Capítulo IV - Nosgoth


El timbre de la puerta principal se escuchó por toda la casa y le siguieron luego unos pequeños pasos y una sonrisa juguetona.

—¡Yo voy! ¡Yo voy!

—Emily, tú no puedes abrir la puerta. —Detrás de los pequeños pasos hubo unos apresurados y después la puerta se abrió.

—¡Az! —Emily Karofsky corrió hacía el jugador quien la levantó en brazos. De inmediato la niña de cinco años escondió el rostro en el cuello del jugador.

—Buenas tardes, señora Karofsky. —Mónica le sonrió y le dejó pasar.

—Discúlpame, Azimio. No me gusta que Emily abra la puerta pero esta niña parece tener un radar para saber cuando vienes. —Azimio sonrió—. Dave está en su habitación y yo tengo que terminar de hacer la cena. Les llamo cuando esté lista. —Azimio asintió y caminó con Emily aún entre sus brazos.

Emily era algo así como un milagro para la familia Karofsky. Después de tener a Dave, a la señora Karofsky le había costado volver a embarazarse aunque lo intentó muchas veces. Azimio vivió junto con Dave la tristeza de haber perdido dos hermanitos; la señora Karofsky había tenido dos abortos en trece años. Cuando estaban por perder la esperanza, la señora Karofsky anunció que estaba embarazada de nuevo y, ocho angustiosos meses después, Emily Jean Karofsky llegó a sus vidas. Dave, a los trece años, se volvía prácticamente un charco de baba cuando veía a su hermana recién nacida. Para todos los Karofsky se había convertido en su princesita de pelo negro, ojos avellana y toda la curiosidad de los cinco años. Además de haber desarrollado un gusto por Azimio porque, para ella, el robusto atleta era su inmenso oso de peluche.

—¿Cómo has estado, princesa? —La niña sonrió.

—Muy bien, Az, pero tenías mucho sin venir. ¿Por qué?

—Bueno, porque últimamente tengo que estudiar. —La niña sonrió. Se detuvieron en la puerta de Dave y Azimio golpeó pero no hubo respuesta—. Tu hermanito debe estar perdido ahí adentro. —Emily se encogió de hombros.

—Le dijo a mi mami que iba a hacer su tarea. —Azimio se arriesgó a abrir de golpe esperando que Dave no estuviera haciendo nada comprometedor.

Para sorpresa de Azimio, Dave se encontraba frente al escritorio leyendo muy interesado unos documentos y viendo unas fotografías bastante aterradoras en la pantalla del portátil. Ésa no era su tarea de cálculo, definitivamente. Azimio entendió por qué Dave no le escuchaba; tenía puestos los auriculares. Pero, como por arte de magia, Dave salió de su ensimismamiento y se giró para mirarlo.

—Ey, bro. ¿Qué haces aquí? —Dave había estado perdido en su lectura y por eso no había detectado el aroma de Azimio. Disimuladamente cerró las imágenes e hizo a un lado los expedientes.

—Az, mi maestra me puso un diez en un dibujo tuyo. Voy por él para que lo veas. —Emily salió corriendo dejando a los dos chicos en un ambiente tenso. Azimio se sentó en la cama de Dave mirándolo fijamente.

—¿Desde cuándo te va lo CSI? —Dave intentó disimular su nerviosismo pero Azimio estaba serio.

—Bueno, son ataques que están pasando en Ohio. Tenía curiosidad. —Azimio asintió. Estaba a punto de decir algo cuando Emily apareció con el dibujo en la mano.

La presencia de la niña poco a poco fue disipando la tensión. Dave estaba contento de que su concentración estuviera ayudando pero haber estado alerta habría ayudado, no hubiese alarmado a su amigo. Dave sabía que en algún momento tendría que contarle lo que le estaba pasando pero no sabía cómo empezar la conversación. Después de la cena ambos subieron a la habitación, esta vez con una vibra totalmente diferente. Azimio se volvió a tirar en la cama mientras Dave terminaba su tarea.

—¿Qué opinas de Mercedes Jones?

—Que es mucho mejor cantante que Rachel Berry. —Azimio se lo pensó un poco y luego asintió.

—Sí, bueno, pero no me refería eso. —Se aclaró la garganta—. ¿Tú crees que ella…?

