Nombre Clave: Avemagnolia
Pathya Strovski
Capítulo III
Meses atrás...
Había pasado el tiempo, al despertar dirigí la mirada a mis manos que se estiraban al igual que mi espalda, lucían tan blancas como cada mañana con la luz del amanecer, por lo que las hacía tan diferentes. A través del tiempo habían cambiado tanto, ahora se veían más largas y estilizadas; las uñas crecían con el pasar de los días, semanas, meses y años; mis dedos que, antes eran pequeños y ligeramente redondeados en sus puntas, ahora eran largos y delgados.
Suponía que a mi cuerpo le pasaba lo mismo, ya no era el de una niña y tampoco era pequeño, ni tenía la redondez que me caracterizaba a los tres años. No sabía con certeza cuántos años habían transcurrido, ya que el señor André me festejaba mi cumpleaños todos los días, supongo que para que no hiciera preguntas sobre mis padres. Ahora me encontraba en un lugar lejano, uno donde simplemente veía pasar el día, descansando, recuperando la memoria que cada vez era menos doloroso. Decidí levantarme para el nuevo día, me rodé y al ponerme en pie, quise cambiarme para dar un paseo, después me bañaría y arreglaría para comer en la playa con mi inmutable Lucius, mi guardaespaldas.
Cuando terminé lo que sería mi arreglo, demasiado relajado, decidí salir de casa. Lucius acostumbraba a seguirme a todos lados y esperaba que cada cierto tiempo, André y Claire decidieran venir a ver cómo me iba con mi memoria, pero ésta vez sería diferente, ésta vez vendría alguien que mi memoria recordaría aunque en realidad se hubiera perdido toda.
Antes de ir a pasear, decidí detenerme en el helipuerto; cada semana dejaban accesorios ahí, pero no ese día, ese día no sucedería. Por lo que emprendí mi camino como todos los martes, la playa lucía esplendorosa, eran recién las ocho de la mañana y ya había aves cerca del embarcadero, picando los restos que las pescaderías dejaban que se pegaran en sus postes; volteé un poco cuando vi que Ágatha ya había regresado con las frutas y verduras que cosechaba detrás de la casa, me preguntaba que sería ésta vez: ¿pulpo? ¿Mejillones? o ¿tiburón? Eso lo averiguaría más tarde.
Cuando comencé a dirigirme a la playa, una Ágatha ágil corrió hasta donde me encontraba, avisándome que tenía visitas, aunque si no había nada en el helipuerto ni en el embarcadero por dónde habían llegado. Me apresuré y quise entrar por la puerta de la servidumbre, de un momento a otro oí una voz conocida, lo cual hizo que me diera cuenta de que ellos estaban dentro de la casa.
¡Cala querida! ¿Dónde has estado? – André se acercó a abrazarme.
Iba a dar un paseo por la playa como todos los días desde que llegué aquí – respondí dudosa.
Cala querida, quiero presentarte a alguien, te cambiaremos el nombre, te gustaría llamarte ¿Linda? ¿Lo podrás recordar, querida? - André cuestionó optimista.
Por supuesto, ¿dónde está Claire? - pregunté emocionada.
En un momento viene, por cierto, debemos idear algo, si la persona que te presentaré no es de tu agrado, muérdete intencionalmente el labio, lograré sacarte de ahí.. delante suyo. ¡No me veas así, es una gran idea...! ¡Espera! - me pidió él deteniéndome de un momento a otro. ¡Claire, Claire...! - André terminó llamándola y cuando lo seguí me detuve al sentir que una fuerte mano me había tomado el brazo haciendo que me congelara que, por alguna extraña razón que me era desconocida.
¡Qué linda damita tenemos aquí! ¿Cuál es su nombre, Claire? - preguntó el hombre sonriendo morbosamente.
