CAPÍTULO 4: LA AMAZONA DEL BOSQUE DEL SILENCIO

-¡No puedes ir tú sola! – exclamó Lucy rotundamente. - ¡Iré contigo!

-No – repitió Marina.

Estaban solas las tres.

-Marina…- dijo Anaís, visiblemente preocupada. - ¿por qué quieres ir sola a buscar el Veritaserum?

-Porque…yo tengo la culpa de que Clef esté enfermo. – explicó la chica. – pero hay algo más…Gurú Clef me dijo que hay un aura que está por acercarse a Céfiro. Por lo tanto, deben quedarse aquí para proteger el castillo…

-¡Pero…! – dijo Lucy. - ¡Si atacan Céfiro…! ¿quién?

-No lo sé…- dijo Marina, impaciente. – eso fue todo lo que Guru Clef me dijo. Por favor…si atacan Céfiro, no atacarán el Bosque del Silencio, sino el palacio. ¡Por eso deben quedarse en el castillo! Así no estaré preocupada, sabiendo que ustedes están aquí para protegerlos.

Marina tomó a Anaís y Lucy de las manos.

-Además…tienen novios muy fuertes que las protegerán a ustedes también. – dijo ella pícaramente. - ¡Yo estaré bien! Tengo mi magia…y mi espada.

-De acuerdo – accedió Lucy, no muy convencida – Pero…¡Nos avisarás si estás en peligro!

Enviaré el dragón de agua lo mas alto que pueda…ésa será la señal – propuso Marina. – ahora…ya debo irme.

-Cuídate – le dijo Anaís.

-Lo haré. Y prométanme… que no enviarán a nadie al Bosque del Silencio. Deben proteger el castillo…

-Está bien. – murmuró Anaís.

Marina les sonrió y salió corriendo por la puerta principal del Palacio.Para no tener problemas, se había puesto un atuendo de Céfiro que Caldina le había mostrado. Era parecido al de Presea, solamente que este era azul. Traía al cabello recogido con una coleta, y corrió lo mas rápido que pudo para adentrarse en el Bosque.

En una habitación muy lujosa, llena de flores, frutas y joyas…un chico estaba sentado sobre un trono de oro. Tenía el cabello corto y azul marino. En una esfera de cristal, veía como Marina entraba en el Bosque del Silencio. No pudo evitar sonreír. Tomó la copa de oro, llena de piedras preciosas y le dio un sorbo a su vino.

-Ya ha entrado en el Bosque…- murmuró el chico. - ¿No te parece divertido…Ascot?

Ascot estaba parado a un extremo del trono del muchacho desconocido. Pero no sonrió.

-¿Qué harás?

-Impediré que encuentre la planta. – dijo sencillamente el chico. – quiero que ése mago muera.



Ascot se sorprendió bastante, apretó los puños.

-¿Por qué?

-Porque me estorba – dijo el muchacho con un ademán de poca importancia. - ¿Qué opinas? ¿A ti también te estorba, o no?

-Pareciera que el chico solamente le decía aquello para ver como reaccionaba Ascot.

-A... mí no me estorba.

El chico del trono soltó una carcajada.

-Eres patético para mentir. ¿Por qué finges un odio que no puedes esconder, Ascot? Mandaste a ésa serpiente a eliminar al Mago de Céfiro.

-Lo hice porque tú me lo ordenaste.

El muchacho se puso de pie. Buscó en la gran mesa que tenía delante de él alguna fruta que le agradara.

-El hechizo que te apliqué no obliga a nadie a hacer cosas que no quiera. Digamos que solo…abre las emociones. Tú deseabas que ése hombre muriera. – entonces se le acercó y le preguntó desafiante. - ¿por qué?

-No…no me llevo bien con él – explicó Ascot.

-¿Y por eso querías matarlo? – preguntó sarcásticamente. - ¡Que intenso!

Ascot se dio la vuelta y se alejó de la sala del trono. Miró a Marina, que seguía caminando en su esfera de cristal. Sonrió con crueldad.

