Bleach y sus personajes pertenecen a Kubo Tite,
Simbología:
-blablabla…-diálogos (blablabla énfasis en la palabra o frase)
'Pensamientos'
Advertencia, el siguiente contenido hace honor a la categoría "M" a la que este fic pertenece.
PERFECTO VASALLO
CAPITULO 4
Mañana empezaremos con la temporada de preparación del campo de caza, acudiremos a los bosques para poner trampas y atrapar conejos vivos, la caza es una actividad recreativa que mi hermano ofrece como entretenimiento en sus fiestas, debemos preparar todo para que no se convierta en una masacre.
Aquella mañana era diferente a las demás, todos se encontraban realizando una actividad específica pero no era la que realizaban usualmente, él solo esperaba las órdenes de la señorita, quien finalmente llego con su usual altanería.
- Buenos días, - saludo a todos, quienes le devolvieron el saludo incluyendo una venia, la ayudo a montar el caballo - que esperas pídele a Aikawa las carretas con las trampas empezaremos con el ala oeste del bosque, debemos adelantarnos al grupo de caza.
Cabalgaron hacia el bosque, pasaron el día ubicando trampas, tratando de atrapar conejos, los días siguientes hicieron lo mismo con el resto de sectores del bosque, casi terminando la semana lograron ubicar todas las trampas, cada día, al final del día recolectaban los que habían caído para ubicarlos en un corral y poder soltarlos al terminar la época de caza, a pesar que era un trabajo laborioso Rukia se lo tomaba muy en serio, si no podía ir en contra de los designios de su hermano, al menos evitaría el mayor daño posible, los cazadores aprovechaban la facilidad con la que encontraban conejos en aquellos bosques y terminaban haciendo una masacre con aquellos animales.
Tres días antes del inicio del cenáculo se encontraban terminando de retirar las trampas de más de la mitad del bosque, Rukia se sentía contenta por la cantidad que ya tenían hasta ahora, había sido una buena jornada y una buena "cacería". Ichigo había descendido de su caballo para ayudar a una de las trabajadoras con la que entablo una buena relación.
- Bien los dejare que terminen el resto, aun es temprano, iré a cabalgar un rato. – Ichigo la detuvo jalando las riendas de la yegua.
- Espere señorita el bosque aun está lleno de trampas Latifa se puede asustar.
- Pero que se te metió infeliz, como te atreves, estoy cansada y necesito relajarme, no eres nadie para decirme lo que puedo y no puedo hacer, yo sé muy bien cómo manejar a mi caballo y no necesito que me apadrinen como a una niña pequeña, termina lo que estás haciendo. – Ichigo se colocó delante de la yegua con los brazos extendidos.
- No puedo dejarla ir, al menos espere que recoja a Kon para acompañarla, el cielo se está nublando y es posible que llueva pronto.
- Eres un estúpido arrogante, yo sé bien lo que hago no te necesito puedes quedarte aquí si quieres, o aun mejor te castigaré por tus atrevimientos, quiero que te quedes en el bosque hasta que anochezca, no cenaras el día de hoy ¿entendido?, y no trates de hacerte el listo conmigo porque interrogaré a Náraku sobre quien estuvo para la cena y quien no; no será difícil que recuerde en especial por tu extraña apariencia y ese color de cabello. – dicho esto volteó el caballo y empezó a correr adentrándose en el bosque; Ichigo tomo a Kon para seguirla, bajo la mirada atónita de los demás empleados, nadie le reprocho nada ya que sabían que si Rukia le imponía ese infantil castigo por seguirla, Byakuya lo ahorcaría sobre brasas ardientes si no lo hiciera.
Cabalgó entre los árboles y arbustos tratando de ubicar el rastro de Latifa, finalmente la encontró y cruzó a Kon por su delante haciendo que se detenga, el cielo despejado y el calor habían sido reemplazados por un manto de nubes y humedad en el ambiente.
- Pero qué crees que haces estúpido, pudiste haber asustado a Latifa.
- Ella se asustara si se encuentra con una trampa, regresemos señorita, el clima no es bueno.
