A diferencia de la primera vez, este beso que, como los otros, comenzó con ternura, se llenó de algo diferente: Se besaban con ansia, con deseo, como si en aquel momento no tuvieran control sobre si mismos más que para aquello. Eriath apretó a Sportacus por la nuca, como tratando de así llegar más hondo en el beso, y éste tomó las caderas de ella pegándola más hacia él, como si quisieran quedarse pegados. Él se desprendió de sus labios para dirigir los suyos hacia el cuello de Eriath, quien soltó un pequeño gemido al sentir la presión de la boca de Sportacus en esa zona y, acariciando la nuca de éste con una mano, deslizo la otra por el pecho de él obligándole a desprenderse de su camiseta y acariciando por primera vez el musculoso torso desnudo con él que durante los últimos meses había estado soñando. Él, por su parte, introdujo sus manos por dentro de los pantalones azules que, tan solo una noche antes, había puesto a Eriath para aferrarse a las nalgas de la chica y hacerla desprenderse de dichos pantalones para después subir acariciándola su espalda sin abandonar con sus labios su cuello y desprenderla de la camiseta, sosteniéndola por las caderas se inclinó bajando por la yugular hasta el escote y perdiéndose en él cierre de su sujetador, una vez desabrochado, fue Eriath quien se encargó de bajar sus manos por la espalda de Sportacus hasta su cintura deshaciéndose de los pantalones de éste, quien avanzó hacia delante sin dejar de presionarla hacia sí mientras continuaban besándose y se separó unos segundos de los labios y la piel de Eriath para susurrar algo que hizo que, a sus espaldas, una cama descendiera desde la pared, entonces, mirándola a los ojos se deslizaron hacia las sábanas, quedando él encima del cuerpo semidesnudo de ella, deslizó su cara por los senos de ella, deleitándose y tomándose su tiempo con cada uno de ellos mientras sus manos bajaban por el vientre de la chica y acariciaban el encaje de sus braguitas, ya humedecidas, dejando así que escaparan de la boca de Eriath los primeros suspiros de placer. Cuando terminó de recorrer su cuerpo, sus muslos, sus piernas, sus labios, su vientre, sus pechos… Cuando finalizó de trazar un mapa sobre el cuerpo de la muchacha, posó sus manos entre las piernas de ella y, suavemente, con delicadeza, deslizó sus bragas a través de sus tobillos, Eriath se sonrojó al sentirse por primera vez completamente desnuda ante un hombre, ante lo cual él sonrió besándola con ternura en la frente para después deslizar sus labios hacia esa intimidad, haciendo que Eriath, presionando entre sus piernas la cabeza de Sportacus con sus manos, perdiera el control y empezara a gemir de placer, buscando con sus manos el sexo del chico y, acariciándolo sobre la tela de los boxers, deshacerse de ellos y, una vez quedando ambos desnudos, colocarse nuevamente él encima de ella, para buscar la entrada hacia su intimidad y penetrar en su interior con suavidad pero con firmeza, sin abandonar su viril seguridad al toparse con una resistencia que, ante un leve quejido de dolor por parte de la muchacha, él supo pasar para, junto a los jadeos, gemidos, y movimientos de caderas de ambos, olvidarse, por completo, de todo lo que les rodeaba y, juntando sus cuerpos sudorosos y desnudos una y otra vez, entre besos y embestidas, entre suspiros y caricias, terminar juntos llegando al clímax a la vez y desfalleciéndose, él sobre ella y ella con su cuerpo pegado a las sábanas por él sudor, cerrando los ojos y sintiéndose, por primera vez para ambos, uno.
Era la primera vez que Robbie Retos Rotten iba a usar aquel buzón, la primera y, se decía a si mismo, la última. Siguiendo las instrucciones que Stephanie le había dado cerró el papel formando un royo dentro de un tubo y lo introdujo en el buzón.