-Todo lo que quiero será mío, todo.

Marina entró más y más en el Bosque. Poco a poco la luz iba desapareciendo, hasta solo lo que le rodeara fuera oscuridad y árboles altísimos y raíces gruesas. Ella caminó mas despacio, quería asegurarse de no perder detalle por si veía algún destello color morado. Entonces escuchó ruidos entre unos arbustos, sacó su espada y se puso en guardia.

-Tranquila…- se dijo. – sólo es un animal pacífico. En éste bosque ya no hay monstruos.

Decidió mejor seguir caminando, no podía perder el tiempo con unos ruidos que no sabía ni de donde eran, tenía poco tiempo para encontrar el antídoto para Guru Clef.

Un estruendoso sonido hizo que Marina saliera de sus preocupados pensamientos, se dio la vuelta y vio a una bestia, de unos tres metros de alto, con cabeza de águila y cuerpo de león, mirándola como si fuera su cena. A Marina le salió una gota en la cabeza y corrió lo más rápido que pudo cuando la bestia se le fue encima.

-¡Pero…se suponía que ya no había monstruos aquí! ¡No lo entiendo!



Marina seguía corriendo lo más que le daban las piernas, desgraciadamente la bestia era más rápida que ella, casi le pisaba los talones. Como se le estaba acabando el aire, y la fuerza, decidió enfrentarlo.

-¡Dragón de Agua!

La bestia fue lanzada a varios metros de donde estaba Marina. Pero se recuperó sorprendentemente rápido, lanzándosele de nuevo, mucho mas furiosa.

-¡Ay!

Volvió a correr adentrándose más en el Bosque, seguida por los pasos del monstruo, no sabía que hacer, la magia lo debilitaba pero no lo vencía.

- ¡Espadas de Hielo!

La criatura cayó semi inconsciente. Pero empezó a moverse sin ningún rasguño. Entonces recordó las palabras de Guru Clef.

"Atacarlos sin sentido solo los hace más fuertes."

-¡Ah! Hay…que encontrarle un punto débil.

Pero a la chica no le dio tiempo de pensar cual era el punto débil del monstruo, porque se le lanzó furioso dejándola en la tierra, boca arriba. Defendiéndose con su espada.

"Pero…¿qué punto débil puede tener este asqueroso animal?"

Y se fijó en la gema que tenía en la frente.

-¡Ya!

Marina le clavó la espada lo más profundo que pudo en la joya. La bestia gritó, y al instante desapareció. Ella se puso de pie, sonrió y siguió caminando, un poco mas lento, pues estaba herida levemente de una pierna.

-¡Maldición! – gritó el chico del trono, aventando la copa hasta estrellarse en el piso. - ¿Cómo ha encontrado el punto débil de mi sirviente?

Una muchacha morena, de cabellos largos y negros, vestida con alhajas se acercó a él, y haciendo una reverencia le dijo:

-Probablemente el mago Clef, señor.

-¿Cómo dices? – dijo él, incrédulo. - ¡Está inconsciente en una cama! ¿Cómo es posible que se comunicara con ella?

-En Céfiro utilizan la magia, y hablan con las otras personas por la mente señor. Es probable que lo haya hecho telepáticamente.

-Maldita sea…

-Permítame ir a deshacerme de esa Guerrera Mágica.

-No. – dijo el muchacho y sonrió. – Tráemela.

Marina continuaba buscando la planta escarlata que su amado Clef le había dicho, pero no veía nada. Ni siquiera veía alguna planta cerca. Suspiró, cansada, y siguió caminando un poco mas rápido, pero sin perder detalle de lo que veía.

En el Palacio, Ráfaga entró apresuradamente en la Sala del Trono, donde se encontraban los demás.

¿Qué pasa? – preguntó Paris.

-Se acercan tres naves provenientes de Chizeta, príncipe. – dijo Ráfaga conteniendo el aire. – vienen a gran velocidad.

Presea soltó un grito ahogado.

-¡Marina nos lo dijo, que Guru Clef sabía que atacarían Céfiro! – exclamó Lucy. – él se lo dijo. ¡Se está cumpliendo!

