Se encontraba sentado detrás de su escritorio y observando su enorme y elegante jardín a través del gran ventanal de su oficina. Le gusta estar allí, para pensar, para distraerse.

- Lo siento Rukia…

Byakuya no se encontraba muy estable anímicamente desde que su hija había sido raptada por ese maldito grupo de mafiosos. Si tan solo no hubiera cedido a sus estupideces tiempo atrás…

Jamás le prestó atención, jamás le dio una mínima razón para estar orgullosa de ser su hija, siempre la trataba indiferente, frívolamente, casi como si no existiera pero era porque nunca pudo verla a la cara sin sentir envidia y enojo de que ella estuviera viva en lugar de Hisana.

- Hisana… ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué tú y no ella? – Recordaba exactamente sus últimas palabras antes de morir "Ámala, porque yo lo hago" ¿Amarla? Esa criatura había acabado con la vida de la mujer que él sí amaba ¿Cómo lograr quererla si ni siquiera era capaz de sentir enojo con ella?

ooOoo

La reunión al principio giró en torno a la venta que le hicieron a ese empresario por todo el cargamento de marihuana y a quien se le haría entrega de una parte del cargamento de armas. En todo ese tiempo Ichigo estaba recostado en un sillón de la sala y todavía inconsciente, Ishida era quien se encargaba de tomar cartas en el asunto. Luego de media hora de hablar sobre cargamentos de drogas y armas, pasaron al tema del señor Kuchiki, tema que a Rukia le pareció interesar bastante, ya que escuchaba atenta y con el ceño fruncido.

Sin quererlo, se enteró de que su padre había hecho una apuesta, no sabía sobre qué, hace como cinco años atrás, de la cual salió perdiendo y por ende debía encargarse de cubrir algunos encargues para el jefe Aizen que a veces esperaban en su mansión, la mansión en la que ella siempre vivió y de la que jamás sospechó que albergaba materiales ilegales. Resultó ser que el desvergonzado al que llamaba padre, robó gran parte de uno de los encargues de ese señor – o al menos era eso lo que decían. – y que no tenía intención de devolverlos. Pasaron seis meses desde que lo visitaban enviados de Aizen y le insistían que lo mejor era confesar que él era el culpable y aceptar las consecuencias de manera civilizada antes de que todo se saliera de control, y una tarde – la misma que ella fue llamada a la oficina de su padre. – una de las secretarias de Aizen fue a darle la última advertencia a Byakuya para que las cosas se resolvieran por derecha, y éste al no acceder a las peticiones del clan debió haber sabido que irían tras su hija.

- Ella es su hija, Kuchiki Rukia. – Dijo Madarame luego de que el repaso de la relación con los Kuchiki hubiera acabado.

- Ya veo. – Dijo Ichigo pensativo. Logró despertar justo a tiempo para pedir explicaciones sobre esos chicos ahí, por eso el breve resumen de la relación Kuchiki-Mafia. – Pues es bonita. – Él no se dio cuenta de que había pensado en voz alta hasta que todos lo miraron incrédulos por su comentario y Renji carraspeó llamándole la atención.

- ¿Acaso eres idiota Kurosaki? – Preguntó Ishida molesto por su falta de concentración en la situación.

- Bah, tampoco es como si fuera mi tipo. Las mías son las morenas. – Dijo con una sonrisa de autosuficiencia y mirando a Rukia que lo veía furiosa y con el rostro rojo, tal vez por la ira. – Como sea, la han secuestrado, sí, pero ¿y eso qué? ¿Hace cuánto la tienen cautiva? ¿Han llamado a Byakuya para acordar el costo del rescate?

- Ese es el punto Ichigo. – Esta vez fue Yumichika quien intervino, a él podía llamarlo por su nombre sin miedo, pues no era tan temible y estricto como su tío Aizen. – Kuchiki no accedió a dar ni un centavo por el rescate de su hija. Es más, dijo claramente que sería ajeno a cualquier cosa que se relacionara con ella.

