El regreso de Yao a la península no resultó tan desastroso como lo pensó en un principio.
Tras la serie de guerras Sui-Koguryeo, su alianza con Silla, y el ayudar a ésta última a derrotar a sus hermanos para después apoderarse de lo que tanto trabajo le había costado, creyó que sería recibido con algo más de hostilidad por parte de sus descendientes. Pero tal parecía que los gemelos no estaban al tanto de lo ocurrido. Sin embargo, tarde o temprano ambos hermanos –o mellizos mejor dicho– sabrían la verdad o la averiguarían eventualmente. Para su suerte, éstos no tenían ninguna intención de enemistarse o tener problemas territoriales con él. Al menos así lo indicaba la reacción de ese muchacho de trenza… Hyung Soo parecía que se llamaba.
China aún se encontraba un poco fastidiado ante la manera que el otro chico –Yong Soo si mal no recordaba– se le había arrojado encima. Y no contento con eso el muy insolente se atrevió a mostrarse desafiante ante su presencia cuando debía ser él el primer insultado por semejante atrevimiento. Sin duda era un maleducado. Afortunadamente el otro hermano parecía mucho más centrado y no dudaba en ponerlo en su lugar de inmediato.
Pese a todo, Yao pudo percibir el cariño y la preocupación que había entre los dos. La forma en que uno regañaba al otro por dárselas de osado, era muestra de lo mucho que se preocupaba por él y velaba por su bienestar. Y por otro lado, el susodicho también mostraba su afecto, alardeando sobre ser capaz de defenderse a sí mismo y a su mellizo. Nadie dudaría que aquello era una prueba de amor incondicional; arriesgar la vida por la de un hermano.
Al menos así era cómo lo veía… y estaba seguro de no haberse equivocado.
De cualquier modo eso lo hacía sentirse más tranquilo. Aún eran unos niños y tenían un largo camino que recorrer e ir descubriendo con el tiempo. No obstante, ya se enfrentaban a un poderoso adversario: los khitan. Él también le hacía frente a esa tropa de bárbaros con los cuales tuvo la desgracia de perder una región al norte de su casa(1). No había querido decírselos a los pequeños en ese momento, pero se sentía avergonzado y no quería dar una mala impresión cuando ya se encontraba lo suficientemente abrumado por los estados que lo dividían.
Pero todo eso había cambiado.
Gracias a la dinastía Song(2) China había vuelto a unificarse –al menos en su mayoría– y a estabilizarse como la poderosa nación de Asia, haciendo que los malestares que tenía desde hace un tiempo fueran desapareciendo. Lo importante es que ahora estaba decidido a recuperar los territorios que Khitan le había quitado... Y lo haría junto a los dos representantes de Koryeo, quienes iban en camino para establecer una alianza formal para hacer frente a su enemigo en común.
China tenía grandes esperanzas que con aquello las cosas marcharían mejor, tanto para él como para los mellizos de la península.
El siglo X fue una época difícil para él. Perdió muchas cosas valiosas; su dinastía, los territorios del Norte, su unión como país, a Silla…
Pero ya estaba listo para dar vuelta la página y comenzar de nuevo.
Capítulo IV: Aniki
.:Año 962 Koryeo establece relaciones formales con la dinastía Song:.
Los ojos de Yao se llenaron con una profunda melancolía al ver a los dos pequeños representantes de Koryeo parados frente a él y el trono de su emperador Taizu.
Y es que la situación era tan similar...
Ya habían pasado más de tres siglos desde que Silla se había presentado en el palacio imperial casi de la misma forma para pedir su ayuda. La diferencia era que sus sucesores no iban con la intención de derrotar a un Reino hermano o vecino. Aún así, la presencia de aquellos muchachitos le hizo remecer viejos recuerdos que estaban en lo más profundo de su ser. Después de todo... eran lo último que había dejado su amada antes de desaparecer.
Era como si el destino jugara con él ¿Quizás para atormentarlo? ¿O era la oportunidad perfecta para estar más cerca de ellos y tratar que cumpliera su promesa?
Mientras el chino seguía absorto en sus pensamientos y reflexiones, los gemelos –ajenos a todas las emociones que subyugaban al mayor en ese instante– intercambiaban miradas furtivas y llenas de confusión entre sí.
