En tres semanas, en tres semanas...

Sí, mis cojo...¬¬...

XDDD

Ehem...

¡HOLAAAAA!

XDDD, veréis, guapas, os explico...la idea original era adelantar cuatro capis, dos por semana para que el cuarto coincidiera en cierto día...es que veréis...el 26 es mi cumpleaños y adelantar este fic hasta dejarlo en cierto punto de la historia(a ver quién lo adivina) es mi manera de celebrarlo con todas vosotras^_^

Peeeeero en fin, se adelanta la celebración^_^(que treinta años no se cumplen todos los días...joder, qué depresióooonT^T)

Ehem...y antes de seguir lloriqueando, quería agradecer a sweetlapin, en amoryaoi y ffnet, su dibujo...está insertado en cierto momento(juntad los espacios;))...

Creo que siendo el capi que es, os imaginaréis QUÉ momento es...

Ehem, más comentarios al final, así que...

Dentro, capítulo...

LA BESTIA

Los aullidos de los lobos llevaban ya un rato oyéndose en la cerrada madrugada.

Law, arrebujado en su abrigo negro largo y haciendo caso omiso de su cansancio, hizo uso de su aplomo para sujetar las riendas de Bepo, que, a pesar de que estaba cada vez más nervioso, seguía avanzando, a un trote más o menos regular. Ahora había conseguido descansar un poco, gracias también a que Law lo había refrescado algo con la cantimplora, pero era evidente que el pobre animal tenía miedo.

Y no sólo por los lobos, se empezó a dar cuenta poco a poco Law.

De hecho, los aullidos se estaban empezando a oír cada vez más lejos, curiosamente cerca de un camino evidentemente abandonado, grisáceo bajo la luz de la luna, con una arboleda que hacía un poco las veces de bóveda y otro poco de "barrera", enganchando un poco a Bepo al principio de entrar; pero, relativamente pronto, el camino se despejó un poco, para dejar ver hasta una especie de sendero.

Con los restos de lo que habían sido los bultos de Doflamingo dispersos por ahí, claramente a la desesperada.

-¿Tuvisteis que correr, eh, Bepo? – preguntó al caballo, que siguió andando muy despacio, visiblemente asustado.

Law se dio cuenta entonces de que allí, entre los rastros había algo.

Con cuidado, sin bajar de Bepo por si tenían que salir corriendo, Law usó la nodachi para coger lo que fuera.

Y masculló algo en cuanto lo reconoció.

Mierda…

Las gafas de Doflamingo, con un cristal quebrado.

Con cuidado, se las guardó, indicándole a Bepo que siguiera, acariciándole un poco el cuello cuando vio que el caballo temblaba algo más.

En cuanto cruzaron la arboleda, los aullidos de los lobos se empezaron a dejar de oír…

Pero al fondo, destacando entre la oscuridad, bajo la siniestra luz de la luna, apareció un enorme y oscuro castillo, brillando de alguna manera bajo esa luz… .

…de una manera casi sobrenatural, como encantada…

…y el único sitio que podría ofrecer algo de refugio en una situación desesperada…

Mi lugar ideal de vacaciones, sólo le faltan las gárgolas…ah, espera, tiene también…perfecto, pensó Law sin humor ninguno, espoleando despacio a Bepo mientras preparaba su nodachi al tiempo que se dirigía hacia el largo camino que llevaba a la entrada.

Sabía de sobra que la iba a necesitar.

En el salón del castillo, Ussop no paraba de andar de arriba abajo sobre los salientes de su base que recordaban a pies, y se habría tirado de sus cabellos.

-Diooos…pobre tipo, qué desastreeee…

-Llevas horas así, Ussop.- suspiró Zoro, cruzado de brazos, contra la pared.

-¡Es que no es para menos! ¡Para una vez que entra un extraño, mira lo que le pasa! – luego preguntó a alguien que se acercaba - ¿Nami, dónde están los otros?

La que se acercaba era un plumero con los ojos azules y con las plumas ahora marrones simulando una falda de servicio, mientras que de un pequeño bonete blanco se escapaban como pequeñas hebras rojizas.

-Cada uno en su puesto – suspiró Nami. – Fíjate que tendríamos que estar curados de espantos, y…

-Desde luego, no ha sido para menos… - masculló Sanji.

