Bueno, esta vez no me he demorado tanto. Espero que este tercer capítulo también les guste. Los dejo leer y comento al final ~


Capítulo 3:

Contrario a lo que había esperado: despertar sola y vulnerable en medio de aquel claro de nuevo, cuando abrió los ojos se encontraba en el interior de su cabaña. Aun llevaba la ropa que se había puesto luego de su relajante baño con Sango, pero no llevaba calzado y su cabello estaba suelto y revuelto sobre la almohada que había traído desde su época. Al principio se había sentido desubicada y un poco mareada, pero cuando logró recordar todo lo que había pasado el día anterior sintió un cosquilleo por todo el cuerpo e inconscientemente sonrió, no sabía por qué pero se sentía feliz. Luego recordó lo que Sesshomaru le había dicho, respecto a ser la última vez de su oferta, e inmediatamente se sintió triste.

Con la intención de no pensar en el demonio y en lo que había pasado hasta el momento entre ellos, decidió levantarse, cambiarse y ponerse manos a la obra. Al final del día la chica se encontraba exhausta, pues para cumplir con su cometido había tenido que ocuparse de muchísimas tareas. No había parado ni siquiera para almorzar, corriendo de un lado a otro, curando las distraídas heridas de los niños, las manos cansadas de los hombres e incluso ayudó en el parto de una joven mujer de la aldea. Preparó brebajes medicinales para mantener la despensa bien surtida y fue con Kaede por las plantas que ahora escaseaban.

Tomó el pequeño bolso que siempre cargaba consigo cuando iba a bañarse, donde llevaba siempre sus implementos rutinarios de limpieza, incluyó una muda nueva de ropa y marchó camino a un baño rápido y relajante en las termales cercanas. Para cuando volvió le sorprendió ver a Sesshomaru allí, era muy tarde para sus visitas, y ver que todo su grupo lo rodeaba le preocupó. Supo entonces con certeza que algo había ocurrido. Dejó de lado el bolso de mano y corrió a unírseles, Sango le informó entonces que esperaban por ella para recibir información importante.

-Ha habido ataques en la frontera de mis territorios con los del sur. Han hecho parecer que ha sido gente del Oeste, pero por aquella zona no hay conflictos de ningún tipo.- Comenzó a relatar los acontecimientos recientes. –Si mis sospechas son ciertas, se trata de Naraku queriendo provocar una guerra. El Sur y el Oeste nunca hemos sido buenos amigos y a lo largo de la historia se ha comprobado que una guerra entre ambos puntos cardinales podía ser provocada con mucha facilidad.-

Kagome pensó que no era normal que el youkai les diera a ellos un informe de lo que sucedía, y menos aún que les diera una lección de historia. Inuyasha se adelantó a lo que ella ansiaba saber: -Al grano, ¿Qué quieres de nosotros?-

-Anciana Kaede, necesito que permanezca en la aldea, como siempre, y que cuide de Rin. Jaken estará encargado de cuidar cada paso que ella de, y algunos de mis hombres estarán por los alrededores, así que no se sorprenda.- La anciana asintió. Si bien la pequeña Rin ya no era una niña, a sus 14 años tenía casi la misma edad que Kagome cuando comenzó su travesía en la época Feudal, todos sabían lo mucho que Sesshomaru la sobreprotegía, quizá más ahora que comenzaba a desarrollarse y lucir más como una mujer joven que como una niña, llamando la atención de los jóvenes, atención que el "padre" repudiaba.

-¿Tus hombres?- Preguntó Kagome con curiosidad pues nunca había visto que le acompañase nadie más que Rin, su dragón Ah-Un y el pequeño sapo verde.

-Soy lord de todo el Oeste, miko. Tengo un ejército a mis órdenes.- Le explicó mirándola directamente a los ojos, y si bien aquella mirada no había sido especialmente ardiente como algunas otras que le había dedicado antes, se le secó la boca. -Houshi, Taijiya.- Los mencionó antes de proseguir. –Dado que no puedo dejar a todo mi ejército aquí para comprobar una teoría, sería de utilidad tener más guerreros aquí. En caso de necesitarlo, pueden comunicarse con mis hombres, ellos los proveerán de cualquier cosa que necesiten.- Ellos se vieron entre sí y finalmente asintieron también. –Humana, necesito tu habilidad de sentir los fragmentos de la Shikon no Tama, tú vienes conmigo.- La manera en que le habló de su habilidad le recordó a la menor ese pasado no tan lejano en el que era sólo una herramienta para Inuyasha, y se sintió dolida. Aun así asintió.

