Blackbird

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A Reckless Serenade

Capítulo 4

"Metamorféame,
Hazme cambiar de fe,
Hazme cambiar de piel."

― Metamorféame, Caifanes—


Siempre fue una criatura extraña, demasiado egoísta si le preguntaban. Quedaba menos de una semana para que el verano terminara e iniciaran cursos en una época totalmente distinta, sin embargo Pansy no se había detenido a pensar una forma de volver. Era una experta averiguando cosas, no siempre lo aplicaba con el propósito correcto, pero lograba su cometido, el cual se trataba un noventa por ciento de las veces en descubrir secretos para humillar a alguien. A pesar de esto, en ningún momento se ofreció a ayudar a Hermione con su investigación. La vio devorar libros, gastar cientos de pergaminos en notas que terminarían en la basura, pero no compartió su frustración al no encontrar una alternativa.

¿Es que no quería regresar? Por supuesto que extrañaba a Draco y a Nott, pero a pesar de eso no podía pensar en una razón para querer volver a una situación cargada de miseria y muerte. La sangre sucia en cambio tenía mucho más que perder, una familia esperándola en casa, su novio el pobretón Weasley y su amante el cara-rajada Potter, por no hablar del resto de sus insufribles amigos. Era un intento fallido de heroína con una misión que solo Granger aceptaría, mientras que ella se trataba de una joven escapando del daño colateral.

Caminó un par de metros más, abriendose paso entre la multitud, hasta llegar a la entrada de Gringotts. El vejete del director les proporcionaba dinero para sus necesidades pero nunca le había gustado confiar en ancianos, tarde o temprano pedirían algo a cambio. Le había tomado tiempo investigar su historia. Sabía por la boca de su padre que nadie nunca volvió a ver a Bertrand Parkinson después de que este rechazara a la familia, la mayoría lo creían muerto en una de sus expediciones, pero nunca se pudo comprobar o reclamar el cuerpo. Era 1977 y el pobre Bertrand llevaba poco más de 20 años desaparecido. Su plan era perfecto. Una vez dentro del banco buscó la atención de aquellas criaturas que tanto le disgustaban.

— Deseo entrar a la cámara Parkinson.—Su rostro era impaciente y no se molestaba en esconder el desdén que sentía por aquellos seres.

Uno de los duendes la miró con suspicacia y se inclinó sobre la mesa para observarla. Pansy lo miró con asco. Siempre había odiado a los duendes, su apariencia era desagradable, por no hablar de su personalidad. No eran más que elfos domésticos que sabían como contar.

— ¿Y quien hace esta petición?

— Pansy Parkinson, por supuesto.—su mentón se enalteció. No todo era malo al provenir de una familia sangre pura con una maravillosa solvencia económica.

— Un momento.

El duende tenía una lista en la mano y mientras buscaba, Pansy se dedico a analizarlo y preguntarse si era hembra o macho. Los duendes eran tan feos que jamás podía decirse.

— Su nombre no aparece en la lista y a decir verdad, no lo había escuchado antes.

— Pero lo escucharais a partir de ahora.—Añadió con altanería. Sabía que no todo sería tan sencillo, pero no por eso le gustaba que aquel adefesio le pusiera peros.— Mi padre es Bertrand Parkinson. Crecí en Bulgaria, la India China y estudie en Francia. Es la primera vez que visito Inglaterra, así que demuestra un poco de hospitalidad y añádeme a la cámara sin más complicaciones, he tenido un largo viaje.—

Se cruzó de brazos mientras esperaba a que el duende se dignara a obedecer. Hace más de trescientos años el patriarca de la familia estableció una regla que decía que cualquier miembro de la familia podía tener acceso a la cámara, siempre y cuando continuaran con un linaje puro. — Por supuesto, tan solo necesito…

— Mi sangre.— Una sonrisa cínica se coló entre sus labios.

