DISCLAIMER: Todos los personajes y/o lugares conocidos del mundo de HARRY POTTER le pertenecen a la maravillosa escritora J.K. ROWLING. Sólo la trama es mía.
Este fic es regalo de cumpleaños es para mi hermana Tooru Hally Beelia FrikiPotter.
UN AÑO DESPUES
POV: Isla Black
IV
Una visita inesperada
—No había conocido una niña tan preciosa como tú, Isla –me dijo la señora Hitchens con tanta ternura que había veces que me sorprendía. Mi madre jamás me había hablado con ese tono tan maternal y amoroso.
Al principio me había extrañado, pero solo había pasado tres días en esa casa y adoraba a esa mujer. Desde entonces solía llamarme "mi niña" y a mí me encantaba que me llamara así, con ese apelativo tan cariñoso.
—Creo que exageras, Aurora –le conteste sonrojada.
La señora Hitchens soltó una carcajada negando con la cabeza.
—Te equivocas, cariño. Eres preciosa –dijo arreglándome el velo.
Había pasado un mes desde que había huido de mi casa para casarme con Bob. Me había quedado en la habitación de Bob, mientras que él había dormido en el ático de la vieja, pero hogareña casa. La casa no era como la mansión Black, pero estaba llena de calor y amor. Lo único que se respiraba en esa casa era alegria, amor y felicidad. Y era algo que a lo que no estaba acostumbrada, pero que no tarde en acostumbrarme.
En la primera semana en esa casa había aprendido que los lujos no lo eran todo. La familia de Bob no tenía mucho dinero, pero eran ricos en amor, cariño y verdaderos amigos. Eran unidos y siempre estaban pendientes los unos con los otros.
La boda se había organizado entre familiares y amigos. Cada uno había aportado algo para decoración, el banquete o cualquier otra cosa que se necesitara. Al principio, pensé que era caridad y mi lado Black salió a relucir, pero luego me di cuenta que todos lo hacían con amor. La madre de Bob tenía unas maravillosas amistades que en el transcurso de ese mes había tenido el placer de conocer.
Pero el mejor de los regalos me lo había dado la señora Hitchens. Ella había elaborado mi vestido de novia. Durante todo el mes la vi cada día bordando hasta altas horas de la noche el vestido y me había sentido muy emocionada, como una niña pequeña recibiendo su primera muñeca en navidad. Sabía que cada bordado había sido surcado con amor y eso ni todos los galeones de mi familia hubieran podido comprarlo. No hubiera deseado ningún otro vestido que no fuera ese. Ese había sido echo con amor.
En ese momento estábamos ambas frente al espejo viendo su obra final. El vestido de novia blanco con encaje y bordados era hermoso. No era con seda de Hadas, ni bordado en hilo de plata, pero igualmente era muy precioso y aunque no tenía joyas bordadas, para mí tenía un valor incalculable.
La señora Hitchens me miraba en el espejo orgullosa y con lágrimas en los ojos. Imagino que como una madre orgullosa y eso era algo que me emocionaba y entristecía de la misma manera. Mi madre no estaría en mi boda y jamás se hubiera sentido orgullosa de las decisiones que había tomado.
Mi padre no me entregaría en el altar a mi esposo, pero el señor se había ofrecido muy orgulloso. Mis hermanos tampoco estarían allí, pero los de Bob me habían aceptado como una pequeña hermana y hacían lo imposible para que yo sonriera. Nadie de mi familia estaría allí. Solo mi nueva familia estaría allí apoyándonos. Aunque había sido acogida con mucho amor y aceptada entre todos los familiares, en el fondo me dolía que ni siquiera un miembro de mi familia estuviera allí.
De repente tocaron la puerta y la señora Hitchens se apresuro abrir la puerta. Observe a través del espejo para saber quién era, pero jamás hubiera imagina ver a mi hermana Elladora allí. Por un momento me quedé paralizada observándola a través del espejo. Llevaba una túnica gris perlado muy elegante y su mirada fría de siempre.
De repente me entró un pánico de que Elladora le hubiera dicho a mis padres en donde me encontraba y que venían a buscarme para llevarme lejos de Bob. Pero yo no iba a permitir que ni me alejaran de Bob, ni mucho menos que lastimaran a su familia.
Así que me giré con mi rostro ensombrecido y la miré fríamente como toda una Black.
