Disclaimer: Harry Potter y su mundo no me pertenecen.
"Este fic participa en el reto anual "Long Story 2.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black"
El largo camino a casa
Capítulo 4
Era extraño estar en el Expreso de Hogwarts sin que el tren estuviera lleno de niños. La última vez que Dean había viajado en él había sido después de la batalla, cuando él y sus amigos estuvieron lo suficientemente recuperados para viajar sin problemas. Qué diferente había sido ese viaje de todos los que le precedieron.
Muchos de los mejores recuerdos de sus años escolares eran del Expreso. Ahí había conocido a muchos de los amigos que lo habían acompañado a través de los años. Dean cerró los ojos y apoyó la cabeza en sus rodillas.
Prefería no pensar en eso. No pensar en todos los amigos que había perdido, en los que ya no estaban con ellos. Las cosas eran más fáciles así.
Se acomodó con la espalda contra la pared del compartimento, subiendo las piernas al asiento. Hacía un rato había pasado la señora del carrito y él no había podido evitar comprar un caldero de chocolate. Siempre habían sido sus favoritos, desde su primer viaje en el tren.
No pudo evitar sonreír un poco al recordar eso. Susan Bones, al escuchar que él nunca había comido nada de lo que había en el carrito, le había comprado uno. Dean recordaba que había dicho que era la mejor bienvenida que alguien podía recibir al llegar al mundo mágico. No había sido un gesto enorme, pero para Dean sí lo había sido.
Aún faltaban algunas horas para llegar al colegio, y no tenía ganas de leer la novela de Stephen King que había comprado en la parte muggle de King's Cross. Se echó en el asiento, que era algo más pequeño de lo que él recordaba, y cerró los ojos.
-o-
Hacerse cargo del colegio había sido muchísimo más difícil de lo que la profesora McGonagall jamás hubiera pensado. No tanto por las funciones administrativas, que no eran muy diferentes a las de su tiempo como subdirectora, sino por los alumnos.
En todos sus años como profesora, no podía recordar haber visto a sus alumnos tan desanimados. Ni siquiera durante los años del primer reinado del terror de Voldemort, cuando todos los días recibían noticias de amigos y familiares atacados por los mortífagos. Pero esa vez habían podido protegerlos, al menos.
El año anterior habían fallado miserablemente. No sólo no habían podido protegerlos, sino que los alumnos habían sufrido de la mano de los propios profesores. Sería difícil que volvieran a confiar en los adultos, después de todo lo que habían pasado. La guerra siempre implicaba muchos horrores, pero sus efectos en los niños eran lo peor de todo el asunto para Minerva. Eran demasiado jóvenes para llevar esas cargas sobre sus hombros. En unas semanas tendrían que recibirlos de nuevo y había que esperar que las cosas salieran mejor de lo esperado.
—Minerva, ¿se puede? —Pomona estaba en la puerta de la oficina—. Tenemos una visita.
La profesora McGonagall levantó las cejas. La gente últimamente tendía a evitar el colegio. Muchos malos recuerdos. Los únicos que hacían visitas regulares eran los trabajadores del Ministerio y los encargados de la reconstrucción. El mismo Harry Potter había aparecido una que otra vez, por ratos cortos. El chico parecía estar buscando algo que Minerva no creía que pudieran darle: un hogar.
—¿Quién es?
—Dean Thomas. Dice que quiere ver algo en los registros de la escuela.
McGonagall volvió a alzar una ceja al oír eso. A lo largo de su vida, había perfeccionado el gesto y ciertamente había tenido ocasiones para sacarle provecho. Una escuela de magia es un lugar en el que ciertamente se necesita cierta habilidad para ello.
Obviamente, sus chicos nunca dejarían de sorprenderla.
—Hazlo pasar.
El muchacho que cruzó el umbral unos momentos más tarde era casi irreconocible. Si no hubiera sido porque se había anunciado como Dean, no hubiera tenido forma de saber quién era. Minerva recodaba muy bien al muchacho que amaba el dibujo y que no solía meterse en problemas. El joven que tenía en enfrente era bastante más alto, más delgado y más ancho de hombros. Y en sus ojos se veían las huellas de unos meses terribles.
—Hola, profesora.