–¿Qué será lo que le pasa, Hyung? Está mirándonos muy raro, ¿habrá bebido algo antes de venir a recibirnos? –preguntó finalmente el menor con un rostro de curiosidad, hablando por lo bajo a su mellizo.
A pesar de que ambos estaban a una distancia prudente de Yao; situados en la parte baja de los escalones que llevaban hacia donde estaba sentado el emperador chino –y la milenaria nación de pie junto a él– nunca se sabía cuando alguno podía tener un buen oído y escuchar los comentarios de alguno de los dos.
–¡Schht! Compórtate, Yong –le regañó inquieto el de trenza, mascullando entre dientes–. Estamos aquí por algo importante, así que no seas inoportuno y no digas nada que pueda ofender a nuestros anfitriones.
Yong Soo sólo atinó a sonreír y a sacar la lengua de forma traviesa en son de disculpa. Hyung Soo, por su parte, se limitó a resoplar, fatigado. Ya estaba acostumbrado a lo incorregible que podía ser su hermano, pero confiaba en que manteniéndose a su lado podría sacarlo de cualquier apuro por más complicado que fuera.
Desde lo alto del trono, el emperador Taizu carraspeó notoriamente ante el silencio que cubría la sala imperial, al mismo tiempo que miraba fijamente a su nación. Entonces Yao, enseguida reaccionó y se disculpó para bajar a donde estaban los pequeños y ubicarse en frente de ellos.
–Sean bienvenidos, aru. Es un honor tenerlos aquí –dijo el mayor con una sonrisa amistosa una vez recobró la compostura, haciendo una leve inclinación con su cabeza hacia los dos–. Espero de todo corazón que podamos llevarnos bien.
Aunque ya habían tenido un primer encuentro no oficial, Yao se sintió ruborizado al darse cuenta que sin querer había pronunciado las mismas palabras que Silla le dijo cuando se conocieron. Solo esperaba que nadie notara lo vergonzosa que debía ser la expresión que tenía en ese momento luego de pensar en su difunta compañera.
Pero en cambio, el muchacho de jeogori rojo hizo una inclinación más pronunciada que la del chino y dijo cortésmente:
–Gracias, para nosotros también es un honor poder contar con usted.
Cuando Hyung Soo notó que su hermano no le imitaba y sólo miraba al mayor con una expresión de duda, le propinó un golpe con el codo en un costado para que lo secundara.
–¡Auch! Está bien –se quejó el de jeogori azul, sobándose su costado para después proceder con una inclinación lo bastante exagerada que más parecía que quisiera tocarse los pies que mostrar sus respetos hacia el mayor.
Hyung sólo pudo suspirar y cubrir su cara con una mano mientras Yao figuraba una mueca incómoda, mirando hacia el menor de los mellizos preguntándose a quién demonios habría salido ese niño.
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Una vez acabadas las formalidades sobre su alianza, Yao acompañó a los representantes de Koryeo a dar una vuelta por los alrededores del palacio. Su trayecto los llevó al mismo jardín por el que había caminado junto a Silla aquella vez, luego de que sus jefes finiquitaran los últimos detalles de su unión para derrotar a Koguryeo y a Baekje.
Sí... definitivamente estaban repitiéndose muchas coincidencias. Tantas que ya empezaban a asustarlo. De cualquier modo, estar en uno de sus jardines siempre lo reconfortaba y lo despejaba de sus problemas.
Los jardines representaban algo muy valioso para la nación milenaria, quien los cuidaba con esmero, ya que para él éstos transmitían un toque místico y paradísiaco. Además, siempre que daba un paseo por ahí, la imagen de Silla venía a su mente, así como su rostro gentil junto a su figura frágil cubierta por sus vestimentas esmeraldas y adornadas por broches dorados.
–¡Mira, mira Hyung! Nosotros también tenemos de éstas en nuestra casa –exclamó entusiasmado el pequeño de jeogori azul, con una flor de kurinji(*) en su mano.
El mayor de los asiáticos había estado tan perdido dentro de su ensoñación que no se percató cuando uno de los infantes pasó corriendo por su lado y arrancó una flor de kurinji, cuya planta estaba cerca de un estanque.