—¿Qué haces aquí, Elladora? ¿Le has dicho a papá dónde encontrarme? Te advierto que no iré a ninguna parte y mucho menos permitiré que lastimen a la familia de Bob. Tal vez sea una traidora para ustedes, pero aún sigo siendo una Black, y sé comportarme como tal.
Mientras decía todas las palabras rápidamente sin tomar ni el aliento a la defensiva, Elladora ni siquiera pestañeaba. Me tranquilice, respiré hondo y tomé mi varita que estaba en la mesita al lado del espejo. Conocía perfectamente bien a mi familia, como para estar segura que serian capaz de atacarme a mí y a la familia de Bob. Miré retadora a Elladora, pero está me dejo helada. Sonreía de manera sincera y cariñosa, sin frialdad. Algo totalmente ajeno a ella y que me sorprendía muchísimo.
—No tienes porque estar a la defensiva, Isla. He venido porque el muggle me lo ha pedido.
¿El muggle? ¿Qué muggle? ¿De qué demonios hablaba Elladora? ¿Y cómo un fue que un muggle se contacto con ella?
Bob.
De repente recordé que durante el día de ayer Bob había estado actuando muy extraño. Pero ¿cómo Bob se contactó con ella? Y, ¿qué diablos pensaba Bob al acercarse a mi casa? Mi familia lo hubiera asesinado.
—Envió a Sapphira –dijo Elladora aun sonriendo.
¿Sapphira?
Claro, como se me había olvidado que mi lechuza me había seguido hasta la casa de Bob, pero, ¿acaso se había vuelto loco? Mi familia hubiera podido encontrarnos a través de Sapphira.
Miré asombrada a Elladora. Ésta seguía sonriendo. A pesar de que era mayor que Elladora por un par de años, siempre habíamos sido amigas y habíamos tenido la capacidad de saber que pensaba la una y la otra. Aunque ninguna había sido muy afectuosa, sabiamos que el cariño estaba ahí.
De repente la señora Hitchens, de la cual me había olvidado que estaba allí en ese momento, lanzó un grito de alegría y abrazo a Elladora. La cara de mi pequeña hermana valía un millón de galeones. Juro que se había puesto verde y la situación hubiera sido cómica, si mi hermana menor no hubiera sacado su varita. Inmediatamente levanté la mía y la apunté negando con la cabeza.
En ese preciso instante, Elladora me miro con un profundo odio, bajando la varita. La señora Hitchens la besó en ambas mejillas con mucho entusiasmo.
—Tú debes ser Elladora. La hermana menor de Isla. Me alegro mucho que hayas podido venir. Bob me dijo que había intentado contactarse contigo, pero no sabía si el pájaro de Isla te había llevado el mensaje.
Elladora me miró seria. No sabía que decir o hacer. Bob y yo habíamos decidido no contarle nada sobre el odio que le profesaba mi familia a los muggles. No solo para no ofenderles, sino también para protegerlos. Lo único que habíamos dicho era que mis padres no aceptaban que me casara tan joven y que no asistirían a la boda.
La señora Hitchens al principio había estado de acuerdo, pero luego había aceptado. La mujer era una romántica incurable y según sus palabras se moría por tener una hija, dado que no era fácil vivir solo con hombres. Bob vivía con sus padres y cuatro hermanos varones. La única mujer de la casa, era la señora Hitchens, dado que el hermano mayor de Bob aún no se casaba. Los demás eran menores que Bob, aun estudiaban, así que aún no se casarían.
Vi como mi hermana, respiraba profundamente y forzaba una sonrisa.
—Sí señora, soy Elladora Black, un placer conocerla.
—Pero no te quedes en la puerta, niña, pasa. Estás en tu casa –dijo extendiéndole el brazo para que pasara – Yo iré a ver si Bob se encargó de las flores del jardín y el salón –dijo haciendo ademán de irse, pero se detuvo cuando Elladora hablo.
—No se preocupe, señora. Ya me encargue de las flores.
—¡Oh, eso es maravilloso, cariño! Entonces iré a ver cómo va todo con la comida –dijo yéndose dejándonos a Elladora y a mi solas.
Entre las dos nos quedó un silencio ensordecedor y lo único que hacíamos era mirarnos la una a la otra.
Si Elladora había dicho que no quería volver a verme, porqué era una traidora. ¿Qué hacía allí? ¿Porqué había aceptado la invitación de Bob?
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