Castigo
- Capítulo 4 –
Normal POV
Los tres padres recobraron su semblante serio, y fulminándolas por última vez, entraron a la oficina del director.
En la oficina
- Bien, por favor tomen asiento. –invitó el director albino mientras él se sentaba en su sillón rechinante.-
Los tres decidieron sentarse en las sillas frente al escritorio. Se veían serios, enojados y preocupados a la vez; por supuesto que el director ya estaba acostumbrado a esta clase de situaciones, así que lo manejó a la perfección.
Les explicó la situación, expresando lo mucho que desaprobaba este tipo de aptitudes por parte de los alumnos.
Discutieron el precio a pagar por los daños ocasionados, y luego de eso hablaron sobre el castigo que se les impondría a ambas alumnas.
- Como sabrán, en esta escuela está totalmente prohibido peleas de este tipo. Al ser una institución que ofrece la ayuda para que nuestros alumnos puedan aprender a manejar sus poderes, o en caso de que no tengan, aprender a defenderse; no queremos que ellos se vuelvan violentos difundiendo así estos malos hábitos con los otros alumnos. Pero si el alumno insiste con este tipo de comportamientos, no me quedará otra que optar por la expulsión. –dio una mirada a los padres de Misaki, pues ella ya había sido citada los años anteriores muchas veces por lo mismo: peleas con otros alumnos.
- Escuche, señor. –Lo detuvo Agustine, decidida- Sé a dónde quiere llegar. Pero hacemos todo lo posible para que nuestra hija se comporte como un angelito en su institución. Pero de algo estoy segura; y es que los que deberían mantener el control MIENTRAS nuestros hijos están en la escuela son ustedes. Me parece una total negligencia por parte de usted que no se asegure de que nuestros hijos vuelvan a sus casas como es debido, y no que se reúnan en la cancha de SU escuela para presenciar tremenda pelea. Y lo peor; no es la primera vez que pasa.
- Cariño…
- … -El director meditó las palabras de la madre impotente, quien todos los años le plantaba cara para defender a su violenta hija.- …Señora, le aseguro que tengo a todos mis alumnos bien vigilados. Pero hay que saber que no son unos niños de kínder; tienen sus manías y saben cómo escapar para que no los descubran. Sin embargo, apenas me enteré de lo sucedido fui inmediatamente a detener el alboroto, y traje a las dos señoritas culpables. Debe entender que su hija problemática está dejando cada año una mancha en el expediente de nuestra escuela, y le aseguro que estoy siendo bastante paciente, pero por cada vez que me promete que no lo volverá a hacer, al día siguiente es peor. Señores Railgun, lamento informarles esto, pero me temo que he optado por la expulsión de Misaki.
- Tsk… escucha, viejo. –El director levantó una ceja ante tal adjetivo informal por parte de Samuel- Esta es la primera vez que vengo a una reunión por las peleas de Misaki; y déjame decirte que estoy de acuerdo contigo…
- ¡¿Qué estás diciendo, Samuel?!
- Déjame terminar, amor… Lo estuve pensando, y he decidido tomar cartas en el asunto respecto a la educación de Misaki. –Esta vez los que levantaron una ceja fueron Agus y Chris; no se creían que el inmaduro Samuel que vivía su vida como la de un niño en una feria, de la nada se haya puesto serio.- Sus estudios se están yendo a la mierda; lo he comprobado la última vez que vi su boletín de notas.
- Cariño, eso fue hace dos años.
- … ¿Me van a dejar hablar? Bien… Como decía, he decidido tomar cartas en el asunto, así que… -fijó su mirada en la del albino- … escucha bien, viejo; lo mío son las apuestas, entonces… ¿Qué te parece si le apostamos al grande?
- … -El director no sabía cómo reaccionar ante el comportamiento del padre.- Ehm… ¿Qué estaríamos apostando exactamente?
- El contrato permanente de dos profesores muy buenos en el manejo de poderes y artes marciales a cambio de que no expulses a mi hija, y claro, su buen comportamiento.
- Espere… ¿Me está ofreciendo a dos profesores y además a su hija con buen comportamiento? No lo entiendo, ¿Qué gana usted con esto?