—¿Quiera salir contigo? —Dave intentó que su tono no fuese de incredulidad pero fracasó miserablemente—. Tío, Kurt y ella están fuera de nuestro alcance. Ambos tenemos las mismas oportunidades. —Azimio frunció el ceño—. ¿Qué?

—Amigo, yo no me he portado tan mal últimamente. Tengo medio año sin lanzarle granizados a nadie, no me he metido con nadie del club Glee y hasta participé en esa cosa de medio tiempo en el campeonato. —Dave negó divertido, cruzó los brazos y echó la espalda sobre el respaldo de su silla.

—No creo que baste, Az. Para Kurt yo soy una especie de violador y no creo que la señorita Jones te vea mejor. —Dave intentaba darle una perspectiva real a su amigo pero también sabía que Azimio era un espíritu incansable y que no se detendría por unas cuantas negativas.

—Es justo. Fuimos unos mierdas pero ahora nos estamos reformando y creo que Mercedes podría cambiar de opinión. Necesito que hables con tu hada para que te diga qué le gusta a Mercedes. —Dave abrió ligeramente la boca—. No me mires así.

—Tío, hace unos días me querías lo más lejos posible de Kurt, ¿y ahora quieres que hable con él? —Azimio se encogió de hombros.

—Vamos, no es como si fuese una tortura dolorosa para ti; te mueres por hacerlo. Y si vas a estar detrás de él por lo menos debo tener algún beneficio.

—Veré qué le puedo sacar.

El resto del tiempo Dave se relajó jugando Demon's Souls mientras Azimio se burlaba cada vez que moría en el videojuego. Gran parte de la atención de Dave estaba en pensar un plan para hablar con su padre; necesitaba saber muchas cosas pero la más importante era si su abuelo tenía algún enemigo aún vivo. Los ataques habían cesado; doce en total, siempre tres víctimas. Había siete desparecidos. El FBI estaba investigando sutilmente pero no encontraba ninguna pista y Dave imaginaba cual era el destino de los desaparecidos. La pregunta era: ¿para qué? Él no era tan importante. Sabía que algo estaba realmente mal pero aún no podía dar con ello.


—Buenos días. —La reluciente sonrisa de Dave no vaciló cuando Kurt le lanzó una mirada de fastidio.

—¿Has perdido algo, Karofsky? —Kurt cerró su casillero y empezó a caminar por el pasillo.

—Soy malo siendo sutil así que te lo diré directamente. Azimio quiere salir con tu amiga Mercedes. —Kurt se detuvo y miró a Dave unos segundos.

—¡Por Prada! ¿Es cierto? —Le lanzó una mueca despectiva—. Nunca. Tu amigo puede ir a jugar con otra porque Mercedes ni siquiera lo registra. Azimio es un horrible simio que no tiene derecho a pensar en una diva gloriosa como mi amiga. —Dave se acercó a Kurt invadiendo completamente su espacio personal.

—No lo conoces, no tienes derecho a llamarlo así y menos aún a pensar tan mal de él —siseó molesto. Kurt parpadeó pero no se movió, simplemente tragó saliva y le habló fríamente.

—Ustedes no me han dado motivos para verlos de otra forma. —Dave enmarcó una ceja y desvió ligeramente la mirada—. Te perdoné, y me parece genial que les hayas contado a tus padres y a tu amigo, pero no esperes que eso me demuestre que eres bueno. —Dave sonrió.

—Si me lo permitieras en cualquier momento te lo demostraría sin ningún problema. —Kurt se ruborizó para diversión de David.

—¿Ser civilizados el uno con el otro? Ok. Dile a tu amigo que no tiene ninguna oportunidad con Mercedes. Y te sugiero que te mantengas a una distancia apropiada de mí a menos que quieras salir también en la escuela. No quiero ni imaginar lo que estarán pensando todos los que en este momento nos están mirando.

Kurt se giró y echó a andar moviendo la cadera y pavoneándose, como siempre. Dave no puedo evitar que sus ojos se fijaran en ese bonito y redondo par de nalgas. Ese sería un duro día si seguía dejándose seducir por el dulce aroma de Kurt. El móvil vibró en su bolsillo derecho justo antes de entrar a su primera clase.

Papá tiene una reunión con el Clan hoy. ¿Has pensado qué decirle a tu padre para que nos ayude?