- ¡Ya me tienes harta! regresa tu si quieres, anda ve a ayudar a todas las trabajadoras si quieres, yo hare lo que me plazca, estoy cansada que hombres estúpidos como tú me den ordenes, no soy una niña pequeña. – Ichigo se planto delante de ella con una mirada altanera llena de autoridad, sorprendiéndola.
- Pues no haces un buen esfuerzo en demostrarlo, mira ya me tienes aburrido con tus cambios de humor, no sé qué te pasa en los últimos días que te has vuelto aun más arrogante de lo que eras, que hombre se casaría con una mujer así, eres además demasiado terca, obstinada y puedes llegar a ser muy cruel, deberías aprender a escuchar a las personas que solo buscan tu bienestar – Rukia estaba totalmente pasmada, no solo la miraba con autoridad, sino que le hablaba como si tuviera derechos sobre ella, a medida que la discusión se acaloraba acercaban más sus rostros.
- Como te atreves a tutearme ¡maldito infeliz!, quien te crees que eres, no vuelvas a hacerlo jamás, entiende que eres inferior a mí y no solo eso, no eres nadie para mi, solo otro estúpido peón, un perro guardián al que no respetaría como hombre jamás, lárgate de mi vista, y prepárate para ser azotado mañana por la mañana – aquellas palabras carcomieron el alma de Ichigo, sabía que no eran verdad y que si supiera con quien estaba tratando en realidad se las haría tragárselas una por una, pero escucharlas nublo su juicio y decidió largarse de ese lugar, no quería verla, no quería recordarla, quería dejar de soñar con ella como lo venía haciendo las últimas noches.
Volvió a su recinto, amarró a Kon a un lado de la caseta que tenía un pequeño techo como para que se refugie en caso el clima empeorase. Suspiro fuertemente mientras se recostaba en la cama – pequeña tonta – dijo para sí, observó por la ventana y estaba lloviendo, cada segundo que pasaba la intensidad de la lluvia se hacía más fuerte, frunció el seño aun más al pensar que debía estar afuera todavía por ser tan terca y obstinada.
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Ella caminaba con pasos largos y fuertes, había perdido el camino, el haber estado pensando en las tonterías que le dijo y la rabia que sentía al respecto no la dejaron pensar bien adonde se dirigía, tal y como lo predijo Latifa se encontró con una trampa y se asustó, afortunadamente no la tiro al suelo pero cuando ella descendió para tranquilizarla, la yegua estaba muy alterada y huyo dejándola sola. Al inicio solo quería alejarse, no quería regresar a la casa grande todavía, pero empezó a llover y cuando intentó volver escuchó el estruendo y una luz brillante se percibió en el cielo, entonces sus sentidos de nublaron completamente, nunca le había gustado la lluvia pero las tormentas eléctricas simplemente le producían pánico, un pánico inherente en ella, fue dejada sola un día de tormenta eléctrica y cuando por fin alguien acudió a ella fue para darle la noticia que sus padres habían fallecido; desde entonces necesitaba compañía, era lo único que no podía controlar de sí misma hasta que conoció a Ichigo, cuando lo conoció tampoco pudo controlar el enojo que le producía con cada actitud extraña y su manera de desafiarla constantemente.
Por ahora solo tenía que concentrarse en encontrar refugio, se volvió sobre sus pasos, nada solo arbustos, arboles y nuevamente aquel sonido, nuevamente aquella luz, la sintió más cerca esta vez, decidió ir al lado opuesto de donde surgió, como si pudiera huir del rayo. Estaba corriendo y su ropa, su cabello, blusa blanca estaban totalmente mojadas y sus botas enlodadas, por fin encontró aquella caseta, debía estar abandonada pero al menos estaría libre de la lluvia y escondida de la luz y el sonido que tanto pánico le producían.
Corrió hacia ella, antes de llegar a la puerta se encontró desprotegida de la copa de los arboles pero aceleró el paso, cuando llegó forzó la cerradura como pudo ingresó rápidamente y cerró la puerta tras de sí, apoyándose inmediatamente, entrecruzo sus brazos en sí misma para proporcionarse algo de calor, cerraba los ojos fuertemente.
