-Rose. -Murmuró, sin despegar su vista de ella.

Ella le escudriñó con la mirada al verlo tan tenso. Albus no era así, él no solía aparecerse por todos lados imponiendo su presencia a base de escándalo, ni miraba con el ceño fruncido a sus primos como Fred, por mucho que éste y James le jugasen bromas pesadas.

-¿Todo bien, Al? -Canturreó Fred detrás de la chica, que se dio vuelta para verle sonreír ampliamente. Albus asintió lentamente con la cabeza. -Íbamos a buscar a Jamsie, ¿quieres acompañarnos? -Ofreció, amable.

-¿Acaso no está con ustedes?

-Fred me encontró luego de que lograse volver aquí desde el baño. -Explicó Rose, y ella misma se sorprendió ligeramente de los datos. ¿Cómo le había encontrado el chico entre tanto vagón oscuro? Más que nada, ¿por qué le estaba buscando en primer lugar? Nadie más que quienes se encontraban con ella en el compartimiento, al momento que decidió ir al baño debía de saber que estaba extraviada, y James y él no contaban entre los presentes.

-¿Sí, y por qué mi hermano no está aquí contigo, Freddie? -Inquirió Albus. -Por lo general son como uña y mugre.

El Weasley soltó una carcajada que intentaba ser amistosa, más no terminó de convencer a nadie.

- Él fue a buscar a tu linda hermanita. -Se encogió de hombros, sacando otro cigarrillo y encendiéndolo de modo que el fuego le iluminó las palmas de las manos por una milésima de segundo, en las que ella logró divisar unos profundos y frescos cortes, como si un gato los hubiese hecho recientemente. -Ya sabes cómo es, se asusta fácil.

Albus dio unos pasos más hacia donde estaban ellos dos, aún tenía el ceño fruncido y no bajaba la retaguardia. Extrañamente, podía sentir cómo el cuerpo de Fred se tensaba más y más con cada paso hacia el frente que su primo favorito daba.

-Cierto. -Aceptó él. -Pero algo me ronda por la mente.

Volvió a reír, esta vez sin tanto disimulo.

-¿En serio, primito? Anda, dime. -Lanzó el humo de su cigarrillo hacia atrás.

Ahora fue el turno de Albus para lanzar una carcajada. Nerviosa y sin saber qué realmente pasaba allí, Rose observó cómo la mano del Slytherin, casi imperceptiblemente, estaba posicionada en el lugar exacto donde solía esconder su varita.

-Todo a su tiempo. -Sonrió, y fue una sonrisa cálida y confiable, como las que solía dar a todo el mundo. -¿Por qué no nos llevas con James?

-Con gusto. -Accedió el mayor.

Con paso lento y cuidadoso, el muchacho se acercó lo suficiente a ellos como para que Fred decidiese caminar por la puerta que había abierto hace un rato. Rose miró con atención a los dos primos. ¿Qué era todo eso? Vale, no eran quienes más se querían entre la familia, pero solían llevarse muy bien gracias a la personalidad calmada del Weasley que lograba frenar un poco lo travieso que podía ser James con sus hermanos menores.

Entonces, mientras pasaban por un oscuro y estrecho vagón donde Rose tuvo que obligarse a mirar hacia el frente (ya que tenía la estúpida idea de que un par de ojos le observaban atentamente, de seguro otra paranoia de ver la película de terror muggle), una idea asaltó su mente. Tenía que preguntar por los demás. Los que estaban en el mismo compartimiento que ellos dos. Alice, Hugo, Lily y Scorpius. Algo les tendría que haber pasado, pues no estaban cuando ella ya había vuelto del baño. ¿Por qué Albus había partido solitariamente a pasear por el tren? ¿Dónde estaban? Y, claro, si su primo había llegado desde el lado opuesto al donde iban, donde se suponía que estaba James... algo olía raro allí. Fred había dicho que el mayor de los Potter estaba buscando a Lily, pero lo más probable es que la pelirroja estuviese con Albus desde el principio. La verdadera pregunta era, ¿hacia dónde los estaba conduciendo Fred?

Se giró a mirar interrogantemente a Al, y ya estaba abriendo la boca para hablar cuando notó que el mismo chico tenía un dedo sobre sus labios y le miraba significativamente, dándole a entender que no dijese ni una palabra.

Y ahí fue cuando se dio cuenta de que Fred ya no se movía. Estaba parado frente a la puerta de otro vagón, dándoles la espalda.

-¿F-Freddie...? -Preguntó Rose, con cuidado. -Oye, hombre...

Albus posicionó una mano en su hombro discretamente y luego negó con la cabeza. Rose asintió. No sabía qué rayos le pasaba a su primo, ni lo que había detrás de esa puerta, pero sabía que debía confiar en su primo favorito. Era su mejor amigo, después de todo. Y si algo tenía claro, era que él podría manejar la extraña e inusual situación mucho mejor que ella. Fred nunca se quedaba tan estático, aunque fuese el relajado del dúo Potter-Weasley de bromas. No, algo iba mal ahí, desde el principio. Rose se fijó, desde la posición en que estaba, que el cigarrillo entre los labios del chico estaba apagado, ya ni humo salía.

Lanzó su mano hacia la varita que se encontraba en su túnica, y dio un respingo al ver a Albus sacar la suya propia, sin intentar aparentar otra cosa. Estaba más nervioso que nunca, lo podía ver en su rostro y por lo juntas que estaban sus cejas.

"Yo primero", leyó en los labios del Slytherin, y Rose tragó en seco para darle a entender que aceptaba. Claro que lo iba a dejar actuar primero, pues tenía la impresión de que al menos él sabía algo de lo que pasaba. Albus era quien se dedicaba a investigar los libros de magia negra, los de maldiciones y otras anomalías en el mundo mágico, motivado por el trabajo de su padre que algún día aspiraba a tener. Sí, definitivamente pensaba dejarlo actuar primero.

Justo allí, vio como la mano de Fred salía de su bolsillo, varita en mano, y apuntaba al cerrojo de la puerta frente a ellos. La manilla, silenciosamente, se cerró con magia. Y el Weasley rio en voz baja, agudamente, y la chica sintió cómo se le erizaban los pelos de la nuca. ¿Qué estaba pasando con él? Más importante aún, ¿qué había detrás de esa puerta que él había evitado que vieran?

-Bueno, bueno, creo que Albus me ha visto meter la pata. -Susurró fríamente quien decía ser su primo Fred.