- ¡¿QUÉ?! – Gritaron al unísono Ichigo y Uryu. Eso era increíble en verdad ¿Un padre que se desliga totalmente de su hija? No, eso no era un padre ¡Sino un monstruo!

- ¿Qué haremos con ella? – Preguntó Madarame sonriendo lujuriosamente.

- Eso está claro Ikkaku, debemos matarla. – Respondió inocentemente Yumichika haciendo que el otro borrara su sonrisa y suspirara con pesadez. Ambos miraron a Rukia y sonrieron de manera extraña.

- ¿Matarla? Disculpa Ichigo si difiero con tus opiniones pero creo que matarla es demasiado ¿no crees? Ella no tiene la culpa de las acciones de su padre. – Renji no permitiría que le hicieran daño a Rukia, no podía dejarlos, ya le había tomado un cariño especial que no podía descifrar qué era en verdad.

- Tiene razón Ichigo, - Kaien tampoco quería que nada malo le hicieran a Rukia. – creo que lo mejor sería desligarla de todo esto, no tiene nada que ver con…

- ¡Ya cierren la boca todos de una vez! ¿Es que alguien les pidió su opinión? – Si bien Ichigo estaba estático por la decisión de Yumichika, Uryu sabía cuál era el siguiente paso luego de descubrir que un polisón no servía en el clan. No quería que su amigo tuviera nuevos problemas con su tío, ya tenía los suficientes desde hacía tiempo, así que haría todo al pie de la letra para terminar con el inconveniente de una vez por todas y salir de allí antes de que la culpa se le metiera a la cabeza. – Todos sabemos lo que Sosuke hace en ocasiones como estas, no veo porque tanto drama con esta niñita – dijo señalando a Rukia. – Harán lo que deben según lo que ya saben. – La miró a los ojos por unos instantes. Miedo, incertidumbre, desesperación y suplica era lo que veía en ellos, pero él no dictaba las reglas en el clan y tampoco Ichigo, al menos no por ahora. – Mátenla.

- ¡NO! – Se escuchó de parte de Kaien y Renji, y sorpresivamente también de parte de Hinamori.

- Hinamori. – musitó Toshiro al verla parada en la puerta y algo agitada.

- Ichigo, Ishida, no lo hagan por favor, ella no debe pagar las deudas de su padre y mucho menos con su propia muerte.

- Hinamori ¿De qué hablas? Sabes mejor que nadie las reglas de Aizen. – Una cosa era que Kaien y Renji la protegieran, eran hombres, de seguro la pequeña rubia los había engatusado pero ¿Hinamori? ¿La fiel seguidora de Aizen, su mano derecha? Todo se volvía más confuso para Uryu.

- Lo sé por eso…

- ¡Ya basta! Mátenla, es una decisión final y fin de la conversación. – Ishida desvió la mirada y la posó en un muy absorto Ishigo.

- No por favor. Yo… les contaré la verdad sobre mí si me dan la oportunidad. – Rukia, quien no supo qué hacer o decir desde que escuchó la palabra "matarla" tejió en su pequeña cabecita un rápido plan que tal vez la sacaría de apuros, solo esperaba que ellos le creyeran.

- ¿Verdad? ¿De qué hablas? – Ichigo, que estuvo debatiéndose entre la vida y la muerte de una chiquilla inocente, volvió a la realidad cuando por fin escuchó esa voz que antes lo llamó "grandote".

- Bueno yo… - Rukia no estaba segura de lo que hacía pero necesitaba salvarse por un tiempo si quería salir viva de ahí y vengarse de Byakuya. – Les diré la verdad sobre Byakuya y yo.

ooOoo

Fue fácil convencer a la mayoría de que ella era hija del increíble y reconocido empresario Zaraki Kempachi, clandestinamente reconocido para todos los maleantes y mafiosos como el Ángel Sangriento, ya que nadie se metía con él y salía ileso de ello. Hasta que el idiota de cabello naranja le pinchó el globo. Ahora Rukia se encontraba mirando el techo de su nueva habitación, recordando todo lo acontecido horas atrás.

