CAPÍTULO 4
LA CANCIÓN DEL PUENTE
Hinata se despertó como todas las noches, empapada en sudor. No paraba de tener pesadillas en las que Naruto era torturado por esos tipos y convertido en fantasma o en zombi.
Todos los días se culpaba por lo que había ocurrido. Si hubiera sido más fuerte, podría haberle salvado la vida y sin embargo fue él, como siempre quién la salvó. Por eso tenía que dar con él, no sabía como pero tenía que encontrar ese valle y rescatarlo, fuera como fuera.
En casa del no tan lejano difunto tercer Hokage, Ino y Shiro investigaban los documentos de su despacho, en busca de alguna pista que les pudiera llevar al Valle de las almas pérdidas, pero no encontraban nada aparte de pergaminos sobre jutsus o sobre la historia del país del Fuego.
- Tiene que haber algo en alguna parte… - musitó Shiro.
- ¿Os puedo ayudar?
Por la puerta del despacho apareció un hombre alto que por su barba y pelo pincho casi parecía un oso. En su boca llevaba un cigarrillo a medio fumar y en su rostro había signos de que no hacía mucho que se había despertado. Con las manos en los bolsillos los miraba con indiferencia.
- Perdón por la intromisión, Asuma-sensei – se disculpó Ino.
- Sabes que eres bienvenida siempre que quieras, Ino. Pero, ¿qué estáis trasteando en los documentos de mi padre?
- ¿A ti te suena que el tercero pudiera tener algo relacionado con el Valle de las almas pérdidas?
- ¿Con él valle decís? Mmm… creo recordar que decía algo al respecto cuando yo era pequeño, pero no me acuerdo bien… creo que era una canción.
- ¿Una canción? – Soltaron a la vez los dos ninjas.
- Si, decía que era como un mapa para encontrar el valle. Pero no me acuerdo, yo era muy pequeño.
- ¿Y no sabe de algún documento donde pudiera dejar constancia, sensei?
- Mmm… creo que nunca lo hizo, porque decía que era sospechoso. Solo estaba la canción que a veces cantaba.
- ¿Y en serio no te acuerdas, Asuma? No sueles tener esos fallos de memoria cuando eres capaz de memorizar pergaminos enteros en minutos.
- Yo era muy joven y apenas le prestaba atención a mi viejo…
Sigue siempre recto la senda del león,
Se rápido como un halcón
Cruza el río hasta el nido de la tortuga
Y no olvides marchar con bravura
No mires nunca atrás porque es peor
Cruza el puente viejo sin temor
Abre el cierre y pasa corriendo
Pues un fallo te hará perder el cuello
Quien la había cantado era Konohamaru, que escondido tras el borde la puerta, había estado escuchando toda la conversación. Al oírla, Asuma asintió. Si, era esa la canción que le escuchaba cantar a su padre cuando era pequeño.
- El abuelo Sarutobi me la solía cantar para irme a la cama. Me dijo que si la memorizaba, estaría más cerca de poder ser Hokage algún día. Tenemos que tener buena memoria.
- Y es cierto, Konohamaru-kun. Has demostrado tener mucha memoria.
Su tio le felicitó acariciándole la cabeza, ante lo que el niño sonrió. Ino anotó la letra en un trozo de papel y se la pasó a Shiro, que le echó un vistazo, estudiándola en silencio.
Sin duda parecía un mapa, pero para él no tenía ningún sentido. No comprendía lo que quería decir con el león y el halcón, aunque con lo de la tortuga se podía hacer una ligera idea, si era lo que él pensaba, claro.
- Vayamos a ver a Tsunade, a ver que nos puede decir ella.
Cuando iban a pasar el marco de la puerta, Asuma llamó a su compañero, deteniéndolo.
- Ten cuidado con todo esto, Shiro. Si mi padre quería mantener tan oculto el valle por alguna razón sería.
Shiro asintió y se marchó acompañado de Ino a toda velocidad, en dirección al despacho de Tsunade. No tardaron más de un par de minutos en llegar. Allí la pusieron al corriente y le entregaron el trozo de papel.
La Hokage lo estudio y examinó, Shizune se conformó con mirar por encima del hombro, pero no le hallaba ningún sentido.
- ¿Qué opinas tú?
- No sé a que se referirá con el león y el halcón, pero con la tortuga creo que se refiere a que tenemos que ir al Norte.
