Capítulo Tres

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Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, su propiedad es de Akira Toriyama.

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Espero que les guste :3

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Marron fue la primera en reaccionar, pero no como se esperaba. Bulma se sorprendió cuando los ojos de la adolescente se llenaron de lágrimas. La rubia menor cubrió su rostro y empezó a llorar, la peliazul, en verdad estaba confundida.

—¿No se supone que es una buena noticia? —Marron asintió, se empezó secar las lágrimas.

—Estoy tan feliz, tendré un hermano… Yo… Mamá… —miraron a la androide que aún tenía su mirada completamente perdida en el fondo del laboratorio. —Mamá. —Llamó Marron.

—Dieciocho. —Llamó Bulma. La androide reaccionó y comenzó buscar algo por el laboratorio.

—Por Kami, debo procesar esto. —tomó la cajetilla de cigarrillos de Bulma y sacó uno.

—¿Estás loca? —dijo Marron quitándole el cigarro de los labios a su madre, estaba a punto de prenderlo.

—Oh vamos, Marron. Sabes que de vez en cuando fumo.

—¡Estás embarazada! No vas a fumar en ese estado. —la androide colocó los ojos en blanco y dejó a un lado el encendedor.

—Trunks también se puso protector cuando quedé embarazada de Bra. —suspiró Bulma. —¿Ya lo procesaste?

—Un poco… Es que… Han pasado 17 años desde el último embarazo, mi único embarazo, cabe decir.

—Te entiendo. —le dijo Bulma sonriéndole. —Ya sabes al doctor que le tienes que sacar la cita, debes empezar los controles y yo debo ayudar a Trunks para empezar a hacer tu papeleo de la licencia.

—Debo tener sólo un mes, Bulma. No te apresures. —la androide tomó su bolso. —Oh rayos, debo pensar en medicamentos, antojos, la habitación…

—Puede tomar la mía —dijo Marron con una sonrisa, sus ojos brillaban de felicidad. —¿Recuerdas que en casa hay una habitación extra que iba a tomar de galería cuando entrara a la Universidad? —Dieciocho asintió. —Tomen esa, no importa.

—Marron… Esto no es fácil…

—Tú puedes, mamá.

—Y el apoyo. —Bulma suspiró con una sonrisa.

—Papá va a llorar de la alegría.

—Si él llega primero no le digas. —advirtió Dieciocho a su hija. —Yo le diré. —Marron asintió con una sonrisa, miró su reloj dándose cuenta de la hora.

—¡Debo irme! Hoy son las fotografías con la toga. —le dio un beso a su madre en la mejilla y también a Bulma y salió del laboratorio. Fue hasta la sala, en donde había dejado la mochila que su madre le había traído, y salió, se estrelló contra un pecho apenas abrió la puerta.

—¿A dónde va a toda prisa, señorita? —Trunks le dio una de sus más encantadoras sonrisas, mientras apoyaba su brazo sobre la cabeza de la joven.

—Voy a la preparatoria, Trunks. No tengo tiempo para juegos. —ella lo empujó, pero el Saiyajin no se movió.

—¿Te llevo? —hizo sonar las llaves de la nave.

—Sé volar. —ahora sí lo alejó, pero luego se acordó que si iba volando se iba a despeinar y su madre no querría que ella apareciese en la foto toda despeinada. Se detuvo a mitad de la terraza y miró a su amigo. —Cambié de opinión, llévame, por favor. —Trunks sonrió y se dirigió a la nave, le abrió la puerta a su compañera y ésta entró en el asiento de copiloto. El Saiyajin rodeó la nave y se subió en el asiento del piloto.

Durante el camino, se sumergieron en un silencio, en el cual, nada más se escuchaba la música rock que Trunks solía colocar. Marron empezó a curiosear abriendo los cajones de la nave hasta encontrar cosas que, definitivamente, no quería saber.

—¿Es enserio? —dijo Marron mostrándole unos sobres de condones que había en una cajuela.

—Ya sabes… —el pelilila carraspeó. —Hay que estar preparado.

—Cierto, cuando eres el heredero de una importante empresa y con solo chasquear los dedos te caen mujeres. —la rubia volvió a meter los condones y cerró el cajón.

—¿Estás celosa? —una sonrisa torcida apareció en los labios del Saiyajin.

—¡Ja! Ya quisieras. —sin embargo, Trunks pudo notar un leve sonrojo en su amiga. —Esto si que no ¡Trunks! —Marron sostenía en sus manos una cajetilla de cigarrillos y un encendedor, la joven tenía el ceño fruncido.

—Me relaja, me desestresa, además, no me hace daño.

—¡Por Dende! Ustedes… ¡Arg! Mi mamá fuma de vez en cuando, pero ahora no podrá hacerlo.

—Sus pulmones son sintéticos.

—Fueron modificados, que es diferente.

—Bueno, la cuestión es que no le hace daño. Mi abuelo y mi mamá fuman, y ellos saben que si les hace daño, pero lo hacen porque les relaja. Créeme que ser presidente de la Corporación no es fácil.