El duende asintió, visiblemente molestó, y la guió hasta la parte baja de Gringotts, donde se encontraban las cámaras de las familias más antiguas y adineradas de todo el mundo mágico. Aquello debía salir bien y con suerte, nadie más haría preguntas. Al descender y llegar a su destino, el duende le tendió una daga y le indico la puerta. Era más que obvio lo que debía hacer para que el hechizo de la cámara la reconociera. La hoja de la daga se sentía fría contra su mano y el corte apenas le causó dolor. De inmediato sintió la sangre fluir y la apoyó en la puerta. Símbolos en esta se iluminaron y con un crujido, la puerta se abrió. A pesar de que Pansy tenía planeado no tomar nada importante, no pudo evitar perderse entre las maravillosas joyas que se guardaban ahí. Bertrand solo tuvo un hermano, su abuelo, Bartholomew, por lo que la mayoría de esas joyas terminarían en posesión de su padre, y posteriormente como regalos hacia su madre tras cada aventura.

Un par de aretes de esmeraldas llamaron su atención, cuando era niña se los probó porque quería parecerse a su madre y accidentalmente perdió uno. Esa noche obtuvo una reprimenda donde escuchó una y otra vez como habían estado en la familia por generaciones y el perderlos era una gran ofensa. Pansy los tomó sin preguntárselo dos veces.


Estaba nerviosa, tanto como aquella vez en la que sus padres le dijeron que conocería a su prometido. Jamás había visto a Draco Malfoy, y con apenas siete años se puso a pensar ¿qué pasaría si no le gustaba? ¿Si no quería casarse con ella? Creía que sus papás la lanzarían a la calle, pues su único propósito era el de tener un matrimonio decente. Hasta ese día había estado confiada en que el destino le había dado una oportunidad para empezar de nuevo, ¿pero qué sucedía si no necesitaba otra oportunidad? ¿Si no importaba el hecho de que fuera un mortífago o no, sino que estaría sola por siempre? ¿Si a nadie le gustaba? Pansy siempre fue insegura, en parte motivado porque siempre la trataron como un objeto y no como una persona. Era la forma de asegurar una fortuna, la esposa trofeo que no podía abrir la boca, un soldado enviado a morir en las trincheras; nunca la hija, amante o arma. Es por eso que prefería insultar a otros y pretender que le desagradaban desde un inicio, a soportar un rechazo y entregar su amabilidad, a riesgo de que los demás se burlaran de ella.

Granger la tocó en el hombro y con un movimiento mecánico, comenzó a caminar a través del gran comedor. Era extraño estar ahí una vez más, con las grandes paredes iluminadas por velas flotantes y esa aura mágica en el lugar. Había recorrido Hogwarts durante todo el verano, pero el castillo no se había sentido tan vivo como en aquel momento. Los profesores estaban al fondo y los alumnos la miraban con suspicacia mientras recorrían en largo pasillo. Algunas con arrogancia, critica e incluso un par la veían con desprecio. Todos juzgándola desde el inicio.

Pansy no era nada como Granger, pero en ocasiones deseaba serlo. Ella no proyectaba calidez, serenidad ni inteligencia. Donde la castaña era una soleada tarde de verano, Pansy era el gélido invierno. La mayoría de los miembros de las casas se mostraban reacios a tenerla como compañera, a excepción de algunos Slytherin que eran imparciales hasta escuchar su apellido y comprobar que su linaje fuera digno de ser una serpiente. Sin duda sería aceptada en esa casa, pero la historia se repetiría. Habría deseado que por primera vez le regalaran una sonrisa de apoyo, no tener que comportarse de aquella manera, pero estaba en su naturaleza ver a los demás por debajo de su hombro. Ella nunca podría ser como Hermione porque eso implicaría ser débil, algo que no podía permitir.

Llegaron al final del pasillo y permanecieron quietas, lejos del gran grupo de niños que esperaban nerviosos a que dijeran sus nombres. Era hora de la ceremonia de selección. Las cosas tomarían un nuevo rumbo a partir de aquel momento, y Pansy aun no estaba convencida de hacerlo. Durante el verano había repasado la idea una y otra vez. Pros y contras. Incluso había analizado los posibles escenarios. Tenía que decidir esa noche, aunque dudaba poder hacerlo con la atención de Granger sobre ella, o mejor dicho, sobre las enormes esmeraldas que llevaba de pendientes. Normalmente su némesis no era una experta en moda, lo demostraban sus faldas largas y falta de pociones en el cabello, por lo que le parecía extraño que repentinamente despertara su interés por lo que usaba.

—Lindos aretes, Parkinson.—Soltó el comentario esperando una respuesta de su parte, pero Pansy se limitó a ignorarla y fingir que le prestaba atención a la lista de nombres.—Parecen costosos.

