Hola familia Ichirukista!

Mil gracias a las personas que me leen, dejan comentarios, me agregaron como favorito y me siguen.

Ya tengo un final para este Fic sin que se destruya la familia de ambas parejas pero consolando nuestro corazón Ichirukista.

Tengo tantas ganas de subirlo que lo haré desde mi cel. Si alguien lo lee así todo feo es porque aún no lo edito. Mañana en la tarde lo arreglare.

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Pvos: Kuchiki Rukia.

En la mañana sólo estábamos Byakuya y yo frente el ataúd de mi hermana, sentados en las sillas donde muchos conocidos y amigos se unían con nosotros en soportar su pérdida, hoy en la madrugada todos se habían ido, mi cuñado ya había dado instrucciones del lugar y horario en que mi hermana iba a ser enterrada.

—Tomen.

La señora Unohana era la enfermera de mi hermana mientras Byakuya estaba en el trabajo, apenas había llegado a los 40 y ya era viudo.

Le dedique una sonrisa a esa mujer, su presencia y su sonrisa eran reconfortantes. Nos dio una taza de chocolate y nos dio un plato con galletas y yo lo agradecí no había comido nada desde ayer y no hice caso a las instrucciones de Ichigo.

Suspire internamente.

Ichigo.

Era aún más guapo de lo que recordaba, su barba que apenas salía era torturadora, sus brazos, su aroma. Me perdí en mis pensamientos durante un minuto cuando, abruptamente, escuche una voz que reconocería en cualquier lugar.

—¡Mami!

Mi pequeña Ichika estaba aquí. Me gire y en la puerta estaba Renji con muchas maletas a sus pies siendo recibido por la enfermera, deje mi taza y el plato de galletas en mi asiento, ella entro corriendo y me abrazo.

Llegaron antes de lo planeado.

Renji entro apenado y saludo a Byakuya.

—Es un placer al fin conocerlo en persona, Profesor Kuchiki.

—El placer es mío, Abarai Renji.

Mi pequeña no me soltaba del cuello.

—Amor, aún no saludas al tío Byakuya.

Mi nena se soltó el cuello y observo a mi cuñado sonrojandose.

—Hola —dijo con mucha seguridad.

—Eres más bonita en persona —dijo Byakuya con mucho amor, sólo lo había visto así con Hisana—¿Tienes hambre? —Ichika se limitó a asentir emocionada— vayamos a la cocina por un chocolate con hielos y galletas.

Ichika se bajó de mis brazos y Byakuya la cargo en los suyos, ya era una niña grande de ocho años pero a veces le gustaba ser mimada, como cualquier hija única. Renji y yo, los vimos desaparecer. Él dio la vuelta y se dirigió al ataúd de mi hermana, lo seguí con pesar.

—Es una pena Rukia.

—Al menos ella va a estar mejor.

Lo dije más consolandome, aún recuerdo la primera vez que la vi. Era como verme al espejo.

Ese tiempo yo estaba con Renji, en Londres, trabajábamos en una escuela infantil cuidando bebés por medio tiempo y después íbamos a la secundaria, todos se burlaban de nosotros pues éramos mayores y éramos becados. Renji casi siempre se deprimía pero yo le levantaba los ánimos, nuestras calificaciones eran las mejores a pesar de que trabajábamos. Nosotros nos ganábamos el pan de cada día mientras los otros sólo vivían de sus padres, como parásitos.

Renji siempre estuvo conmigo, desde niños. Siempre lo ame, él fue mi todo cuando no tenía a nadie.

El día en que Hisana y Byakuya llegaron, él me ánimo a irme con ellos a Japón.

Me dijo que nos reencontraríamos y ahora, después de tantos años es mi esposo.

Lo amo y le estoy agradecida inmensamente por ayudarme cuando niños, por darme a mi razón de ser, mi hermosa Ichika pero, aunque nuestra historia tenga demasiados años siempre recordare los cinco años que pase junto a Ichigo.

Muchas veces imagino que Renji es Ichigo y me odio a mi misma por hacerlo.

Yo le juré lealtad y aunque, desde que nos casamos, nunca he besado a nadie más o he estado en la cama de otro sí que le engaño con mis sentimientos.

—Siempre me sorprendió lo parecidas que son.

—Debes estar cansado por el viaje —puse mi mano sobre la suya— te enseñare mi antigua habitación, te prepararé el baño.

Renji me siguió, subimos las escaleras y recorrimos un largo pasillo hasta mi habitación, nosotros alcanzamos nuestros sueños. Terminamos nuestras carreras y aún así no somos tan ricos como Byakuya.