—Mi mamá no puede fumar ahora, le hará daño al bebé. —el frenón que hizo Trunks hubiese hecho que Marron se estrellara contra el vidrio, si no tuviese puesto el cinturón.

—¿Tu mamá…? —Marron le sonrió, y esa sonrisa se lo dijo todo. Más que todo, el ver el brillo en sus ojos.

—Sí, lo supimos hoy. Estoy tan feliz, siempre quise un hermano. —Trunks rió.

—Al principio es lindo, después son insoportables.

—¡Oye! —le dio un golpe en el hombro. —Bra es un ángel.

—Cuando tú estás. —Marron sonrió.

—¿A que hora se fue Goten?

—Como a las cuatro. Le insistí que se quedará a dormir, pero no quiso. Siempre se pone así después de una ruptura.

—Hay que buscar la forma de animarlo. —se detuvieron frente a la preparatoria de Marron. —Lo pensaré durante el día.

—¿Por qué no estás en uniforme? —ahora era que se daba cuenta que Marron no llevaba puesto el uniforme de la preparatoria, simplemente, llevaba puesto un short de Jean y una camisa púrpura.

—Ya terminé la preparatoria, Trunks. Nada más vengo a tomarme la foto, luego, debo irme a casa. —le sonrió y tomó su mochila. —Gracias por traerme. —le dio un beso en la mejilla y bajó de la nave. Trunks pudo ver el destello de cabello rubio perdiéndose en el camino. Suspiró, Marron sería su novia cueste lo que cueste.

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Lo primero que hizo al llegar a su oficina fue asignar los oficiales que trabajaban en el caso. Revisó, por décima vez, el tablero, buscando la solución el problema, al cabecilla del cartel, pero no encontraban nada. Las fotos, las pistas, todo apuntaban alguien completamente desconocido

—Detective. —dijo uno de los oficiales entrando.

—¿Dime? —dijo Krilin, aún mirando el tablero, como si éste le pudiese dar la respuesta.

—Traigo información de nuestro oficial encubierto. —eso captó enseguida su atención. —Según los informes, aún no tiene la suficiente confianza para poder conocer al cabecilla. Pero pudo obtener ubicaciones de algunas de las jóvenes secuestradas. Muchas están en burdeles de baja clase esparcidas por el país. Sabe que hay unas que están fuera del continente, pero no tiene esa información.

—Esa es suficiente, es importante. —tomó los papeles y revisó que todo estuviese en orden. —Infórmale a nuestro oficial que permanezca ahí, ganándose la confianza, necesitamos al cabecilla. Pregúntale si es prudente atacar los burdeles, para organizar las tropas de rescate.

—Sí, señor. —dijo el oficial y salió. Krilin se sentó en su asiento revisando las carpetas, con la esperanza, que el nombre del cabecilla se le haya pasado en algún momento y poder ordenar al oficial que volviera, cada vez que uno de los suyos estaba en la boca del lobo, lo hacía sentir nervioso.

Recordó como una vez le tocó infiltrarse en un cartel de drogas, actuar como uno de ellos sin que fuese descubierto, para no poner en peligro la misión.

Eso, le recordó como tuvo que colocarse el traje de la Armada de Freezer, en Namekusei, para hacerse pasar por uno de ellos. Su piel se erizó de tan sólo pensarlo. Al menos, con los que combatía esa vez, eran humanos y no lo iban a hacer volar en pedazos, no que él se dejara.

No podía simplemente golpearlos y dejarlos inconscientes o muertos, la justicia de la tierra no trabajaba de esa forma. Había que tener pruebas, agarrarlos con las manos en la masa para hacer justicia y encerrarlos por un largo tiempo, otra razón, por la cual, Shenlong no se podía usar.

El sonido de su celular lo hizo salir de sus pensamientos.

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Le pareció un poco extraño verlo llegar después de ella, según Bulma había salido antes, además, no había visto su nave al salir ella.

—Y eso que saliste de tu casa antes que yo. —le dijo al verlo pasar, Trunks se detuvo.

—Llevé a Marron a la preparatoria.

—Gracias, estaba pensando un poco en eso. Creo que deberíamos comprarle una nave. ¿Aunque para qué? Ella sabe y le gusta volar—Se dijo, Trunks se acercó a su escritorio.

—¿Cuáles son los documentos de hoy?

—No los he terminado de revisar, te los llevo a tu oficina.

—Pero, su estado… —la androide le dio una mirada fría, de esas que lo hacían temer por su vida, a pesar de ser más fuerte que ella.

—Marron no puede mantener la boca cerrada. —puso los ojos en blanco. —Puedo subir escaleras y ascensores, vine volando hasta aquí. "Mi estado" no evitará que haga mi trabajo como es debido… Te llevo los documentos a la oficina. —lo último lo dijo con los dientes apretados. Trunks tembló, esa mujer daba más miedo en estos momentos.

—Sí, señora. —y fue casi corriendo hasta el ascensor. Dieciocho escuchó la risita de la otra secretaria y la miró.