-¿Cómo? – preguntó Caldina, con temor. - ¿por qué Chizeta atacaría Céfiro?

-No lo sabemos – contestó Anaís. – pero Marina se fue sola al Bosque del Silencio a buscar el antídoto para Guru Clef. Dijo que nos quedáramos porque probablemente atacarían el palacio.

-¿Ha ido sola? – preguntó Latis. - ¿Cómo la han dejado?

-Marina así lo quiso – explicó Anaís. – No nos dejó acompañarla. Y dijo que tampoco fuera ninguno de ustedes en su ayuda, que ella se las arreglaría sola. Quiere que nos quedemos, y protejamos el palacio.

Entonces un estruendo hizo que todos se balancearan. Latis se acercó a la ventana mas cercana, y tres naves de ataque estaban por encima de sus cabezas.

-Ya están aquí.

-¡Vamos, Anaís!

Lucy se aproximó con su amiga, sujetó firmemente su gema y salió corriendo de la Sala.

-¡Lucy! – gritó Latis, alarmado - ¡Espera!

-¡Latis! – dijo Paris, antes de que el espadachín se fuera. – Debemos mejor proteger a los Cefirianos; advertirles. No podemos hacer nada en contra de esas enormes naves.

Latis apretó los puños.

-Ven conmigo, Ráfaga.

Los dos se fueron, de igual forma como lo habían hecho Anaís y Lucy.

-¡Esperen, iré con ustedes!

-No – dijo Ráfaga, poniéndole una mano enfrente del chico. – Tú eres el príncipe. No puedes salir del castillo.

-¡Pero quiero ayudar! – exclamó Paris enfadado. - ¡No puedo quedarme aquí sabiendo que Anaís está luchando y yo…!

-Anaís es una Guerrera Mágica – dijo Latis, cortante. – su nombre lo dice. Tú eres el Príncipe de Céfiro. Guru Clef nos encargó protegerte.

Y se marcharon dejando discutir a Paris solo.

Anaís y Lucy llegaron a la puerta principal del palacio. (donde están los cristales). Se miraron con decisión, y asintieron.

-¡Reayerth!

-¡Windam!

Marina se entusiasmó al ver una flor morada. Desgraciadamente cuando la tocó no hizo efecto alguno de luz, y después se dio cuenta que era una simple violeta.

Suspiró, cansada pero continuó su viaje. Ya estaba anocheciendo, y se le haría mucho más difícil ubicar las plantas del Bosque.

-¡Alto ahí! – le gritó una mujer.

Marina se sobresaltó, y se dio vuelta encontrando a una muchacha morena, vestida como gitana y amenazándola con una gran espada en el cuello. Ella se inmovilizó, pero retrocedió con gran velocidad.

-¿¡Quien eres!? – le exigió Marina, sacando su espada de la gema azul.

-Veo que tienes práctica – le dijo la chica, sonriendo. – mi nombre es Kara. Espero no te incomode si me acompañas.

-¿A- acompañarte? ¿a dónde?

-Con mi amo. Quiere verte.

Marina quitó la espada de la chica dándole un golpe con la suya.

-¡No tengo tiempo de visitas! – le espetó y luego sonrió. – dile a tu amo que si quiere verme tendrá que hacer una cita.

-Niña tonta – le dijo. - ¿no tienes ni idea de a quién estas rechazando? ¡vendrás conmigo así tenga que llevarte de tus lindos cabellos!

La amazona se le fue encima con su espada, Marina notó que las vestimentas y la forma de pelear de la chica eran provenientes de Chizeta. Se preocupó al recordar que aún no había conseguido el antídoto para Clef, y ya oscurecía.

-¡No iré contigo! – gritó Marina esquivando a la guerrera. - ¡Un amigo está en peligro de muerte y no voy a abandonarlo solo porque a tu amo se le ocurrió verme!

-Entonces tendrás que morir – sonrió.

