Stranger Things pertenece a The Duffer Brothers y Netflix. No gano dinero con esto.

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Rated: K. / Family - Romance. / ( Eleven y Mike ); OC.

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LUKE ES UN JEDI

Mayo 25, 1998.

Once resoplo cuando noto que no le iban a alcanzar las chispas de colores para cubrir la cantidad de magdalenas que había preparado esa tarde y suspiro ya que debía ir a la tienda de nuevo.

- Mike, me quede corta de chispas, iré a la tienda. ¿Necesitas que te traiga algo? – pregunto Once pasando de la cocina a la sala, mientras tomaba su bolso.

Mike, quien estaba en el sillón mirando Star Wars EP. IV de nuevo, volteo a mirar a su esposa mientras ella pasaba por el umbral de la sala.

- Vamos. – dijo Mike haciendo ademán de ponerse de pie y tomando el control remoto para apagar la televisión pero ella lo detuvo, sonriéndole.

- No, cariño descuida, solo iré a la tienda, no te preocupes. Además no tengo corazón para apartarte de esta película.

Mike rodó los ojos y fingió sentirse insultado. – ¿Me estas diciendo nerd?

Once rió abiertamente y se inclino a besarlo, tomando su rostro entre sus manos y envolviendo sus labios con los de Mike. Sin importar cuantas veces lo ha besado a lo largo de los años, nunca era suficiente. Siempre quería besarlo un poco más.

- Si. – dijo la joven entre risas y sin soltar su rostro, pasando sus pulgares sobre las pecas de su esposo. – Si tardo más tiempo es porque tuve que ir al supermercado más grande. Míralo, ¿si?

El joven quedo con esa misma sonrisa en los labios cada vez que la mujer que amaba lo besaba de esa forma. Había muchas cosas que a Mike le gustaban de los besos de Once pero el sonido que hacían sus labios cuando se separaban de ese tipo de besos, era de sus favoritos.

- Por supuesto, Ce. Ve con cuidado. – susurro como todo un enamorado.

Once asintió y tomo las llaves antes de salir. Ya tenían un año y medio viviendo en la nueva casa. Los abuelos de Mike de parte de Karen habían dejado como beneficiario de la venta de su casa a su nieto, repartiendo la herencia entre su hija y sus tres nietos, algunos bonos y algunas propiedades pero él había recibido en realidad una tajada mas bien importante, seguramente porque su abuelo estaba mas que orgulloso que su único nieto varón haya seguido sus pasos y se haya graduado en la universidad que él mismo había estudiado. Sus abuelos le habían dejado también su casa pero esa casa era mas grande de lo que ellos querían, en especial Once que siempre se encontró en espacios pequeños y se entendía mejor en ellos, por lo cual compraron una casa mediana pero muy cómoda con amplio jardín delantero y trasero a dos calles de donde solían vivir cuando rentaban el apartamento. Era perfecto porque así Mike aun podía ir caminando al laboratorio.

Ese día Once había estado preparando magdalenas de colores como presentación para su clase de pastelería. Era un hobbie reciente y él le propuso que tome cursos para siempre mantenerse actualizada. Le encantaba verla feliz y ella había descubierto que era realmente buena en todo lo relacionado con la cocina y en si, en todo aquello que era manual, aun sin usar sus poderes. Y Mike debía admitir que ser su conejillo de indias era genial, en especial con esas magdalenas que luego que ella las presentara en su clase, estarían disponibles para comerse. Además Once siempre hacia mucho mas de lo que necesitaba para sus clases para que él pueda llevar a su trabajo, lo cual le gano a Mike una rápida popularidad entre el equipo de ingeniería y, además, el apodo 'Wheeler Wonka'.

Mientras en la televisión, Luke Skywalker estaba practicando con el sable de luz en el Halcón Milenario, un suave ruido distrajo al joven y se inclino sobre el catre que tenia a su lado y sonrió, quitando la pequeña manta de encima y levantándolo de allí, abrazándolo contra si mismo y llenándose de su aroma.

- Ven aquí, amiguito. ¿Quieres ver una película con papá?