—Siempre me impresiona como el joven Trunks le teme. —Dieciocho le dio una sonrisa torcida.

—Hay muchas razones. —la otra secretaria volvió a su trabajo. Dieciocho tomó su teléfono y marcó el número de Krilin, sabía que estaría nervioso y por eso, quería decirle, al menos, que no tenía algo malo.

¿Hola? ¿Dieciocho? —le contestó al tercer timbre.

—Fui donde Bulma.

¿Qué te dijo?

—Que eres un paranoico de primera, estoy bien.

Lo-lo siento, sabes que me preocupo mucho por ti. —una diminuta sonrisita apareció en los labios de la androide, cosas como esas le enternecían.

—Eso es lindo de tu parte, y porque eres lindo sólo te diré que tengo algo interesante que contarte cuando llegue a casa.

Dieciocho, espera, no me dejes con la duda…

—En casa, te quiero.

¡Dieci…! —y colgó, le gustaba dejarlo con las dudas. Suspiró y miró la computadora que tenía enfrente y todos los documentos en el suelo. Se tronó los dedos, el cuello y decidió colocarse a trabajar.

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—¡Hey, Marron! ¡Sonríe! —ya le dolían las mejillas de tanto sonreír, apenas sintió el flash dejó de hacerlo. —Bien, creo que esta sí quedó bien.

—Gracias a Dende. —se levantó del banquillo, se quitó el birrete y la toga, se ató el cabello en una cola y salió del salón.

—Gracias a Kami ya salimos de esto. —le dijo Mizuki, su única amiga de la preparatoria. Debido a la calor, se había recogido el cabello negro. —¿Vamos a tomar algo? Ya que tenemos toda la mañana libre.

—Planeaba llegar a casa temprano, pero me agrada la idea. —Decidieron salir a caminar al centro comercial que quedaba más cerca. Hablaron de cosas triviales, como las fiestas de graduación o las universidades a las que irían. También, Mizuki le contó quienes no se graduarían y que compañeras habían quedado embarazadas.

Le gustaba pasar los últimos días con su amiga antes de ésta se fuese a estudiar a otro continente.

—¿Tienes algo que hacer mañana en la noche? —le preguntó Marron.

—No ¿Por?

—Tengo un amigo… Que está algo desanimado, pensé que podríamos ir mañana a, no sé, una discoteca, aprovechando que es sábado.

—¿Un amigo? Dime que es el de cabello lila. —le empezó a codear. —Me estas preparando una cita ¿Eh? ¿Aunque sabes? Te vi bajarte de su nave hoy, así que creo que ustedes son pareja. —Marron se sonrojó y le dio una mirada asesina a Mizuki.

—Trunks y yo sólo somos amigos.

—¿Entonces es el de cabello negro? Bueno, tampoco está nada mal. —Mizuki juntó sus manos y suspiró. Marron colocó los ojos en blanco, quizás su amiga ya hacía planes de hasta como iban a llamar a sus hijos. —Iré ¿Nada más iremos los tres?

—En la noche Trunks ya está desocupado, irá con nosotros también.

—¡Sí! Será como una cita doble. Aunque tú estarás saliendo con el hombre más codiciado de la ciudad.

—¡Sólo somos amigos! ¡A-MI-GOS!

—Ya, ya. —agitó su mano. —No me lo repitas más. Tu sonrojo te delata.

—Oh, maldita sea.

—Ya, te dejaré de molestar. ¿Te tienes que ir? Son nuestros últimos días juntas. ¡Vamos a ver una película! —Marron colocó los ojos en blanco.

—Vale, pero tú invitas.

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Aprovechando que su madre estaba de compras con Videl, que su padre se encontraba en el cultivo y que Pan estaba en la escuela, se permitió colocar la música a todo volumen. Una de las cosas que odiaba de si mismo era el entregarlo todo en una relación, dar por completo su corazón y, como siempre, terminar teniéndolo roto.

No sabía porque era, nunca, en sus 22 años, había terminado con una chica. Tal vez, él siempre le veía los lados positivos en una relación, buscaba la forma que no muriese, con tal de no romperla y de paso, no romper un corazón. La verdad, no entendía porque Mei había terminado con él ¿Acaso no la supo complacer? ¿No supo cómo mantener viva a relación? ¡Todo iba bien! Hasta su madre, que no aprueba a cualquiera, la había aceptado.

Vagando en sus pensamientos no se dio cuenta cuando ya tenía a ChiChi en la puerta de la habitación. Sólo sintió cuando le apagaron la música.

—¿Qué tienes? —preguntó su madre, llena de esa preocupación que a Goten le dolía, ella no merecía preocuparse tanto

—Nada. Sólo pienso si voy a seguir la carrera. —Mintió, no quería preocuparla más.