- ¿Y eso por qué?
- Según la mitología, en las cuatro bestias divinas que representan cada uno de los cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste, hay una tortuga, Genbu. Representa el Norte.
- Tiene sentido… pero, ¿el león y el halcón?
Shiro se encogió de hombros. La verdad es que no tenía ni idea de que significado tenían esas palabras. Y parecía que la todopoderosa kunoichi tampoco. Así que estaban listos.
- ¡Shizune, manda esto al equipo de códigos y que lo descifren antes de esta noche!
- ¡Si, Tsunade-sama! – Y la kunoichi desapareció como el viento, a cumplir su cometido.
- Encuentren algo o no, nos iremos por nuestra cuenta.
- Pero está el problema de dar con Hinata también… ella no conoce este mensaje, no encontrará el camino. Igual se marchó hacía el Sur.
- Kiba está buscando su rastro – comentó Ino – Seguramente para media tarde sepamos algo.
- Bien.
- ¿Qué hacemos con el tema de Naruto? No podemos dejar su cuerpo sin protección ni guardia.
- Jiraiya se quedará conmigo y nos ocuparemos de su sello, por eso no te preocupes. Conseguiremos al menos darte dos días más, quizás tres. No lo sé.
- Esperemos que sea suficientes.
- Rezo por ello, Shiro.
Kakashi lo volvió a intentar y de nuevo falló. Estaba ya agotado de usar tanto el Sharingan una y otra vez. Pero no podía desfallecer, era ahora cuando tenía que lograrlo o estarían en problemas para encontrar el valle.
Desbloquear el Mangekyo Sharingan requería una cosa: matar a tu mejor amigo o un ser querido. Era un requisito que los Uchiha conocían, pero por ello decidieron ocultarlo y en teoría solo lo sabían unos pocos. E Itachi era uno de ellos…
Igual, de no estar en un bando contrarió, Itachi sería más idóneo para esta misión que él. A fin de cuentas Kakashi podía usar el Sharingan, pero durante un corto periodo de tiempo. Al no ser un Uchiha, le consumía más chackra de lo normal y eso lo agotaba durante días incluso.
No tenía tiempo para pensar en eso. Por la noche partirían y para entonces tendría que poder crear una pequeña abertura espacio-tiempo, por pequeña que fuera. En el viaje entrenaría más y si no era capaz de conseguirlo… no quería ni pensar en ello.
De modo, que lo volvió a intentar.
Jiraiya observaba el cuerpo sin vida de Naruto en la camilla. Más que muerto simplemente parecía que estuviese dormido. Aunque bueno, en verdad no estaba muerto, su alma aún estaba conectada con su cuerpo, aunque fuese muy débilmente.
Le desabrochó la chaqueta para observar el sello. Este había aparecido en su estómago pero las marcas creadas por el cuarto Hokage estaban comenzando a desaparecer, y eso no era nada bueno.
Formó un sello con su mano y escupió un enorme pergamino por la boca, en cuya base superior había la cabeza de una rana y en la inferior sus patas.
- ¿Para qué me has hecho salir, Jiraiya? ¿No estarás pensando en volver a mover el sello, no?
- Me gustaría que te abrieras para comprobar una cosa.
- Cuando dijiste eso la última vez casi te cuesta la vida.
- Hazme el favor…
A regañadientes, la tortuga se desenrrolló, mostrando un extenso pergamino lleno de caracteres y sellos. Jiraiya se fijo en uno en particular. Estaba casi borrado.
- El sello se esta rompiendo más rápido de lo que pensábamos… a este paso, el Kyubi quedará libre en menos de una semana.
- ¿Se puede saber que le ha pasado a Naruto?
- Es… difícil de explicar. Dime, ¿se puede reforzar el sello?
- Usando chackra claro que si, pero se desvanece muy rápido, no sé cuanto tiempo podéis tener. Yo diría que… unos cinco días.
- ¿Y si lo reforzamos día y noche?
- Una semana, pero no más.
Ya en la noche, todos se reunieron en el despacho de Tsunade. Y las noticias no eran muy prometedoras. Kiba apenas había logrado localizar un pequeño rastro del olfato de Hinata. Por lo visto había usado un potente perfume consigo misma y había creado varios clones dirigiéndolos en varias direcciones, para despistar. Estaba claro que no quería ser encontrada.
