Marca De Fuego - Jim Mizuhara
Capítulo 4
Capítulo dedicado a: Nekot, porque se ha identificado con el personaje, además de ser una gran amiga y magnífica escritora.
Con más seguridad de lo que iba a decir, Kai se arrellanó en su sillón sin despegar la vista de Brooklyn, con una decisión tomada en lo más recóndito de su mente, aunque debiera controlarse mucho para lograrlo.
- ¿A qué se debe el motivo de tu visita? – inquirió el ruso, con expresión pétrea.
- Kai… verás, yo ni siqui…
- Esa no fue la pregunta que te he hecho – interrumpió Kai, cruzándose de brazos – supongo que eres el sobrino del señor Arthur, técnico de calefacciones¿no, en todo caso ha dado muy buenas referencias sobre ti – "aunque dudo mucho que te conozca tan bien", meditó al mismo tiempo – y el cargo aún está disponible, será decisión tuya si quieres aceptarlo. En la sección anterior te pasarán una hoja donde están todas las condiciones de trabajo, además del sueldo.
- Yo, bien… creo que aceptaré – musitó el pelinaranja, sin saber otra respuesta.
- Perfecto – contestó Kai con ese frío e indiferente aire – comienzas mañana a la mañana, preséntate a las siete en punto, traje formal. Rei te indicará donde trabajarás, y ya de antemano debes saber que hay trabajo acumulado, dependiendo de tu desempeño en regularizar todos los formularios atrasados y en ponerte a la corriente cada día haré el contrato oficial.
- ¿Quieres decir que no estaré oficialmente incorporado hasta terminar con el acumulado? – preguntó sobresaltamente Brooklyn.
- Así es¿alguna objeción? – dijo Kai, con la misma mirada aplastante – recuerda que nadie te está obligando a trabajar aquí, si quieres salir ahora mismo por aquella puerta, nadie te impedirá.
- Pero Kai, se trata que…
- Para ti, soy señor Hiwatari – corrigió – el trabajo acumulado tiene un porcentaje de ganancia para regularizarlo, si sabes trabajar, entonces conseguirás resolverlo en menos de un mes, y quizá cobres por ello un monto mayor que tu propio sueldo mensual que posteriomente recibirás, cuando seas nombrado. Yo soy una persona benévola, me siento bien ayudando a los principiantes a conseguir algo en la vida – concluyó Kai con una sonrisa sarcástica.
El pelinaranja soltó un suspiro de resignación, en verdad las cosas se le presentaban difíciles en aquellos momentos, necesitaba urgentemente trabajar y por ser un recién egresado casi nadie lo quería si no era para puestos de poca monta, en los cuales no iba a utilizar casi nada de lo que había aprendido. Además de todo, vivía en casa cedida y algo que ansiaba era tener un lugar propio, donde nadie lo molestara; las únicas condiciones que le atrayeron porque eran las que ponían a verdadera prueba sus conocimientos era la empresa de Kai, sin embargo, aún no comenzó cuando ya pensaba en desistir. Aquel encuentro sorpresivo despertó en ambos recuerdos y rencores hábilmente disimulados, sabía que Kai lo odiaba desde la vez que destrozó a Dranzer años atrás, y que la sed de desquitarse de tamaña humillación aún era latente dentro del pecho del ruso. Ni aunque consiguiera algo del ocupadísimo tiempo de Kai y en esa fracción intentara explicarle las razones que tuvo para hacerlo conseguiría conmoverlo, porque durante años casi todos, y principalmente ellos dos, fueron nada más que las piezas de un juego infinitamente mayor cuyos intereses estaban fuera del alcance de ellos comprenderlos o siquiera modificarlos. Al tiempo que Brooklyn lograba comprender esto, Kai solamente alimentaba una aversión por él, entendiendo apenas parcialmente que aquella batalla fue solamente un juego de manipulaciones, en la cual él desempeñó un papel de mero objeto.
- Acepto las condiciones – contestó Brooklyn con voz firme – me presentaré mañana. Pero lo haré porque…
- ¿Porqué? – volvió a repetir Kai.
- Porque… es necesario, comprenderás – contestó con voz vacilante.
