Los personajes solo pertenecen a Stephenie Meyer, yo suelo juego un poquito con ellos.
Muchas gracias a Marce Capuccino, Miki 03 y Vale Potter por comentar, eso me da ánimos para continuar. A los lectores fantasmas también, aunque me gustaría que comentarán mas :)
Las actualizaciones serán los lunes y los jueves.
Prometo que en el próximo capítulo avanzarán mucho más las cosas. Nos leemos.
Notaba su mirada fija en mí, siguiéndome a cada paso que daba, cada movimiento que hacía. Me estaba poniendo realmente nerviosa. ¿Por qué hacía eso? ¿Qué buscaba? Era el hombre más desconcertante que había conocido, por ese motivo tenía que saber más de él, intentar entenderle.
"... parece tan inocente, será mejor que te alejes, no sería justo..." oí lo que Emmet le estaba diciendo al pasar por su lado, pero no esperé a oír la respuesta de Edward, se darían cuenta de los estaba espiando y todo ello a pesar de que sabía que estaba hablando de mi.
A medida que las manecillas del reloj se acercaban al número doce me iba poniendo más nerviosa. Sentía un hormigueo interior muy intenso y cada vez más fuerte, estaba segura que si esa sensación continuaba creciendo terminaría vomitando. ¿Qué me estaba pasando? ¿De dónde salía toda esa intensidad?
Eran las once y media y apenas quedaba gente en el bar, comenzamos a limpiar y recoger, me concentré en esa tarea lo máximo posible para no pensar en lo que me esperaba detrás de la puerta. No entendía lo que me estaba pasando, había estado sintiendo unas fuertes punzadas de celos toda la noche al notar como todas las chicas del local lo miraban y se paseaban delante de él intentado llamar su atención.
Quería salir lo antes posible, pero a la vez tenía miedo, miedo de esa atracción que sentía por él, o de no encontrarlo, lo que era muy posible, ¿por qué iba a estar esperándome? Yo, Bella Sawn, la chica más mediocre de toda la ciudad Nueva York.
Fui la última en salir, quería calmar mis nervios antes de enfrentarme de él. Mientras abría la puerta contuve la respiración y cerré mis ojos, no estaba segura de que era lo que quería ver.
Pero ahí estaba él, apoyado en la pared de enfrente, con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones, terriblemente sexy. Alzó la vista y cuando me vio sonrió ligeramente lo que hizo que mis piernas temblasen y pensara que me iba a caer ahí mismo. Le devolví la sonrisa y me giré para cerrar la puerta.
"Hola" le dije mientras guardaba las llaves en el bolso y me ponía a su lado
"Hola, ¿qué tal el trabajo?"
"Cansado, como siempre" me sentía terriblemente tímida y no sabía de que podía hablar con alguien a quien no conocía. Nunca se me había dado bien hacer amigos, y por descontado tampoco había ligado nunca. "¿Qué tal tu noche?"
"Interesante" sonrió de manera enigmática.
Caminamos unos metros en silencio, pero notaba la tensión entre nosotros, tanta que no podía soportarla, quería hacer lo que fuera para romperla, tocarle, hablar, lo que fuera.
"¿A qué te dedicas?" preguntó como sabiendo lo que estaba pensando "Bueno, me refiero a sí haces algo más que trabajar en el bar"
"Um, sí, estoy haciendo el último año de literatura inglesa"
"¿Ah sí?" se detuvo "¿Cuál es tu libro favorito?"
Sonreí "Hermosos y malditos de Scott Fiztgerald"
Se quedó mirándome fijamente a los ojos "¿En serio? ¿Es realmente ese tu libro favorito?" su boca dibujó una sonrisa burlona "¿O en realidad tu libro favorito no resulta tan interesante y es la respuesta que das para que no te consideren superficial?"
Me sonrojé y aunque no se lo habría contado nunca a nadie había dado justo en el clavo, pero no sabía porque me sentía impelida a contarle la verdad "Emma de Jane Austen, sé que es su obra menos madura, la más superficial, pero aún así, la releeo todos los años. Promete que no se lo dirás a nadie."
Edward se rió, mostrando su perfecta dentadura "Tu secreto está a salvo conmigo"
Habíamos llegado a una de las calles principales, desde la que era más fácil conseguir un taxi. Edward alzó su brazo haciendo que su camiseta se subiera unos centimetros mostrando algo de piel desnuda que hizo que momentáneamente me quedara sin aliento. Por encima de su cinturon conrría una fina línea de bello y aquella era la imagen más excitante que había visto jamás.
Un taxi se paró enfrente de nosotros y Edward abrió la puerta para dejarme pasar. La falda era demasiado corta para poder entrar con un movimiento elegante, así que junte mis piernas, me sostuve la falda por detras y prácticamente me dejé caer sobre el asiento del taxi, deseando que él no se diera cuenta de que parecía una especie de pato de mareado.