—Thomas, un gusto.
No comentó nada acerca de los cambios del joven. Seguro que él los sabía demasiado bien y además, eso la haría sonar como una anciana. No necesitaba más cosas que la hicieran sentir vieja.
—Vengo a pedirle un favor, profesora —dijo el muchacho después de que la mujer le indicara una de las sillas frente a su escritorio—. Necesito ver el registro de alumnos del colegio.
—¿Y a qué viene este pedido tan inusual?
—Quiero encontrar a mi padre.
Minerva estaba casi convencida de que a esas alturas de su vida, nada podía sorprenderla. Al parecer, se había equivocado medio a medio. Hasta donde ella sabía, la familia de Thomas era completa y absolutamente muggle. ¿Y ahora ese chiquillo estaba pidiendo buscar a su padre en los registros escolares?
—¿Tu padre, Thomas?
—Sí. Mi madre cree que se trataba de un mago, así que me imagino que tiene que haber estado aquí.
—No recuerdo a ningún alumno llamado Thomas, pero si sabes en qué año se graduó podemos empezar por ahí.
—Ralph no es mi padre biológico —explicó Dean con una mueca—. Mi madre dijo que él se llamaba Benjy Fenwick.
Minerva no pudo evitar levantar la cabeza al oír ese nombre. Por supuesto que lo conocía perfectamente, había sido uno de sus alumnos. Recordaba que era particularmente talentoso en Transformaciones.
También se acordaba de haberlo visto unirse a la Orden. Y de lo que había pasado después.
Tragó saliva lentamente. ¿Cómo se suponía que iba a contarle lo que sabía? Justo cuando pensaba que la cosas no podían ponerse más complicadas. Pero Dean estaba ahí y se merecía algunas respuestas.
—Thomas, espera un momento. Voy a pedir algo a la cocina.
Vio como Dean hacía un gesto de sorpresa. Suponía que tenía que ver con Eran el tipo de noticias que una persona debía recibir con el estómago lleno.
-o-
—Tu padre fue un hombre muy valiente, Thomas. Eso es lo primero que tienes que saber —Dean, sentado frente a ella asintió con gravedad. La profesora McGonagall se acomodó los anteojos en el puente de la nariz y apoyó los codos en la mesa—. Al igual que tú, estuvo en Gryffindor.
—¿Sí?
—Siempre me he preciado de mi memoria. Tu padre, además, era estupendo en Transformaciones. Tomó los EXTASIS conmigo en sus últimos años aquí, y aprobó con buenas notas.
Dean tragó saliva. Era extraño escuchar a su profesora de toda la vida hablando así del padre al que nunca había conocido. ¿Quién hubiera dicho que McGonagall tuviera un punto suave?
—Vaya. ¿No sabrá qué pasó con él después del colegio? Yo sólo sé que estuvo con mi mamá y desapareció sin decir nada.
Pudo ver como su profesora se sentaba un poco más rígidamente en la silla, obviamente incómoda.
—Quería ser Auror —dijo la profesora suavemente—. Y se unió a la Orden.
Dean asintió. Sabía que la Orden había peleado contra Voldemort prácticamente desde sus inicios. No pudo evitar sentirse orgulloso de su padre, al menos descendía de alguien que alguna vez había luchado por lo que era correcto. Pero la expresión de la profesora era extraña.
—No hay forma más fácil de decirte esto, Thomas… Tu padre murió en una misión, en 1980 —dijo McGonagall. Dean se quedó helado. A decir verdad, lo había considerado, pero algo en su interior aún esperaba tener una posibilidad de encontrarlo—. Estaba encargado de salvar a una familia de hijos de muggles y unos mortífagos se cruzaron en su camino.
—Oh.
—La familia llegó a su destino. Tu padre fue un héroe. —La profesora esbozó algo parecido a una sonrisa y le tendió la caja de chocolates que había pedido a la cocina—. Y estaría orgulloso de ti, después de todo lo que pasó el año pasado.
El joven no sabía cómo reaccionar ante todo eso. Se acomodó en la silla, sin saber qué responderle a la profesora. Lentamente, cogió uno de los chocolates de la caja y se lo metió a la boca.
—Oh. —Fue lo único que pudo decir.
