Presumidos
El Sol comenzaba a inundar la habitación, debían de ser como las 5:30 am de un día de Abril; a pesar que habían pasado 5 años desde que entraron a Hogwarts, el pequeño cuarto de la torre de Griffindor seguía casi igual; sólo el tipo de ropa regada junto con algunos libros de 5º curso y las fotos en movimiento eran testigo de esos 5 años.
En una de las fotos, junto a una cama con el dosel todavía corrido aparecía una chica de alrededor 14 años, de pelo castaño ondulado con un prendedor de búho y ojos verdes aceitunados, que era cargada por un apuesto chico de ojos grises; ambos chicos se miraban y reían alocadamente; en otra estaba la misma chica ojiverde volando en su escoba y esquivando una bludger al tiempo que paraba la cuaffle, tenía en la cara mucha determinación; esa foto había sido de la final de Quiddich jugada en 4 grado. En otra foto, junto a la mesita de noche de una chica de no más de 15 años, con cabellos lisos castaños largos, se le veía abrazando de un lado a una chica de cabellos rojos encendidos y ojos verde esmeralda impactantes, del otro lado abrazaba a una chica un poco más pequeña que las demás, de ojos café profundos y cabellos negros; la cual abrazaba a la chica de cabello castaño ondulado y ojos verdes. Las cuatro sonreían felices, se despeinaban unas a otras, se ponían cuernos y hacían caras graciosas
En otra estaban las 4 chicas en un día de invierno con los otros chicos de Griffindor del 5º curso, se lanzaban bolas de nueve unos a otros, y un chico de cabellos negros despeinados y con anteojos mostraba gran interés por lanzarle bolas de nieve a la chica pelirroja que tenía en frente mientras se reía muy divertido.
Muchas cosas habían pasado esos 5 años, Lily, Karla, Edna y Alice habían quedado en Griffindor, mientras que, James, Sirius, y otros tres chicos, Remus, Peter y Longbottom también habían quedado en esa casa, en la que habían pasado ya tantas cosas durante ese tiempo.
Pero dentro del mundo mágico todo era muy distinto, había una gran agitación; había mucha oscuridad y miedo; nada igual se había visto hasta entonces. Un mago se hizo muy famoso por la cantidad de atrocidades que cometía en la comunidad mágica de todo el mundo; todos estaban aterrorizados; hasta tenían miedo de llamarlo por su nombre, en lugar de eso preferían llamarle "El que no debe de ser nombrado" o "Quien – tú – sabes". Los más afectados de sus actos siempre fueron las familias de magos de padres muggles, los squibs, y en general quien no le agradara o se interpusiera en su camino. El ministerio de magia había estado tratando de manejar aquella situación, sin lograrlo con mucho éxito, incluso se había tenido que crear o más bien aumentar un departamento, el de Aurores, que se encargaba de perseguir a los seguidores de… quien – tú – sabes; montones de aquellas valientes personas también dieron la vida, incluidos familiares de los estudiantes de la famosa escuela de Magia y Hechicería.
Dumbledore seguía como director de la famosa escuela inglesa, y como era bien sabido por todos, el ministerio pedía mucho su ayuda para combatir a El que no debe de ser nombrado y a sus mortífagos; lo que hacia que algunas veces saliera de la escuela.
El sol seguía entrando por la ventana, ya debían de ser cuarto para las 6 y todas las chicas seguían durmiendo, hasta que el sol rozó una carita recargada sobre la almohada que tenía la boca un poco abierta, que en ese momento sonrió; todo el cuerpo estaba en la orilla y uno de sus brazo colgaba de la cama; se dio la vuelta para tratar de huir de la luz del sol, pero al sentir que de pronto la cama se interrumpía, unos ojos verdes aceitunados se abrieron como platos y
-aaaaaaaaaAAAaaaaa- dijo Karla al caer y alcanzar a poner justo a tiempo las manos para evitar un golpe más fuerte.