—Es porque lo son.

—¿Y puedo preguntar como pudiste pagarlos? La ayuda que nos da el profesor Dumbledore no es para mantener tu estilo de vida.

Frunció el ceño. ¿Y a ella que le importaba? Había planeado no decírselo pero no pudo contenerse ante la idea de que la perfecta sabelotodo creyera que tenía la razón.

—No pague un centavo por ellos, y antes de que creas que me rebaje a robarlos, te diré que han estado en mi familia por generaciones. Los saque de la cámara Parkinson junto con un montón de galeones para despilfarrar en mi excéntrico estilo de vida.

La castaña abrió la boca y la cerró, sin palabras. Estaba sorprendida pero no quería reñirla y armar una escena frente a todo el cuerpo estudiantil.

—Creí que había quedado claro el hecho de que no llamaríamos la atención, eso significa no dejar registros de nuestra estancia por todo el mundo mágico.

—Tu lo aclaraste, yo nunca acepte, además no pienso vivir a base de la caridad del viejo, o el próximo paso será convertirme en su jodida concubina.

Tras un suspiro de exasperación por parte de Hermione, permanecieron calladas por unos minutos. -Lo habían estado haciendo bien hasta aquel momento, siendo civiles la una con la otra, ¿por qué no podían continuar de aquella manera y ahorrarse problemas?- pensó Hermione. Tenía que hacer un esfuerzo, una de las dos debía ser madura.

— Es una pena que la túnica que estabas usando terminara en la basura. De lo contrario tendrías algo que usar el primer día. — Pansy se giró a ver a la castaña con una ceja encarnada. Si ese era su intento de pasar el tiempo, era bastante patético. La observó por unos segundos preguntándose si era hora de decirlo o no, pero finalmente decidió que si esperaba más, podría acusarla de tener algún plan maligno y servir al Lord. Era obvio que no había abandonado del todo aquella idea.

— No estoy tan segura.— hizo una pausa— No voy a ir a Slytherin.

— ¿¡Qué!?— Todas las miradas se giraron hacía ellas, incluyendo la de reproche de Mcgonagall, Hermione se dio cuenta de esto y bajó la voz a un susurró apenas audible. —¿Qué estás tramando, Parkinson?

— No es un loco plan maligno, si eso es lo que piensas, y ambas sabemos que lo haces. —Las chicas desviaron la mirada y Pansy fingió prestar atención a la ceremonia.— En realidad es bastante simple. En cualquier otra casa sería recordada como Pansy Parkinson, la maldita perra de la generación. Si termino en Slytherin una vez más, tendré que fingir que quiero pelear por el Lord Tenebroso, ser uno de sus seguidores y eso es precisamente de lo que intentaba huir. Hay una gran diferencia entre ser la chica mala del colegio y un mortífago.— Permaneció callada mientras Hermione hacía una mueca. Cuando vio que no estaba dispuesta a protestar, la miró. —Tengo un nuevo comienzo esta vez, ambas lo tenemos. Deberías probarlo, quédate lejos de Potter y esa estúpida bola de amigos que hicieron de tu vida un desastre. Ve a Ravenclaw y lee un libro o algo por el estilo. Diviértete, disfruta tu ultimo año como se supone que debemos hacerlo.

Se sentía bien decirlo en voz alta. Mencionar al Lord sin tener miedo de que mortífagos aparecieran. Dejar atrás sus errores y realmente poder disfrutar su último año en el colegio que todos amaban.

—Creo que…espera un segundo. ¿Por qué se supone que debo mantenerme lejos de Harry si el nisiquiera está aquí?— Hermione la miró con confusión y ella se limitó a rodar los ojos con exasperación.

—Me refiero a su padre, James Potter. — Algo pareció iluminarse en el rostro de Hermione e inmediatamente comenzó a buscarlos en la mesa de gryffindor. Bastaba con decirle que no hiciera algo, para que lo considerara. Y era ella quien se quejaba cuando rompían las reglas. Hipócrita.— Hace unos minutos, en los baños, escuche como dos chicas hablaban sobre lo perfecto que era. Una planeaba tropezar frente a él para que la ayudara, se enamorara de ella y tuvieran un final feliz por el resto de sus días. Lo que encuentro bastante estúpido, considerando que parecía haberse comido a tres Millicent Bulstrode y él apenas podría ayudarla a ponerse en pie.

