~Extensión: 917 palabras.
~Notas: Este fanfic está dedicado a la médico ninja 'Sakura Haruno'; a lo largo de los drabbles, one-shot será ella y solamente ella con diferentes parejas. Para el reto de la comunidad de elejota '10pairings'. Advertencias para este fic: Ninguna.

~Disclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto. Nunca me ha pertenecido, ni lo hará. No tengo, y nunca he tenido ánimo de lucrar con esto.


Pétalos de Cerezo.

Desert Rose.
#004 .Sabaku no Gaara


.

—Es por el amor ¿no?

Gaara estaba boquiabierto, sencillamente no lo podía creer.

Nadie movía un músculo, preferían permanecer absolutamente petrificados antes de que alguno de sus movimientos despertara a la máquina asesina que vivía dentro del Kazekage y que aún les hacía tener pesadillas por las noches. Incluso Temari y Kankuro estaban tan sorprendidos que ni se movían.

Sakura brincó, como recordando algo.

El ambiente volvió a tensarse como la cuerda de un violín. La única persona en la que parecía no haberse detenido el tiempo era ella, se había agachado lentamente mientras recogía los maravillosos ejemplares de la flor del desierto que había ido a buscar. Sus manos se movían ágiles sobre las flores, cortando aquí y allá, como si hubiese aprobado con excelencia las notas de Ikebana en la Academia, hasta Temari que cuya mente retornaba parsimoniosamente estaba impresionada por la maestría y delicadeza de la kunoichi.

Gaara frunció el ceño, despertando por fin y llevándose los dedos a la frente, rozando ligeramente la marca que él mismo se había hecho. Todos parecieron volver a su régimen de estatuas, esperando el veredicto y al verdugo —por supuesto—.

—Sí. —Sakura explicó con una sonrisa sin levantar la mirada de las flores—. Es amor, las arenas se impregnaron de aquel amor que te profesaba tu madre. Sólo de esa manera se mueven insolentes ante tu voluntad y tu estupefacción. Podría haberte atacado antes y no hubieras resultado herido puesto que esos sentimientos les han hecho desarrollar consciencia propia.

—Mi madre fue obligada a concebirme para hacerme portador del Shukaku.

Sakura lo miró sin sorprenderse.

De alguna manera sufrió por esas palabras, la golpeaban en lo más hondo de su ser pero conocer la historia del equipo siete le había otorgado cierta perspectiva e inmunidad frente a muchos aspectos emocionales. Digamos que ahora poseía una mayor entereza de la que se hubiera imaginado que tendría. Fue por eso que no se inmutó demasiado ante la revelación de Gaara.

Miró a su alrededor. El rostro de Temari estaba pálido y Kankuro apretaba tanto los dientes que sin duda terminaría curándole la mandíbula después. Los consejeros estaban aterrorizados ante su osadía…

—Y te amaba —sostuvo.

Gaara enfrió su mirada y despreció sus palabras.

—Es algo que no puedes asegurar Haruno.

Ella suspiró.

— ¿Sabes algo de magia? —Él alzó una ceja por respuesta y ella se cruzó de brazos y frunció el ceño concentrándose en su explicación al cien por ciento—. Bueno existe una muy antigua, de la cual no hay escrituras solamente registros... El lazo más ancestral es llamado 'nacimiento espiritual', cuando tú creas consciencia en el primer momento de tu existencia se crea un vínculo que te une al universo (que en ese momento es el vientre materno) por lo tanto, ahí está la primera y más antigua conexión entre los seres.

Su mirada era tan intensa que no pudo ni pensar en dudar de la veracidad de sus palabras. Era como el sol asomándose por el este, impoluto, perenne y completamente real.

—Es la más grande, es inexplicable la fortaleza de ese primer encuentro. Y es tan fuerte que no importaría las veces que hayamos encarnado en este mundo siempre recordaremos el lazo maternal que tuvimos con anterioridad. —Sakura ladeó la cabeza—. Sólo hay otro que puede alcanzar tal magnanimidad y es el amor. Porque lo primero que conocemos, ese vínculo es eso: amor puro. Es la magia más antigua, es capaz de crear vida y despertar la consciencia del alma.

—Puede que ella no haya podido amarte como es tradicional pero sin duda lo hacía porque te regaló la vida.

—Es por eso que tú llevas esa cicatriz, querías plasmar de algún modo tu existencia —Sakura se acercó a él, se detuvo a un palmo del Kazekage, tuvo que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos, levantó el brazo hasta rozas la marca de amor en su frente—. Querías demostrar que había sentido un poco de amor. —Ella sonrió con tristeza en los ojos—. Eres afortunado, llevas el amor a cuestas.

Rió suavemente para consternación del público.

Gaara se quedó en pie, admirando la fortaleza de aquella mujer. Posiblemente era tan fuerte como mil hombres pero lo que causaba admiración era aquella fuerza espiritual, la capacidad de amar. Entendió, esbozó una tenue sonrisa, apenas una insinuación. Lo suficientemente visible como para que la mujer de cabellos rosas le correspondiera con una resplandeciente y enorme; tan frágil que Temari corrió hasta sus brazos y se soltó a llorar, mientras que Kankuro posaba cada mano tímidamente en los hombros de sus hermanos como dando apoyo.

El Kazekage levantó la vista fijándola en Sakura que estaba de pie a cinco pasos suyos (la rubia la había sacado del camino al tirarse a sus brazos). Los tonos bergamota del atardecer dulcificaban su expresión e iluminaban los ojos.

Supo que podía preguntarle:

— ¿Naruto?

—Fuerte como siempre —dijo ella extendiendo una de esas sonrisas impresionantes.

Ella asió fuertemente los frascos con las mezclas y le agradeció que le otorgase aquello. Le dijo con toda sinceridad que nada tenía más valor que las vidas humanas. Y Gaara le creyó. Tal como lo había hecho antes; tal como sabía que haría si ella se ofrecía a explicarle otros misterios.

Porque Sakura había realizado lo imposible, era como una rosa desértica que habría sus pétalos ajena al fragor de la tormenta de arena, el relumbrante sol y la falta de agua, una esperanza florecía en su propio desierto.