Brooklyn se puso de pie y salió silenciosamente de la sala, cuidando de cerrar la puerta. Kai permaneció sentado, viendo através de los cristales al pelinaranja desaparecer por entre los escritorios y bajar las escaleras. Se pasó la mano por las mejillas pensativamente, porque contuvo sus ganas de estrangularlo allí mismo y estaba casi arrepentido de no haberlo hecho, quizá ni se presentara para el día siguiente y hubiera perdido la oportunidad. En todo caso, tenerlo bajo control sería una experiencia interesante para él, por el solo hecho de que tantos años de no verse apenas contribuyó a que sus ganas de liquidarlo aumentara; con todo, no estaba con muchas ansias de ensuciarse las manos con sangre que, en su concepto, no valía el polvo que pisaba. Tuvo ideas atropelladas en el lapso de quince minutos que permaneció cavilando, cuando finalmente tomó el auricular y habló con Rei, quien en esos momentos se hallaba en el otro extremo del edificio.
- Harás lo siguiente, Rei: mañana se presentará Brooklyn para el primer día de trabajo, tú encárgate de mostrarle dónde se ubicará, y nada más que eso. Estás terminantemente prohibido darle cualquier otro auxilio, mismo que lo necesite, déjalo a mi cargo – instruyó Kai.
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El gran reloj de ferrocarril marcaba las seis de la tarde, sus manecillas se movían perezosamente si comparado con el intenso ajetreo que había alrededor del despacho de Yuriy, cuando el pelirrojo consiguió comunicarse con Kai, luego de sortear media docena de atenciosas y sonrientes secretarias que nunca lo dejaban hablar con él, así como con otras tantas contestadoras automáticas. Estaba dando tono de llamada cuando Bryan irrumpió su oficina con expresión de beatífica felicidad, con un sobre en la mano y dando pequeños brincos como si se tratara de un niño que hubiera recibido el mejor obsequio de todos. Con un gesto de la mano Yuriy hizo seña de que se mantuviera en silencio y que más tarde recibiría lo que trajera; Bryan asintió, sonrió y dio un portazo que sacudió las persianas, era una cosa que Yuriy odiaba y le había dicho una centena de veces que no hiciera más, pero nunca lograba que entendiera. Finalmente logró oír la voz de Kai al otro lado de la línea.
- Kai Hiwatari, pres…
- ¡Hola Kai, finalmente logro hablar contigo.
- Ah, Yura… qué bueno escuchar tu voz, estoy cansado como ni imaginas.
- Es precisamente por eso que llamo, estuve pensando si no convendría que fuéramos a algún lugar, como por ejemplo en aquel restaurante que tanto aprecias, quizá tomarnos unas copas y luego…
- Luego… ¿qué?
- Ah, Kai, tú sabes… aquello, lo que ambos gustamos hacer después de las diez.
- Hmm…
- Kai, estás prestando atención? Pareces estar bien distante de aquí.
- ¡Ah, sí, por supuesto!… sí, sí, iremos a aquel restaurante – repentinamente la voz de Kai cobró vida – y hay algo que debo contarte, no creerás lo que ha sucedido hoy.
- Perfecto, entonces para dentro de media hora.
- Sí, estaré allá esperando caso llegue primero.
Yuriy colgó el teléfono, y vio que Bryan aún seguía esperando cerca de la puerta, por la cual entró sin siquiera golpear pues había visto a Yuriy cortar la llamada. Alzó el sobre por arriba de su cabeza y luego tendió al pelirrojo, quien lo abrió lentamente y con un suspiro de quien sabía lo que contendría. Sacó del interior un par de fotos, los cuales produjeron instantáneamente una arcada a Yuriy con solo mirarlos, y luego los devolvió apresuradamente al sobre, deslizándolo sobre la mesa en dirección al ojilavanda.
- Bryan¿cuántas malditas veces tengo que explicarte que no me agradan esas asquerosas fotografías, y que el responsable por ellas eres únicamente tú?
- Es que quería que los aprobaras – contestó el peliplatinado, sonriente – lo decapitaron hoy. Aún goteaba sangre cuando saqué las fotografías.
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Un ligero dolor de cabeza se perfilaba al día siguiente en Kai, quien tomó unas buenas dosis de vodka y dejó que Yuriy conduciera hasta que llegaron a casa y el ruso, más animado que de costumbre, tomó al pelirrojo en brazos y se lo llevó hasta la alcoba, donde pasaron la noche de amor más fogosa que hubieran tenido jamás. Mismo sintiendo una especie de pesadez invadiéndole todo el cuerpo y los pensamientos, levantó la cabeza y vio que Yuriy aún dormía a su lado, luego se hundió nuevamente entre las almohadas; deseaba dormir más un poco, pero recordó que Brooklyn comenzaría ese día su trabajo y que no podría perder un momento de vista todos sus movimientos. Se tragó un par de pastillas antes de entrar al cuarto de baño para darse una ducha que le limpiara de todas las influencias del alcohol y presentarse a su trabajo.