Las naves de Chizeta se aproximaron hasta quedar cara a cara con Lucy y Anaís. Sin hablar si quiera un minuto, los fuertes móviles lanzaron ataques de energía hacía los genios.

-¡Viento de Defensa!



El muchacho de cabellos azul marino sonreía…como si lo que estuviera viendo por su esfera fuera una película divertida.

-Parece que saben trucos las niñas de Céfiro…

Lucy miró preocupada el Bosque del Silencio.

-Marina…

-¡LUCY!

Ahora el ataque había sido para Reayerth, y Lucy, desprevenida, recibió el ataque en lleno.

- ¡Huracán Verde!

Una de las naves de Chizeta fue golpeada. Pero al instante se recuperó lanzándole a Anaís destellos de energía, tan poderosos, que el viento de defensa no funcionó.

-¡Anaís! – gritó furiosa Lucy. - ¡Flecha de Fuego!

Marina cayó muy herida al terroso piso del Bosque. La amazona era muy fuerte y ella apenas si tenía fuerzas de levantarse. Kara apuntó su afilada espada en la yugular de la chica.

-¿Y bien? – le preguntó, que no tenía ningún rasguño. - ¿Me acompañarás?

-¿Quién es tu amo…? – masculló Marina intentando levantarse.

-El Príncipe Rommel de Chizeta – dijo la amazona con orgullo. – Quiere hablar contigo.

-¿Príncipe de Chizeta? – repitió Marina…- ¿Qué pasa con Tata y Tatra? ¡Ellas son las princesas de Chizeta!

-Ellas eran las princesas de Chizeta – corrigió la guerrera. – ya no más.

Marina no creía lo que oía. Ahora todo tenía sentido.

-Tú príncipe está atacando Céfiro – dijo Marina, echa una fiera. - ¿¡No es cierto!?

-Que inteligente – apremió Kara. - ¿cómo lo has sabido?

-Gurú Clef me lo dijo – contestó Marina.

-El Príncipe también tiene planes para él – dijo la amazona. – Solo que no son tan afortunados como los tuyos. ¡Ja!

Antes de que la chica de cabello azul pudiese comprender lo que la desconocida le había dicho, la atacó con su espada apenas ella pudiendo detenerlo con la suya.

-No seas tonta y ven conmigo Guerrera Mágica – le dijo Kara.

-¡No! – gritó Marina.

Ya no tenía fuerzas ni para invocar un Dragón de Agua. Tampoco tenía fuerzas ni energía para seguir luchando. La amazona le había ganado…estaba segura…y tendría que ir con ella a Chizeta como prisionera…no podía…

La imagen de Guru Clef sufriendo se le vino a la cabeza.

La persona más importante para ella…

-¡NO! ¡NO PERMITIRÉ QUE GURU CLEF MUERA!

Se quitó de encima a la chica con la energía que le quedaba. Sentía algo dentro de su pecho…algo que le daba ánimo para seguir luchando. Kara la miró, visiblemente sorprendida, y titubeó.

- ¡Torbellino Azul!

La amazona fue estrellada contra el árbol mas cercano. Sin embargo, se levantó con facilidad, y de su mano salió energía color rojo, que golpeó a Marina tan fuerte que sintió que se desmayaría.

El ataque mandó a Marina hasta un precipicio, del que solo consiguió cogerse por una mano. Con la otra sostenía su espada.

Estaba apunto de caerse…

-Parece que necesitas una mano – le dijo la amazona, triunfante. – te ayudaré si vienes conmigo.

-¿Rendirme…ahora?

Ya no podía mas. Dos dedos se soltaron y su cuerpo casi no le respondía…

-¿Vas a morir por orgullo?

-No…

-Dame la mano – le dijo Kara, extendiéndole el brazo– No mueras solo por salvar otra vida.

La vida de Guru Clef…

-¡ Prefiero morir a cumplirle el capricho a un príncipe!

La guerrera de Chizeta estaba impresionada.

-¿Por qué…porqué haces esto Guerrera Mágica?