–¡Aiyah! ¡No saques esas flores, niño, las kurinji tardan doce años en florecer! –gritó Yao, escandalizado, apurándose a quitarle la flor al chico.
–¡Yong, ven aquí de inmediato! –le llamó molesto el muchacho de trenza, parado a unos metros de donde estaban la milenaria nación y su contrario.
Yong Soo hizo un puchero y se dirigió hacia donde su mellizo mientras el chino se ocupaba de revisar que las demás flores estuvieran intactas.
Una vez el chico de jeogori azul llegó donde Hyung Soo, éste le dio un fuerte pellizcón en el brazo que provocó que el afectado lanzara un quejido.
–¡Auch! ¡Eso duele! –protestó él, sobándose su brazo con un gesto adolorido.
–Te lo mereces, tonto –susurró él, sin quitar la dureza en su voz–. ¿Por qué tienes que ponernos en veguenza? Te dije que te comportaras. No estamos en nuestro hogar y no puedes correr por ahí y sacar cosas que no son tuyas.
–Perdón, me entusiasmé –respondió Yong Soo con una expresión apenada al igual que lo reflejaba la carita en su rizo–. Me disculparé con él, Hyung, no te preocupes... ¡Tú déjaselo a tu apuesto hermano mayor! –agregó con una energía renovada y el rostro radiante.
–¡Que no hagas eso! –exclamó Hyung, exasperado–. ¡Y sabes bien que yo soy mayor que tú, tarado!
Hyung Soo pegó un largo suspiro, tratando de armarse de paciencia. Era consciente que Yong Soo era un alborotador y difícilmente podía controlar sus impulsos cuando estaba con otros. Si ya para él a veces era un suplicio soportarlo no quería ni imaginar cómo reaccionaría alguien que era mucho mayor que ellos y que de seguro no tenía tanta paciencia.
–Ya, ya, aru. No se peleen –intervino Yao acercándose a los dos, preocupado al oír discutir a ambos hermanos–. Sólo es una flor, aru, pero eviten sacarlas ya que rompen el equilibrio y la armonía del lugar –Luego, en voz baja y para sí, pronunció nostálgico–: Este jardín es muy importante para mí.
–Discúlpelo, por favor –dijo el de trenza, haciendo una nueva inclinación con su cabeza–. El comportamiento de mi hermano es inexcusable, pero de aquí en adelante me aseguraré que no haga ninguna otra tontería.
Yong Soo, un poco nervioso ante la mirada fugaz y amenazante que le dirigió su fraterno, procedió a disculparse imitando la inclinación con su cabeza.
–Lo siento, aniki.
Un prolongado e incómodo silencio se presentó en el lugar, el cual dejó al pequeño de jeogori azul, confuso, ante la expresión de desconcierto que mostraba la milenaria nación.
–¿Có-cómo me llamaste, aru? –preguntó éste, inquieto.
–¿Hum? Aniki –repitió inocentemente él, ladeando un poco la cabeza.
–Yong... ¿Dónde aprendiste esa palabra? –le preguntó esta vez Hyung Soo, perturbado de que nuevamente su hermano hubiera metido la pata al dirigirse al mayor.
–Oh, la escuché de unos hombres que desembarcaron hace un año en nuestras costas –explicó él con una sonrisa que expresaba entusiasmo–. Los estuve vigilando a escondidas por si intentaban algo sospechoso, pero en vista que no fue así los dejé ir. Me gustó esa palabra cuando la oí, y creo que es algo así como de respeto porque los chicos jóvenes se la decían a su superior.
Ambos hermanos empezaron a preocuparse notando cómo la cara del mayor palidecía y por cómo, al parecer, se había quedado sin habla.
–¿Le sucede algo, aniki? –atinó a preguntar Yong Soo, intrigado.
–¿No había nadie más en la tripulación? Quizás... ¿un muchacho pelinegro y de cabello corto? ¿Alguien como nosotros, aru?
–¿Eh? No... sólo era una tripulación pequeña. Un hombre viejo y un grupo de chicos jóvenes que estaban a su mando –explicó él, un tanto confundido. Al segundo, con una expresión y sonrisa un tanto maliciosas, añadió–: Por eso creo que está bien que le llamemos aniki. No se ve viejo, pero nosotros somos mucho más jovenes y lindos que usted, ¿no es así, Hyung?
