IV Licántropo
Después de la entrevista mensual con Dumbledore, Remus se sacudía la culpa intentando distraerse y no pensar en la parte de responsabilidad que personalmente tenía en la peligrosa transformación en animago que sus amigos habían emprendido (y al fin dominado, para su alivio). Tampoco quería pensar demasiado en las noches que estos pasaban en compañía de un hombre-lobo en la plenitud de su fuerza. Se mirase como se mirase merecía un castigo por su temeridad y a veces se castigaba a si mismo con pensamientos nada positivos. Sin embargo en esta ocasión el encuentro con el director había sido corto y la semana en cambio había estado tan llena de sorpresas y sobresaltos que en cuanto tenía un minuto libre su mente divagaba hacía los últimos acontecimientos. Se gestaba algo grande, la matanza de muggles que había revolucionado hasta el colegio, los hijos más selectos hijos de la sociedad sangre limpia complotando en torno a magos sospechosos de mortífagos. Pero si hasta Snape había hablado abiertamente sobre lo que llamó "cambio de régimen" en su enfrentamiento con Lily. La casa Slytehrin parecía muy al tanto de lo que se movía fuera de Howgarts, había un secreto a voces resonando por los rincones. Nadie lo decía en voz alta pero el mundo mágico estaba al borde de la guerra.
Caminando sin prisa, ensimismado en sus pensamientos, llegó la sala común
- "Superflumina Babylonis"- Dijo distraídamente
- Claro cariño- La señora gorda le despejó el camino con una sonrisa, siempre le había tenido un especial afecto, todo lo contrario que a Sirius.
La sala estaba desierta, todos los Gryffindor de cursos inferiores estaban aún en clase y los de sexto y séptimo en el entrenamiento de quiditch. James había prometido exhibir una nueva jugada a sus compañeros de casa antes de ponerla en práctica en el partido del siguiente sábado contra Hufflepuff. Típico de James, al final había podido más su vanidad que la justa decisión de mantener las nuevas tácticas en secreto. Se merecía que algún espía le chafase la primicia.
Aprovecharía para terminar el trabajo para Slughorn. Al día siguiente tenían clase y esta noche no tendría ocasión de terminarlo en compañía de sus amigos. Pero una cosa es querer y otra poder, porque de las habitaciones de las chicas bajaba alguien, no todo el mundo estaba en el campo de juego.
Era Lily, claro, a ella no le gustaba demasiado el quiditch y nunca se había dejado impresionar por las piruetas de James Potter. Se sobresaltó un poquito al verle, obviamente no esperaba encontrar a nadie en la sala común a aquella hora.
- Hola Remus- saludó
- ¿Qué tal Lily? Veo que no has ido a ver el entrenamiento.
- No- dijo, demasiado alegremente- Tenia otras cosas que hacer.- Se acercó al tablón de anuncios y se puso a mirar muy interesada el horario de ensayos del coro de Howgarts.
Había sido rápida pero no había conseguido engañarle, Remus había visto sus ojos rojos. Había estado llorando. No supo que hacer, quizá lo que buscaba ella era estar sola. Por otro lado ¿no sería lo correcto preguntarle qué le pasaba?
- Remus.. -Empezó ella de pronto, sacándolo de sus cavilaciones- Remus, me alegro de haberte encontrado aquí. Tu siempre has sido muy amable conmigo y bueno... me has confiado muchas cosas.
Aliviado al ver que ella tomaba la iniciativa, contestó.
- Claro Lily, puedes contar conmigo, por supuesto.
- Bueno, es difícil. Yo... no me siento cómoda hablando de esto con casi nadie. Ni siquiera Nora lo entendería.- Se volvió hacía él e hizo una mueca- Nunca lo han entendido
Lily iba a hablarle de Snape.
- Es duro ser una bruja de familia muggle- Continuó ella- En la escuela tengo que soportar el desprecio de mucha gente, pero lo peor está en mi casa...
¿De que me hablá? Pensó Remus.
