estudios lo que le permitió salvar la vida de su amigo y liberar a aquella tierra de su verdugo.

En agradecimiento, los habitantes del lugar le ofrecieron hacer de Fiore su nuevo hogar, nombrándola así la nueva reina de su nación. Su aceptación por este título no fue inmediata, pero Zera se encargó de hacerle ver que quizás aquel lugar era exactamente lo que ellas necesitaban. O al menos así lo fue, hasta que ella desapareció.

Con una sacudida de cabeza, barrió los pensamientos tristes que se estaban apoderando de su memoria. Ella sabía muy bien que Zera vivía allí, justo en aquel lugar donde su mano se posaba ahora: en su corazón. Jamás la olvidaría, ni a ella ni todos esos años de aventuras que vivieron juntas. Por eso y en honor a aquella grande amistad compartieron, mantendría su promesa de siempre proteger aquel lugar, ese pequeño pedazo de tierra que significo su libertad.

Su sonrisa se ensanchó más mientras camina en dirección al gran balcón que se situaba en el ala principal del castillo. El elegante vestido que lleva puesto se arrastraba un poco por el piso, mientras que las brillantes joyas de colgaban de sus orejas, cuello y muñecas tintineaban al andar.

Un gran grito de júbilo se dejó escuchar en los alrededores del castillo cuando su reina apareció. Mavis admiró encantada la gran cantidad de personas que se habían reunido para celebrar la ocasión. A lo lejos incluso podía ver acercarse embarcaciones de naciones vecinas, de las cuales descendían varias valijas llenas de regalos para sus habitantes.

— Querido pueblo de Fiore, hoy se celebra un día importante para todos nosotros— La voz cantarina y suave de Mavis se alzó por encima de la del resto. — En este día, recordamos con orgullo y valentía, los grandes actos de bondad, amor y heroísmo de cada uno de ustedes, sus habitantes —Con una sonrisa llevo una mano a su corazón. —Compartir momentos con ustedes, el poder reír y celebrar a su lado, es, sin duda, la mejor aventura que alguna vez pude desear— Los gritos se hicieron más fuertes ante sus palabras. —Gracias, por siempre mostrar esa actitud gentil hacía los demás, por defender la vida con gran pasión y por permitirme a mí, construir junto a ustedes esta gran nación—

Varios aplausos se dejaron escuchar por todo el lugar. Pronto, el sonido de la música empezó a inundar cada espacio, invitando a los ciudadanos a cantar a coro con alegría y danzar por todo el sitio. Mavis se limitó a presenciar todo con una sonrisa, mientras esperaba por la señal de Yuri en el balcón aledaño para poder unirse a aquella gran celebración.

A pesar de la distancia considerable que los separaba, Yuri podía reconocer muy bien lo ansiosa que Mavis se encontraba por bajar hasta donde todo el pueblo estaba. Desde allí, varios miembros del gremio llamaban su nombre, inventándola a unírseles.

Mavis podía sentir sus pies picar por la ansiedad. Deseaba deshacerse ya de aquella ropa lujosa y cambiarla por una más cómoda que le permitiera poder bailar y moverse a su antojo por todo el lugar. Fue justo cuando Yuri alzó una mano para llamar su atención, que sintió la presencia de él observarla desde atrás.

— Ese fue un magnífico discurso— Mavis se giró enseguida, totalmente sorprendida.

Zeref se encontraba sentado en su trono, con una vestimenta idéntica a la del día en lo había conocido. Él la observaba casi con una expresión de aburrimiento, mientras apoyaba el codo sobre el asiento y reposaba la cabeza en su mano.

— ¿Qué haces aquí? — No pudo evitar que la pregunta saliera de aquella manera de su boca, haciendo que una ligera sonrisa apareciera en los labios del mago oscuro.

— He venido a celebrar, ¿no es el motivo por el que todos están aquí? — Zeref descruzo sus piernas para ponerse de pie. — Es un gran día para todos. Pensé podríamos compartirlo—

Mavis no pudo evitar que sus ojos lo recorrieran entero cuando él empezó a acercarse.

— ¿Es por eso que estás vestido... así? — Sus mejillas se sonrojaron al preguntar.

— Bueno, un emperador no solo se viste elegante para una guerra— Se colocó delante de ella, a solo unos escasos centímetros de distancia.

— ¿Y está ocasión lo amerita? — Mavis sintió electricidad recorrer su cuerpo cuando él la atrajo desde la cintura con una mano.