Dejó a Yuriy dormido hasta después del desayuno y luego de haber salido rumbo a su oficina. En el trayecto fue mejorando progresivamente su raciocinio y se sintió mejor cuando vio al astro solar asomar por el horizonte débilmente, no sería una de las típicas mañanas con neblina; ingresó a su oficina y encontró allí a Rei, quien meneó la cabeza negativamente, con lo cual quería decir que aún no se presentó el pelinaranja. Instantes después y sentado en su escritorio, pudo ver por los vidrios difuminados la presencia del pelinaranja, escuchó unos trozos de conversación apagada y luego Brooklyn y Rei salieron en dirección de la futura oficina de Brooklyn.
El despacho que Kai había indicado pareció a Brooklyn algo… estrecho. Quedó ligeramente confuso al entrar en la oficina y ver que la mesa estaba rodeada con seis archivadores de metal, algunos de los cuales poseía cajones que no se cerraban correctamente por la cantidad de papeles que contenía; intentó abrir la única ventana que tenía, mismo haciendo frío afuera allí había un calor asfixiante, pero no logró porque estaba trancada con un candado. La luz de arriba era enceguecedora e incómoda, estaba ubicado en un pasillo donde las personas constantemente circulaban, no había silencio en ningún momento y el baño masculino era contiguo a su puerta. Cuando Rei vio toda esta instalación comprendió al instante que Kai planeó meticulosamente ubicar a Brooklyn allí por razones evidentes. El pelinaranja aún atinó a abrir un cajón de los archivadores, de cuyo interior saltó una docena de carpetas y formularios contínuos; como si se tratara de un detalle magistral, los archivadores no tenían etiquetas que indicaran el orden de los archivos, por lo cual Brooklyn no tenía la más remota idea de dónde comenzaba y terminaba la secuencia de los archivos. Como no quería pasarse de torpe siendo su primer día, Brooklyn indicó a Rei que todo estaba bien y que podía retirarse.
Tan pronto Rei cerró su puerta, el pelinaranja estampó en su rostro una expresión de profundo desespero, porque Kai había logrado lo que quería. Rodeó cautelosamente los seis archivadores, como si se trataran de animales amenazadores, y no logró encontrar evidencias del orden de todos aquellos papeles. Las carpetas estaban tan mezcladas que decidió, para todo el día, que solamente se dedicaría a poner alguna secuencia lógica en aquel desabarajuste; escogió un archivador al azar y abrió el primer cajón, extrayendo todo su contenido y poniéndolo sobre la mesa. Abrió algunas carpetas y encontró señales de que poseían un orden, por las anotaciones y números que poseían al margen de cada primera página… lo malo era que todas las anotaciones estaban en ruso. Lo último que quería hacer era preguntar a Kai el significado de las frases, motivo por el cual probó ordenar todo por fecha, pero no supo deducir cuál era la fecha inicial y final de los archivos, además que varias carpetas siquiera correspondían a su sección.
Aunque no pudiera verlo directamente, Kai podía adivinar la situación en la que Brooklyn se encontraba, y eso le producía una especie de regocijo sádico, ese día trabajó con una sonrisa estampada en el rostro. Después del almuerzo se comunicó con Rei para preguntar por el pelinaranja, recibiendo como respuesta que todo estaba sin problemas, aunque dudaba que encontrara el orden de las carpetas siquiera para hoy o el mes siguiente. La sala donde Kai lo ubicó era uno de los peores del edificio, la cual cumplía el papel de depósito antes que Brooklyn viniera.
Para las tres de la tarde el pelinaranja encontró el orden de las carpetas del primer cajón del primer archivador, con una mezcla de suerte y memoria para organizar, lo cual constituyó un pequeño triunfo para él. Como ya estaba cansado de la monótona tarea de organización, optó llenar los formularios ordenados que ya obtuvo, nada más que para diversificar su tarea. La tinta de su lapicera corría con facilidad por la superficie del papel mientras llenaba las tablas con valores de entradas y salidas del capital, con datos que le facilitaron en la Sección Administración Financiera. Escribía concentradamente, favorecido por el silencio que había afuera y que nadie lo molestaba; al terminar con todos los formularios del cajón los revisó detenidamente para buscar errores que le hubieran sucedido, pero no encontró ninguno, y sonriente puso su rubrica al final de cada carpeta. Tomó la abultada pila de papeles y formularios y se los llevó al despacho de Kai, con el fin de mostrárselos para dar su aprobación final.