Ooo

- ¿De... de verdad eres hija del Señor Kempachi? – Madarame, según lo que descubrió Rukia, era un gran seguidor de ese hombre y lo veneraba como a un Dios. – Entonces... ¿Eres Rukia Kempachi?

- Ahh... sí, creo.

- Jamás he escuchado que Kempachi haya tenido hijos, y mucho menos que las regalaran. – Ishida la miraba con desconfianza.

- ¡No me regaló tonto! Él sabía que mi vida como hija del Gran Zaraki Kempachi sería mucho más que peligrosa y como... mi madre murió al darme a luz, bueno... él prefirió tenerme protegida en manos de su leal compañero Kuchiki Byakuya.

- ¿Y por qué no se ha molestado en pagar el rescate de su tan preciada y protegida hijita? – Ichigo la miraba con altivez y burla en sus ojos.

- ¡Por qué estoy segura que ese bastardo de Kuchiki le ha dicho algo sobre un viaje al extranjero con amigos! – No soportaba a ese idiota cabeza de zanahoria. – No me llevo muy bien con mi padre, Zaraki, pero es porque no le perdono el que me haya negado ante los demás. Si lo quiero, y estoy más que segura que él a mí ¡Por eso si llega a saber sobre esto, los asesinará y luego se los comerá en su cena de navidad!

- ¡Oye enana! ¿Crees que somos idiotas? – Rukia lo miró con una ceja levantada y una sonrisa ladeada. – Por supuesto que no te dejaremos ir así de fácil, mucho menos si eres hija de Kempachi...

- No se atreverían a llamarlo y pedir dinero.

- ¿Por qué no? Si te quiere tanto no se negará. – Ichigo sonrió triunfante al descubrir su farsa.

- Él... él... los buscará y los matará uno por uno. Saben lo sangriento que es mi padre.

- Oh... ¿en serio? – trató de seguirle el juego.

- En serio. – Respondió serio Renji para sorpresa de todos los presentes. – Ichigo ¿Recuerdas la hija de Kempachi? Una vez te conté sobre ella.

- Sí, pero dijiste algo sobre su increíble cabello rosa.

- Se lo tiñó.

- Según tú ella era una niña.

- No dije eso, solo que tenía aspecto de niña.

- Se llamaba ¿Yachiru? – Ichigo levantó una ceja incrédulo.

- Ahh... Sí, ella es Yachiru. Rukia Yachiru Kempchi ¿Verdad? – Renji miró a Rukia y esta dudó en contestar.

- Sí, ese es mi nombre. – Sonrió ante un sorprendido Ichigo.

- Bien, dime qué quieres que hagamos si en verdad eres quien dices ser. – Uryu intervino para ir finalizando esa absurda conversación.

- Déjenme ir y no habrá heridos. – Ichigo y Uryu se miraron y comenzaron a carcajear fuertemente.

- Eres idiota ¿lo sabías? No te creemos una palabra de tu estúpida historia. – Ichigo se rebajó a su nivel y la miró a los ojos, le dio un tincazo en la frente y luego se volvió hacia Renji. – Renji, amigo, eres un pésimo mentiroso y menos mal que no ha sido mi tío quien te ha escuchado porque ya serías hombre muerto entonces. Yachiru es una pequeña niña de tan solo diez años, tiene cabello corto y una estatura que no sobrepasará el metro treinta, la vi hace dos semanas atrás en una fiesta organizada por mi tío. Kempachi jamás ha tenido hijos, no los tendría ni de broma, y esa niña es solo su sobrina que ha quedado huérfana muy pronto y que está bajo su temporal custodia, pronto pasará a manos de Unohana, la directora de la real academia de médicos de Japón. ¿Creen que soy imbécil? Leí la investigación que hicieron sobre ti Rukia Kuchiki. Eres hija de Kuchiki Byakuya, importante empresario y político de Karakura, y Hisana Shirayuki, ex modelo internacional muy famosa en su tiempo y que lleva muerta hace exactamente dieciséis años y medio justo después de parirte. – Ichigo terminó su pequeño resumen de la biografía de la pequeña mirándola de reojo. Rukia estaba consternada luego de oír esas palabras ¿modelo internacional y famosa? Eso era mucha información para ella, jamás supo nada de su madre.