-¿Qué pasó?- dijo una chica de ojos café oscuro y cabellos negros muy despeinados al levantarse súbitamente, correr el dosel de su cama y acercarse a prisa a la chica que se levantaba del suelo
-Me caí de la cama-
-Karla, desde que recuerdo tú siempre te caes de la cama- dijo uno chica de cabellos rojo intenso que se había sentado al borde de su cama, al tiempo que rodaba los ojos y volvía a dejarse caer entre sus cobijas
Las 4 chicas soltaron una carcajada
-Entonces ya deberían de haberse acostumbrado- dijo la chica de cabellos castaños frunciendo un poco el seño como enojada. Les sacó la lengua a las 3 chicas, cogió su toalla y se metió rápidamente al baño
-¡¡¡Eh Karla!! Tramposa, me tocaba a mi el baño- decía Alice mientras aporreaba la puerta.
-Ya salgo, princesita-
-¡Aggr siempre hace lo mismo!- dijo la chica de ojos almendrados
-Pero ella casi no se tarde en el baño, no como otras- Dijo Edna al tiempo que veía a la chica pelirroja y desviaba la mirada, la cual ignoró por completo el comentario, ya que seguía acostada en la cama.
La chica de ojos café se sentó de nuevo en su cama, se recargó en los postes y se quedó mirando a la chica que dormitaba en la cama de enfrente.
-Pobrecilla, se desvela demasiado con sus deberes; pero al menos puede volver a dormir. El sueño de hoy, que extraño fue; una vez más llegaba tarde, pero de pronto volaba en la escoba de James y llegaba hasta Hogsmeade y tomaba una cerveza de mantequilla con Peter que de pronto se convertía en Senvelius y le preguntaba que si había terminado de hacer los deberes de Pociones.-
La chica se había quedado dormida de nuevo, hasta que despertó de un brinco.
-¡¡LOS DEBERES DE POCIONES!!- dijo Edna y dio un salto en su cama
-Lily, ¿tienes los deberes de pociones para Slugourn?-
-¿Qué?- dijo con una voz de dormida la chica
-Ah, si, pero es para mañana, no te preocupes-
-Ah, gracias-
-Edna, pero si el día que falten tú o Lily a una tarea será un MILAGRO, no una tragedia- Dijo Alice mientras se secaba el cabello y rodaba los ojos con fastidio.
-Hey ustedes dos reinas, apúrense que ya está el baño- dijo Karla mientras se arreglaba en el espejo.
Una vez listas, las cuatro chicas bajaron con sus cosas a la sala común; donde sentados en un sillón grande y mullido cerca de la chimenea se encontraban cuatro chicos rodeados de gran parte del sector femenino de Griffindor; en esos momentos James se encontraba delante de una de ellas y le decía –Pero si mira, tienes montones mías- mientras con movimientos de su mano sacaba de todas partes del cuerpo de la chica fotos de él mismo sonriendo y haciendo poses; cada foto que sacaba la iba aventando como sin darle importancia, e inmediatamente todas las chicas se peleaban por coger alguna de aquellas fotos. La chica se retorcía entre los brazos del chico con una risita tonta que cada vez era más fuerte. Finalmente James sacó una foto un poco más grande de él y se la dio a la chica, la soltó y le dio un beso en la mejilla. La chica se puso aún más roja y regresó con sus amigas para presumirles lo que acababa de recibir.
Cuando el chico de cabellos desordenados se sentó, e inmediatamente le dirigió una mirada como desafiante al chico que estaba a su lado al tiempo mientras se sonreía.
Sirius se levantó lentamente, sacó un pergamino, se lo colocó en la mano, le prendió fuego y con un movimiento complicado de la muñeca hizo aparecer una rosa blanca. Todas las chicas que estaban allí aplaudieron; el chico de ojos grises hizo una pequeña reverencia y esperó a que se callaran, luego se quedó viendo la rosa que aún tenía en la mano, volteó a ver a las chicas que le estaban rodeando y guiñándole un ojo a una de ellas le alcanzó la rosa seguida de una de sus encantadoras sonrisas.