Dave suspiró. Había intentado evitar la conversación con su padre pero no lo podía hacer por más tiempo. Era el momento de hacer frente a esa parte de su pasado, o por lo menos a la parte que su padre conociera o que le quisiera contar. Se debatía entre creerle o no pero sabía que debía confiar en que su padre le diría todo lo que sabía por su bien y por el de su relación como padre e hijo.


Liam Anderson aparcó su coche en la acera frente a la puerta doble que conducía a la mansión de la familia Nosgoth. No había sido sencillo llegar al Clan y aún no sabía si sería recibido pero mantenía la esperanza; hablar con el Alfa de ese Clan les sería de mucha ayuda. Le preocupaba saber que el lobo que estaba detrás de los ataques también estaba detrás de Dave y de su supuesto Clan, del cual aparentemente formaban parte tanto él como su hijo.

Las enormes puertas de hierro forjado se abrieron descubriendo un camino de adoquín rojizo. Las suelas de sus zapatos hacían eco mientras caminaba con paso firme. Al final del adoquinado Liam Anderson encontró la mansión Nosgoth y un grupo de diez lobos que le detuvieron antes de que pudiera poner un pie sobre el césped que la rodeaba. Todos vestían de negro pero sólo uno tenía un broche en la solapa con el símbolo de los Nosgoth. Liam los había investigado antes de presentarse a la cita y estaba seguro de que ese joven no era el Alfa del Clan.

El señor Anderson fue rodeado por los hombres, que le dieron una impresión inequívocamente mala.

—¿Liam Anderson? —Asintió. Algo más atrasado, vio a un hombre que no participaba en la semi-emboscada—. Soy Zephon Nosgoth. —le dijo el hombre del broche en la solapa. El que estaba apartado también llevaba en la solapa de su chaqueta el broche de los Nosgoth.

A Liam le llegaba una esencia superior del chico que no participaba. Aunque ninguno era el Alfa, eso era claro para él. Ambos chicos debían estar en los veinte años y definitivamente Zephon Nosgoth era más temperamental que el otro.

—Agradable recibimiento, joven Nosgoth. —Liam observó cómo la comisura derecha del labio de Zephon se movía ligeramente. Definitivamente no era el Alfa pero quería serlo—. Espero que me pueda conducir con su Alfa.

—Me temo que no, señor Anderson. Mi padre no está disponible para un heraldo de otro Clan. —Liam miró hacía el chico que no participaba y luego regresó sus ojos hacía los negros de Zephon.

—La información que quiero solicitar a su padre es vital. Ustedes llegaron al país hace cinco años y tal vez él tenga informes de otros lobos…

—Lo siento, señor Anderson, pero mi padre no tiene información que darle. Nosotros somos pacíficos y respetamos mucho nuestro anonimato. Así que dígale a su Alfa que no tenemos nada de qué informarle. —Liam quería aclarar que no pertenecía a ningún Clan pero algo le decía que era mejor dejar las cosas como estaban. Tenía la sensación de que el Clan Nosgoth tenía miedo de otro Alfa y eso sólo podía significar una cosa: había una renovación en las jerarquías del Clan y la presencia de un Alfa exterior amenazaba el equilibrio interior.

—He de creer en su palabra, joven Nosgoth. Tengan usted y su Alfa los respetos de David Karofsky. —Los ojos de Zephon se fijaron en él como hierros ardiendo pero Liam Anderson no se movió ni un ápice.

—Nuestros respetos para ustedes, señor Anderson.

Liam Anderson fue escoltado hacia la salida sin respuestas pero con la sensación de que regresaría a la mansión Nosgoth.

Zephon deshizo la formación de sus hombres. Había tomado la decisión de que su padre no hablara con el heraldo pero en ese momento se estaba preguntando si había tomado la correcta.

—¿Karofsky? —Zephon suspiró cuando su hermano se acercó a él y le preguntó.

—Lo sé, Malik. Estaba en la misma habitación que tú cuando papá nos contaba las luchas de su pasado y recuerdo muy bien quién era Audron Karofsky. —Malik palmeó la espalda de su hermano mayor—. ¿Qué podía hacer? Papá está enfermo y el señor Anderson venía de parte de un Alfa a quien persiguen; no es la mejor tarjeta de presentación. —Malik le sonrió tranquilizador…

—Ey, no te agobies. Sólo díselo. Si él quiere hablar con el otro Alfa será su decisión. —Zephon asintió mientras miraba hacia la mansión.


