Hola!!!
Bueno yo se que no tengo escusas para justificar la demora de este capitulo pero de verdad me costo mucho… siento como que me estoy desviando de la idea original…
Pero finalmente pude concluir el capitulo, espero que les guste ya que me costo mucho poder terminarlo… disfrútenlo!!!
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FINJAMOS…
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Durante todo el camino de regreso al departamento Serena mantuvo la mirada fija en los enormes edificios que iban pasando a través de la ventanilla del auto, por su cabeza pasaban tantas cosas que simplemente no podía enfocarse a ninguna de ellas, lo único que deseaba en ese momento era beber algo hasta quedar completamente inconsciente pero sabía que eso era lo ultimo que podría hacer esa noche. En primer lugar sobresalía el hecho de que Zafiro detestaba verla beber y en segundo lugar estaba la forma tan extraña en la que el peliazul había decidido que se marcharan del restaurant cuando apenas si tenían una hora de haber llegado, sabía que algo había ocurrido para que él actuara de esa manera y por si fuera poco en todo el camino no le había dirigido la palabra cosa realmente extraña, pero que hasta cierto punto le agradecía, no quería enfrascarse en una conversación en la cual el único participante era él cuando su cabeza no dejaba de reproducirle la forma en la que Yaten la había enfrentado. El la odiaba, finalmente lo había comprobado… la odiaba y ella simplemente no podía culparlo ya que ella también se odiaba.
Cuando llegaron al estacionamiento del edificio, el peliazul la ayudo a bajar del auto y le ofreció su brazo para caminar hasta el departamento. A pesar de que él se estaba comportando como siempre Serena noto algo diferente en su mirada, algo no era del todo normal. Pero su inquietud fue respondida una vez que Zafiro cerró la puerta del departamento tras de si, soltando una bofetada contra la rubia. Por primera vez el se había atrevido a golpearla.
– ¡¡Me puedes explicar con quien demonios estabas hablando afuera de los baños!! – le grito mientras la sujetaba violentamente del brazo.
Pero Serena había entrado en un estado de pánico que no pudo articular palabra alguna, el golpe de Zafiro le había recordado los golpes que había recibido años atrás, lo miro horrorizada y por un segundo le pareció estar viendo el rostro del hombre que le había destrozado la vida.
– Serena… – la llamo nuevamente, solo que esta vez su tono de voz era más suave. Se sintió como un verdadero patán, nunca antes se había atrevido a ponerle una mano encima a una mujer, pero en ese momento estaba lleno de cólera que no se detuvo a pensar.
La había visto cuando hablaba con aquel peliplateado afuera de los baños, también se percato de la forma en que la sujetaba, pero cuando estaba por ir tras ella, la vio abandonar a aquel hombre y regresar junto a él. Minutos después no pudo soportar la insistencia con la que ese hombre seguía observando a la rubia y prefirió sacarla de ese lugar.
Pero en ese momento al verla tan atemorizada frente a él comprendió que había cometido una estupidez, se pregunto que si acaso no habían sido suficiente cuatro años, en los cuales la rubia se dedico en completamente a él, para ganarse su total confianza. Por primera vez se detuvo a pensar que lo más obvio era que aquel hombre la abordara cuando la vio salir del baño, después de todo era ella muy hermosa y podía despertar el deseo de cualquier hombre.
– Lo siento, no debí hacerlo… – se disculpo mientras la abrazaba, sintiendo por primera vez el temblor en el cuerpo de la rubia y se maldijo a si mismo por haberla puesto de aquella manera – Fui un estúpido por favor perdóname – le pidió mientras tomaba su rostro con una de sus manos y limpiaba las lágrimas que habían escapado finalmente de sus celestes. Y acarició el lugar donde la había golpeado minutos antes. Serena tenía la mejilla muy colorada y seguramente al día siguiente tendría un moretón espectacular en la misma zona.
– Por favor di algo… – le pidió al ver que ella solo atinaba a bajar el rostro evitando seguir mirándolo.
– No te preocupes, no pasa nada – le respondió finalmente, después de todo siempre había creído que el hombre que tenía frente a ella tenía todo el derecho a hacer lo que quisiera con ella.
Zafiro la besó en la mejilla mientras buscaba dentro de su abrigo, sacó una pequeña cajita de terciopelo negra y la abrió frente a sus ojos dejando ver una hermosa sortija.
