Capítulo 3 – Acacia.

Pero soy tan firme cual la estrella polar,

Que, fija, inmóvil,

Par del cielo en la bóveda no tiene.

- Shakespeare, Julius Caesar

Lo que al principio había sido simple consideración, terminó siendo una cuestión de honor. Supuso que debía de estar agradecido porque hubiesen dejado a Hanabi afuera. Hiashi había cerrado la puerta con énfasis antes de que ella pudiera entrar con los tres en la oficina. Y ahora el más maduro de todos se hallaba sentado tras su escritorio, con Hinata parada junto a él, incómoda. Cuando entraron, Hinata se había puesto justo en frente del escritorio como esperando una reprimenda, y su padre había gesticulado con aspereza, ladrando su nombre, para que se moviera. Neji había desviado rápidamente sus ojos del sonrojo y del posterior y vacilante "lo si-siento" de ella.

Neji se plantó enfrente del escritorio y se inclinó con respeto.

"Quería verme, Hiashi-sama". Eso había sido simple formalidad. Todos sabían por qué estaban ahí.

"Ha llegado a nuestros oídos que estuviste involucrado en un altercado con dos Genins de Konoha". Las palabras de Hiashi iban al grano, y tenía los ojos clavados en los de él. Hinata concentraba toda su atención en un punto invisible del tatami.

Neji asintió.

"Explícate".

A partir de aquí tenía que escoger bien sus palabras.

"Creí que el tema de conversación de los guardias era ofensivo", dijo con formalidad.

"¿Tan ofensivo que tuviste tú que lidiar con eso en vez de reportárselo a tus superiores?"

"¿A cuál de los dos? ¿A usted o al Hokage?" Fue lo que quiso preguntar.

En cambio, Neji solo mantuvo la fría mirada de su tío. "Así es, señor".

"¿Y qué fue exactamente eso tan ofensivo que creíste que debías ignorar mis órdenes, violar el protocolo shinobi de esta aldea, y enviar a dos de sus Genins al hospital cuando hay una guerra en marcha?"

"No creo que lo que se haya dicho sea relevante ahora, señor".

Neji sintió los ojos de Hinata sobre él y le devolvió la mirada. Su lenguaje corporal era tan fácil de leer. Le estaba rogando que dijera algo, que cooperara.

Hiashi seguía atravesándolo con la mirada. "No te pregunté qué crees tu, Neji. Te pregunté qué fue lo que dijeron".

"Prefiero no decirlo. Ya he admitido que desobedecí órdenes y estoy listo para aceptar mi castigo".

Deseó que Hinata dejara de mirarlo de esa forma.

Hiashi lo sorprendió entonces, cuando se giró hacia su hija. "¿Qué harías si estuvieras en mi posición, Hinata? Uno de tus subordinados de la Casa Segunda te está escondiendo información a ti, la cabeza del clan. Hasta donde saben ambos, la información podría ser vital".

La mirada de Hinata se paseó ente su padre y su primo. Le molestaba, solo un poco, que él fuera parte de la razón por la que ella estaba tan nerviosa. Se dedicó a estudiar la planta de la maceta puesta en el otro lado de la habitación, para que esa forma solo hubiese un par de severos ojos blancos puestos sobre ella.

Y se sorprendió al oírla hablar.

"Yo confío en Neji", dijo. "Por alguna razón lo llaman el genio de los Hyuga y si va a ser mi consejero, tendré que confiar en él. Además, no mintió cuando dijo que creía que lo que dijeron allá no es relevante. Y, por cierto, él apretó las manos detrás de su espalda y sus ojos se movieron de arriba a izquierda cuando le preguntaron sobre qué fue lo que dijeron, así que puedo ver que estaba recordando el incidente y enojándose por eso". Parecía ganar confianza mientras seguía. Neji estaba seguro de que aquella era la respuesta más larga que él hubiese escuchado de Hinata hacia su padre.

