CAPITULO 4

Había sido vergonzoso que Yuuri hubiera recordado el incidente pasado en el onsen justo cuando se bañaban en ese lugar. Fue obvia su vergüenza pero fue mejor decir cualquier excusa antes de que lo notara; era humillante y de seguro el japonés lo usaría para burlarse sino para algo peor.

De suerte llegaron sus compañeros al lugar interrumpiendo el incómodo momento. Lo malo fue que al estar conversando y bromeando no se dio cuenta del instante cuando Yuuri se había marchado, temió que se hubiera ofendido porque la mayor parte de la conversación fue en ruso. Victor salió del agua. Ya no estaba de humor para seguir en el onsen, y aprovechando que ya era tarde se disculpó diciendo que quería dormir. Había sido una excusa, pero realmente estaba cansado. Cuando salió de los baños, la amable japonesa castaña de antes lo estaba esperando; dijo que el líder japonés había pedido que lo llevara a una habitación de huéspedes donde podía quedarse a dormir.

Ese día pasaron muchas cosas y estaba agotado, así que aceptó la invitación de parte de Katsuki para dormir en su casa; así a la mañana siguiente podría hablar con él a una buena hora. Cansado, se recostó en el futon que le habían preparado. No pudo conciliar el sueño de inmediato; todo el día cerca del hombre del que no podía apartar sus pensamientos... Incluso lo retó a una pelea y ganó; había sido increíble, sus fuerzas eran casi iguales y tenía una técnica impecable. No podía dejar de encontrar cualidades en él, e incluso en el momento en que perdió no dejó de notar que su rostro agotado y sonrojado era tan bello… Después de quedarse pasmado unos segundos, sus compañeros lo interrumpieron, cosa que agradeció ya que de no ser así seguro lo hubiera besado, presa del calor del momento y el juicio nublado por la borrachera.

La situación estaba ya en el límite, estaba empezando a quererlo más allá de algo simple. Tanto, que si llegara el momento en el que tuvieran que enfrentarse como enemigos no podría hacerle daño. No quería que saliera perjudicado de ninguna manera posible, lo que más deseaba era que el culpable no fuera Yuuri… aún si el responsable fuera alguien a quien este apreciara demasiado y le rompieran el corazón. Sabía de primera mano que encontrar a un traidor entre tus amigos era doloroso; solo esperaba que la mirada del lindo japonés no se volviera más triste si eso llegaba a pasar. Al menos de esa forma no se convertirían en enemigos, y si lo dejaba acercarse, podía encargarse de borrar esa tristeza de su corazón. Una sonrisa de felicidad en el rostro de Yuuri debía ser algo verdaderamente hermoso. Mientras intentaba imaginar la escena que anhelaba, cayó dormido.

...

Al día siguiente no despertó tan temprano como había planeado. Consideró que ya había perdido tiempo suficiente en la fiesta de anoche, sumado al que había tenido que esperar hasta que Katsuki lo contactara para decidir su alianza, Victor se levantó decidido para buscarlo. Tratando de espabilarse, lo buscó por todos los pasillos donde lo había visto la noche anterior. No había muchas personas rondando por ahí y eso lo desconcertó. Al darse la vuelta casi se tropieza con Yurio; ver su cara malhumorada fue un alivio.

—Viejo, ¿qué haces aquí? Yakov te estuvo buscando todo el día. ¿Dónde estabas?

—Acabo de despertar. ¿Adónde fueron todos?

—Los sospechosos fueron vistos en un bar cercano. Yakov y el cuatro ojos hicieron grupos para buscarlos en el área. Debes haber estado muy borracho para dormir así; son las tres de la tarde.

—¿En serio? Si que debí estarlo— bostezó mientras se tomaba unos segundos para analizar lo que pasaba. —Me quedo dormido un rato y Yakov ya está tomando decisiones por mí de nuevo. Supongo que no tengo tiempo para hablar con Katsuki, aunque puede ser favorable. Yurio, hazme un favor y encuentra al grupo con el que se fue Katsuki. Ve con él y apóyalo, también dame toda la información sospechosa que veas; tengo que ir a hacer algo.

—Está bien, pero no esperes que sea el guardaespaldas de ese tipo.

—Cuento contigo— Yurio solo alcanzó a asentir; no negaría una orden por más que no le agradara la idea.

Yurio era un adolescente rebelde de apenas 14 años cuando había entrado al grupo de los Nikiforov. Tenía motivos para serlo; nunca conoció a su padre y su madre se la pasaba viajando por su trabajo; así que cuando murió su abuelo, la única persona que alguna vez se preocupó por él, huyó de casa.

Era listo para alguien de su edad y más fuerte que muchos tontos que quisieron pasarse de listos con él. Durante un tiempo se las arregló con cualquier trabajo mal pagado que encontraba, pero siempre salía a relucir su carácter. Era prácticamente imposible controlarlo, así que ya fuera por tener pleitos con clientes de cualquier lugar donde trabajara como mesero o peleas con sus jefes, siempre terminaba despedido.