- Jeje, a eso iba… Uno de los profesores es un muy buen amigo mío que necesita empleo, le aseguro que es el mejor que verá en el manejo de los poderes, puede aprender sobre ellos y lo más importante, entrenarlo. Y el segundo profesor es de artes marciales, ese… soy yo.
- Hmmmm… Veo por dónde van los tiros, señor Samuel. La verdad es que estamos carentes de más profesores, puesto que para esta época ya muchos se mudaron a la ciudad y con el comienzo de las clases los alumnos se incrementaron. Pero primero, debo ver la profesionalidad de ambos y…
- ¡¿Qué?! ¡NO! –Por primera vez Christopher se metió en la conversación, enfurecido- Por favor, director, no deje que este… irresponsable trabaje como un profesor en esta escuela.
- ¡Tú te callas, bastardo!
- ¡No, tú cierra el pico! Escuche director, le aseguro que se va a arrepentir de contratarlo… Pero si por alguna razón se le ocurre hacerlo, me temo que voy a sacar a mi hija de esta institución.
- ¡¿Qué te pasa, murciélago de cuarta?! ¡¿Es que quieres pelea?!
- ¡SAMUEL! ¡CHRISTOPHER! ¡YA BASTA LOS DOS! –Agus soltó un sonoro suspiro de cansancio.- Escucha, cariño, estoy muy orgullosa de ti de que te hayas empeñado en buscar trabajo, y estoy completamente dispuesta a ayudarte…
- ¡Pero Agustine!
- ¡Chris, déjame terminar! Buf… como iba diciendo; Si el director te contrata, voy a apoyarte en todo lo que pueda, Samuel, pero tienes que dejar de lado tu comportamiento infantil, este es un trabajo serio en el que debes tener responsabilidad, ¿Entiendes?
- Sí, amor…
- Y tú, Chris. Quiero decirte que Samuel no es el mismo de antes. –Christohper levantó una ceja.- Puede que te parezca infantil por fuera, pero realmente maduró por dentro, puedes comprobarlo con lo que acaba de hacer ahora. Quizás no ha madurado lo suficiente, pero déjame decirte que no es el mismo Samuel que conocías antes; ahora está cambiando, para convertirse en un hombre responsable.
- Pff… Sí, Agus… -Respondió Christopher con incredulidad, pero calmándose.-
- …
- … Bien. –Luego de unos segundos de silencio el director decidió romper el hielo al ver que ya ninguno iba a hablar.- Con respecto a "la apuesta"… Me ha interesado lo que ha dicho, señor Samuel; si no le molesta mañana a primera hora lo quiero a usted y su amigo para una entrevista. Si todo sale bien, con suerte ambos estarán trabajando en el establecimiento de inmediato.
- Está bien, gracias viej…! Señor director… -Cambió la frase por un codazo proveniente de Agus.- ¡No lo decepcionaremos!
- Eso espero… Y volviendo al tema que nos concierne; las alumnas Misaki y Konata… -Esta vez se centró en un papel, el cual era el expediente académico de Konata; sus notas eran regulares, y un comportamiento pésimo. Ya se esperaba algo así luego de la primera mala impresión después de conocerla en persona.- Con respecto a la alumna Konata… ¿Usted es su padre, señor Christopher?
- Sí, soy yo.
- Puedo ver en su expediente que su hija no es un angelito exactamente… Y guiándome de la charla que tuve con ella y Misaki; es muy revoltosa, no tiene respeto por sus mayores, realmente le hace falta disciplina. De hecho, me ha mentido cuando quise llamarlo a usted; ha dicho que se había ido de viaje, pero por cosas del destino justo en ese momento usted la llamó.
- … Entiendo, director, intentaré que no vuelva a ocurrir.
- No, con todo respeto, por favor no prometan cosas que no van a poder hacer; realmente no quiero que su hija Konata se convierta en un problema y me esté visitando a cada momento por algo que hizo. No. Quiero aclarar esto con ustedes; tanto para la familia Railgun como Morningstar. Estas niñas necesitan disciplina, necesitan de mano dura que les corten esas manías de raíz, ¿Me explico? –Luego de un silencio, el director volvió a hablar.- Tengo un plan disciplinario en mente… pero necesitaré de sus aprobaciones.
En la sala de espera…
Ambas chicas estaban sentadas al lado de la otra, esperando, esperando, y esperando… Pareciera que sus padres nunca iban a salir de allí, esto se estaba haciendo eterno.