"Todos estos factores, sumado al comprensible temor de Neji al sello maldito", el muchacho se tensó, y la chica evitó mirarlo a propósito, "me lleva a concluir que su altercado con los dos Genins fue el resultado de una riña personal. En otras palabras, si yo fuera la cabeza del clan, yo decidiría que esto no es nada de mi incumbencia".

"Muy bien". Hiashi se reclinó sobre su silla. "Hay que dejarle una salida a un ejército rodeado. No presiones demasiado a un ejército desesperado". Les dedicó una mirada y ambos asintieron respetuosamente.

"He decidido que la semana que te restaron de tu brigada ANBU para hacer guardia es suficiente castigo. No te voy a sumar nada. Pero te sugiero que uses esas largas horas de vigilancia en la entrada de Konoha, para reflexionar en la consecuencias que puede traer el que dejes que tu vida personal interfiera con alguna otra misión de tu Clan". Su punzante mirada le aseguró a Neji el tipo de consecuencias de las que estaba hablando.

"Sí, señor".

"Buen día, entonces". Hiashi asintió y eso fue todo.

El patio aparecía brillante tras estar bajo la penumbra de la oficina, y la primera cosa que Neji notó fue a Hanabi practicando su taijutsu ahí en el patio. Notó que aunque la chica parecía estar en mitad de uno de sus movimientos, y aunque era un día extrañamente caluroso de primavera, todavía no había sudado ni una gota. Por supuesto, que no podía él recriminar a la Segunda Hija de los Hyuga el espiar.

Hinata lo había seguido fuera de la oficina. Escuchó las suaves pisadas de ella sobre el piso de madera.

"Neji-niisan, la sangre está traspasando tus vendajes".

Él levantó sus manos para confirmar las manchas rojas en la tela que cubría sus nudillos.

"Gracias, Hinata-sama". Y escondió sus manos de la vista de ella, detrás de su espalda, por alguna razón.

"Yo podría–" Empezó ella y se detuvo. Él dejó de caminar y se giró hacia ella. Un miembro de la Casa Segunda nunca le daba la espalda a uno de la Casa Principal cuando éste le hablaba.

"Si quieres, claro, podría darte alguna de mi pomadas para eso. Y vendarte las heridas de nuevo".

"Como desee usted, Hinata-sama".

"Solo si así lo deseas tu. No es una orden".

El que el asintiera probablemente los sorprendió a los dos. Hinata le sonrió entonces. Era la misma sonrisa que le había dado ella a Aburame Shino antes de levantarse en puntillas para besar su mejilla; el recuerdo envió una punzada de dolor a los nudillos de Neji. Casi alcanza a inventarse una excusa para retirarse a su habitación, pero ella ya se había dado vuelta y lo guiaba hacia su jardín. Y cuando se detuvo a esperarlo para que caminara junto a ella, él así lo hizo.

Neji nunca había estado dentro del cobertizo del jardín de Hinata antes. Por supuesto que había notado los cambios que tuvo cuando ella se adueñó de él – una mano de pintura, una nueva corona de flores en la puerta para cada estación. Y toda la gente que entraba y salía. Cuando Hinata estaba en casa solía tener visitas. Él estaba al tanto, como todos los demás Hyuga, de que la heredera probaba con la medicina homeopática. Pero a diferencia del resto, él nunca había tocado en su puerta. Eso se debía, en parte, a que él muy raramente se hallaba enfermo o herido, y en parte, a que él nunca sabía qué decir cuando se hallaba solo con ella.

Neji la siguió adentro e inmediatamente tuvo que agacharse para esquivar la hilera de plantas secas que colgaban de las vigas del techo. Ella tuvo que haber visto a su sombra oscilar porque en seguida se giró.