- ¿Qué haremos entonces Kurosaki? – Uryu rompió el incómodo silencio que se había formado en aquel salón.

- Es una buena mentirosa, lo admito. Sabe cómo engañar a la gente, sino mira a estos idiotas que de verdad se han creído que era la verdadera Yachiru. – Señaló a Madarame y Yumichika que se encontraban cabizbaja en un rincón de la habitación desprendiendo un aura cargada de pesadumbre y decepción. – Renji, llévatela al cuarto de Inoue, pasará un tiempo ahí hasta que yo sepa lo que haremos con ella.

Ooo

- Tsk, idiota. – se giró sobre sí misma y apoyó su cabeza sobre uno de sus brazos. – Al menos no dejó que me mataran – pensó en voz alta creyendo que estaba sola.

- Él no es así, parece malo peo en realidad no mataría ni a una mosca. – Una voluptuosa mujer de cabello naranja y lindos ojos color plata se encontraba apoyada sobre la puerta cerrada. Iba vestida con unos jeans negros ajustados, una camisa blanca y unos zapatos con tacón bajo. En ambos lados de su cabeza llevaba puestas dos orquídeas celestes adornándole el cabello. – Hola, soy Inoue Orihime, mucho gusto. – Dijo acercándose a la cama y tendiéndole una mano.

- ¿Inoue? – Rukia recordó que era la misma chica de aquella vez, cuando entró a la oficina de su padre.

Ooo

- Gracias y... lo siento de verdad.

Ooo

- ¡Eras tú! – Orihime abrió los ojos como platos, asustada por su repentina reacción. – Tú eras la chica de la otra vez, santo Dios ¿Cómo pude haberlo olvidado? ¡Claro! Tú eras la que se disculpó conmigo de antemano ¡Porque sabías lo que pasaría esa noche! – La voluptuosa chica la miró con ojos suplicantes por una disculpa y tratando de encontrar alguna respuesta para calmar a esa alterada jovencita.

- Yo... lo siento de verdad. No quería hacerte sufrir pero no tenía opción, ¿Cómo decirte que ibas a ser raptada así como así sabiendo que eres una niña mimada y caprichosa? Ibas a reírte de mí y a echarme a patadas. – Rukia se detuvo en el "niña mimada y caprichosa" ¿Acaso escuchó bien?

- ¿Mimada... y caprichosa? ¡¿Pero quién demonios te crees tú para llamarme así?! Porque si mal no recuerdo tu atuendo esa vez no era muy decente para visitar a un importante empresario al que ibas a amenazar. Si yo soy eso que dices entonces tú eres... ¡Una cualquiera!

- ¡YA BASTA! – Ichigo entró al cuarto en el momento que Rukia gritó la última frase. Vio como Orihime lloraba silenciosamente y como la pequeña rubia estaba roja de la ira. - ¡Te prohíbo que le vuelvas a hablar así! ¿Me oíste? – Le gritó a Rukia mientras agarraba a Inoue por los hombros y trataba de dirigirla hasta la puerta. - ¿Qué sabes tú sobre ella para llamarla así? – Ichigo estaba con el ceño más que fruncido.

- ¿Ah sí? Pues entonces ¿Qué diablos sabe ella de mí para llamarme niña mimada y caprichosa? Sabía lo que pasaría esa noche, sabía que intentarían secuestrarme ¡Y de hecho lo hicieron! Pero no fue capaz siquiera de advertírmelo. Claro... esa carita de mosquita muerta le queda perfecta para...

