Hola! Aquí les dejo el cuarto capítulo de Tulipanes rojos, infinitas gracias a quienes han dejado comentarios, eso me alienta a escribir cada vez más y más (= a mi querida hermanita Xime y a mí nos alegra mucho que les guste la historia y nos encanta leer sus comentarios, así que, nuevamente, gracias! También a quienes han agregado a alertas y favoritos!

Todo lo que no reconozcan salió de la imaginación de Petite24 y yop. Lo demás es de Rowling xD

El paquete cerrado.

En cuanto Rose entró en su departamento, sintió una ligera molestia en la boca del estómago, pero estaba tan acostumbrada a ello debido a la gastritis que había padecido en la universidad que no le dio mucha importancia. Dejó las llaves en una pequeña y estropeada mesita que había junto a la puerta y fue a su habitación.

En realidad no le gustaba para nada ese lugar. Era tan sobrio y descuidado… parecía que no lo habían remodelado en siglos. A Albus le encantaba eso, pero no a ella, que estaba más acostumbrada a los lujos que la sociedad actual ofrecía, que olvidaba apreciar lo que tenía.

Su habitación era la más pequeña, y sólo cabía un pequeño librero con sus más valiosas posesiones, como los únicos libros que en verdad le pertenecían y fotografías de su familia… excepto de sus padres. En su armario había una cantidad considerable de ropa, la mayoría de sus tiempos en la universidad y que ahora le quedaba más floja de lo debido por haber bajado mucho de peso gracias al estrés que su trabajo le confería.

Cansada, se quitó los zapatos y los dejó en un rincón para después dejarse caer en la vieja cama que Teddy le había dejado, pues había pertenecido a él cuando vivía en casa de su abuela y ahora que estaba casado con Victorie ya no la necesitaba.

Respiró profundamente, tratando de encontrarle una respuesta lógica a los eventos sucedidos minutos atrás. Tenía que ordenar su cabeza o si no estallaría.

Tan sólo el viernes anterior había salido con Sam del departamento en busca de inspiración. Habían ido al Café granate para buscar a Albus y que así él le ayudara con su historia de amor, pero en lugar de Albus, se habían encontrado con un simpático joven llamado Scorpius que era en extremo buen conversador y sobre todo sabía escuchar. Había sido él quien había terminado ayudándole con su historia para el reto de la semana y, sin saber muy bien por qué, Rose le había contado su situación con su familia y el hecho de que tenía tanta experiencia amorosa como una piedra; durante todo este tiempo, ella no le había preguntado a Scorpius nada de su vida porque lo consideraba quizás una persona insignificante. No había vuelto a pensar en él hasta el lunes siguiente, cuando se enteró de que era su jefe. Eso había sido un mal trago para Rose, que se había sentido engañada, pero había resultado que el tal señor Malfoy tenía una buena explicación para su comportamiento y ahora esperaba que fueran amigos.

Rose ahogó un grito en su almohada y pataleó golpeando el colchón para liberar su frustración. Si tan sólo no hubiera ido al café esa noche nada de esto estaría sucediendo. Si no hubiera ido al café no habría conocido a Scorpius ni le hubiera contado nada de su vida, por lo que no lo habría conocido hasta ese lunes cuando llegó para avisarles de la junta de personal. Si no hubiera ido a ese café, en este momento estaría ideando la historia para el reto de la semana en vez de estar pensando en la conversación que acababan de tener.

Y quizás estaba exagerando, cualquiera podría pensarlo, pero ella no. Odiaba sentir que se burlaban de ella, porque por mucho tiempo en su infancia fue así. Los niños en el colegio se burlaban de ella porque sus padres nunca iban a los eventos escolares, ni siquiera a recogerla de la escuela. Tenía un umbral muy bajo de tolerancia al ridículo y nunca lo había superado. Por eso era que siempre pisoteaba a los demás, inconscientemente, claro. Casi nunca se involucraba en los sentimientos de quienes la rodeaban.