– Nos casaremos en cuanto obtenga mi divorcio… y esta sortija es algo así como un recordatorio de que me perteneces – le susurro cerca le oído – Ahora por que no vas a descansar, quede de ir a tomar unos tragos con mis socios después de traerte… – le explicó y después se despidió de ella con un beso antes de salir del departamento con el único propósito de encontrar a la única persona que podría decirle quien era el hombre que se había atrevido a poner los ojos en su mujer.
En cuanto escucho la puerta del departamento cerrarse Serena busco una botella de whisky, se sirvió una copa y la bebió de un solo trago, mientras sus lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, por fin se sentía libre para ponerse a llorar. Pensando que si años atrás su intento de suicidarse no hubiera fallado, nunca hubiera tenido que enfrentar la mirada llena de odio del hombre que más amaba. Por que el odio con el Yaten la había enfrentado le dolía mucho más que el golpe que había recibido esa noche.
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Yaten estuvo en el restaurant un par de hora más, aunque durante la cena el peliplateado había estado un tanto distraído, no podía sacarse de la cabeza su reencuentro con Serena, cosa que no paso desapercibida por nadie, y para Andrew fue más que obvio que había sido la presencia de la amante de Zafiro Black la responsable.
Una vez que se encontraron en el estacionamiento, Andrew se despidió de ellos y comenzó a caminar hacía su vehículo, apenas si había dado unos pasos cuando la voz del Yaten le impidió seguir caminando.
– Andrew… – lo llamó el peliplateado mientras caminaba hacía el rubio – Vive en un departamento en el centro, pero será imposible que puedas hablar con ella en privado ya que he escuchado que afuera de su puerta hay dos matones cuidando el tesoro más grande de Zafiro Black – le explico el rubio sin esperar a que Yaten preguntara o dijera cualquier – Debe haber alguna manera, crees que podrías ayudarme a acercarme a ella… pareces conocer mucho sobre ellos – dijo el peliplateado al ver contestadas algunas de sus preguntas sin necesidad de haberlas formulado. Después de todo no estaba dispuesto a darse por vencido, ahora que finalmente la había encontrado descubriría la verdad detrás de todo el misterio que envolvía su abandono – Así es, Zafiro y yo somos primos, pero como él no se separa de Serena nunca no conozco mucho sobre ella, simplemente apareció de la nada hace cuatro años y hasta la fecha es el eterno dolor de cabeza de la familia de mi madre – confeso mientras se rascaba la cabeza con una sonrisa en el rostro – Entonces… – balbuceo el peliplateado – Lo haré, estoy dispuesto a ayudarte para que puedas acercarte, por lo pronto mañana iremos a este bar… no faltes – aceptó el rubio mientras le entregaba una tarjeta de un lugar llamado "Avanti's Neighbourhood Pub" y después se alejo rumbo a su auto. La realidad era que le intrigaba a sobremanera saber por que el peliplateado estaba tan interesado en la mujer de su primo, pero le intrigaba aún más ver hasta que punto podía llegar Zafiro para proteger lo que solía llamar su tesoro más preciado.
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En cuanto los hermanos Kou llegaron al departamento Lita se despidió argumentando que estaba un tanto cansada, pero la verdad era que quería dejarlos solos, ella conocía por Taiki la historia de amor que hubo entre la rubia que habían encontrado en el restaurante y el hermano de su marido, por lo que comprendió que sería mejor dejarlos solos.
Una vez que ambos escucharon la puerta de la habitación donde dormía Taiki junto con la castaña Yaten se dejo caer pesadamente sobre uno de los sillones de la estancia mientras que Taiki le servía una copa.
– Lo mejor será que regreses a Japón, yo solo puedo hacerme cargo de nuestros negocios – habló el castaño, entregándole la copa para después sentarse frente a él – Necesito hablar con ella, quiero que me explique por que – habló el peliplateado ignorando por completo las palabras de Taiki – De que te serviría saber – pregunto el castaño mirando a su hermano como bebía de un golpe el resto del vino de su copa – Aunque te lo explicará no entenderías… – respondió el peliplateado y abandono la estancia para entrar a su recamara dejando solo al castaño. No tenía humor para ponerse a discutir con él, después de todo no estaba dispuesto a regresar a Japón y seguir fingiendo que nada había pasado y que seguía siendo el mismo de antes cuando algo dentro de él le exigía una explicación que solo ella podía darle.