- ¡PARA DE UNA BUENA VEZ, ENANA ENGREÍDA DEL DEMONIO! – Rukia lo miró más que ofendida por su comentario. – Por si no lo recuerdas, esta tarde acabo de salvarte de tu posible asesinato a sangre fría, si quiero puedo revertir mis órdenes y dejar que hagan lo que quieran contigo. ¡No quiero volver a escucharte decir nada más sobre Orihime o te arrepentirás!

- Pues discúlpame si ofendí a tu querida noviecita – Orihime enrojeció y se tensó bajo las manos de Ochigo que reposaban en sus hombros. – pero que no vuelva a meterse conmigo o sino...

- ¡¿O sino qué?! ¿Eh? ¿Qué es lo que le harás? – Ante la atenta mirada de Rukia Ichigo se acercó a ella dejando a Inoue al lado de la puerta. – Te advierto que mi bondad tiene un límite.

- ¿Ah sí? ¿Cuál bondad, grandote? – ella lo desafió con la mirada.

- La que tengo desde que asumí la responsabilidad de tenerte por un tiempo aquí. No malgastes tu oportunidad, enana, puedo arrebatártela cuando yo quiera. – Sonrió con autosuficiencia y se dio la vuelta.

- ¡No necesito de tu hipocresía! – Ichigo no volteó y se fue con Orihime dando un portazo que sobresaltó a Rukia. - ¡IDIOTA!

ooOoo

Toshiro se encontraba mirando el techo de su nueva habitación, habitación que ahora compartiría con Momo. Realmente no podía creer como ella había dicho semejante mentira para lograr que ellos aceptaran tenerlo en el clan. Se tocó los labios, aun podía sentir ese cálido roce de los labios de esa mujer con los suyos y la electricidad que recorrió su cuerpo al sentirla abrazándolo por el cuello.

Ooo

- Hitsugaya Toshiro, es de él de quien quiero hablarte Ishida. – Dijo Hinamori al escucharlo preguntar qué más debían discutir.

- Pues bien, veo que abogarás por él así que te escuchamos. – Respondió Ishida en nombre de Ichigo y de él.

- Bien, quiero proponer que Hitsugaya se una al clan ¿Qué dicen?

- ¿Y eso por qué? – Preguntó Ichigo frunciendo el ceño.

- Creo que todos los presentes aquí coincidirán conmigo al decir que este chico es muy bueno en las artes marciales. Hemos tenido ya dos confrontaciones y puedo afirmar que es muy ágil y perspicaz, sus técnicas son muy buenas y sé que sería de gran ayuda para diversas operaciones de alto riesgo.

- ¿Cómo sabemos si es de confianza? – Se apresuró a preguntar Ishida, Ichigo asintió respaldando la pregunta de su amigo.

- Yo me haré cargo de sus acciones y consecuencias. Les aseguro que es de confianza.

- Además yo sí estoy... – Toshiro suspiró antes de completar la frase de la que tarde o temprano se arrepentiría. – estoy dispuesto a servir al Señor Sosuke Aizen. – Miró al Kurosaki directo a los ojos mostrando decisión en sus ojos.

Ichigo miró a su amigo y este le sonrió de manera cómplice, él entendió entonces que ya comenzaban a tomarlo por un idiota ¿Acaso Momo creía que caería tan fácilmente? Decidió jugar un poco con ella, después de todo si querían tomarle el pelo él demostraría que sabía jugar mejor. Definitivamente no era como su tío Sosuke pero tampoco era estúpido y se los haría saber.

- Dime la verdad, Hinamori ¿Él es tu novio? No habría otra razón por la que querrías meterlo entre nosotros. – Hinamori se sorprendió por tan errónea conclusión pero prefirió no decir nada por el momento, tal vez le conviniera escuchar el resto de sus palabras. – Por lo mismo, solo será admitido si realmente es tu novio o tiene alguna estrecha relación contigo. – Uryu miró el techo masajeándose las mejillas y el puente de la nariz para disimular un poco la diversión que sentía de todo aquello.

