CANVAS
Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.
Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORN y Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro.
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"Las pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo, aunque a menudo sean causa de huracanes."
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Su contacto con la chica Sasagawa se había mermado considerablemente desde ese encuentro en la noche.
Ella y Angela se la pasaban metidas gran parte del día en uno de los grandes cuartos, junto con Bester (al cuál ya no necesitaban que él mismo lo vigilara); la bestia se había acoplado a la castaña, de tal modo, que la dejaba tocarle con esa reverencia y cuidado como ella lo hacía. Una que otra vez se iban a asomar los demás miembros de Varia para reportar que demonios hacían y los progresos de la obra, para de una vez deshacerse de ese problema. Pero Angela seguía en los bocetos para la desesperación colectiva.
Solo a la hora de las comidas era donde coincidían Xanxus y ella. Y aún así, ella no le miraba para nada.
Y él no era un tipo al que le gustase ser ignorado; aunque tampoco encontraba una razón por la que necesitará de su atención.
No le gustaba como estaban las cosas en su casa.
No le gustaba ella.
Y no sabía por qué.
Él era de una mente simple y un hombre de impulsos, que no gustaba de complicarse mucho. Donde dejaba que sus acciones hablarán por si solas y él a su vez juzgaba a los demás también por sus movimientos.
El problema es que los movimientos de ella, sus acciones, eran demasiado transparentes, demasiado obvias algunas veces. Pero esa aura que la seguía, que la rodeaba, su apabullante serenidad y su palpable ingenuidad, lo descolocaba. Por qué algunas veces sus actos y sus palabras eran de naturalezas distintas que lo confundían.
Ella era algo diferente a lo que los demás pensaban de ella, y al parecer ella era consciente de esto; dejando que los demás siguieran en sus inocentes creencias. Y seguía ocultando algo, algo que él podía oler a la distancia. Algo que ella se aferraba a mantener bajo todas esas capas de buena educación y dulces sonrisas.
No era un asunto que le quitará el sueño.
Pero no podía evitar divagar que era aquello que ella se negaba a mostrar. La joven era sincera y honesta, terriblemente en el sentido amable y encantador. De modos dulces y suaves, incapaz de segundas intenciones. Pero había algo allí, en el fondo de sus ojos, que no concordaba con toda su forma de ser.
No era falsa, pero tampoco era del todo libre y parecía reprimida hasta cierto punto, en su manera de comportarse.
Era algo que la carcomía poco a poco, que deseaba dar a descubrir y al mismo tiempo se contenía a confesar sea lo que fuese que estuviese rondando en su cabecita.
¿Por qué él había logrado tal conclusión? ¿Por qué él había pensado tanto sobre el asunto?
No es que la hubiese observado por horas a ignorancia de ella, que analizara cada uno de sus movimientos cuando estaba sola o cuando estaba rodeada; ni por que escuchara su risa o su voz cuando hablaba; ni la ligera forma en la que se movía de un lado a otro.
No era un maldito acosador acechando alguna presa.
Fue simplemente que pudo identificar fácilmente con un par de vistazos en ella, que había algo que no encuadraba con su persona. Y era ese muro invisible en el que ella se encasillaba y nadie más parecía notarlo a excepción de él. Sus instintos le habían indicado.
Sus instintos y el tratar de despejar su mente en una tranquila noche, fue lo que lo llevaron a encontrarla una vez más entre las penumbras de su mansión.
En una de las estancias de la planta más alta, una con un balcón que daba hacia el jardín trasero, Xanxus la hallo una noche en una de sus caminatas nocturnas en busca de más vino (últimamente no era suficiente la bebida)
Primero pensó que era una alucinación suya, quizás demasiado alcohol en su sistema ¿o era que la presencia de la chica ya se había vuelto un elemento común en el ambiente? No, era cosa del alcohol. Como fuese, allí estaba ella, la misma ropa de dormir, el cabello suelto y esos misma mirada profunda perdida en la oscuridad de la noche, contemplando la oscuridad allá afuera del cristal del ventanal cerrado. Tan etérea y sutil, como si disfrazara su presencia, hundiéndose en el silencio de la noche. Si, definitivamente había algo que no concordaba en ella. Como esconder una joya brillante entre un manto oscuro.
Y la Luna seguía en el firmamento...
...
...
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— Perdón — dijo ella de pronto rompiendo el encanto del silencio; desvió su mirada de la ventana y la posó sobre él.
Xanxus se había quedado quieto, como una estatua, en el marco de la puerta entrecerrada del cuarto desde donde la había visto de reojo. Ni siquiera había hecho un ruido pero ella se había percatado de su presencia.
Quizás nunca le habían contado que sus ojos parecían dos carbones ardiendo entre la oscuridad, con tal intensidad, que no era sumamente difícil localizarlo en la penumbra. Cosa que ella descubrió al sentir su mirada clavada sobre sí, sin necesitar más para saber que Xanxus la había vuelto a encontrar, escurriéndose por donde no debía.
Al verse descubierto, él solo chasqueó la lengua y se fue. Olvidándose de la búsqueda de más alcohol.
