Bueno, después de mucho tiempo, actualizo. Había dejado en hiatus la historia. Disculpen la demora, pero aquí está, finalmente, el nuevo capítulo.
Muchas gracias a los reviews: Chibi Sakurita, Yaku-chan!, leosapiens29, -X-KathO-Chan-X-, Tsubaki Uzu Uzu, Ren Curtis, Kasu Uzumaki, Katia, Mistress of Nightmare y Lisseth96 n_n (Mañana me ocuparé de responder los reviews, aunque seguramente no recordarán lo que habían puesto. Disculpen la demora, nuevamente). Y muchas gracias a las personas que pusieron la historia en "alert" y en favoritos (:
También pido disculpas si les parece largo o corto el capítulo, o incluso aburrido. La idea es contar la historia "con suavidad" y no de golpe.
Sin más, el capítulo cuatro: Memories (Recuerdos).
Yamanaka Ino.
·Memories.
Me desperté con todas mis energías. Hoy iba a ser el primer día de escuela de la hija de mi diseñadora favorita, ¡y ella era mi amiga! Bueno, todavía no era tan así, pero íbamos en ese rumbo, aunque ya habíamos tenido nuestras pequeñas peleas. Mas, ciertamente, esa chica era rara.
Me puse el uniforme del colegio, cepillé mis dientes y me arreglé frente al espejo, regocijándome de mi propia belleza. ¡Qué linda que era! Reí alegremente, disfrutando de mi buen ánimo, y volví a la sala donde estaban nuestras camas y me abalancé sobre Hinata, quien se encontraba durmiendo, apacible.
—¡Arriba, señorita dormilona! –grité con todas mis fuerzas pero ella abrió los ojos con la misma calma de siempre. Se había acostumbrado ya a mis métodos para despertarla—. ¿Cómo estás el día de hoy, Hinata?
—Bu-buen día, I-Ino –me murmuró con su linda voz adormilada—. Bi-bien, ¿y vo-vos?
—Perfecta. Recuerdo quien soy y cómo te debo despertar –volví a carcajear y me miró con una sonrisa—. ¿Te cambiás y vamos a buscar a la rarita con frente de marquesina para ir a desayunar?
—De-deberías de-dejar de llamarla así –me aconsejó y sonreí inocentemente—. O-o te va a-a volver a go-golpear.
—Si esto sigue así, para fin del año escolar termino desfigurada –murmuré pensativa, y luego puse una perfecta cara de terror—. ¡Perderé mi belleza!
—Se-seguramente va-vas a se-ser igual de-de bonita, no te-te preocupes.
—Gracias.
Mi compañera de cuarto era tan, pero tan amable con los demás que hasta me daban ganas de pegarle a Naruto por no darse cuenta de la chica que estaba enamorada de él desde hacía mucho. Qué estúpido que era.
Esperé a que ella terminara de cambiarse para ir a buscar a la nueva y, así, bajar juntas a desayunar.
Cuando tocamos la puerta, nos atendió un monstruo de pelo rosa, ojeras y un pijama blanco todo desarreglado. Grité levemente, haciéndome la espantada —aunque el aspecto de la rarita lograría asustar hasta a Ibiki-sensei, que era peor que un cuento de terror por la noche en un bosque lleno de ruidos extraños—. Me miró mal.
—No me van esos chistes, cerda –se quejó.
—Bueno, bueno –le dije—. Vamos a desayunar, ¿venís?
—Tengo que cambiarme…
—Te-te esperamos –la preciosa voz de mi querida Hinata se hizo escuchar.
—Bueno, ahora vuelvo.
Estuvimos demasiado tiempo esperando a que la cosa que dormía en ese cuarto saliese. Como una persona decente, volvió con nosotras vestida con el uniforme; arrugué mi seño: le quedaba bastante moe.
—Usá otro. La única chica linda en el salón soy yo –miré a Hinata—. A vos te lo permito porque es tu tierna naturaleza.
—No molestes –me espetó la chica de la frente enorme y me empujó, agarrando la mano de Hinata—. ¿Vamos?