- ************ - (cambio de escenario) - ************ -
El estruendo de aquel ultimo trueno vino seguido del sonido de su puerta abriéndose súbitamente, se levantó y vio aquello que jamás hubiera imaginado ver, estaba ella, totalmente mojada apoya en la puerta de su cuarto, abrazándose a sí misma, parecía no notar donde se encontraba; se levantó y lentamente se acercó a ella, no parecía notar su presencia, dudaba que supiera donde se encontraba. Se acercó más, notó que temblaba estrepitosamente con la cabeza baja y los ojos fuertemente cerrados. Se veía frágil, indefensa, totalmente opuesto a lo que proyectó desde que la conoció, alzó su mano para tocar su hombro, esto la sorprendió haciendo que saltara y apoyara sus manos contra la puerta.
- ¿Qué… qué estás haciendo aquí? – le dijo ella al percibir de quien se trataba.
- ¿Perdón?, yo duermo aquí, el señor Kuchiki dijo que no me mezclara con los demás, la pregunta es ¿qué está haciendo usted aquí? – seguía temblando, se veía desconcertada, miraba alrededor como para percatarse recién donde se encontraba; paso sus manos por sus cabellos para arreglarlos un poco, como tratando de reincorporarse y mantener la compostura que la caracterizaba, esa altanería que lo volvía loco, se enderezó y caminó por la habitación.
- ¿Tú duermes aquí?
- Si, así es señorita – caminó demostrando la soberbia que la caracterizaba, observaba con altanería como si todo aquello fuera de bajo nivel, paso su mano por la mesa de su costado, entonces ocurrió otra vez, aquel sonido, aquella luz entrando por la pequeña ventana, la vulnerabilidad que sentía el encontrarse en esa situación; se sobresaltó e inconscientemente dio un gritito bajando la cabeza nuevamente y abrazándose a sí misma, haciendo caer un vaso que se encontraba encima de la mesa. Al ver que se quedaba inmóvil temblando nuevamente acudió hacia ella levantando su mentón para mirar sus ojos. – ¿estás bien, acaso te asusta la tormenta?
- ¡Claro que no! – quitó su mano de un solo golpe, y se retiró de su lado – solo tengo frío, estoy empapada ¿que no ves? – él la vio y sonrió de lado con un poco de molestia, tomo una de sus mantas y se la colocó en la cabeza, frotando ligeramente de los costados como para transmitirle calor.
- Deberías aprender a pedir las cosas con mejores modales – la miraba a los ojos sosteniéndola por los hombros a través de la manta, sentía el trueno y la luz pero no se sobresaltaba, sin embargo le molestaba la sensación que empezaba a sentir cada vez que estaba con él, más aún cerca suyo, más aún en contacto con él, desde hace unas semanas le molestaba su presencia. Se separó nuevamente abriendo los brazos hiso caer la manta y lo empujo haciendo que retrocediera un paso.
- ¡Déjame ya!, como te atreves, te dije que no me tutearas, no eres nadie ¡no estás a mi nivel!, - sentía su mirada en ella y nuevamente esa sensación – ¡vete!
- Me estas botando de mi habitación ¿acaso?, ¿estás loca?! que no ves que está lloviendo?! – le dijo irritado señalando la ventana.
- ¿Yo?, ehm – no sabía qué hacer al estar cerca de él, tan vulnerable la confundía, le nublaba el juicio, pero no se lo podía demostrar, ella tenía que ser fuerte – ¡SI!, no dijiste que era una mujer cruel, pues bien tienes razón, esta caseta está en mis tierras y por lo tanto es mía, puedo hacer lo que quiera con ella, ahora lárgate – le señalo la puerta; él la miró con rabia, alzó la manta del piso y la arrojó a la cama, se dio vuelta y salió azotando la puerta tras de sí.
Se quedó sola nuevamente, estaba confundida, tenia frio, tenía miedo, quería… quería algo que no podía conseguir, que no estaba bien codiciar. Nuevamente la luz y aquel sonido, corrió a la puerta pero no la abrió, se quedo temblando apoyando las manos en la perilla, no debía salir, ya estaba refugiada, no tenía nada afuera que la protegería más se decía a sí misma.