Dave caminó hacia el estacionamiento con Azimio. La práctica había sido brutal para todos menos para él que en realidad estaba fingiendo el cansancio. Arrojó sus cosas en la caja de la camioneta y se apoyó en ella mientras Azimio intentaba también arrojar sus cosas sin hacer una mueca de dolor.

—Kurt no va a ayudar con Mercedes —dijo al fin. Azimio se encogió de hombros.

—No esperaba mucho de tu hada, si te he de ser sincero, pero no me doy por vencido. Me imagino que, como a todas las mujeres, le han de gustar las flores. Ya aterroricé a uno de los chicos nuevos del equipo para que mañana me ayude con una sorpresita. —Dave evitó decirle a su amigo que la señorita Jones no estaría muy feliz con su forma de ser algo violenta.

Antes de arrancar el coche el móvil de Dave vibró. Había estado esperando esa llamada toda la mañana. Tenía la esperanza de que el papá del muñeco Ken consiguiera verdadera información.


El ensayo del club Glee estaba a punto de empezar pero Blaine definitivamente tenía la cabeza en otro lado. Aún no podía creer que el Clan de los Nosgoth le hubiese cerrado las puertas a su padre. Tenía que decírselo a David. Marcó el número mirando de un lado a otro del pasillo. Había una mezcla de aromas y sensaciones que decidió ignorar; no quería tener un dolor de cabeza por eso.

Dime. —Típico de Dave. Está con alguien.

—No dejaron que papá se entrevistara con su Alfa. Vas a tener que decírselo a tu padre. Y pronto. —Justo en ese momento Kurt se colocó semi-oculto tras el quicio de la puerta del salón de ensayo escuchando la conversación de Blaine.

Pero…

—Nada de peros. Si quieres que sigamos vas a tener que ser honesto con tu padre. No quiero seguir con esto a escondidas y él nos puede ser de mucha ayuda, Dave. —Los labios de Kurt se abrieron. Se sentía en la dimensión desconocida. Blaine conocía a dos Dave: uno seguía en Dalton con su novia y el otro era Dave Karofsky. Una pesada bolsa se instaló en su estómago—. Te llamo después. Ahora tengo que entrar al ensayo.

Kurt corrió a su asiento. Durante el ensayo no dijo nada; aún estaba procesando lo que había escuchado. Se temía lo peor. Sin embargo, no podía imaginar cómo es que esos dos habían terminado juntos, si es que lo estaban. Decidió que los observaría, así tendría más con que reclamarle a Blaine y un nuevo pretexto para odiar a Karofsky. Hijo de puta; por un lado coqueteando con él y por el otro…


Dave se frotó la nuca una vez más. De su abuelo Dave sabía que… Que era el padre de su papá. Había muerto un mes después de su nacimiento y sus padres hablaban poco de él o de cualquier otro abuelo. Sin embargo, había resultado que su abuelo le había dejado una herencia bastante singular. Dave dejó escapar el aire que retenía y golpeó la puerta del despacho de su padre. Había llegado el momento de aclarar las cosas.

Entró al despacho. Su viejo estaba revisando unos papeles y, sin levantar la vista, le dijo que tomara asiento. Dave había admirado toda su vida a su padre y no iba a ser sencillo para él ver decepción en su mirada pero tampoco tenía una forma más sutil para decirle lo que tenía que decirle.

—He seguido viendo a los Anderson. —Su padre apartó los documentos y lo miró a los ojos haciéndole una pregunta muda—. Era horrible, papá: escuchar todo, sentir cosas, percibir todo tiempo de emociones ajenas. Sé que has trabajado duro para encontrar algo que restablezca el sello pero yo no podía esperar tanto. Además mi ataque no fue un evento aislado. —Su padre cerró los ojos y asintió.

—Lo sé. He estado siguiendo la prensa.

—El lobo que está detrás de eso cree que tengo un Clan. —Paul abrió los ojos y contrajo la mandíbula. Su preocupación inundó la oficina. A Dave le asfixiaba el aroma a pánico—. Papá, necesito que me digas todo lo que sabes. Si tienes alguna idea de por qué el abuelo me hizo ese sello necesito que me la digas.

Paul suspiró pesadamente, accionó algo debajo de su escritorio y el muro derecho del despacho empezó a moverse.

