DISCLAIMER: Hellsing no me pertenece (por desgracia ¬¬), es propiedad de Kouta Hirano – sensei (que envidia ¬¬) simplemente soy una fan más perdida en el infinito (pero muy feliz de serlo n.n) pero eso no me quita la oportunidad de jugar un poco con mis personajes favoritos (y ponerlos en las situaciones más extrañas que puedan imaginar X3).

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Esperanza estaba fuera de la oficina de Integra, sentada muy quieta en una silla sin decir nada, Walter estaba de pie junto a ella

–No voy a ir a ningún lado… por favor, suélteme –murmuró vampiresa mirando fijamente a Walter,

–por más que me gustaría soltarla, señorita, tengo órdenes estrictas de no dejar que se vaya y la verdad es que nada me garantiza que en cuanto la deje libre no correrá –le dijo el mayordomo

–contrario a lo que pueda llegar a creer, soy una dama de palabra, y a demás, no tengo motivos para irme, a quien vine a buscar a Londres está en ese cuarto –replicó la rubia señalando las puertas de la oficina con la cabeza

–Lo entiendo, pero no podría estar tranquilo sabiendo que Sir Hellsing está tan cerca y usted anda suelta –confesó Walter con una risita

–Ostias… esto sólo me puede pasar a mí –suspiró Esperanza bajando la cabeza resignada, mientras Walter sujetaba con fuerza los hilos que la mantenían quieta.

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Integra daba vueltas por su oficina como fiera enjaulada, Alucard sólo la miraba ir y venir, la rubia lo miró y abrió la boca, pero no le dijo nada y regresó a su paseo

–Lo que tengas que decir dilo ya, amo… no todos tenemos la eternidad, como es mi caso –le dijo Alucard burlonamente, Integra lo fulminó con la mirada

–eres un descarado ¿de dónde sacaste a esa chica? –le preguntó Integra molesta

–Del mismo edificio donde estuvimos anoche –contestó Alucard, Integra lo miró contrariada

–Ya sabes a qué me refiero, así que no te pases de listo –le advirtió la rubia muy seria

–y ¿Qué demonios este medallón¿Qué significa¿Quién era su dueña? –preguntó Integra mirando el medallón abierto

–ese medallón se lo obsequié a una mujer que conocí en España hace más de trescientos años… si te interesa saberlo se llamaba María –explicó el vampiro

–bueno, eso responde a una pregunta… tuviste un romance con esa mujer ¿cierto?… espera, no contestes, es obvio que tuvieron un idilio –le dijo Integra dejando el medallón sobre su escritorio

–sí, la verdad es que María tuvo cierta… mmm… importancia dentro de mi "lista de amores", por llamarla de alguna manera, pero murió hace mucho –contestó el vampiro descaradamente

–vaya… entonces ¿quién exactamente es la mujer que está sentada afuera? –preguntó Integra fríamente, señalando la puerta

–Por lo que sé, es hija de María, y todas las flechas apuntan a que también es hija mía –contestó Alucard mirando la puerta ansiosamente. Integra lo miró incrédula

– ¿hija¿hija-hija? O ¿hija como la agente Victoria? –preguntó Integra nerviosa

–hija-hija, como cuando un hombre embaraza a una mujer y nace una niña… lo curioso es que no sabía que tenía una hija hasta esta noche… me preguntó por qué María no me dijo nada –contestó el vampiro mirando a Integra fijamente sin saber qué decir

– ¿estás seguro que ella es tu hija¿No hay ninguna posibilidad de que se trate de una farsante? –preguntó Integra

–No, es idéntica a María, tiene la edad adecuada, la procedencia correcta, incluso viene de la misma ciudad, el nombre correcto, casi nadie conocía el segundo apellido de María, el medallón que yo mismo puse en el cuello de María… y tiene mis ojos –contestó el vampiro, Integra lo miró de pies a cabeza

– ¿era bonita? –preguntó Integra sin poder contenerse, Alucard sonrió al notar una leve nota de celos en la voz de su amo

– ¿María? Sí, mucho… una rosa española de dieciséis años –contestó el vampiro

– ¿dieciséis¿Cuál es el problema contigo¡Eres un asalta cunas¡¿Cómo se te ocurre emparejarte con una adolescente?! Que digo adolescente ¡con una niña! –gritó Integra furiosa, Alucard la miró contrariado