Esa era la razón por la que no entendía muy bien lo que acababa de suceder con Scorpius, no sabía qué procesos sociales estaban involucrados y si había reaccionado bien ante las circunstancias. Necesitaba que alguien la ayudara, pero no sabía quién.

Decirle a Sam no era opción, porque querían mantener el secreto, igual que no podía hablar con Albus porque era empleado de Scorpius en el café. No iría con James porque era tan cabeza dura que se pondría celoso de inmediato sin tener por qué. Y lo mismo sería con todos sus demás primos hombres. Ahora quedaban las mujeres. No iría con su prima Molly porque era demasiado enamoradiza y siempre le encontraba el lado romántico a todo, que era lo que menos necesitaba Rose en ese momento. Tampoco podía contar con Lucy, porque además de ser demasiado parecida a ella en cuanto a la lógica, era la chismosa de la familia y le contaba todo a Roxane, y como era algo mutuo, no podía decirle nada a ninguna. Su prima Victorie era la indicada para el tema, pero precisamente el lunes se había marchado con Teddy de vacaciones a Francia y no sabía cuándo regresarían.

Ahora sus únicas opciones eran Lily y Dominique. No quería ofender a nadie, pero Lily era a veces un tanto rara y daba explicaciones demasiado imaginarias y Dominique era bastante ruda. Pero ¡qué rayos! Estaba desesperada.

Amaba a su familia, pero en esos momentos deseaba tener más amigos. Era una desgracia que la gente huyera de ella en cuanto la conocían. Por lo que… quizás se estaba ahogando en un vaso con agua, porque en cuanto Scorpius descubriera a la verdadera Rose, saldría corriendo.

Sólo para estar segura hablaría con sus primas.

Lastima que ya fueran las dos de la mañana y no podía llamarles a esa hora o se enojarían por ver interrumpido su precioso sueño Weasley.

-¿Otra vez estás despierta a esta hora?- Rose se asustó tanto al ver a Albus de pie bajo el marco de la puerta que se cayó de la cama dando un grito.

-No es gracioso- se quejó Rose sobándose el trasero, indignada por las risas de su primo.

-Sí lo es. Te aseguro que si lo hubiera grabado y lo pusiera en YouTube sería uno de los videos más vistos, diría "Artista guapo asusta a escritora gruñona".

Rose puso los ojos en blanco.

-No eres guapo, y ya deja de llamarme gruñona.

-Soy el más guapo de los primos Weasley, admítelo- rió Albus con falsa arrogancia-. Y si no eres gruñona entonces deja de ignorar los mensajes que pongo en tu maletín en las mañanas.

Rose se cruzó de brazos, indignada.

-No los ignoro, siempre te agradezco por ponerlos. Lo que sucede es que eres demasiado nena y haces cosas muy cursis.

Albus la observó, divertido.

-Muy bien, entonces entre nosotros dos tú eres el hombre que sale a trabajar y gana más dinero y yo soy la mujer que se queda en casa limpiando y poniendo mensajitos de "que tengas un día Weasley" en tu maletín.

-Excepto por la parte en la que te quedas en casa- Rose no pudo evitar reír por la ocurrencia de su primo y ambos estallaron en carcajadas.

Cuando Albus iba a salir de la habitación para irse a dormir, dijo:

-Por cierto, ya casi no hay nada en la alacena, mañana iré de compras.

-Puedo hacerlo yo- se ofreció Rose despreocupada, recordando que un jugoso aumento en su sueldo la esperaba la siguiente semana.

-¿Te das cuenta de que me siento como el pariente holgazán al que lo mantiene su familia y se la pasa todo el día acostado en un sofá? No, preciosa, esta vez me toca a mí.

-No eres el pariente holgazán, Albus- dijo Rose duramente-. Me gusta apoyarte, es todo. Además trabajas mucho más que yo, y duermes menos aún.