—¡Hey! ¡Yo soy la única que se adueña de Hinata!
—Te-tengo dos ma-manos –murmuró mi dulce chica de los ojitos blancos, para que no me irritase.
Entre las dos la arrastramos —literalmente— hasta el comedor. Jugábamos a ver quién era la que tenía el mando y conducía a nuestra amiga. Obviamente, yo era la dueña de mi compañera y por eso era la que iba delante de las tres, pero el monstruo del armario se creía capaz de ganarme e intentaba correr —cosa que la hacía parecer un pato— para pasarme.
—Chi-chicas –miré con miedo a mi querida Hinata. Tenía la voz lastimosa y arrugaba la nariz.
—Pe-perdón, Hinata, no lo hice queriendo –murmuré. La desesperación se estaba apoderando de mí como siempre que la veía en ese estado. Ella no podía esforzarse.
—E-está bien, só-sólo me agité –me contestó, sonriendo. Siempre me decía que estaba bien con esa sonrisa suya que me hacía dudar pero no le insistía nunca.
—¿Qué te pasó, Hinata? –le preguntó Sakura con intriga. La entendía, no saber nada y ver que a cada rato Hinata ponía cara de dolor, seguramente era algo incómodo.
—Me-me agité –dejó escapar de entre sus labios una risita llena de nervios y yo suspiré. Pensar que empezábamos el día así.
Tuvimos que separarnos cuando sonó el timbre para entrar a clases ya que Sakura tenía que ir a hablar con Kakashi-sensei con quien teníamos la primera hora.
Hinata y yo nos sentamos en nuestros lugares —una al lado de la otra—, ella tras un asiento vacío y yo tras el idiota de Naruto. Todos estaban hablando de "la chica del cabello rosa" pero no me gustaba que los chicos estuviesen tan interesados; yo era más linda, más flaca, era buena en los deportes y mi piel era blanca como la de ella. ¿Qué tenía mejor que yo?
—No-no te pre-preocupes –Hinata me sonreía; había entendido mi estado de preocupación—, no-no parece que-que a Sa-Sakura le i-interese Sa-Sasuke-kun…
—Espero –deseé.
—¡Ino! –la zanahoria con patas llamada Karin quien se atrevía a pensar que era digna competencia para mí, apareció frente a nosotras con su rostro de enojo—. ¿Quién sos para sentarte a almorzar con MI Sasuke-kun?
—Si seguís arrugando tu cara así, en poco tiempo te parecerás a una vieja –me burlé de ella cosa que la enfadó más.
—Te vuelvo a ver cerca de él y te quedás sin cabeza, rubia oxigenada.
—Me das miedo enserio. Más tu cara –volví a reírme y ella se fue echando humo.
No me agradaba nada que la mitad de las chicas del colegio se interesasen en él, porque era mío y de nadie más. Por esa razón me preocupaba tanto la llegada de Sakura porque, en el fondo, sabía que ella era bonita y podía sacarme mi lugar.
—¡No lo puedo creer! ¡Hoy llega Shikamaru! –gritó Choji, un gordito castaño que no paraba de ingresar comida a su boca ni aunque le pagasen.
—¿Ya pasaron los dos años? –Naruto pareció verdaderamente emocionado.
—¿Shikamaru? ¿Quién es? –le pregunté a Hinata que me miró con tristeza.
—E-es u-un compañero que tu-tuvimos ha-hace mucho –murmuró—. Se-se fue de-de inter-intercambio a Australia po-por do-dos años…
—Dos años –murmuré.
Eso significaba que era imposible que lo recuerde puesto que hacía dos años de mi accidente. Sólo poseía dos años de recuerdos y eso no lo incluía a él.
—Ino, ¿no te acordás de Shikamaru, cierto? –me preguntó Kiba con un poco de tristeza en su voz.
—No…
—Vamos a tener que explicarle tu situación –masculló Choji que estaba en el mismo estado que Kiba. Los miré, sin entender—. Nunca le contamos sobre tu accidente.
—¿Y?