"Lo siento. Ando un poco atrasada. Como he estado lejos en misiones y todo eso, bueno, ya ves". Hizo un gesto señalando alrededor del cuarto y Neji notó hileras similares de hojas secas colgando de cada espacio libre en las vigas. El olor de toda la escena te dejaba la sensación de entrar en un armario lleno de popurrí; era un olor fuerte pero no desagradable. El cobertizo era bastante más largo que ancho, y un horno y dos grandes contenedores de metal dominaban la esquina final. Un refrigerador mediano rodeaba lo que él rápidamente identificó como su espacio de trabajo. Y sobre el resto, las partes de las paredes que no estaban cubiertas por rebosantes estanterías, estaban salpicadas de ganchos para colgar que sostenían gran variedad de utensilios de jardinería. Una torcida mesa, verde alguna vez, estaba puesta contra una pared. Una de sus patas era más corta que las otras, y cuando él se sentó en una de las dos sillas de mimbre, vio a Hinata levantar la esquina de la mesa y patear debajo de esa pata lo que parecía una desechada baldosa de baño, para luego disponerse a sacar dos tazas chinas con sus respectivos platos.

"¿Te gustaría algo de té?" Le preguntó Hinata desde la estufa.

Neji se dijo que no le caería mal, dado que ella parecía estar haciendo algo para ella misma de todos modos.

Neji se sentó a verla trabajar. La muchacha se lavó las manos con un jabón de fuerte olor y después bajó dos saquitos de cuero de una estantería. La vio sacar cucharadas llenas de hojas secas y echarlas en el colador de te. Caminó, esquivando hábilmente los bordes de los estantes y las muchas macetas en el suelo, y pronto la tetera ya estaba encendida sobre la estufa. A Neji se le hacía difícil reconciliar esta chica con esa otra, con Hinata la mediocre, pobre kunoichi que deambulaba como un fantasma por el Complejo Hyuga.

En su segundo vistazo a la habitación – una vieja costumbre – atisbó una bolsa para dormir empotrada discretamente detrás de uno de los estantes. Neji estaba mirando deliberadamente hacia el lado opuesto cuando ella lo abordó con la tetera.

Cuando ambos tenían ya su té, ella palmeó sobre la mesa, y él le mostró su mano; se dio cuenta ya muy tarde, que mientras la estaba viendo trabajar hubiese podido haber removido sus vendajes. Empezó a aflojarlos con su mano izquierda, pero ella lo detuvo con un suave, "permíteme".

Sus manos se movían seguras y metódicas, y soltó un gritito ahogado cuando vio los nudillos finalmente descubiertos. Vista a través de los ojos de ella, la herida parecía mucho peor ahora que cuando él la había cubierto distraídamente esa mañana.

"Supongo que no ve usted muchos nudillos dañados por aquí".

Ella alzó la mirada hacia él cuando éste le habló.

"No", dijo con seriedad. "Tu eres mi primer caso. Nuestro estilo no propicia muchos nudillos sangrantes, ¿cierto?" Ella ya estaba examinando las heridas. "Desearía que hubieses venido conmigo en seguida, quizás ya no pueda evitar que dejen marca".

"No importa", murmuró él.

"De todos modos lo voy a intentar". La chica había retirado un frasco de cerámica de su refrigerador y lo había puesto sobre la mesa en medio de ellos, junto a varios hisopos de algodón. "Esto de pronto te duela".

Y así fue. Solo el orgullo evitó que doblara los dedos para contrarrestar el dolor.

Aunque eso se le olvidó pronto. Cuando Hinata fue a cubrir sus heridas de nuevo, tomo su mano en las de ellas. Sus palmas se tocaron. Neji se dio cuenta de que, fuera de batalla, esa era la primera vez que alguien había tocado su piel en años.

Deseó de nuevo que ella dejara de mirarlo de esa forma.

"Bebe tu té", le recordó. Neji se alegró de tener una excusa para hacer algo, para quitar sus ojos de la vista de ella envolviendo con cuidado alrededor de su mano, los nuevos vendajes.

"No creo que debamos sacar nuestra ira en batalla", dijo ella repentinamente.