–No te enfadaste tanto con lo de la chica policía –replicó

–Por que, en primer lugar, ella es una mujer de veinte años, y en segunda, por que no sabía que tenías como pasatiempo andar… cazando… pollitos –gritó la rubia furiosa

– ¿pollitos? –preguntó Alucard sorprendido

–sí, pollitos… fuiste a España y agarraste un pollito de dieciséis años… ¿te has visto? Tu imagen es la de un hombre de por lo menos 35, es como si le doblaras la edad… sabía que tenías un millón de manías, mañas, defectos y que eras un millón de cosas más, pero jamás imaginé que fueras un pederasta –gritó la rubia todavía furiosa, Alucard la miró molesto

–como ya dijiste, seré un millón de cosas pero no soy un pederasta… María tenía dieciséis años, sí, pero era la edad natural de matrimonio para esa época, la ideología era diferente y María no era ninguna niña a esa edad, a diferencia de muchas mujeres de ahora –contestó Alucard mirándola bastante molesto

–no me mandes indirectas que no aplican… me tienes harta, todos los días es una sorpresa diferente contigo ¿Qué más no me has dicho¿No eres gay o sí? –preguntó Integra, Alucard la miró fijamente

– ¿Por qué preguntas eso¿Acaso me he comportado de alguna manera que lo indique? –preguntó el vampiro nervioso mientras recodaba su apariencia durante la segunda guerra mundial, Integra no contestó

–Si te interesa comprobar que soy hombre por ti misma estoy dispuesto a darte una prueba ahora mismo –le dijo Alucard mirándola lujuriosamente, Integra se sonrojó ligeramente y luego recuperó su frialdad

–Quiero que resuelvas esto… la verdad es que no me interesa lo que hagas, pero resuélvelo –le dijo Integra, Alucard la miró incrédulo

–no sabía que fueras tan perversa, Amo ¿me pides que mate a mi propia hija? –preguntó el vampiro inocentemente para hacerla enojar

–no seas idiota… habla con ella y decidan que harán, y yo les diré si se puede hacer o no –le dijo Integra molesta e impaciente, "Ratas… esto sólo me puede pasar a mí" pensó el vampiro mirando la puerta, Alucard salió del despacho y miró a Esperanza, firmemente sujeta por Walter

–déjala libre, shinigami… creo que se trata de un miembro de mi familia –le dijo Alucard a Walter con una sonrisa macabra, Esperanza miró a Alucard fijamente con sus enormes ojos rojos

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Manuela había regresado a la casa y había comenzado a guardar sus cosas y las de Esperanza "tengo que salir de aquí o me van a atrapar y luego nos van a matar a las dos" pensó mientras empacaba la información que habían conseguido.

Tomó las hojas que les habían dado en el antiguo manicomio y en las prisas de meterlos a un baúl se esparcieron por el piso, Manuela maldijo por lo bajo mientras recogía las hojas.

–vaya, vaya… ¿Qué tenemos aquí? –dijo una voz en el balcón del cuarto, Manuela levantó lentamente la mirada y vio una imponente silueta recortada por la luz de la luna

–Doña Manuela de Iguarán ¿Por qué tan solita? –preguntó burlonamente la figura acercándose y la luz reveló a un hombre de unos veinticinco años, de ojos verde intenso y cabello negro rizado, largo hasta el pecho, que le caía con cierta gracia sobre la frente, Manuela se agachó al verlo

–Señor Conde… yo, lo siento –murmuró la vampiresa

–Lamento tener que darle la noticia, pero Doña Esperanza no está disponible… por lo menos no para ti, Max –le dijo Manuela altaneramente mientras se levantaba

–no está disponible ¿no querrás decir que está prisionera? Sabes que sé todo lo que ocurre con mi mujer –le dijo Max despectivamente

–Y tú deberías saber que mi ama no tiene el más mínimo interés por ti, sevillano –replicó ella

–Deberías de cuidar mejor a tu "amita querida" –le dijo él

–y tú deberías cuidar de tus palabras… déjala tranquila, a las dos, déjanos en paz, ella no te quiere ¿Por qué insistes? –le dijo Manuela mientras terminaba de guardar las cosas