-Hay…una persona… muy importante para mí que esta a punto de morir…No lo dejaré solo por que un príncipe quiere verme…un príncipe que está atacando Céfiro… ¡NO LO HARE!

Marina se soltó y cayó por el profundo abismo…

Ráfaga luchaba contra los monstruos que se estaban formado por el pánico de la gente. Los ataques de Chizeta eran mas frecuentes, destruían las aldeas y los cefirianos parecían asustarse más a cada minuto, provocando que aparecieran criaturas que causaban más y más temor.

Latis ayudaba a los habitantes a ingresar al castillo, pero eran demasiados…estaba cansado, de ves en cuando echaba un vistazo al cielo, donde su novia peleaba con las naves.

-¡Ya no puedo más! – le dijo Ráfaga a Latis - ¡son demasiados monstruos!

-Lucy…

Paris apretó los puños con impaciencia.



- Lucy…Marina…¡Anaís!

Caldina se acercó al chico, conciliadora.

-Ellas estarán bien…- le dijo, poniéndole una mano sobre su hombro. – No te preocupes.

-¡Desearía estar luchando! – le dijo el príncipe, resentido. – en vez de admirar todo desde aquí.

-Ya oíste a Latis – le dijo Caldina – No puedes.

Presea entró alarmada a la sala del trono.

-¡Paris, Caldina! ¡Guru Clef esta empeorando!

-¿Cómo dices? – preguntó Paris. - ¿¡Cómo esta?!

El veneno está esparciéndose…

Caldina miró hacia el bosque.

-¡Marina…date prisa!

Marina sentía una infinita tranquilidad…estaba acostada…había un olor agradable que la rodeaba…abrió los ojos lentamente y la luz del sol le hizo cerrarlos de nuevo…se levantó, dolorida y mareada.

Cuando vio donde estaba no podía creerlo. Justo debajo y alrededor de ella habían cientos de flores de colores. Habían amortiguado la caída…alrededor, solo piedras.

-¿Cómo era eso posible? ¿Qué ella cayera justo ahí?

Confundida, intentó levantarse, entonces una dulce voz la llamó…

-Guerrera Mágica…

Ella alzó la vista y una imagen semi borrosa estaba arriba de ella…una niña…rubia cabellos largos y vestido blanco…

- ¿P- princesa Esmeralda?

Paris y Caldina entraron, muy asustados a la habitación de Guru Clef.

-Miren – les indicó Presea. Ella descubrió el brazo del mago. Donde estaba la mordedura había un extraño color morado. Que se estaba esparciendo por todo el ante brazo.

-¡Está avanzando! – dijo Caldina, horrorizada.

-¿Qué vamos a hacer?

-No lo sé, Paris…Marina aún no llega. Tal vez deberíamos ir a ayudarla.

-No – dijo Paris – ella sabe por que hace las cosas. Dijo que nos quedáramos aquí…y cumpliré mi promesa.

-Pero…y si…¿ella no llega?

Paris apretó los puños con fuerza.

-Llegará.

Nada podía hacer mas feliz al príncipe Rommel de Chizeta.

-¡Eso, eso! – gritó jubiloso. - ¡maravilloso!…¡A este paso Céfiro se destruirá! Y podré poseerlo…

-Detente – le dijo una voz ajena

El príncipe se giró sin mucho afán.

-¿Ascot? – preguntó. - ¿No te estarás rebelando, verdad?

-Yo…- dijo él inseguro. – no quiero que destruyas Céfiro. ¡Es mi hogar!

-¡Es el hogar de todos los que te han ignorado! – gritó Rommel. - ¿Ya lo olvidaste? ¿El desprecio del mago Clef? ¿La burla del príncipe Paris? ¿El rechazo de la Guerrera Mágica?

-¡BASTA!

Ascot se tapó los oídos.

-¿No quieres oír la realidad, pequeño Ascot? – preguntó Rommel y se acercó a él. – Yo soy el único que te comprende. Por eso vamos a vengarnos juntos…tu consigues desquitarte…yo adquiero lo que siempre he deseado.

-No quiero…que Marina muera…

El príncipe Rommel sonrió.

