Chapter 4 Los amigos de verdad

Me desperté dentro de mi nuevo fuuton, ya acostumbrada a él. Recordé claramente que se me había caído una pared encima, pero Otosama me había salvado. Ahora ya llevaba una venda en el brazo, pero no me impedía moverlo. Mi estómago gruñó. Volvía a tener hambre.

Gateé hasta la puerta (me era más fácil que andar) y la abrí un poco, mirando que no hubiera nadie vigilando. Salí y guiada por los olores, llegué a la cocina, donde había un plato encima de la mesa.

Intenté alcanzarlo, pero no llegaba. Tenía hambre y me desesperaba, así que subí encima como pude y comí lo que había en el plato. Parecía puré, pero me gustó, así que me lo terminé todo.

-¡Ariadna! -exclamó una voz detrás de mí, abriendo la puerta de golpe, dándome un susto de muerte.

La miré como si me hubieran pillado infraganti, con las manos en la masa (literalmente).

-Ru-Rukia-neesama... -dije, con una pequeña sonrisa, intentando que olvidase que me acababa de comer un plato que no sabía si era mío o no.

-¿Qué haces ahora? -preguntó, en tono de reproche- No deberías comer lo primero que te encuentras... Y mira cómo te has puesto.

-Pero hambre...

-Entiendo, la próxima vez búscame, ¿vale? Aunque eso lo habían preparado antes para ti, así que igualmente te lo habrías comido. -sonreí ante eso- Pero vamos a lavar esas manos, ¿nee?

-¿Otosama? -pregunté, mientras ella lavaba.

-Ha salido un rato, pero volverá pronto. Nii-sama sólo habrá ido a pagar los desperfectos de la mansión otra vez. ¿A qué quieres jugar? -me preguntó.

La miré mientras pensaba en Otosama. Debía haber dormido unas tres horas, cómo siempre hacía, así que en ese momento estaba llena de energía.

-No sé...


Me miró con esa carita de duda. No sabía a qué jugar, claro, porque no conocía muchos juegos. Me dediqué simplemente a hacerle cosquillas y a contarle cuentos. Era increíble la forma en que se sorprendía cuando ocurría algo en el cuento que a mí me parecía muy obvio... pero bueno, una niña es una niña, por muy lista que parezca.

-Nee, Onee-sama... -dijo, cuando terminé el décimo cuento- ¿Puedo ir con mis amigos?

-¿Tus amigos? ¿En el Rukongai? -le pregunté, sorprendida.

-Sí... quiero verlos... -se quejó, con lagrimitas en los ojos. Era normal que los echase en falta, hacía ya un mes desde que Nii-sama la había llevado al Seireitei.

-Pero no puedes ir al Rukongai sola. No puedo llevarte yo porque necesitaría autorización, pero tal vez más tarde cuando vuelva Nii-sama se lo comento y es posible que te lleve, ¿de acuerdo?

-¿Por qué sola no?

-Puede ser peligroso, hay Hollows...

-¿Qué son jolous?

-Hollows. Son almas que se han transformado en monstruos. Los Shinigami nos encargamos de ellos y os protegemos de ellos. -le expliqué, intentando que me entendiera.

-¿Trabajo Shinigami?

-Sí.

Hizo que sí con la cabeza, con la mirada perdida. Tuve un presentimiento.

-Oye, ni se te ocurra estar sola en el Rukongai, ¿de acuerdo? Ahora Onee-sama debe ir a su escuadrón, pero volveré pronto. -añadí, acariciándole el pelo, después de recibir un aviso.

Hizo que sí con la cabeza y miró por la ventana cómo me iba. No iba a estar sola, tenía un montón de sirvientes en la mansión... me intenté convencer de que no pasaría nada.


Unas horas más tarde...

-Rukia, Ariadna, he vuelto. -dije, mientras iba abriendo puerta tras puerta- ¿Dónde estáis?

Busqué el reiatsu de ambas, pero sólo encontré el de una. Me dirigí a esa habitación cuando la puerta se abrió de golpe, y alguien chocó contra mí.


-¡No está! ¡Ariadna no está, no la encuentro, Nii-sama! -exclamé, furiosa conmigo misma, por haber creído que se iba a estar quieta dentro de la mansión, mientras sentí que estaba a punto de ponerme a llorar.

-¿Dónde habrá ido? -se preguntó Nii-sama, muy calmado.

Lo seguí de cerca y vi que claramente no estaba tan calmado. Abrió armarios, puertas, sótanos... pero Ariadna no estaba allí. ¿Dónde podía haber ido una niña de apenas un año? ¿Y sola? ¿O alguien se la habrá llevado sin que nos demos cuenta?

-Fui al escuadrón porque recibí una llamada de taijô, les dije a los sirvientes que estuvieran con ella... pero cuando he vuelto Ariadna no estaba... -iba explicándole, nerviosa.

-La encontraré. ¿Ha dicho algo, antes de que te fueras?

-Pues... -rememoré los cuentos que le había contado y luego su pregunta- ¡Me ha preguntado si podía ir al Rukongai! Resulta que tiene amigos allí...

-Ya sabemos dónde está. Tú busca en el Seireitei, yo iré al Rukongai y preguntaré en la casa dónde estaba si la han visto.

-¡Sí!


En esos momentos, en la zona dos del Rukongai...

-¡Esperadme! ¡Chicos! -gritaba, corriendo como podía detrás de ellos.