Ahí, haciendo que sus luces crecieran con eso, inspiró, furioso.

No lo había matado…

Pero sabían que eso sólo era peor. El amo se divertiría dejándolo en la prisión y peleándose con él de vez en cuando, hasta que…

De hecho, por lo que sabían, Luffy todavía no se había rendido.

-Chopper ha ido para allá mientras Luffy vigilaba – dijo Robin, seria. – Aunque no sé si servirá de mucho estando donde está.

Los tres "hombres" se miraron.

Sí, no serviría de mucho lo que pudiera hacer Chopper…pero desde luego sabían que no habría forma humana de convencer al amo de sacarlo de la prisión.

Y ellos, directamente, no podían hacerlo. El único que tenía manos propiamente dichas era Zoro y, para rabia de él, con esa forma no era rival real para nadie, mucho menos para el amo como había comprobado dolorosamente más de una vez.

-Vigila a Luffy no sea que cometa una estupidez, Robin – chwan. – suspiró Sanji.

-Ni aunque lo vigile podría evitar que lo hiciera – sonrió Robin levemente.

-¡Evítalo! – gritó Nami, evidentemente asustada - ¡Evítalo, Robin, por fa…! ¡Eh!

La tetera se había ido, tranquilamente.

-¡Ay, por qué tiene que hacer esas cosas! – chistó Nami, sintiendo que podría tirarse de los pelos si tuviera manos….

…y se dio cuenta de que un "brazo" dorado, con cierta exagerada caballerosidad, se empezó a curvar sobre su "cintura" mientras Sanji, con una sonrisa exagerada, también decía:

-Sabes que te puedes quedar conmigo siempre que quieras, Nami -swan…

-Ya, pero ahora no quiero, gracias. – sonrió ella entonces con malicia.

Y se fue casi dejando caer a Sanji al suelo de morros, al tiempo que ella cerraba la puerta.

-¿Ligando con el ambiente que tenemos? – masculló Zoro con una sonrisa de suficiencia - Desde luego, eres imbécil…

Sanji lo miró, enfurecido:

-No tendríamos este ambiente si cierto marimo no se hubiera quedado durmiendo en su puesto de guardia…

-¿Y por qué no iba a hacerlo?¡Hacía siglos que no pasaba nadie!

Eso ya hizo que Sanji, furioso, sacara todo el fuego que tenía mientras se lanzaba contra Zoro para darle un brutal golpe con su base.

-¡Pues ha pasado! ¡Y eres un puto soldadito de hojalata, ¿cuánto necesitas dormir?!

-¡Vale, pero nadie te mandaba abrirle a ti las puertas!

-¡NO LO IBA A ECHAR ESTANDO COMO ESTABA, JODER!

Ussop, resoplando bajo sus agujas, se acercó, también furioso.

-¡Es culpa de los dos, coño, así que vale ya los…!

Pero ambos, rugiendo, pararon un momento en el aire para gritarle a la vez:

-¡TÚ NO TE METAS!

-¡AAAAAAAAAAAAAH!

Pero de pronto un sonido seco los silenció.

La aldaba.

Estaban llamando.

-¿Hay alguien ahí? – dijo entonces una voz…

…y, ante su pasmado silencio, quien sea empezó a abrir la puerta.

Sanji, bufando, se llevó una de sus velas manos a la cara.

-Otro que se te ha colado…no, si vamos a tener que reemplazarte por un gnomo de jardín, que será más efectivo y todo…

-¿¡Te quieres…!? – empezó Zoro.

-¡HOLAAAAAA!

Quedaron helados ante quien había ido a recibirlo, a voz en grito, subido en las vigas de la entrada, sin que el visitante pudiera verlo.

Aún.

-¡Luffy! – gritó Ussop.

-La madre que lo parió y lo a gusto que se quedó… - masculló Zoro.

Los tres corrieron hacia allí con todo el sigilo que podían para frenar a Luffy antes de que el que había pasado la puerta quedara parado, en medio del salón.

Era un chico joven, con un abrigo negro y un gorro extraño.

Trafalgar Law creyó, por unos momentos, haber oído mal…

Pero…

-¡Hola! – repitió la voz, casi como de niño, en algún punto del salón. – Eres el segundo que se cuela en dos días, ¿sabes?