—Habían comenzado a salir.
—¿E-eh?
¿Yo? ¿Enamorada de alguien que no era Sasuke-kun? Eso era imposible.
—S-sí –me respondió Hinata ante el atontamiento.
—Buen día, bolita de inútiles –nuestro profesor de matemática, Kakashi-sensei de pelo plateado y ojos negros, entró al salón y dejó sus cosas en el escritorio para pasar a vernos a todos—. ¿Qué esperan? Cada uno a sus lugares —nos ordenó, exasperado y, cuando le hicimos caso, continuó—. Bueno, creo que ya todos saben sobre ella y, la mayoría, la vió; tenemos una nueva compañera.
Miró hacia la puerta y le ordenó que pasase. Sakura entró con timidez y con, supuse que era, miedo y se quedó cerca de la puerta, alejada del profesor.
—Eh… –Kakashi-sensei pareció incomodarse con aquel detalle—. Podés presentarte.
—So-soy Haruno Sakura. Por favor, sean buenos conmigo –murmuró y luego hizo una pequeña reverencia.
—Bueno, Sakura, tu lugar es junto a Naruto –señaló al rubio patoso y la ví vacilar en su paso pero, finalmente fue hasta su sitio—. Bueno; otra noticia es que está previsto que Shikamaru llegue hoy al mediodía y, si es así, vamos a tener un pequeño momento para que nos cuente sobre sus vivencias.
—¡Hora libre! –gritó Naruto, resaltando como siempre.
—No –Kakashi-sensei lo miró con fastidio—. Dije "pequeño momento".
Uzumaki pareció entender y se quedó callado.
La clase empezó normal. Podíamos resolver los problemas con el compañero del costado por lo que Hinata y yo empezamos a trabajar juntas. Pero la paz de nuestra clase se vió usurpada por el grito —que casi me rompe los tímpanos de lo agudo y fuerte que fue— que soltó Sakura al pararse de inmediato de su lugar y mirar con horror a Naruto que miraba para todos lados, sorprendido.
—¿Qué-qué te pasa, Haruno? –le preguntó Kakashi-sensei, igual de sorprendido que todos, que había dejado su lectura para verla. Se paró y fue hasta ella y la tomó de los brazos—. ¿Por qué llorás? –le preguntó, extrañado.
—No-no me haga nada –murmuró ella. ¿Hacerle algo por haber interrumpido la clase? ¿Qué no se había dado cuenta que el tipo ese era un holgazán de las mismas características que Naruto?
—Eh –vaciló—. No planeaba pegarte.
Sakura se abrazaba ella misma, mirando con sus ojos húmedos y horrorizados al profesor. Kakashi-sensei se rascó la cabeza y me miró.
—Ino, ¿podrías llevarla afuera para que se tranquilice?
—S-sí –respondí algo confundida y me paré junto a la nueva—. ¿Vamos, Sakura?
Se abrazó a mí como si de ello dependiese su vida y salimos de allí; en aquel instante su llanto se hizo más fuerte. No entendí bien el porqué, pero me estaba dando cuenta que las personas que se relacionaban conmigo realmente eran raras.
En silencio, atravesamos todos los pasillos necesarios hasta llegar al patio, y, luego de buscar un buen sitio en el césped, comenzó el período de "tranquilizar a la loca".
Debía hacer una encuesta para saber cuántos chicos raros había en Konoha.
—Pe-perdón –gimoteó.
—No me importa salir de la clase de matemáticas –reí para tratar de mostrarle que no era nada, pero parecía estar peor—. ¿Qué te pasa? Sos rara.
—Ya-ya sé.
—Kakashi-sensei no te iba a pegar por haber interrumpido la clase –le dije para calmarla—. No sé cómo eran tus otras escuelas, pero esa no es la filosofía de este colegio.
—¿Pe-pegarme? –susurró, como si esa idea no se le hubiese ocurrido nunca.
—¿No fue eso lo que pensaste? –inquirí y ella negó con su cabeza—. Entonces, ¿por qué le pediste que no te hiciera nada?
