Capítulo 4: ¿Y si dejas tu orgullo?
¡Mierda! Ahora tenía una laguna mental.
Después de tantos días vagando por el bosque, tratando de buscar una pista encontrar a Naraku antes que el apestoso, Kôga logró detenerse en medio de todo el paisaje verde, esperando a Ginta y Hakkaku, que, como siempre, se habían quedado atrás. ¿Tan lentos eran? No. Él era demasiado rápido con sus piernas.
Pero demasiado lento para darse cuenta de sus sentimientos.
¡Y no era para menos! Recordar todo lo que le hizo Ayame anteriormente le estaba empezando a sonrojar, incomodar y confundir, amaba a Kagome. ¿Verdad?
Y si la chica había intentado distraerlo de ese sentimiento que no tenía ninguna duda para él. Pues lo logró. Y bien que lo logró.
Ahora el pobre lobo estaba más perdido sobre sus emociones que no sabía ni que pensar. Aquella peliroja había jugado correctamente sus cartas y ahora se daba cuenta que quería verla, aunque una parte de él le dijera que no era lo correcto. ¡Tss! ¿Acaso eso no era amor?
Corrió un poco más, percibiendo un olor familiar.
Y cómo si Dios o algún ente del más allá lo hubiesen escuchado, ahí estaba de nuevo, frente a la muchacha que lo tenía al borde de la locura.
―¿Kôga? ―había sido encontrado ―¡Sal de ahí! Ese no es un escondite perfecto, ¿Lo sabías? ¡Puedo verte desde aquí!
Armarse de valor para ir a verla era lo único que le quedaba. Y sin más remedio, lo hizo.
―¿Qué quieres? ―le dijo.
―¿Qué quiero yo? ¿Qué quieres tú? No sé qué estás haciendo aquí ―respondió, mientras lo miraba directamente a los ojos.
El joven líder dio unos pasos hacia atrás, con un leve sonrojo, a éstas alturas hasta su mirada lo hacía tambalear.
―¿Yo? ―ella asintió ―¡Buscando a Kagome, por supuesto!
Silencio. Incómodo silencio.
―¡No me estás mirando a los ojos! Dime la verdad.
Plantó su mirada en ella y tratando de parecer lo más firme posible empezó:
―E-es… l-a ―no pudo. Alejó su mirada una vez más.
Ayame soltó un suspiro.
―Koga ―dijo, con un tono no de reproche, sino más bien de aliento y confianza ―, esa no es la verdad. Puedo verlo en tus ojos, y sentirlo con tus palabras. Deja ya tu orgullo, estás aquí por una razón ―paró en seco, y escondió su mirada en el flequillo ―.O quizás por casualidad.
Otro silencio volvió a instalarse.
¿Qué carajos pasaba por la mente de ellos dos?
Ni siquiera eran capaces de verse.
―Sea lo que sea, disculpa por lo que hice los días anteriores. Si no quieres casarte conmigo, lo entiendo. Pero no me rendiré ―finalizó, regalándole una cálida sonrisa ―Pero, aún así, si tienes que algo que hacer o decir ahora, por favor no te reprimas.
¿Qué no se reprima? ¿Sin si quiera saber lo que en realidad siente?
Quizás deba de irse. Pero un impulso le detuvo.
Y entonces…
Pues entonces, Kôga la besó.
Nota:
*se queda en shock*
Ni hasta yo me la creo.
¡Espero que éste intento de romance cursilesco te haya gustado! :D
Disculpa la demora con la entrega, tuve algunos problemas personales.
Sea cual fuere el caso, aquí estoy cumpliendo mi deber (?)
¡Gracias por tus reviews llenos de hermosas palabras! C:
Un abrazo.
Tu amiga secreta