Pregunto Mike mientras sostenía a su hijo en brazos.

El pequeño, de nueve meses de edad aun, miraba a su padre con esos enormes ojos heredados de su madre sobre un universo de pecas, cortesía de Mike. Once usualmente se quedaba absorta mirándolo por horas mientras ambos dormían, y él solía apreciar a su vez momentos así cuando se despertaba y veía a su esposa alimentando a su bebé; ambos siempre pensando que el pequeño se parecía al otro, generando esas divertidas 'discusiones' donde ella decía que el pequeño era igual a su padre y él insistiendo que el bebé era hermoso como su madre.

- ¿Tienes una sorpresa para mi, hijo? – pregunto Mike, revisando el pañal de su bebé y cuando reviso que seguía seco y limpio, respiro aliviado y se sentó de nuevo en el sillón con su hijo en brazos, besando la cúspide de su cabecita aun calva, ambos listos para seguir mirando la película. – Creo que te despertaste para hacerme compañía.

Mientras Obi Wan pedía a R2-D2 que se conectara a la red imperial, Mike sonrió volviendo a mirar a su bebé que no despegaba los ojos de la pantalla y se le formaba una pequeña sonrisa. Durante el embarazo, el joven se encargo de ver decenas de veces las tres películas de Star Wars junto a su esposa en un intento de que algo de todo su fanatismo se contagiara a su hijo.

- Mira hijo, esa es la Princesa Leia. Aun no lo saben pero Luke y Leia son hermanos gemelos y son hijos de Darth Vader, el sujeto de la mascara y capa negra. – susurro mientras sostenía a su pequeño en su regazo, sosteniéndolo con una mano sobre el torso del bebé y con la otra acariciando uno de sus piecitos al momento que el pequeño se volteaba a mirarlo.

- Si, yo también me sorprendí cuando me entere que Darth Vader era su padre. Estábamos con tus tíos Lucas, Dustin y Will en el cine y en ese momento cuando Vader le dijo 'Luke yo soy tu padre'… ¡Wow! – contó Mike, recreando su cara de asombro de aquel momento, tantos años atrás.

Él sabia por supuesto que su hijo no entendía nada de lo que él estaba contando, pero aun así no dejaba de hablarle mientras imaginaba lo que su bebé podía responderle en su mente. Para el joven, tener esas charlas imaginarias con su hijo era fundamental. Desde el embarazo lo venia haciendo, cuando se inclinaba sobre el vientre creciente de Once y se dedicaba a leerle El Señor de los Anillos o Cosmos de Carl Sagan, mientras ella acariciaba su cabello y se divertía con la ternura infinita de Mike por el pequeño en camino.

El pequeño volvió su mirada a la mano de Mike en su pecho y la acaricio a su forma, explorando los dedos de su padre con los suyos tan chiquitos, sintiéndose curioso por la alianza en el dedo de su padre y se inclino para probarlos con la boca. El pediatra les había dicho que le permitieran probar todo lo que quisiera porque era así como los bebés conocían el mundo a su alrededor.

Ambos adoraban verlo explorar, a su modo. Aun no sabia caminar pero ya gateaba y cada tanto podían verlo cerca de la mesita de café en la sala, sin hacer ruido y concentrado intentando ponerse de pie por sí solo. Sabían que para todos los padres, todos los buenos padres al menos, cada cosa que hagan sus hijos era una increíble hazaña pero para ellos, luego de buscarlo por tanto tiempo, el hecho de verlo ahí presente y creciendo cada día, descubriendo el mundo a su alrededor, riendo con esa hermosa sonrisa de dos dientes por el momento y esa mirada curiosa y picara bajo largas y tupidas pestañas; era la prueba empírica que los milagros existían.

Su hijo era, sin ninguna duda, el tesoro más preciado para Once y Mike. Harían lo que sea por él porque lo amaban más allá de cualquier límite, más allá de la imaginación. Él era el fruto del amor que ellos dos compartían desde que se conocieron, el acto consolidado de su unión, la vida hecha a través del amor más puro.