Para rastrear los rastros, Kakashi ya había enviado a sus perros ninja. No tardarían en tener noticias de ellos. En cuanto a la nota, Tsunade tenía muy malas noticias.
- No han conseguido sacar nada en claro. En el país del Fuego hay cientos de ríos que van a desembocar al océano. No saben a que río se puede referir la canción. En cuanto a lo de la tortuga, el equipo ha estado de acuerdo en lo que dijiste, que posiblemente indique que hay que ir hacía el Norte.
- Bueno, si hay un río por ahí igual tiene que ver con león o un halcón. Ya veremos que encontramos.
- Pero tengo más malas noticias…
- ¿Aún más? – Bromeó Kiba.
- Tenéis solo una semana para cumplir esta misión. De lo contrario, Naruto morirá.
Eso pilló por sorpresa a todos los presentes, dejándolos atónitos. Creían que iban a poder disponer de algo más de tiempo.
- Pero, ¿no ibais a…?
- Quizás consigamos un día más como mucho, no te puedo prometer nada, Shiro.
El ninja gruñó. Entonces solo tenían siete días para descifrar el enigma y salvar a Naruto. Y más aún, para encontrar también a Hinata. No tenían tiempo que perder.
- Bien, ¿qué harás?
- Ino, Kiba y Neji se marcharán conmigo, Kakashi que se quede así y se mantenga en contacto conmigo con sus perros.
Los dos ninjas se miraron. Shiro estaba al corriente de lo que estaba haciendo su amigo y de lo importante que era que completase ese entrenamiento, así que era mejor si se quedaban en la villa en lugar de ir con ellos. Si se sobreexcedia solo acabaría siendo una carga para la misión.
- Tienes cuatro días.
- Descuida, lo conseguiré.
- Hiashi partirá con un grupo de Hyuga para encontrar a Hinta, así que tú centrate en el valle, ¿entendido?
- Si.
Ya decidido lo que hacer, el grupo que iba a explorar la zona norte en busca de alguna pista que les ayudase a resolver el enigma de la canción se reunió en la puerta. Kakashi estaba allí para despedirlos.
- Bueno, pues nos vamos.
- Tened cuidado, Shiro. Si averiguó algo sobre Hinata, te lo haré saber.
- Gracias. Tan pronto como sea posible, prefiero encontrarla yo antes que lo haga Hiashi.
- Sabes el cabreó que se pillará, ¿verdad?
- No será menos que el que tendrá cuando se encuentre con Hinata-sama – le comentó Neji.
En eso tenía razón. Hiashi estaba furioso por lo que había hecho su hija, y aún más ahora que el clan Hyuga estaba patas arriba con la desaparición de la primera heredera al liderazgo del clan. Todos estaban nerviosos por encontrarla.
- Bueno, ¡vamos!
Y los cuatro ninjas se alejaron a toda velocidad, perdiéndose entre los árboles del bosque. Kakashi les deseó la mejor de las suertes y se preparó para seguir con su entrenamiento.
Cuando llevaban más de diez minutos avanzando por el espeso bosque, tanto Ino como Kiba se acercaron al líder de su equipo, intrigados por lo que iban a hacer a continuación.
- ¿Qué hacemos primero, Shiro-sensei? – Le preguntó Ino.
- No tenemos ninguna pista.
- Vamos a ir a ver a una vieja conocida mía, para encontrar a Hinata.
- ¡¿Qué? – Exclamaron los dos genin.
- Pero, Tsunade-sama ha dicho…
- No te preocupes, Neji. Nos tomará solo un día dar con Hinata, estoy seguro. Tengo la certeza que esta persona nos puede ayudar a encontrarla sin problemas. Incluso con medio día habrá suficiente.
- No creo que hagamos lo correcto… - pensó en voz alta Ino, triste de desobedecer órdenes de su líder suprema.
- Estáis preocupados por ella, ¿no? En especial vosotros dos – les dijo a Neji y Kiba – Si la encontramos, podremos ampliar el radio de búsqueda del Byakugan dividiéndonos en dos equipos, así podremos resolver antes el puzzle. Además, igual esta amiga mía nos puede ayudar a resolverlo.
- ¿De verdad lo cree? – Le preguntó Ino, intrigada por quien sería esa persona.
- Si, claro – afirmó – Sino me mata antes.