Una vez en su habitación Yaten se recostó sobre la cama, no podía dejar de pensar en lo diferente que lucía la rubia, definitivamente no se parecía en nada a la mujer de la que se había enamorado, nunca la creyó capaz de convertirse en la mujer de un hombre casado. Sonrió ligeramente pensando en todas las veces que se contuvo para no hacerla suya, y seguramente en ese momento estaría teniendo relaciones con su amante. Todos lo años que estuvieron juntos ahora le parecían tan falsos que por un momento deseo no haberla conocido nunca, pero la realidad era que no cambiaría ni un solo momento de los que paso a su lado por nada en el mundo.
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Cuando Zafiro llegó ya pasaban de las tres de la mañana, dejos su saco sobre el sofá de la estancia y entro a la habitación que compartía con la rubia, el peliazul esperaba encontrar a Serena durmiendo pero se alarmo al ver que ella no estaba ahí, observo la puerta que daba al cuarto de baño y por la rendija se podía observar luz. Por un momento regreso a su cabeza el recuerdo de aquella noche en que la rubia intento quitarse la vida.
Flash Back
Habían pasado algunos días desde que había llegado a la ciudad de Vancouver y aun se preguntaba que era lo que le había atraído tanto de esa joven para traerla consigo sin conocerla. Después de haber llegado a la ciudad la había instalado en el departamento que él mismo había usado antes de casarse. Se había encargado personalmente de conseguir una empleada para que se hiciera cargo de ella.
Supo por la encargada del departamento que la Serena se pasaba la mayor parte del día llorando mientras se perdía en sus pensamientos mirando por el ventanal del departamento. La primera noche que se quedo en el departamento se dio cuenta que las pesadillas turbaban el sueño de la rubia, el había llegado ya entrada la noche después de una de sus tantas discusiones con Rei y ese departamento era como su refugio para aquella relación que era cada vez más insoportable para el.
Al paso de los días Zafiro se había acostumbrado a la presencia de la rubia dentro de su vida, pasaba casi todo su tiempo libre en el departamento. Por alguna razón su presencia lo hacía sentir bien, le encantaba reflejarse en los celestes de la rubia pero le intrigaba saber el motivo que la llevara a querer escapar del que seguramente había sido el lugar donde había pasado toda su vida.
Una noche después de haber sostenido otra de sus tantas discusiones con Rei, llegó al departamento esperando tranquilizarse con la presencia de la mujer que seguramente estaría durmiendo en ese momento. Pero cuando entro a la habitación no la encontró en la cama como esperaba, observo como la luz del cuarto de baño estaba encendida, la llamo pero al no recibir respuesta alguna comenzó a preocuparse ya que el estado en el que se encontraba la rubia podía llevarla a cometer alguna locura.
Cuando abrió la puerta del baño se horrorizo al ver el agua de la bañera completamente teñida de rojo y a la rubia inconsciente, rápidamente la tomo en sus brazos y solamente cubrió su cuerpo desnudo con una toalla, y la llevo al hospital. Paso el resto de la noche en la sala del hospital esperando noticias sobre la rubia, comenzaba a amanecer cuando uno de los médicos que la había estado atendiendo apareció.
Le indico que estaría algunas horas en observación y que después podría llevarla a casa, cuando Zafiro entro a la habitación donde se encontraba la rubia, se sentó en una silla cerca de la cama, tomo una de sus manos con mucho cuidado de no lastimar la herida que tenía en la muñeca y la beso dulcemente. En ese momento Serena abrió los ojos y se sorprendió al ver al peliazul a su lado.
– ¿Por que estas aquí?... Este podría ser el momento perfecto para deshacerte de mí – balbuceo la rubia retirando su mano y escondiéndola bajo las sabanas – Tienes razón, podría hacerlo, pero la verdad es que quiero cuidar de ti – le respondió el peliazul con una sonrisa – Pero… me intriga saber que paso en tu vida para hacer que intentaras quitarte la vida si eres como un ángel – le dijo mirándola a los ojos. Serena forzó una sonrisa falsa antes de contestarle – Un ángel… los ángeles no viven en la obscuridad y ese es justo el lugar en donde me encuentro –
Horas más tarde regresaron al departamento y a partir de ese momento la rubia se mostro totalmente diferente, quizá ese fue el comienzo de su relación con aquella mujer que le inspiraba la paz que siempre había buscado.