—¡Oh no! Jovencito ¿Otro cambio? Primero fue Ingeniería y ni siquiera terminaste el semestre, luego biología, tampoco terminaste el semestre ¡Llevas ya cuatro semestres de Diseño! Si te retiras de esta carrera, trabajarás con tu padre. —Goten le sonrió a su madre y ella suavizó la mirada, ChiChi siempre había tenido debilidad por su hijo más pequeño. A veces, no lo quería dejar crecer.

—Bien, no me saldré.

—Así me gusta, deberías ir a ayudar a tu padre.

—Nah, voy a esperar a que llegue Pan, entrenaré un rato con ella. —ChiChi asintió con una sonrisa.

—Ponte a estudiar, entonces. Mientras la esperas.

—Mamá… Estoy de vacaciones.

—¡Eso no quiere decir que no puedas estudiar! —dijo la mujer y salió cerrando la puerta a su paso. Goten se bajó de su cama y encendió su tv y un videojuego, si mantenía su mente ocupada, no se deprimiría más. Suspiró y empezó a jugar, cuando llegara Pan la llevaría a entrenar un rato para mantener su cabeza ocupada.

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El sonido de la puerta lo hizo levantar la mirada de los documentos que estaba terminando de revisar, los ingresos de la empresa habían aumentado bastante solamente esa semana.

—Pase. —dijo y Dieciocho entró. Se acercó su escritorio y le dejó los documentos.

—Chiquillo, tienes que revisar estos, firmar estos y te solicitan en los laboratorios.

—¿Para qué?

—Bulma está aquí, te quiere ver allá.

—No, allá están muy ocupados, lo veré aquí. —dijo Bulma entrando a la oficina de su hijo que antes fue suya, suspiró, y miró a su alrededor. —Cambiaste un poco la oficina. —asintió. La puerta se cerró detrás de Dieciocho cuando salió. Bulma se sentó frente al escritorio de su hijo, sacó una cajetilla de su bolsillo y tomó un cigarro, le ofreció uno a su hijo que éste aceptó. Trunks encendió ambos cigarrillos. Madre e hijo permanecieron en un pequeño silencio mientras comenzaban a fumar.

—¿Qué pasa, mamá? —Bulma le dio una calada a su cigarro antes de contestar

—¿No puedo ver cómo progresa la empresa de la familia a manos de mi hijo mayor?

—Ujum. —el chico le dio una calada al suyo y enterró su nariz en el primer documento que tenía que revisar.

—Oh cariño, a veces creo que te estoy presionando demasiado.

—Sí tú lo dices…

—Trunks, mírame ¿Te estoy presionando? —el chico miró a su madre, dos pares de ojos azules conectándose. Podría decirle como se sentía, presionado, en el borde de un abismo, pero no, porque él no era de esos que decía con facilidad lo que sentía. Optó por mentir.

—No. No me siento presionado. —Pero la científica no le creyó, sin embargo, decidió dejarlo así.

—Dejaste esto en casa. —le entregó un cuaderno y Trunks supo cual era. —Siempre te he dicho que aportes ideas, así, la empresa podría tener nuevos inventos. Trunks. —la peliazul empezó a pasar las hojas del cuaderno, éste estaba llenos de dibujos y fórmulas. —Tus ideas son geniales.

—tú y el abuelo han creado ya todo, mamá. No se puede inventar más.

—Ya entiendo lo que pasa. Te sientes ¿Cómo decirlo? ¿Indigno? ¿Es correcto?

—Algo así. ¿Para que tengo una mente brillante si ya ni se puede usar para hacer otros inventos?

—Pero aquí tienes muchas ideas.

—La mayoría son formas de mejorar lo que ya está hecho. Y los que intenté inventar fueron un fracaso.

—Date una oportunidad, hijo. —Bulma le sonrió.

—Lo intentaré. —la científica le entregó el cuaderno.

—Sigue haciendo estas cosas, sacas buenas ideas y, verás, que te saldrán muy bien. Busca los errores que tengas y no te dejes abrumar por los grandes o insignificantes que puedas cometer. ¿Crees que la empresa se creó d un día para otro? ¿Sabes cuantas explosiones me tuve que aguantar? —Trunks soltó una risita y Bulma se sintió satisfecha, le gustaba ver una sonrisa en el rostro de su hijo. La mujer aplastó la colilla en el cenicero, rodeó el escritorio y besó la mejilla de su hijo.

—Mamá…

—Te quiero. Para que dejes de abrumarte, cuando llegues tendrás una gran cena. —el chico rio.

—Ya me convenciste.

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Puño, patada, puño, patada, puño, puño, rayo de energía.

El cuerpo pequeño de Pan se estrelló en una colina. Pero así como se estrelló, se impulsó para atacar con más fuerza. Goten detuvo el golpe y el impacto hizo que varias aves salieran despavoridas. La niña gruñó y voló lejos, hizo estallar su ki y atacó con más fuerza.

Patada, patada, puño, patada, puño, puño.

Goten cayó de espaldas mientras su sobrina caía sobre él.

