~ Capitulo 3 ~
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"... Y es que estoy aquí, buscando en el ayer lo que no encuentro hoy..."
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Tan injusto, la vida, no… Reborn era tan injusto, hacia un perfecto día fuera y él estaba encerrado en su oficina revisando papeles, al menos tenia la compañía de Gokudera, pero viendo lo concentrado que estaba no se atrevía a iniciar una plática. Se recargó en el respaldo de su asiento y observó la infinidad de documentos que aun le faltaban. No es que se quejara, era el Jefe y era su deber, pero… ¡sí que se quejaba!
Cuando fue nombrado oficialmente el Capo de Vongola realmente no esperó que su trabajo fuera mayormente papeleo, claro que si lo pensaba todo era mejor que estar en constantes batallas. No es como si no las tuvieran, había Famiglias que aun se oponían a ellos, entre otras cosas, pero nada comparado con lo que habían padecido en el futuro que lucharon por cambiar.
Mientras todos estuvieran a salvo era mil veces preferible estar sepultado en papeles ¿verdad?
-Gokudera-kun – llamó al peli plata que enseguida viró su atención a él – pide que preparen una mesa en el jardín – ordenó amable.
-Juudaime, no puede escaparse del trabajo – nunca le negaría nada a su Jefe, pero trabajo era trabajo.
-Y no lo hare, es solo que hace un hermoso día así que decidí mudar la oficina – explicó.
-Si es así, lo preparare enseguida – y con eso salió.
-Gracias – al menos no estaría encerrado, Reborn no lo atormentaría y de paso se distraería para dejar de pensar en ese sueño.
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En una amplia habitación iluminada por un par de lámparas, un chico de unos quince años reposaba sentado frente a un computador.
-Bien linda, entonces nos encontraremos en el lugar acordado – el pelinegro de ojos esmeralda platicaba vía video llamada con una joven.
-Te estaré esperando, Lambo – respondió su interlocutora.
El chico sonrió coqueto cuando una considerable cantidad de humo abarcó la habitación, Lambo lo reconocía bastante bien, mientras que con su mano intentaba despejar un poco escuchó un estruendo. Cuando el humo se hubo disipado vio con horror su cama destrozada por una temible pantera.
-¿¡Qué demonios!? – exclamó un joven parándose junto al animal.
-¿¡Quien eres!? – Lambo se paró de golpe de la silla y apuntó a los aparecidos un tanto shockeado.
-¿Quién? – preguntó a su vez el otro.
-¡Yo pregunté primero! – reclamó el quinceañero, pero solo fue ignorado por el otro quien analizaba su habitación.
Por su parte hizo lo mismo, se trataba de un joven alto de piel blanca, cabello negro y despeinado, ojos violetas con una cicatriz cruzando su abdomen, la cual alcanzó a ver cuando se acomodaba la ropa.
-Que habitación tan anticuada – musitó volteando hacia su compañera.
-Yare, yare no ofendas la habitación de otras personas – dijo un tanto más calmado pero sin bajar la guardia, cuando volteó fue capaz de notar, gracias a la traslucida camisa blanca, un tatuaje de pantera en su espalda.
-¿Debo disculparme con la habitación? – soltó burlón tomando posición frente al oji esmeralda, ya había analizado el lugar y sin importar donde estaba se iría de ahí.
-Realmente no me interesa – le resto importancia tomando también sus medidas.
Sin importar la razón, el extraño había aparecido en propiedad de Vongola así que sin duda no lo dejaría ir tan fácil, su cita estaba en juego si no hacía nada y Reborn se enteraba.
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Paseaba por el perímetro de la mansión, la zona que estaba rodeada de árboles y arbustos, era tan tranquilo andar por ahí. Yamamoto Takeshi veía con una sonrisa su entorno, con los años había madurado y fortalecido, pero seguía siendo el mismo.
De pronto algo activó su instinto, volteó el rostro justo cuando un humo rosa salía de entre algunos matorrales, llevó su mano a la empuñadura de su Katana y agudizó sus sentidos.
Un lobo de tamaño mayor al normal se dejó ver, apretó la empuñadura esperando cualquier ataque del animal, el sonido de pisadas lo alertó más y vio una silueta emerger.