Fin del Flash Back
Inmediatamente entro al cuarto de baño y en cuanto la vio dentro de la bañera con su cabeza descansando sobre sus rodillas se sintió aliviado, pero a pesar de no tener ningún daño físico se veía completamente destruida por dentro. Se sentó junto a la bañera y pasó sus manos entre su cabello, ni siquiera sabía que decirle, ella era la mujer que más amaba y sin embargo se había atrevido a golpearla.
– Siento mucho lo que hice, nunca debí pegarte… nada me da derecho de hacerlo pero no pude soportar verte hablando con otro – hablo finalmente el peliazul sin voltear el rostro para mirar a la rubia – Zafiro, tengo frío podemos ir a la habitación… además estoy muy cansada – susurro la rubia como si no hubiera escuchado las palabras del peliazul. En su tono de voz se dejaba ver lo cansada que estaba, mientras que sus ojos reflejaban las tristeza que invadía su alma. Ya estaba cansada de seguir sufriendo, de llorar por algo que no tenía marcha atrás y que definitivamente nunca podría dejar en el pasado.
Zafiro comprendió que ella simplemente quería olvidar lo sucedido, la observo salir de la bañera totalmente desnuda frente a él y envolvió su cuerpo en una bata de baño y la abrazó contra su cuerpo.
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Cuando Serena despertó al día siguiente, sentía como si algo le oprimiera el pecho, no tenía ánimos de ponerse de pie y mucho menos de hablar con nadie. Cerró nuevamente los ojos y pudo observar el rostro de Yaten frente a ella, repaso dentro de su cabeza cada momento que paso a su lado, pero al final eran solo recuerdos y nada más que eso.
Dejo la cama dispuesta a continuar la rutina que representaba su vida, se sentó frente al tocador como cada mañana y sonrió ligeramente al ver el morete que se había formado cerca de su ojo izquierdo, realmente se había olvidado del golpe que Zafiro le había dado. Intento cubrirlo con maquillaje y aunque logro difuminarlo un poco no fue lo suficiente para evitar que se notara.
Una vez que termino de arreglarse salió del departamento, necesitaba caminar, despejar su mente de todas aquellas cosas que no la dejaban tranquila… que no le dejaban respirar. El día estaba totalmente nublado, no había ni un rayo de sol iluminando la ciudad y aún así se coloco unas gafas oscuras para evitar la mirada de la gente quizá preguntándose como era que había permitido que alguien pusiera una mano sobre ella. Camino por largo rato hasta llegar a un pequeño parque en el centro de la ciudad, se sentó sobre una de las bancas y desvió su mirada al par de hombres que habían estado siguiéndola desde que abandono el departamento. Dio un suspiro cansada de no poder disfrutar de un momento a sola por que ellos cuidaban cada paso que daba.
Permaneció ahí por horas, no tenía deseos de regresar al departamento o por lo menos no en ese momento, ese lugar que había sido su refugio por cuatro años comenzaba a sofocarla, tenía la impresión de que las paredes que la rodeaban habían absorbido todo su dolor y a veces creía que en ellas podía ver cada uno de sus recuerdos como si estuviera frente a una gran pantalla ó tal vez comenzaba a volverse loca
Estaba tan sumida dentro de sus pensamiento que no se percato en que momento una joven se sentó a su lado, hasta que la mujer comenzó a platicar con ella como si se tratara de una conocida o incluso de una vieja amiga.
– Este lugar es muy hermoso – susurro la castaña mientras extendía los brazos, seguramente intentando relajarse – Si, lo es – contesto Serena enfocando la vista sobre el lago artificial que había frente a ellas – Hola, mi nombre es Lita – se presento extendiendo su menos hacia la rubia quien vacilo antes de corresponder al saludo – Yo soy Serena – añadió mientras observaba por primera vez a su acompañante, le pareció familiar pero sencillamente sería imposible haberla visto antes ya que su circulo social no iba más allá del que Zafiro quería que tuviera – Me da gusto finalmente hablar con una mujer, acabo de llegar a la ciudad y la única compañía que tengo es la de mi esposo y su hermano – le dijo la castaña mientras le ofrecía una sonrisa – Tu tampoco eres de por aquí verdad – le pregunto al ver que Serena no decía nada, la había reconocido inmediatamente del restaurante y por alguna razón sintió deseos de acercarse a ella y no podía desperdiciar la oportunidad – No… – respondió y olvidándose por completo de la marca del golpe que Zafiro le había dado se quito las gafas.