—¿Qué nunca vas a dejar de ser una niña caprichosa sin respeto por los demás? Es por eso que no tenías ningún amigo. —Había roto la tregua, y aunque sucedió algunas veces durante el verano, no era una excelente idea sacar el tema en la ceremonia de selección.

—Tenía a Draco.

El resto de la ceremonia la pasaron en silencio, hasta que llegó su turno. Hermione fue la primera, y si por un segundo había considerado su sugerencia, había desechado la posibilidad cuando supo que Potter estaba en el colegio. No fue una sorpresa cuando el sombrero la envío a Gryffindor, casi podía escuchar la voz de Hermione suplicando por ello.

Era su turno y aun no estaba segura de nada. Parecía muy sencillo cuando se lo dijo a Hermione, pero la verdad es que quería sentirse aceptada, y el único lugar donde eso podría pasar era en su casa natal, donde había decenas de alumnos iguales a ella, que admirarían su actitud en lugar de repudiarla.

Subió el par de escalones con lentitud y sonrió internamente al ver el pequeño banco que estaba la esperaba. Cuando era pequeña tuvo miedo de que al intentar subir, el banco se tambaleara y terminara cayendo, ahora solo pensaba en lo ridícula que se veía sentada ahí.

"Vaya, vaya." la voz de el viejo sombrero resonó en su cabeza.

—Sly…—muchos en la mesa de Slytherin levantaron la mirada curiosos al ver que un nuevo miembro iba a su casa, pero compartieron la expresión de confusión de todo el comedor cuando el sombrero no completo la palabra.

"¡Alto!-pensó intentando callar al sombrero-Se lo que vas a decir, pero no quiero ir a Slytherin."

"Te recibirían con los brazos abiertos."

"No quiero ir a Slytherin." Hizo una mueca. Estaba mintiendo, quería ir ahí, vivir en el ambiente que conoció toda su vida, sentirse superior, adorada.

"Dudo que haya otro lugar para ti." Pansy sabía que el sombrero veía cada uno de sus anhelos y temores. La impulsaba a alcanzar lo que sería mejor para ella presionando los botones adecuados.

"No puedo ir a Slytherin. Estoy demasiado asustada de que la historia vuelva a repetirse."

"Es valiente de tu parte el aceptarlo. Hum. Estaba equivocado, hay otro lugar para ti en el que te aceptarían sin dudarlo, si tu logras hacerlo. Te ayudara a encontrar lo que necesitas."

¿Qué diablos significaba eso? ¿Valor? Oh no, eso no sonaba para nada bien. "Espe…" pero antes de que pudiera terminar la palabra la voz del sombrero invadió el Gran Comedor.

—Gryffindor.

Los murmullos de los estudiantes no tardaron en hacerse presentes, especialmente a ver que la cara de la chica era un poema y como esta se negaba a bajar del banco. Lentamente se quitó el sombrero y caminó con movimientos mecánicos hasta alcanzar un lugar lo más lejos posible de Granger, quien tenía los ojos abiertos de par en par y la mandíbula desencajada por la sorpresa. Sabía como debía sentirse, ella tampoco podía creerlo. La casa que odiaba, que le provocaba repugnancia, Gryffindor, hogar de pobres y sangre sucia, motivo de orgullo para quienes despreció toda su vida. Si tan solo Draco estuviera ahí le pediría que la asesinara en ese instante.

No podía pasarle eso, no a ella. Había una delgada linea entre no querer ser un mortífago y convertirse en una auror o un estúpido miembro del jodido ejercito de Dumbledore. Estúpido sombrero, a primera hora del día iría a la oficina del director y exigiría que la cambiaran de casa. Pasó gran parte de la cena pensando lo que gritaría al día siguiente hasta conseguir que la cambiaran a Ravenclaw y cuando se dio cuenta, estaba entrando a una habitación decorada con colores dorados y rojos, con telas baratas en los sillones y sin las serpientes características o la frialdad que abrazaba las mazmorras. Ese lugar era cálido, con una chimenea y mullidos cojines a su alrededor, los cuales parecían estar esperando a que alguien se acercara con una taza de chocolate en una noche de invierno. Jamás había estado en un lugar así, donde todos parecían sentirse cómodos y se escuchaban rizas por doquier. Estaba acostumbrada a sentarse recta y no encorvarse en los sillones como aquellas chicas, a actuar más con más formalidad o fiereza contra sus compañeros, a quienes clasificaba en tres tipos de personas, aliados, subordinados o enemigos. A la sutileza al saludar a alguien, no a los abrazos cargados de alegría y las sonrisas desconocidos.