-No debería estar aquí, Señorita, es propiedad privada – dijo al ver a la figura cubierta por completo; pantalón parecido al de los soldados en color negro, una camiseta sin mangas pegada al torso y con una máscara que le cubría del cuello hasta la nariz, arriba de esta una gabardina negra con detalles azules, botas negras a media pierna, guantes completos negros que le llegaban a medio brazo, una capucha totalmente negra hasta los tobillos y finalmente un gorro tipo militar sobre su cabeza con la cual oculta su cabello. A pesar de eso noto la forma de su cuerpo y sin duda se trataba de una mujer.
No recibió respuesta, pero percibió la mirada analítica y penetrante del único ojo visible.
-Si me dice quien es y cuáles son sus intenciones podría ayudarla – no bajó la guardia, algo le decía que debía tener cuidado.
-"… …" - tomó lugar junto a su lobo, con un rápido vistazo analizó el lugar, no sería difícil salir de ahí, pero también necesitaba respuestas, con calma llevó su mano hasta la espada sencilla que mantenía oculta bajo la capucha, no había necesidad de usar más.
Para el pelinegro no paso desapercibido el movimiento, tal parecía que tendría un pequeño enfrentamiento.
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Un elegante coche negro pasó por las enormes rejas que daban la entrada a la mansión, al volante iba un joven hombre de peinado extraño y ligera barba, mientras que en la parte de atrás, sentado en la parte derecha reposaba un joven pelinegro de ojos acerados que veía indiferente el paisaje.
Kusakabe seguía preguntándose porque Hibari entregaba personalmente el informe de la misión si normalmente lo enviaba solo a él, pero bueno, no era quien para cuestionar las decisiones del Prefecto de Namimori.
-¿Qué es eso?- musitó al ver una nube de humo unos metros frente a ellos - ¡Demonios! – exclamó notando la figura de una persona - ¡sujétese, Kyo-san! – maniobró lo que pudo para esquivar a la persona y lo logró por los pelos.
-¿Está bien…- volteó a ver al chico pero este ya se encontraba bajando del coche.
-Herbívoro – llamó Hibari parándose a un par de metros de la causante del disturbio.
Una chica de cabello ondulado de color rubio platinado que le llega hasta la mitad de la espalda; ojos fríos de un color violeta; nariz perfilada, no parecía medir mas de 1.55m y de buena figura.
La serpiente en su cuello siseó y la rubia volteó encarando al pelinegro.
-¿Si? – dijo indiferente centrando su mirada, sin duda parecía un hombre hostil.
-Por causar disturbios, te morderé hasta la muerte – anuncio sin cambiar su expresión amenazante.
-Oh, eso suena divertido – lo vio desafiante, no tenía idea de donde estaba, pero el sujeto frente a ella lucía fuerte y no estaba de mas divertirse un rato.
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-¡Extremo! – bramó dando el último golpe a su bolsa de boxeo, nada mejor que entrenar duro por un par de horas.
El peliblanco tomo una toalla y se limpió el sudor cuando una pantalla de humo apareció a un extremo de la habitación.
-Eso luce extremo – musitó viendo atento.
Un hombre joven de estatura media con una complexión promedio, piel pálida; pelo negro, con una larga cola de caballo trenzada que se extiende hasta los tobillos y ojos rojos salió del humo acompañado de una imponente leopardo.
El chico vio hacia todos lados desorientado - ¿Dónde estoy? ¿Dónde están mis cojines? ¿y mis melocotones? ¿¡Donde están mis melocotones!? – chilló con fuerza al no verlos por ningún lado.
-Eh… ¿estás bien? – preguntó un tanto sorprendido Ryohei.
-¿Quién eres? – preguntó volviendo su atención al mayor viéndolo desconfiado.
-Sasagawa Ryohei – dijo automáticamente.
-¿Qué es este lugar? – pregunto nuevamente, era consciente de que ya no estaba en la fortaleza y debía pensar bien las cosas para actuar.
-Pues es… - sacudió la cabeza saliendo de su estupor - ¡lo que es más… ¿Quién eres tú?!
-No me cambies el tema, Anciano, yo pregunté primero – lo vio arrogante.
-¡Extremadamente no soy un anciano! – se quejó.