Eriath y Sportacus continuaban recostados en la cama, ella apoyaba su cabeza en el pecho de él, quien con una mano acariciaba el cabello de la chica y con la otra la sujetaba fuerte por la cintura, de repente el tubo se posó, disparado, en sus cabezas.
-Tengo Correo – dijo él en un tono susurrado, abriendo el tubo –Vaya- añadió mientras lo leía sorprendido-Es para ti
-¿Para mí? –Preguntó ella mientras cogía la carta, teniendo un presentimiento sobre quien era su autor.
"Eriath, debemos hablar.
Ven a verme a la guarida, SOLA.
Robbie"
Se levantó a toda prisa y busco su ropa (Apunte de Nora: Bueno, mejor dicho, la ropa que Sportacus le había prestado… ¿Alguien más cree que en Villapereza hace falta un Zara Woman?) esparcida por todo el dirigible, una vez tuvo todas las prendas empezó a vestirse y, al ver que Sportacus hacía lo mismo se giró hacia él:
- Voy sola
- No voy a…
- Debo ir sola, es lo que ha pedido –explicó- No va a querer hablar conmigo si te ve, -no le dejó replicar y finalizó con resignación- Creo que lo mejor es acabar con esto cuando antes…
- Ten cuidado – dijo él mientras la abrazaba
- No me pasara nada –sonrió ella- es mi hermano –e, imitando al muchacho, enumeró- los lazos de sangre, la convivencia, bla bla bla, ¿recuerdas? –dijo dándole un beso de despedida – vuelvo pronto.
- Escalera – gritó Eriath, que ya se estaba familiarizando con el uso del dirigible.
Eriath vislumbró a pocos pasos la guarida, ya faltaba poco, pensaba, cuando, de repente alguien la cogió por detrás. Intentó zafarse pero entonces vio a Stephanie, quien lanzó un lazo de cuerda (Apunte de Nora: Sí, de color rosa) atando a la muchacha.
-¿Qué se supone que haces? - preguntó la chica
- Nada, que te incumba – dijo en tono borde.
-¿Como ostias no me incumbe si es a mi a la que tienes atada?
-Tranquila –añadió una voz en sus espaldas, voz que Eriath identificó como la de su hermano- No va a pasarte nada –añadió mientras la introducía en una especie de jaula, a simple vista normal, con barrotes delante y atrás, pero las paredes laterales eran diferentes: estaban cubiertas de pinchos.
-¿Me metes en un… zulo con pinchos, y dices que no me va a pasar nada?
-Si tu amado Sportacus de verás te quiere, renunciará a quedarse en la ciudad contigo a cambio de que yo detenga mi "jaula trituradora" –Explicó Robbie- Si por el contrario no te ama, se quedará pese a creer que eso significa tu muerte. –Y antes de que Eriath dijera nada- pero eres mi hermana y todo eso, a mamá no le gustaría que murieras así que, si se niega a irse pararé yo mismo la maquina igualmente.
-¿Entonces para qué haces esto?
-Para demostrarte que tu relación con él no tiene futuro –dijo él encogiéndose de hombros- si se niega a irse pese a que suponga tu "muerte" significará que no te ama, y romperás esa relación una vez estés fuera del… zulo con pinchos, quiero decir –añadió corrigiéndose- de la "jaula trituradora."
-¿Crees que voy a permitírtelo? –Preguntó Eriath –No voy a permitir que engañes a Sportacus con un truco así.
-Sí –dijo Robbie –temía que no quisieses cooperar así que ya lo tenía pensado… ¿Sthephanie?
La pelirrosa amordazó (Apunte de Nora: ¿Con esparadrapo y algodón de que color? ¡Correcto: rosa!) a la joven Rotten mientras su hermano echaba el candado a la "jaula trituradora" (Apunte de Nora: Al zulo con pinchos, coño ¬¬)
Ella trató, en vano, de desatarse y desamordazarse, pero en aquel momento las paredes laterales empezaron a moverse, avanzando hacia su cuerpo.