Todo lo que había contenido en el verano salió a flote. Cada insulto, prejuicio y signo de desprecio estaban en la punta de su lengua, esperando a ser usados a la primera oportunidad. No estaba pensando en absoluto, simplemente quería salir de ahí. Lamentablemente no todos parecían entender las señales corporales que gritaban "alejate" y un chico se atrevió a acercarse a ella.

—Vamos linda–dijo mientras pasaba su brazo por sus hombros.—No mordemos. A menos que quieras que lo haga.—susurró esa ultima parte en su oído. Ella se alejó al instante como si el contacto le quemara. ¿Cómo se atrevía a siquiera dirigirle la palabra?

—Vuelve a decir eso y te cortare la garganta mientras duermes, asqueroso hijo— Sus gritos llamaron la atención de Hermione y ella se dio cuenta del gesto suplicante de la chica, mientras murmuraba un "No lo digas." Entonces se detuvo, si continuaba esa frase de la manera incorrecta podía prepararse para la peor estancia de su vida, y ante todo estaban frente a una serpiente, alguien que sabía hacer las cosas a su beneficio.—de una madre con retraso que seguramente se prostituye para alimentar a tu pobre familia.

Se dio la media vuelta y al subir las escaleras, se encerró en la primera habitación que encontró. Al menos ahora no la considerarían una purista desde el inicio. Tan solo debería sobrevivir hasta el día siguiente y podría cambiar de casa.


Tenía dos grandes problemas para los que parecía no haber solución. Tan solo le quedaba sentarse ahí a esperar un milagro, aunque con su suerte podía esperar una llovizna y posteriormente un resfriado. Recargó su cabeza en el árbol intentando olvidar la ira que la embargaba. Su primer problema era el hecho de que estaba en la casa de los leones y el segundo de como el director se negaba a sacarla de ahí. Aquella mañana mantuvo una calurosa discusión con él, para luego suplicar e intentar de todas las maneras posibles que accediera a cambiarla, pero por supuesto esto no ocurrió. Es como si el anciano intentara darle una lección o al igual que el estúpido sombrero, pensaran que es lo mejor para ella. Patrañas. Ella se conocía lo bastante bien como para saber lo que le iba bien y lo que no, y podría jurar con su sangre que aquello era una mala idea. Intentó relajarse, tal vez eso era lo que necesitaba, tan solo un poco de sol, el olor de la madera todavía húmeda y ¿colonia?. Olfateó una vez más solo para estar segura, pero el aroma no desaparecía sino que se intensificaba.

Abrió los ojos y se llevó una sorpresa ante la imagen del chico de la enfermería sentado junto a ella. Había pensado en él algunas veces durante el verano. ¿Quién era? ¿Por qué le recordaba tanto a Draco? Incluso se había propuesto buscarlo pero desde que las clases iniciaron no había pensando en nada excepto cambiar de casa. En un inicio creía que se trataba de una alucinación producto de las explosiones mágicas, pero una parte de ella mantenía la esperanza de que no lo fuera. No era una fantasía, sus ojos realmente eran iguales a los de Draco y aquello le dolía. Desvió la mirada hacia otro lado y pudo ver a un grupo compuesto por tres Gryffindors al otro lado del jardín, bromeando y haciendo una especie de saludo militar en dirección a ellos, el chico a su lado correspondió el saludo y sonrió.

—¿Qué quieres?—comentó de manera fría sin atreverse a mirarlo. No puede hacerlo porque es capaz de deshacer sus barreras. Hay un aire distinto que lo rodea, no se trata de los fríos ojos del padre de Draco, sino de aquel que ella conoce bien, su amigo jovial, el bromista, al único a quien permite abrazarla cuando las cosas van mal. Juraría que está a punto de ponerse a llorar en ese instante pero él responde y utiliza la dignidad que le queda para controlar sus emociones. Sus voces son distintas, mientras el tono de Draco es delicado y aristocrático en todo sentido, el chico a su lado tiene una voz jovial y masculina. Aquello de la fuerza para encararlo y contar una a una las diferencias, su cabello, su mentón, sus labios, la pequeña cicatriz que tiene en el mentón. Él no es Draco y debía acostumbrarse a que su amigo ya no está a su lado.

