¡Hola! Tenía rato que no actualizaba algo, el internet, el trabajo, trabajar tiempo completo para ir a la doki. La vida de adulto y comprar mariconerías es un asco :C

Ya saben, esta es una nueva colaboración con Ure, así que el precioso fanart de esta historia viene incluido en el grupo uwu)/

En fin, sin más preámbulos, seguiré escribiendo lo que me queda de la week. NO ME RENDIRÉ HASTA PODER TERMINARLO. Espero poder hacerlo en estos días antes de entrar a la facultad :c.

¡Mierda! Este será el fin de Kellen la perezosa :c

¡Disfruten la lectura!

La situación para el fanboy

Su respiración se aceleraba, el calor se incrementaba y el sudor de su frente adhería los cabellos a su rostro. Mierda, sentía el corazón latir y el pulsar de sus sentidos retumbaban en sus oídos, Hiro jadeó, estaba cansado, él quería descansar.

Pero la situación no se estaba prestando para ésto.

MIGUE RIVERA, AHHHHH SOY TU FAN.

Mierda, Miguel, déjalo descansar.

Se estaba volviendo loco, el cuerpo, el cabello, el rostro y el aliento, todo lo estaba sintiendo demasiado cerca que incluso el caos al otro extremo del pasillo le era de lo menos importante.

TE AMO, MIGUEL

Un suspiro suave se escapó de sus labios, más con las manos morenas pegadas a él que recorrían timidamente el cuerpo ajeno, subiendo lento aún sobre las prendas puestas.

MIGUEL, ¿DONDE ESTÁS?

Sus dedos se enroscan en la pared por las cosquillas que hace el cabello de Miguel rozandole en el oído, lo pudo sentir y escuchó el tragar de su saliva. Debe estar igual de tenso que él. Mierda, sabía que debía concentrarse...

MIGUEL, DAME UN AUTÓGRAFO.

El pecho de Miguel se apegó en él, y esas manos morenos que estaban en su cintura viajaron más calmadas hasta estacionarse a un costado de su cuerpo. Miguel se aproximó a él y un gemido explotó en el cerebro del Hamada, mierda...

AHHHHH, MIGUEL RIVERA.

Carajo.

MIERDA, NO, NO PODÍA CONCENTRARSE, ¿QUIEREN CALLARSE Y DEJARLO DISFRUTAR ESTE MOMENTO?

El fanático golpeó la frente contra la pared de la frustración por los chillidos estridentes de esas mocosas que lo desconcentraban. si no fuera por las manos que ahora estaban a un costado y el cuerpo del Rivera, esto sería de las situaciones más incómodas de su vida porqué Hiro detestaba que invadieran su espacio y su vida personal.

Y lo decía porqué realmente lo estaba disfrutando

Hiro Hamada no podía creer como había terminado en esta situación.

De una salida casual al parque de diversiones, un grito de una chica que reconoció a su ídolo y un muy considerado (Perturbador) grupo de fanáticas que le llamaron esperanzadas de encontrarlo a esto. Hiro recordó cuándo la chica gritó su nombre, Miguel y sus reflejos lo salvaron al sostenerlo de su mano y lanzarse a correr lejos de la multitud desbordando alegría.

Recorrieron el parque, escondiéndose entre los juegos mecánicos y otros pasillos hasta que el cuerpo del Hamada no resistió y empezó a exigir el descanso. Era un fanático, no un jugador de fútbol americano, por lo que rogó a Miguel una zona de descanso, y entonces, Miguel vio el estrecho callejón.

Y ahora estaban así, con las fanáticas buscándolos y ellos luchando de cuerpo a cuerpo por un pequeño espacio en esa diminuta brecha.

—Hiro, lo siento mucho —habló Miguel muy cerca, demasiado cerca —Te juro que no se repetirá...—murmuró a su oído. Casí podía sentir el roce del aliento caliente chocar contra su piel.

¡Oh dios!

Hiro presionó los dedos contra el ladrillo al sentir la segunda fricción del miembro contra él. Aguantó un jadeo que asustará al otro por aquellos malditos pensamientos tan impuros.

No era el momento, ni era la situación.

LO ESTABA SINTIENDO, EL ESTABA...EL ESTABA...

¡OH POR DIOS! ¿ESO QUE ESTABA SINTIENDO EN SU PARTE TRASERA ERA ESO QUE CREÍA?

No, carajo, Hiro concentrate.

