.IV.
Salió tan apresurado que ni siquiera pudo ver que alguien lo seguía.
- Terry, espera Terry.
Una voz paró en seco al muchacho. Era una voz dulce, familiar. Giró sobre sí mismo y allí estaba ella, junto a él. Eleanor Baker había estado esperando a que su hijo saliera de la casa de los Marlow. Hacía bastante que seguía de cerca al joven aunque nunca se había decidido a llamarlo. Desde la desaparición de su hijo siempre estaba alerta de cualquier movimiento que él pudiera hacer. Por suerte y desde aquella actuación en la que ella se encontró con Cany, Terry parecía haber retomado su carrera y había dejado la bebida. Estaba más que segura de que su hijo la había visto y no entendía por qué ella no había querido hablar con él. Seguramente habrían arreglado sus diferencias y ahora estarían felizmente casados. Aquella muchacha significaba mucho para Terry, sólo con verla había salido del pozo en el que se encontraba. Él había vuelto a la actuación y se ganó ser el actor principal de la Stratford. Sabía que Robert le había ofrecido papeles principales a su vuelta pero él no los había querido, prefirió ganarse de nuevo ese estatus dentro de la compañía. Tozudo como su padre. Así era Terry, su hijo.
Aunque sus instintos de madre le decían que no todo estaba bien. A pesar de que sus actuaciones eran brillantes había algo que echaba en falta. Les faltaba la emoción que el joven imprimía en cada una de ellas antes de aquella fatídica separación. Hasta aquella noche Eleanor no se había atrevido a descubrirse ante su hijo.
Robert le había comentado que la compañía Stratford tendría que actuar en una gala benéfica en Chicago y que él se negaba a ir. Supo que tendría que hablar con él aquella noche, no podía permanecer más tiempo oculta. Ya no le importaba que la gente supiera de su relación de parentesco, lo importante para ella era el estar al lado de su pequeño.
- Terry, hijo mío.
La mujer se quedó helada al verle la cara. Su mirada era tan fría como la que había visto en él cuando había ido a visitarla a Estados Unidos y ella le había pedido que volviera a Londres, al lado de su padre. Se acercó para abrazarlo, presentía que en ese momento era lo que más necesitaba.
-Mamá, qué alegria verte. Pero dime, ¿qué estás haciendo tan tarde por aquí? Es peligroso pasear sola a estas horas, podíamos haber quedado después de los ensayos. Vamos, vayamos a mi apartamento. Pero, ¡qué alegría verte, hacía tanto que no te veía! Estás tan hermosa como siempre.
Eleanor comprobó cómo su cara cambiaba de expresión al instante. Terry podía ser tan frío como el hielo y al momento volverse el muchacho más dulce y cariñoso que hubiera conocido nunca. Se notaba tanto que se alegraba de verla. Tener cerca a su madre le había hecho bien. Llegaron al apartamento de Terry, era tarde pero tenían mucho de lo que hablar. ¿Le diría a su madre lo que sentía en ese momento? No quería preocuparla. Debía dejar de pensar en Candy, ella había elegido su propio camino y no era a su lado, era al lado de Neal Leagan. Cada vez que lo pensaba sentía un pinchazo en lo más profundo de su corazón.
- Cariño, te ves cansado. ¿Cuánto tiempo hace que no te veía? Ha pasado mucho tiempo.
- Sí, los ensayos son muy duros y en época de actuaciones tenemos que hacer un doble esfuerzo. Qué te voy a contar que no sepas, ¿verdad madre?
A Eleanor le agradaba que su hijo la llamara madre. Aquello significaba que ya no sentía rencor hacia ella. Gracias a Candy había recuperado el afecto de su hijo, le debía tanto a aquella jovencita rubia de ojos esmeralda. Dudaba si preguntarle sobre el asunto de Chicago ya que podría herir sus sentimientos y lo que menos quería era disgustarle o traerle amargos recuerdos. No le quería confesar aquello que sabía y quería que fuera él mismo quién abriera su corazón.
- Mi pequeño Terrence …
- ¿Pequeño? Mamá, ya tengo dieciocho años, y pronto cumpliré los diecinueve … ¿es necesario que me sigas llamando pequeño?
- Sí, Terry. Nunca dudes que para mí siempre serás mi pequeño y nada ni nadie hará que te llame de otra manera. Me preocupa verte tan abatido, me dices que son los ensayos y las actuaciones, ¿seguro que no hay otro motivo? Creo que otras cosas te oprimen aquí. (Dijo Eleanor señalando con su dedo índice en el corazón de Terry)
- Madre, ¿a dónde quieres ir a parar?
Aquella conversación estaba tomando un giro que no le agradaba lo más mínimo. ¿Acaso Eleanor había notado algo de su pesar? ¿Tan evidente era para los demás su estado anímico? Parecía no ser tan buen actor, al fin y al cabo.