—¿y quien es la ganadora? ¡Sí, señores! ¡Es Son Pan! —exclamó la niña con las manos en su cintura, estaba de pie sobre el pecho de su tío. —¡Así como ven, señores! ¡Un hombre de 22 años ha caído ante una niña de 10 años! —Goten soltó una risita, Pan lo miró desde su posición. —Te falta entrenar más, tío. ¿O es que piensas en otra cosa? —los adorables ojos oscuros de Pan estaban llenos de curiosidad.

—¡Y por haber ganado! —exclamó Goten desde el suelo, tratando de evadir el tema. —¡El premio es el amor del tío! —tomó a la niña y la acostó en su pecho, como cuando ella era una bebé, y la abrazó fuertemente.

—¡No! ¡Eso no es un premio, es un castigo! ¡No tío, suéltame! —le empezó a dar codazos en el estómago, Goten la soltó riendo, Pan odiaba las muestras de afecto. Se sentaron y bebieron agua.

—Eres muy fuerte, Pan. —dijo Goten. —No comprendo porque solamente han llegado a 5 de gravedad.

—Porque Marron es humana. —dijo Pan. —Y ella entra a entrenar con nosotras. No digo que sea culpa de ella ¡Nos gusta entrenar con ella! Pero…

—Lo entiendo. —dijo Goten. —Tú y Bra son más fuertes por naturaleza, Marron por esfuerzo. ¿Por qué no entrenan tú y Bra solas? Marron no se molestará porque se lo pidan, las adora demasiado como para hacerlo.

—El problema no es Marron. —las mejillas de Pan se colorearon de rojo. —Hace unos meses, antes que empezáramos a entrenar, Bra y yo entramos sin permiso a la cámara y la configuramos a 150 de gravedad… Casi quedamos aplastadas. —la carcajada que soltó Goten sonrojó aún más a Pan. —¡No te rías, tío! Quién nos encontró fue el señor Vegeta y llamó a la tía Bulma. Ella llamó a mi abuelo y él nos fue a buscar semillas del ermitaño.

—¿Por qué yo no sabía eso?

—¡Nadie lo sabe! La tía Bulma dijo que no le dijéramos a nadie, se iban a preocupar en vano. Por eso no nos dejan entrar solas. Marron entra con nosotras y de paso, por órdenes de la tía Bulma, nos vigila. Siento que eso también afecta su entrenamiento, está demasiado pendiente de nosotras.

—Hagamos una cosa. —dijo Goten. —La próxima vez, yo entro con ustedes. Aprovéchenme que aún no entro de vacaciones. —una de las cosas que más le gustaban a Goten, era la sonrisa de felicidad de Pan, era tan tierna.

—¡Gracias, tío! —la pequeña niña lo abrazó y Goten rió mientras recibía el abrazo.

—¡No es justo! —dijo una voz, ellos miraron de donde provenía. Goku venía descendiendo hasta aterrizar a su lado. —¡Están entrenando sin mí!

—¡Abuelito! —exclamó Pan soltando a su tío y corriendo a abrazar a su abuelo.

—¿Tienen energías para seguir entrenando? —preguntó el hombre.

—¡Sí! —exclamo la niña, Goten se encogió de hombros sonriendo.

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Notó que estaba atardeciendo cuando salieron de la segunda película, Mizuki no quería dejarla ir. Empezaron a caminar por el centro comercial viendo las tiendas de ropa y Marron apretó la tarjeta de débito que sus padres le habían obsequiado.

"Aguanta, no te gastes el dinero" Pero era inevitable, había heredado de su madre esa adicción por las compras.

—¡Marron! —exclamó Mizuki colgándose de su brazo, la rubia la miró. —¡Ese vestido es hermoso! ¿Ya tienes uno para mi fiesta?

—Eh no. —miró el vestido, era algo al estilo que solía usar; sin mangas, ceñido hasta la cintura y al final suelto, siempre hasta las rodillas. —Es bonito.

—Y es naranja ¡A ti te encanta el naranja! —y la arrastró hasta la tienda. Marron miró el vestido mientras lo quitaban del maniquí, debía admitirlo, era precioso y el color naranja que poseía era tan igual a su traje de combate ¿Cómo no amar ese color? Cuando prácticamente lo vio mientras crecía.

Marron sabía que no se detendría sólo con el vestido, pero debía contenerse. Solamente compró unos zapatos bajos que combinaran.

Siguieron caminando mientras Mizuki le contaba sobre la oportunidad de estudiar en otro continente.

—Sigue sin serme atrayente la idea. —dijo Marron. —Esos tipos se notaban demasiado raros cuando nos fueron a dar la información. Además ¿Por qué su universidad no es tan reconocida?

—Porque son nuevos ¡Vamos, Marron! —la rubia negó con la cabeza.

—Mizuki, al parecer la trata de blancas es el nuevo vicio de los criminales. A mi papá le han reportado muchos secuestros, no es bueno confiarse tanto. —la pelinegra puso los ojos en blanco.