Casi una hora después, cuando lograron destruir La Estrella de la Muerte y la Princesa Leia condecoraba a Luke y a Han Solo, la película terminó y Mike miro a su bebé en brazos para revisar si se había quedado dormido, pero no. Ahí estaba completamente despierto todavía.

- Oye, es la primera vez que no te duermes. Me parece que haber hecho que mamá vea las películas tantas veces ha dado resultados. – sonrió, levantando al pequeño a la altura de su rostro y hablándole antes de abrazarlo y darle un besito en la mejilla, robándole una risa.

- Que cosita mas linda que eres, mi cielo. – susurro el joven, abrazándolo y poniéndose pie, yendo hacia el mueble de la televisión y quitando la película de la videograbadora para guardarla de nuevo. Se quedo un momento allí de pie, meciendo a su hijo mientras este ponía ambas manitos sobre su cara y reía al tiempo que Mike entonaba la Marcha Imperial, haciendo que el bebé se ria más y más.

En un momento, el pequeño miro a los lados y apunto con su dedo a una fotografía donde estaban Mike y Once en la noche de su graduación y él sonrió, acercando a su hijo a la foto pero sin dejar que la tome. El cuadro era grande y pesado y si la tomaba, se podría caer, aun así el pequeño rió y se movió emocionado.

- Si, mi amor, somos mamá y papá. Ese es el día que fuimos a nuestro baile de graduación. Mamá estaba despampanante, ¿no crees? Recuerdo muy bien la cara de tu abuelo cuando ella salio de su cuarto con ese vestido y la mirada que me dio a mi antes de irnos. – dijo entre risas y se inclino hacia su hijo, como diciéndole un secreto. – Yo creo que pude preveer lo que pasaría esa misma noche.

En ese momento Once estaba viendo la escena desde el umbral que separaba la cocina con la sala de estar, ya habiendo llegado de la tienda y estaba mirando a su esposo y a su hijo con una amplia sonrisa mientras Mike hablaba con el bebé, sin notar que ella estaba ahí. Ce siempre creyó que Mike era el hombre mas dulce y tierno que había pisado la tierra pero desde que ella le dijo que estaba, al fin, embarazada, sus cuidados y su amor aumentaron aun mas de lo que parecía humanamente posible para una persona que, ya de por si, era todo bondad y entrega.

- ¿Te gusta ver fotos, amiguito? Bueno a ver… – comenzó el joven a mirar sobre los retratos en el mueble y paro en uno de muchos años atrás cuando tenían catorce años.

Era una foto de todo el grupo en el primer Halloween que Once pudo salir a pedir dulces con ellos en 1985. Dustin se había disfrazado de Chewbacca, Lucas de 3-CPO, Max – habiendo perdido una apuesta con Lucas – se había disfrazado de R2-D2, haciéndose todo el armazón desde los pies a la cadera y vistiendo en toda la parte superior, una malla negra para resaltar toda la parte inferior. Will se había disfrazado de Luke Skywalker, Once de la Princesa Leia y Mike de Han Solo, por supuesto. Había sido una de las mejores noches de su vida. Haber visto a su novia disfrutar de tanta libertad, verla correr emocionada y a la vez asustada de forma sana con los disfraces y las decoraciones a su alrededor, había sido un espectáculo en si mismo. Todo la había asombrado y en cada decoración, en cada dulce que le daban, en cada broma ella tomaba la mano de Mike con tanta emoción queriendo compartir con él todo aquello que la llegaba a fascinar. Su sonrisa era enorme, sus ojos brillantes y pudo ver en su mirada esa noche, que ella se sentía tan feliz como siempre lo deseo.

Mike y Once habían hablado sobre qué le dirían a su hijo sobre el pasado de su madre. De momento no tenían algo decidido ya que cada vez que tocaban el tema, cambiaban de parecer. A veces creían que no decirle nada seria la mejor idea para no abrir viejas heridas en ella y, por otra parte, pensaban que decirle la verdad era lo mejor porque no querían tener secretos con su hijo. Y de nuevo de esa misma línea de idea volvía a surgir la cuestión, de que algunos secretos estaban bien si era con el fin de protegerlo. Al menos siempre estaban de acuerdo aun si cambiaban de opinión y, en realidad, Mike solo diría que si a lo que sea que Ce quiera hacer porque era su historia. Por el momento ella usaba sus poderes de vez en cuando frente al bebé, pero lo que si ya estaba decidido y ambos también estaban de acuerdo en eso; había sido en no usarlos una vez que su hijo este lo suficientemente crecido para comprender que lo que ella hacia no era fantasía. Al menos hasta que decidan qué decirle y que él entienda que había cosas que nadie fuera de sus padres podría saber.