- No, cariño. Es que yo …
Pero Eleanor no pudo disimular más. Quería preguntarle abiertamente qué era lo que le pasaba. Quería ayudarle fuera como fuera pero necesitaba saber sus sentimientos a pesar de que sabía muy bien el motivo de aquella tristeza.
- Terrence, ¿cómo está tu prometida?
- Preferiría no hablar de ese tema madre. No es algo agradable para mi. Debo serte sincero, ella es mi prometida pero yo sólo siento agradecimiento hacia ella, ella me salvó la vida, y yo…
- ¿Tú? Dime hijo, qué es lo que te lastima de esa manera.
- Mamá, yo no quiero a Susana.
- No me digas algo que tú y yo sabemos Terry.
- Pero, ¿con quién has hablado? Seguro que con Robert. Cuando lo vea va a tener que explicarme muchas cosas. Siempre intentando entrometerse en mi vida privada.
- No hace falta que nadie me diga nada. Puedes estar seguro de que Robert no me cuenta nada de tu vida y puedes creer que lo he intentado de muchas maneras. Ese hombre te quiere como a un hijo y te respeta mucho.
- ¿Entonces?
- Cariño, tu mirada no es la de un hombre feliz que esté enamorado de su prometida. Es por ella, ¿verdad?
- No sé que quieres decir con "ella". Ella se fue y me dejó. Eso es todo. Ella ya no significa nada para mi. Es parte de mi pasado.
- No me mientas, Terry. Lamentaría mucho que intentaras poner en práctica conmigo esa táctica tuya de indiferencia hacia todo.
- Mamá, no tengo nada que ocultar. Me conoces muy bien y sabes que no estoy enamorado de mi prometida. Pero preferiría que no siguiéramos hablando de estos temas. Me voy a casar y listo, quiera o no a mi futura esposa.
- ¿Cómo te puedes equivocar tanto, hijo? No puedes destrozar tu futuro, tienes que intentar ser feliz. Susana te salvó la vida pero casándote por agradecimiento no conseguirás ser feliz ni hacerla feliz a ella.
- Ya ves, soy muy buen hijo de mi padre. Como lo he odiado siempre y ahora resulta que no soy mejor que él. Cualquiera puede ver que el bastardo de Terry es idéntico al infeliz de su padre.
¡¡PLAAAFF!! Eleanor no aguantó aquellas palabras de su hijo en contra de su padre y por primera vez en su vida le dio un bofetón. Una lágrima corrió por sus mejillas, cómo podía Terry hablar de aquella manera. La verdad es que se encontraba mal, necesitaba ayuda y ella se la tendría que ofrecer aunque él la rechazara pero no consentiría que hablara tan friamente de su padre.
- Ni se te ocurra volver a hablar de tu padre de esa manera. Tú no sabes qué nos llevó a separarnos. No tienes ni idea de qué pasó y por qué tuvo que casarse así que no juzgues tan libremente Terrence.
- Lo, lo siento, mamá. Yo no, no quería decir eso. Ves, sólo tener que pensar en ella me pone de mal humor y de mi sale lo peor. No quiero saber nada, me oyes NADA de ella. No puede interferir en mi vida, esa chiquilla ya no significa nada para mi. Mi amor por ella está muerto.
- ¿Crees que no tengo ojos en la cara? No digas que no significa nada cuando ella ha sido la única que consiguió hacerte salir de aquel estado en el que estabas. (Eleanor comprendió que no tenía que haber dicho aquello pero no podía seguir escuchando las mentiras que parecía decirse a sí mismo Terry).
- ¿Cómo? ¿Qué me estás diciendo? ¿Candy estuvo allí? ¿Tú estuviste allí? Dios, no conozco ni a mi madre.
- Hijo, yo siempre he estado ahí, nunca te he dejado. Me encontré a Candy en aquel teatrillo donde actuabas.
- Era ella, era Candy. No fue una ilusión. Me vio en aquel estado... y no me dijo nada. ¿Cómo quieres que sienta algo por ella? Puedes ver que no le he importado en lo más mínimo.
- Terry, te equivocas tanto. Ella te sigue amando, no sé por qué no quiso acercarse pero estoy segura de que te sigue amando.
- ¿Tú crees? Se fue y me dejó en aquel frío hospital junto a Susana, ella eligió por los dos sin importarle en lo más mínimo mis sentimientos hacia ella. ¿Realmente crees que si me amara como tú dices no se hubiera acercado a mi? Permíteme dudarlo. Me vio y no me dijo nada. "Esa" ya no significa nada para mi.