—Po-por nada –se acomodó y se secó las lágrimas que paseaban todavía por sus mejillas, con la manga de la campera gris de nuestro uniforme escolar—. Disculpá por asustarte así…
—No, está bien –le sonreí—. Pero, si tenés algún problema, Hinata y yo somos tus amigas, ¿o no?
—Hace un día que nos conocemos.
—Existe el amor a primera vista y la amistad también –reí con complicidad y me gané su sonrisa. El sentimiento de molestia que había tenido antes por ella ahora era uno de protección, igual al que tenía por Hinata.
El resto de las clases pasaron normalmente. Naruto no se le volvió a acercar a Sakura y toda la escuela comenzó a generar rumores acerca de ella por haber tenido ese momento en la clase con Kakashi-sensei. Aún así, Sakura no parecía molestarse por eso.
—Siempre es igual –nos dijo a Hinata y a mí cuando le preguntamos.
Cuando interrogué —violentamente era demasiado brusco como adjetivo. Mejor era: efusivamente— a Naruto, él se escudó explicándome que en la clase sólo le había tocado la mano sin querer, cuando ambos quisieron agarrar una lapicera y fue ahí donde ella se puso a gritar. No sé qué de malo tendría eso, pero Sakura se había puesto muy rara; parecía tener miedo de algo.
En mitad del almuerzo nos reunieron a todos los de nuestro salón, haciéndonos dejar de comer, algo que agradecí ya que estaba a punto de romper mi dieta y no era algo que quisiese verdaderamente. El pretexto era encontrarnos con aquel joven que había ido a estudiar al exterior. Junto al escritorio del profesor, sentado en una silla, estaba un chico de cabello negro atado en una coleta alta, y sus ojos oscuros encerraban una mirada de fastidio al igual que la expresión de su cara —no había nadie con él, no entendía por qué esa actitud—. De repente, mi corazón pegó un salto y comencé a sentir dolores de cabeza pero intenté ignorarlos para escuchar los murmullos que se habían formado entre todos. Kakashi-sensei se paró frente a nosotros, con una gran sonrisa en su rostro.
—Shikamaru volvió con nosotros.
—¡Shikamaru! –gritaron casi todos, acercándose al recién llegado.
Naruto, Kiba, Choji y otros chicos pasaron por mi lado para correr a encontrarse con aquel chico que me hacía sentir mal y fruncir el seño con fuerza. ¿Él había sido mi novio? Odiaba no recordar nada. Mi niñez, mis cumpleaños, mi madre y, ahora, mi supuesto novio.
Estuvo alrededor de veinte minutos contándonos —sin ganas, evidentemente— sobre sus vivencias en Brisbane, la capital del estado de Queensland. El paisaje, los centros turísticos, sus compañeros, la escuela, las costumbres. Contó todo lo que vivió a grandes rasgos sin poner mucho énfasis en nada de eso. Aunque, si debía ser franca, no había puesto especial atención en nada, debido a que tenía mi mente concentrada en analizar cada gesto, cada movimiento que realizase, intentando recordarlo.
Una vez que se dio por terminada esa charla que sería continuada, seguramente, en la próxima hora con Kotetsu-sensei —porque la intriga de saber sobre los detalles lo haría preguntar—, nos dirigimos a la terraza para poder pasar un rato de tranquilidad. Pero, para mí, no sería así.
El chico recién llegado se acercó a nuestra rondita y me miró fijamente.
—Ino, ¿puedo hablar con vos? –ya no era fastidio lo que había en su voz, era disgusto que intentaba ocultarse en la amabilidad.
Hinata me sonrió cuando volteé a verla; sabía muy bien que quería darme ánimos con esa acción, por lo que me paré y me alejé junto con aquel extraño para poder hablar.
—¿Cómo empiezo? –le oí murmurar mientras se pasaba la mano por la nuca—. Soy Nara Shikamaru, un chico que hace poco más de dos años se fue de este colegio por una beca y dejé a una chica que quería acá.