El segundo, pensó Law a toda prisa.

-¿Has visto a un hombre entrar aquí?

-Sí, claro, el viejo rubio con el abrig…

Justo en ese momento Ussop consiguió taparle la boca, siendo ayudado enseguida por Zoro, que era el que tenía lo más parecido a unas manos "normales".

Le fueron a hacer a Sanji,en silencio, una señal de afirmación.

Law, mirando al hueco, preguntó, expectante:

-¿Cómo era el abrigo?

De pronto los otros tres se miraron mientras Luffy seguía intentando soltarse con toda la furia que podía tener una pequeña tacita.

Era evidente que ese chico parecía estar buscando al prisionero.

Claro…

-¿Amigo suyo? – murmuró Ussop.

-Puede ser… - murmuró Sanji, pensativo.

-¿Cómo era el abrigo? – repitió Law, inspirando – Mira, estoy buscando a mi padre, y puede ser ese tipo…Dime cómo era el abrigo.

-¡Mmmmh, mmmmh! – seguía intentando soltarse Luffy.

Entonces Zoro y Sanji cruzaron las miradas.

-¿Dónde está el amo? – susurró Sanji.

-No lo sé, pero voy a averiguarlo… - replicó Zoro – Si viene hacia aquí, trataré de contenerlo.

Y se fue de allí todo lo rápido que podía.

-Madre mía…espero que funcione… - susurró Ussop, que habría sudado si pudiera mientras corría, aún sujetando a Luffy.

Law suspiró, al oír silencio por respuesta.

Ya tengo alucinaciones, pensó, yendo a avanzar a ciegas…

Pero escuchó la misma voz de antes, en un grito que casi lo echó para atrás:

-¡DE PELUCHE! ¡EL ABRIGO ERA DE PELUCHE ROSA!

Consiguiendo mantener el corazón en su sitio al ver que quien fuera decía la verdad, Law se mantuvo expectante…

…y vio que, después de que una puerta se abriera, una luz, dando pequeños saltos, se alejaba pasillo arriba al tiempo que se oía como algo caer al suelo y la misma voz decía:

-¡El viejo está por aquí!¡Ven!

Sin tiempo para cuestionarse nada, Law apretó la empuñadura de su nodachi, siguiendo la luz con prudencia.

Aunque, apenas pasar la primera puerta, Law se quedó parado por un momento.

¿Un reno de peluche, en la puerta de las escaleras de lo que era más que claro que era una prisión?

Pero, lo más curioso, era que a sus pies había un botiquín.

Mira que luego dicen que soy yo el del sentido retorcido del humor, pensó Law, agachándose frente al muñeco y cogiendo el botiquín.

Sentido del humor retorcido o no, desde luego no iba a desperdiciar eso, con lo que fuera.

Más al oír en la oscuridad que otra puerta se estaba abriendo, un poco más arriba, con lo que apretó el botiquín contra sí preparándose para avanzar, cogiendo una antorcha de las que alumbraban el pasillo.

-¿Por qué no deja de jugar? – pensó Law en voz alta para sí.

¿Por qué, quien fuera, no dejaba que lo viera?

Pero…

-¿Law?

El tono quejumbroso con el que sonó esa voz tan conocida y normalmente tan risueña hizo que la respiración se le acelerara todavía más mientras, definitivamente,subía por los maltrechos escalones, casi tropezándose de la urgencia conforme las toses de Doflamingo aumentaban, cada vez más rasposas, llenando quejumbrosamente la estancia, dirigiéndolo hacia una puerta de varias que se encontraban en una zona apenas sí iluminada por un diminuto tragaluz.

Y no lo terminó de tranquilizar ver, tras la pequeña ventana de la celda, al hombre que lo había criado y que se reía de todo y de todos pálido, ojeroso, temblando de fiebre, cargado de cadenas que ya lo estaban magullando.

-¿Quién ha sido el suicida que te ha metido ahí? – preguntó Law, tratando de mirar con la antorcha cómo romper la maldita puerta.

-Es…algo interesante… - trató de sonar risueño Doflamingo, pronto atacado de nuevo por la tos.