- Creo que ya te he hablado alguna vez de mi hermana mayor Petunia ¿verdad?... Dejó de tratarme como a una hermana el día que llegó a casa la carta de Hogwarts. Yo tenía diez años y ella catorce y todavía recuerdo el berrinche que se llevó.
- Bah, Lily, solo era envidia
- ¡No! Bueno, al principio quizá si lo fuera... un poco, pero ya no se trata de eso. Ella piensa que la magia es algo antinatural, maligno, cree que soy un monstruo. No quiere saber nada de mi. Una lágrima rodó por su mejilla- ¡Y ahora Petunia se casa y no quiere que vaya a su boda!
Remus se quedo un poco sorprendido. La verdad, no entendía por que tanto alboroto por algo así. Por lo que sabía de Petunia Evans no merecía la pena intentar llevarse bien con ella. Después de más de cinco años en Hogwarts Lily había tenido tiempo de sobra de olvidarse de su poco solidaria hermana muggle.
- Tu tampoco lo entiendes ¿verdad? Yo quiero a Petunia, siempre la he querido, es mi única hermana... Ella no es tan mala, solo que le asusta la magia. Realmente no la conoce . Y Vernon tampoco ha ayudado nada a que nos entendamos mejor.
- ¿Vernon?
- Su novio.
Vaya, esta historia lo había pillado un poco fuera de juego.
- No entiendo ¿y que tiene que ver el tal Vernon en esto?
- Bueno, el sabe "lo mío", como diría ella. Llevan años saliendo juntos y alguna vez ha visto cosas... Una vez reventé los neumáticos de su coche sin querer, no fue a propósito estaba furiosa y pasó, pero Petunia se lo contó todo y desde entonces ha sido aún peor.
Remus se rió imaginando los neumáticos estallando y a la pareja de muggles chillando, pero comprendió que había sido un error al ver la cara de Lily, así que paró de reir.
- Pero tus padres no son así ¿verdad? ¡Tus padres están orgullosos de ti!
- Si, pero no han podido convencer a Petunia. Ayer recibí una carta suya, la boda es en Julio. No han podido hacerla entrar en razón. Ellos no lo explican así, claro... Intentan disculparla, dicen que es cosa de Vernon. Me piden permiso para asistir, dicen que no irán si no estoy de acuerdo. ¿Quién soy yo para impedirles estar al lado de su hija mayor el día de su boda? No me importa que vayan, lo que me duele es la actitud de mi hermana.- Lily estaba otra vez al borde del llanto.
- Lily, no te pongas así...- Remus le cogió la mano con afecto
- Nora y Artemisa no entienden que no pase de Petunia a estas alturas. Y la verdad es que tengo ganas de arañarla ahora mismo...
- Pero no puedes dejar de considerarla tu hermana, eso te honra.
- ¡Pero me hace daño!
- Si no coincide con la luna llena puedo ir a visitarte ese día de Julio, Lily. Podemos ir de excursión y olvidarnos de la majadera de tu hermana. Puedo invitar a James.- dijo, arrepintiéndose al instante.
- No se como nos llevaremos para entonces- Contestó Lily riéndose por primera vez desde que había empezado con sus confidencias- a veces Potter me saca de quicio.
- A mi también, creeme.-Dijo sintiéndose un traidor, aunque fuera la verdad.
- Es guapo, inteligente y divertido, pero no soporto que sea tan cruel a veces con gente que no lo merece.
Ahora si que está pensando en Snape. Remus se quedó callado. Durante unos segundos ninguno de los dos habló.
- Tu también odias a Severus ¿verdad?- Preguntó ella mirándole a los ojos.
- ¡Claro que no¡- Mintió
- Todos tenéis prejuicios contra los de Slytehrin pero él es distinto.
Si claro, si hubieras visto lo que le hizo a James la última vez. Se mordió la lengua
- Snape te llamó sangre sucia una vez...- Dijo al fin sin poder contenerse
- Todos cometemos errores, Remus. Me pidió disculpas y yo las acepté.