Sonreí. La forma en que me estaba diciendo las cosas me parecía muy graciosa, pero aún así me dolía la cabeza. Mucho, mucho más que antes.
—Esa chica –continuó— tuvo un problema del cual no supe hasta hoy que mis amigos me contaron –hizo una leve pausa y le oí susurrar—: Qué problemático –por eso, reí suavemente—. Ino, empecemos devuelta, como si fuésemos amigos como cuando teníamos catorce.
Vaya a saberse por qué, sentí vergüenza. Era, por muchos factores, una extraña situación.
—No te conozco, Shikamaru-kun –dije su nombre con cuidado, no sabía cómo era que lo llamaba antes—, pero supongo que si habíamos empezado a ser novios, vamos a ser amigos.
Un pitido agudo sonó en mi cabeza y logró hacerme caer al suelo por la inestabilidad que me provocó. Una imagen confusa me llegó a la cabeza al mismo tiempo que una dulce voz que parecía cantar y los gritos de alguien se escuchaban animadamente.
Me tapé los oídos, asustada; demasiado ruido.
—¡Ino! –gritó Shikamaru y abrí los ojos de golpe—. ¿Estás bien?
—S-sí…
—¿Qué-qué te pasó? –Hinata tenía su rostro preocupado.
—Se me vino una imagen a la cabeza –contesté—. No pude entender qué era, pero también oí a alguien cantar y a alguien gritar.
—Quizá estés recuperando tus recuerdos –dijo Naruto, alegremente, haciéndome quedar estática por unos segundos.
—¿Recuperarlos? –murmuré inconscientemente.
Yo había deseado eso desde que me desperté en el horrible cuarto blanco del hospital en el que había permanecido por casi un mes, pero ahora que podía que fuese capaz de volver a poseer los recuerdos de mi vida, estaba asustada.
¿Y si no valía la pena recordar? ¿Y si sólo llegaban recuerdos malos? Quizá era mejor seguir con mi vida de dos años y no toda entera.
—Ino –ví a Sakura aparecer entre los chicos y la miré mientras reía nerviosamente—. ¿Por qué no me contaste?
—No es que lo vaya divulgando por todos lados –me excusé entretanto me levantaba con la ayuda de mi compañera de cuarto, sintiendo aún una pequeña molestia en mi cabeza.
La ví bajar la vista al suelo y me acerqué a ella cuando todos volvieron a sus propias tareas luego de que fingiese estar perfecta.
—¿Estás enojada? –cuestioné.
—No –susurró y continuó con el mismo suave tono—. Es sólo que estaba pensando que me encantaría que me pase lo que a vos.
—¿Qué cosa?
—Perder la memoria –me respondió, dejándome sin palabras. Cuando reaccioné, fruncí el ceño.
—¿Estás hablando enserio? –le pregunté—. Es lo peor que te puede pasar. Perder los recuerdos es como perder tu esencia, es como si los años que viviste no valiesen de nada –hice una pausa, apretando los puños. Me enojaba que la gente pensase así—. Sakura… no me acuerdo de mi propia madre. La mujer en las fotos es ajena a mí.
En ese momento la ví ponerse pálida a pesar de lo blanco natural de su piel. Supuse que estaría pensando en lo que le dije.
Las ganas de llorar me invadieron en un segundo, haciendo desaparecer todas mis dudas. Quería mis recuerdos devuelta, quería mi vida, mi infancia… quería a mi madre.
—Sakura –susurré—, ¿por qué querés quedarte sin recuerdos?
No entendía. Una persona con amnesia pagaría lo que fuese necesario por recobrar el pasado y ser enteramente ella, pero mi nueva compañera se quería deshacer de ellos. ¿Qué pensaría para desear eso?
—Por nada. Es sólo un deseo tonto –me respondió con desánimo y se alejó de mí.
Ese día tenía el club de natación por lo que Hinata y Sakura se fueron a los cuartos sin mí. Me dirigí a la pileta que se encontraba no muy lejos del edificio principal, junto con la cancha de fútbol, voley y basquet; a lo lejos se podía ver las canchas de tenis y la zona de béisbol.