-Pero también gano dinero y puedo aportar la misma cantidad que tú, así que deja de intentar sobreprotegerme, no es necesario.

Albus le dirigió una tierna sonrisa y le dio un beso sonoro en la mejilla.

-Te quiero, Rose, buenas noches.

-Buenas noches, Al.

-Casi lo olvido, Scorpius me dijo que le agradabas- Albus le dirigió una pícara sonrisa, que Rose no supo interpretar, así que sólo se encogió de hombros como quien no quiere la cosa e intentó simular que la mención del rubio no había provocado ningún sentimiento en ella.

Rose&Scorpius

-¿Ya vas a decírmelo?

-No.

-Anda.

-No.

-Te dejaré ser mi dama de honor si me dices- canturreó Sam.

-Ya me nombraste dama de honor, debiste guardártelo para extorsionarme ahora.

Sam gruñó para sí y siguió observando a Rose que, una vez más, se quedaba más de lo debido en la oficina a la hora de comer.

-¿Sabes algo? Aún puedo retractarme, Luca quería que su hermana fuera la dama de honor, pero yo le dije que no porque siempre tiene mal aliento y no quiero que abra la boca justo cuando yo vaya a decir "sí" y su aliento se cuele por mis fosas nasales y me haga hacer una expresión de asco que pueda malinterpretarse por todos y después él me deje… ¿de qué estábamos hablando antes?

Rose pudo los ojos en blanco.

-No tienes remedio, Samantha.

-¿Qué?

Rose rió, tomando su bolso para salir a comer con su amiga, quien ya había comenzado a contar las líneas de su blusa a rayas.

-¿A dónde quieres ir a comer?- preguntó Rose cuando ya habían salido de la editorial.

-A donde sea siempre y cuando me digas de qué hablaste con el señor Malfoy.

-Sam, en serio, ya deja el asunto en paz.

-¡Pero es una historia, Rose! Sabes que amo las historias… ¡Después de todo soy escritora!

Rose la vio directamente a los ojos para intimidarla.

-Mira, mi cabeza está más confundida que un laberinto y necesito aclarar todo. Si puedo decirte algo luego, lo haré, en serio, pero no prometo nada.

-De acuerdo- dijo Sam con un puchero-. Pero hablando de laberintos… ¿Alguna vez leíste El jardín de los senderos que se bifurcan? Muy buena historia, en la universidad hicimos un análisis de él y me encantó… ¿te conté que en la universidad salí con un chico llamado Matt? Me dejó porque dijo que era muy distraída, pero no es cierto eso… quizás divago, pero…

Rose no pudo evitar soltar una carcajada. Sam era la única persona que podía hacerla reír en serio, pero ese no era el tema. Ahora lo que necesitaba era idear una forma de que Sam no supiera del trato que Scorpius le había ofrecido la noche anterior, pues nadie debía saberlo… aunque ¿qué más daba? Seguramente él se daría cuenta de que Sam lo sabía porque habían ido juntas al Café granate.

Al pensar en Scorpius se tuvo que recordar a ella misma lo tonta que se estaba comportando. No solía esconderse, pero esa mañana había hecho todo lo posible por no toparse con él, quien ya parecía haber adoptado la editorial como su segundo hogar y se pasaba las horas de un lado para el otro, de piso en piso, de oficina en oficina. Rose no podía enfrentarlo aún, porque cada vez que lo veía su corazón se aceleraba más de lo normal y sus manos sudaban con nerviosismo por no tener una respuesta aún.

Y es que si aceptaba había una minúscula oportunidad de que él la ayudara con su carrera y si no lo aceptaba, quizás él tomara represalias en su contra y podían despedirla.

Y Rose no podía seguir así, debía hablar con Dominique y Lily lo antes posible.

-¡Weasley!- Rose se volvió al escuchar su nombre, acababa de regresar a la editorial con Sam y algunos de sus compañeros después de la comida y ahora un sujeto petulante del segundo piso la llamaba.