—El trabajo de tu padre te está afectando ese hermoso cerebro. —los ojos violetas de su amiga brillaban. —No va a pasar nada, Mar. Tenlo por seguro. —la sonrisa sincera de Mizuki no logró calmar a Marron, algo le decía que iba a pasar alguna catástrofe.

—Debo irme a casa. —anunció la rubia. —Hoy tengo que preparar la cena.

—Yo como tú, sólo ordeno comida y listo. —ambas rieron. —¿Te doy un aventón?

—No es necesario.

—Ah verdad ¡La señorita sabe volar! —Marron rió y le dio un suave empujón a su amiga, ella era la única que sabía que Marron sabía volar, aunque ya no era muy extraño.

Se despidieron en la puerta del centro comercial y Mizuki sacó un auto de una cápsula. Marron caminó unas calles y se adentró en un callejón vacío en donde alzó el vuelo.

Voló a toda velocidad con tal de llegar rápido, ella vivía a la afueras de la ciudad, en una bonita casa que tenía un inmenso jardín. Aterrizó en la entrada, después de media hora de vuelo y pasó. Subió enseguida a la habitación vacía que había al lado de la suya, entró y suspiró con alegría; era una habitación sencilla, de paredes blancas y dos ventanas. El único amueblado que poseía era el atril de Marron, y el montón de cuadros, ya pintados y algunos sin pintar.

La rubia comenzó a desocupar la habitación, llevando sus cosas a la suya que era un poco más grande que esta. Cuando ya estuvo desocupada, tomó su block, en donde dibujaba los bocetos y se sentó en medio de la habitación.

Comenzó a hacer los trazos, a fijar que era lo que pintaría en cada pared y que clase de pintura usaría. Estaba más que entusiasmada, ella se iba a encargar de pintar la habitación de su nuevo hermanito o hermanita.

Después de un rato, se levantó y se dirigió a su habitación para cambiarse, se colocó su uniforme de entrenamiento, se recogió el cabello como habitualmente lo hacía y salió al patio. El cielo estaba un poco oscuro, pero no quería hacer la cena todavía así que prefirió entrenar un poco. Mientras se estiraba y hacía un poco de calentamiento recordó cuando empezó a entrenar, cuando había decidido darle más sentido a su vida.

Fue justo después del 28° Tenkaichi Budokai, siempre, desde que era pequeña había asistido a esos torneos, sentía una extraña atracción hacia ellos.

No supo porqué de repente le surgió la idea, simplemente cuando volvían a casa decidió decirlo en voz alta.

Quiero practicar artes marciales. —estaba sentada en el asiento trasero del auto. Sus padres la miraron completamente extrañados, no asustados, sino confundidos.

¿Y a que viene esa idea? —preguntó su madre con una sonrisa ladeada. Marron se sonrojó y entrelazó sus manos sobre su vestido rojo.

Quiero ser fuerte, como ustedes. Quiero pelear y derrotar malvados. —y sus ojos negros brillaron. Krilin le sonrió mirándola por el espejo retrovisor.

Mañana temprano vamos a donde el Maestro Roshi. —Marron les dio una gran sonrisa. No tardaron en llegar a su casa, justamente en la que vivían actualmente.

Ven. —dijo Dieciocho llamando a su hija, la tomó de la mano y la llevó al baño. —Suéltate el cabello. —Sin mucho que entender, la joven se soltó su cabello rubio. Notó a su madre sacando unas tijeras.

¡Mamá! ¿Qué? —la joven la miró asustada.

Confía en mí. —Empezó a cepillarle el cabello, el cual, tenía por debajo de los hombros. Marron notó, un poco asustada como su madre empezaba a cortarle el cabello. —La manera más cómoda para luchar una mujer, es con el cabello corto. —Los mechones rubios caían por el suelo del baño, el cabello le estaba quedando a la mitad del cuello. —Así, evitas que te caiga en la cara evitando tu vista, también, que tu contrincante te agarre de él. —Cuando terminó de cortarlo y recogió los mechones del suelo, Marron se miró al espejo y se sonrió al notar el cambio.

Cuando se dirigió a su habitación encontró sobre su cama un traje naranja, no dudaba que era el que normalmente usaba su padre. Tomó el traje en sus brazos y corrió hacía la cocina, en donde su padre cocinaba y su madre tomaba un té. Con una gran sonrisa besó la mejilla de cada uno, le gustaba el apoyo que ambos le daban.

Al día siguiente, apenas el sol saliendo, Marron se dio una ducha y se colocó el traje naranja. Su padre la llevó hasta la isla en donde había crecido y la dejó ahí, desde ese momento tenía que hacer las cosas sola. Tocó la puerta de la pequeña casita rosa. Apenas el Maestro Roshi abrió la puerta ella le hizo una inclinación de respeto.

¡Abuelo Roshi! —desde que había dicho sus primeras palabras, lo había llamado abuelo. —¡Le quiero pedir que me entrene! —el anciano sólo había sonreído.

Los entrenamientos nunca fueron fáciles, sin embargo, ella siempre los hizo, con la meta de volverse más fuerte. Su cabello siguió creciendo y no lo volvió a cortar, sino, que cada vez que entrenaba o peleaba, se lo recogía y lo sujetaba totalmente con dos palillos.