El sonido y la luz brillante hicieron estragos en sus emociones otra vez, abrió la puerta y allí estaba él, volteado mirando hacia los árboles con las manos en la cintura bajo la lluvia, al escuchar la puerta abrirse solo volteó su rostro, ella respiraba agitada, y entonces dejo caer la cortina que ella misma se puso en los ojos, lo veía como lo había percibido desde el primer momento, varonil, fuerte, hermoso. Corrió hacia él, al percatarse de esto él volteó a su encuentro, tomó impulso de su cuello y se aferró a su cintura con sus piernas, él la tomó de las caderas para que no cayera.
Volvieron a encontrar miradas bajo la lluvia, no podía sentirse más protegida, inimaginablemente bajo la lluvia afuera donde el ruido retumbaba y la luz podía alcanzarla se sentía segura con él, lo besó intempestivamente y sin romper el contacto la llevó adentro de la caseta, ambos estaban mojados, tenían que retirarse aquellas ropas, la depositó en el piso y cerrando la puerta inició el despoje de sus atuendos besando cada espacio de piel expuesta que encontraba palpando y masajeando cada espacio de piel que descubría, como si fuera un regalo que había esperado desenvolver desde hace mucho tiempo, ella retiraba su camisa sintiendo la húmeda piel debajo de ella sus delicadas manos deambularon sobre su fuerte pecho una combinación de frialdad y calor de piel creaban una sensación excitante, sus manos frotaron sobre sus bien tonificados abdominales, y luego jugaron con la cintura de sus pantalones; sus dedos rozaron la dureza bajo sus pantalones y antes de que pudiera desnudarlo más, él la agarró por las muñecas, se inclinó hacia delante y la besó de nuevo ésta vez el beso era más fuerte, mas demandante, mordiéndole el labio inferior. La lanzó hacia la cama cubriendo su pequeño cuerpo debajo del de él; tomo sus delgadas muñecas por sobre su cabeza apoyándolas en la almohada con una mano mientras que con la otra sus manos surcaban las curvas de su cuerpo completamente desnudo, recorriendo la pureza de su piel suave y blanca, se removió debajo de él y sus ojos brillaron.
- ¿Me deseas? – le preguntó tentándola, probándola, quería venganza quería probarse a sí mismo ante ella, quería que lo deseara tanto como él a ella.
- Quítate los pantalones - fue una orden, otra vez ese aire de superioridad, a pesar de ser más pequeña, a pesar de ser más frágil, aún así se atrevía a darle órdenes, pero debía enseñarle, debía educarla antes de hacerla totalmente suya.
- ¿Me deseas Rukia? – le preguntó nuevamente mirándola a los ojos demandándole una respuesta, ella se movió debajo de él.
- Ya te dije que no me tut…mmm – la interrumpió besándola, introduciendo su húmeda lengua dentro de ella y entrelazó los dedos de una mano con la suya mientras que descendió la otra hasta su entrepierna e introdujo dos dedos entre los rosados pliegues moviendo, masajeando, la dejó sin aliento, sin defensas, gimiendo, agitándose hacia él como pidiéndole más, pero eso no era suficiente aún, tenía que hacer que se sometiera a su voluntad antes de darle lo que le pedía.
- Tus gemidos no son suficientes – se separó mirándola fijamente, tenía las mejillas rosadas, estaba completamente mojada no solo con de agua de lluvia – quiero oírte decirlo - su expresión era dura, su boca cubrió su pecho, y se dedicó a consumirlo, acariciando con su lengua, besando y luego suavemente mordiendo la rosada y dura punta del centro, hiso lo propio con el otro lado. Ella abrió la boca sin emitir sonido alguno, estaba sin aliento, al sentir como movía los dedos dentro y fuera, como acariciaba su cuerpo, la hinchazón de su centro, acariciaba su espalda rastrillando su piel dejando marcas rojas.