—¿Cómo estás?

Nadie le había preguntado como está desde que llegaron ahí y no sabe como reaccionar. Pansy no respondió porque ¿qué se supone que debe decir? ¿Bien gracias, excepto por el hecho de que estoy décadas atrás en el tiempo, todos me dieron la espalda, abandoné a mi mejor amigo frente a una posible muerte y existencia de amargura, por no mencionar que estoy aquí junto a la persona más irritante que conozco, pero agradezco tu interés? Ni pensarlo.

Él pareció entender la indirecta porque en lugar de indagar más acerca de su estado emocional, puso una pequeña caja de cartón en sus rodillas. Ella lo miró confundida pero el chico se limitó a reír y sacar un cigarro de la caja.

—¿Qué mierda es eso?—Ella no recordaba haber visto algo así jamás y dudaba del propósito que pudiera tener, aunque cuando él chico se lo llevó a la boca se volvió bastante claro. Él volvió a reír, el sonido era musical, cargado de una naturalidad que no podía encontrar en cualquier persona. Cuando Pansy sonreía solían ser más muecas forzadas o carcajadas crueles tiradas al aire, en cambio él parecía tener la capacidad de disfrutar las cosas más sencillas. Encendió el objeto con la punta de su varita y después de darle una calada lo puso frente a sus labios.

—Aquí tienes. Se supone que relaja y podría jurar que estás estresada en este instante.

—Tal vez se debe a tu presencia. ¿No comprendes las indirectas? Largate.

Sin embargo no quería que se fuera, no del todo. A pesar de que era una muestra de malos modales el ofrecerle de aquello en lugar de darle uno nuevo, decidió mantener la boca cerrada y no recriminarle.

Sin que el desconocido de ojos grises soltara el cigarro, ella lo envolvió con sus labios y aspiró. Fue una ilusa al esperar que todas las nuevas experiencias fueran buenas. El sabor era asqueroso. De inmediato un picor comenzó a recorrer su garganta conforme el humo pasaba y se vio presa de un ataque de tos incontrolable. Agradeció que él estuviera sosteniendo aquello porque de lo contrario lo quemaría por ofrecerle algo tan desagradable.

De nuevo su risa se hizo presente. ¿Cómo podía divertirle su infortunio? Cuando la tos finalmente cesó, frunció el ceño y lo miró con desaprobación.

—Mejora con la practica.

—Si, claro. No pienso volver a probarlo.—Era suficiente de la presencia de aquel extraño. —¿Quién diablos se supone que eres? ¿Estás acosandome o algo por el estilo?

El chico encarnó una ceja como si la ultima idea sonara ridícula y Pansy se sintió ofendida ante ese gesto. Era perfectamente común que los chicos se interesaran en ella al grado de acosarla, que no pusiera la suficiente atención como para averiguarlo era algo distinto, pero podía jurar que contaba al menos con una decena de admiradores de vuelta en su época. Ese pensamiento la hizo olvidar su distracción momentánea y él pareció notar que el animo de la chica se había ensombrecido,y tras dar una calada, respondió con una sonrisa característica.

—Soy Sirius Black, aunque creo que tu me conoces como Draco.