¡Ah, hola Linda! ¿Cómo estás? - saludó Claire quitándola del camino de aquel hombre, descubriendo al mismo tiempo que ella se encontraba helada de las manos y se había quedado como una estatua. Calma Linda, te protegeremos de él, conserva la calma y ten coraje - me susurró al oído.
¡Muy bien...gracias y tú Clai...re! - quise ser más efusiva, pero...tenía que prepararme para actuar delante de aquel hombre, tenía que aparentar calma.
Bien gracias, mira te presento a Rudolph, un amigo - Claire me presentó como con cualquier persona.
¿Rudolph... White? - pregunté asombrada al voltear a verlo. mi tío Rudolph había cambiado demasiado a como lo recordaba, habían aparecido ya algunas canas en su melena que antes era castaña y alguna que otra arruga en los ojos, algo que si era notorio eran sus ojeras, lo que lo hacía temeroso.
Linda, ¿lo conoces? - preguntó Claire sorprendida.
Creo que sí – sí que lo conocía, él era el que había asesinado a mis padres, sentía repulsión, pero debía de hablar como si nada.
De pronto todo se volvió más claro, los recuerdos volvían con destellos, entre el asombro de Rudolph y la espera de Andre y Claire, decidí averiguar ¿qué hacía allí? ¡Tenía que saberlo!
Si soy yo, de ¿dónde me conoces, linda? - me cuestionó, tocándome el rostro con su mano, la cual ahora me parecía tan igual a la mía.
¡Quizás esté equivocada y lo haya leído por ahí! - decidí no delatarme, todos deberían de pensar que aún tenía problemas con mi memoria, al menos por el momento.
Quizás, bueno, André y ¿qué haremos ésta linda mañana? - sonrió aquel hombre con burla.
Por lo pronto, dejaremos que Linda se vaya a su paseo diario y nosotros vamos a refrescarnos - decidió André, viendo como me había alejado de todos.
Gracias, hasta pronto - Rudolph sólo atinó a seguirme con la mirada.
Hasta pronto, Linda espérame afuera un momento, debo hablarte de algo importante - me pidió haciéndome que me volviera en un santiamén.
¡Adiós! - me despedí con la mano en el aire, lo que menos quería era estar ahí.
¡Cuídate linda! - exclamó Rudolph.
¡Sí...! - contesté tímidamente.
Me detuve apenas salí de la casa, tenía un montón de ideas agolpadas, mi memoria había regresado y con ello un majestuoso plan para descubrir a mi tío Rudolph White... como el asesino de mis padres, pero eso lo trataría después...con André. Mi tío André había cuidado de mí al haber faltado mis padres, me había escondido de su asesino ese día en el yate de Adam, mi padre. Según tío André, mi padre había dejado su testamento con cuatro apartados que incluían el haberme nombrado heredera universal de industrias Tyler, dado que al nacer yo, mi madre Emily tuvo una complicación en el parto y ya no podía tener hijos.
El apartado uno hablaba de que sí yo faltaba, el albacea sería mi tío Rudolph; el segundo hablaba de quién sería el albacea, que cubría tanto el primero como al cuarto apartado; el tercer apartado, hablaba de que la herencia sería repartida entre los familiares importantes si por alguna razón el albacea hacia mal uso de ésta y por último; el cuarto apartado decía que el albacea podría quedarse con industrias Tyler, si dado el caso al cumplir mi mayoría de edad, faltaba. De alguna forma recordaba que a la edad de tres años, justo antes de que mis padres fueran asesinados; mi padre había escondido en la casa el testamento de mi madre y aparte él había dicho que no le contó a nadie que mi madre había heredado una cuantiosa fortuna por el lado de su familia política al casarse con mi padre; así que podía tomarlo cuando su hija fuese mayor de edad, que por mis cálculos los cumpliría dentro de un año.
¡Candy, Candy! ¿Dónde estás? - preguntó André.
¡Aquí...! - levanté la mano saliendo de mis recuerdos.
¿Qué te ha parecido, el señor White? - me cuestionó temeroso.