–¡Yong!
–Está bien, está bien... –volvió a intervenir Yao, tratando de lucir sereno. Entonces agregó con cierto alivio–: Parece que él aún no decide visitar de nuevo estos lados, aru.
–Disculpe, ¿no se referirá a ese país que está al lado Este de nuestra casa y vive en unas islas? –preguntó con curiosidad Hyung Soo.
–Sí, aru. El mismo –afirmó el chino–. ¿Acaso han oído hablar de él?
–Leí que tenía buenos tratados con uno de nuestros ancestros, así que decimos reestablecer las conexiones –dijo seriamente el muchacho de jeogori rojo–. Pero cuando nuestro rey envió algunos mensajeros fueron rechazados y no hemos vuelto a tratar nada más(3)
–Debe ser un maleducado que no sabe cuan geniales somos –comentó el menor inflando sus mejillas.
En otra oportunidad a China le hubiera gustado decirle que no era el indicado para tildar a otros de maleducados, pero ante la inhópita revelación del menor de los hermanos se había quedado con las palabras atragantadas en su boca. Además, pese a que sus relaciones con Japón iban en subida y bajada, le tenía un gran cariño a éste. Y aunque se tratara de uno de los descendientes de Silla, no iba a permitir que hablaran mal de su hermanito a quien conocía de mucho antes.
–No deberías hablar de él si no lo conoces, aru –le constestó el chino, con cierto toque de reproche–. Japón es una nación valiente y muy noble. De seguro debe estar ocupado como para atender otros asuntos.
–¿Japón? Así que es así cómo se llama... –meditó el muchacho de jeogori rojo para sí.
–Bueno, ¿y cómo es él? –preguntó con cierto recelo Yong Soo ante la defensiva de la milenaria nación sobre el mencionado–. ¿Y cómo es que lo conoce?
–Nos conocimos hace mucho tiempo –contestó el chino con una sonrisa nostálgica–. Era sólo un poco más pequeño que ustedes cuando lo encontré en un campo de bambúes. En ese entonces era tan lindo... bueno, sigue siendo lindo, pero ya ha tomado su propio camino y ahora es mucho más serio que antes.
Tanto Yong Soo como Hyung Soo quedaron mirando extrañados cómo el mayor mantenía la vista hacia el cielo con una expresión meláncolica y soñadora en su rostro, como si de pronto éste estuviera rememorando alguna época lejana.
–Bueno, si es así... ¿Entonces no hay problema con que le llamemos aniki? –preguntó finalmente el muchacho de rizo sonriente, un poco fastidiado por tanta palabra elogiable del mayor sobre ese Japón.
El chino se quedó mirando fijamente a Yong Soo durante un rato.
Los ojos del menor de los mellizos permanecían expectantes por su respuesta. Tanto fue así que China no tuvo corazón para negarse a su petición, sin contar que tenía debilidad por las naciones que aún eran pequeñas.
–Está bien, aru. Pueden llamarme aniki –contestó Yao por fin, con un dejo de benevolencia tras pegar un resoplido.
–¡Yeiii! ¡Qué bien! ¿Oíste eso, Hyung? ¡Nos ha dado su permiso para decirle aniki! –celebró entusiasmado el niño de jeogori azul, levantando ambas manos y poniéndose a dar vueltas alrededor de su mellizo y del mayor.
El chico de trenza volvió a pegar un supiro y a llevarse una mano a la cabeza, lamentándose mientras el menor seguía saltando y canturreando la palabra aniki. En tanto, China observaba con cierta intriga e incomodidad la energía y la sonrisa que irradiaba el muchacho de jeogori azul al desplazarse por el jardín, el cual parecía acoplarse perfectamente al aura que emitía a través de sus palabras y movimientos.
–Aniki, aniki, aniki.
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Una vez los representantes de Koryeo volvieron a la península, tras terminar esa jornada con la milenaria nación, Hyung Soo recriminó severamente la conducta de su hermano con el mayor de las naciones asiáticas.
La casa de los hermanos Im era modesta y pequeña. Si bien contaban con un hogar de mucho más lujo en la casa de su rey, preferían la mayor parte del tiempo quedarse ahí, en especial cuando tenían cosas o problemas personales que discutir.