Momo se dio la vuelta, miró a Toshiro nerviosa y al final se acercó hacia él rodeándolo por el cuello y plantándole un beso, Toshiro se sorprendió al principio pero luego, algo avergonzado por la situación correspondió al abrazo rodeándola por la cintura y cerrando los ojos fingiendo disfrutar el dichoso beso. Tanto Ichigo como Uryu abrieron los ojos impresionados y su mentón se les habría salido de la cara de no ser porque estaban bien colocadas en las mismas.

- Me descubriste Ichigo – Dijo Hinamori una vez se separó de Toshiro. – Shiro-Chan y yo estamos juntos y él ha decidido unírsenos. Entonces... ¿Puede quedarse? – Bien, eso sí que no se lo esperaban ni por asomo ¿Entonces era cierto?

- Cl... claro... – Dijo Ichigo aun sorprendido por la anterior escena. Desde que el recordaba haberla visto por primera vez, ella siempre fue una fiel seguidora de su tío, dedicada a servirlo cuando y donde sea, jamás la había visto cercana a un chico.

- Genial. Se quedará conmigo, y supongo que comenzará con la misión que el Señor Aizen nos ha encomendado a Abarai y a mí ¿Verdad? – Y se ve que tampoco perdían el tiempo. Bueno, lo consolaba saber que para poder llegar a Hinamori había que ser bastante paciente porque no era una mujer fácil de conquistar y Keigo mismo lo podía probar, y si decía que Hitsugaya era su novio entonces no había mucho que razonar para contradecirla.

- Se... seguro.

- Perfecto. Nos veremos entonces. Ichigo, Ishida. – Reverenció como acto de respeto y salió del cuarto con Toshiro de la mano.

- Hinamori...

- No me lo agradezcas. Respecto a Rukia no he podido llegar antes, lo siento, pero veo que se ha sabido defender lo suficiente para que le dejaran algo más de tiempo de vida ¡increíble! Debo irme, pídele a Abarai o a Shiba que te conduzcan hasta mi habitación y quédate ahí hasta nuevo aviso ¿Entendido? Nos veremos en la noche, Shiro-Chan. – Le dijo guiñándole un ojo y provocando el sonrojo de él.

Ooo

- Esto se vuelve cada vez más confuso. – Dijo en voz alta y golpeando el borde de la cama con su puño cerrado.

- Trate de desenredarse un poco, Hitsugaya.

- ¿Tú?

- ¿Cómo que "tú"? – Puso sus manos en la cadera y fingió estar ofendida. – Yo soy Matsumoto Rangiku ¿No te lo había dicho ya? Como sea, se rumorea que eres la nueva pareja de Hinamori ¿Es cierto eso?

- Sí, sí lo es. – A Rangiku se le puso la piel de gallina. - ¿Puedes dejar a mi novio en paz, por favor? Lo atosigas de preguntas por lo que veo.

- Lo siento señorita Hinamori, no era mi intención, es solo que...

- Ya Rangiku... Somos amigas ¿cierto? No te refieras a mí con tanto formalismo, sabes que no me gusta. ¡Ah! Y soy Momo ¿Sí? Por cierto, él irá con nosotros a Afganistán en la próxima misión, será como el colíder si yo comandaré la misión.

- ¡Ah ya sé! – Matsumoto se levantó como resorte de la cama mirando hacia la nada. – Entonces tendré que llamarlo Capitán Hitsugaya.

- No es un capitán, no estamos en un barco ni somos piratas.

- Pero no niegues que sería divertido llamarlo así. – Le guiño un ojo.

- Claro... como digas. – Suspiró Hinamori resignada.