-Demuéstralo – dijo desafiante, debía salir rápidamente de ahí, algo le decía que estaba más lejos de lo pensado.
-¡Extremo! – respondió dispuesto a aceptar el desafío.
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En la enorme sala de la mansión una linda peli índigo leía tranquilamente un libro en espera de su Maestro.
-Pareces entretenida, mi querida Nagi – una alta figura apareció de la nada.
-¡Mukuro-sama! – la chica se paró de golpe sonriendo al mayor.
-¿Y Tsunayoshi-kun? – preguntó tras acariciar el cabello de la chica.
-Boss está trabajando en el jardín – informó.
-Ya veo – sonrió de su tan típica y escalofriante manera hasta que sintió algo extraño.
Se volteó de inmediato dejando a Nagi tras él, su mirada quedó en un punto fijo cuando una nube de humo apareció trayendo consigo a una curiosa chica.
-Oya, oya ¿pero que tenemos aquí? – preguntó con su sonrisa maliciosa y ojos amenazantes.
Una pelirroja de ojos azules, de piel color mate; su cuerpo de contextura normal pero con considerables pechos; dos coletas con listones negros, collares y muñequeras de metal y cuero colgando de su cuello y brazos.
-¿Dónde estoy? – musitó desorientada hasta que su mirada topó con la persona frente a ella - ¿are? ¿Quién eres? – preguntó curiosa sin soltar las bolsas de sus manos.
-Eso debería preguntarlo yo – Mukuro sonrió malvado pero curioso, con un chasquido de sus dedos hizo que las bolsas se rompieran y todo lo que contenían cayera al suelo.
-¡No! – la pelirroja cayó de rodillas juntando sus compras – con lo que me tarde en conseguirlo – lloriqueo, el par de colibríes se posaron en sus hombros dándole apoyo - ¡Tu! – se paro viendo enojada al chico - ¡por tu culpa ya no podre hacer mi pastel! – acusó.
-Mukuro-sama – llamó Nagi contrariada, podía sentir un extraño poder de la recién llegada y estaba segura que su Maestro también.
-Tranquila, Nagi, yo me encargaré – le sonrió y vio atento a la otra, sin duda algo interesante estaba pasando.
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Gokudera ordenaba algunos papeles tomándoles en sus brazos para llevarlos a su Jefe, como la Mano Derecha que era siempre debía estar atento a cualquier cosa para ayudar a su Decimo.
-Bien, una vuelta más y terminare – se dijo, bien podía pedir ayuda pero ese era su trabajo y nada lo hacía más feliz que servir a su Jefe.
-Cof, cof – una ligera tos se escuchó y al voltear vio a una chica aparecer de una nube de humo.
-¿¡Qué demonios!? – bramó soltando los papeles y poniéndose en guardia.
La chica de cabello color celeste hasta medio muslo atado en una coleta alta con un listón negro, flequillo completo que cae en punta hasta sus ojos, posee 4 mecha 2 le llegan hasta la barbilla y las otras 2 a su pecho, ojos de color zafiro y piel como de porcelana, no dejaba de toser siendo observada por su fiel zorro.
-¡Identifícate, Mujer! – ordenó el peli plata.
-¿Quién grita de esa manera? – se quejó volteando a ver al chico.
-¡Que no oíste, identifícate! – ordenó una vez más, se trataba de una persona desconocida en territorio Vongola, sin duda una amenaza para el Decimo.
-Deberías dejar de gritar, no es bueno para la garganta – ignoró lo dicho por el otro.
-Maldita – masculló preparándose para atacar.
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Ajeno a lo que pasaba con sus Guardianes, Tsuna leía y firmaba tranquilamente los documentos, sin duda era más relajante trabajar al aire libre.
Sintió la brisa mover sus cabellos y acariciar su piel, un extraña sensación lo invadió. Era muy parecido a lo que sintió durante el sueño que no podía olvidar, estaba seguro que su intuición le advertía de algo.
Ni bien pensó en ello el humo rosa que tan bien conocía golpeo su rostro desde la mesa.
-Pero que… - cerró los ojos y movió los brazos tratando de disipar la humareda.