Konata jugaba con sus pies aburridamente, mientras Misaki estaba cruzada de brazos y echada hacia atrás. Había un ambiente tenso que se iba incrementando; ambas querían hablar al respecto, y al mismo tiempo necesitaban hablar de algo, el nerviosismo las estaba carcomiendo por dentro y ya no lo soportaban.
El silencio invadía la sala y lo único que se escuchaba eran los segundos que marcaba el reloj, y algunos barullos incomprensibles que provenían de la oficina del director.
Habrá pasado un minuto desde entonces; cuando se siente el ruido de pasos acercándose por el pasillo. Ambas enfocaron intrigadas su vista hacia donde provenían los pasos; preguntándose quién era, la enfermera, quizás, pensaron.
De a poco se fue apreciando la silueta de un chico de la institución; alto y con el uniforme correctamente colocado. Parecía ser de último año, y traía su mochila apoyada en un hombro mientras tenía las manos en los bolsillos. Pero lo que más destacaba era su cabello totalmente blanco y largo hasta el cuello. El chico se detuvo en frente de la puerta de la oficina del director, parecía que quería entrar, pero antes de hacerlo enfocó su mirada indiferente en ambas chicas que estaban sentadas en las sillas de espera.
Hubo un largo silencio, mientras los tres se miraban y no se quitaban la vista de encima. Misaki con una ceja levantada, haciendo denotar su mal humor, y Konata con expectativa no paraba de verlo, mientras tenía las mejillas levemente sonrojadas.
- ¿Está ocupado? –Finalmente preguntó el peliblanco, mientras señalaba la puerta.-
- ¡Sí! Están nuestros padres. –Se apresuró a responder Konata.
- Ah… -Sin más decidió sentarse en una de las sillas, dejando una de por medio a la par de Konata.-
Hubo un silencio hasta que Konata se decidió en hablar de nuevo.
- Y… ¿Para qué buscas al director? ¿También te metiste en problemas?
- Nada de eso… No te incumbe.
- ¡Hey! –Gruñó Konata, pero luego resopló y de brazos cruzados se echó para atrás en la silla.-
- … Buena pelea.
- ¡Oh! ¿Nos viste?
- No creo que nadie se lo haya perdido, y si lo hicieron más de veinte lo grabaron.
- ¿Nos grabaron? Tsk… esos estúpidos… -gruñó Misaki, metiéndose a la conversación.
- Así es… Sin embargo, al principio pensé que eras una cobarde por enfrentarte a alguien sin poderes –comentó a Misaki, mientras esta levantó una ceja con molestia-. Pero luego… se volvió interesante. Admito que ese "poder oscuro" ha llamado mi atención –esta vez se dirigió a Konata, quien lo miraba sorprendida, no entendía nada.
- ¿Eh? ¿"Poder oscuro"? ¿De qué demonios me perdí? –no estaba enterada de nada; no se había dado cuenta que en ese momento había "despertado" un supuesto poder-
- No te hagas la idiota, sabes de lo que hablamos –le dio un pequeño golpe Misaki-.
Ambos chicos, Misaki y el chico peliplata, se dieron cuenta de que no estaba mintiendo al ver su cara completamente desconcertada.
- ¿No me digas que…? ¡Pfff! –Misaki se aguantaba la risa- ¡JAJAJA! ¿Es la primera vez que despiertas tus poderes? ¿A ESA EDAD? Pffff… ¡Jajajaja!
- ¡O-oye! ¡Cállate, imbécil! ¿D-de qué están hablando…? ¿Acaso yo... en ese momento? –Konata miraba sus manos vendadas con sus ojos asomando ilusión-
- Claro; has despertado tus poderes. Aunque debo darle la razón a la chica castaña, no es muy normal que alguien lo haga recién luego de muchos años. Se supone que nacemos con ellos y los descubrimos a corta edad –el peliplata decía todo esto mientras buscaba algo en su celular. Cuando lo halló se lo enseñó a Konata; era el vídeo que le habían pasado sobre su pelea.
Konata vio la parte donde Misaki la deja tirada luego de un fuerte choque eléctrico, y luego de eso, la rodea una misteriosa aura oscura; se dio cuenta que eso fue lo que le dio energía en ese momento, y cuando se le fue, el aura desapareció.