La pequeña se puso a dar saltitos de emoción y les presumió a sus amigas su adquisición, mientas las otras chicas del grupo le dirigían miradas de odio.
-¡Black, pero si tienes novia¡- Dijo Karla con cara de sorprendida mientras se acercaba al grupo numeroso de chicas.
El chico volteó a la mención de su apellido y al ver a Karla se paró en el sillón y brincó espectacularmente hasta donde estaba su amiga
-Si, lo sé, y Osiris también lo sabe pero…- y rápidamente repitió lo de la quema del pergamino, pero al obtener la rosa le hizo otro hechizo para que diera la apariencia que la rosa estaba congelada.
-Esta linda flor es para ti preciosa- y le extendió la rosa congelada
-Ah que bella es Siri-
-Lo sé, lo sé-
-Eres un caso-
El chico le quiñó un ojo y le dedicó una sonrisa encantadora
-Cielos, que lindo, pero de seguro James no va a dejar que lo dejen atrás- pensó una chica que veía aquella hermosa rosa congelada
-Preciosa, no te me pongas celosa, también hay una flor linda para una chica linda como tú-
Le susurró una voz en el oído que le hizo cosquillas
-Hehe, lo supuse- pensó la chica de ojos café intenso volteando a ver al chico que tenía en frente, que al instante hizo aparecer una azucena de color morado intenso en su centro, el cual se iba desvaneciendo poco a poco hasta las puntas. El chico también congeló esta flor pero sólo lo suficiente como para que se continuara apreciando el bello color de la flor.
-¡¡Wow James siempre me sorprendes!!, es super preciosa, gracias- dijo Edna con una sonrisa. Abrazó al chico y le dio un beso en la mejilla
-Bueno tanta generosidad da hambre, ¿nos vamos a desayunar?- Preguntó Sirius con una sonrisa mientras abría el retrato para dar paso a sus amigos.
Los 8 se encaminaron al agujero y salieron al pasillo platicando animadamente.
Un poco rezagados iban Lupin, Remus Lupin, un chico alto, muy delgado de cabellos dorados y ojos color miel; su cara siempre trasmitía tranquilidad, y a diferencia de sus amigos, él era más calmado.
El chico iba acompañado de Alice y Lily, las cuales se sentían más cómodas con este chico que con sus amigos. Alice por un lado era la mejor amiga de Remus, mientras que Lily, al igual que Remus era prefecta y gustaba de platicar con el único chico sensato de aquél grupito de revoltosos.
Al llegar al Gran comedor la mayor parte de las miradas se posaron en aquél grupo ya tan conocido por todos, se oían muchos suspiros y mormullos provenientes de todas la mesas; James se llevaba continuamente una mano para revolverse el pelo y sonreír a cuentas chicas veía, mientras que Sirius se limitaba a voltear de un lado a otro del comedor sonriéndole a las chicas.
-¡Ha! ya quisieras chula- pensó Edna al ver a una chica de Ravenclaw que le dirigía una mirada de profundo odio
-Bueno, bueno ya, así han pasado unos 5 años, qué más da- pensó de nuevo la chica rodando los ojos.
-Sirius Black no estés flirteando en frente de mi- Se había parado una chica de piel morena y ojos cafés, con cabello ondulado un poco largo, que venía de la mesa de Hufflepuf y había ido corriendo hasta el grupo.
-Hola osita- respondió el chico volteando a ver a su novia y dirigiéndole una sonrisa encantadora
-Mi amor pero si sabes que sólo saludaba a algunas amigas, no te me pongas celosa, recuerda que aunque anduviera con alguna otra chica yo siempre te saludaba cuando te veía, a demás todavía no llegabas amor, y sabes que sólo tengo ojos para ti-
-Regla número…. 3 creo, bueno una muy importante de los merodeadores, nosotros nunca hacemos nada malo, hazlas sentir culpables a ellas- pensó el chico mientras recibía con los brazos abiertos a su novia.