-Claro que no – dijo. – sería un desperdicio.

Esmeralda sonrió.

-¿Cómo…cómo es posible…? Tú ya…

-Ya he muerto – dijo Esmeralda. – pero eso no impida que te ayude…

-¿Tú me salvaste?

-Tú corazón demostró un valor impresionante… lleno de deseos de ayudar…de salvar…

-¡Princesa! ¡Por favor…ayúdame a salvar Céfiro! ¡Chizeta…!

La princesa negó suavemente con la cabeza.

-Yo no puedo hacer eso, Marina…

-¡Pero…! Tú me salvaste…

-No puedo intervenir en el futuro de este planeta…el sistema del Pilar fue eliminado…yo no tengo poder como Pilar…pero tengo fuerza de voluntad…quieres salvar a mi Maestro, a Guru Clef…

Marina comenzó a llorar.

-No sé dónde encontrar el Veritas. ¡Y sé que están invadiéndonos! ¡Quiero ayudar a Lucy y Anaís! Y no he podido hacer nada…

La imagen de la Princesa Esmeralda comenzó a borrarse.



-Vendrán tiempos difíciles…niña del mundo Místico…lo que sientes en el corazón es lo que te dará fuerzas para soportar las batallas que están por venir…tengan cuidado…Marina…sólo si expones tus sentimientos lograrás ser feliz, no lo olvides…

-¿Exponer mis sentimientos? – preguntó Marina, pasmada. - ¡Princesa Esmeralda! Tú…¿sabes mis sentimientos?

-Sí…son sinceros y por eso te he ayudado…mi Guerrera Mágica, hay muchas clases de sentimientos…pero es necesario expresarlos con palabras para que nos entiendan…

-Yo…- dijo Marina cabizbaja. – Yo no sé…

-¿Eres capaz de controlarte tanto a ti misma…al grado de no darles importancia?

-Princesa…

La imagen desapareció. Y Marina se puso de pie.

-Guru Clef…

En Chizeta, el príncipe Rommel no cabía en regocijo. Todo le estaba saliendo a la perfección.

-¿Quién era esa mujer? – le preguntó entonces a Ascot.

-La…La princesa Esmeralda – dijo Ascot, automáticamente.

-¿Princesa has dicho? – repitió el príncipe. Se enderezó y miró con interés a Ascot. - ¿Princesa de dónde?

De Céfiro.

Rommel amplió aún mas su sonrisa.

-¿Es eso verdad? – preguntó. - ¿Porqué se le ha aparecido a esa guerrera mágica?

La princesa Esmeralda es…el ex Pilar de Céfiro. Ella ya ha muerto. El sistema del Pilar fue eliminado por una de las Guerreras Mágicas.

-Ya veo – dijo asombrado. - ¿Esa chica de cabello azul?

-No – dijo Ascot – Lucy lo ha hecho.

-Lucy…- meditó Rommel. - ¿La Guerrera del Fuego, cierto?

-Sí.

-¿Qué pasó con el símbolo del Pilar, Ascot?

-Está…

Ascot se frotó la cabeza. El hechizo que Rommel le había hecho lo confundía… no quería decir la verdad acerca de su planeta, pero por alguna extraña razón no podía evitar decirle la verdad a aquel enemigo…

-¿Qué pasó con el símbolo…con la corona de la princesa, Ascot?

-Se…se quedó en el cuarto sagrado. Ahora no es una corona…tiene la forma de una espada.

-Si ya no hay Pilar…- reflexionó el Príncipe - ¿Cómo es que sí hay un símbolo del Pilar?

-Lucy convirtió a todos los cefirianos en Pilar. Al pedirles que reconstruyeran su mundo con sus buenas intenciones, los habitantes son los únicos que pueden manejar al planeta con sus emociones, la espada tiene…

-La voluntad de todos los cefirianos – completó Rommel.



-Así es. Le pertenece a todos los habitantes de Céfiro…

-No – dijo Rommel, satisfecho – me pertenece a mí.

Ascot se quedó petrificado.

