Digimon no me pertenece, yo solo escribo por diversión y sin ánimo de lucro.
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~ Pequeños placeres de la vida ~
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4. Yamato: Viajar de noche
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Los faros iluminan la carretera. En el cielo, la luna está rodeada por millones de estrellas.
Para Yamato, esos momentos son sagrados. Cuando de madrugada vuelve de viaje por caminos poco transitados, envuelto en la tranquilidad casi estática de la noche.
El silencio solo es interrumpido por el ronroneo del motor del coche. De vez en cuando, lo acompaña el del intermitente.
Mira de reojo a su padre. Las luces del salpicadero iluminan ligeramente las facciones del hombre.
Parece relajado, como pocas veces suele estarlo. Tal vez él también disfrute de esos momentos junto a su hijo, cuando los rodea esa atmósfera de serenidad.
Sobre sus cabezas, pequeños puntos luminosos los acompañan en la travesía.
Él los observa con atención.
Hay quien se suele sentir insignificante pensado en la inmensidad del espacio. Para el joven son una promesa de que las cosas que parecen más minúsculas pueden esconder una gran importancia.
Las siluetas oscuras de los árboles pasan a los lados de la carretera con rapidez. Los carteles no son más que una mancha borrosa que vislumbran unos segundos.
Y él se siente en paz. Con miles de pensamientos en la cabeza. Con ninguno en particular.
No necesita más, no quiere palabras que rellenen el vacío del coche. El encanto de la noche se encarga sumergirlos en su magia.
Los faros iluminan la carretera. En el cielo, la luna está rodeada por millones de estrellas.
Pronto, las luces de la ciudad llegan, transformándose en estelas que tratan de seguirlos.
Y se adentran de nuevo en ese mundo caótico. Pero, entre los gigantescos edificios, todavía puede ver la luna en cuarto creciente. Y ella le recuerda que lo verdaderamente importante se encuentra escondido.
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Siempre me ha gustado ir en coche de noche, me siento muy tranquila simplemente mirando el cielo, y creo que a Yamato le va bien esa faceta.