— Definitivamente. Si logro verme tan excitante para ti como tú lo luces para mí con esas ropas— Susurró sobre sus labios antes de besarla.

Mavis llevo por inercia las manos a su pecho. A pesar de la suavidad de la tela sobre sus dedos, podía sentir la firmeza de su cuerpo. La apariencia de Zeref había pasado totalmente desapercibida para ella la primera vez que se vieron. Sin embargo, ahora, cuando él ya había compartido su cama, cuándo él se estaba apoderando de su boca, no podía evitar sentirse terriblemente atraída. Él era indudablemente el hombre más apuesto que había conocido.

Ambos estaban concentrados en aquel beso, cuando el sonido de la perilla al girarse los alerto. Mavis se separó de Zeref bruscamente, con lo ojos abiertos. Giró hacia la puerta, en busca de la persona que los había descubierto, llevándose una gran sorpresa.

— ¿La biblioteca? — Parpadeó confundida. Estantes de libros la rodeaban por todas partes.

— Supuse que tu amigo no estaría muy contento de verme— Zeref pasó por su relamiéndose los labios.

Al voltear después de unos segundos, Mavis lo encontró sentado en una de sus sillas con una mirada intensa. Sus ojos de no se apartaron de ella en ningún momento, antes de hacerle una seña.

— Ven aquí, mi querida Reina— Ordenó con voz ronca.

Mavis se sintió nerviosa inmediatamente al escuchar el tono de su voz. Después de unos segundos caminó hasta donde el Emperador se encontraba, sosteniendo los lados de su vestido con puños apretados.

En cuanto la tuvo frente a él, Zeref la sentó en su regazo y hundió su cabeza en la curvatura del cuello de ella, sosteniéndola en un abrazo. Mavis dejó escapar un suspiro de sorpresa ante aquella acción, pero pronto y vacilantemente, rodeo con sus brazos la cabeza del mago.

Ambos permanecieron en silencio por instantes, donde el único sonido que podía escucharse era su propia respiración. Una vez relajada en sus brazos y casi por inercia, ella empezó a acariciar los cabellos de su amante, sin ser capaz de evitar que una sensación de calidez los envolviera al compartir ese tacto.

— Me preocupas, Mavis —Susurró contra su cuello, logrando que la piel de ella se erizara al sentir el cálido aliento del mago sobre su cuerpo.

— ¿Yo? — Cuestionó con incredulidad— ¿He hecho algo... incorrecto? — Zeref se separó la cabeza de su cuello.

— Debería ser yo quién pregunte eso— La mirada seria del él y su rostro apuesto hicieron encender sus mejillas al tenerlo tan cerca.

Con una suave caricia en su espalda, él preguntó:

— ¿Por qué tienes tanto miedo a hacer el amor? — Mavis abrió los ojos con sorpresa al escuchar una pregunta tan directa. Sus mejillas se sonrojaron aún más y su garganta perdió la voz al tratar de emitir una palabra.

— Yo...—Tragó en seco— No es miedo— Dijo sin poder evitar desviar la vista.

— ¿Qué es entonces? — Zeref aún esperaba su respuesta.

Mavis apretó las manos sobre los hombros de él, aún evitando su mirada. Era sentirse incómoda sobre sí misma, era sentirse usada. No le molestaba estar en sus brazos, ni que él le otorgara sus caricias, porque realmente las disfrutaba. Pero había algo cada vez que él se iba y volvía. Algo que no le agradaba sobre esa situación. Sin embargo... sabía que no tenía derecho a reprocharle nada. Esa había sido su decisión, su acuerdo.

— No necesitas preocuparte por eso. Soy consciente de que tenemos un trato. Te di mi palabra y pienso cumplirla— Respondió con firmeza.

Zeref levantó una ceja al escucharla. Sus palabras habían salido con determinación y a la vez con un ligero tono de molestia. Sopesando la situación, decidió bajar la mano hasta su pierna y subirla con una suave caricia, arrastrando el vestido más arriba.

Mavis se sonrojó otra vez al sentir su acción. Una simple maniobra de él y su respiración se había agitado con anticipación. La exquisita sensación que la invadía cuando él la tocaba la invadió enseguida.

— Te excita, pero también te asusta— Declaró sin dejar de obsérvala mientras hacía pequeños remolinos contra la piel de ella. Mavis no le respondió, pero desvió la mirada otra vez de su cara.

El mago llevo la mano más arriba, intentando encontrar su ropa interior, pero se llevó una ligera sorpresa al no sentir más que piel debajo de aquellas lujosas prendas.