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Sin realmente a pensar mucho en el asunto y si se volvería a repetir la casualidad, él volvió a pasar por el mismo lugar a la noche siguiente. Era su casa, maldita sea, ¿por qué no habría de ir a donde se le pegará la gana, a la hora que quisiera?
No es como si se estuviera escondiendo de alguien. Tampoco como si estuviera buscando a alguien.
Y nuevamente y sin sorpresa, la encontró allí, en la misma estancia, pobremente iluminada por la luz de Luna; aunque ahora ella estaba hojeando un libro, uno de tantos, de esos que estaban olvidados en los libreros del lugar. Sin embargo, y a diferencia de la vez anterior, ahora fue él quién entro con copa en mano y botella en la otra, sentándose en uno de los sillones con total tranquilidad (Por que, bueno, él era el dueño de este palacio, no tenía que pedir permiso ni dar razones ¿verdad?)
Kyoko solo atinó a observarlo con cierta incredulidad mientras él se acomodaba en el mueble, aparentemente disfrutando de la paz flotando en el ambiente.
— ¿Xanxus-san? — le llamó ella, contrariada, tras un extraño silencio.
— Cierra la boca — le ordeno mientras echaba la cabeza hacía atrás en el respaldo. La copa en su mano peligrosamente cerca de caer al piso. Se hizo el silencio.
— ¿Así que... Xanxus-san tampoco puede dormir...? — volvió a abrir la boca ella.
El susodicho, tras fruncir el ceño, le arrojo su copa sin ver a donde caía exactamente. El cristal al hacerce pedazos y el leve gemido de sorpresa de la joven, le indicaron que había golpeado la pared y no le había sacado un ojo a la chica, por ahora.
Otra pausa de ese curioso silencio.
Entonces la oyó suspirar cansinamente, después de eso distinguió el ruido de los cristales al ser removidos con cuidado. Entreabrió un ojo con pesadez y miro como la Sasagawa iba recogiendo el pequeño desastre.
— ¿Qué haces? —
— Limpiando. Es peligroso dejarlo así, alguien podría lastimarse — la oyó comentar.
¿En verdad? Que no joda. ¿Se preocupaba por unos vidrios rotos? Estando con ellos, ella debería de ver por otras cosas y no copas rotas. Bufó divertido, quizás era el exceso de alcohol ya lo estaba afectando. Ella también era divertida.
— ¿Qué haces? — volvió a cuestionarle al verla de pie y mirando a todos lados.
— Buscando un bote de basur-... ¡A-AAHHH!—
Y no terminó su frase por que al instante Xanxus le había arrojado su botella, que ella logro apenas esquivar por un pelo. La botella se hizo pedazos, cristales salieron volando y la pared quedo manchada y escurrida. Kyoko respiraba agitadamente, mirando a donde había pegado la botella y apenas siendo consciente que ella también había sido salpicada por el alcohol rojizo, completamente confundida por la repentina agresión. Pego un leve chillido cuando Xanxus pateó de mala gana, de pronto, a un taburete que tenía cercano — ¿E-eh? —
— Eso no fue a lo que me refería, basura — siseó enfurruñado y gruño al verla parpadear sin comprender sus palabras. — ¿Eres estúpida o qué? Lo que digo es ¿qué haces aquí, mujer, a estas horas? ¿Qué no te puedes quedar quieta en las malditas noches? ¿Te hace falta compañía en tu habitación o qué? — se mofó con descaro. — ¿Buscas compañía para matar el aburrimiento? —
Ella pareció comprender al acto su indecorosa indirecta. Kyoko frunció ofendida su ceño por un momento con un fugaz bochorno; tomo aire por un momento para tranquilizarse, entonces negó con la cabeza y volteó a ver a la Luna — Simplemente, es que no puedo dormir aquí... — comento en voz baja.
— Si, estando aquí lo mejor será que no cierres los ojos o podrías no volver a abrirlos — comentó burlón levantando el mentón de forma petulante.
Ella no encontró divertido su comentario por el gesto indiferente que tenía ( Raro, a pesar de que ella solía reírse incluso de los malos chistes de Bel y Lussuria )— No es eso — alego mientras tomaba el libro que estaba leyendo hasta hace un rato y había dejado en su butaca, antes de recoger los vidrios; abrazo el ejemplar contra su pecho y miraba el piso, indecisa — No sé como explicarlo... Hay... hay algo extraño en este lugar que no me permite mantener los ojos cerrados mucho tiempo. Es algo en el ambiente que no comprendo, algo que me llama... — fruncía contrariada su expresión al no entenderse ella misma.
Xanxus se había quedado mudo en su lugar. La mueca burlona de hace un momento había desaparecido ya.
¿Qué demonios con ella?