-¿Sí?- a Rose ese sujeto no le caía nada bien, pues de todos los demás en la editorial, era el que más se creía el jefe.

-La señorita Greengrass quiere que alguien lleve esto a su oficina de inmediato.

-¿Y por qué no lo llevas tú?- replicó Rose apretando los puños para así evitar estamparlos en su cara de engreído.

-Porque tengo otras cosas más importantes que hacer, nena- respondió el otro con una sonrisa de burla, y le arrojó un paquete cerrado-. Llévalo rápido.

Rose estaba roja de furia y tuvo que morderse la lengua para no gritarle un par de cosas nada amables que había aprendido de sus primos. Odiaba que le dijeran "nena" como si estuviera idiota. Tomó el paquete con cuidado (no quería hacer enojar a la señorita Greengrass) y se dirigió al último piso usando el elevador y echando humo por las orejas.

Nunca había estado en ese piso. La verdad era que ni siquiera conocía a la señorita Greengrass y lo único que sabía de ella era por los chismes de la oficina. Todos coincidían en que era una arpía, así que Rose suponía que debía ser cierto. No tenía idea de en qué sitio quedaba la oficina, y los pasillos estaban desiertos, así que no había nadie a quién preguntarle, o eso creía ella.

-¿Buscabas a alguien?- preguntó una voz grave en la puerta de al lado.

Rose se volvió para encontrarse con un sujeto alto y de cabello rubio que no tendría más de veinticinco años.

-Busco la oficina de la señorita Greengrass- dijo Rose con seguridad- ¿podría decirme dónde está?

-Claro, sigue por todo este pasillo, es la última puerta- indicó el extraño amablemente.

-Gracias- dijo Rose súbitamente perdiendo algo de su mal humor y siguiendo el camino que le habían dicho.

Antes de llegar, escuchó voces provenientes de la oficina y no pudo evitar escuchar.

-¿Y por qué no se lo pides a alguien de las oficinas de abajo? Podrías darles una oportunidad- decía la voz de Scorpius con su usual diversión.

-¿Estás loco? Esa gente no tiene nada de experiencia- Rose supuso que esa voz arrogante era de la señorita Greengrass.

-¿Al menos te has tomado la molestia de conocerlos? Quizás te den una sorpresa.

-Scorpius, cielo, ya te he dicho que confías demasiado en la gente ¿verdad? pero si hubiera más personas como tú el mundo sería un caos de amabilidad andante y eso no es bueno para el negocio.

-Estás exagerando todo, Daphne- rió Scorpius-. Además tu forma de pensar es demasiado pesimista.

-¿Cómo quieres que no esté pesimista si mi asistente acaba de renunciar? ¿Acaso soy tan mala?

-No estaría de más que sonrieras de vez en cuando…

Lo único que Rose había escuchado de esa conversación era "mi asistente acaba de renunciar". Quizás, sólo quizás, esa era su oportunidad. Tomó aire y tocó a la puerta.

Esperaba escuchar un "adelante" o algo así, pero en su lugar, se encontró a Scorpius y su siempre presente sonrisa.

-¿En qué puedo ayudarte?- preguntó la señorita Greengrass, una mujer de cabello castaño hasta los hombros y unos ojos de un impresionante color azul, desde su escritorio. Rose consideró que era muy bella, pero no había tiempo para pensar en eso.

-Richard Henderson, del segundo piso, me pidió que le trajera esto, que era urgente.

-¿Y qué eres tú? ¿la mensajera acaso?- dijo la mujer burlona, tomando el paquete.

-Daphne…- la regañó Scorpius con voz de circunstancias.

-No, soy Rose Weasley, secretaria- se presentó Rose sin dejarse intimidar.

Daphne Greengrass se puso en pie y la observó.

-Bien, gracias por traer esto, Weasley, pero la próxima vez dile a esos idiotas que tienen pies y pueden mover sus flojos traseros para traer un simple paquete.