Cuándo Zeref la miró inquisitivo, ella se sonrojó y le respondió con un puchero.

— Ya es bastante incómodo llevar este vestido—

Zeref hizo su usual mueca -parecida una sonrisa- al escucharla, luego la bajó de sus rodillas dejándola nuevamente en pie. Guio su cuerpo hasta tenerlo de espaldas y empezó a desatar uno a uno los broches de su espalda.

Él fue dejando besos por todo el camino donde los botones se encontraban, mientras iba deshaciendo cada uno de ellos. La mente de Mavis se nubló enseguida al sentirlos, haciendo que sus ojos se cerraran solo para poder disfrutarlos. Una vez que las manos de él llegaron a sus caderas, se introdujeron por los lados que el vestido había dejado expuesto, ascendiendo por su cintura hasta alcanzar los pechos.

El mago se presionó contra el cuerpo de ella, mientras sus palmas acariciaban la suave piel de sus senos. Mavis soltó un gemido al sentir sus dedos rodear la punta de sus pechos y la boca de él aún sobre su cuello.

— Tiemblas, pero no me rechazas— Susurró contra su oído, aún masajeando su cuerpo.

Mavis buscó el aliento para responderle.

— No quiero hacerlo— Las manos de ella se encontraron con las de él, enlazándose en seguida.

Zeref hundió la nariz entre sus cabellos, disfrutando del aroma de su pelo. Él aflojó el agarre de sus manos y la hizo girar con lentitud. En cuanto estuvieron cerca, sus frentes se encontraron.

— Estas prendas... — Murmuró ella contra su boca, captando su atención— Realmente son incomodas— Zeref sonrió ligeramente al escucharla.

— Me encargaré de ellas ahora mismo, querida—

Él deposito un suave beso en sus labios antes de bajar por su mentón y su cuello. Con un ritmo exquisitamente lento, recorrió su clavícula hasta llegar al centro de su pecho. La boca de él se desvió hacia un lado para capturar uno de sus senos, logrando aumentar la temperatura de su cuerpo. Repitió la misma acción con el segundo, pero decidió abandonarlo luego de unos segundos, con una última succión.

Zeref continuó arrastrando besos sobre su cintura, mordiendo ligeramente cada parte de ésta. Cuando llegó a sus caderas, él se deshizo del vestido tirando lentamente del mismo hacia abajo, aprovechando la oportunidad para acariciarla con las palmas.

Cuando los besos de él alcanzaron su vientre, Zeref doblo las rodillas frente a ella. Su boca fue descendiendo con ligero toques, hasta que su lengua encontró el punto clave del placer de ella.

Mavis mordió su labio inferior al sentir el aliento de su amante sobre su parte más íntima. Él la acariciaba con su lengua, sosteniéndola por la cintura sin oportunidad a escaparse. Ella podía sentir como con cada movimiento de aquella boca provocativa su centro se humedecía.

— Eres deliciosa, Mavis— Dijo sobre su centro mientras continuaba probándola. Zeref podía sentir los ligeros temblores por los que atravesaba el cuerpo de ella cada vez que su lengua entraba en contacto con el botón responsable de su placer. Él podía sentir su propio miembro poniéndose duro con las respuestas de ella, haciéndolo desesperarse por hundirse en su interior.

Dos dedos acompañaron la caricia de la boca de aquel mano sobre su centro, adentrándose en su cavidad. Ella podía entender sus acciones a la perfección. También se encontraba deseosa por unir sus cuerpos, pero sabía que él no la dejaría hasta que ella hubiera alcanzado su primer clímax.

Y un momento después, finalmente pasó.

Zeref abandono aquel lugar intimo con una última caricia de su lengua, haciéndola temblar. Él lamió sus labios antes de ponerse de pie para luego regalarle un beso cargado de sensualidad.

Mavis llevó las manos hasta el nudo de su toga, deshaciéndose del mismo con un tirón. Al igual que él, desato uno a uno los botones de su camisa, mientras plantaba besos allí por donde sus dedos lo recorrían. Él la alzó por las piernas en cuanto la parte superior de sus prendas desapareció. Mavis aprovechó inmediatamente la oportunidad para rodearle el cuello con los brazos y atrapar su boca con un beso apasionado.

Zeref caminó hasta la mesa en el centro de la habitación, sobre la cual colocó el cuerpo de la rubia. Sin esperar más, se deshizo de sus pantalones y se posiciono en medio de aquellas piernas para adentrarse en ella.