-¿Vas a robar la espada…sagrada?

-Sí – contestó Rommel sin pudor. – si tengo la espada sagrada, controlaré Céfiro a mi gusto.

-¡Pero…no puedes entrar al cuarto sagrado!

Rommel se puso de pie de su trono, se acercó a Ascot y le dijo:

-Apuesto que también sabes como entrar ahí.

Ascot evitó su mirada, pero un extraño brillo en la mirada del príncipe lo hizo hablar:

-Sí…lo sé.

Se vino a su mente un recuerdo proveniente de no hace mucho:

-Me alegra que Lucy anulara el sistema del Pilar – dijo Paris, sentado en una fuente del castillo. – si mi hermana lo hubiera hecho así, nadie hubiera sufrido.

-Lo importante es que alguien tuvo el valor para acabar con ese espantoso círculo vicioso del Pilar – dijo Ascot.

-Hace ya dos meses que Lucy, Marina y Anaís se marcharon – dijo Paris. – desearía ver a Anaís aunque fuera una vez.

-¿Qué paso con la espada que Lucy usó contra Deboner? – preguntó Ascot.

-Está guardada en el que antes fuera el cuarto de la corona – explicó Paris. – Guru Clef dice que es de todos los cefirianos, puesto que con el valor de todos derrotamos a esa malvada mujer.

-Pero…obviamente nadie puede entrar ahí…aunque sea de todos ¿O sí?

-El cuarto funciona de la misma manera – dijo Paris. – Guru Clef lo usó como algún medio de protección para que algún habitante de otro planeta no obtuviera la espada para conquistar Céfiro. Es decir, que, para entrar ahí necesitas, la espada de Latis o el anillo mágico de Gurú Clef. También el plato de Zagato, pero él ya no está aquí.

-¿Es eso verdad? Pero…Latis viaja por muchos planetas. ¿No podría arriesgarse a que se la robasen y entraran al cuarto sagrado?

-Por eso la espada de Latis se fusionó con el anillo de Guru Clef – dijo Paris. – a él si que sería difícil quitárselo.

-O sea que solo él puede entrar…

-O cualquiera que tenga su anillo, sí.

Ascot reaccionó.

-Muchas gracias – dijo Rommel. – me has dado la llave del éxito, querido Ascot.

-Pero yo….no…

-Tranquilo – le dijo el Príncipe – has colaborado mucho conmigo. Ahora mas que nunca me apareceré en Céfiro. Que sepan el nombre con el que van a enfrentarse. Que se enteren a quien van a servir, a obedecer y a adorar. ¡El Príncipe Rommel de Chizeta!



El joven empezó a reír con crueldad.

-Y mis hermanitas…no se preocupen…su amiga estará a salvo, conmigo.

Tata y Tatra, encerradas en una esfera de cristal trataban de gritarle, sin que de su boca saliera algún sonido.

La amazona Kara seguía sin entender.

- ¿Cómo…cómo es posible que saltara? – se preguntó. Y empezó a descender en picada en saltos del abismo. – está demasiado profundo…debió de haber muerto. No es posible que sobreviviera a tal caída.

Marina entró por una especie de túnel de ramas. Estaba bastante oscuro, pero ya no tenía miedo. Había sido salvada por la princesa Esmeralda, estaba viva, y ahora no podía abandonar a sus amigas y a Guru Clef. Se adentró aún más. Unos cuantos murciélagos la hicieron que se asustara un poco, pero continuó su camino. Cuando salió de ahí varias montañas estaban frente a ella.

-Supongo que debo de subir…- se dijo.

Empezó a escalar con cuidado y fue aumentando el ritmo. No podía perder mas tiempo. Entonces se dio vuelta y no creyó lo que vio. Los dos genios de sus amigas, Windam y Reayerth luchaban a lo lejos con tres naves que se le hacían conocidas. Marina abrió mucho los ojos. No creyó que fuera tan pronto lo que la princesa Esmeralda le había advertido.

-No puede ser…¡Son los fuertes móviles de Chizeta! ¡Están destruyendo Céfiro!