-Es la situación de la que quería hablarte- interrumpió Scorpius, recargándose en el marco de la puerta-. Hay demasiada rivalidad aquí y no creo que sea justo para nadie, hay que hacer algo ¿no crees?

Daphne se quedó un momento en silencio con los ojos clavados en Rose, quien no tenía idea de lo que debía de hacer ¿ya debía irse o quedarse?

-Bien, tú te encargarás de la situación, querido. Tú… ¿Weasley, verdad? veo que tienes carácter, niña. Serás mi nueva asistente. En cuanto la desagradecida de Thomas desocupe su escritorio lo ocuparás tú. Eso será mañana a primera hora. Termina hoy todo lo que tienes pendiente allá abajo ¿está claro?

-Sí, señorita Greengrass. Muchas gracias.

-Bien ¿qué esperas para irte?

Rose salió de la oficina rápidamente, más feliz de lo que podía recordar.

Cuando llegó a su escritorio y se sentó en su silla con la mirada gacha y una gran sonrisa, Anabeth le preguntó:

-¿Qué pasó? ¿Te topaste con tu príncipe azul?

-No, pero recuérdame agradecerle a Henderson por enviarme a la oficina de la señorita Greengrass porque no tuvo el suficiente valor de hacerlo él.

-¿Por qué? ¿Qué sucedió?- preguntaron varios curiosos.

-Soy la nueva asistente de la señorita Greengrass- anunció Rose regodeándose.

-¡Muchas felicidades, Rosie!- exclamó Sam muy feliz por ella, corriendo a abrazarla.

-Gracias, Sam- dijo Rose son sinceridad y una gran sonrisa adornando su rostro.

Francis, por otro lado, soltó una carcajada.

-También te deseo mucha suerte, jovencita. A ver cuánto aguantas- rió y los demás con él.

Rose se sintió frustrada y molesta con ellos ¿cómo no podían estar felices por su ascenso?

-No se preocupen, aguantaré- comentó ácidamente y siguió con su trabajo.

Francis rió más fuerte y Mauricio dijo:

-Creo que todos extrañaremos tu forma perra de ser- comentó nada delicado.

Rose levantó la vista, furiosa y todos se callaron.

-Vuelve a hablar así de ella- amenazó Anabeth acercándose a él peligrosamente- y haré que te metas tu pluma por el…

-¡Hey, chicos! ¿Qué pasa aquí?- interrumpió la voz de Scorpius, quien venía cruzando la puerta, extrañado por el ambiente tenso.

-Vivimos uno de esos momentos que mencionan en los libros donde se dice que el ambiente se podría cortar con un cuchillo- respondió Sam, haciendo reír a Scorpius.

-Gracias, Sam- dijo Scorpius divertido-. ¿Y bien? ¿Qué fue lo que sucedió para que la frase "el ambiente se podría cortar con un cuchillo" encaje en la situación?

Ninguno dijo nada, pero todos miraban alternativamente a Mauricio y a Rose. De nuevo Sam abrió la boca y todos los demás le hicieron gestos desesperados para que no dijera nada, pues sabían que su sinceridad a veces los metía en problemas, pero no pudieron detenerla.

-Pues básicamente Mauricio está celoso porque Rose será la nueva asistente de la señorita Greengrass y la llamó perra. A todos nos dieron ganas de golpearlo, y entonces Anabeth estaba a punto de decirle que haría que se metiera su pluma por el…

-Bien, entiendo- cortó Scorpius súbitamente serio. Rose evitaba mirarlo a los ojos, sintiéndose como si hubiera hecho algo realmente malo. Scorpius, por otro lado, se dirigió hacia Mauricio y amablemente le dijo-: Quiero que te disculpes con Rose ahora mismo ¿entendido?

Mauricio tragó saliva y asintió. Parecía en extremo intimidado, pero era gracioso, ya que era mucho más alto que Scorpius. Mauricio miró a Rose casi con odio y dijo entre dientes:

-Lo siento, Weasley.