Estaba quieta, no tenía palabras para describir su completa sorpresa al descubrirlo; no sabía si quedarse anonadada o festejar como si no hubiera fin.
Lo estaba pensando, hasta que el peliplata la sacó de sus pensamientos quitándole su celular sin tacto, pensando que ya había visto el vídeo suficiente.
- ¡Oye! Quería seguir viendo…
- Jah, ¿Seguir viendo qué? ¿Cómo te desmayas por lo débil que eres luego de darme ese golpecito? Patético… Hayas despertado tus poderes o no, aún estás muy lejos de superarme, enana de cuarta –escupió Misaki con superioridad, mientras que le dio un tincazo en la frente luego de haber terminado la frase-
- ¡Ay! ¡Hija de…!
- No creo que sea buen momento de pelear, de nuevo. ¿No que habían citado a sus padres? Ya tienen suficientes problemas como para empeorarlo… -comentó con sabiduría el joven, mientras guardaba su celular. Ambas chicas recordaron su miseria, y bajaron la cabeza, quedándose tranquilas.
- Jo… Es cierto, seguro papá me mata… -comentó por lo bajo Konata, con una cara de completo horror-.
- Jah, patética. Qué, ¿Es que acaso tu papi aún te da azotes en las pompis? ¿Eh? –decía de forma burlona la castaña-.
- ¡Cállate! ¡Seguramente a ti te dejan el culo como tomate!
- ¡Jah! ¿Eso fue una afirmación, imbécil?
- ¡Claro que no, estúpida!
Y así seguían las peleas, mientras el indiferente peliplata observaba la situación; presintiendo que nuevamente eso podría terminar en algo mayor. Sólo pudo resoplar y recostarse hacia atrás, ignorando todo, esperando con una molestia que no expresaba.
En ese momento se escucha abrir la puerta de la dirección; los tres chicos se detuvieron para fijar su vista allí; de donde salieron los tres padres junto al director.
Los cuatro adultos estaban en completa seriedad, todos observando a ambas chicas, quienes se hundían en su asiento cada vez más al sentir las miradas que se les clavaban.
Pero ninguno más que el director en ese momento se había percatado del peliplata que veía la escena con su típica indiferencia.
- ¡Oh, Fran! –el director se acercó hacia el chico, cambiando su semblante a uno más relajado-
- Papá, ya te he dicho que me llames Ice, no Fran, Ice –recalcó con completa paciencia el peliplata-.
"¡¿Papá?! Debí imaginarlo, ese pelo se me hacía familiar…" Pensaron ambas chicas.
- Fran, Ice, es lo mismo –dijo el director, quitándole importancia-. Lo siento, hijo, ahora estaba en una reunión con los padres de estas chicas. Es algo importante, ya sabes por qué. Ahora estábamos por hablar con ellas. No tardaremos más de quince minutos, ¿Te animas a esperar?
- … Está bien. –respondió el chico, cruzando los brazos y mirando hacia otro lado.
El director sólo pudo dedicarle una mirada de ternura, pues sabía que esa era su forma de "hacer berrinche". Pero en medio segundo cambió su cara a la seria de antes, y se dirigió hacia las chicas.
- Señoritas, pasen, por favor, sus padres y yo les queremos hablar sobre una propuesta que armamos respecto a ustedes –las chicas sólo pudieron mirarse de reojo y obedecer, pues no les quedaba de otra de todos modos.
Todos entraron a la dirección, excepto "Ice", quien se quedó en la misma posición en la que estaba antes. Cuando escuchó cerrar la puerta sólo pudo resoplar, cómo odiaba las visitas con los padres luego de clases…
En la oficina
- Bien. Señoritas, padres, por favor, tomen asiento –invitó con educación el director, mientras se sentaba él en su sillón.
Las chicas se sentaron en las sillas frente al escritorio, y los padres permanecieron parados detrás de su respectiva hija, serios, expectantes.
Luego de un segundo que todos se sentaran, el director suspiró antes de comenzar, y luego habló.