-Pensé que moría – escuchó una suave voz quejarse, abrió sus ojos y se encontró con una joven castaña cobrizo, de piel hermosamente blanca, cuerpo menudo, labios de un tono cereza y un par de vivaces ojos de un extraño color índigo acaramelado.
-¡Hie! – hacía tanto que no soltaba su típico grito y junto a la impresión de la recién aparecida se fue de espaldas con todo y silla.
-Oye – llamó la castaña agachándose aun sobre la mesa, sin duda estaba extrañada del lugar donde estaba, pero en ese momento le llamaba más la atención el hombre frente a ella - ¿estás bien? – preguntó viéndolo fijamente y de inmediato lo reconoció.
Tsuna se quejó por el golpe pero al oír la pregunta de la chica volvió su atención a ella y sin poder evitarlo sus ojo quedaron fijos en los contrarios, la sensación que lo embargaba desde la noche anterior se hizo mayor, esos ojos le parecían familiares.
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La situación con los Guardianes era la misma, hostilidad y curiosidad emanaba de los mayores mientras se preguntaban quienes y que hacían esas personas ahí.
Por su parte, los recién llegados se mantenían atentos, sin duda todo era culpa de ese extraño humo que los transporto a sabrá Dios que lugar; no apartaban la mirada de su oponente cuando sintieron su presencia. Era imposible no sentirla y más para ellos que siempre estaban a su lado.
Sin dudarlo decidieron ir donde ella, estaban en un lugar extraño y como sus Guardianes no la dejarían sola.
Sin decir palabra alguna se movilizaron y echaron a correr dirección en su Jefa.
Los Décimo Guardianes quedaron estupefactos por segundos hasta que escucharon las alarmas sonar.
"Vongola Decimo está en peligro, una persona extraña ha aparecido en el jardín"
Era normal que mantuvieran constante vigilancia en torno a la figura más importante de la Familia; retomando lo sucedido y analizando que los extraños se habían ido en esa dirección se movieron rápidamente.
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-¿Hola? – llamó de nuevo al no recibir respuesta del castaño – ok – musitó y extendió su mano en un ademan de ayudarlo a pararse.
Tsuna seguía shockeado y a pesar de ser consciente no era capaz de reaccionar.
-¡Aléjate del Decimo! – el fuerte grito fue acompañado por una granada lanzada a la chica quien la esquivó dando un ágil salto hacia atrás.
-¡Sawada!
-¡Tsuna!
-Boss.
-Tsuna.
-Herbívoro.
-¡Decimo ¿está bien?! – todos los Guardianes llegaron posicionándose a su alrededor formando una especie de barrera.
-Tsunayoshi-kun – Mukuro se paró a su lado.
Fue entonces cuando reaccionó, vio a Mukuro y luego a los demás.
-E… estoy bien – dijo parándose de inmediato.
-Hum – la chica los veía curiosa.
Volvieron su atención al escuchar el tenue sonido, Gokudera dio un paso al frente con su mirada seria y furiosa.
-No te acercaras – dijo y sus compañeros lo siguieron, algo más pasivos pues la chica no parecía peligrosa.
-Gokudera-kun - llamó el castaño, no sentía que ella fuera una amenaza, no del todo.
La castaña solo sonrió divertida, la situación la hacía sentir emocionada y extrañamente feliz, todo al mismo tiempo.
-Parece que te diviertes – comentó Mukuro al momento que su tridente aparecía, no le agradaba la sonrisa de la chica y menos si era por Tsunayoshi.
-¡Mukuro! – el castaño no esperaba eso del mayor, al menos no tan obvio.
La chica solo sonrió aun mas al ver la acción de la Niebla, sin duda era como le habían contado.
-Maldita, te ríes del Decimo – bramó enojado el peli plata dando un par de pasos amenazantes, nadie se burlaba de su Jefe y menos en su presencia.
-¡Princess! – es escuchó el grito de una mujer.
En cuestión de segundos seis chicos aparecieron rodeando a la castaña en ademan de protección.
-No te atrevas a dar un paso más – amenazó la peli azul con una mirada seria, esa que adquiría cuando amenazaban lo que amaba.
-¿Estás bien? – preguntó la rubia dándole una mirada a la oji índigo.
-Si – asintió tranquila y contenta de que todos estuvieran ahí.