—Llegué a tiempo. —Marron levantó la vista para ver a su padre aterrizar.

—¡Papi! —exclamó la rubia y abrazó a su padre. —¡Entrena conmigo, pa! —Lo empezó a jalar.

—Pero debo colocarme el uniforme. —la adolescente lo soltó.

—Hazlo. Yo… Este… Olvidé hacer la cena. —el guerrero entrecerró los ojos, pero después le sonrió a su hija.

—Llama a tu madre para que la compre. —entró a la casa a cambiarse para entrenar con su hija. Marron le escribió el mensaje a su madre y siguió estirándose, las peleas con su padre siempre eran geniales.

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No era necesario bajar la vista para saber quién se le enganchaba en la pierna.

—¿Qué quieres, Bra? —dijo con seriedad, mas no con brusquedad.

—Quiero entrar contigo a entrenar. —Vegeta bajó la vista para notar un par de ojos azules brillando, suspiró, ella sabía que le era difícil contenerse a ellos.

—¿Por qué, de repente, quieres entrenar conmigo? —las mejillas de la niña tomaron un tono rojizo.

—Siempre entrenaste a Trunks. ¿Por qué a mí no? —El Saiyajin puso los ojos en blanco, tomó la parte de atrás del traje de entrenamiento de Bra y apartó a su hija de su pierna, la niña se soltó y se dejó colocar en el suelo.

—Créeme que no soy suave como la nieta de Kakarotto o la hija del enano. —los ojos de Bra brillaron.

—¡Soy una Saiyajin, papá! ¡Puedo con lo que sea! —Vegeta le hizo señal a su hija y la niña entró entusiasmada a la cámara, Vegeta entró detrás y cerró la puerta. Se dirigió a los controles internos.

—¿A cuanto de gravedad llegas?

—5. —dijo Bra meciéndose en sus pies.

—Eso es patético, Bra ¿Por qué tan bajo? Eres una Saiyajin, por naturaleza, simplemente por eso, deberías aguantar más. —Bra se puso las manos en la cintura y enfrentó a su padre.

—No es mi culpa, si me entrenaras desde un principio sería distinto. Supongo que Pan también puede llegar a un nivel alto, pero Marron es humana. ¡Y ella si tiene que tomar las cosas con calma!

—¡Ya! Te pareces a tu madre colocando problema por todo. Sólo decía. —configuró la gravedad y Bra sintió un peso encima, algo fuerte para evitar su fácil y rápido movimiento, pero no para aplastarla. —Está en 20. —Bra miró a su papá, apoyado en la pared de la cámara, con los brazos cruzados. —Comienza a caminar, así te vas acostumbrando a la gravedad. —Bra le dio una gran sonrisa e hizo lo que su padre le ordenó. —Empezarás a entrenar conmigo, solamente yo sabré sacar tu potencial. —Bra quiso lanzarse a los brazos de su padre de la felicidad que contenía.

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—¿Estás segura?

—¡Sin piedad!

—Soy más fuerte…

—¡Ataca, papá!

—Te voy a lastimar.

—Así se aprende ¡Solo ataca! —Marron soltó un gruñido cuando su padre intentó dar otra excusa. Le gustaba entrenar con su papá, pero le molestaba que él, por miedo a herirla, no peleara con todo su potencial.

Krilin hizo estallar su ki y atacó, Marron apenas pudo evitar el ataque. Dio una patada que su padre detuvo con el brazo. Éste contraatacó con una patada que la adolescente detuvo.

Puño, puño, patada, patada, puño.

Marron fue lanzada por los aires y cayó al suelo.

—¡Marron! —exclamó Krilin preocupado. —¿Estás bien? —se iba a acercar, pero a rubia levantó la mano para indicar que estaba bien. Se levantó de un salto y se posicionó para pelear, Krilin notó que estaba sangrando. —Hija, estas… —se fue a acercar, pero Marron frunció el ceño.

—¡Estoy bien! ¡Sigamos, papá! —la sonrisa llena de felicidad lo hizo calmarse, a veces, le costaba acordarse de todas las veces que terminó así. Se posicionó para atacar, ambos de igual forma, estilo Kame. Atacaron al tiempo.

Patada, patada, puño, defensa, contraataque, puño, puño.

—¡Kame Hame Ha! —Krilin logró esquivar el ataque, no se dieron cuenta cuando Dieciocho había aterrizado justo en la trayectoria. Marron soltó un grito ahogado y la androide sólo desvió el rayo con su brazo.

—No te hagas ilusiones, Mar. —dijo sonriéndole con burla. —Ese poder aún es muy bajo para hacerme daño. —dejó la caja de pizza en la mesita que había en el jardín, junto a las dos sillas y se acercó a su hija. —Tu padre se estaba conteniendo.

—¡Dieciocho! —exclamó Krilin sonrojado, aterrizó al lado de ella y la besó en los labios.