-¿Y esto era lo que no era nada? – dijo secamente Law, levantándole la cabeza a través de los barrotes.

Y apretó los dientes al notar que estaba ardiendo de fiebre, sudando además frío.

Esto por lo menos era neumonía.

¡Joder!

-No…no lo era hace…dos noches…- jadeó Doflamingo, apenas encontró la respiración, mirando entonces a Law serio entre jadeos – Law…lárgate…

-Unos cojo…

-¡¿QUÉ HACES TÚ AQUÍ?!

Con un brutal rugido que ahogó un grito de Doflamingo, Law, cogido por unas garras que lo apretaron brutalmente, fue lanzado contra la pared, con el botiquín desperdigándose, la antorcha siendo apagada brutalmente al caer al suelo y dejando al muchacho sujetando a toda prisa su espada a ciegas.

Pero…

…sí que podía ver algo, como una silueta moverse por la habitación entre los golpes que daba Doflamingo contra la puerta, con las cadenas, todo lo rabioso que podía, tratando de reventar la puerta desde dentro.

Era…era una especie de mole pelirroja, que rugía sordamente.

Con unos ojos rojos que no dejaban de mirarlo, burlones.

-¿¡Quién eres!? – gritó Law, apretando la empuñadura de su espada.

-El señor de este castillo – sonrieron esos ojos, amenazantes.

Apuntando a esos ojos, Law lanzó un espadazo cuando la mole se movió, haciéndolo sisear de la sorpresa…

… pero una cruel risa sonó mientras ésta lo tiraba de un empujón, arrancándole la espada de las manos, casi rasgándoselas.

Vio entonces, en la penumbra, unas manos peludas y enormes que casi tapaban el brillo de su nodachi mientras esos ojos rojos la miraban con brillo burlón.

-Vaya…los tienes bien puestos, sí…¿a qué has venido?

-A sacarlo de aquí.

Hubo un segundo de silencio.

Antes de que la risa gutural de esa mole inundara toda la estancia, haciéndola temblar.

Eso enfureció todavía más a Law, que gritó, haciéndose oír aún por encima de la risa de la Bestia:

-¿Tú sabes la fiebre que tiene?¡Si no lo saco de aquí se va a morir! ¡Deja de reírte y sal si tienes cojones!

La risa bajó de tono.

Y entonces, despacio, la enorme mole comenzó a avanzar, poniéndose debajo de la escasa luz que pasaba por el tragaluz, dejando ver que esos ojos brillantes pertenecían a una cara bestial, dura, que, si no fuera por los retorcidos cuernos que, gracias al pelo salvaje de la cabeza, embrutecían aún más su aspecto, recordarían muchísimo a lo que debía ser un hombre lobo del que desde luego tenía el tosco hocico y los enormes dientes blancos, apretados en una sonrisa tan cruel y esquizoide como su mirada mientras, lo que era la cabeza se terminaba en un enorme cuello rojo, de pelo enmarañado, apenas sí cubierto con una capa que sin embargo no escondía en absoluto la brutal musculatura que se veía por todo su cuerpo, desde su pecho hasta sus enormes brazos, rematados en unas brutales zarpas con las que apretaba la nodachi, que parecía apenas un palito en contraste con esa enorme presencia que respiraba pesadamente sin dejar de mirarlo con esa expresión.

Law, tratando de pensar algo a toda prisa, notó que se le secaba la boca.

Era…una Bestia.

-¿Tengo pinta de que este viejo me importe? – masculló la Bestia con una sonrisa cruel.

-Tal vez a ti no, pero a mí sí. – replicó Law. – He venido a por él y lo voy a sacar.

-¿Con qué, con esto? – se burló la Bestia, apretando ahora la nodachi con las dos manos.

Y Law se enfureció al ver que su nodachi caía torcida en forma de v a sus pies, como si hubiese sido de goma.

-¡Tú…! – siseó, cogiendo aunque fuera la vaina de su espada…

…pero volvió a ser parado por Kidd, que la pisó.

-Entró aquí por su propio pie, me encañonó, así que es mío y punto – sonrió la enorme mole pelirroja en la penumbra, pensando ya en como echar a ese tipo de allí.

Aunque tenía que reconocer que huevos tenía…él no se habría arriesgado así por un viejo moribundo.