La castaña se percato del golpe y sin saber por que sintió lastima por ella, desde que conocía a Taiki el no había hecho otra cosa que hablar mal de aquella mujer que tenía ahora enfrente de ella, pero por alguna razón esa rubia no se parecía en nada a la mujer fría que siempre creyó que era. En su mirada pudo ver el dolor que se escondía tras la mujer altiva que apareció la noche anterior en el restaurant.
Serena se percato que la castaña se quedo en silencio y comprendió que había olvidado el por que había estado llevando gafas oscuras en una día como ese, sonrió un poco y se las colocó nuevamente.
– No es nada… es un recordatorio – le dijo como si fuera de lo más normal – Lo siento, yo no quería in… – se disculpo la castaña, solo que el sonido del celular de Serena la interrumpió antes de terminar la frase. La escucho cruzar un par de palabras con alguien al otro lado de la línea y finalmente cortar la llamada.
– Me tengo que ir – explico la rubia mientras se ponía de pie y comenzó a caminar dejando a la castaña sentada en la banca sin darle oportunidad de que dijera otra cosa.
Lita la observo caminar rumbo a una de las calles que rodeaban el lugar, entonces pudo ver como un par de hombre iban siguiéndola muy de cerca hasta que la vio abordar sobre un convertible negro que estaba estacionado junto a la acera del parque. En el carro pudo distinguir al mismo hombre que había estado con ella en el restaurante y no pudo evitar preguntarse si había sido él quien la había golpeado.
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Cuando Lita regreso al departamento se encontró solo con una nota de Taiki donde le decía que regresaban por la tarde ya que estarían atendiendo los negocios por los que habían viajado hasta esa ciudad. Dio un suspiro y se puso a preparar algo de comer, mientras se decidía entre si debía o no hablar sobre su encentro con la rubia.
Cerca de las seis de las tarde la puerta del departamento se abrió dejando ver a Taiki seguido por Yaten, los dos venían sumergidos en una fuerte discusión donde Serena era la protagonista, Taiki le recriminaba sus deseos de buscar una verdad que seguramente terminaría lastimándolo y Yaten se defendía diciendo que era lógico que quisiera saber por que había sido abandonado. Entonces Lita logró hacerlos callar con una sola frase.
– Esta mañana que salí de compras me encontré con ella – les dijo la castaña dejándolos totalmente sorprendidos – Donde la viste – pregunto Yaten olvidándose por completo de Taiki quien no solo seguía molesto sino que ahora le lanzaba una mirada asesina a su esposa por echarle más leña al fuego – En un parque que esta muy cerca de aquí… intente platicar con ella pero no obtuve mucho éxito – le contó mientras preparaba la mesa para comer – Y que fue lo que platicaron – insistió el peliplateado mientras seguía a la castaña de la cocina al comedor – Pues, solo me dijo su nombre… pero – comenzó ha hablar pero se calló ella misma, no sabía si era prudente contar sobre el golpe que tenía la rubia o sobre los hombre que estaban siguiéndola – ¿Pero que? – la animo Yaten sonando más desesperado – No importa – respondió dispuesta a guardarse esa información – Vamos Lita necesito saber – le dijo Yaten – Esta bien, lo que pasa es que ella… bueno ella… tenía un golpe en el rostro –
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Por la noche Serena se encontraba en el departamento, había intentado convencer a Zafiro de que le permitiera faltar a la reunión con su primo y con algunos de sus amigos, pero fue algo imposible. El peliazul se había empeñado en llevarla consigo y después de tanto insistir finalmente se había dado por vencida.