- Bien. Escuchen atentamente, señoritas. Sus padres y yo estuvimos discutiendo sobre lo que pasó hoy, y definitivamente todos estuvimos de acuerdo en que no se va a volver a repetir –tomó una pausa, como para ver si le prestaban atención, y luego prosiguió-. Me temo que tuvimos que tomar la decisión más drástica con ustedes, y hasta puede que les parezca algo loco, pero hemos elegido un plan disciplinario exclusivamente para ustedes, señoritas… -tomó otra pausa, pero fue interrumpido cuando iba a hablar-
- ¿Plan disciplinario? ¿Qué es eso? –preguntó Konata, intrigada. Pero recibió un pequeño tirón de oreja por parte de su padre-
- ¡Shh! Calladita y presta atención –regañó el vampiro, intentando contener su molestia al igual que los otros padres por la situación-.
Konata bajó su cabeza, apenada, y el director sólo pudo mirar la escena con aprobación, luego continuó hablando.
- Como iba diciendo… el plan disciplinario consiste en esto –el director le explicó a ambas chicas con lujo de detalles en lo que iba a consistir el plan disciplinario.
Básicamente, se trataba de que exclusivamente a ellas se les iba a aplicar castigos más fuertes que a los demás, pero no cualquier castigo, sino específicamente azotes; estos serían aplicados para corregir las malas faltas que las caracterizaban; malos modos a profesores y compañeros, tardanza, mala puntualidad con las tareas, notas bajas y por supuesto, las peleas.
Las chicas cada vez abrían más y más los ojos al escuchar esa locura, mientras que sus mejillas se sonrojaban por lo que el castigo implicaba. Cuando el director terminó de explicar, no tardaron ni un segundo en explotar, desesperadas por defenderse.
- ¡¿PERO QUÉ MIERDA?!
- ¡Esto… NO ES JUSTO!
- ¡MAMÁ! ¡¿CÓMO COJONES PUDISTE ACEPTAR ESO?! ¡EXPLÍCAME!
- ¡PAAAAA! ¡¿Cómo pudiste?! ¡Esto es una locura!
- ¡Esto es abuso infantil! ¡ES PUTO ABUSO INFANTIL!
Ambas estaban que sacaban chipas (Misaki literalmente), y se iban contra sus padres, reprochando y gritando groserías a la vez, desesperadas, enojadas, furiosas, pero con un profundo miedo interno.
Ambos padres (hombres) no tardaron en tomar cartas en el asunto, y con firmeza tomaron a su respectiva hija de la oreja, y volvieron a sentarlas en su lugar, regañándolas a la vez.
- ¡¿Qué te he dicho sobre las groserías, Konata?! ¡¿Y los gritos?! ¡Hablaremos en casa seriamente, ya estás en muchos problemas como para agregar más! Ahora te sientas ahí, calladita y quietecita si no me quieres ver enojado.
- ¡A tu lugar, Misaki! Ya no tienes mi voto de confianza, señorita, estoy muy enojado y pobre de ti si me haces enfurecer más. Estate callada en tu lugar y escucha al director, no seas irrespetuosa.
Las chicas no tuvieron otra que obedecer, y con la impotencia a flor de piel se mantuvieron quietas y calladas en su lugar, mirando al director por lo bajo, con una desesperada cara de querer asesinar a alguien ya.
Pero lo cierto es que Misaki no estaba tan furiosa como parecía, sino que estaba confundida, y mucho; normalmente la que actuaba para detenerla en esas situaciones era su madre. Nunca se había esperado algo así de su padre "el payaso". Sonó tan serio que por una fracción de segundos la intimidó.
Esto era inconcebible para la tan nombrada hija de los Railgun, la prodigio que heredó el poder más fuerte de la familia siendo intimidada por un regaño de su papi. Ahora sí que estaba furiosa.
