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El 23 de Octubre conocí la verdadera angustia. Henry había desaparecido. Luego de buscar por toda la ciudad sin rastro de mi hijo sólo podía esperar con los brazos cruzados en casa. Para cuando llego la noche estaba a punto de derrumbarme, pero el sonido del timbre me sobresalto tanto que llegue a pensar que mi corazón se saltó algunos latidos. Cuando abrí la puerta no esperaba ver mi peor pesadilla hecha realidad. En la puerta de mi casa se encontraba Emma junto a Henry, compartiendo una sonrisa de complicidad tan parecida que mi corazón dolía.
-Hola Regina- dijo ella tímidamente
-Henry- corrí hasta él, le di un abrazo apretado, intentaba olvidar que Emma estaba de pie frente a mí de nuevo. Todo volvió con fuerza cruel cuando él me aparto bruscamente
-Encontré a mis verdaderos padres- luego salió corriendo hacia su habitación
Fue entonces cuando vi al hombre tras Emma, era ligeramente más alto que ella, barba descuidada y aspecto desalineado.
-¿Qué estás haciendo aquí?- fue lo primero que pregunte
-Henry nos encontró en Boston, él es un niño muy inteligente y especial- sus ojos ligeramente acuosos miraban con anhelo dentro de mi casa por donde había desaparecido Henry- no pensé que lo volvería a ver
-Yo tampoco- respondí secamente- De hecho Emma espero que no mal interpretes esto.
-Regina sé que no hice muchas cosas bien en mi vida. Abandonar a Henry se volvió mi peor error, era joven y mi vida un desastre. Pero he cambiado, soy una mejor persona y estoy lista para ser su madre
-No. Es mi hijo, no importa si tú lo diste a luz. Yo lo crie y estado al pendiente de él por casi nueve años. Mientras tú hacías quien sabe qué con tu vida
-Claramente no eres tan buena madre como crees, si Henry decidió buscar a sus verdaderos padres- habló el hombre y lo único que podía pensar era en golpearlo en la cara
-Basta Regina, regresemos a la casa- Graham me sujeto antes de hacer algo de lo que me pudiera arrepentir- Es mejor que se retiren, están invadiendo propiedad privada
Note que se fueron a regañadientes. En ese momento supe qué como mal augurio la presencia de Emma solo arruinaría nuestras vidas.
Fue duro darme cuenta que tan acertada y equivocada podía estar al mismo tiempo. Mientras yo sentía que me tambaleaba en una cuerda a mil metros de altura, Henry parecía encantado con la presencia de Emma. Mi objetivo era deshacerme de ella pero entre más intentaba separarlos, más maneras buscaban ellos de estar juntos. Nunca había odiado a Emma tanto como cuando la veía feliz paseando al lado de mi hijo sin una preocupación en la vida, como si siempre hubiera estado ahí para él.
Medio año lo pase entre los desaires de Henry y el constante desafió de Emma, cuando llegó el citatorio para pelear por la custodia de mi hijo, simplemente fue demasiado. Me presente en el departamento que habían alquilado en la ciudad, ellos claramente no esperaban verme.
-Regina que sorpresa- declaro Emma al abrir la puerta. Neal se acercó rápidamente al escuchar mi nombre
-¿Qué haces aquí?- Neal pregunto claramente enojado
-¿Qué piensan hacer? ¿Un citatorio para solicitar la custodia? ¡Henry es mi hijo!- en ese momento estaba furiosa como nunca antes
-No es buena idea que hablemos sin nuestros abogados- Emma interrumpió
-Esto es lo que siempre haces, apareces en mi vida, haces un desastre y luego te largas. Esta cosa que tienes con Henry no va a durar, cuando te des cuenta de lo inadecuada que eres, me dejaras sola con un niño con el corazón destrozado. Dijiste que querías lo mejor para él y por diez años yo lo he sido.
-Regina es mejor que te vayas- Neal se colocó en medio de ambas
-Ambos piensan que ser padres es sencillo, pero no lo es. Ustedes solo lo ven un par de horas al día, juegan y lo alimentan con comida basura, eso no es lo mismo que atender todas sus necesidades.
-¿Y de quien es la culpa? Tú no nos permites verlo más tiempo- reclamo Neal
-Henry tiene responsabilidades, que ha dejado de lado porque ustedes son una distracción
-Regina, debes entender que Henry es nuestro hijo, estamos listos para traerlo a la familia que se merece- dijo Emma furiosa
-No volverán a ver a Henry de eso me encargo yo
Tuve que solicitar una orden para evitar que, Emma o Neal, vieran a Henry durante el proceso. Eso solo sirvió para que mi hijo me odiara a un más. Al principio el juicio parecía ir en mi favor, las declaraciones eran variaciones de: "Regina siempre ha sido reservada, pero Henry siempre me ha parecido un niño feliz y bien atendido". Estaba por acabar el proceso cuando Gold se presentó a declarar. Resulto que el infeliz era el padre de Neal y estaba dispuesto a poner en juego su licencia por caer en las buenas gracias de su hijo, así testifico que los papeles que me había dado eran falsos. Tras eso el veredicto estaba claro, ya que ninguno de los padres biológicos renuncio a sus derechos, Henry era legalmente de ellos y la adopción quedaba anulada con efecto inmediato.
En cada audición era obligatorio que Henry asistiera de esa manera podía ver a un terapeuta mientras nosotros estábamos en la corte. Fue el psicólogo quien trajo a Henry a la corte, sin darme una última mirada corrió directamente a los brazos de Emma, Neal despeino su cabello (algo que mi hijo odiaba que yo hiciera) antes de levantarlo en brazos. Intente acercarme y decirle algo; que podía hablar conmigo cuando quisiera, que la mansión aún era su casa, que lo amaba. Pero un guardia impidió que me acercara, luego Gold se detuvo frente a mí.
-Te lo advertí- dijo dándome una mirada de lastima- ellos no quieren que tengas ningún contacto con Henry- me dio una orden de restricción, no podía acercarme a menos de 30 metros de cualquier lugar donde estuviese Henry
Regrese a casa prácticamente en una bruma, no podía creer que al salir era una madre y al regresar ya no lo era. Cuando entre a casa, los zapatos de Henry aún estaban en un rincón, porque él nunca los acomodaba. Subí a su habitación, estaba desordenada, la cama sin hacer y los libros de la escuela aun abiertos en su escritorio. Ese era el cuarto de mi hijo, eran las cosas de mi hijo, era el hogar de mi hijo y yo era su madre, así fueron las cosas durante diez años, pero no más.
Ahora él regresó con sus verdaderos padres. Yo nunca lo volvería a ver, porque una persona que nunca me vio con Henry antes del juicio decidió que era lo mejor. Mi hijo nunca volvería a ser Henry Mills, tan pronto como sea posible cambiarían su apellido a Swan. Fue en ese momento que me golpeó con la fuerza de una tonelada, Henry Swan llegaría a la universidad, se graduaría, conocería a una hermosa chica con quién tendría una familia, cumpliría 70 u 80 años más, y en toda esa vida el único lugar que yo tendría serían los diez primeros años, que él con toda probabilidad olvidaría. Para mí esos diez años lo eran todo, para Henry no significarían nada y eso era algo que me mataba.