-¿Qué hay de mí?- Preguntó Inuyasha muy a su pesar pues, una vez sus grupos se habían unido, por decisión casi unánime habían elegido al mayor de los hermanos como líder, y si bien como hermano no lo apreciaba, debía admitir que como dirigente lo respetaba.

Antes de responder, en los ojos del mayor se mostró un brillo extraño que ninguno de los que lo notaron supo identificar. -Hablaremos luego de tu tarea.- Miró directamente a la miko y le ordenó: -Prepárate, partiremos al alba.- Y sólo cuando la chica se alejó lo suficiente, comenzó a explicar su plan a los demás.

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Poco antes del alba, Kagome se despertó en medio de uno de sus eróticos sueños. Tenía la respiración acelerada y una leve capa de sudor le cubría la frente. La bata que usaba para dormir estaba en el suelo y su corpiño desabrochado y subido sobre los pechos, sus pezones erectos. Cuando pudo abrir los ojos notó a Sesshomaru al otro lado de la habitación, con la respiración tan acelerada como la suya y la mirada cargada de deseo sobre su cuerpo. Antes de que pudiera emitir ningún sonido, el demonio estaba sobre ella silenciándola con un beso profundo.

-¿Tú?- murmuró apenas la joven cuando sus labios se separaron. –Nunca fueron sueños… Tú…- Estaba atónita la humana. Sabía que la deseaba, pero no imaginó que la intensidad fuera tal como para aprovecharse de su sueño y tocarla de aquella manera.

-No.- Dijo él con voz ronca. Debía explicarle, debía decirle. Pero no podía. No encontraba las palabras y, aunque dijera las frases correctas, ella no lo creería en ese momento. –Maldita sea.- Gruñó ahora. Cuando se separó un poco de ella para mirarla a los ojos, los suyos se mostraban rojos como la sangre y sus pupilas verdes. Kagome supuso que se trataba de su bestia tomando el control. –Controla tus sueños, humana. De lo contrario este Sesshomaru no podrá controlarse.- El labio inferior de la chica comenzó a temblar como si tiritara de frío, gesto ante el que el demonio emitió un nuevo gruñido y tomó aquel labios entre los suyos, arrancando un suave gemido de los femeninos.

En un movimiento tan veloz que dejó mareada a la humana, el demonio estaba de pronto en la entrada a su cabaña. Se sintió vacía, después de haberlo tenido encima, sentir su peso y estar rodeada por todo él, sentir sus labios y caricias, ahora que se había alejado notaba el frío de la noche. Pensaba protestar hasta que el demonio pronunció unas palabras que sin duda no iban dirigidas a ella. Comprendió entonces que se había puesto de pie con la intención de evitar el paso de alguien, informando que ella estaba casi lista y saldría en un momento, consiguiendo así que el intruso se alejara y aprovechando para irse también, no sin antes dedicarle una última mirada a la confundida humana.

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Cuando salió de su cabaña todos sus amigos menos Inuyasha estaban afuera, y además de ellos se encontraban tres youkais que no conocía. Sesshomaru pasó a presentar ante todos a sus hombres.

Ryoga era un youkai jabalí, tenía el cabello de un castaño rojizo muy corto, era de contextura gruesa y estatura media, apenas un poco más alto que Kagome pero con una espalda muy ancha, sus ojos eran negros. El youkai tigre, Tora, era casi tan alto como Sesshomaru y de la misma contextura, sus ojos era castaños muy claros, como color avellana, y su cabello rubio oscuro. Y finalmente una chica muy guapa, de larguísimos cabellos de un verde intenso y ojos de mismo color en un tono más claro, como el agua, era una youkai serpiente y su nombre era Midori.

Hechas las correspondientes presentaciones, los que se quedaban comenzaron con sus tareas cotidianas, y los que se marchaban iniciaron su camino hacia el sur.