Y ahora se encontraba sentada sobre la cama, luciendo un vestido straple muy entallado hasta las pantorrillas de color rojo, odiaba ese vestido pero Zafiro insistió en que lo usara sin importarle que cada vez que se metía dentro de ese vestido le faltaba la respiración. Se levantó de la cama y se miró al espejo por decima vez en una hora, no había podido cubrir al cien porciento el morete que tenía en su rostro cortesía de hombre con el que compartía la cama. Dio una suspiro en el momento en que Zafiro salía del baño luciendo tan apuesto como siempre.
– No se nota mucho, además en el bar hay poca luz… estoy seguro que no lo notaran – le susurro mientras la envolvía por la cintura recargando su cabeza sobre el hombro desnudo de la rubia – Eso espero, bastante hago con tener que soportar a tus amigos para que encima de eso se la pasen preguntando que fue lo que me paso, por cierto no crees que deberíamos ponernos de acuerdo sobre eso… que prefieres que les diga, que me caí y me golpee con el borde de la mesa o que tu esposa por fin me puso en mi lugar – le dijo con una voz sarcástica mientras se ponía un poco de brillo en los labios.
Zafiro se separo de ella, le molestaba a sobremanera que fuera sarcástica, pero no tenía intensiones de comenzar una discusión con ella, había tenido una semana muy difícil y esperaba poder relajarse esa noche.
– No diremos nada por que nadie preguntara… en caso de que alguien lo haga ya veré que digo – respondió mientras se ponía su saco.
Un rato después, se encontraban rumbo al bar que solían frecuentar ya que Zafiro disfrutaba el ambiente de ese lugar cada vez que planeaba una noche de diversión acompañados por los amigos del peliazul. Mientras estaba en el carro Serena no hacía otra cosa que pensar en su encuentro con el peliplateado, se limpió una lágrima que había escapado de sus ojos, se sentía realmente mal, por cuatro años no había hecho más que rogar por que ese encuentro no se diera nunca, hubiera preferido pensar que Yaten no había existido nunca n su vida y que siempre había estado viviendo la vida que llevaba al lado de Zafiro.
– Serena, en verdad lamento haberte pegado… es solo que te amo tanto que la simple idea de verte al lado de otro hombre hace que me hierva la sangre, es como si dejara de ser yo mismo – le dijo Zafiro cuando se detuvo en un semáforo en rojo, se había percatado cuando la rubia limpio una lágrima de su mejilla y se sintió terrible.
– Lo se… – respondió la rubia, mirándolo por primera vez desde que había subido al carro. Zafiro se acerco hasta rozar sus labios con los ella antes de continuar manejando.
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Yaten y Taiki acaban de llegar al bar donde se supone que Andrew se encontraría con Zafiro y con Serena, el peliplateado había logrado convencer al castaño de acompañarlo ya que en un principio Taiki se había negado apoyándose en la idea de que era absurdo tratar de remover algo que debía permanecer en el pasado.
Cuando entraron al lugar Andrew se acerco hasta ellos invitándolos a la mesa donde se encontraban otros amigos del rubio con sus respectivas parejas. No paso mucho tiempo antes de que el grupo que al principio no había sido muy grande terminara conformándose por mas de quince personas.
Pero Yaten más que estar interesado en lo que fuera que estuvieran hablando mantenía la vista en la entrada del lugar, no podía dejar de pensar en lo que Lita le había dicho hasta que Andrew se sentó a su lado.
– No te preocupes, Zafiro siempre quiere hacerse el importante cada vez que nos vemos, al parecer disfruta llamar la atención con su llegada – le dijo mientras pedía otra bebida – Pero ahora me intriga saber, cual es tu interés por Serena, el hecho de que sea la primera vez que vienes a Vancouver me hace pensar que ya la conocías… o me equivoco – le pregunto con una sonrisa, pero no hubo tiempo a que Yaten respondiera ya que en ese momento Zafiro y Serena aparecieron en la entrada del lugar cautivando toda la atención.
Yaten observo a Serena caminar del brazo de Zafiro con una mirada altiva, definitivamente la mujer que estaba ahí no era la misma Serena de la que él se había enamorado. Pero si ella era tan buena actriz el también podía serlo, entonces recordó lo que Lita le había y busco el golpe en el rostro de la rubia, pero el lugar estaba oscuro y no logro distinguirlo, además de que seguramente lo había maquillado lo suficiente para que no se notara.