Apunte de Nora: "Pipipipipipi" (El Cristal de Sportacus se ilumina y este lo mira, sumido en una revelación)
- Mi cristal –Resonó la voz del chico al ver que éste brillaba y se encendía sonando- alguien esta en apuros.
Apunte de Nora: "Fiu fiu fiu" (Véase movimiento que hace Sportacus cuando va a salvar a alguien)
No le hizo falta mirar por el telescopio para saber de que se trataba y, siguiendo a su corazón, con un salto se bajó del súper dirigible.
-¡Sportacus! –Stephanie corrió al encuentro del muchacho al verle venir corriendo desde lejos -¡Es Robbie! –Gimió ella- Tiene a Eriath atrapada y solo parará su maquina si te vas de Villapereza.
Él apartó de un empujón a la chica y siguió avanzando, Trixie y Stingie estaban abrazados al lado de Píxel y Ziggy, que contemplaban la escena con horror mientras Robbie, postrado al lado del zulo con pinchos, se mantenía impasible ante los movimientos de su hermana..
-¡¡¡ROBBIE!!!-tronó Sportacus– ¡Sueltala! ¡Es tu hermana! ¿Como puedes pensar en hacerle daño a tu propia sangre?
- No le pasará nada si de verás te importa –dijo con un tono irónico – Está en tus manos escoger: Si te quedas en la ciudad, ella muere en breves minutos aplastada por esto –dijo señalando el zulo con pinchos– Pero si te marchas de la ciudad para siempre.
- ¿Hasta cuando dices? – preguntó Stingie
-¡¡¡HASTA SIEMPRE!!!–Gritó Robbie – pararé la maquina y ella podrá volver a casa, conmigo, su familia.
Stephanie llegó de nuevo a la altura de Sportacus:
-Sportacus –susurró en voz muy baja para que Robbie, ocupado nuevamente en su aparato, no pudiera oírles- Es una trampa de Robbie, no tienes por que irte… No va a matar a su hermana, lo hace para que te vayas, no tienes que irte…
-Stephanie, déjame –espetó él.
-Pero Sportacus… ¡No puedes dejarme! –Gimió ella- ¡No puedes irte y abandonarme así!
-ROBBIE –dijo él, mirando a Eriath y diciéndole "te quiero" con labios mudos" -¡ME VOY!
Stephanie le miró incrédulo, junto a los niños, pero Robbie sonrió con satisfacción y se dispuso a parar la maquina… Pero, cuando intento accionar la palanca, ésta se atascó.
-¡¡¡No puedo pararla!!!– vocifero el – ¡Spotatus!
Sportacus le miró, tratando de adivinar si se trataba de otra de sus artimañas o era cierto.
-¡¡¡QUE ES ENSERIO!!!– grito él
Sportacus se dirigio corriendo hacia donde se encontraba Robbie.
- ¿Como se supone que se para? – pregunto él.
- Tienes que tirar de aquí – dijo señalando una palanca- pero está atascado.
Sportacus puso todas sus fuerzas pero, en lugar de desatascar la palanca, ésta se rompió.
-Mierda… -Entonces se fijo en unos tablones que estaban al lado de Stephanie- ¡Stephanie! –le gritó a la pelirrosa, mientras la maquina estaba a punto de aplastar a Eriath –Por favor… Por la amistad que nos une.
La pelirrosa le miró, acto seguido posó sus ojos en Eriath y les dio la espalda.
-¡Stephanie! –gritaron Sportacus y Robbie al unísono, creyéndolo vano.
Entonces, inesperadamente, ella se giro lanzando dos tablones que frenaron las paredes laterales durante unos segundos y le lanzó a Sportacus una manzana.
-Gracias –dijo él mirándola mientras, tras engullir la manzana, conseguía separar con las manos los barrotes de la jaula para sacar a Eriath justo a tiempo. Él la desató mientras se abrazaban y besaban con fuerza.
-¿Estás bien?
-Sí… ¿Y tú?