No hay respuesta alguna por parte de Pansy, que parece haber abandonado su cuerpo para concentrarse en los recuerdos de una vida que parece ahora tan lejana e irreal como las historias para dormir que le contaba su elfa cuando niña. "Sirius Black, el asesino." repasa una y otra vez los tabloides del profeta y se pregunta como alguien que actúa tan amable puede convertirse en un seguidor del Lord. Pero no es una gran sorpresa, después de todo tenía el poder para tentar a la más noble de las personas. "Sirius Black, el tío de Draco." Es por eso que le recordaba tanto a él, se trataba de un Black, no de un Malfoy. Era parecido a Narcisa, con esa aristocracia que emanaba a pesar de estar sentado en el pasto sin ninguna clase de preocupación. El heredero de una de las familias más antiguas y respetables del mundo mágico. "Sirius Black." Conocía su vida, todos conocían a Sirius. Era una historia que los padres contaban a sus hijos cuando se portaban mal. Una leyenda urbana. Un ex convicto asesinado dentro de una pelea en el Ministerio. Pero no estaba muerto, no en ese momento, porque su realidad había desaparecido por completo. Draco, Nott, Zabini, sus padres, Potter, el Lord. Granger tenía, como una de muchas, la teoría de que al llegar a esa era alteraron el tiempo, borrando su línea temporal. Eso significaba que el chico frente a ella no necesariamente se convertiría en un asesino, podía tomar decisiones que lo llevaran por otro camino, tenía una segunda oportunidad, al igual que ella.

Cuando él sacó un segundo cigarro de la cajetilla, ella se lo arrebató.

—Oh, dame eso.—Si estaba diciendo la verdad y aquello eliminaba la ansiedad, podía servirle para despejar la mente y aclarar todas las divagaciones que estaban cruzando por ella. Estaba preparada para un nuevo ataque de tos pero esta vez el humo se adentró en sus pulmones con facilidad, aunque el sabor seguía siendo horripilante.

—No lo mantengas en la boca, tienes que tragarlo. Así. Déjalo ir con cuidado.

Lo más cerca que había estado de fumar en el pasado era cuando tomó la pipa de su padre, pero eso no era considerado adecuado para una señorita, por lo que se ganó una gran reprimenda. Pensó que se trataría de algo más difícil o que tendría un mayor efecto sobre ella, pero en ese instante no sentía el maravilloso alivio del que Black hablaba.

—Se llaman cigarros. Puedes quedartelos si quieres. Compre varias cajetillas en mi ultima expedición al Londres Muggle.

Justo cuando creyó que podía controlarlo, e inhalar el humo se volvía más sencillo, la ultima palabra la sorprendió tanto que perdió el ritmo y comenzó a ahogarse nuevamente. Esa era la razón de que nada le pareciera familiar, se trataba de un invento muggle. El sabor le repugnaba aun más tras su descubrimiento. Apagó el cigarro contra el pasto y negó con la cabeza. Nunca volvería a probar uno, aunque la amenazaran con lanzarle un avada.

Gritos llamaron su atención. Venían del otro lado de los jardines, siendo más precisa, de los tres chicos que había visto en un principio. Sirius se levantó respondiendo al llamado y se despidió con un "nos vemos luego". Ni siquiera había preguntado su nombre, lo cual le parecía bastante estúpido. Negó con la cabeza y cuando estaba a punto de irse, notó la cajetilla que descansaba al lado de su mano.


Granger, junto con el resto de las chicas de su curso-a quienes ignoraba deliberadamente- estaban dormidas. Era el único momento en el que se atrevía a abandonar la protección del dolsel de su cama y cruzaba frente al espejo a retirar su peinado y ponerse un camisón. Se sentó frente al tocador y se quitó los aretes de esmeraldas. Lo cierto es que cuando la castaña preguntó por ellos en el gran comedor, no había podido recordar la razón por la cual los había tomado. Creía que dormir un poco sería suficiente y al día siguiente lo recordaría, pero seguía estando en blanco. Sabía que le gustaban, eran preciosos, después de todo, pero tenía el presentimiento de que había algo más. Una historia oculta sobre ellos, algo que los separaba del resto de las joyas en la bóveda. Después de unos segundos se encogió de hombros restandole importancia, fuera lo que fuese, no podía recordarlo.


En este capitulo quise enfocarme en Pansy, pues al ser el personaje principal, es quien enfrentará más aventuras a lo largo de la historia. En el siguiente capitulo veremos un poco más de los personajes y por fin un poco de Jily.

Como siempre pido su comprensión en cuanto a la pareja, ya que es extraña y se que puede indignar a algunos. Por favor, si no tienes algo agradable que decir (considero las criticas constructivas como un favor y una forma de ayuda), no lo hagas.

Muchas gracias por sus reviews y por las alertas, el sentimiento de emoción al leerlas es maravilloso. Las frases que dejo arriba son de libros, canciones o películas que me inspiraron para el capítulo, y que recomiendo al 100.

:D

Con amor, E.