¡Cómo es posible que mi ese señor haya venido aquí, André! ¡Dime! ¿Por qué lo has traído? - le recriminé dando un paso atrás.
Por nada, en especial, sólo que en unas cuantos meses cumplirás 21, serás mayor de edad y pensé que él te haría recordar algo más que su nombre - respondió un poco decepcionado.
¡Lo recordé todo! ¡Él, él mató a mis padres... para quedarse con todo, con todo mi herencia! ¡Por dinero los mató, mató a mi madre y a mi padre a sangre fría! ¡Mató a su hermana! ¡A tu hermana! ¡Pobre tío André, ¿cómo has podido tolerarlo de ese modo?! Espera, dime, un señor encanecido me sacó de ahí y me perdí de unos buenos años con mis abuelos, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué me lo hizo a mí? - cuestioné echándome en sus brazos, dejando tan conmocionado a mi tío André.
¡Candy, lo has recordado! - exclamó sin poder creérselo.
¡Por supuesto que lo he recordado, estoy tan furiosa! ¿Qué hace aquí? - pregunté zafándome de él.
Vino a pasar unos días con nosotros, pero después irás a un lugar más lejos que este... - sentenció entre triste y alegre.
¡Tengo 20 años, tío André...! A mi madre la visitaba un chico y cuando tenía tres me contó que podría buscarlo para saber los números de cuentas de mi fortuna - le hice saber al tío André, que supuse que él era ese tío.
Pero ¿cómo te acuerdas de eso? - me preguntó André incrédulo.
Me cantaba una canción, así me acuerdo - resumí alegremente.
Bueno, si pues aquí están... - me señaló su memoria.
André...¿tú eres? - quise saber.
Sí querida Candy, mi nombre es André White y esa fea persona que está allá arriba es mi hermano Rudolph, por desgracia - sentenció sintiéndose aliviado.
¡Tú y él, son hermanos de mi madre! - me retiré de él tapándome el rostro sin poder creerlo, al menos para su vista, lo había intuido todo el tiempo.
Sí, pero yo soy el bueno y él la oveja negra de la familia, yo decidí quedarme contigo y ayudarte, él decidió nunca buscarte, supuso que te habías ahogado - explicó muy en general mi tío André.
Y ahora, ¿cómo debo actuar? - lo tomé de las solapas del traje color arena que portaba ese día.
Normal, debemos hacer lo primero, ordenaré a Lucius que coloque todos los espejos en todas las habitaciones, la casa lucirá como debiera haberlo hecho en tu niñez - mencionó sonriéndome.
¿En serio? - cuestioné sorprendida ya que esos espejos nunca los vi, Lucius y Agatha los escondieron apenas hube llegado.
Sí, ven, te traje un guardarropa distinto a éste, ¡vamos, te lo muestro! - me jaló sumamente emocionado.
Y ¿mi paseo? - inferí.
¡Luego niña, esto es más interesante! Claire lo escogió para ti, el plan es que para cuando cumplas 21, tú mi querida Candy, estés ya en casa para reclamar tu fortuna, la de tu madre ya la tienes, la de tu padre no puede quedarse en sus manos, está haciendo mal uso de ella! - decidió soltar la boca antes de que le preguntase algo.
Espera, espera...no se supone que mi tío Rudolph sabe de la herencia de mi madre - pregunté ansiosa, sin entender.
¿Sabes que tenía una cuantiosa fortuna? Lo que no sabe, es que no la unió a la de tu padre para multiplicarla, ¡él piensa que sí! - exclamó André dando una vuelta al no creerlo.
¿En serio? - pregunté cada vez más confusa, me pareció demasiada información para mí.
Por supuesto Candy, ¡tu madre no sólo servía para pintarse las uñas de las manos, eh! - me regañó con énfasis.
¡Perdona, no quise decir eso! - me debía disculpar, porque quizás no supe expresarme.