-Bueno, tienes razón osito, pero es que no me gusta que te vean otras chicas, que quieren alejarte de mi- dijo la chica de ojos cafés con cara de puchero
-No corazón mira, te tengo un regalito- La chica abrió los ojos como platos ya que era su aniversario de una semana y casualmente ella también le tenía algo preparado por la ocasión.
Detrás de la espalada el chico sacó una estatua de él mismo jugando al Quiddich, bateaba una bludger, se enderezaba y volteaba a ver al rededor suyo mientras sonreía, saludaba y de vez en cuando enviaba besos. La chica se quedó mirando un rato la peculiar estatua que le estaba regalando su novio.
-Gracias bebé- dijo no muy convencida.
-Ahora me va a mí- dijo sonriendo tímidamente y sacando de uno de los bolsillos de su túnica un pequeño guardapelo, el cual abrió con un poco de trabajo; dentro tenía una foto de cada uno que volteaba, se reían tímidamente para luego acercarse porco a poco y besarse apasionadamente.
-Cielos, espero que no lo vean los otros chicos- pensó Sirius abriendo los ojos como platos al ver cómo su foto se besaba con la de junto.
En el guardapelo la chica volteaba y decía -Te amo osito-
-Oh oh- pensó el chico al oír la frase
-Y dice esto cada hora- le respondió la chica abriendo los ojos y dirigiéndole a su novio una sonrisa de oreja a oreja
-Ay bebé no te hubieras molestado, está bien lindo- repuso el chico de ojos grises abrazando a Osiris, mientras cerraba los ojos.
Al desembarazarse la chica le colgó el guardapelo en el cuello y le dio un beso, al cual el chico respondió sin resistirse.
-Merlín, y pensé que Clara, es pera o era Laura, bueno esa chica de cabello chino negro, ora lacio y rubio, bueno ella me había dado el peor regalo; una tacita con su foto que me mandaba besos cuando la tomaba, uuy, pero esto se lleva las palmas, jaja ahora ni James me gana- pensó Sirius con una sonrisa amarga.
-Bueno, siempre está el recurso de los hechizos silenciadores- pensó el chico sonriendo para si mientras abrazaba a su novia nuevamente.
Ella comenzó a bajar la mano por la espalda de su novio y a apretarlo más contra sí; se acercaba peligrosamente a la cadera del chico cuando éste la apartó rápidamente, le tomó las manos y con una sonrisa seductora le dijo –Creo que tienes hambre Osi-
-Yo si, mucha, ¿y tú Siri?- preguntó la chica mordiéndose un poco su labio inferior
-Será mejor que vallamos a desayunar-
-Y después podríamos ir a tu habitación… para que me enseñes… encantamientos- dijo la chica mientras pasaba una mano por el torso de su novio
-¿Me estás seduciendo?- Preguntó Sirius con una sonrisa coqueta
-quizás- Dijo la chica volviéndose a morder el labio
-Porque… quizás no me resista-
La morena, sin quitarle la mirada, se comenzó a acercar poco a poco a Sirius hasta que él termino de acortar la distancia para besar apasionadamente a su novia.
De porto se escucharon aleteos a lo lejos y muchas miradas se dirigieron hacia el techo para ver la llegada del correo; como siempre, las 2 lechuzas más esperadas, una negra de pecho blanco y otra completamente negra, las cuales hacían como siempre su entrada triunfal al inicio de la parvada. Ambas llevaban una rosa roja en el pico, pero la de pecho blanco, Caza, llevaba atada en una de las patas un pergamino.
La mayor parte de las miradas (que eran principalmente del sector femenino de la escuela) del Gran Comedor se centraban ansiosas en aquellas dos famosas lechuzas; aunque al ver a las destinatarias les dirigieron una mirada de odio para después regresar a sus alimentos.
James desde su asiento vio cómo su hermosa lechuza planeaba elegantemente para aterrizar frente a la chica pelirroja de ojos verde esmeralda que tanto lo hipnotizaban.