Cuando la pareja llegó a la mesa Serena se percato por primera vez de la presencia de quienes habían sido alguna vez su familia, sonrió al darse cuanta la forma en la que el destino estaba tratando de burlase de ella. Entonces recordó que Yaten había estado cenando con Andrew la noche anterior, supo entonces que no era un simple casualidad, el peliplateado había llegado hasta ahí gracias al rubio.
– Serena que gusto verte… igual a ti primo, últimamente has estado tan ocupado que no te habíamos visto por aquí – les dijo Andrew acercándose hasta ellos con una sonrisa en el rostro, beso la mejilla de la rubia y abrazo efusivamente al peliazul.
– Ah, quiero presentarles a una par de amigos, ellos son Taiki y Yaten Kou… acaban de llegar a la ciudad y me pareció buena idea invitarlos – los presento señalándolos respectivamente.
Zafiro se percato de que uno de ellos era el hombre con quien había visto a Serena en el restauran, sintió deseos de golpear a su primo en ese momento, pero en lugar de eso acerco su mano en señal de saludo. No era su estilo hacer escenas de ese tipo en Publico además prefería tener cerca a quien podía ser considerados como enemigos y Yaten Kou era un enemigo por solo haber intentado acercarse a la mujer que le pertenecía.
– Mucho gusto, soy Zafiro Black y ella es Serena Stukino… la próxima señora Black – dijo enfatizando en la ultima frase mientras abrazaba a la rubia por la cintura, a lo que Serena solo atino a sonreír evitando de esta manera que su expresión dejara entrever lo mucho que le afectaba tener a Yaten tan ceca de ella.
– Encantado de conocerla – hablo Yaten inclinando la cabeza en señal de saludo, tratando de reprimir todo el coraje que la sola presencia de la rubia le provocaba. Si la única forma de acercase a ella era fingiendo que no la conocía estaba dispuesto a hacerlo, después de todo irse sin las repuestas que había estado buscando por años no era un opción válida.
– Igualmente – hablo Serena sin dejar de mirar al peliplateado a los ojos tratando de encontrar en ellos el amor que una vez sintió por ella. Pero definitivamente nada podía ser como antes.
Siempre supo que nunca nada volvería a ser igual, pero no por eso dejaba de cerrar lo ojos imaginándose que estaba dentro de una pesadilla y que cuando volviera abrirlos él estaría a su lado, probablemente dormido después de haber estado viendo una película juntos o simplemente observándola abrir los ojos después de haber estado horas observándola dormir. Para después besarla y decirle cuanto la amaba. Pero la realidad era otra, y eso era solo un sueño… un sueño que fue y que nunca volvería a ser, y el anillo de compromiso que Yaten le había dado no era otra cosa sino que un recordatorio de que lo que había pasado en su vida era real, así como las cicatrices en sus muñecas lo eran.
Durante un rato Zafiro estuvo platicando con los hermanos Kou y con su primo, como si fueran amigos de toda la vida. La imagen le resultaba totalmente absurda a la rubia, el amor de su vida y su amante platicando tan tranquilamente mientras lo único que ella quería era desaparecer, pero eso era imposible, no podía simplemente desear no estar ahí, los años le habían enseñado de la peor manera que los sueños no se cumplían.
– Te sucede algo, te vez muy distraída – le susurro Zafiro cerca del oído al ver como la rubia tenía la mirada perdida – No, solo estoy muy cansada… por que no nos vamos – le pidió mientras apretaba su bolsa con sus manos, no quería seguir ahí, no podía, sentía que su corazón se rompía cada vez más y sentía un deseos inmenso de echarse a llorar. Además no se creía tan fuerte como para seguir frente al hombre que amaba sin querer correr a abrazarlo como si nada hubiera pasado.
– Un rato mas y nos vamos… esta bien – le propuso mientras le sonreía en forma suplicante – En ese caso te espero en la barra, sabes que no soporto a tus amigos… – le dijo poniéndose de pie sin atreverse a mirar hacia donde estaba el peliplateado – Prefiero que te quedes aquí, no quiero que bebas de más – trato de persuadirla, reteniéndola del brazo – No tienes de que preocuparte, acaso no están ahí mis incansables carceleros – le espeto la rubia quien había notado que sus guardaespaldas estaban ahí y lo más seguro era que en cuanto la vieran ahí se sentaría cada uno a su lado para evitar que alguien pensara siquiera en acercarse a ella. Siempre siguiendo las ordenes Zafiro – No son carceleros, ellos están ahí para protegerte… no me gustaría que nada malo te pasará – trato de justificar la presencia de aquellos hombres que tenían orden de matar si era necesario, en caso de que alguien se atrevía a acercarse a su tesoro.