- Por favor, señoritas. Les pido que guarden calma y analicen la situación; esto es solamente para el bien de ustedes, lo que menos queremos es que ya no tengan posibilidades de entrar en ninguna escuela por sus pésimos comportamientos. Les aseguro que con los métodos normales no pude lograr nada con Misaki, ni yo ni los profesores anteriores con Konata, ¿O me equivoco? –ambas desviaron la vista, sin querer aceptarlo- Lo tomaré como un sí… -echó un vistazo al reloj, habían pasado cinco minutos ya- Me gustaría seguir la charla, pero me temo que tendremos que posponerla para mañana porque en unos minutos debo llevar a mi hijo a casa, espero lo entiendan –dicho esto, el director se levantó de su asiento, las chicas lo imitaron, pero él las detuvo-. ¿A dónde van? Sólo he dicho que la charla ha terminado. La pelea de hoy no se va a quedar en unos simples regaños ¿Saben? Se han ganado un castigo las dos… -mientras decía esto buscaba en el cajón de su escritorio algo, hasta que lo encontró, y luego lo sacó para enseñarle a ambas. Se trataba de una paleta de cuero mediana, específicamente para los azotes. Ambas chicas abrieron los ojos y tragaron saliva; no querían imaginarse para qué servía eso, pues nunca habían visto algo así, pero tenían un fuerte presentimiento de para qué era…-
El director no pudo evitar apiadarse de aquellas chiquillas rebeldes que ahora parecían un par de cachorritos mojados. Les explicó qué era eso y para qué servía, cómo y dónde aplicaría el castigo, entre otras posibles preguntas que las chicas ni se les pasó por la cabeza en hacer.
Terminada la breve explicación, el director llamó a Misaki, quien se acercó titubeante a él. El hombre la guió hacia el lado del escritorio, donde la ayudó a recostarse justo como les habían explicado, y luego levantó su falda, encontrándose con un mini-short negro. Misaki siempre lo llevaba cada vez que usaba falda, pues al meterse siempre en una que otra peleíta no quería pasar el mal rato con un "pervertido estúpido" que le estuviera viendo las bragas, como ella decía.
- Tsk… -esta situación se le hacía bastante bochornosa, y a pesar de que ya le habían explicado que subirían su falda, de todos modos se contuvo un poco-
- Me temo que tendré que bajarlo también… -el director, con toda la paciencia del mundo contuvo una de las manos de la chica que se estaba cubriendo, y con la otra bajó el mini-short, dejando sólo sus bragas blancas-
- ¡¿Qué?! ¡NO! –comenzó a contonearse tratando de evitar que le bajaran el short, pero se detuvo de golpe al sentir una fuerte nalgada en su trasero-
- ¡Quieta, señorita! Si no me equivoco ya les he explicado que el castigo es sobre la ropa interior.
- ¡Ghraaaaa! ¡Mierda! –ya no aguantaba más esa humillación, sentía toda su cara arder de la vergüenza, pero sin previo aviso sintió una tanda de cinco nalgadas más, esta vez mucho más fuertes, las cuales hicieron que diera un leve brinco con cada una- ¡Ay! ¡Ay! Ayyayyy! ¡Ayyy!
- Le recuerdo, señorita Misaki, que ahora mismo está en una institución, y ese tipo de vocabulario es inapropiado. Le ordeno que se disculpe ahora mismo.
- ¡Grrrrrr…! –no lo podía creer, esa era la humillación más grande que había sufrido en toda su vida. Y para colmo ahora le ardía el trasero también. Se mordió el labio por unos segundos, pero no quiso tardarse más, seguro ese viejo no dudaba en darle otra tanda más- Lo… siento…
- ¿Perdón? Creo que no la hemos escuchado bien, ¿Puede repetirlo más alto, por favor?
- Grrrr… ¡Ya, lo siento! –esta vez lo dijo casi gritando, se estaba desesperando, quería terminar con esta tortura ya- Director, ¿Me puede castigar de una… bendita vez, por favor? –trató con todas sus fuerzas de sonar amable, no vaya a ser que el señor se enoje-
- Me alegra que ya te hayas calmado y lo pidas de esa manera, Misaki –aunque había sonado bastante forzada, al director le parecía un gran avance que ella se comportara así, conociendo cómo era-. Bien, comenzaré; como les dije, por hoy serán diez azotes con la paleta para ambas, pero la próxima vez no esperen que sea tan piadoso con ustedes –y sin esperar respuesta, tomó la paleta y comenzó-.
Los azotes eran bien duros, el siguiente caía cada vez que pasaba un segundo, sin piedad. Luego del quinto Misaki comenzó a desesperarse un poco, le estaba doliendo mucho, no estaba acostumbrada a tales tipos de golpes, siendo que ella casi siempre terminaba con algún que otro moretón en las peleas y los aguantaba bastante bien. Pero ahora era diferente, le estaba doliendo demasiado, ya iban por el séptimo y no podía contenerse en soltar pequeños gemidos de dolor. ¿Qué era esto? ¿Acaso el director hechizó esa maldita paleta? No lo sabía con certeza, pero lo que sí tenía seguro es que su orgullo desde hace un rato se fue a la mierda.