Law sudaba, tratando de pensar rápido, sin dejar de mirar a ese monstruo.

De pronto lo vio claro.

Se puso de pie, frente a la Bestia.

Sólo…sólo veía una alternativa.

Entiendo. ¿Lo que quieres…es un prisionero, no?

La Bestia quedó en silencio unos segundos.

Creía haber oído mal.

¿Qué…?

¿No estaría diciendo que…?

-¡NI SIQUIERA SE TE OCURRA, IMBÉ…! – empezó Doflamingo, en la puerta, cortado de pronto por la tos mientras apretaba tanto sus nudillos que se quedaban blancos.

Mierda…¡joder, no!

La Bestia siguió mirando al chico, todavía incrédulo.

-Tú…querrías…¿ocupar su lugar?

Con resolución, Law se había cruzado de brazos, firme, sin temblar.

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-Tú lo has dicho. No me hagas repetirme – dijo Law, sin apartar la vista de los ojos rojos de la Bestia mientras ésta seguía evaluándolo, todavía sin creérselo…

…y de pronto sus dientes se curvaron en una sonrisa retorcida.

-Desde luego, tienes cojones…

¿Lo vas a dejar salir, o no? – replicó Law, sin perder la firmeza.

Kidd lo volvió a pensar un momento…

…antes de decir:

-Sí. Pero deberás quedarte para siempre.

Law inspiró, con fuerza, antes de decir:

-Tienes mi palabra.

-Hecho.

Y cerró los ojos sin descruzar los brazos en cuanto lo notó pasar a toda prisa por su lado, escuchando cómo abría la puerta de Doflamingo, que, con toda la rapidez que su estado le permitía, empezó a hablar con él:

-Oye, Law, no seas imbécil…¡No tienes que hacer es…!

Pero apenas sí Law tuvo tiempo para abrir los ojos cuando notó cómo un brutal tirón en la penumbra los terminaba de separar… .

-¡Espera! – trató de gritar.

…pero entonces la oscuridad fue total.

La puerta de la prisión se había cerrado brutalmente, y él se había quedado dentro.

KIdd, a pesar de su fuerza, gruñía por el esfuerzo…

Doflamingo, a pesar de la tos, a pesar de la fiebre, se estaba debatiendo todo lo que podía, golpeándolo por todo el largo camino desde el torreón hasta la salida, haciéndole que no pudiera centrarse en nada más.

-¡SUÉLTAME, MALDITO CABRÓN!

Kidd suspiró con alivio cuando por fin llegó con Doflamingo donde quería, en un punto cerca de la salida, donde había un carro en apariencia abandonado…

…pero gruñó cuando Doflamingo, con todas las fuerzas que le quedaban, siguió gritando, sin achantarse.

-¡TE MATARÉ POR LO QUE HAS HECHO! ¡¿ME OYES, HIJO DE PUTA?!

Pero Kidd, entonces, aprovechó para echarlo sin cuidado en el carro…

-Ya ves qué miedo me das – rio Kidd, dirigiéndose entonces al carro – Llévalo a la aldea.

Y al carro, ajeno a los gritos y zarandeos de Doflamingo desde dentro, le salieron patas instantes antes de que comenzara a alejarse hacia la salida…

KIdd, entonces, volvió a rehacer el camino hacia el torreón, apenas sí oyendo los comentarios de los criados,ignorándolos mientras abría la puerta.

-Tú…querrías…¿ocupar su lugar?

Con resolución, Law se había cruzado de brazos, firme, sin temblar.

-Tú lo has dicho. No me hagas repetirme

Esa imagen aún seguía en su cabeza, sin poder quitársela.

Abrió y subió unos cuantos peldaños, viendo que el sitio donde había estrellado a Zoro en el torreón estaba ahora desierto.

Tsk, otra vez había intentado detenerlo…desde luego, lo que no podía negarle, era que era ten..

-Amo.

Alzó la vista…y dejó escapar un gruñido cuando su mirada se cruzó con la de Sanji, aún en la repisa.

-¿Qué? – masculló.

-¿Lo va a dejar ahí? – replicó el candelabro.

-¿Te importa mucho?

-Bueno, dado que se va a quedar lo que representa un tiempo…- empezó Sanji…y bufó enseguida - y yo no sé para qué coño me molesto en hablar, joder.