Abrí la puerta y cuando apenas cruzábamos Renji me giro con brusquedad y me besó apasionadamente.

—Tenía tantas ganas de verte —susurro cuando sus labios dejaron los míos.

—¿De dónde sacaste dinero para venir?

Me aparte de su abrazo sin que notara la prisa por separarnos. Tenía que explicarme como consiguió el dinero, nuestros ahorros para las vacaciones de verano se fueron en las clases de música para Ichika.

—Anoche tu cuñado me hablo y me dijo que nos prestaría dinero y que pasáramos las vacaciones aquí.

Puse los ojos en blanco, debí imaginarlo. Ayer cuando estaba fumando con Ichigo y su hermana lo llamo él estaba detrás de mi, en la puerta viéndonos, su mirada no era nada alentadora. Me levanté a prisa y entré de nuevo. Byakuya no me recrimino nada.

—No quisiera pasar aquí las vacaciones —me sinceré.

—Será lo que digas.

Volvió a besarme pero esta vez con delicadeza, pego nuestras frentes y yo respire profundamente tratando de calmar mis emociones. Ichigo estaba sólo cruzando la puerta y no sólo el amor por mi familia si no, también por el respeto a su esposa no voy hasta su casa y le robó los besos que me faltaron todos estos años.

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Pvos: Kurosaki Ichigo.

Orihime duerme y otra vez siento esas ganas de querer olvidarla, al año que mamá murió me fui a Estados Unidos en ese entonces aún seguía la herida que Rukia había dejado. Iba a bares buscando chicas que fueran parecidas a ellas físicamente, apenas hablábamos por que sabía que sí tenía conversación las dejaría en la primer oportunidad. Casi siempre las tomaba en mi carro o en los baños del bar, nunca tuve relaciones con alguna en mi apartamento excepto con Orihime.

Mi esposa está acostada usa una camiseta rosa y delgada y unos short blancos que apenas y dejan algo a la imaginación. Nos casamos por que la embarace. Sólo fue una vez que lo hicimos cuando paso y ni siquiera era mi novia.

Yo estaba muy tomado en mi casa por la misma razón de siempre, Orihime llego alegando que estaba preocupada pues le marque y creyó que me había pasado algo entonces yo la tomé, la hice mía en ese momento y por Dios, me odio por haberlo hecho.

Fue su primera vez y yo como un patán me robe su inocencia en una borrachera y mientras se lo hacía no fui dulce y pensaba en sólo una persona; Rukia.

Cuando ella me dijo que seríamos papás mi mundo se vino abajo.

Le tenía afecto pero no la amaba y el hecho de decirle que abortara o que no me interesaba me parecía de cobardes.

Después de varios días me di cuenta que ella no era una mala mujer, sería una gran esposa y madre, además los años se me venían encima ya era hora de asentar cabeza.

Ella no tenía la culpa de mis inseguridades. Ella siempre es la que me besa, ella siempre intenta buscar consuelo en mis brazos y me busca en las noches por un poco de amor, yo la rechazo diciendo que estoy cansado o a veces no llego a casa justificandome por el trabajo.

Ella no merece esto.

Puedo pedir el divorcio, pero no me atrevo, ella no tiene la culpa.

Me quitó la ropa y me recuesto detrás suyo, su cuerpo está caliente y yo me aprieto contra ella intentando hacerle el amor pero un par de ojos violetas arrasan en mis pensamientos. Cierro los ojos y puedo verla otra vez con su largo cabello, sus hombros descubiertos y sus labios como un par de rosas abiertas esperando mis besos. Intentó bajar el short de Orihime pero me detengo, nuestra primera vez pensé en ella, todas las veces que lo hemos hecho pienso en ella para animarme, como hoy.

Orihime se voltea y está completamente dormida, respira lentamente y no puedo. Otra vez no puedo hacerle el amor.

Resignado giro su cuerpo y la abrazo fuertemente y me pongo a pensar en todas las veces que ella ha sido tan tierna y dulce conmigo, sus sonrisas y su paciencia para conmigo.

Karin tiene razón, ella no merece esto.

Al despertar ni Orihime ni Kazui estaban en la cama, se podía escuchar que abajo mis hermanas y mi esposa estaban preparando en desayuno y que mi padre jugaba otra vez al avión con Kazui. Me vestí rápidamente y cuando baje todos vestían de negro menos Kazui.

Evite preguntar la razón por la que vestían así pero lo más probable era que estaban listos para el entierro de Hisana.

—Buenos días —los salude y todos me sonrieron sin decir nada.

Me senté en el comedor para desayunar, mi padre se levantó del sillón y se sentó a mi lado.