El ruso tuvo curiosidad al ver a Brooklyn ingresando por la puerta, con papeles en mano y expresión de éxito en el rostro. Depositó los documentos sobre la mesa de Kai, el cual al verlos percibió que todos estaban nuevamente ordenados, porque recordaba el orden de colores con la que organizaba las carpetas. Quedó perplejo al ver la rapidez con que logró terminar al menos el primer cajón, al menos.
- Bien, aquí están todos los documentos y gráficos, organizados y corregidos – anunció Brooklyn, con una gran sonrisa.
- Ajá… puedes dejarlo allí mismo, los revisaré más tarde, si bien que – tomó la primera carpeta de la pila – hmmm… correcto… ¿tinta azul, Brooklyn? – el ruso meneó la cabeza negativamente – los formularios se llenan con tinta de color negro, y no azul. Tendrás que rehacerlo.
- Pero si me dijeron… - Brooklyn intentó argumentar.
- No te preocupes, eso a veces sucede, pero mañana tendrás mucho tiempo para volver a hacerlo – interrumpió Kai – por hoy ya puedes salir.
El pelinaranja salió del escritorio de Kai completamente azorado, porque nunca había oído hablar de tal regla. El trabajo que tuvo al llenar los formularios y trazar los gráficos se perdió totalmente, y le invadió una sensación de desespero que le daban ganas de soltar el llanto. Pasó delante de Rei con una expresión desfigurada, y el chino entró de inmediato para hablar con Kai.
- ¡Hmpf!… ya quiero saber quién lo ayudó a organizar esas carpetas – murmuró Kai entre dientes, mirando la pila delante de él.
- Eso es eficiencia – dijo de improviso Rei, Kai levantó ligeramente la cabeza para mirarlo a los ojos.
- No era para ser así… no para hoy.
- Kai… ¿por qué lo has contratado, si no confías en su desempeño? – se atrevió a preguntar el chino.
- Tenemos cuentas a ajustar, eso es asunto mío – frunció el ceño - ¿no habrás sido tú, Rei, el que lo ayudó?
- No he sido yo… pero parece que tienes perjudicarlo de alguna forma.
- ¿Por qué tanto quieres saberlo? – Kai golpeó los puños cerrados sobre la mesa – eres excesivamente curioso, Rei, tú estás aquí para desempeñar una función¡no para dar opiniones!
- ¡Porque no me parece correcto que quieras perjudicarlo! – contestó Rei alzando la voz también – te conozco muy bien, Kai, y sé cuando estás con ganas de desquitarte con alguien. Y eso me hace recordar de una cierta historia que sucedió años atrás cuando él y tú…
- ¡No me lo recuerdes, en esos momentos yo estaba pésimo, y empeoré más todavía cuando… sucedió aquello, y… ¿para qué diablos estoy hablando de esto contigo, lo que yo quiero hacer con él solamente me compete a mí decidir.
- Las cosas no son así de simples – murmuró Rei.
- ¿Tú eres a favor de él, verdad? – exclamó Kai – he pensado una montaña de cosas sobre ti, Rei, pero… ¡jamás imaginé que tú eras un traidor, también!
- ¿Traidor, YO? – gritó Rei, rojo de furia – ¡es lo último que esperaba oír de ti, Hiwatari, todos estos años dedicándome a ti, y más todavía en años pasados¡solamente para que, al final de cuentas, desconfiaras de mí!
- Al menos servías para saciarme la calentura, Kon… - agregó Kai sarcásticamente, con todas las intenciones de ofenderlo.
- QUÉ? Definitivamente no puedo estar escuchando esto! Vete al diablo, Hiwatari, que es de donde nunca hubieras salido! – concluyó Rei al extremo del enojo y completamente alterado, dando un portazo al salir.
Sip, esto parece ser el principio del fin, pero aún sucederán muchas cosas por aquí... volverá Rei? Terminará Brooklyn su trabajo hasta el próximo capítulo? Qué más Kai podría hacer para perjudicar a Brooklyn? Esos interrogantes quedarán para el próximo capítulo. Hasta pronto!