"Un shinobi debe tener la cabeza despejada en batalla", afirmó él de manera tajante.

"No me refería a los Shinobi. Me refería a nosotros. Los Hyuga. Lo he estado pensando un tiempo. Creo que nuestros ancestros debieron de haber valorado el autocontrol sobre cualquier otra cosa". Ambos bajaron la vista hasta sus nudillos recién vendados.

"Algunas veces me pregunto si hacemos bien en especializarnos en una técnica de taijutsu que ha estado siendo estilizada durante más de mil años". Lo había dicho con tono falso, y él no se atrevió a mirarla.

"Algunos dirían que es la práctica lo que ha perfeccionado al Jyuken", replicó él.

Ella acercó la taza de té hasta su pecho y él supo que la había puesto nerviosa de nuevo.

"Quizás", dijo ella vagamente.

De repente, a Neji le molestaba mucho su hitai-ate.

"Lo siento, Hinata-sama".

Ella no aceptó su disculpa.

"Desearía que no me llamaras así". Ella debió de haber notado su reservada respuesta. "O sea, sé que eso es prácticamente imposible. Pero de pronto podrías llamarme solo 'Hinata' cuando estamos solos, ¿no?"

Neji fue muy consiente de la manera en la que su cabello cayó sobre su rostro cuando bajó su mirada hasta la mesa, o de la manera cómo sus labios se doblaban en una casi sonrisa cuando estaba nerviosa.

"Trataré de recordarlo", dijo él finalmente.

Ambos sabían que él lo recordaría. Y ambos sabían también, que él fingiría haberlo olvidado.


Desde su ventana, Hanabi pudo ver la puerta del cobertizo del jardín de Hinata de la que Neji salió. Vio a Hinata salir tras él, la vio decirle algo, la vio sonreírle y la vio cerrar la puerta finalmente.

Vio a Neji levantar una de sus manos vendadas para tocar una de las flores que armaban la corona sobre la puerta de Hinata. Lo vio pausar ahí un momento larguísimo, mirando al pétalo púrpura y seco que había quedado sobre la palma de su mano.

Su padre estaba todavía sentado tras su escritorio cuando ella lo encontró. Hanabi era una de las pocas personas que se atrevían a visitarlo sin anunciarse. Él ni siquiera levantó la vista cuando ella irrumpió por la puerta.

"¿Sí, Hanabi?" Sus ojos siguieron moviéndose rápidamente sobre un largo pergamino.

Hanabi llegó rápido hasta el frente del escritorio de su padre e inclinó su cuerpo pronunciadamente.

"He visto algo que creo que debería saber", dijo rápido, con el rostro algo enrojecido por haber corrido todo el camino en aquel caluroso clima.

Hiashi le dio toda su atención. El momento más feliz de su vida había sido la primera vez en la que su padre la había mirado con respeto en sus ojos. Hanabi luchaba cada día por ver esa mirada de nuevo.

"Hinata y Neji-niisan acaban de pasar casi una hora juntos en su jardín. Me temo que ella está intentando socavarte, Otousan".

Hiashi alzó una ceja. "¿Ah?"

La chica continuó acelerada. "Ella está tratando de socavar tu autoridad sobre la Casa Segunda. Yo los veo desde mi ventana – la buscan siempre que ella está en casa. Y salen de ahí con tés y pomadas que ella les da. Cuando prohibiste que cobrara por sus servicios, la hiciste quedar como si fuese más benevolente con ellos. ¡Se va a ganar la lealtad de todos con las plantas de nuestra madre!"

La respuesta de su padre hizo que se helara a pesar del caluroso día.

"Hinata es la heredera, Hija Segunda".

Su padre parecía estar esperando una respuesta pero Hanabi no podía articular palabra. Sentía sus pies pegados al tatami.

"¿No crees que ella hace bien en ganarse su confianza?"

"A-así es," coincidió ella débilmente.