"Wow" me miró curioso una vez que estuvo sentado a mi lado en el asiento trasero del taxi "Nunca había visto a nadie hacerlo tan complicado"
Me sonrojé aún más, si es que aquello era posible.
"Al número uno de Bank street" le dijo de forma autoritaria al taxista.
Le miré de manera sorprendida y enarqué una ceja. Ni de lejos podía estar pensando que iba a ir a su casa. Yo nunca había sido esa clase de chicas, pero dios sabía que en ese momento deseaba serlo.
Me incliné hacía delante "En realidad haremos dos paradas. Primero en el 239 de la calle 26, entre la octava y la séptima"
Le sonreí triunfante, pero vi que el tenía la mirada fija en otro sitio, un poco más abajo. Estar sentada era aún peor, la falda se me había subido y apenas ocultaba mis piernas, intenté bajar la tela para que cubriera aunque fuera un par de centímetros, pero era imposible. El espacio era pequeño y al moverme mi rodilla rozó su mano sintiéndo de nuevo una descarga eléctrica, la tensión era insoportable, estaba tentada a pedirle al taxista que parara, bajarme y recorrer corriendo la distancia que quedaba hasta mi piso para descargar toda la adrenalina. Lo miré a los ojos otra vez, para ver si el sentía lo mismo, ya no sonreía y sus ojos ahora eran profundamente oscuros. Nerviosa intenté desviar su atención.
"¿Y qué hay de tí? ¿Cuál es tu libro favorito?"
"El Ulises de Joyce"
Solté una carcajada "Esta es buena, no puedes decirme que tu libro favorito es el que citan todos los pseudo intelectuales mundiales y el que nadie jamás ha sabido entender"
"Eso es porque lo leen mal" su tono era serio "Lo leen como si fuera una novela que tendría que tener algún sentido, pero no lo tiene. No hay que fijarse en la historia, eso es perder el tiempo. Es pura evocación y cada vez que lo lees tiene un significado distinto. No hay que buscar lo que el autor quería decir, sino lo que tu lees en él"
"¡Qué postmoderno!" dije con cierta ironía.
"¿Te burlas de mí señorita Swan?" se acercó tanto que prácticamente estaba encima de mí, nuestras caras estaban a pocos céntimetros. Nos quedamos en silencio durante un par de minutos, mirándonos el uno al otro.
"Nunca me atrevería" estaba segura de que no iba a poder resistir mucho tiempo tan cerca de él. Por suerte el taxi frenó y él se alejó de mí.
Eché mano de mi bolso, para sacar la cartera, pero él se me detuvo.
"Está bien, pues supongo que gracias por el paseo" abrí la puerta para salir, pero no me sentía preparada para dejarle. Me giré antes de salir del taxi "Si vuelves a ir a el bar te invitaré a una copa" Quería volver a verle, y no se me ocurría nada mejor que sobornarle.
"Claro. Buenas noches Isabella"
"Buenas noches"
Salí del taxi y me quedé en la acera viendo como el taxi se alejaba.
A la mañana siguiente me desperté más descansada de lo que me había sentido en semanas, a pesar de que no había conseguido dormir toda la noche.
Oí unos extraños sonidos en la concina y supose que era Alice buscando cualquier cosa, a veces era la persona más despistada sobre la tierra.
Cuando salí de la habitación me quedé asombranda, sobre la pared de la cocina había una pequeña pancarta que ponía Feliz cumpleaños, y había un montón de globos por la cocina y el salón. Pero noté un extraño olor a quemado.
"¡Alice!" la llamé.
Ni siquiera se dio la vuelta, entretenida como estaba en la cocina "¡Un momento Bella! Ay se suponía que no ibas a levantarte tan pronto"
"Alice, algo huele a quemado"
"¡Mierda!" exclamó mientras se giraba para apagar la vitrocerámica "Te estaba preparando unas tortitas. Iba a ser el mejor desayuno de cumpleaños de la historia"
Alice era muy buena en muchas cosas, pero la cocina no estaba incluida en esa lista, era incapaz de preparar cualquier plato, incluso unos senillos spaguettis.
"Alice, no pasa nada" me acerqué a ella para consolarla.
"Oh Bella" saltó hasta mí para darme un abrazo "¡Feliz cumpleaños! Siento tanto esto, pero no pasa nada, te invitaré a desayunar"
"No hace falta, tomaré un poco de fruta"
"Nada de eso, es tu cumpleaños y mereces lo mejor. Además después iremos de caza"
"Oh no"
Ir de caza significaba para Alice recorrer todas las tiendas de cosméticos y perfumes del East Side de Manhattan en busca de muestras a pesar de que luego se gastaba cientos de dólares en ello. En las estanterías del baño de Alice no cabía un frasco más, lo que por suerte, significaba que yo no tenía que gastar un céntimo en potingues pues siempre acaba regalándome algo.