Vamos, tenemos que apurarnos, mira éste es el guardarropa, Claire vendrá en unos minutos para arreglarte, el almuerzo está cerca, ¿de acuerdo? - dijo cuando entré en la habitación que me había asignado desde pequeña.
¡Sí gracias, tío André! - sonreí ante la emoción desbordante de mi tío para luego sorprenderme por el efusivo abrazo que sentí de pronto, cuando en mi oído escuché como en un murmullo: ¡bienvenida al mundo, Candy! - lo cual no pude responder porque mi tío huyó de allí.
De nada Candy...te pareces tanto a mi hermana, ¿por qué Rudolph no se dio cuenta? - se cuestionaba André mientras se alejaba de ella, unas lágrimas traicioneras amenazaban por salir.
Toda la mañana Claire y Candy se dedicaron a arreglarse, el almuerzo estaba a unos cuantos minutos, mi tío André había ido por nosotras maravillándose con mi cambio de atuendo, sin duda era el vivo retrato de mi madre.
¡Eres preciosa sobrina, adelante! - Claire dio el pase cuando oyó el toque de la puerta.
¡Muchas gracias mi amor, hiciste un gran trabajo! - mi tío André besó a Claire con ternura.
Gracias - respondió Claire, sonrojada.
Esperen, ustedes ¿son...? - pregunté entre sorprendida y dudosa, debía de ser así.
Sí, Claire es mi esposa, Candy... - me sonrió.
¡De sorpresa, en sorpresa! - exclamé no ocultando mi entusiasmo, por lo que brinqué y aplaudí sin remedio, haciendo que ellos mismos sonrieran y saliéramos juntos de allí para dirigirnos al desayunador.
Señorita, puede pasar por allá - señaló Lucius cuando me vio llegar hasta allí.
¡Lucius! ¿En verdad eres tú? ¿Sabes hablar? - pregunté sorprendida al verlo tal cual.
¡Desde ahora, lo hará! - respondió tío André, sonriéndole y sentándose a la mesa.
¡Increíble, siempre pensé que eras mudo! - contesté rápidamente lo que hizo soltar una sonora carcajada al alto hombre.
¡No señorita, pero usted nunca me preguntó nada, todo lo decía para sí misma... - intentó explicar entre las carcajadas y el rostro enrojecido por lo hilarante del comentario!
De acuerdo, sigamos entonces - pidió tía Claire.
¡Buenas tardes...! - saludó tío Rudolph, rompiendo la alegría y armonía del momento. Bue..., ¿seguro que no nos conocemos? - la actitud de mi tío no nos tomó por sorpresa, él estaba impactado.
No lo creo, nunca he salido de esta isla, ¡nací aquí! - respondí con total franqueza.
Es que te pareces tanto a... en serio André, ¿no le ves parecido a Emily? - tío Rudolph volteó la mirada de mi hacia su hermano.
¿Cuál Emily, Rudolph? - cuestionó sin entenderlo de momento.
¡Tu hermana, por supuesto...! - exclamó él con desesperación.
No, además no creo que se parezca a nadie que conozcamos - resolvió zanjar el tema.
Yo juraría que es igualita a Emily cuando era joven, si no fuera por qué Candy aún está desaparecida y porque tú naciste en este isla, juraría que eres mi querida sobrina desaparecida, Candy..., ¿quién es tu madre? - quiso sacarse esa duda.
No lo sé, mis recuerdos son vagos sobre eso - respondí al bajar la mirada cuando Agatha aparecía con mi jugo.
Sí por supuesto, no lo sabes, imposible que tengas recuerdos antes de que nacieras - respondió dándose por vencido.
Rudolph no seas tan impertinente, es imposible que Linda sea mi querida sobrina, es hija de una de las conquistas de Gabe - soltó sorprendiendo a más de una persona.
¿Gabe tenía hijos fuera del matrimonio? ¡Emily lo sabía! ¿Isabella lo sabía? - cuestionó como si no lo creyera.