-¡Es Ariadna! ¡PARAD! -ordenó el líder, parando en seco a todos- Hacía tiempo que no te veíamos...

-Estaba con Otosama. -les conté, con una gran sonrisa.

-¿El hombre que se te llevó es tu padre? -preguntó el líder, llamado Ryûji.

-Sí, Otosama es muy bueno conmigo. ¡He conocido a los Shinigami! -exclamé, feliz. Necesitaba hablar con alguien, aunque me era difícil ya que había palabras que me costaba decir.

-¿Los Shinigami? ¿Has estado en el Seireitei?

-Sí. Otosama es un capitán... había uno con una barba muy larga, otro con una capa de flores, otro con el pelo blanco...

-¿Cómo se llama tu padre? -preguntó Ryûji, con una expresión en la cara que no entendí.

-Kuchiki Byakuya... -dije, recordando que había oído que lo habían llamado así- Lleva el seis en su capa...

-¡Es un noble! -gritó, alejándose unos pasos de mí.

-¿Y?

-¡Nos has traicionado! ¡Ya no eres parte de nuestro grupo! Mejor dicho, ¡nunca lo has sido! -siguió gritando, mirándome muy mal.

-Pe-pero...

-Además, ¡nos has engañado a todos! Dijiste que no tenías dinero, ¡y eres noble! -dijo otro.

-Ryûji... -empecé, avanzando hacia él.

-No te creas que eres mi amiga.

Me quedé parada, mirándolo a los ojos. No lo entendía. Lo que me decían sus ojos era diferente a los que decían sus labios. Los desvió mirando al suelo.

-No vuelvas por aquí. -añadió, antes de darse la vuelta e irse, seguido de su grupo de incondicionales.

Me alejé de allí caminando lentamente, sin entender por qué Ryûji no me quería como su amiga, aún sin asimilar del todo que me hubieran echado.


-¡Ariadna-chan! -me llamó alguien, delante de mí.

A pesar de todo, levanté la mirada y vi a Ukitake y a Kyôraku.

-Hola. -respondí, sin molestarme en poner alegría en mi tono de voz.

-Byakuya y Kuchiki te están buscando, así que estabas aquí... -dijo Ukitake, aliviado- ¿Ha ocurrido algo? -preguntó, al darse cuenta de mi estado.

Hice que no con la cabeza, pero las lágrimas, esas pequeñas traicioneras, salieron de mis ojos.

-No llores, Ariadna-chan, no llores. -me consoló Kyôraku, agachado- Las chicas sois más guapas cuando sonreís.

-Pero... Ryûji me ha dicho... -intenté contar, pero no sabía cómo expresarlo.

-¿Por qué no vamos a ese puesto de confetto? -sugirió Ukitake- Te los pago yo, venga.

Acepté los dulces, pero no me animaron mucho.

-Entonces ese niño llamado Ryûji, ¿te ha dicho que no sois amigos porque tu padre es noble?

-Sí...

-Mira, Ariadna: hay muchos tipos de amigos. Pero siempre hay dos tipos que están muy claros. Los de verdad y los falsos. Los amigos de verdad te aceptan pase lo que pase, seas quién seas, sin importar lo que hayas hecho o lo que harás siempre están a tu lado. -siguió Ukitake- Ese Ryûji, por mucho que te duela, tal vez siente rencor por los nobles y no quiere tener nada que ver con ellos, o tal vez simplemente sufrió un gran desengaño y por el enfado del momento te dijo eso. Si de verdad fuera tu amigo, nunca te hubiese dicho algo como eso.

-Tienes razón... -dije- Pero sigo sin entender por qué a Ryûji no le gustan los nobles...

-Si algún día vuelves a verlo, puedes preguntárselo.

-¡Sí! -respondí, mucho más animada.


Mirando desde el techo de una de las casas...

-Miradla, con esos capitanes... -dijo uno, lleno de envidia.

-Es repugnante, como se ha ganado su aprecio.

-¡Silencio! -exclamé, harto de que los tontos de mi grupo no entendieran nada- Ya nos podemos ir.

Bajé por la parte trasera del edificio. Me sabía mal haberle dicho todo eso, y tenía que comprobar que estaba bien. Me prometí a mí mismo que, si volvía a verla, le contaría la verdad... la verdad sobre su padre, la verdad sobre todo, incluido yo mismo.


Autor:

Este capítulo ha terminado misteriosamente... jejeje... ¡Qué mala soy! XD En verdad tengo una ligera, "muy ligera" idea de lo que pasará a continuación... es decir, que estoy escribiendo esta historia siguiendo mi instinto, las manos se me mueven solas encima del teclado del ordenador, así que si encontráis alguna cosa rara o sin sentido, dejad un review o enviadme un mensaje para que me de cuenta :P (también acepto reviews con elogios xD)


En el siguiente capítulo:

-Vuelve a repetir lo que has dicho.

-¡Quiero ser Shinigami! ¡Te lo estoy diciendo bien claro, Otosama!

-Y yo digo que no. Es peligroso.

-¿¡Por qué no!? Tengo diez años, ¡soy suficiente mayor como para decidirlo!

-Eres una niña.

-¡Estoy harta! -grité, dando un portazo.

-¿Dónde vas? No hemos terminado-

-¡No te importa! ¡Voy donde yo quiero! ¡A un lugar donde alguien me entienda!

Salí corriendo de la mansión, hecha una furia. Era mi peor cumpleaños.

Fin del avance.