Desayunamos tranquilamente en una elegante cafetería del East Side, intenté alargar todo lo posible el desayuno, pero Alice era implacable, en cuanto terminanos prácticamente me arrastró por las atestadas calles de la ciudad.
En las exclusivas tiendas en las que entramos yo me sentía fuera de lugar; zapatillas de deporte, pantalones vaqueros y camiseta de tirantes no parecía el look más apropiado, al lado de Alice yo parecía una mendigada y las dependientas me miraban como tal.
"Nos tomaremos un descanso" eran las doce y media y estaba cansada de dar vueltas de un lado a otro.
"¿Un descanso?"
"Vamos Bella, he dejado lo mejor para el final"
Nos adentramos en Central Park, lejos del bullicio de la gran ciudad. Compramos unos perritos calientes y unos refrescos y nos sentamos en el primer banco que encontramos vacío.
"Dime que será rápido o sino acabaré tan cansada que no podré salir esta noche"
"Será rápido e indoloro, te lo promero"
"Eso espero" suspiré "¿Sabes cuál es el plan para esta noche?"
"Rosalie, tu yo cenaremos en casa. Angela, Jessica y Lauren nos pasarán a buscar después e iremos a alguna discoteca o algo"
Alice parecía decepcionada, yo sabía cuanto le gustaba organizar fiestas, pero en esta ocasión no lo había hecho pues pensaba que sería demasiado para mí y no le faltaba razón. Solo me apetecía pasar este día con la gente más cercana, no tenía muchos amigos lo que reducía el círculo enormemente. Solo seríamos nosotras seis.
Mi teléfono móvil sonó, en la pantalla vi que se trataba de mi madre.
"¡Feliz cumpleaños Bella!" tuve que alejar algo el aparato de mi oreja o me quedaría sorda.
"Gracias mamá"
"¿Qué tal estás cariño?"
"Un poco mejor" René había estado muy preocupada por mí y sabía cuanto le alegraba oírme decir eso, noté como sonreía detrás del teléfono.
"Me alegro mucho, no sabes cuanto deseaba que te encontraras mejor, de hecho te noto en la voz más animada. Te lo dije, todo es cuestión de tiempo"
"Lo sé mamá"
"Ahora lo único que tienes que hacer es acordarte de los buenos momentos que pasasteís juntos"
No quería continuar hablando de aquello, si continuaba probablemente acabaría llorando y no quería tentar a la suerte "¿Tú que tal? ¿Dónde estáis?"
"Muy bien nena, estamos en Ohio. Oh, me tengo que ir ya. Oye pásalo muy bien, es tu día, disfútalo"
"Lo haré. Dale recuerdos a Phil y cuídate"
"Claro, te quiero"
"Y yo a tí" pulsé la tecla roja y sonreí, las conversaciones con mi madre siempre eran así, nunca duraban más de cinco minutos.
Alice me arrastró (una vez más) a una pequeña tienda, no era a lo que yo estaba acostumbrada, pero era acogedora, al menos no había grandes espacios diáfanos ni, sobre todo, esas molestas dependientas que te persiguen por toda la tienda preguntándote si necesitas ayuda.
Una vez dentro Alice corrió hasta uno de los percheros y cogió un pequeño vestido azul.
"Lo ví el otro día y pensé que era perfecto para tí"
"Alice, sabes de sobra que este no es mi estilo"mi estilo consistía básicamente vaqueros y camisetas.
"Oh vamos" entrecerró sus ojos y comenzó a hacer pucheros "Pruébatelo solo para hacerme feliz"
Resignada cogí el vestido y me metí en el probador, esa era una batalla que no podía ganarle a mi persistente amiga. Cuando me miré en el espejo me quedé sorprendida, aquel vestido se ajustaba a mi piel como un guante y marcaba las pocas curvas que me quedaban. A pesar de que esa semana había ganado algo de peso, aún seguía viéndome demasiado delgada, pero al menos con ese vestido no tenía un aspecto enfermizo.
Para mi gusto tenía demasiado escote, tanto por arriba como por abajo. El escote era palabra de honor y el largo del falda quedaba por encima de la mitad del muslo, nunca había llevado algo tan sexy. Ni tan caro, el precio era exageradamente elevado. Me lo quité algo decepcionada, no podía permitirme algo así, además estaba segura de que nunca me atrevería a llevar un vestido como ese.
Alice aún tenía ganas de seguir comprando pero yo ya estaba demasiado cansada, no entendía de donde sacaba esa energía mi amgia. Así que me despedí y cogí el metro hacía nuestro barrio.
Cuando llegué al portal del piso me quedé completamente paralizada. Ahí estaba él. Esperándome.