- Entonces nos veremos pronto Capitán Hitsugaya. – Y se fue saltando alegremente. Toshiro frunció el ceño pensando que eso era tonto ¿Capitán Hitsugaya? Aunque no podía negar que sonaba bien.

- ¿Cómo es eso de que comandaré una misión? – Preguntó Toshiro a penas Matsumoto se fue.

- Lo que escuchaste Shiro-Chan. Ahora duérmete. – Le dijo mientras se acostaba en un lado de la cama y dándole la espalda a Toshiro.

- No me digas así. – Le dijo y volvió a acostarse dándole también la espalda a Momo.

ooOoo

- No les he creído una sola palabra, a ninguno de los cuatro. – Ishida estaba sentado en el living de la casa de Ichigo. Ya era de noche y platicaban con un vaso de wiski ambos.

- Lo sé. Esa pequeña tonta ha querido engañarme con el cuento de la hija de Kempachi ¡Por Dios! Todo el mundo sabe que Kempachi moriría a tener hijos alguna vez en su miserable vida. – tomó un sorbo de su vaso. – Y no puedo creer cómo Renji se ha prendido de su mentira ¿Acaso no me conoce? Sabe que no caería en esas estupideces.

- ¿Entones por qué has dejado que se quede?

- No lo sé. Supongo que podría ser interesante observarla de cerca, además no niegues que es muy buena peleando. Podría servir para algo.

- Lo sé, hace tiempo que no te veo luchar como esta tarde.

- Ishida ¿Crees que en serio Byakuya se ha desligado de ella?

- No lo sé, pero si ese es el caso entonces tu tío no debe enterarse de su situación o no solo se complicarán las cosas para ella sino también para ti.

- Es lo de menos. Mi tío quiere que los acompañe a él, Hinamori y a Renji a Afganistán para supervisar sus acciones y "aprender algo más" – decía Ichigo con fingida modestia. – Supongo que pensaré con más calma ahí mientras ella se queda aquí.

- ¿De qué hablas Ichigo? Lo único que conseguirás es que se te escape y nos descubra ante las autoridades. – Ichigo lo vio y trató de pensar en algo que lo ayudara. – ¿Qué piensas?

- En qué le diré a mi tío para que no me descubra.

- ¿Que no descubra qué? – A Ichigo se le erizaron los pelos de la nuca al escuchar esa voz.

- Tío... ahh... no... no es nada... – Sonreía nerviosamente mientras se tallaba la nuca.

- Uryu – el aludido levantó la vista visiblemente nervioso. - ¿Algo que decirme? – Sosuke lo miraba sereno y con una sonrisa amable en el rostro pero sus ojos no reflejaban más que una clara amenaza para ambos si no confesaban.

- N-no Sosuke, nada.

- Saben que si no me lo dicen ahora eventualmente me enteraré y será peor para ustedes. – Dejó su maletín en el sofá y se sentó en el contiguo. – Así que, espero noticias de eso que no puedo descubrir. – Levantó la mirada y la posó sobre su sobrino. – ¿Ichigo?

- Ahh... Bueno – Suspiró, realmente le costaría decir esto pero debía salir de apuros. – Teníamos pensado salir al cine con Inoue la próxima semana y creí que tal vez eso te molestaría así que... creí que era mejor...

- ¿No decírmelo? – sonrió y se acomodó mejor a lo largo del sofá. – Orihime es mi secretaria, mi mano derecha, confío en ella como si fuera mi hija, por supuesto que accedería, creo que es una muy buena idea que ambos interactúen y se conozcan mejor ¿No Uryu?

- Seguro. – Disimuladamente miró a su amigo que se encontraba cabizbaja y de seguro lamentándose por la mentira que le tiró a su tío. "¿Qué tramas Ichigo?"- ¿Saben? Debo irme, de seguro mi padre querrá que comience mis preparativos para entrar a la universidad de medicina el próximo semestre y como lo desobedezca ese viejo es capaz de cualquier cosa.