—Traje pizza para que cenen. —dijo la androide con una sonrisa y miró a su hija. —Tú lucharás conmigo. —Marron abrió los ojos de par en par y se sonrojó.

—Mamá… Como estás…

—Sabes que puedo pelear con cualquier cosa, no soy como ustedes que si no tienen ese horrible traje no se sienten cómodos.

—¡No es feo! —dijeron ambos.

—Traeré algo de tomar para acompañar la pizza. —dijo Krilin y se alejó, no sin antes darle una sonrisa de ánimos a su hija.

—Sabes a que me refiero, mamá. —dijo Marron mirando a su madre fijamente.

—Soy una androide, Marron. Un embarazo no me hace débil.

—No podré atacarte por miedo de herir al bebé.

—Tu sólo ataca, niña cobarde. —Marron frunció el ceño.

—¡No soy cobarde! —Dieciocho, con una sonrisa se colocó una mano en la espalda.

—Esta androide embarazada, evitará todos tus ataques y te ganará, sólo usando una mano.

—¡No lo creo! —Marron se lanzó al ataque. Cualquier puño o patada que diera, hacia cualquier dirección, eran evitados por su madre.

Solo bastó de un puñetazo para mandarla a volar y dejarla en el suelo.

—He ganado. —dijo la androide acercándose a su hija. Marron le sonrió a su madre y le tomo la mano que ella le brindaba para levantarse. —Sin embargo, Marron has mejorado.

—Gracias, mamá. —se dirigieron a la mesita, en donde Krilin ya estaba colocando los vasos. Marron tomó la otra silla, puesto que Krilin ya ocupaba una. La androide se sentó en las piernas de su esposo sonrojándolo un poco, Marron soltó una risita mientras comía su primer trozo de pizza.

—Dieciocho. —dijo Krilin. —¿Qué es lo que me ibas a decir?

—Oh si. —comió un trozo de pizza. —Estoy embarazada. —silencio, Marron notó con diversión como su padre se quedaba paralizado, notó unas lagrimillas en las comisuras de sus ojos y rió con diversión cuando el guerrero tomó a su esposa y la elevó. Krilin voló cargando a la androide, exclamando lo feliz que se sentía de la nueva oportunidad de convertirse en padre. Besó un largo tiempo a su esposa y la bajó, colocándola delicadamente en la silla donde estaban sentados. Se alejó un poco, levitando de la felicidad y tomó su celular.

—Llamará al abuelo Roshi. —dijo Marron y Dieciocho asintió. Notaron la desesperación de Krilin porque no tomaban el teléfono del otro lado.

—¿Hola? ¡Maestro Roshi! ¿Cómo le va? ¡Adivine! ¡Dieciocho está embarazada! ¡Sí! ¡Lo sé! —notaron que se colocó rojo. —¡Oolong! ¡Deja ya! ¡Sí, me acabo de enterar! Bueno, hablamos después, debo hacer dos llamadas más. —y colgó, buscó otro número.

—A Yamcha. —dijo Dieciocho.

—No, al tío Goku. —dijo Marron.

—¡Goku! ¡Hola, como estas! —Marron miró a su madre con expresión de victoria. —¡Que bueno que entrenaste con Goten y Pan! ¡No! ¡Eso no era lo que iba decirte! ¡Dieciocho está embarazada! ¿Esa que gritó fue ChiChi? ¡Sí, estoy muy feliz! ¡Bueno, los dejo comer! ¡Adiós! —Y volvió a colgar, buscó el siguiente número.

—Ahora si es Yamcha.

—¡Yamcha! ¡No, no me importa que estés entrenando! ¡Sí, se que tienes partido mañana…! ¡Esto es importante! ¡Voy a ser papá nuevamente! ¡Dieciocho está embarazada…! ¡Claro que vale el tiempo! ¡Yamcha! —miró el teléfono y Marron soltó una risita. Krilin volvió hacia sus mujeres.

—¿Te doy un megáfono para que sobrevueles la ciudad anunciando? —Krilin se sonrojó.

—Es que estoy demasiado feliz. —una sonrisa tierna apareció en los labios de la androide, esas pocas sonrisas de enamorada que le salían. Besó la mejilla de su esposo.

—Me alegra que seas feliz.

Marron se enterneció con demasía por la escena, ojalá tuviesen más días asi. Más noticias que sacaran sonrisas y lágrimas como esas.

Lástima que no todo lo que se desea, se cumple.

Nota: ¡He vuelto! Con capítulo nuevo :3 :3 Personalmente, me gusta que este capítulo me haya quedado largo ¡Se los debía! Me gusta, increíblemente el apoyo que este fic ha recibido, aunque apenas está en sus comienzos y no es que sea demasiado intenso :P Créanme que las cosas se pondrán intensas :3 :3

En verdad, agradezco sus reviews. Discúlpenme por no contestarlos :/ Desde este capítulo empiezo a hacerlo ¡Enserio!

Ahora sí, espero que les haya gustado el capítulo :3 :3