Un temblor casi la hace caer, pero se sostuvo de otra roca.

-Debo darme prisa…o llegaré demasiado tarde.

En el castillo, las cosas no iban mejor que afuera…

-¡Esta agonizando! – dijo Presea angustiada, colocándole a Guru Clef un paño en la frente. - ¿Qué vamos a hacer?

-No…no sé – dijo Paris, sinceramente. – Si Guru Clef muere…

-¡Cállate! – le gritó Caldina. – ¡Con tus malos pensamientos no ayudas en nada!

Paris bajó la cabeza.

-Tal vez suene así…pero yo no soy tan fuerte para asumir…esta responsabilidad tan difícil…- murmuró Paris.

-¡Eres el príncipe de Céfiro! – le dijo Presea. – No puedes derrumbarte, Paris.

-¡Entiende! – le gritó Paris, histérico. - ¡Están destruyendo Céfiro! ¡Las Guerreras Mágicas están apunto de ser derrotadas! ¡Y la única persona con el poder para proteger el castillo agoniza! ¿Qué puede ir peor?

-Lo peor es que pienses que estamos perdidos. – le dijo Presea, tratando de conservar la calma. Aunque en realidad ella estaba tan decaída como él.

Gurú Clef hizo una mueca de dolor frunciendo el ceño. Presea se dio cuenta.

-¡Guru Clef!

-M- Marina…

Presea miró con tristeza a Guru Clef. Y Caldina y Paris se miraron, confundidos.

-¡Auch!

Marina acababa de rasparse por venteaba vez la pierna. Estaba agotada. Sentía los músculos engarrotados, se moría de sed, y el Veritaserum no aparecía por más que la muchacha buscaba. Habrían pasado no menos d e media hora desde que divisó a los genios y a las naves de Chizeta. No había encontrado ni progresado en nada. Se dejó caer en una roca.

-No…no puedo más…

Recordó como hasta hace una semana todo era tan diferente…se le habían acabado las esperanzas de regresar a Céfiro, estaba triste por boberías, por no poder ver a Guru Clef. Y ahora…ahora todo era tan distinto. Cuando regresó a Céfiro se imaginó un lugar hermoso en el cual se olvidaría de los problemas de la Tierra. Se libraría de esas decenas de muchachos que la acosaban, de sus padres induciéndola a una carrera que no quería, a casarse con algún hijo de político. Esos eran sus "grandes" problemas. Ahora, el destino del hombre por el cual Marina había sentido algo más que simpatía estaba en peligro. Y ella se quejaba hasta hace una semana porque en la heladería no había el sabor que le gustaba, o porque sus padres no le habían comprado aquel coche, aquel vestido…

No pudo evitar recordar a la Princesa Esmeralda, diciéndole que no se rindiera. Entonces, se enfadó consigo misma por ser tan débil, y se dio dos bofetadas.

-¡Tonta, tonta! ¡Pensando estupideces en un momento así!

Cuando se dio la segunda bofetada algo le hizo que el alma se le cayera a los pies.

Una pequeña planta, con pocas hojas color escarlata se asomaba de entre por lo menos cinco rocas. "No puede ser" pensó. Se acercó temerosa, y cuando apenas la rozó, la pequeña planta brilló tanto que se le iluminaron las manos.

Marina sonrió, feliz, la arrancó con delicadeza.

-¡La he encontrado! – gritó, eufórica.

El Príncipe Rommel hizo sonar sus dedos.

Un ave blanca pasó aleteando la cabellera de la chica, Marina trató de alejarla, pero la ave de rapiña comenzó a aletear más fuerte.

-¡Aléjate, bicho! – le gritó la chica. - ¡vete, vete!



El pájaro pareciera que quería morderla, pero en lugar de eso, le arrancó la planta de las manos y se echó a volar.

Marina no pudo alcanzarla.

-¡No, espera, no te vayas! ¡No! ¡NO!

Marina se dejó caer, con lágrimas en los ojos. Se había llevado el antídoto para salvar a Guru Clef.