El viaje hasta la frontera sería largo, al menos dos semanas de caminata, y se haría incluso más largo si ninguno de los dos emitía palabra. Kagome seguía confundida sobre lo que había pasado aquella mañana, ¿Acaso de verdad el demonio había estado atormentándola todas las noches acudiendo a su alcoba mientras dormía? No parecía algo que él hiciera, pero tampoco podía descartarlo. Por otro lado él parecía molesto, ni siquiera la miraba y cuando lo hacía su ceño se fruncía más de lo normal. Era un descaro que se molestara con ella cuando el que había actuado mal era él.

Pasó una semana antes de que alguno pronunciara palabra alguna más que para ponerse de acuerdo con respecto a las comidas, los descansos o el viaje en sí mismo, y hasta donde la chica tenía entendido les quedaba una semana más de viaje. Durante aquellas noches transcurridas no había sido capaz de dormir profundamente, aun con la duda de lo que había pasado realmente, se mantenía prácticamente en vela durante toda la noche, durmiendo cortos periodos y despertándose por el más mínimo sonido. Cuando ya no aguantó más, tras darle muchas vueltas al asunto, decidió preguntarle directamente.

-Sesshomaru.- Lo llamó esa tarde luego de haber armado el campamento donde pasarían la noche. Se acercó a él y sentó a su lado, él simplemente la miró de nuevo con el ceño fruncido. Con sus manos le masajeó el entrecejo, gesto que el demonio ya parecía aceptar sin enojo y se relajó un poco. -¿Quieres decirme qué sucedió realmente?- preguntó ahora con las manos en su regazo, no especificó, pero él sin duda sabría a qué se refería.

-No.- Fue su seca respuesta, adivinando a qué se refería.

-Bastardo orgulloso. ¿Prefieres que crea que eres, además de todos los adjetivos negativos que pueda darte, un enfermo sexual que atrevería a meterse en la cama de una mujer mientras duerme para aprovecharse de ella? ¿Es lo que eres?- Preguntó perdiendo un poco la paciencia.

-Lo que creas o no, es tu problema, no mío.-

-¿Entonces está bien si pienso que no eres más que un pervertido?- Lo provocó. -¿O que no tienes sentimientos en absoluto?-

-¿A qué quieres llegar con eso, humana? Desde el principio me culpaste de… No sé de qué, sin preguntar. Perfecto. Pero antes de incriminarme en algo más, ¿Por qué no ves lo que has hecho tú?- La acusó. Y tras hacerlo se puso de pie y comenzó su retirada.

-¿Yo?- Se puso de pie inmediatamente, aunque él le diera la espalda.

Antes de responder, finalmente la dedicó una mirada por encima del hombro. -¡Sí, tú! Aunque quieras lucir como la víctima en todo esto, has sido tú quien lo provocó. Durante cada visita que hacía a la aldea me dedicabas miradas lascivas, ¿o no? Me deseabas. Apuesto a que querías que te tomara por la fuerza para poder culparme y quedar como la chica buena, la virgen inocente. ¿O no?-

Kagome no dijo nada, pues sabía que todo aquello era verdad, había llegado a soñar incluso que él la tomaba por la fuerza, y aunque lloraba cada vez, lo disfrutaba. Pero esos eran sus pensamientos más oscuros y profundos, ¿Cómo podía él haberlos adivinado tan fácilmente? Eso pensaba cuando él le dedicó una sonrisa que espantaría a cualquiera, y se giró para verla de frente.

-No lo hice. Quizá yo no soy el bastardo inmoral que aparento ser. Pero tú no eres tan buena y decente. Sé que quieres que te diga que sí, que me lancé sobre ti mientras dormías, que te toqué hasta que estuvieras así de húmeda.- Se acercó hasta quedar a sólo centímetros de ella, quien tenía los ojos acuosos, a punto de llorar. –Cuando llegué a la aldea el olor de tu sexo estaba en todos lados, debo admitir que lo primero que pensé fue en ir, despertarte y hacerte mía. Pero al entrar en tu cabaña murmuraste mi nombre. Pensé que era una invitación, pero seguías dormida, te tocabas como aquella vez que te vi en el bosque, y por poco no cumplí tu jodido deseo.-

-¡Cállate, cállate!- gritó la chica por fin rompiendo en llanto, cubriendo sus oídos.