- Ahhh, Kami si!, te deseo, te deseo tanto deseo todo de ti quiero sentirte – finalmente logró emitir sonido casi exhalando el aire contenido de la excitación. Él sonreía orgulloso de lo que había logrado, pero aún debía terminar de corregir su actitud, descendió su boca hacia el sur, lamiendo el su ombligo, tenía la piel más suave que jamás había sentido, o probado.
- Di mi nombre y suplícame que te de lo que me pides – esto la hacía enfurecer, pero después de cada beso que plantaba en su piel, dejaba una marca que nublaba su juicio, olvidándose de quién era y de lo que estaba haciendo, olvidándose del ruido, de la luz, del lugar en el que se encontraba, solo importaba él y lo que le estaba haciendo sentir; respiraba agitadamente, sus ojos estaban cerrados fuertemente.
- Ichigo – susurró dificultosamente, la mirada posesiva en los ojos de él se oscureció, quería hacerla suya, pero quería que ella estuviera segura de desear ser suya también.
- No te escucho los truenos son muy fuertes - su cabeza descendió entre sus muslos y los dedos fueron reemplazados por su lengua, ella abrió la boca cuando él se abalanzó y se sumergió en ella, sobre ella, contra ella. La besó explorando cada parte con sus labios, lengua y suavemente con los dientes.
- Ichigo!, por favor Ichigo! ahhh - un espasmo la atravesó, una sensación de triunfo se evidenció en su arrogante sonrisa cuando la escucho clamar su nombre cuando la sintió temblar; apretó sus muslos mientras sus piernas se agitaron, el calor creció rápidamente cuando su lengua se hundió dentro de ella, entrando y saliendo, avivando el fuego con sólo sus labios y caricias. Ella clavaba sus dedos en el colchón. Se detuvo para quitarse los pantalones y estar completamente descubierto para concederle lo que quería. Cuando se reveló a ella, parecía sorprendida por su enorme tamaño, violeta y avellana se encontraron de nuevo, sus ojos sonrieron juguetonamente hacia ella. Las sensaciones y la forma en que la miraba enviaron señales que hicieron temblar todo su cuerpo.
- Rukia, - se sentó en sus rodillas, entre las piernas de la pelinegra, bajo la pálida luz de la luna, la lluvia y la tormenta, respiró su nombre de nuevo, listo para tomarla... devorarla... reclamarla. Suavemente la levantó y la colocó encima de él, ella lo abrazó tan cerca como pudo cuando su frente tocó la de ella, entró lentamente, en parte porque temía lastimarla y parcialmente porque disfrutó cuando ella suplicó. Sin embargo el pelinaranja sintió que su autocontrol se perdió cuando al deslizarse la oyó jadear. Un grito salió de su garganta cuando la penetró totalmente, rudamente, tan rápidamente, que un dolor agradable la cegó; volteó su cabeza hacia atrás. Cada poderoso golpe que hizo, los abrumó con un torrente de sensaciones.
- Más Ichigo, más ahhh. - sus manos se movieron en su pelo revuelto, los dedos clavados en su cuero cabelludo lo besaba con pasión - Ichigo más rápido por favor! – él obedeció como su fiel sirviente; la mezcla, la fusión, el envío de explosión tras explosión mientras bombeaba dentro de ella, fue una sensación intensa que embriagaba su alma, haciéndolo sentir invencible. Era una sensación de euforia que alimentaba el deseo... la necesidad. La besó, saboreando su dulce boca mientras se agitaba contra él y después de algunas estocadas más derramaba su contenido rebosante en su centro.
Su aliento se mezcló de nuevo, sus frentes se tocaron y luego descansaron el lecho después de que las explosiones terminaron. Se acomodaron en la estrecha cama, sus pequeños brazos rodearon su cuello y su oreja pegada a su pecho, escuchaba el sonido de los potentes latidos que pronto se calmaron; ella sonrió; había sobrevivido la tormenta de la manera más espectacular posible, sentía nuevamente esa tranquilidad que le fue arrebatada cuando era pequeña. Cerró sus ojos y se dejó llevar por el cansancio de aquel sorprendente día.
Continuara…
Este capi tardo demasiado, para los siguientes espero poder subirlos pronto, gracias por seguir leyendo.