—Lo siento, Thomas.
—No… está bien. Digo, nunca lo conocí…
¿Tenía que estar destrozado por lo que McGonagall le había contado? ¿Llorar? ¿Gritar? ¿Maldecir al mundo? Ninguna de esas respuestas le parecían naturales, ni se sentía así. El padre al que nunca había conocido estaba muerto. Y él ni siquiera sabía cuál era la reacción apropiada. Dean simplemente se quedó sentado, intentando procesar toda esa información.
—Gracias, profesora —dijo finalmente—. Muchas gracias por su ayuda.
—Lo lamento. De verdad, Dean —musitó ella con una leve sonrisa de simpatía—. Puedo darte los datos de la última dirección que tenemos de su familia.
Dean movió la cabeza a un lado. ¿Familia? Era un tanto estúpido, pero nunca se le había ocurrido pensar que Benjy Fenwick tenía familiares. Sólo se había concentrado en encontrarlo a él, sin más. Su madre tenía una relación complicada con sus propios padres, por lo que Dean apenas veía a sus abuelos. Y los padres de Ralph estaban muertos. Y tanto su madre como Ralph eran hijos únicos, sí que nada de tíos o primos. Sólo ellos.
—Sí, claro. Muchas gracias.
McGonagall tuvo que abrir varios archivadores de aspecto anticuado —Dean se preguntó cuántos años llevarían ahí—, pero no se demoró demasiado en encontrar los archivos que buscaba. La mujer le sonrió a modo de disculpa al entregarle el papel.
—No están actualizados, pero es un punto de partida.
—Gracias. —Dean se estaba empezando a sentir un poco idiota con tantos "gracias", pero no sabía muy bien qué decir. Nunca había sido muy bueno con las palabras.
—De nada. Suerte, Thomas. ¿Te veremos este año?
El Ministerio y la administración del colegio habían decidido abrir un año extra, para que los alumnos recuperaran el año anterior. Por un lado, los alumnos hijos de muggles no habían podido asistir a la escuela, pero los que sí habían ido, no habían recibido la mejor educación posible. Lo mejor era recuperar el año y tratar de nivela a todos los alumnos.
—Aún no lo he decidido —respondió el muchacho encogiéndose de hombros.
—Sabes que las puertas de Hogwarts siempre estarán abiertas para todos ustedes —dijo McGonagall con inesperada calidez.
Dean sonrió.
-o-
Desde la lechucería había una vista increíble de los terrenos del colegio. Cuando estudiaba ahí, a veces se iba ahí a estar solo o a dibujar. Era uno de sus lugares preferidos en todo el colegio. Dobló cuidadosamente un pedazo de pergamino que le había pedido a McGonagall y llamó a uno de los pájaros.
La lechuza se posó en una percha, mirando con suficiencia al joven que ataba un mensaje a su pata.
—Vamos, no te demores —dijo Dean acercándose a la ventana y dejando ir al ave. La lechuza lo miró, como si quisiera decirle que ella nunca se demoraba.
El joven se acomodó en el marco y miró el pergamino que le había entregado McGonagall. La dirección era de un lugar llamado Berwick-upon-Tweed. ¿Dónde quedaba eso? Tendría que buscarlo en el computador de sus hermanas en casa.
Miró su reloj. Ya era hora de volver a Hogsmead para tomar el tren de regreso a Londres. Esperaría la respuesta de Seamus en casa. Seguro que su amigo le daría una llamada por teléfono. Eso era lo bueno de tener un amigo mestizo, podían usar los medios muggles para comunicarse. Mucho más fácil y limpio que las lechuzas. Su madre lo agradecía bastante. Las cartas de Parvati solían implicar desastres en casa.
Esperaba que Seamus pudiera ir a Londres. Necesitaba hablar con alguien que no fuera su madre acerca de su padre. A lo mejor incluso le pedía que le echara una mano con la búsqueda de sus abuelos.
Seguro que Seamus lo ayudaría. Siempre había estado ahí cuando lo había necesitado. Dean no creía que esa fuera una excepción. Su amigo jamás lo habría defraudado.
Este capítulo es una gran caca, pero bueno. Es lo que hay. Espero demorarme menos en subir el que viene.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