–Por que, aunque tú no lo creas, la única mujer que está a mi altura es la duquesa de Alcántara y yo no voy a dejar que nadie me la quite –le dijo él tomando uno de los papeles que se le habían caído a Manuela

–Así que se ha topado con los Hellsing… sabía que le gustaban las emociones fuertes, pero eso es un suicidio –murmuró Max mirando las hojas

–con quien se haya topado o no mi ama no es de tu incumbencia sevillano, así que te aconsejo que te alejes de ella –le dijo Manuela sacando su espada de debajo de la cama

–tranquila, señorita de Iguarán –le dijo Max burlonamente y se desvaneció en la noche, Manuela terminó de empacar y preparó sus cosas para salir a busca a Esperanza la noche siguiente

"si mi ama está en esa casa debo ayudarla a salir" pensó mientras los rayos rojos del amanecer se colaban por la ventana, Manuela sacó un ataúd de debajo de la cama y cerró la puerta con llave, regresó al ataúd y se acomodó para dormir el resto del día sin que nadie la molestara

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Seras Victoria acababa de regresar de otra de sus misiones, esta vez si la habían cansado, bajó al sótano de la casa con la mirada adormilada y caminó por los largos pasillos, abajo encontró a Walter con una muchacha rubia a un par de puertas de la suya

–puede quedarse en este cuarto hasta que aclare las cosas con… ehm… su padre –le dijo mientras Esperanza miraba el pasillo algo decepcionada

–está bien… yo creo que no debí venir –murmuró la española, Walter la examinó con la mirada

–si me lo preguntas planeaba una entrada con bastante más gracia, pero aparentemente no quiere ni verme –murmuró Esperanza, miró alrededor y sus ojos rojos se posaron en Seras, que los miraba con curiosidad

–ella es la agente Victoria, es uno de los elementos más valioso de esta casa –explicó Walter "y supongo que tu media hermana" añadió mentalmente mirándolas

–hola, me llamo Esperanza Montalvo –le dijo la española cercándose y tendiéndole la mano a Seras

–Seras Victoria –contestó la vampiresa estrechando la mano de Esperanza, Seras la miró con curiosidad, Walter alcanzó a notar la curiosidad de la chica y se acercó

–La señorita Montalvo va a quedarse por algún tiempo para resolver ciertos asuntos con Alucard… ya que aparentemente es su padre –explicó el mayordomo, Seras la miró sorprendida

– ¿entonces mi amo tiene una hija? –preguntó Seras mirando a Walter, Esperanza la miró con curiosidad

– ¿mi padre es tu amo?… entonces supongo que eres algo así como mi hermana, mi hermana pequeña –le dijo Esperanza con una sonrisa muy tierna, Seras le devolvió la sonrisa y cada una entró a su respectiva habitación

Walter miró ambas puertas y suspiró

–Si tan sólo se hubiera aparecido hace cincuenta años… –murmuró pensando en Esperanza mientras regresaba a la parte superior de la casa

"agradece que no se apareció hace cincuenta años por que te hubieras ganado un enemigo, shinigami" dijo una voz dentro de su cabeza, que Walter identificó como Alucard, caminó con una ligera sonrisa hasta su habitación y se preparó para dormir

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Integra daba vueltas en su cama sin poder dormir, la discusión que había tenido con Alucard en el estudio todavía rondaba en su cabeza y unos celos se extendían por su cuerpo cuando recordó la manera en que había hablado de María

Se levantó y se sentó frente al tocador "y si él me ve como una quedada" pensó mirándose al espejo, apenas tenía veintitrés años y ya parecía de treinta

"y a ti qué te interesa como te vea" dijo una voz dentro de su cabeza, Integra se levantó y regresó a la cama

"las muchachas se casaban a los dieciséis" pensó recordando cierto episodio que había sucedido en el estudio cuando ella tenía quince años y Alucard le había dado su primer beso

"si hubiera cedido en ese momento" pensó ella concierto remordimiento "¿eres tonta o qué? Integra, si hubieras cedido en ese momento ahora estarías cargando y encargando" dijo la voz dentro de su cabeza.

La rubia se dio la vuelta dentro de las sábanas y pensó en él "tal vez si María no hubiera desaparecido no se hubiera fijado en mí… creo que ni siquiera nos habríamos conocido" pensó Integra abrazando su almohada y sintiéndose amenazada sentimentalmente por primera vez en su vida