Rose sólo lo observó sin ninguna expresión en su rostro, pero había una presión enorme en su pecho que no sabía de qué era ¿Gratitud hacia Scorpius? ¿Enojo por no haber reaccionado de otra manera? ¿Ganas de romperle la cara a Mauricio y hacer que tragara su propia sangre?

-Gracias, Mauricio, ahora vuelvan todos al trabajo, por favor- pidió Scorpius con su mismo tono, dirigiéndoles una de sus sonrisas.

Después se dirigió al cubículo de Rose, quien de inmediato ya había vuelto al trabajo.

-Daphne me envió para pedirte que desocupes ya tu cubículo y vayas a la oficina lo antes posible, Jane ya se está llevando sus cosas- le dijo tranquilamente, como si la conversación de la noche anterior no hubiera sucedido, y Rose lo prefirió así, parecía que en verdad no la presionaría para que le diera su respuesta a lo propuesto en el parque.

-¿Y el trabajo que me falta?- se apresuró a preguntar Rose, preocupada porque ella nunca dejaba nada inconcluso.

-No hay problema por eso, quien te remplace lo hará. Mientras podríamos… dejárselo a Mauricio ¿qué opinas tú?

Rose le sonrió como agradeciéndole y Scorpius se fue no sin antes corresponderle.

-Psss Rose- dijo una vocecita a su lado, sobresaltándola, era Sam-, antes de irme me dirás qué hay entre tú y Scorpius ¿verdad?

Rose rió fuertemente y dijo:

-Realmente no tienes remedio.

Sam se encogió de hombros sonriendo y se marchó a su cubículo.

Durante la hora siguiente Rose se dedicó a acomodar todas sus cosas en una caja que una de las empleadas de limpieza le había conseguido entre gruñidos de "tengo mejores cosas qué hacer", mientras varios de sus compañeros la miraban con envidia.

-Te voy a extrañar- dijo Sam sinceramente, dándole un gran abrazo de despedida mientras Rose esperaba el elevador.

-Sólo estaré unos pisos más arriba- rió Rose, aunque estaba orgullosa de ella misma.

-Por eso lo digo precisamente, hay rumores de que los del sexto piso no tiene alma, sólo quería avisarte para que tengas cuidado de que no te la roben.

-¿Qué? ¿De dónde sacas todas esas cosas, Sam?

-Leo demasiado. Pero en serio, voy a extrañarte.

-Pero aún podemos juntarnos para escribir el reto de la semana- comentó Rose entusiasta-. Siempre nos reunimos en mi departamento ¿recuerdas?

Sam soltó una carcajada.

-Ya no eres una de nosotros, querida pelirroja.

Rose se desanimó con ese hecho, era verdad, pero no podía ocultar que le gustaba ir a esas reuniones de los sábados, sobre todo cuando ganaba…

-Pero no creo que se siga haciendo de todos modos.

-¿Por qué?- preguntó Rose extrañada ¿acaso iban a dejar de hacerlo porque ella era una parte importante del grupo?

Cuando Sam iba a responder, el elevador al fin llegó, por lo que Rose tuvo que subir, dirigiéndole una última mirada a Sam, quien le sonreía demostrándole así su apoyo. Rose nunca había tenido muchos amigos, pero por primera vez sentía que había encontrado una buena amiga en Sam, después de todo una vez había escuchado decir a Lily que los amigos verdaderos son quienes te apoyan en todo ¿cierto?

-Gracias, Sam. Nos vemos a las siete- y con esas últimas palabras, las puertas del elevador se cerraron.

Y Rose sintió un nudo en la garganta junto con ese sentimiento de emoción y expectación que hacía mucho no sentía.

Ya estaba más cerca de su objetivo.

¿Y bien? ¿Esperaban más Rose/Scorpius? xD yo también, pero tendrá que esperar mucho más muajaja el siguiente es uno de mis favoritos, me divertí mucho escribiéndolo y espero poder subirlo pronto.

Nos leemos!