Ella exhalo con pesar, aunque sonrió de forma genuina y miro nuevamente hacia afuera. — Sea lo que sea, me gusta... No sé si sea la expresión adecuada, ni sé como explicarme — se encogió de hombros — Nunca antes había estado en un lugar similar. Me... fascina, por así decirlo. Hay tantas cosas, tantos secretos, la combinación de paz y peligro es tan cautivante. Estando aquí me siento tan libre y la impresión que de pronto puede quebrarse esa fantasía me hace sentir tan viva. No quiero cerrar los ojos, quiero seguir contemplando lo más posible, el sueño no me llama. — Suspiro — Además, desde aquí, la Luna se ve hermosa. ¿No lo crees, Xanx...-? —
Se quedo de piedra con la voz atascada en la garganta de la pura impresión, por que no se había dado cuenta que él se había acercado tanto a ella que lo tenía justo enfrente ahora. Se había movido con tanto sigilo que era difícil imaginar que semejante hombre pudiera tener la gracia y sigilo de un felino.
De momento se sintió tan pequeña, que olvido respirar: era tan alto, más alto de lo que ella imaginaba pues rara vez lo veía fuera de su trono y de pie, tan cerca como ahora lo tenía. Era tan imponente, una presencia aplastante y cautivadora que la aturdió. Y él, por su parte, él se sentía tan poderoso y omnipotente teniéndola allí, tan poca cosa y clavada en el piso incapaz de moverse ni de apartar la vista de él, con la boca entreabierta. No negaría que era excitante tener la sensación de hundirla más y más con el solo poder de sus ojos. Sentía la adrenalina correr poco a poco su cuerpo como cuando se encontraba en peligro ¿Ella lo era? Ja. Era más como la excitación en una cacería ¿Ella era la presa?
Sentía aquel deseo y necesidad, como solía tener de forma pasajera, con todas aquellas callejeras ¿La quería dominar?
No no no no no no.
Él sentía todo eso, pero no por esas razones ¿Qué era entonces?
¿Que quería de ella? ¿Quién era ella? ¿Qué influencia estaba ejerciendo sobre de él?
Frunció el ceño y de pronto la tomo por el cuello con una mano. Le fue tan fácil, tan sencillo. Su gran mano, tosca y callosa, de gran poder y morena a comparación de su blanca piel, aplastando poco a poco su garganta y hundiendo sus dedos en su carne. Lo difícil era no matarla por error. La vio ahogar un gemido de la sorpresa, la vio apanicarse y la confusión y el miedo tiñendo sus ojos al no saber que pasaba. Como simplemente sin esfuerzo alguno la levantaba del piso. Su peso no era nada. Era tan dulce ver que ella podía mostrar tan deliciosa emoción en su mirada también. El aire se fue acabando, la voz ahogada que salía de su boca y sus pies moviéndose en el aire al no encontrar apoyo... y... nada más...
Sus pequeñas manos seguían abrazando aquel libro viejo que ella tenía contra su pecho a pesar que era evidente que pronto perdería el conocimiento por la falta de aire. Y aún así no luchaba por su vida ¿Por qué?
Sus ojos rojos chocaron contra esos de tono dorado. Y notaron el delicioso contraste que su piel, su cabello y sus ojos tenían contra el carmesí del licor que ella se había salpicado tras el incidente de la botella.
Carmesí y dorado.
Como gotas de sangre que empapaban el oro.
Pero lo que él veía era solo sus ojos, procurando no distraerse más con lo demás. En ellos no había miedo. No.
Diablos. ¿Qué era?
No era piedad ni súplica. Había algo de resignación pero por lo demás, no lo identificaba. Ah... ya, un muy viejo rincón de su mente tenía la respuesta guardada por desuso: confianza. ¿Ella confiaba en él, qué no la mataría? Eso lo encabrono aún más.
La soltó abruptamente y ella cayo al piso sobre los vidrios rotos. Kyoko solo ahogo un quejido. Había soltado por fin el libro y las palmas de sus manos se habían cortado, incluso sus pies descalzos. Vio su sangre manchar la alfombra pero no le presto mucha atención. Ella seguía tratando de saber que había ocurrido mientras recuperaba la respiración. Para cuando alzo la mirada, Xanxus ya no estaba.
...
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Al día siguiente, cuando él la miro de reojo, durante el desayuno, vio que tenía vendadas las manos y se había negado a recibir ayuda de Lussuria, alegando que era poca cosa, un accidente cualquiera, una torpeza suya. El resto del día la contemplo cojear en parte por el daño de sus pies, pero seguía casi igual de compuesta, quizás un poco más distraída de lo usual.
Y evitando mirarlo a la cara, curioso.
Xanxus había regresado a esa misma estancia esa misma mañana y descubrió que el desastre de los vidrios estaba recogido y, el libro que ella leía tan entretenida, era un viejo ejemplar que el conocía bien: La donna della luna. Raccolta di racconti.
Las ganas de arrojar el libro por la ventana no faltaron, pero el asco que le daba tocarlo era aún mayor. Una rabia le lleno el ser y termino huyendo de la habitación. Aún más confundido, aún más dolido, aún más deseoso...
El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre.
° O ° O ° O ° O °
Si, no es comprensible. Pero divagar en la mente de Xanxus no creo que sea fácil, entendible ni tampoco agradable. La mente de Kyoko es otro mar de preguntas y cosas esponjosas y bizarras, de seguro también.
Hay cosas que te gustan, te interesan o te encaprichas sin un por qué lógico algunas veces. Y él no es un hombre de mucha lógica para empezar.
