- ¿Diga?

Ella sabía quién era. Nadie llamaba tan tarde. Nadie llamaba cuando estaba sola en el salón, esperando. Hoy era una de esas muchas noches en las que bajaba a escondidas y se quedaba allí sentada durante horas simplemente con la compañía de la luz de la luna y una manta. Y el teléfono en la mano con la esperanza de un momento como aquel.

- ¿Shinichi?

Pero nadie contesta y el corazón le da un vuelco, esta vez le duele.

- ¿Shinichi?

- Boba –dice una voz aclarándose desde el otro lado.

Ella se enfada pero no puede evitar que sus ojos se emocionen y agarra con fuerza el teléfono entre las dos manos, como si con eso pudiera acercarse un poco más a la voz. No dicen nada durante unos segundos, solo se escuchan las respiraciones el uno del otro.

- ¿Qué tal la semana? –pregunta él.

- Bien.

Pero Shinichi sabe que no es así. Ha estado con ella como Conan y conoce lo que le pasa por la cabeza.

Ran recuerda aquellas palabras dichas hace tanto tiempo. Casi olvidadas.

"¿Por qué no me preguntas nunca cómo estoy?"

"Idiota, soy detective¿recuerdas? Sé cómo estás por el tono de tu voz."

- ¿Y tu¿Sigues con el caso? –dice intentando sonar más animada para no preocuparlo.

- Sí, esto se complica cada vez más. No sé cuándo podré volver.

No hace falta que diga nada más. Las ilusiones de Ran se desvanecen. La llamada que esperaba no era esa. No quería otra llamada sin sentido. Quería la llamada en la que le dijera que iba a volver para estar con ella pero de nuevo estaba equivocada. El sentimiento le acongoja tanto que no puede evitar un sollozo. Rápidamente se lleva la mano a la boca para ahogarlo pero ya es tarde.

- ¿Estás llorando?

Silencio. "Quien calla, otorga" piensa Shinichi abatido.

- Ran, si siempre que te llamo te pones a llorar, es mejor que no lo haga más.

- ¡N-no!

- ¿No? –repite escondiendo el alivio de su voz. Aquellos momentos eran los únicos en los que podía comportarse como quería, sin fingir estar bien como hacía ante Agasa o Haibara. Sin pretender ser el alegre Conan.

- Cuando no llamas… es… peor.

Él entiende perfectamente a qué se refiere.

- ¿Sabes qué quiero para mi próximo cumpleaños? Bah, seguro que no porque nunca me prestas atención. Bueno, pues apúntatelo, que no se te olvide. Han sacado una nueva colección de los libros de Sherlock Holmes, al parecer cambiando datos de los casos. Eso quiero. Dicen que no son gran cosa pero siempre resulta interesante volvérselos a leer¿no crees?

Ella ríe. Ha logrado que riera y se da por satisfecho.

- ¿Shinichi?

- ¿Qué pasa?

- Recuerdas… ¿sabes qué día es hoy?

"Claro que sí¿quién podría olvidarlo?"

- ¿Hoy? Eh… 24 de mayo.

- Ah, ya.

Como meta mientras marcaba su número de teléfono minutos antes se había propuesto conseguir animarla, lo lograría, y si no quedaba más remedio…

- ¿Qué le dice un ojo a otro?

- ¿Eh?

- Tan cerca y nunca nos vemos. Ja,ja,ja. ¿Y un dos a un cero¡vente conmigo!

- Shinichi, nunca has sido bueno contando chistes –afirma Ran,- casi se te da peor que la música.

"Bingo" sonríe.

- No canto tan mal.

- ¿Tu crees?

- No sacaba tan malas notas en música.

- Esa es una de las grandes incógnitas del mundo.

- Como las matemáticas y tu.

- Las matemáticas son diferentes. Son más complicadas, además, siempre acababa aprobando.

- Que tuvieras que pedirme ayuda y nos pasáramos horas haciendo ejercicios no significa…

- Nunca te pedí que lo hicieras.

- Prefería ofrecerme antes de que me obligaras con una patada de kárate.

- Podía pedírselo a otros.

Los dos se callaron de nuevo. Ambos sabían cómo seguía la conversación.