Le cayó cabello sobre lo ojos cuando bajó la mirada hasta sus pies, pero no se atrevió a apartárselo de la frente por miedo a llamar atención hacia algo que no estaba allí.

Hanabi finalizó su breve visita con la única cosa que podía decir.

"Yo nunca trataría de socavarte, Otousan. Nunca".


Ese verano trajo consigo un respiro en la tensa situación con la Aldea del Sonido. Y en un miércoles de mayo, Neji y Hinata estaban ambos en casa. A él le habían dado tiempo libre después de una misión ANBU particularmente agotadora, y a ella la habían reemplazado en su equipo por otro ninja médico para darle tiempo de atender asuntos del Clan. Se rumoreaba que con todas esas ceremonias de los últimos días, querían anunciar que había llegado el momento de inscribir a Hanabi su sello y de su posterior juramento de defender a la Casa Principal; pero la Hija Segunda de los Hyuga, volvió a la Academia ese otoño con una desafiante frente descubierta.

Hinata estaba trabajando en su jardín, como era lo usual cuando estaba en casa. Y el día que Uzumaki Naruto regresó a Konoha, Hinata tenía compañía.

"Ese muchacho se toma su deber muy en serio", dijo un anciano en tono aprobatorio tras pasar junto a Neji, el cual cargaba una canasta llena de maleza sobre sus hombros en dirección a la pila de abono de Hinata.

"Los niños están creciendo", coincidió la anciana que iba pegada de su brazo. "Parece que hubiese sido ayer, cuando tocaba ver a Neji-kun y a Hinata-sama por debajo del hombro".

Incapaces de ignorar la estridente voz de la señora, Neji y Hinata hicieron contacto visual y compartieron una tímida sonrisa.

"Cuando lo vi esta mañana, te juro que llegué a creer que el muchacho Uzumaki ese era nuestro Yondaime. No sé ni qué pensar..." Continuó hablando la anciana mientras ambos se alejaban.

Neji oyó cómo Hinata soltaba su pala.

Sintió un déjà vu cuando le sugirió, "debería de ir a verlo".

"N-no sabría qué decir".

El cuerpo de la muchacha se tensó entero, inundado de nerviosismo. La manera en la que envolvía sus brazos a su alrededor, la manera en la peinaba su cabello detrás de su oreja le decían todo lo que él necesitaba saber. Ahora que Naruto había vuelto era como si nunca se hubiera ido.

De repente ya no soportaba mirarla.

"Yo limpiaré aquí", dijo con indiferencia. "Vaya a verlo".

Hinata no miró atrás cuando lo dejó allí solo en su jardín. Tampoco es que él hubiese esperado que ella lo hiciera, por supuesto.

Mentira.


Continuará...


Y finalmente termino con los dos capítulos que me prometí para este fin de semana. No me tomó tanto tiempo como creí, y creo que todos han quedado bastante bien.

Voy a aprovechar para responder a algunos comentarios:

Isi-san: sí, lo particular de esta historia es sobretodo las ganas y la seriedad con la que la autora se tomo el escribirla. La ortografía, la prosa y el argumento que usa son totalmente planeados, sin falta de ganas en ningún momento. La historia tiene principio, nudo y una clara conclusión. Y sí, ese detalle del prólogo, en el que se describe la infancia de los dos jóvenes fue un detalle perfecto.

Orkidea16: sí, si alguien quiere revisar la versión en inglés, por favor. Este trabajo de traducción no es más que eso, una traducción, y el original siempre será mejor. Sobre Shino, ¡pues ya somos dos! Para mí es unos de los mejores personajes que desafortunadamente no ha tenido mucho protagonismo nunca. Y sí, supongo que todos tenemos ese amigo con el que alguna vez matamos la curiosidad. Hanabi es crucial aquí, como podrás ver, y Neji está orgulloso de lo que hizo, como puedes ver también XD.

Karylandero.3: ¡gracias a ti por leerlo!

Saludos.