—¡Ino! –una chica de pelo castaño atado en dos moñitos y de ojos de color chocolate se acercó a mí, corriendo—. Vamos, andá a cambiarte.
—¿E-eh? ¿Po-por qué tan apurada, Tenten-senpai? –le cuestioné.
—Tsunade-sama quiere tomar ella misma nuestros tiempos –me contestó con una gran sonrisa, la cual imité.
Habíamos querido desde mayo que la directora mirase nuestras prácticas porque, de esa forma, podríamos competir con otras escuelas. Nunca habíamos tenido esa posibilidad y que la misma directora se ofreciese a dárnosla, era un hermoso logro.
Corrí hasta nuestro pequeño cuarto donde se encontraban los pequeños lockers de cada una de las chicas que formaban parte del club. Enfrentados a estos, había bancos largos y, al costado, un sitio en el cual ducharse que era cubierto por una cortina blanca. Me saqué la ropa y la dejé en mi lugarcito cuando saqué mi traje de baño —que era como el de todas: de una sola pieza, azul y con mi nombre completo y la clase a la que pertenecía, escrita en el pecho— y me lo coloqué.
Salí para poder ver a Tenten-senpai pero ella estaba hablando con Tsunade-sama, así que, acto seguido, me dirigí al borde de la pileta y toqué el agua con mi pie. Me dieron ganas de meterme cuando sentí el calor rodear mi extremidad pero una mano me sacó de mi ilusión.
—Ino, ¿querés empezar vos? –me preguntó mi senpai con una sonrisa. Todas las chicas del club estaban allí; ¿cuándo habían aparecido?
—N-no –murmuré, sonrojada. Siempre era la que más entusiasmada estaba por meterse al agua, pero si la directora miraba, prefería ser alguna de las que iban a la mitad.
—Entonces –Tenten-senpai peinó a todas con la mirada—. ¿Himeko-chan?
—¡Sí! –le oí gritar a alguien.
Observé algunas pasadas: los tiempos eran muy buenos. Había que hacer los cincuenta metros de la pileta nadando sólo el estilo crol ida y vuelta. Era el estilo que más se me daba por lo que no tuve tanto problema de nervios. Estuve a punto de morir de hipotermia cuando fue mi turno. Miré a Tsunade-sama observar el cronómetro en su mano y fijé mi vista en el frente, esperando por la señal.
—Ahora –la fuerte voz fue como el tiro al aire que daba inicio a mi tiempo.
Me tiré de cabeza al agua, sintiendo el peso de ésta hacer presión sobre mí. Amaba esa sensación; era única. Volví a la superficie para comenzar a bracear y a patalear para poder avanzar con mayor rapidez. Esa era mi felicidad a mis dieciséis años; el nadar, estar entre el agua era algo que disfrutaba al máximo. Esos eran mis mejores recuerdos y me alegraba por poder hacerlos.
Toqué la pared del lado en que salí y saqué mi cabeza del agua, tomando una gran bocanada de aire para recuperar el aliento.
—Un minuto, treinta y ocho segundos, siete décimas –le oí decir a Tsunade-sama y salté de la felicidad. Había superado mi marca anterior por diez segundos.
Volví a tener el fuerte dolor de cabeza y otra imagen —un poco más nítida que la anterior— llegó a mi mente. En ella, una persona se acercaba, con los ojos cerrados y una interminable paciencia. Una frase clara hizo eco en mí: "Me gustás".
Sacudí mi cabeza y me sujeté de la escalerilla de la pileta para salir de allí. Mis recuerdos estaban volviendo y me asustaba, pero no me importaba. Los quería devuelta conmigo.
Mi precioso ser, mi yo… mis memorias.
Capítulo cinco: Haruno Sakura. Trust.
"Había algo en sus ojos que me asustaba, pero no había rastro de angustia en mi corazón. Tal vez, y sólo tal vez, podía ser que no me molestase su presencia."
Espero que les haya gustado este capítulo.
Ahora...
¿Me regalan un review n.n?
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