Con todos esos sentimientos que sentía, ya en el décimo y último azote tenía los ojos aguados, y respiraba de forma agitada. Pero se tranquilizó mucho al saber que aquella tortura ya había terminado.
El director le indicó que ya se podía levantar, pero con la advertencia de que no se sobara el trasero. "¿Pero quién demonios me cree? ¿Niña de kínder?" pensó, pero luego de unos segundos sintió el fuerte ardor en su trasero, se sintió ingenua al pensar en que podría aguantar sin sobarse…
Se levantó su short y acomodó su falda, luego fue junto a sus padres, quienes le hicieron unos cuantos mimos, pero ésta los rechazó con profundo desprecio; no era momento para mimos, ya estaba lo suficientemente humillada como para que lo hicieran más.
- Bien. Ahora sigue usted, señorita Konata. Ya vio cómo son las cosas, así que le conviene quedarse quietecita y recibir su castigo como es debido, más porque no disponemos de mucho tiempo –el director la tomó del brazo y la guió hacia el lado del escritorio, pues veía que no se iba a mover de su lugar. Desde que comenzó el castigo de Misaki la estuvo observando y se veía pálida y asustada, realmente le dio pena, pero no iba a dejar de ser duro por algo así-. Ahora inclínese... Muy bien –Le levantó la falda, dejando ver sus bragas blancas con lunares rosas. Tomó la paleta y se dispuso a comenzar el castigo, oyendo leves quejidos de parte de Konata, estaba bastante nerviosa-.
El castigo comenzó, y los azotes eran igual de fuertes que con Misaki. El primero tomó por sorpresa a Konata y dio un leve bote y un quejido. Luego a partir del cuarto azote comenzó a quejarse más audiblemente, mientras se estremecía un poco con cada azote.
El director se dio cuenta de que ella no soportaba tanto el dolor como Misaki, pero sin embargo siguió con el mismo ritmo y fuerza.
No fue hasta el octavo azote cuando Konata comenzó a llorar, soltando pequeñas lágrimas y sollozos, mientras pataleaba levemente, sin hacer mucho alboroto; esa situación era demasiado humillante, y ya no soportaba el dolor. Se sentía tan débil por llorar justo en ese momento… Quizás Misaki tenía razón y al final sólo era una debilucha.
Cuando el castigo apenas terminó no esperó a que le dieran la orden de levantarse, y fue volando a los brazos de su padre para que la mimara, quien la recibió con los brazos abiertos, susurrándole palabras de consuelo y secando sus lágrimas. ¿Ya qué importaba todo? De todos modos ya había sido lo suficientemente humillada frente a la estúpida de Misaki, un poco más no hará daño, pensaba Konata.
El director guardó la paleta en su lugar, y se dispuso a despedir a los padres y alumnas.
- Bien, espero que hayan aprendido la lección señoritas; si tal cosa se vuelve a repetir no me va a temblar la mano para darles una buena tanda de treinta a cada una, ¿Entendido?
- Sí, señor…
- ¡No lo volveré a hacer!
- Así me gusta, pero quiero oír esas disculpas, ¿A ver?
- ¡Lo siento mucho!
- … -Misaki se mordió el labio, comenzando a sentir la rabia recorrer sus venas "¡¿Cómo se atreven a humillarme de tal manera?!".
- ¿Señorita Misaki? Estoy esperando.
- … -y por una mirada fulminante de sus padres, optó por hacerlo, muy forzadamente- Grrrr… Lo… siento…
- Bien, así me gusta –le dedicó una cálida sonrisa a ambas; parecía ser bastante serio, pero era bueno cuando quería-. En cuanto al plan disciplinario –esta vez se dirigió a todos en general-. Lo estaremos mejorando aplicando nuevas cosas. Los padres y yo estaremos comunicados por correo para hablar sobre el tema; también se les enviarán comunicaciones todos los días para saber el comportamiento de las chicas y estén al tanto. Así que más les vale comportarse bien y centrarse en los estudios, ¿Sí? –Ambas chicas asintieron, cabizbajas-. Bien. Entonces sin más, la reunión ha terminado, nos estaremos comunicando por correo. Ya pueden irse, espero tengan un buen día –Luego de que saludaran al director, éste acomodó las cosas y se dispuso a salir de la dirección-.