Serena le sonrió de forma irónica y se desprendió del agarre de Zafiro. Camino hasta la barra del lugar y justo como había predicho los guardias se sentaron cada uno al lado suyo, ocasionando que más de uno volteara ya que la escena definitivamente llamaba la atención.
– Que paso con Serena – le pregunto Andrew a Zafiro cuando vio a Serena alejarse – Nada importante… parece que amaneció de mal humor – sonrió el peliazul dirigiendo la mirada hacia el lugar hacia donde se había ido la rubia – Creo que lo mejor será que nos vayamos – sentenció mientras se ponía de pie – No seas aguafiestas, además deberías estar celebrando que Rei se va del país por un tiempo – siguió hablando Andrew, pero esta vez logrando captar la atención de todos al nombrar a la esposa del magnate hotelero.
Zafiro le lanzó una mirada asesina a su primo por ser tan indiscreto, ya que aunque todo el mundo supiera que era un hombre casado y que Serena no era más que una amante ante los ojos de la sociedad, le molestaba que trajeran a colación su vida privada.
– No necesito celebrar nada, de cualquier forma nunca la veo… pero creo que escogió el peor momento para irse – respondió el peliazul mientras le daba un trago a su bebida – Y eso – lo cuestiono sabiendo que la información que el peliazul estaba dando no solo era escuchada por él – Creo que eso es algo que solo a mí me concierne – respondió abruptamente dejando su copa en la pequeña mesa que estaba cerca de el – Ahora si me disculpan nosotros no retiramos, fue un placer conocerlos Taiki… Yaten, espero que volvamos a vernos – se despidió así como también lo hizo con sus demás amigos y se alejo de ellos rumbo a la barra.
Yaten observo como en cuanto el peliazul llegaba junto a Serena, los dos hombre que había estado custodiándola se marcharon sin esperar si quiera a que Zafiro les diera cualquier orden. La vio beberse de golpe la copa que tenía en sus manos y dar un último toque al cigarro que había estado fumando antes de pagarlo sobre un cenicero. Pero a pesar de que nunca la había visto fumar o beber, ya no le sorprendía, después de todo ella no era la dulce joven que conoció desde que era casi un adolescente.
No pasó mucho tiempo antes de ver como la pareja dejaba el lugar, seguidos por dos hombres que no eran otros que la escolta privada de Serena.
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Esa noche cuando Yaten y Taiki regresaron al departamento, el peliplateado se fue directamente a su habitación, nunca se imagino que estar cerca de Serena lo fuera afectar como lo estaba haciendo, sentía que su cabeza estaba a punto de estallarle. Estaba sumamente confundido, una parte de él odiaba con todas sus fuerzas a la rubia mientras que la otra no había dejado de amarla con locura.
Busco dentro de su billetera la fotografía que aun conservaba de la rubia. No se parecía en nada a la mujer que había visto esa noche, la luz que iluminaba sus ojos había desaparecido… ya no era la misma.
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Mientras tanto Serena se encontraba sentada en el diván que tenía junto a la ventana de su habitación. Acaba de tener relaciones con el peliazul y se encontraba solamente cubierta por una sabana blanca, un par de lágrimas escaparon de sus ojos mientras repasaba con un dedo la cicatriz de una de sus muñecas.
Se sentía tan sucia, tan sola, tan vacía… pero a pesar de todo estaba resignada a seguir viviendo de esa manera, de cualquier forma lo había perdido todo… incluso la voluntad.
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Y bien que le pareció… si lo se, tal vez las estoy decepcionando… así que espero cualquier queja, comentario, sugerencia en fin ayúdenme a mejorar si…
Ahora quiero agradecerles por seguir el avance de esta historia, créanme me anima mucho recibir sus reviews… muchas, pero muchisisimas GRACIAS…
Me despido, no les prometo nada pero tratare de actualizar lo más pronto posible… cuídense mucho, bye… :)
Atte.- KuMiKo Kou…
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