–Pero tú dijiste que mientras más baja sea la inclinación mayor es el respeto que se le demuestra a la persona que se le hace –se excusó ingenuamente el menor después del reproche del de trenza ante lo ocurrido en el palacio imperial chino.
–Ya basta, Yong, a ti te pasa algo con él ¿Qué es? –exigió el de jeogori rojo, mirándolo demandante y con las manos puestas en su cintura.
–Bueno... ¿no le has notado algo raro cuando nos mira? –dijo con una nota de misterio que hizo que el de trenza no percibiera nada bueno con eso.
–Yong, no tengo tiempo para tus estúpidas divagaciones –replicó tajante el mayor, yendo a sentarse en la mesa de la sala para prepararse un té–. Suficiente fue con que esta mañana hicieras el ridículo ¿No te das cuenta que con tus acciones y actitudes dejas mal parado a nuestro Reino?
–¿Sabes lo que creo? –prosiguió el muchacho de rizo facial sin tomar en cuenta el regaño de su mellizo, enmarcando una pausa para mantener el suspenso y luego soltar abruptamente–: ¡Creo que se ha enamorado de nosotros!
Hyung Soo escupió todo el té que se había llevado a la boca y empezó a toser compulsivamente antes de poder formular:
–¿Q-qué?
–Sólo piénsalo; la forma en que nos mira y nos trata –dijo Yong Soo, poniendo un dedo en su barbilla como si estuviera haciendo una gran deducción–. Son síntomas de enamoramiento.
–Yong... –empezó Hyung calmadamente tras hacer una pausa y salir de su sorpresa–. Si quieres que mantengamos buenas relaciones con nuestros vecinos y nos desarrollemos como nación, NUNCA vuelvas a mencionar eso de nuevo. Menos en su presencia, ¿entendido?
–¿Pero no se te hace extraño cómo se comporta? ¿Qué tal si lo que digo es cierto, eh? –le desafió el menor, haciendo un mohín.
–Puede que nos esté ocultando algo, pero eso no quiere decir lo que estás insinuando y no vamos a arruinar las relaciones que acabamos de establecer con él por tus conclusiones disparatadas –sentenció muy serio Hyung Soo–. ¡Y ya basta de tus tonterías! Hoy fue un día bastante agotador y quiero descansar un poco.
El menor decidió no seguir tocando el tema, además que el muchacho de trenza ya había abandonado la sala para estar más tranquilo y recuperar la calma con una taza de té, que no había podido disfrutar en compañía de su mellizo.
–Aniki... –repitió suavemente para sí mismo–. Me gusta cómo suena, da-ze.
(1) Las 16 prefecturas era una región al norte de China que correspondía hacia el norte de la gran muralla china. Fue arrebatada por los khitan en el 938 tras una serie de enfrentamientos.
(2) La dinastía Song estuvo dividida en dos períodos; la dinastía Song del Norte (960-1127) y la Dinastía Song del Sur (1127-1279). La primera logró unificar una gran parte de los estados en que se encontraba dividida China tras el período de los diez reinos.
(3) Koryeo inició una serie de misiones para hacer contacto con el país del sol naciente, conocidas como las Goryeo missions to Japan, al igual que las Goryeo missions to Imperial China y ambas consistían en intentar reestablecer contactos con ambas naciones, aunque estos con Japón no resultaron ser fructíferos.
(*) Las kurinji son una flor nativa propiamente de la India. Florecen cada doce años y son de color violeta.
Notas finales: Este capítulo estaba destinado a ser mucho más largo, pero desde hace un tiempo que caí en cuenta que mientras más extensos son los capítulos más me demoro en actualizar xP De modo que separé el contenido para el siguiente. Además, así no queda tan sobrecargado para que el fic no se les haga tedioso(?) xD Por el momento tenemos una situación bastante tranquila, pero esto no va a durar mucho :P Sé que Yong parece muy alocado y travieso y Hyung demasiado serio y estricto xD Pero aún son unos niños, y por ende el surcoreano es un poquito más descontrolado, y alguien tiene que ser la parte madura de los dos así que mejor que Hyung :P Quien sabe, se normalizarán con el tiempo(?)
Oh, y los de los jardines tendrá un significado más adelante (algo que no será precisamente bueno D:)
Besitos y gracias por seguir este fic.