-Sí pero… -Él la besó una vez más, resignado- Debo cumplir mi promesa, abandono la ciudad –dijo separándose de ella con pesar.
-No… Sportacus… -ella le abrazó con fuerza- ¡Si te vas me voy contigo!
Robbie se acercó a ellos con una mirada de asco.
-¡Está bien! –dijo con gesto de meterse los dedos en la boca. – No me hagáis vomitar con vuestro dramatismo empalagoso… -añadió gesticulando- Sportachus, veo que de verás quieres a mi hermana… Abandonabas esta ciudad, tus ideales y a tus amigos por ella… Yo la quiero –Miró a su hermana- No, Eriath, no repetiré que te quiero –y nuevamente a Sportacus- Y por tanto quiero lo mejor para ella. No pienso cambiar ni dejar de ser vago –advirtió- pero… me disculpó por casi haberla asesinado, te doy las gracias por salvarla y –dijo con resignación- sí, acepto lo vuestro, sí…
Eriath abrazó a su hermano con fuerza, éste la apartó fingiendo un gesto de asco.
-Vale, vale, ¡pero suéltame niña!
Ella rió y abrazó a Sportacus pero, en ese momento, fueron interrumpidos:
-Sportacus… yo… -la pelirrosa se dirigió a él sin ser capaz de mirarle a la cara- Lo siento.
-Stephanie –dijo él abrazándola- Estabas confundida, pero has comprendido tus sentimientos y has antepuesto a ellos lo correcto. Tú y yo siempre hemos sido amigos, los amigos se perdonan.
-Gracias, Sportacus –le abrazó ella cariñosamente –Eriath… -dijo mirando a la chica- Perdóname, no he sido justa contigo y… Creo que Sportacus, mi mejor amigo, se merece a alguien tan buena como tú. Espero que sepas perdonarme.
-Claro que sí, Stephanie –sonrió ella- si perdoné a éste elemento –dijo señalando a su hermano- es obvio que a ti también.
-Robbie –Stephanie se acercó al chico –creo que debemos irnos.
-¿Eh? ¿A dónde? –preguntó él tontamente.
-Robbie… -insistió ella señalando a Sportacus y Eriath con la mirada- ¡Qué sobramos, leches!
-Oh… Vaya… -dijo él.
Stephanie pasó su brazo por la cintura de Robbie quien, sin saber bien que hacer, posó el suyo sobre los hombros de la pelirrosa.
-Venga Robbie, vamonos –sonrió ella. -Hasta luego, chicos.
Eriath y Sportacus sonrieron a modo de despedida mientras Stephanie y Robbie, se alejaban caminando muy juntitos bajo la puesta del sol.
Apunte de Nora: Sí, se acabarán liando, lo he dejado en final abierto, queda más guay…
Unas semanas más tarde el dirigible azul flotaba entre las nubes por el cielo del mismo color, y, en su interior, dos jóvenes se besaban sonrientes.
-Y bien, Sporty –dijo la chica- Ahora que Mister Retos y la pelirrosa han enterrado el hacha de guerra (a saber para qué) ¿En qué piensa emplear ahora su tiempo el superhéroe de Villapereza?
-Difícil pregunta, Eri –sonrió él-creo que… mmm… ¡Mesa! -Dijo abrazando a la chica y sentándola encima de la mesa- deberíamos pensar en el futuro de Villapereza, alguien tendrá que sustituirme cuando me jubilé y dudo que Stephanie sea la indicada ahora que convive con cierto regente de la pereza…
-¿Y bien? –Dijo ella abrazando la espalda de Sportacus y atrapando la cintura de él con sus piernas -¿Qué propone entonces usted, héroe del deporte?
Él la besó en los labios…
-Sembrar futuro, querida –Dijo inclinándola sobre la mesa y volviendo a besarla- ¿Empezamos?
-Cuando quieras.
FIN
Apunte de Nora: Sí, van a echar un polvo y a tener un mini Sportacus 11, dejadles follar tranquilos cotillas, coñe…