Intentó ser todo lo despectivo que podía ser al nombrarla pero aquello le causaba gran dolor. Los ojos de Terry brillaron, estaba a punto de llorar pero intentó contenerse todo lo posible. Se reservaba el poder llorar por ella en la intimidad de su habitación. Pero aquella era la señal que esperaba Eleanor, aquello le indicaba que su hijo se encontraba abatido y que estaba a punto de derrumbarse emocionalmente.
- ¿Por qué te sigues castigando así? No mientas más, suéltalo Terry, suéltalo de una vez. Tú amas a Candy, la amaste en el pasado y la seguirás amando porque la sientes dentro de ti. Ella te hace sentir vivo. Cariño, dilo de una vez. Grita que la quieres y quítate ese peso de tu interior.
Hubiera querido poder mentirle como lo hacía con Susana, pero no podía; no a su madre. Necesitaba desahogarse con alguien y Eleanor era la única persona con la que podía hacerlo. Se sintió pequeño y débil, necesitaba abrazar a su madre y ya no se pudo contener más.
- Mamá, la necesito tanto… la quiero tanto. Pero ya no podré tenerla entre mis brazos. Elegimos nuestro futuro. La tuve a mi lado y la dejé marchar. Se fue y con ella se fueron mi alma y mi corazón. Pero pronto me casaré con Susana y tengo que aprender a olvidarme de ella. Nuestros caminos se separaron y cada uno tenemos que tomar lo que nos ha brindado la vida.
Terry no quiso contarle a su madre sobre el compromiso de Candy y Neal que acababa de leer en aquel recorte de prensa. Por un momento parecía haberlo olvidado pero al recordarlo se sintió de nuevo rabioso. Eleanor, por su parte, estaba conmovida al ver el sufrimiento de su hijo pero algo le decía que este escondía algo en su interior, que había algo más que lo atormentaba y que no se lo quería contar. No podía y no quería obligarle a sincerarse más. En cuanto llegara el momento él le diría todo lo que le estaba pasando.
- Hijo, quiero que sepas que siempre estaré a tu lado para todo lo que necesites, ¿entiendes? Nunca, nunca te olvides de que soy tu madre y estaré a tu lado siempre sea cual sea tu decisión.
- Te quiero mucho mamá. Me alegra tenerte aquí en este momento y saber que puedo contar contigo.
Terry se abrazó con su madre en un largo y cálido abrazo, aquel calor le reconfortó y sintió que todo su pesar desaparecía por unos instantes. Por un momento se sintió en paz, pero pronto volvió a su mente aquel recorte de prensa que había encontrado en casa de Susana. De nuevo aquel pinchazo en su corazón. Eleanor seguía preocupada, tenía que hacer algo por su hijo. Estaba a punto de cometer un gran error casándose con la mujer equivocada. ¿Acaso no acababa de confesarle que seguía enamorado de Candy? Cada vez estaba más segura que le ocultaba alguna cosa. Ni siquiera le había dicho que la compañía tenía una actuación en Chicago.
Eleanor marchó decidida a ayudar a su hijo y sabía quién la podría ayudar. Tenía que ponerse en contacto con él lo antes posible. La conversación con su madre lo había dejado algo alterado y una noche más la había pasado en vela sin poder conciliar el sueño. A la mañana siguiente Terry se dirigió al teatro, tenía que hablar con Robert y sabría que lo encontraría en su despacho antes de que dieran inicio los ensayos.
- Robert, ¿has elegido ya a los actores para aquella función que me comentaste? La de Chicago.
- Sí, no te preocupes todo está arreglado, Mark irá en tu lugar. Conoce bien el papel de Hamlet, será un buen príncipe de Dinamarca aunque no tan bueno como tú ... muchas jovencitas se van a desilusionar por no verte!!
- Muy gracioso Robert. Pero quisiera pedirte un gran favor. Ya sé que te dije que no y que hablaste con Mark al respecto del papel pero quiero actuar en esa obra.
- ¿Te estoy entendiendo bien?
- Robert, lo he pensado mejor y finalmente iré a Chicago. Interpretaré mi mejor Hamlet en esa función.
- ¿Me puedes decir qué demonios estás tramando?
- Hay un asunto que tengo pendiente y que quisiera resolver y necesito la máxima discreción. Terrence Grandchester será Hamlet y ese será nuestro secreto, nadie lo tiene que saber hasta el mismo momento en que de inicio la función. Ni siquiera mi madre, ¿me oiste bien, Robert?
La mirada de Terry era fría como el hielo, Robert sintió cierta preocupación en aquello que le acababa de contar el joven actor. ¿Qué estaba tramando? ¿Por qué quería ir de incógnito a Chicago? Se lo había prometido pero tenía que hablar con Eleanor, aquello no le gustaba nada. Presintió que el joven estaba a punto de cometer un gran error.
