Disclaimer: CBS, Zuiker, Bruckheimer... regálenme algooooo.
N.A.: to your fluffiness pleasure!
- Entonces… - se inclinó en una pequeña reverencia, sin dejar de mirarla y estiró su palma hacia ella - … ¿me concederías esta pieza?
Sara alargó su brazo y tomó su mano. Estaba intentando no sonreír demasiado, pero la verdad es que se sentía la mujer más dichosa de la Tierra. Grissom llevó la mano de ella con delicadeza hasta el hombro de él para luego depositar su propia mano suavemente sobre su cintura, mientras sus torsos se acercaban hasta acabar a sólo unos milímetros entre sí. Con la otra mano oprimió levemente la palma de ella y comenzaron a bailar. Ella seguía los movimientos de él que se sucedían lánguidamente, como si flotaran.
Del piano emanaban notas pausadas, acompañadas por un saxofón cadente y delicado. La voz grave y melódica de la mujer hacía que hasta el aire pareciese perfumado de sensualidad.
Grissom le miraba con una intensidad que ella sostenía y devolvía. Era una guerra silenciosa y encendida. Ella se extraviaba en un mar profundo. Él, hasta podía sentir el sabor a chocolate.
En el horno, la masa del quiche ya llevaba un buen rato cuajándose. Mientras se solidificaba, la amalgama se mezclaba y enredaba, entre burbujas convectivas y olas de calor que envolvían al conjunto y que poco a poco, fructificaría en un delicioso banquete.
Sara y Grissom no pararon con la canción. Siguieron danzando mientras las melodías continuaban, una tras otra, sonando en la sala. Habían olvidado todo lo que les rodeaba. Si la música se hubiese detenido en aquel mismo instante, no se hubieran percatado en lo más mínimo.
Grissom soltó una mano, y retrocedió. Ligeramente hizo que Sara diese una vuelta. Ella se dejó guiar. No había nada más fácil que seguirle. Cuando terminó el giro, quedó apoyada sobre su antebrazo. En una ágil y enérgica maniobra, él la estrechó contra su pecho. Ahora la palma de él yacía firmemente ceñida a la espalda de ella y el brazo de ella, sin otra opción, rodeaba el cuello de él. Grissom apretó con un poco más de fuerza la otra mano que aún permanecía en el aire, al costado de ambos. La llevó contra su pecho, palma con dorso, y entrelazó los dedos. Como por inercia, Sara apoyó la cabeza en su hombro, sus labios a una escasa distancia de su cuello. En un acto completamente reflejo, él apoyó su mejilla contra su pelo. Cerró los ojos.
Así abrazados, dieron varias vueltas, bailando sin pensar en nada más que en el presente. El momento perfecto. Sin recriminaciones, sin miedos, sin incertidumbres.
El quiche ya estaba en su punto. Ligeramente dorado por encima, la masa con la consistencia precisa, el borde crujiente y el placentero aroma que despedía eran signos de que el horno había hecho muy bien su trabajo a la temperatura exacta: ni más ni menos.
Sara no quería arruinar el instante, pero si quería irse de allí con la tan anhelada explicación, era ahora o nunca.
- Grissom – susurró sobre su cuello.
- ¿Hmm?- fue la respuesta un tanto aletargada de Grissom, quien estaba completamente ido, aún con los ojos cerrados.
- Necesito… - levantó su rostro hasta enfrentársele – … quiero que me contestes… que me digas por qué… - él volvió de su ensoñación para mirarle fijo, con algo de temor en sus pupilas.
- ¿Por qué, qué, Sara? – le preguntó con una dulce angustia en la voz.
¿Por qué me invitaste a comer, Grissom¿Por qué ahora¿Por qué me pediste que viniera a Las Vegas¿Por qué no firmaste mi petición de transferencia¿Por qué nunca volviste a San Francisco¿Por qué un día me dices que haga mi propia vida y después me llamas y esperas que esté allí al instante¿Por qué me regalas un libro de entomología¿Por qué recomendaste a Nick en vez de a mí¿Por qué me fuiste a buscar a la comisaría¿Por qué llegaste a mi casa cuando casi me despidieron¿Por qué me regalaste una planta¿Por qué… por qué?
Sara buscó muy dentro de sí y descubrió que, en realidad no quería una respuesta para ninguna de aquellas preguntas. Se apoyó en la punta de los pies, cerró los ojos y depositó tenuemente un beso -apenas un roce- en los labios de Grissom. Cuando abrió los ojos nuevamente, él la observaba con el ceño fruncido. No supo interpretar si era una mirada de extrañeza, reproche o preocupación, pero ciertamente no era la reacción que esperaba. Bajó la vista y se separó de su abrazo.
Sara¿por qué hiciste eso¿Y ahora¿Qué vamos a hacer ahora? Sara, mi querida Sara. Mi Sara. Por favor, no llores.
Grissom no dejó que ella se alejara. La mantuvo apretada contra sí. Forcejearon un poco. Sara estaba encolerizada, sólo quería largarse y llorar tranquila en su automóvil. Quería deshacerse de sus brazos pero él no la dejaba. La estaba reteniendo. La aferraba con firmeza. ¡Qué hice¡Cómo pude ser tan estúpida de pensar que…
Grissom no pudo contenerse más y la besó. Fue un beso furioso, que llevaba diez años esperando salir de su corazón. Desesperado, la abrazó con tanta vehemencia que ella no podía casi ni respirar. Su boca buscaba a la de ella con locura, sus labios ardían de deseo, de tenerla, de amarla.
Sara dejó de resistirse y se quedó allí estática, sin saber qué sentir, confundida. Un par de lágrimas rodaban por sus mejillas.
La frustración dio paso a la sorpresa y luego al delirio. Respondió al beso lo mejor que pudo, pero la verdad era que estaba un poco desconcertada. Él arrebato de Grissom la había tomado completamente desprevenida y sólo se dejó llevar. Besaba embriagada aquellos labios que nunca siquiera soñó besar. Acariciaba su cabello, jugaba con los rizos de su pelo incipientemente gris, mientras él desbocaba toda su pasión en ella, jugando con su lengua, mordiéndola con exquisito dominio de su fuerza. Ambos creían que se quemarían por dentro.
De pronto, sintieron como si lloviera sobre ellos. En poco tiempo estaban completamente mojados, pero no les importó y siguieron besándose sin control, ahora sus rostros totalmente húmedos, sus cabellos destilando y sus ropas escurriendo agua hasta el suelo como si los hubiesen lanzado a una piscina.
Grissom sintió el sabor salado de las lágrimas de Sara, lo que provocó que la estrechara aún más contra él, en un abrazo posesivo. Tomó el rostro de ella con ambas manos y besó enardecido sus mejillas, su frente, sus ojos y volvió a su boca. Se olvidó de la cordura por completo. No podía detenerse. No quería.
Sara echó su cabeza hacia atrás y se separó un momento. Le observó directamente a los ojos, que le regresaban una mirada de ferocidad y éxtasis. La respiración de él se había vuelto un jadeo.
- Grissom… - Sara dirigió su mirada hacia arriba, los rociadores regaban el agua directamente sobre su cara -y sobre el resto del departamento también- , luego hizo un gesto indicando a la cocina y frunciendo los labios. El semblante de Grissom cambió completamente. Abrió desmesuradamente los ojos y entreabrió los labios como si hubiese comprendido el secreto más grande del Universo.
- ¡El quiche!
Dejó a Sara y corrió hacia la cocina.
Continuará :) No sean tímidos y dejen sus comentarios.