-No, ahora vas a escucharme.- La agarró por ambos antebrazos y le obligó a escucharlo. –He asesinado, he torturado y manipulado situaciones si eso era necesario para conseguir un fin, pero no soy un violador. No tomo mujeres a la fuerza. La mujer con la que esté, estará tan deseosa como yo, gritará de placer no de dolor, y consentirá cualquier cosa que yo le haga. ¿Me estás entendiendo?- Ella asintió sin verle a la cara, la avergonzaba aquella situación. –Así pues, si deseas que te tome tendrás que pedirlo. No entraré a hurtadillas en tu lecho-.

Después de aquella última frase la soltó y se alejó de ella, como si le diera asco su sola presencia. Ella simplemente cayó de rodillas en ese mismo lugar, y tras quedarse sin lágrimas se dejó llevar por los brazos de Morfeo. Esa noche también soñó con Sesshomaru, pero esta vez él no la tocó, sólo le dedicó la misma mirada reprobatoria y palabras hirientes.

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La mañana siguiente el youkai no la despertó para continuar su viaje, estaba sola en un territorio desconocido, a días del único lugar seguro que conocía, y sin la más mínima idea de cómo regresar. Se sintió asqueada consigo misma, él debía pensar que aún era sólo una niña y tenía razón. Pero era mejor así, de esa manera él ya no la desearía y ella tendría que dejar de desearlo también.

Se había pasado la noche rememorando sus palabras. En sueños se repetían una y otra vez. Fue entonces que recordó lo que él le había dicho la primera vez que se besaron: "Estás en celo, tu cuerpo te exige satisfacer necesidades que son completamente naturales, intentas obtener algo del placer que deseas por tu propia cuenta pero cuando tienes un macho de verdad que puede satisfacerte huyes sin razón alguna". Quizá se había engañado con cuentos románticos en el que llegaría su príncipe azul sobre un corcel blanco a cumplir con todos sus sueños de princesa. Pero la verdad ella no tenía sentimientos por él, había jurado ante Sango que no podría enamorarse de alguien que había intentado asesinarla, pero aun así quería que él la amara, y eso sólo le demostraba que no había madurado lo suficiente como para tener una verdadera relación.

Pensó entonces que se merecía el que la hubiera abandonado allí, a su suerte. Terminó de recoger sus pertenencias, y comenzaba a caminar en el sentido que creía era por donde habían llegado cuando un fuerte estruendo resonó a su espalda. Era una batalla, no muy lejos de su posición, y supuso que allí debía estar Sesshomaru. Sin pensarlo dos veces corrió en su dirección.


Acá les dejo algunas interrogantes para darles algo en qué pensar: ...

¿Por qué Sesshomaru de repente les da todas aquellas explicaciones?

¿Por qué Sesshomaru esperó a que Kagome se fuera para explicar su plan completo a los demás?

¿Por qué Inuyasha no estaba allí cuando Kagome salió de su cabaña?

¿Por qué, en realidad, Sesshomaru no estaba allí cuando Kagome despertó (la última mañana)? ¿En verdad se iba sin ella?

Hmmmm... ~

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Acá quiero aclarar un punto que ya había mencionado, creo que en el primer capítulo, pero creo que no me leyeron el comentario jajaja.. La historia se ubica 7 años después de que Kagome llegara al Sengoku, pero aun no han matado a Naraku y tampoco ha desaparecido la perla, simplemente el tiempo aquí si transcurre y no como en el anime que sin importar cuanto tiempo pase Kagome sigue teniendo 15 años .

La situación actual con los grupos (el hecho de que se hayan unido) lo explicaré en la historia más adelante.

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Sin más que agregar, mil gracias a todos los que leen, y un agradecimiento especial a los que, además, dejan sus comentarios: Linda28091993, Kigen no Lawliet, Alinita28, sofiabarbara.m, Faby Sama, KnL, Makimashi Misao F.D.S.S.L.A, nany youkai, Aoi Dandelion, LUNA NUEVA.

Gracias a tod s, espero seguir leyendo sus comentarios. Me dan ideas nuevas y ganas de continuar. Nos leemos en el próximo capitúlo ;P