—Hola papá.

—Hola —le sonreí y le impregné un beso en la cabeza.

—Mami dijo que iremos a un funeral.

Mi pequeño lo dijo sin entender que decía. Mis hermanas y Orihime pusieron comida en la mesa y se sentaron.

—¿Ichigo, no te importa sí vamos al entierro?

—Creo que no es lugar para Kazui.

Intento zafarme del tener que ver a Rukia otra vez y en esta ocasión con mi hijo y Orihime a un lado.

—Creo deberíamos ir, me contaron que frecuentabas mucho a esa señora. Además, podemos aprovechar y visitar a tu mamá.

—Como digas.

Trate de que mi voz no sonara fastidiada. Genial. Que hermosa escena será ver a Orihime y al amor de mi vida juntas.

Ni mi padre ni mis hermanas me vieron en un sólo momento.

Desayunamos tranquilamente, en silencio.

Todos esperaron a que me cambiara de ropa y por suerte siempre cargo con un traje de reserva para cualquier ocasión.

Con mucho nerviosismo me encamine al panteón con mi familia. No se que le habrán dicho a Orihime para que accediera, o que habrá preguntado ella para que mi familia solo dijera que la frecuentaba mucho.

Al llegar había mucha gente que yo conozco, amigos de la familia y conocidos, por desgracia casi todos los presentes saben que Rukia fue el más grande amor de mi vida.

La busco sin que se note, esta frente a mi, junto a Byakuya la veo, esta vez usa un vestido simple, sin mangas y sin decoración la falda deja ver sus rodillas pero más arriba no, un cuello en "V" deja entre ver el inicio de sus pechos pequeños, yo, me contengo.

Silenciosamente nos acercamos al ataúd y mi Kazui en manos de mi padre le dejan una rosa roja y cuando ella me ve, nota que Orihime se cuelga de mi brazo.

Aparta su mirada.

Una mano rodea su cintura. Un tipejo alto como yo pero pelirrojo la acerca a su cuerpo, ella ni se inmuta en contestar a su caluroso abrazo, siento que una bestia en mi interior rasga mi pecho queriendo salir y matarlo. Lo observo con el entrecejo fruncido y después descubro a una pequeña niña que le tira del brazo a ese imbécil, él suelta a Rukia, carga a la niña en sus brazos y Rukia le da un beso en su mano. La niña siente mi mirada y me ve, es su viva imagen sólo que tiene el cabello rojo, como ese hombre y me soy cuenta que es su esposo y su hija.

Quiero irme ya.

El tiempo pasa muy lento, tengo planeado decir que no me siento bien e irme con mi familia pero sería muy obvio para todos menos para nuestras respectivas parejas.

Al terminar el entierro cada uno se va acercando a los Kuchiki y les dan el pésame.

Orihime se une a mis hermanas para ir con Rukia, yo maldigo el momento en que, para complacer a mi familia por no verlos tan seguido prometí venir cada vacación de verano.

—Lamento lo de Hisana —dice mi padre con ternura a Rukia.

—Muchas gracias señor Kurosaki.

—Por favor, dime Isshin, siempre serás mi tercer hija.

Rukia se sonroja de una forma hermosa, eleva su mano para ocultar su sonrisa.

—Creo que aún no nos presentan.

La voz del pelirrojo cabeza de piña irrumpe el momento.

—Lo siento —Rukia se disculpa y señala al hombre y a la niña— Isshin, él es mi esposo, Abarai Renji y ella es mi hija, Abarai Ichika.

—Un placer Abarai —mi padre hace un apretón de manos con ese hombre, nos saluda con una media sonrisa pero yo no puedo ocultar mi enojo— Ellos son mis hijos, Karin, Yuzu e Ichigo. Y ellos son mi nuera y mi nieto, Orihime y Kazui.

—Un placer —dice el pelirrojo.

Mi familia sólo logra a asentir con la cabeza. Era una escena muy incómoda incluso Rukia se veía un poco molesta, apenas si me vio.

Mis hermanas apenas y cruzaron unas palabras con Rukia y su familia, Orihime se volvió a verme.

—¿Estas bien?

—Si —le sonrió con tristeza— Solo me siento un poco mal del estómago.

Me rasco la cabeza nervioso. Volteo buscando los ojos de Rukia pero ella ya no está, se va alejando poco a poco de mi.

Ya me había hecho la idea de ella en brazos de alguien más e incluso con una familia pero una cosa es la imaginación y otra es verlo con tus propios ojos.

Si tan sólo no tuviera a Orihime y ella no tuviera a su cabeza de piña este reencuentro sería distinto.