Y es que Kidd se había ido ya, sin dejarle terminar, llegando por fin al final del torreón.

En cuanto sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, vio que Law staba en la celda donde había puesto antes al rubio, aunque con la puerta abierta.

Dándole la espalda.

Kidd de pronto notó un dolor agudo.

Luffy, furioso, había subido y le estaba mordiendo el tobillo, con toda la fuerza que tenía.

Cabreado, la Bestia le dio una brutal patada que lo lanzó por los aires y que lo habría estrellado contra la pared…

…si Law, sin girarse, no hubiese detenido a la pobre taza en el aire.

-Ya veo cómo te ganas la simpatía de tus criados. Yo también te mordería, pero en los huevos, y de paso te los arrancaba y le hacía un favor a la humanidad.

Kidd apretó los dientes con furia.

Aunque pronto se dio cuenta de algo.

El moreno, aunque distraídamente sujetaba a Luffy, asegurándose de que estaba bien, no apartaba la vista de la ventana.

Kidd se dio cuenta de que por ahí se veía perfectamente la ruta que habría seguido el coche.

Reuniendo todo el autocontrol que tenía, se llevó la mano a la cara, apretando los dientes.

¿Por qué esa mera imagen le estaba afectando tanto?

-Mira… - entonces recordó cómo había oído que el rubio lo llamaba - Eres Law, ¿verdad?

Trafalgar Law. – corrigió el moreno, girándose un poco, mirándolo de nuevo – Pero tú me llamas Trafalgar. ¿Y tú? ¿O te llamo Bestia?

Kidd volvió a rugir bajo, furioso…

-Se llama Eustass Kidd, Traffy – dijo entonces la vocecilla de Luffy, ya repuesto del vuelo – Y es un príncipe, y…

-¡CÁLLATE! – bramó Kidd, adelantándose…

Pero no pudo seguir.

Law, con el palo que antes habría sido la antorcha, protegía a la tacita.

Law se mantuvo firme. Había buscado su nodachi para emplearla aunque fuera torcida, pero no había habido manera de encontrarla, así que, en cuanto había oído al otro volver a subir…

-Bien, Eustass – ya – dijo entonces – Aunque estoy disfrutando esta conversación tanto como tú, dime a qué has venido.

Con eso Kidd por fin pudo decir:

-A llevarte a tu habitación.

Hubo un largo momento de incrédulo silencio por parte de Law, que no dejaba de mirarlo, evaluador.

Y una débil sonrisa apareció en su cara mientras decía, sin rastro de humor:

-Vale, pero al menos invítame a cenar primero, ¿no?

-Vete a tomar por culo – masculló Kidd…

…aunque una leve sonrisa le apareció, casi como por sorpresa, mientras le franqueaba a Law la salida.

Éste primero lo miró un rato largo con desconfianza antes de, tomando una larga inspiración, pasar a su lado, sin dejar de mirarlo, para salir entre varios suaves rumores alejándose apresuradamente.

Pero Law sólo estaba pendiente de la Bestia mientras ésta cogía el candelabro de la repisa, sin bajar la guardia, atento a lo que pudiera pretender… .

Aunque se notó cansado en cuando comenzaron a salir del torreón y se fijó en lo que le rodeaba en la penumbra.

La puerta de la prisión ya definitivamente se cerró para no volverse abrir al tiempo que la leve luz que les daba Sanji los iluminaba en el pesado y denso silencio de la lúgubre noche del cerrado castillo en el que Law iba a vivir para siempre a partir de entonces.

:(...

Sí, lo séeeee...pero es que, aunque era una escena que estábamos deseando, todas sabíamos lo que pasaba, ¿no? Aparte, Law no está para demasiadas coñas...(¿le puede culpar alguien? Digamos que lo de la cena ha sido muy a la desesperada...y la que haya estado atenta sabrá qué más ha sido;))

En fin, guapas, esto es para deciros que el siguiente es dentro de una semana...y que los otros dos irán dentro de dos, uno en martes y otro en viernes, cerca de la víspera^_^(¡No, no pienso deciros en qué punto quiero parar ahí!¡Adivinadlo!

Y con eso...hasta la próximaaaaa;)