¡Ella lo sabía todo! - respondió tío André sorprendiendo y ganándose un golpe que le dio mi tía Claire por debajo de la mesa.
Con razón cuando Gabe murió, Emily se deprimió tanto, ¿cuántos hijos habrá dejado su cuñado político? Quizás te guste visitarnos en Londres, Linda - sonrió y yo lo injurié en mi pensamiento.
Nunca he salido de esta isla... - respondí tomando un poco de jugo.
¡Ya va siendo hora de que lo hagas, esperas casarte algún día, supongo! - rebatió él...¿coqueteándome?
¡Rudolph! - le llamó la atención tía Claire, se estaba sobrepasando.
¡Está bien, está bien! ¡Sabes no me he casado aún! ¿No te gustaría ser mi esposa? - me propuso ese cínico, ni estando loca aceptaría.
¡Esto es demasiado, Linda vámonos! - se levantó tía Claire porque era en realidad demasiado y tomándome de la mano, jaló de mí y yo me dejé guiar.
¿Qué dije? ¡Oh vamos, estoy bromeando! - sonrió tío Rudolph con malicia.
Pues esos ofrecimientos no se oían como una broma; has hecho enfadar a Claire, hermano te prohíbo que vuelvas a hacer ese tipo de bromas a mi protegida - informó tío André levantándose abruptamente.
¡Está bien, está bien! Lo siento - tío Rudolph tomó a André de la mano para detenerlo.
Ahora con tu permiso - André se quitó la mano de su brazo y dejó que cayera a una lado.
¿Cómo te sientes, querida? - me cuestionó, observándome con el rostro enrojecido.
¿Cómo se atreve a proponerme algo así? - le pregunté alzando el rostro.
Él solo espera conseguir esposa bella para lucirla como objeto, pero espero que por ningún motivo caigas en esas redes. Esperen, bueno, sí, aquí está Rudolph, si, si, es peligroso hablar por teléfono, quizás te podríamos ver en Marruecos la semana próxima, por supuesto, lleva todos los papeles, de las dos - me advirtió mi tío y terminó de responderle al teléfono, poniéndose de acuerdo con alguien.
¿Qué sucede querido? - preguntó tía Claire, sumamente curiosa.
Era el abogado de los Taylor - resolvió responder.
¿Qué quería? - cuestionó a sabiendas que el abogado era su suegro.
Hace tiempo que me viene avisando que pronto cumplirás los 21, después de algunos años me dio muestras de que podía confiar en él, por lo que le he contado, que tú estás a mi resguardo, creo que estarás feliz por ello, el abogado de los Taylor es tu abuelo Joseph - me sonrió y lo hizo aún más cuando mi rostro no cambiaba.
¿Qué has dicho? - pregunté perpleja. ¡Mi abuelo aún vive! - salté de alegría hacia él.
Sí, él fue quién te encontró y entregó a mí...técnicamente a...Claire - me informó yendo mi rostro de él hacia el de tía Claire.
Mi abuelo, ¿cómo esta? ¿Está bien? ¿Enfermo? ¡Dímelo! - insistía con la pregunta.
¡Calma, calma! ¡Sí está bien! Tranquila, no le ha pasado nada, sólo está más viejo, el recibe cosas tuyas cada mes - me responde André.
¡Cada mes, pero si yo no he enviado nada! - exclamé contrariada.
¡Eso es lo que tú crees! Pero ya llegará el momento en que lo veas, por lo pronto, prepararemos tus maletas, te reunirás con él en dos días, algo tendremos que inventar para que Rudolph no sospeche... - me informa y requiere de tía Claire, ayuda, abrazándonos a las dos. Pensar que te irás, mereces algo mejor que ésta enorme jaula, mereces que tus abuelos disfruten lo que se han perdido - susurró esa sentencia, más para él que para mí.
Continuará...