—¿Me vas a decir que eres Batman y ahí tenernos la baticueva? —Paul caminó hacia la nueva puerta junto a Dave.

—Cuando tu abuelo murió se me informó de este apéndice secreto de la casa. Es una biblioteca muy especial; tiene manuscritos y libros muy interesantes. Tu abuelo llegó aquí sólo con mi madre. —Dave miraba la habitación de cuatro por cuatro llena de libros viejos de páginas amarillentas.

—¿Nadie de su Clan lo siguió? ¿Ningún lobo?

—No, llegó únicamente con tu abuela. Mi padre había deshecho su Clan. Cuando los liberó todos se quedaron en Europa. Mamá era americana y papá la siguió aquí.

—¿Por qué deshizo el Clan? —Paul miraba hacia tres grandes libros negros.

—Se enamoró de mamá y sabía que mientras fuera líder de un Clan siempre estarían en peligro. Había luchado muchas batallas y acabado con todos sus enemigos y lo que quería era paz. Por eso habló con todo su Clan. La mayoría tenía sus propias familias, eran guerreros que también querían paz, y aceptaron. Papá dejó Rusia, se instaló aquí como contable y formó su familia.

—¿Algún enemigo? ¿El hijo de algún viejo enemigo? Tiene que haber algo papá. Siempre hay algo así. —Paul negó con firmeza.

—Tú abuelo no dejaba vivos a sus enemigos. Ni a sus potenciales enemigos. Tampoco hablaba mucho de su pasado y no supe por su boca de las luchas que tuvo pero aquí —Paul señaló los tres gruesos libros negros— tuve las respuestas. Son sus diarios, desde que aprendió a escribir hasta que llegó a América. Una vez aquí apenas escribió nada. —Dave notó el tono y el sentimiento pesado de su padre—. Cubrió todas sus huellas, hijo. Fue despiadado con sus enemigos e hizo de todo para proteger a mi mamá.

Dave tenía muchas esperanzas puestas en lo que su padre le pudiera decir, algo, una pista, pero estaba tan perdido como al principio. Empezó a hojear un libro sólo por hacer algo. De pronto se quedó mirando un signo que había visto antes pero, ¿dónde?

—¿Qué es esto?

—Es el símbolo de un Clan. Todos los Clanes tenían su símbolo. —Dave había visto ese símbolo, estaba seguro. Cerró los ojos y recordó el olor a sangre y la plata quemando el pelaje del lobo que había intentado cazar en el bosque.

—¿De quién es éste, papá? —Paul lo miró.

—No lo sé, hijo. Tendría que investigar entre los diarios de papá. ¿Por qué?

—El lobo que nos dijo sobre el Alfa que está detrás de esto lo tenía en el brazo.

—¿Ustedes lo atacaron?

—Necesitábamos respuestas, papá. No fue premeditado. Él nos atacó y luego llegó otro. Blaine y yo simplemente nos defendimos. —Paul negó—. Sé que no te gusta, papá, pero esto es lo que soy. Has intentado regresarme el sello y no has conseguido nada, ¿cierto?

—Dave, no sé por qué tu abuelo hizo el sello pero dio diez años de su vida por hacerlo funcionar. —Dave tragó saliva—. Lo que sea que esté detrás de esto no se detendrá.

David había conciliado que era gay y volver a hacerlo con su naturaleza lupina ahora era sencillo; sentía que era natural la aceptación. Pero las palabras de su padre le recordaron que él no sabía nada ser un lobo, que no sabía nada de lo que le podía deparar el camino que estaba siguiendo. Tenía miedo pero tenía que luchar.

—¿Por qué lo hizo?

—Lo he investigado, hijo, pero no lo sé. No hay nada que me dé la razón del sello.

—Necesito que me guíes, papá. Sin ti no voy a lograrlo, eso es seguro. —Paul le dio un apretón a su hijo en la mano.

—Lo primero es investigar de quién es el símbolo y detenerlo.


—¿Está todo bien, Kurt? —Blaine y Kurt caminaban con rumbo a la cafetería del McKinley—. Noto que me has estado evitando y que estás molesto, ¿cierto? —Kurt reacomodó su mochila y siguió caminando.

—No estoy molesto. Y tú, ¿tienes algo que contarme, Blaine? —Blaine boqueó un poco pero justo cuando estaba por decir algo Mercedes apareció con una enorme sonrisa y una docena de rosas rojas.