-¡Tu! – exclamaron la mayoría de los Décimo Guardianes al ver a los intrusos, con quienes estuvieron a punto de pelear, frente a ellos.
Los animales que acompañaban a los recién llegados se pusieron frente a sus respectivos amos, preparados para cualquier ataque, al igual que los intrusos se mantenían a la defensiva, pero sin sacar algún tipo de arma, todos en alerta.
Tsuna y los chicos observaban a sus "invitados" atentos, cada quien con sus propias ideas sobre quienes eran y que querían, sin duda representaban una amenaza, pero también estaba el hecho de que aparecieran de una nube de humo rosa que conocían bastante bien.
-Yo… te he visto – susurró Tsuna tras segundos de analizar a la chica, esa sensación creció al igual que su intuición, la presencia de ella le hacía sentir una extraña combinación de sentimientos que no podá descifrar.
-Así es, Sawada Tsunayoshi – sonrió tranquila.
-¿Sawada Tsunayoshi? – repitió consternada la pelirroja.
Asintió en respuesta a su amiga.
-Estás diciendo que este hombre es… - empezó el oji violeta.
-¡Vongola Decimo! – completó con un grito el pelinegro de trenza.
-Si – dijo divertida.
-Entonces ellos son la Decima Generación – apuntó la peli azul, todos estaban en shock.
-Sip – volvió a aceptar con una risita, era de esperarse las reacciones de sus amigos.
-"… … …" - la chica encapuchada los veía curiosa.
-Sí, eso también – concordó al escuchar la imperceptible voz, imperceptible para todos menos para ella y su Familia.
-Pero, pero… ¿Cómo…? – el oji rojo era el más sorprendido.
Todos lo estaban, no se esperaban conocer a la Decima Generación, pero al escuchar al par de chicas les quedo más que claro que habían viajado al pasado y estaban seguros que era por cortesía de cierto trió chiflado.
-Esos idiotas – gruñó la rubia, ya vería como hacerlos pagar.
Los de la Decima Generación los veían extraños por su reacción al reconocerlos, la mayoría se asombraba al conocerlos, pero lo de ellos era una exageración; actuaban como si hubieran visto fantasmas, no lo entendían y menos las cosas que decían entre ellos mientras los ignoraban.
-Ok, ok, si así están las cosas… - el peli largo hizo pausa a su charla y regresó su atención a los mayores – hola, somos visitantes del futuro y venimos en paz – saludó dejándolos pasmados por su actitud despreocupada, como si nada pasara.
-¡Seth! – regañó la castaña.
-¿Si? – preguntó con una sonrisa.
-Esa era mi línea – se quejó haciendo un puchero.
-¿Te la regreso? – cuestión burlón.
-Te la regalo – lo miro feo – aunque lo de venir en paz es algo cuestionable – comento a lo último, conociéndolos como los conocía no podía asegurar la integridad física y mental, sobretodo la ultima, de nadie – además te falto la señal – agregó haciendo el signo de amor y paz.
-Cierto, cierto – el chico asintió e imitó a la otra.
Todos los veian como si se tratara de extraterrestres.
-Como sea – la rubia desvió la atención y regresó al tema – son Vongola.
Y esa palabra significaba mucho, en especial para ellos.
-Tiene razón – siguió la peli azul – no hay porque actuar así – eran Familia, lejana, peor lo eran y por esa simple razón no tenían porque pelear.
-Aunque la hayan amenazado – el que atacaran a la castaña era algo que el peli corto simplemente no podía olvidar.
-¿De qué hablan? – ninguno de los mayores entendían a que se referían.
Nadie dijo nada más y se mantuvieron extrañamente quietos, solo observándose unos a otros, analizando cada facción y cada movimiento.
-Si fuera tu me lo pensaría dos veces – la voz de la castaña rompió el silencio y regresó a todos a la realidad.
Fue entonces que notaron la presencia de alguien más, un joven pelinegro de traje que apuntaba con su revólver verde a la cabeza de la chica.
-¡Reborn! – exclamó un sobresaltado Tsuna.
-¿O que harás? – respondió a la advertencia e ignoró el grito de su alumno.
Había presenciado todo, desde el momento en que ella apareció y aunque no estaba seguro de las intenciones de esas personas su instinto le decía que tuviera cuidado.