- Esa noche conseguimos una cantidad inmensa de dulces pero, ¿sabes que fue lo mejor en mi opinión? – le pregunto al bebé mientras él seguía mirando fotografía y el pequeño lo observaba. Mike tenía una enorme sonrisa y su mirada era profunda y llena de maravillosa nostalgia y felicidad. – Ver a Ce tan feliz. Tan libre y tan feliz que en más de una ocasión esa misma noche, me encontré tan conmovido por la forma en la que ella estaba disfrutando de la libertad que tanto soñó, que quise llorar de pura alegría. – le contó y le beso la frente a su hijo. – No le digas a mamá.

Ce, que estaba escuchando mientras Mike y el bebé estaban de espaldas a ella, sin haber notado su presencia aun, no pudo evitar sentir como se le humedecían los ojos al saber que aquella noche tan memorable, las veces que creyó que Mike se rascaba los ojos en realidad había estado apartándose lagrimas causadas por la felicidad que ella había sentido, y por lo mucho que la amaba. Era increíble como él podía sorprenderla y hacerla sentir tan adorada, aun sin saberlo.

- Y se veía preciosa, ¿no lo crees? – comento, haciendo énfasis a su esposa – en aquel momento su novia – vestida con esa tunica blanca y los rodetes a los lados de su cabeza. – ¿Te cuento otra cosa? Cuando vi a mamá vestida así, fue en ese momento que tuve una revelación: de que algún día iba a casarme con ella. Quizás fue por el disfraz, no lo se, pero cuando camino hacia mi al bajar de la camioneta de tu abuelo Hopper, pude verla viniendo hacia mi en un vestido similar lista para volverse mi esposa. – suspiro en la dulzura de su recuerdo, acariciando la cabecita de su pequeñito antes de volver a soñar en voz alta.

- Algún día espero que te enamores de alguien de la misma forma que yo amo tu mamá, desde el átomo mas infinitesimal de mi cuerpo hasta la galaxia mas lejana del infinito universo.

El pequeño, que no dejaba de mirar a Mike, le regalo una amplia sonrisa detrás de su chupon y él solo rió en respuesta, acariciando su cabecita de nuevo y dándole un beso en la frente. Esa pequeña criatura no tenia idea de lo importante que su huella era en el corazón de sus padres desde el momento cero de su existencia. Vivian maravillados por su perfección desde que nació. Al igual que el lazo que unía a Mike y Once, la unión que ambos hicieron con él desde el momento que se enteraron que existía en el vientre de su madre, ese lazo nuevo se volvió inquebrantable desde el instante que vieron su rostro en vivo y en directo por primera vez en la sala de parto. Pero cuando el bebé abrió la boca y lloro vida a sus pequeños pulmones, su voz se convirtió en un dulce hechizo lanzado a ambos corazones de Mike y Once. Fue un hechizo que transformo a una esposa y a un esposo, en una madre y un padre. Un hechizo de amor, porque el amor que ellos compartían el uno con el otro de pronto estaba ahí respirando, llorando y viviendo independiente en la forma de un nuevo ser humano. La vida que ellos crearon. Su primer hijo.

- Y también así de mucho te amamos a ti, amiguito. Desde el momento que supimos que ibas a llegar, aun antes de conocerte nos has traído una alegría mas grande de lo que podemos llegar a explicar. Y te amaremos cada día de nuestras vidas, hasta el día que dejemos de respirar.