Mavis soltó un gemido al sentirlo en su interior; él se movía con fuerza, con desesperación. Las manos de ella se aferraron a los hombros de él por detrás, mientras Zeref hundía su cabeza una vez más en el cuello de ella.

En medio de sus movimientos, el mago sintió la tierna caricia de la mano de ella sobre su mejilla, haciendo que sus miradas se encontraran en seguida. Mavis lo observaba con dulzura, mientras su pulgar le acariciaba el labio inferior. Él aparto el dedo de su boca para poder reemplazarlo con los labios de ella.

Sus movimientos eran cada vez más frenéticos y más apasionados. Zeref podía sentir el interior de Mavis apretando cada vez más fuerte su miembro. Con una maniobra logró cambiar la posición de ambos, dejándola a ella arriba mientras el doblaba su cuerpo hacia al frente hasta estar sentados.

Mavis se aferraba a su cuerpo con desesperación, descansando la cabeza en su pecho. Ambos sabían que estaban muy cerca del clímax. Él llevo una mano hasta su cabello, enredando los dedos en sus mechones. Acercó los labios hasta su oreja y le susurró unas palabras contra la misma.

— ¿Desearías ahora que dejara de hacerte el amor? — Su mirada oscura se encontró con la clara de ella. En medio de sus respiraciones agitadas, las manos suaves y pequeñas de aquella reina acunaron sus mejillas.

— No si eso me permite tenerte cerca— Ella juntó sus labios antes de que él pudiera emitir alguna respuesta. Segundos después y sin poder evitarlo, él dejó escapar toda su semilla en el interior de ella.

La respiración de ambos se fue calmando poco a poco, hasta que solo el sudor de sus cuerpos quedo como evidencia de su momento de pasión. Mavis aún se aferraba a él con sus brazos, pero su cabeza estaba apoyada en dirección contraria a la mirada de él. No podía evitar sentirse arrepentida por las últimas palabras que había dicho.

Zeref notó en seguida su cambió de actitud y el cómo lo evitaba.

— Tú... ¿me extrañas? — Preguntó con un tono sorprendido.

Mavis soltó un suspiro y entonces volvió su rostro hacia la cara de él. ¿Qué sentido tenía ocultarle lo que pensaba cuando ya había soltado aquellas palabras?. Clavando aquellos orbes esmeraldas en sus ojos le respondió.

— Te marchas por largos periodos— Admitió con sencillez.

Ahora era Zeref quien se encontraba sin palabras. Aquella niña tímida que antes parecía resistirse a sus caricias había desaparecido para darle paso a una más segura de misma. Él no podía entender que era lo que había cambiado en tan pocos segundos como para que ella hubiera decidido ser tan transparente con sus ideas.

Mavis podía captar la confusión que él sentía frente a su confesión y de alguna manera, eso la ayudo a armarse de valor.

— ¿Volverás? — Le acarició la boca con el pulgar— ¿Tardarás menos esta vez? —

Zeref se obligó a sí mismo a tragar su desconcierto antes de responder.

— Soy un emperador, tengo obligaciones que atender— Contestó con su habitual actitud calmada— Sin embargo, podríamos hallar otras soluciones a tus problemas— Mavis lo observó con curiosidad— Quizás algún día podrías conocer otro castillo además de este—

—Espera— Separó la cabeza de su hombro para mirarlo con sorpresa— ¿Hablas de Álvarez? —

— Al menos allí no tendríamos que huir a bibliotecas — Zeref descendió un mano por su pierna— Aunque tuviéramos compañía, nadie se atrevería decir nada— Susurró contra su boca haciéndola sonrojar.

Mavis se quedó totalmente anodada ante su proposición. ¿En serio él estaba invintandola a conocer sus tierras? Las sola idea parecía inverosímil. Pero... el solo hecho de que él haya decidido hacerle esa invitación, el hecho de que se preocupara lo suficiente por lo que sentía o al menos que lo aparentara, la hacia sentir especial de cierta manera. Durante algunos segundos ella se mantuvo preguntando si en verdad sería tan malo abandonar la seguridad de sus tierras para conocer las de él. Todo podría tratarse de una trampa al final, pero no podía evitar dudar de aquella idea cuando la mirada sensual de él estaba sobre ella.

— Quizás algún día...— Respondió al fin, hipnotizada por su boca.

Zeref acarició su nariz contra la de ella, disfrutando de la posibilidad de que eso sucediera.

— Quizás...—

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Ha pasado un montón de tiempo

Y realmente no tengo escusa.