OH POR DIOS, ACABA DE CHOCAR CONTRA ÉL DE NUEVO.

Mierda, debía tomar seriedad ante el asunto, pero le era imposible encontrar una solución pacifista con Miguel aplastándolo contra la pared como si quisiera empotrarlo, que de alguna manera, no le molestaba.

Mierda, Hiro pensaba, se regocijaba, ¿cuántas de estas fanáticas desearían estar igual que él?

¡Demonios debía concentrarse!

OH, DE NUEVO, DE NUEVO.

PUEDE OLER HASTA ACÁ SU ENVIDIA.

Hiro por primera vez, estaba agradecido de que esas chicas le interrumpieran su momento intimo con Miguel, porque, claro, él estaba teniendo otro más intimo.

Los tumultos fueron desapareciendo, Miguel supuso que se iban alejando. Duraron así varios segundos, atorados en el mismo estrecho callejón, Rivera pensando en no incomodarlo y Hiro deseando que esas fans siguieran buscándolo.

No todos los días presenciaba los milagros de la vida, no todos los días sentía el paquete del Rivera chocando con su parte trasera. Ambos se relajaron al ya no escuchar más gritos y pisadas emocionadas, los dos soltaron un suspiro aliviado.

—¿Nos vamos? —preguntó con aquel hoyuelo que derretía los pensamientos coherentes del Hamada.

Hiro se mordió el labio para no pedir que se quedarán un rato más, asintió intentando mantarselo lo más posible al concreto y hacer una nueva distancia entre ellos.

No obstante, esto resultó en un salto y un choque involuntario cuándo el grito femenino le estremeció los oídos a ambos. Hiro, consciente de su situación trató de alejarse al adherirse a los ladrillos, más el cuerpo todavía vibraba incómodo.

¡Lo vi por la rueda de la fortuna!

¡Vamos!

Miguel ahogó un gruñido cuándo el cuerpo del Hamada volvió a frotarse contra él,incluso, las voces del otro extremo del pasillo se volvieron distantes.

—Hiro...deja de moverte —puesto que sentía la fricción de las telas le estaba distrayendo sólo un poquito.

Y con aquel llamado sucedió en el momento menos indicado, Miguel se acercó, Hiro volteó y las narices se estrellaron de forma fortuita. Un dulce beso esquimal.

Miguel abrió los ojos y Hiro también se sorprendió.

Fue rápido, algo inocente y tierno.

Hiro pensaría que pudo ser más romántico, si no fuera que están en un callejón abandonado de un parque de diversiones alejándose de las fans del mexicano.

—¡Ay! —Miguel se alejó, golpeándose contra la pared, su nariz todavía se sentía tibia por aquel contacto.

Hamada estaba rojo, aún con la poca luz filtrada se le notaba el tono sonrosado en las mejillas.

—¡Hiro! ¡De verdad discúlpame! —musitó en voz baja.

Las fans aglomeradas del Rivera comenzaban disturbios pero más lejos, Miguel quería tocarse la nariz que acaba de chocar contra la ajena, pero sus brazos se encontraban todavía estampado contra la piedra lisa, intentó hablar, decir algunaexcusa coherente porque el silencio del fanboy comenzaba a asustarlo.

—¿Hiro?

Silencio, completo silencio

Miguel aguantó un jadeo que se cubrió con el grito nuevo de una fangirl proclamando su nombre. Luego, aprieta los dedos entre las grietas con nerviosismo, pensando al percibir la tensión del cuerpo ajeno, que Hiro estaba en hecho una furia.

Hiro se veía demasiado tenso, quizá no le había gustado.

—¿Hiro? —intentó llamarlo de nuevo, pero obtuvo la misma gélida respuesta —¿Hiro? —habló preocupado —, ¿Hiro? ¿Hiro? ¿Hiro? ¿Hiro?

Miguel asumió lo peor.

Ay, no.

¡Ay no! ¡Ay no! ¡Ay no! ¿Y si Hiro lo odiaba por lo de ahorita? ¿Lo odiaba por ese beso accidental? Aunque no sabía si eso contaba como un beso accidental, ¿chocar las narices accidentalmente era uno?

Ahhhh, Hiro le estaba confundiendo.

—¿H-Hiro? —cuestionó, dudando de nuevo.

Sin embargo, Hiro sólo estaba rogando a las deidades necesario para no caer desmayado.

Notas finales.

¡Gracias por leer hasta aquí! Espero les haya gustado este pequeño capítulo que hice con amorts uwu)/