Para ese momento, Once estaba tapándose la boca con ambas manos para evitar que le salga el sonido mientras sentía las lagrimas caerle libres por el rostro. Era una tontería quizás, pero ver esos momentos de unión entre su esposo y su hijo, en ver esa felicidad y ese amor en su casa con la familia que había creado en comparación con los primeros años de su vida hasta que conoció a Mike; le hacían emocionarse sintiendo nada mas que agradecimiento a toda la vida por haber echo de ese joven, su destino.

Mike se quedo mirando a su pequeñito un momento, llenándose de sus ojos curiosos y fascinados como cada vez que sus padres hablaban con él. Aunque en un rincón de su mente Once y Mike sabían que el bebé no entendía realmente qué es lo que le decían, siempre estaba esa sonrisa y pensaban que quizás, a su modo, él comprendía.

- El día que naciste…- comenzó Mike de nuevo volviendo a apuntar la foto en la que estaban vestidos como sus personajes favoritos de Star Wars. – Mamá había ganado una apuesta que teníamos hecha porque yo creía que serias una niña y ella creía que serias un niño, como lo eres y aun así me dejo a mí elegir tu nombre porque sabía que quería nombrarte como el héroe más increíble de toda la galaxia. – susurro y acaricio la nariz del pequeño, robándole otra risita. – Nuestro pequeño Luke.

Aun sin haberse dado cuanta que Once estaba allí apoyada en el umbral de la sala escuchando a su esposo y a su hijo compartir un momento especial, Ce estaba a punto de hacerse notar cuando Mike volvió a hablar.

- ¿Sabes una cosa, amiguito? – comento Mike quien tenia abrazado a su pequeño, meciéndolo contra su pecho y con los labios en su cabecita calva mientras se llenaba del aroma de su hijo. – Yo creo que mamá de alguna forma estaba segura que serias un niño. No me sorprendería. – dijo con una sonrisa. – La fuerza es poderosa en mamá. Ella, básicamente, es como un Jedi.

Le contó y Once tuvo que morderse el labio para no reír cuando vio la cara del bebe, como si hubiese entendido lo que su papá le decía.

- Si, mami es un Jedi. – susurro Mike entre risas, acariciando su nariz con la de su bebito, mirando los ojos de su pequeño. Los enormes ojos que heredo de Once, que heredo… De pronto, mientras veía a su pequeño mirando sus propias manitos en el pecho de su padre y entretenido con su chupon de a ratitos, Mike tuvo otra revelación. Si Once era como un Jedi, si Once tenia la fuerza, quizás…

Mike miro entonces la mesita donde estaba apoyado el teléfono y miro a su bebé y luego observo una pluma en la mesa, tomando con más cuidado a su hijo y acercándose a ella.

- Me pregunto… - susurro el joven observando al pequeño, tan hermoso, tan inocente. Era simplemente sana curiosidad, nada que se le parezca a lo que aquel tipo le había hecho a su esposa, pero la idea de pronto se le hizo un misterio que quizás, solo quizás tendría ese mismo día una respuesta. Tomo con cuidado la manito de su pequeño y apunto hacia la pluma junto al teléfono, el pequeño miro también y aunque Mike realmente no esperaba que sucediera nada…

Allí, la pluma que usaban para anotar cualquier mensaje tembló sobre la libreta y, lentamente se levanto hacia arriba y floto durante cinco segundos ante la mirada atónita e impresionada de Mike quien, en cuanto vio la carita de su pequeño tan impasible y la pluma en el aire, dejo su manito y lo abrazo acariciando su cabecita y meciéndose con él, como hacia cuando querían calmarlo aunque en realidad esta vez, era él quien necesitaba calmarse. Estaba atónito como nunca.

- Mi hijo… es un Jedi. – susurro, casi en estado de shock. – Luke, eres un Jedi. – su voz era apenas audible, sus ojos abiertos como platos, su mandíbula colgaba de su cara y justo en ese momento el sonido de una risotada lo hizo voltear y ponerse rojo como una manzana.

Porque ahí estaba Once, su esposa, aun con un dedo levantado hacia la pluma del teléfono y haciéndose esfuerzos por no desplomarse en el suelo de la risa.