Un expectante Ice lo estaba esperando en la sala de espera. Entre esa expresión indiferente el director como siempre pudo notar la pizca de curiosidad que tenía.
- Ya podemos irnos, hijo. Lo siento, al parecer se atrasó unos minutos más de lo debido.
- Ya me di cuenta… -el chico se levantó, y se dispuso a acompañar a su padre hacia el auto-. ¿Las haz azotado? –preguntó, sin pelos en la lengua-.
El director tardó unos segundos en responder. Vaya que su hijo era impredecible. Sólo pudo suspirar y asentir.
- Sí, hijo… lo tuve que hacer. Realmente esas niñas son muy rebeldes, incluso más que Alma, ¿Te imaginas? –rió un poco-.
- Sí. Conozco a la castaña, los años anteriores se metía en muchos líos. Pero la peliazul parece nueva en esto, ¿No crees que fuiste un poco duro con ella?
- Oh no, claro que no. Ella es una alumna nueva, se ha transferido desde Olivo hasta aquí este año. Su expediente es casi igual que el de Misaki; notas bajas-regulares y un mal comportamiento, también he visto que tuvo algunos llamados de atención por peleas.
- Ya veo… -Ice se quedó pensativo, hasta eso ya llegaron al auto. Como siempre él se sentó en el asiento de copiloto-
El auto arrancó, e Ice no tardó en hacer más preguntas. Podrían decir lo que quieran de su indiferencia, pero para su padre él era el chico más curioso del mundo.
- ¿Aplicarás ese "plan disciplinario" a todos los que tengan ese comportamiento, como con Alma?
- Si te soy sincero, no planeaba hacerlo más que con Alma… Pero ciertamente el progreso de ella en los estudios del año pasado han sido más que aceptables. Quería probar con estas chicas, y al parecer sí que va a funcionar. Puede que pronto aplique este plan disciplinario a alumnos de este tipo, aún lo estoy pensando.
- Ya veo… -Ice se quedó satisfecho, fantaseando con una escuela tranquila como una biblioteca, donde los alumnos fueran unos angelitos que no dañarían ni a una mosca. Realmente un ámbito así de tranquilo y pacífico era lo que más deseaba Ice.
En la casa de los Sugisaki…
- ¡Llegamos! –anunció Himtoshi al entrar a su casa junto a su hijo, ambos deleitados por el olor del almuerzo que provenía de la cocina.
- ¡Papá! –una niña de más o menos 12 años se abalanzó contra Himtoshi para darle un gran abrazo. Su cabello era muy largo, lacio y negro. Tenía la piel pálida y los ojos color gris. Estaba vestida con un pulóver liviano blanco y unos mini-shorts amarillos; parecía que su gran sonrisa nunca salía de su rostro-
- ¡Alma! Espera, que me harás caer –el padre no tuvo más que reír un poco y darle un beso en su cabeza, intentando avanzar hacia la cocina para saludar a su esposa también-. Ve a saludar a tu hermano también.
- ¡No! Es un tonto. Ayer no me quiso prestar su Play.
- ¿Qué te he dicho sobre los videojuegos? Estás castigada y lo sabes.
- Ups –y con una gran sonrisa se fue corriendo hacia su cuarto-.
- ¡No corras por las escaleras! Cielos, esta niña siempre tan enérgica… -ya había llegado a la cocina. Abrazó por detrás a su esposa que estaba preparando la mesa, y cuando ella se giró ambos se besaron-.
- ¿Cómo te fue hoy, amor? –preguntó la amable mujer con una gran sonrisa. Era como la versión adulta de Alma; piel pálida, ojos grises, sólo que con el pelo un poco más corto, y el busto de un tamaño generoso-
- Se podría decir que bien –respondió el hombre con una sonrisa, mientras ayudaba a la mujer a servir la comida mientras platicaban.
La madre llamó a almorzar a sus dos hijos, quienes gustosamente bajaron para devorar el almuerzo que tanto esperaban. La feliz familia platicaba sobre su día en el trabajo/escuela, disfrutando del delicioso almuerzo, sin pasárseles por la cabeza que en ese mismo momento dos desafortunadas chicas estarían siendo castigadas por sus furiosos padres…