Esa noche lo habían despedido de nuevo. Su jefe ya no quería seguir pagándole a un niño problemático y antes de que pudiera decirle algo, tres empleados prácticamente lo patearon a la calle. Ni siquiera pudo decirle lo que pensaba de él, y para peor ya casi vencía el periodo para pagar la renta. Con esto sería imposible pagarla a tiempo. Estaba de un peor humor del acostumbrado; solo quería desquitarse con cualquiera.

Caminó con la cabeza gacha y cubierta con el gorro de su chamarra como un tigre a punto de atacar, ni siquiera vio por donde pasaba. Cuando chocó con dos tipos con pinta de delincuentes que comenzaron a burlarse de él, no se contuvo y se abalanzó a golpearlos. Ellos tenían muchas ventajas; eran más altos, tenían más experiencia y eran dos contra uno, pero Yurio pudo contenerlos hasta que comenzaron a llegar más. Recibió un golpe en la cabeza que por un momento lo hizo perder la conciencia. Su cabeza daba vueltas, pero tras un rato empezó a recuperarse al escuchar voces a su alrededor.

No podía abrir los ojos pero entendía lo que decían.

—Este chico seguro morirá pronto, será mejor dejarlo aquí.

—Pero mira como se les opuso a los perros de Kozlov; ese niño podría ser de utilidad.

—Son tonterías, déjalo morir. Entre menos testigos, mejor.

—Esperen, lo he visto en alguna parte- dijo una voz femenina.

—Señorita Mila, no debería acercarse tanto…

—¡Silencio! ¿Estás bien? ¿Te conozco de alguna parte? Espera, ¿tú eres el nieto de Nikolai Plisetsky?—. La voz de antes se oía más cerca. Esa mujer era molesta, ni siquiera sabía si estaba en condiciones de contestar y ya hacía preguntas estúpidas; pero ya que era una oportunidad de salir con vida, se esforzó para abrir los ojos y contestar.

—Lo soy, pero no debería importarte, bruja—. Su voz era baja y rasposa, su falta de fuerza era evidente.

—Ja ja ja ja ja, eres igual a como te recuerdo, un pequeño gatito gruñón.

—¡¿A quién le dices "gatito gruñón" maldita?! ¡Ni siquiera te conozco!

—Está bien, no quiero hacerte daño. Nosotros no fuimos los que te atacamos. Es agradable ver una cara familiar por aquí después de tanto tiempo. Cuando perdí a mi familia, Nikolai Plisetsky fue una gran ayuda para mí antes de conseguir este empleo. A ti te vi acompañándolo en unas cuantas ocasiones, pero eras demasiado huraño para acercarte a los demás niños, así que no me sorprende que no me recuerdes.

—Mi abuelo está muerto, ahórrate esas historias. Si querías compadecerte de mí por tu pasado de mierda, puedes guárdatelo también.

-Lo siento, no lo sabía.

—Ya te dije que no te importa; si quieres devolverle el favor a alguien, ve con mi madre. Aunque dudo que necesite algo con su gran trabajo de actriz, y con todos sus amantes que le cumplen todos sus caprichos.

Mila suspiró y le hizo una señal a sus acompañantes para que se retiraran. Aún en un callejón oscuro en medio de la noche pudieron verlo ya que se fueron en poco tiempo. La mujer le tendió la mano al adolescente para ayudarlo a levantarse. Tras dudar por unos segundos, Yurio le tomó la mano.

—Ya no estorbaran. ¿Quieres que te acompañe a tu casa a curar tus heridas? Podría hacerte compañía e invitarte algo de comer.

—¿Además de metiche, eres una vieja pervertida? Deberías irte con tu séquito de idiotas; yo puedo cuidarme solo.

—¡Eres tan difícil de tratar! Pero está bien, te lo diré claro. Es obvio que escapaste de casa; estás muy despreocupado a estas horas en la calle y tu ropa se ve vieja y desgastada, así que tampoco es que alguien con tu carácter admitiría vivir con tu madre de la que te expresas así.

—No la conoces, no puedes defenderla y no me sermonees sobre regresar a casa porque no lo voy a hacer.

—No pretendo nada de eso. De hecho podría ofrecerte un trabajo. No me malentiendas, no es por lástima o para agradecerle a tu abuelo. Eres bueno peleando para un niño de tu edad; pudiste tú solo contra dos integrantes del grupo de Koslov. Además que lo más probable es que si te quedas por aquí, morirás. Nosotros teníamos algo pendiente con ellos y tú ayudaste a distraerlos. Vinieron más hombres a apoyarlos, pero algunos escaparon; seguramente irán con la noticia de que un niño rubio y gruñón ayudó a acabar con sus compañeros.