- Oh, mi amor. ¡Debiste ver tu cara! – dijo la joven sosteniéndose de la pared y apoyando su rostro en una mano mientras las lagrimas que había soltado por la ternura de su esposo y su hijo, se volvían lagrimas de risa ante la broma que le había hecho. Y Mike, aunque en un inicio se sintió un poco ofendido, miro a Luke y su sonrisa que era contagiada por las risas de su mamá, y volvió a mirar a su esposa sin poder evitar él también comenzar a reírse de si mismo.

- Luke, mamá le jugo una broma a papá. Es hora que conozca el poder del lado oscuro. – dijo con voz dramático y pegando su rostro al oído de su bebé quien comenzó a reír mas fuerte, mientras ambos se acercaron a Once con rapidez para atacarla a besos.

La joven fingió correr solo dos pasos antes de ser atrapada por los bracitos estirados de su bebito que rodearon con amor su cuello mientras reía en su oído, llenando a Once de la música mas maravillosa mientras Mike, besaba su cuello y le robaba mas risas entre trompetillas y mordiscos.

Once estaba segura que si buscaba la palabra felicidad en el diccionario, habría una foto adjunta de ese preciso momento.

Cuando Mike decidió que había castigado a su esposa lo suficiente, le paso al bebe y le limpio las lagrimas con el dedo antes de darle un beso en los labios. – Tienes suerte que este tan enamorado de ti, Ce – susurro con una gran sonrisa aunque él siempre creyó que, en realidad, era él el afortunado.

Once sonrió. – Yo también te amo, Mike – dijo entre pequeñas risitas, recuperando el aliento mirando a aquel que era la razón de su vida.

Pero todo momento de dulzura siempre debe ser interrumpido en algún momento y el pequeño pensó que era hora de que le cambien el pañal.

- Oh, creo que la fuerza encontró otra salida. – bromeo Mike y la joven tuvo que ocultar su rostro en el huequito del cuello de su bebé para no reír a carcajadas de nuevo.

- ¡Cielos, amor, me voy a orinar de risa!

Mike sacudió la cabeza sonriendo y le dio otro beso en los labios y luego en su frente antes de rodearla con el brazo sobre sus hombros y comenzar a caminar hacia el cuarto del bebé para cambiarle el pañal.

- ¿Conseguiste las chispas que te faltaban?

- Si, pero tuve que ir al otro súper mercado al final y no sabes la cantidad de gente que había.

Mientras Mike y Once hablaban animosamente y ella le contaba sobre el supermercado abarrotado de personas, comparándolo con el gentío que solía acumularse en la víspera de Día de Acción de Gracias, y sobre como la habían conmovido al llegar a casa y verlos a él y al bebé compartiendo un momento tan hermoso mientras ella lo escuchaba contarle sobre aquel Halloween de 1985; ninguno de los dos jóvenes noto que al bebé se le había caído el chupon de la boca. Y tampoco notaron que el pequeño quien estaba apoyado contra el hombro de su mamá mientras ellos estaban sumergidos en sus risas y su charla, observo con cuidado el chupon en la alfombra y este tembló y voló en el aire, volviendo a la boca de donde había caído.

Una sonrisa se formo en la pequeña boquita de Luke Wheeler y cerró los ojos concentrado en el suave murmullo de la risa de mamá y papá, mientras apenas comenzaba a ser conciente que la fuerza también corría por sus venas.

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¡Hola a todos! Bueno espero que les haya gustado este capitulo. Hace mucho lo tenía en mente xD

Star Wars pertenece a George Lucas, y creo que ahora también a Disney.

Bueno, el capitulo anterior avise que estaba bastante desalentada por los reviews que la gran mayoría que lee, nunca me deja. Por suerte, además de la maravillosa FunloveHa, otras personas han dejado review, ¡así que gracias a ustedes! Una persona creo que quiso dejar emojis, aviso que solamente emojis no califica como review, y a mi me toma varios días encontrar el tiempo para escribir, mientras dejar un comentario solo toma dos minutos, máximo. Por favor si leen, comenten.

Dicho esto, agradezco el apoyo y en el próximo capitulo volveré a sus épocas de adolescentes.

¡Hasta la próxima!