—¿No son hermosas? Las dejaron en mi casillero. Tengo un admirador secreto, Kurt. —Kurt sonrió forzadamente.

—Magnifico, Mercedes. Tengo que hacer algo. En seguida los alcanzo en la cafetería. —Kurt salió corriendo hacia los vestidores.

Kurt corrió esquivando cuerpos. Sabía quién estaba detrás de esa tontería. Iba a gritarle a Karofsky hasta que le explotaran los tímpanos.

Empujó la puerta con fuerza. Karofsky estaba terminando de ponerse un suéter negro.

—¡Tú! ¡Te dije que el imbécil de Azimio no iba a jugar con mi amiga! —Del lado derecho de Kurt apareció una inmensa figura negra. La voz de Azimio Adams rugió en los vestidores.

—Lo único que aprendí del pendejo de mi padre es que no debo jugar con las mujeres y que no se las deja embarazadas y con un niño de tres años; así que ve olvidándote de que juego con tu amiga, Hummel. —Kurt tragó saliva—. Sé que no soy el mejor de los partidos. Fui un hijo de puta pero la gente puede cambiar, Hummel, y quiero demostrárselo a Mercedes. Seguiré mandándole rosas y cuando me gane su confianza le diré quién soy. No voy a alejarme de ella a menos de que sea ella quien me lo pida. Pero tendré que escucharlo de su boca, no de ti, Hummel. Por lo que mí respecta, te puedes ir mucho a la mierda. —Azimio miró a David y luego salió de allí.

Kurt aún miraba el espacio en el que había estado el cuerpo de Azimio. Dave se aclaró la garganta para llamar su atención pero, al no ocurrir, colocó la mano derecha en el hombro del cantante, quien reaccionó.

—¿Estás bien? —Kurt suspiró dramáticamente.

—¿Por qué no me lo habías dicho?

—Porque no es algo que vaya contándole a todo mundo. Es algo personal, algo de Az. —Kurt asintió.

—Ustedes no se lo merecen pero me siento mal por lo que le dije a Azimio. —Dave frotó con su pulgar el hombro de Kurt para intentar reconfortarle.

—No tienes que preocuparte, Azimio tiene muy claro lo que quiere. Vamos, tenemos que desayunar.

Al llegar a la cafetería Azimio estaba sentado en la mesa del club Glee hablando animadamente con Puck. Dave fue y tomó asiento al lado de su amigo. Kurt decidió quedarse callado, ya había hecho y dicho suficiente por ese día. Al terminar el desayuno Kurt y Dave caminaron por el mismo pasillo hacia sus respectivas clases. Kurt no podía dejar de pensar en la conversación telefónica que había escuchado. ¿Sería posible? Parecía una tontería pero aún así…

—Dave. —El deportista se detuvo y miró a Kurt afable y con un brillo especial en sus verdes ojos—. He escuchado una conversación telefónica. Blaine te estaba llamando. ¿Ustedes…? —Celos y miedo, esas eran las sensaciones de Kurt. Dave no lo pudo evitar, el dolor calaba hondo.

—No, jamás. Él quería que le dijera a papá sobre la PFALG. —Kurt asintió pero no estaba convencido—. En serio, piénsalo. ¿Nosotros? —Kurt sonrió. Para terminar de desgarrarse el corazón Dave le preguntó—: ¿Lo quieres? —Kurt se encogió de hombros.

—No sé. En ocasiones creo que aún lo hago. —Dave asintió.

—No te has preguntado que si te enamoraste de una persona que no puede quererte tal vez tengas otra, alguien más, que te vaya a querer a ti para siempre. —Los ojos de David resplandecían. Los pequeñísimos puntos dorados en sus ojos parecían brillar como oro puro. Kurt estaba empezándose a sentirse extraño, atraído hacia…

—Dave… —El atleta se inclinó un poco hacia Kurt y éste se sintió estremecer.

—Voy a esperar hasta que te des cuenta de que el corazón que te ama es el mío. —Kurt boqueó. Rachel Berry apareció sonriéndoles a ambos.

—Apúrate, Kurt. El señor Smith ya viene. —Kurt asintió.

—Yo… Tengo que… Entrar. —Dave asintió—. Seguramente me congelaré. Me he olvidado la chaqueta. —Kurt no sabía qué decir; los ojos de Dave aún le tenían hipnotizado.