—Eres una bruja manipuladora ¿lo sabías? Pero acepto; de cualquier modo estoy harto de trabajar para idiotas que piensan que todo se resuelve a gritos.

—Jajajaja, por eso eres tan gruñón, de seguro nunca durabas más de un mes en un trabajo.

—¡Cállate maldita! ¿Así quieres que me una a tus ridículos pandilleros?

—Jajaja, lo siento, no era mi intención. Pero te diré que esto tampoco será fácil, seguirás aguantando a jefes más gruñones que tú, pero valdrá la pena. Es una paga buena y con tus habilidades seguro les agradarás. ¡Además se ve que te gusta pelear! ¡Apuesto a que te gustará!

—No puede ser peor que mis anteriores trabajos—dijo mientras se encogía de hombros en señal de resignación.

—Es un trato.

Los dos se dieron la mano; ambos sonreían. Sin pensarlo, Yurio tenía esperanzas de al fin poder encajar en algún lugar.

Era cierto que no fue fácil. Tuvo que aguantar regaños y órdenes sin sentido. Fue paciente, pero en algunas ocasiones terminaba discutiendo con su jefe de turno. Lo que lo salvaba es que en esos trabajos difícilmente dejaban ir a alguien. Además, Mila intercedía por él muchas veces sin que el adolescente lo supiera.

Hasta que fue asignado al jefe que tenía actualmente, Victor Nikiforov. Él era el hijo del líder Ivan Nikiforov; prácticamente el próximo dueño de un tercio de los grupos de la mafia rusa, pero a diferencia de lo que Yurio habría esperado, resultó que no era un niño mimado. Aunque era mucho más joven que sus anteriores superiores, era más capaz que todos ellos. También ayudaba que al ser el hijo del líder tenía más libertades, tales como poder elegir a los subordinados que quería sin ninguna objeción.

Apenas fue asignado al grupo de Victor, notó que sabía trabajar muy bien en equipo. Cada miembro que elegía era bueno en lo que hacía, en su mayoría jóvenes como él que no eran tomados en cuenta. No solo se llevaba bien con todos, sino que eran un equipo sumamente eficiente con un gran porcentaje de misiones exitosas.

Poco a poco se fue ganando la confianza de Yurio. Su carácter amable le ayudaba a congeniar con todos, y aún con el rechazo inicial, el adolescente no fue la excepción. Nunca se enojaba si alguna vez decía alguna grosería. De hecho, decía que estaba bien expresarse cuando se estaba en desacuerdo con algo, y por más raro que le pareciera, eso ayudó a que se tuvieran más confianza. También les permitía elegir si quería participar en una misión o no. Yurio siempre aceptaba; le gustaba su trabajo. Mila tenía razón en que era bueno para ir a la primera línea de fuego, no por nada Victor lo había elegido. Esa fue la primera vez que se dio cuenta que a su alrededor había personas a las que en verdad podía llegar a apreciar.

Hacía años que Yurio confiaba en Victor. Sus decisiones nunca fueron malas, o al menos había sensatez en ellas. Pero ahora no estaba seguro; desde que llegaron a Japón todo había salido del asco y ahora se le sumaba el mal juicio y la distracción que su jefe tenía desde que Yuuri Katsuki había pasado a formar parte de sus planes.

Estaba casi seguro de que Mila tenía razón al decir que Victor tenía demasiadas consideraciones con Katsuki. Encima que el cerdo japonés no le agradaba en absoluto, tenía que soportar al estúpido del viejo caer ante sus mentiras. Odiaba su actitud despreocupada y aparentemente inocente ¡Ningún jefe de cualquier mafia podía ser así! Estaba engañando a todos, pero él no se iba a confiar. Si tenía que ser su compañero en esta misión, obviamente le daría prioridad a su propio equipo. Si sabía que había algo sospechoso que los pusiera en peligro, no dudaría en enfrentar al japonés.

Yurio supo que Katsuki se dirigía exactamente al bar donde los sospechosos fueron vistos; era perfecto, solo tenía que llegar ahí. De no ser que todo su equipo estaba ocupado, le hubiera pedido a alguien que lo llevara, pero era de esperarse, los rusos por obvias razones eran menos en comparación con los japoneses; además de que lo había abandonado el tipo con el que su supone haría equipo. La situación era mala pero no es como si no se supiera valer por sí mismo. Se puso su chamarra favorita con estampado de leopardo, un cubrebocas y unos lentes falsos, con esa ropa podría pasar desapercibido, como un extranjero acostumbrado a hacer turismo en Japón.

Aún con sus precauciones, era la primera vez en mucho tiempo que estaba así de enfadado; ensimismado no se dio cuenta de que al llegar al bar, en la calle de enfrente había un hombre observando atentamente.