Snape disculpándose era algo que estaba más allá de su imaginación, pero estaba seguro de que Lily no le mentiría.
- Severus tiene muchas presiones, pero ha sido un amigo leal a pesar de los comentarios.
- ¿Ha sido?
- Y es...
Lily, Lily, ¿cómo puedes defenderlo?
El silenció volvió a llenar la sala común. Soy un estúpido, ha estado a punto de confiar en mi. Ahora el momento había pasado. Cuando ella volvió a hablar su tono había cambiado.
- Muchas gracias por escucharme, Remus. Ahora me siento mejor. Y te tomo la palabra, tendrás que venir a pasar ese día conmigo en Julio. Ahora voy a dejarte, voy a enviar una lechuza a mis padres. Aunque son muggles ya están acostumbrados al correo de Hogwarts.
- Vale, trato hecho- dijo soltándole la mano, un poco azorado
Remus se quedó solo de nuevo. Más confundido que nunca. Últimamente le parecía que era el receptáculo de todas las confidencias e intrigas del colegio. Pero como ninguno de aquellos asuntos le iba a librar de la redacción de Slughorn decidió emplear la media hora de tranquilidad que le quedaba para terminarlo y esta vez consiguió concentrarse lo suficiente. Para cuando escuchó las voces de sus compañeros al otro lado del retrato, había terminado. Un nutrido grupo de alumnos de sexto y séptimo entraron ruidosamente en la sala común con Bagman a la cabeza seguido por el resto el equipo.
- ¡Vamos a machacarles¡
¡SI!
- ¡Hufflepuff al paredón!
- ¡Hasta Mcgonagall ha tenido que reconocer que es genial!
Remus puso por un momento los ojos en blanco.
-¡James! ¡James! ¡James! Peter estaba rojo de excitación.
-Bueno, Colagusano no te pases- Escuchó decir a Sirius
- ¿Qué le has llamado? Preguntó Berta Jorkins.
- Nada Berta... cosas nuestras.
Sirius se apartó del grupo, que se calentaba cerca de la chimenea, y se acercó a Remus.
- ¿Preparado para esta noche Lunático?
- Deberías tener más cuidado - No pudo evitar una sonrisa viendo como Berta trataba de escuchar lo que decían.
- Bah, Jorkins es una metomentodo pero no tiene ni un gramo de cerebro. ¿Cómo te encuentras?
- Bien, todavía no he empezado a sentir molestias pero dentro en unos minutos me escabulliré, no voy a correr riesgos.
James seguía con sus admiradores comentando las mejoras que la nueva jugada introducía en sus posibilidades de lograr la Copa
- Iremos en cuanto todo esté tranquilo. Esperemos que estés de mejor humor que la última vez, - prosiguió Sirius- por poco le arrancas la cabeza a James cuando la asomó.
Generalmente los hombres lobo solo sienten apetencia por la sangre humana, pero pueden tener reacciones violentas si se sienten amenazados por otros animales o seres de su misma especie. En aquella ocasión James, como Cornamenta, había irrumpido demasiado bruscamente en la guarida de Lunático. Aunque Remus no recordaba nada al despertar no dejaba de sentirse culpable por ello, precisamente porque no podía controlarlo la culpa y el miedo que sentía eran mayores. Para sus amigos solo era un juego pero para Remus... Por muy inteligentes y audaces que James y Sirius fueran no podían compararse con Dumbledore. Remus no dejaba de pensar que un día podía producirse un accidente. ¿Y si se despertaba y sus amigos estaban muertos, destrozados por sus propias garras? Por Peter no tenía temor, sabía escabullirse muy bien como rata y sospechaba que nunca se le acercaba mucho mientras era un licántropo. Pero James y Sirius eran tan inconscientes a veces.
- Prometeme que tendréis cuidado.
- Vamos Remus, no fastidies. Llevo meses aullando a la luna contigo ¿crees que no se lo que me hago?