-Yo nada – dijo tranquila, no estaba asustado ni temerosa, cosa que llamo la atención del Sicario – pero no puedo decir lo mismo de ella.
Fue cuando Reborn sintió algo afilado presionar su garganta.
-¿¡Qué demonios!? – exclamó Gokudera, los Guardianes veían claramente sorprendidos la escena.
La chica encapuchada estaba detrás del pelinegro con una cuchilla en su cuello; así como no fueron conscientes de la presencia de Reborn tampoco lo fueron cuando la chica se movió, todo fue tan rápido que el mismo Sicario estaba sorprendido y para qué negarlo, también impresionado al sentir el aura asesina que emanaba de la otra.
-Antes de que siquiera puedas presiona el gatillo, tu garganta estará abierta de lado a lado – dijo el oji violeta.
-Con mi chica no se juega – concordó el otro peli negro.
-Si aprecias tu vida es mejor que bajes tu arma – la peli azul se torno seria otra vez.
-Mejor que lo hagas rápido, Celty puede tener mucha paciencia – la pelirroja señalo a su compañera – peor nosotros no – sonrió perturbadoramente dulce.
-Yo especialmente – la mirada de la rubia era fría, con la clara advertencia de que atacaría en cualquier momento si no bajaba el arma.
-Haz caso, no me gustaría que murieras, Ex arcobaleno del Sol – comentó la castaña llamando la atención del Hitman.
-Reborn – llamó Tsuna, esta vez su voz era serena y fuerte, su intuición le decía que las amenazas eran ciertas y que su Tutor estaba en peligro.
El Hitman vio a los ojos de su alumno y muy a su pesar tuvo que obedecer, Leon se transformó de nuevo dejando la forma amenazante y la chica retiró su cuchilla; de un rápido movimiento Reborn fue donde la Decima Generación.
Tsuna mantuvo su expresión seria y avanzó entre sus Guardianes hasta llegar al frene, ya era suficiente de tonterías.
-¿Quiénes son? – preguntó firme y clavando la mirada en la de la chica.
Al oír la pregunta voltearon a ver a la castaña quien mantenía su rostro tranquilo, sin apartar la mirada del mayor asintió.
-Alexandre Black, Guardián del Rayo – empezó el peli corto con una sonrisa arrogante posando su mirada en Lambo.
-Alexandra Panhouse, Guardián de la Niebla – la pelirroja sonrió viendo a Mukuro y Nagi.
-Alina Hasagawa, Guardián de la Nube – la rubia no cambió su expresión al igual que Hibari.
-Seth Nightray , Guardián del Sol – su expresión era una mezcla de arrogancia y picardía que cambió a cierta burla al ver a Ryohei.
-"… …" - la oji plateado llevó su mano a su oído derecho presionando algo – Celty Kruger , Guardián de la Lluvia – dijo una vez más, esta vez su voz se escuchó aunque con un tono bajo, algo que captó la atención de Yamamoto.
-Michiru Toyotomi, Guardián de la Tormenta – la peli azul se mostro orgullosa, después de todo era la Mano Derecha de su Jefa, y vio con cierto desafío a Gokudera sin dejar su semblante apacible y alegre.
-Rias Andersen, Guardián del Cielo y Vigésima Líder de Vongola – se presentó por fin sin dejar de ver las emociones que pasaban por los ojos del castaño.
Todos quedaron con los ojos abiertos de par en par, apenas asimilaban lo escuchado. Incluso Hibari y Reborn que no lo creían.
-Sono Ventesima Vongola… siamo la Ventesima Generazione – dijo esta vez en Italiano y de forma concisa componiendo una nueva sonrisa.
-¿¡Que!? – fue el inevitable grito que salió de la boca de los mayores.
Era simplemente increíble y… extraño, les había quedado claro que no eran de su tiempo y como uno de ellos había dicho, eran visitantes del futuro; pero que fueran de casi quinientos años adelante, de un futuro tan lejano los tenia impresionados, pero ahí los tenían, frente a ellos lo que nunca llegaron a imaginar… frente a ellos estaba la Vigésima Generación y estos tenían de frente a sus antepasados, estaban frete al brillante pasado al que debían su destino.
