Jade estaba muy emocionada por ir al pueblo donde su padre había nacido y crecido también donde estaba su fábrica, los paparazzis aún seguían ahí vagueando y escondiéndose para tomarle fotos a la pequeña, mientras que Charlie se encantaba cada día más con ella.

-¿estas lista?- pregunto Charlie, había pasado una semana desde la noticia del boleto dorado apareciera en la televisión.

-claro que si- agarro su maleta y entraron al elevador con su mamá.

-por cierto Charlie- dijo Eleanor atrayendo la atención de el.

-¿Cuantos años tienes? Y ¿quién va a ir con ustedes?-

-Bueno Eleanor, tengo catorce años, apunto de cumplir quince e iremos con mi madre.

Llegaron a las recepciones, Eleanor se veía muy preocupada por su hija y es que era su único tesoro, su única hija, la viva imagen de su padre, al quién todavía amaba.

-no se preocupe Eleanor- Charlie la consoló.

-bien, basta de palabrerías, cariño cúbrete bien, hazle caso a la mama de Charlie, te daré dinero para lo que necesites y...- Eleanor saco algo de su enorme abrigó, un libro.- cuidalo mucho.

-de acuerdo mami- Jade sonrió.

Subieron a un taxi, el pueblo estaba a exactamente tres horas.

-¿Charlie?

-que pasa

-¿Como es papá?

-Bueno el es un genio, veraz el tuvo una infancia un poco difícil pero cuando yo gane el premio hice que se reuniera con su padre otra vez, desgraciadamente el y su padre se separaron de nuevo.

-Ósea que todo volvió a ser como antes

-exacto.

-Y ¿crees que a el le gustara saber sobre mi?

-si estoy seguro de que le gustará, claro que primero se comportará totalmente mal pero después estará muy feliz, en especial porque aún ama a tu mamá.

Jade sonrió.

Pasaron casi las primeras horas dormidos, pero ya después que el conductor los despertó para que estuvieran listos ya que sólo faltaba media hora.

Pero Jade tenía que ver algo antes de llegar, el libro que le dio su mamá.

Cuando lo abrió resulto ser un álbum de fotografías y ahí lo vio.

Charlie tampoco pudo ocultar más su curiosidad y se acercó a ella.

-Es mi papa.

-Así es y ¡mira! Tenía el cabello corto, si que era apuesto.

-¿porqué dices eso?

-bueno porque tiene un peinado súper ridículo- dijo Charlie burlándose.

-ya me lo imagino- se burlo Jade.

-bueno Jade, ¿estas lista? Creo que ya llegamos- anuncio Charlie.

Jade se asomó por la ventana y abrió mucho sus ojos miel, su boca marcaba una perfecta O cuando pasaron por la fábrica.

-Es enorme

- pues es la fábrica más grande del mundo- Charlie sonrió.

-no te imaginas que asustada y emocionada estoy-

-¿porqué asustada?

-Porque siento que mi padre ni me va a querer.

-claro que lo hará y ahora no llores más- Charlie le limpió la lágrima y le dio un beso en la mejilla.

La antigua casa de Charlie estaba ahí, igual que antes, un poco inclinada a la derecha y cuando entraron la cama de los abuelos seguía igual solo que sin ellos.

Charlie subió a su habitación.

-No es mucho, pero este fue mi hogar- se le salieron algunas lágrimas

-Creo que es la casa más maravillosa que he visto, o al menos donde si se le puede llamar hogar- lo consoló Jade.

-¿quieres ir a ver el pueblo?- le pregunto Charlie.

-Sería estupendo

La mamá de el veía con nostalgia toda la casa pero se sintió por fin en su hogar, en su antiguo departamento no se acostumbraba a los lujos que le daba Wonka.

Mientras Charlie y Jade salían al pueblo, se acercaron a las tiendas de dulces, tenían las maravillosas gomas de mascar de las recetas que se habían robado los dueños.

-sabes creo que esos dulces puede mejorarlos.

-¿como?

-bueno si tan sólo hiciera un tipo de chicle que pudiera tener las tres comidas.

-oh mira! Tu mama tenía razón.

-¿porque?

-Willy ya inventó eso, sólo que aún tiene algunos problemas

-¿cómo cuales?

-bueno una niña se volvió una Mora gigante después de comerlo.

-Ah si! Violet.

-bueno creo que ahí el problema ya lo tengo resuelto.

-¿enserio?

-bueno si, yo ya lo había hecho y yo misma lo probé y bueno aquí estoy y no me paso nada.

-¿cómo le hiciste?

- el punto es ponerle de todo un poco, a mi se me hace que el le puso mucha Mora.

-eres un genio.

-pues a alguien tuve que haber salido.

-cada vez quedo más maravillado contigo.

Jade se ruborizo.

Pero ahora que se acercaban más a la fábrica estaba aún más emocionada, un hombre con sombrero los miraba desde una ventana de la fábrica, la noticia de que la hija de la mujer que aún amaba llego hasta sus oídos y miro con cada detalle su entrevista, tan parecida era a su madre pero a la vez tan diferente.