La sala común estaba imposible, los alumnos de primero y segundo empezaban a llegar de su última clase. Remus se despidió de Sirius y aprovechó el barullo para salir, dobló por un pasillo que sabía poco transitado y al cabo de unos minutos atravesaba el Hall sin haberse cruzado prácticamente con nadie. A punto de salir por la puerta una voz lo detuvo en el umbral.
- Buenas tardes.
Mierda. Era Snape. Su insignia plateada de prefecto relucía a la luz de la gran araña cubierta de velas encendidas.
- Hola Severus.
- ¿No hace un poco de frío para salir de paseo a estas horas, Lupin? Y yo que pensaba que eras el menos lerdo de tu pandilla de niñatos... que pena, me habré equivocado.
Si lo que Snape quería era un enfrentamiento andaba listo, ahora mismo no tenía tiempo de tonterías. Aún no había oscurecido pero no faltaba mucho ya.
- Mira Severus, no estoy buscando bronca, así que...
Snape miró a uno y otro lado y sin previo avisó sacó la varita del bolsillo, Remus no tuvo tiempo de reaccionar, una maldición lo golpeó como un mazo en el pecho, estampándolo contra la gran puerta de roble. Sin embargo no se escuchó ni un sonido: ni la invocación de Snape, ni el golpe de su cuerpo contra la madera, ni siquiera la queja que escapó de su boca al sentir el dolor extenderse por su espalda. Snape había silenciado el hall para poder descargarse a gusto con él. ¿Que encantamiento habrá utilizado? Pensó mientras un torbellino de luces brillantes le pasaban por delante de los ojos. Intentó sacar la varita del bolsillo pero sus brazos se le enredaban en la túnica, las piernas no le respondían, se sentía como un escarabajo panza arriba que no podía darse la vuelta. Desde su ridícula posición en el suelo vio como Snape se aproximaba, sonriendo de una forma siniestra. Todo parecía suceder muy despacio. A velocidad extrañamente lenta vio la boca de Snape formar palabras que no podía oír y sintió un golpe y un dolor agudo en las costillas. Snape lo estaba pateando con saña. Intentó y consiguió agarrarle de la pierna, pero entonces fue peor porque un maleficio lo golpeó en la cara dejándolo sin conocimiento.
Cuando despertó, sintió el sabor de la sangre en la lengua y un dolor sordo en el costado. Era de noche, todo el mundo debía de estar en el Gran Comedor.
¡DE NOCHE! Remus intentó ponerse de pie de un salto pero solo consiguió incorporarse un poco, al moverse se percató de que le dolía casi todo el cuerpo. Y ni siquiera me he transformado aún. Pensó. Tenía que alcanzar su refugio en Hogsmeade antes de que saliera la luna, solo podían quedar minutos para eso. Con un esfuerzo titánico se levantó, agarrándose a las molduras de la puerta. Salió al exterior . Su primera impresión había estado equivocada, aún no era completamente e noche. El sol no había acabado de ocultarse y la superficie del lago se teñía de rojo y naranja en el horizonte. Atravesó corriendo la explanada y el suave desnivel frente al lago y cuando llegó a los pies del árbol tuvo que pararse para toser y recuperar el aliento. Con la seguridad que da la experiencia evitó las letales embestidas de las ramas del sauce y apretó el nudo que le permitiría acceder al pasaje.
¡De prisa!-Pensó angustiado al volver la cabeza hacia el oeste y no ver más que un leve resplandor violeta en el horizonte.
Se deslizó hacia el pasadizo que lo llevaría a la Casa de los Gritos, y corrió como no había corrido nunca en su vida. Corrió como alma que lleva el diablo. Corrió hasta que el costado le ardió y los ojos empezaron a llorarle. Pero de pronto, en medio de una zancada un dolor espantoso y agudísimo creció desde su pecho extendiéndose por sus miembros y una oleada de pánico cubrió su consciencia cuando supo con desesperada certeza que no llegaría a tiempo.