- Por favor Uryu no hables así de Ryuken, de seguro exageras. – "Sí claro" pensaba Ishida mientras Sosuke reía en voz alta. – Salúdalo de mi parte ¿Quieres? – Pero el chico ya había cerrado la puerta principal a su salida.

Sosuke miró a su sobrino, "Es tan previsible" pensaba para sus adentros, sabía que algo escondía, que en algo le mentía, no le creía que saliera con Orihime en verdad.

- Y... ¿Piensas contarme sobre Kuchiki? ¿Ha pasado algo de lo que deba saber? – Buscaba sus ojos con la mirada y en cuanto Ichigo lo miró directamente a los suyos notó que estaba inquieto.

- No, nada. – Respondió tajante.

- ¿Seguro? ¿Qué ocurrió con la mujer Kuchiki? He sabido algo de que Byakuya no se dignará a pagar el rescate. – Ichigo desvió la mirada y la dirigió hacia la salida "Ishida ¿Dónde demonios estás cuando te necesito?"

- ¿Conoces a la niña?

- ¿Es una niña? – Ichigo sospechó de que la verdad no tenía idea de su apariencia, pues recién ahora se enteraba que no era tan grande como la imaginaba. – Qué lástima – fingió un puchero – supongo que será para la próxima.

- ¿De qué hablas tío? – A Ichigo no le gustaba nada esa insinuación.

- Pensaba jugar un poco con ella, después de todo... si es hija de una ex modelo prostituta que se acostó con Byakuya, su hija no debe ser para menos. – Sonrió lujuriosamente. Ichigo abrió desmesuradamente sus ojos y se paró del sofá como resorte.

- ¿Qué dices? ¿Cómo se te ocurre decir eso? Pervertido ¡Ella aun no cumple los diecisiete años!

- Oh ¿En serio? – Aizen abrió los ojos claramente sorprendido. Ichigo se mordió la lengua. – No es tan niña entonces, tan solo dos años menor que tú. Supongo que la visitaré en unos días... – Se levantó y comenzó a caminar tranquilamente hacia las escaleras que dirigían a su habitación. – A propósito ¿Cómo es ella? Jamás la he visto. – En el tercer escalón frenó y apoyó su brazo en el barandal mirando a su sobrino.

- Entonces no la conoces... – Pensó Ichigo en voz alta.

- No.

- Lástima tío. La matarán en unos días luego del viaje a Afganistán. – Sonrió triunfante, pensaba hacer algo respecto a ella antes de que a su tío se le ocurriera verla. No quería matarla porque no tenía razón alguna para hacerlo pero tampoco podía dejarla libre así como así.

- No hay viaje. – Respondió Sosuke algo molesto. – Se cancelaron las compras de ese nefasto lugar, el muy cretino de Takumi quería intercambiar diamantes en pequeña cantidad a comparación de lo que se le ofrecía en armas y droga. – Cambió su semblante al pensar en la pequeña adolescente Kuchiki. – Pero supongo que entonces la podré ver antes de que le quiten su desdichada vida.

- S-seguro. – A ichigo se le fue el color del rostro. Antes de que su tío lo notara, subió corriendo las escaleras por su lado y se encerró en su habitación alegando que había olvidado pedirle algo a Ishida.

Una vez en su habitación, pensó algo que pudiera hacer con esa enana ingrata. No se merecía su salvación por lo que había pasado con Inoue esa tarde pero por alguna extraña razón sentía que no podía dejarla abandonada, era curioso ya que él se caracterizaba por ser la persona más desinteresada en los demás que alguien pudiera conocer. Sabía que tarde o temprano se arrepentiría de su decisión pero ahora estaba decidido a ayudar a que esa enana pasara desapercibida ante su tío, al menos hasta que descubriera qué era ese presentimiento que tenía sobre ella.

Realmente no tenía idea de los problemas que se le avecinaban con la llegada de Rukia Kuchiki...