—Toma. —Dave se quitó el suéter y lo pasó por los hombros de Kurt deteniéndose un poco para ver cómo le caía en el cuerpo—. No lo necesito. Ayuda ser un chico gordo. —Dave le guiñó y se giró para ir a su clase.

Kurt reaccionó antes de que Dave desapareciera pero no pudo decir nada. Percibió la fragancia del perfume de Dave. Se estaba volviendo loco.


Blaine dobló a la izquierda. Al levantar el rostro se dio cuenta de que Kurt y Dave estaban al final de pasillo. Una sonrisa boba se dibujó en su rostro al verlos juntos. Fue un segundo después cuando lo percibió. Era algo raro. Nunca se había sentido así. Era Dave, definitivamente. De pronto lo recordó. Es… Alguien… Qu… Va acabar con el tuyo, con su Clan… Con su comp… ¿Comp? ¿Compañero, tal vez? Dave le colocó el suéter a Kurt, quien parecía resplandecer. Blaine lo supo justo en ese momento y no entendía porque Dave no se lo había dicho.

—Hijo de puta.


¿Qué tal? En este capítulo ya hicieron su primera aparición los Nosgoth, al igual que Liam Anderson, decidí darles imágenes de los dos chicos Nosgoth:

Zephon Nosgoth:

h t t p : / / i 1 1 2 1 . p h o t o b u c k e t . c o m / a l b u m s / l 5 0 5 / a c m 2 0 9 9 / x 3 5 0 . j p g

Malik Nosgoth:

h t t p : / / i 1 1 2 1 . p h o t o b u c k e t . c o m / a l b u m s / l 5 0 5 / a c m 2 0 9 9 / t u m b l r _ l s n s 7 l W A J W 1 r 2 s w i n o 1 _ 5 0 0 . j p g

(sólo quiente los espacios para ver las imagenes)

Aclaro, sé que los dos son actores que participaron en HP y algunas de ustedes saben que tengo una preferencia por Matthew Lewis pero no quiere decir nada. Cuando estaba escribiendo a los personajes me los imagine con ciertas características; Zephon sería alto, delgado, pálido, con el cabello rojizo y muy serio. Malik tendría porte, sería misterioso, amigable, de cabello negro, ojos verdes y penetrantes. Así que tanto Matthew como Domhnall encajan en mi idea de cómo serían los Nosgoth.

Estos chicos tendrán una importante participación en la historia y como ya van viendo poco a poco se van descubriendo pistas sobre la vida del abuelo Karofsky.

Me gusta saber que a muchas personas les sorprende Blaine en este fic. Me he dado cuenta que mis Blaines son distintos, más oscuros y misteriosos, me gusta escribirlo así. Creo que Blaine es un gran personaje al que en la serie tampoco le sacan mucho jugo pues se van por la parte más simple de su historia y es tan sencillo hacer eso, tanto como hacer que el pobre de Darren Criss sea ese chico de la sonrisa perene.

Por cierto hace unos días surgió el tema en twitter sobre lo fastidioso que resulta en ocasiones publicar un fic y que no tenga comentario sólo alertas de personas que te ponen en sus favoritos. No me mal interpreten, eso agrada mucho pero también te pega no tener comentarios y eso me lleva a una duda que tengo ¿qué tanto les molesta que una autor les pida comentarios? Yo lo hago constantemente porque de verdad me gusta saber que hay detrás de las personas que me leen, que me expresen su opinión siempre es muy importante para mí.

Y sí, es un hecho que cuando ves que una historia tiene más comentarios te esfuerzas en publicarla en tiempo y forma. Me pasa en FF net con Aléjate de mí, publicó tres capítulos cada que me acuerdo y eso es porque no tengo comentarios; cuando en Slasheaven en su momento la publique puntualmente dos veces por semana. Ustedes que nos leen se reservan el derecho a comentar y hay autoras que se reservan el derecho a hacer con nuestras historias lo que queramos.

En mi caso agradezco muchísimo a las personas que se toman la molestia de comentarme semana tras semana porque gracias a ustedes más de una vez he decidido recargar la pila y seguir con mi historia. También se lo debo a Winter que ha sido una gran beta en mis historias de Glee. Es totalmente verdad cuando les digo que las betas son la magia detrás de las historias y Winter es mágica créanlo.

En fin, un abrazote con mucho cariño.

Nos vemos el viernes. ^^