- ¿Y qué me dices de la clase de manualidades? Los patos que hacías eran más avestruces que otra cosa.

- Esas cosas son una tontería¿para qué sirven en la vida real? Además se parecen mucho. Los dos tienen alas y pico… –se justificó él.

- Echo de menos esto –dijo de pronto.

- ¿Lo qué¿Mis patoavestruces?

- A ti.

- Ran…

- No, Shichihi –cortó.- Estoy cansada de que siempre cambies de tema. Luego haces que me sienta peor porque pienso "¿y si le pasa algo y no vuelve a llamar nunca más?" así que esta vez no. Tengo que decírtelo, tengo que explicarte lo difícil que es esto¿sabes cómo me siento¿Entiendes lo que es no dormir por las noches pensando si estarás bien? Tu sabes que yo estoy bien y por eso no te preocupas pero…

- No –su voz calmada hizo que volviera a la realidad. De pronto se dio cuenta de que le estaba gritando.- Te equivocas.

"¿Qué?" Ran sintió que empequeñecía. Había dicho la última frase sin pensar y ahora su mayor miedo se confirmaba. ¿Es que le iba a decir que no estaba preocupado porque no le importaba nada de eso¿Que estaba sacando las cosas de contexto?

- Sé cómo te sientes mejor de lo que crees. Piénsalo –y se detuvo vacilante.- ¿Por qué no puedo resolver el caso desde ahí¿Tan importante crees que es mi presencia¿Acaso no he resuelto casos a distancia? Nada de eso, Ran. Estoy lejos para protegeros a todos, para que los implicados en el proceso no puedan alcanzaros. Es peligroso, ya te lo he dicho mil veces antes. Mi mayor temor es pensar que puedan llegar a vosotros, que puedan haceros daño por mi culpa.

Estaba diciendo demasiado pero no podía reprimirse. No ahora.

- Yo también paso noches en vela, Ran. Noches horribles. A veces tengo pesadillas y me despierto…

- Entonces vuelve. No me importa.

- No puedo.

Ya no ocultaba que estaba llorando, ni siquiera podía evitar hipar.

- Ran.

- ¿Qué?

Era hora de cambiar de tema.

- Feliz día del azucarillo.

- Eres un idiota –gimoteó, ahora mezclando el salado de las lágrimas con la risa- Sí que te acordabas.

- ¿Y quién no se iba a acordar del día que te desmayaste en aquel espectáculo y me hiciste pasar tanta vergüenza por culpa de un simple azucarillo?

- Yo no lo recuerdo exactamente así –discutió.

- Porque la peor parte me la llevé yo. Contigo medio grogui entre mis brazos gritando "¡un azucarillo, un azucarillo!", la gente creyó que estabas loca y que yo te iba a hacer algo.

- ¡Necesitaba azúcar!

- Jajaja.

- Podíamos volver algún día.

- Pero la próxima vez llamaré un taxi, no pienso llevarte en brazos hasta tu casa de nuevo.

Ran rememoró el momento en que había recobrado la consciencia, ya en la calle, y se había dado cuenta de que Shinichi la estaba llevando como si de una princesa rescatada se tratara. Su corazón se aceleró aunque no tanto como entonces. Nunca lo había tenido tan cerca como aquella vez, nunca había podido oler su ropa. Nunca se había sentido tan segura.

- Tengo que irme.

-…

- Ran.

-…

- El día que menos te lo esperes apareceré ante tu puerta y te daré clases de matemáticas –susurró.

- ¿Me lo prometes?

- Sí, boba.

- Buenas noches, Shinichi.

- Vete a dormir ya y no te preocupes por mi.

- Te…

Pero al otro lado ya no había nadie. El solitario pitido del teléfono fue quien recibió el halago.

-…quiero.


Que mal, que mal, la idea para este shot la tenía clara en un principio: "una conversación telefónica en la que Shinichi tuviera que animar a Ran", hasta ahí todo fácil pero empecé a escribir y lié las cosas y no me gusta nada cómo quedó, tenía pensado cambiarlo pero si lo hago será más adelante, a ver si me aclaro! (y no digáis nada sobre los chistes porque son malísimos, lo sé, jajajajajaja)

Felices fiestas:)