Capítulo 3 Ni por vicio, ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Hermione regreso a la mansión después de un extenuante día en la oficina, había tenido que ir a una aburrida reunión en el Ministerio donde al final de cuentas no se llegó a ningún acuerdo. Rogaba a Merlín que su suegro no se encontrara en casa, aunque para ser sinceros después del altercado que tuvieron, Lucius había cambiado su actitud hostil y parecía que la evitaba. Solo hablaban lo necesario meramente como una cortesía, si él se encontraba en el cuarto con su suegra y ella llegaba a darle sus alimentos o sus pociones él se retiraba.
Llego a su habitación dejándose caer en la amplia cama, estaba muy cansada pero aun había cosas que hacer así que se encamino al vestidor para cambiar su ropa de trabajo por unas más cómodas. Salió de la alcoba y se dirigió a la de su suegra para informarle que ya estaba en casa y comprobar cómo se encontraba, Narcissa estaba como siempre sentada junto a la ventana leyendo, el yeso de su brazo ya había sido retirado y eso le permitía ser un poco más independiente.
- Estoy en casa – dijo la castaña mientras le sonreía a la rubia- ¿Cómo se siente?
- Bien querida, aunque estaría mejor si me quitaran estos estorbos de las piernas para poder moverme
- Es solo cuestión de tiempo suegra, aunque lentamente la poción está sanando todas sus heridas.
- Lo sé, pero no deja de ser un fastidio. Lo único bueno de todo esto es esa poción que me das por las noches que me hace dormir como no lo hacía en años
- Es que necesita descansar, además si no se le suministrara el dolor de la poción le impediría dormir. Bueno iré a ver cómo va la merienda y enseguida se la subo
- Esta bien, por cierto… ¿has visto a Lucius? No lo he visto en todo el día
- No suegra, no lo he visto, pero deje checo si está en su despacho y le comento que desea que suba
- Gracias linda – dijo la rubia regalándole una franca sonrisa
De no muy buena gana la castaña se dirigió al despacho esperando que su suegro no se encontrara, pero para su mala suerte ahí estaba muy concentrado revisando una serie de documentos.
- Buenas noches, Narcissa desea que suba suegro – Lucius levanto la vista encontrándose directo con los ojos de la esposa de su hijo mirándola fijamente cosa que incomodo a Hermione.
- Enseguida voy – dijo secamente- ¿cómo estuvo la reunión en el ministerio?
- Bastante aburrida para serle honesta y al final no se llegó a nada, solo fue una pérdida de tiempo
-…ya veo, ¿esta lista la cena?
- Si, en un momento más hare que se la lleven al cuarto de su esposa
- Esta bien, me gustaría que nos acompañara para que me informes los pormenores de la reunión si no te es molesto
- Por supuesto que no- dijo tratando de fingir tranquilidad, porque la verdad lo que menos le apetecía era condescender con su suegro más de lo necesario- si me disculpa iré a la cocina
Lucius se incorporó para dirigirse al cuarto de su esposa, esa noche daría comienzo a la titánica tarea de preñar a su nuera. Denali le había ayudado a preparar la poción que le ayudaría a facilitarle las cosas para entrar en su cama y más concretamente para entrar entre sus piernas….¡por Merlín! Solo de pensarlo le daban calosfríos, esa muchachita era todo lo contrario a lo que buscaba en una mujer con la que quisiera tener una noche de sexo, pero no había más remedio, así que debía encontrar la manera de suministrarle la poción que traía en su bolsillo.
- Su funcionamiento es parecido a la maldición Imperio – le había dicho la morena- solo que no tendrá conciencia de todo lo que se le obligue a hacer, deberás suministrarle veinte gotas solamente de preferencia por la noche, para que al despertar, si su cerebro registra cualquier cosa, lo tome como un sueño. Has que unte esta crema en todo su cuerpo también.
- ¿Crema? ¿Para qué? – la tomo el rubio olisqueándola.
- Con ella toda marca que le hagas en la piel desaparecerá y por la mañana no habrá rastro de nada.
- ¡Por favor Denali! ¡Como si me interesada intimar más de lo necesariamente requerido con esa chiquilla!
- Te conozco darling, por eso es mejor tomar todas las precauciones posibles y no tentar al destino.
La cena transcurrió de manera tranquila y aunque Hermione se sentía algo cohibida ante la presencia de su suegro, trato de que este no lo notara. Hablaron solo de los negocios como era su costumbre y para fastidio de Narcissa, ya que si no eran algo relacionado con el Corporativo Lucius no se dirigía a Hermione en lo absoluto, hasta el momento en que apareció uno de los elfos a retirar los platos.
- Gracias Truddy – le dijo la castaña a la pequeña criatura que se desvivía por atender a sus amos.
- ¿La joven ama desea que le lleve él te a su habitación?
- Si por favor, te lo agradezco.
Una luz de alerta se encendió en el cerebro del rubio, esa podría ser la solución para conseguir suministrarle la poción sin levantar sospechas, así que se disculpó de las damas y se retiró a su estudio donde mando llamar al elfo.
- Le mencionaste algo sobre un té a la esposa de mi hijo.
- Así es amo, la joven ama se toma un té de azares mientras lee o trabaja antes de dormir.
- Perfecto, quiero que de ahora en adelante viertas veinte gotas de esta poción en ese te que le llevas y me informaras cuando la chica lo haya tomado. No podrás contarle a nadie lo que te estoy pidiendo que hagas y sobretodo, nadie debe darse cuenta de lo que haces, es una orden ¿está claro?
- Como el amo ordene – dijo el elfo tomando la poción y haciendo una reverencia desapareció
Como cada noche Hermione bebía su te mientras leía un aburrido informe que necesitaba su firma, se sentía cansada y contrario a su costumbre decidió darse un baño de tina para relajarse antes de meterse a la cama donde nada más puso su cabeza en la almohada se quedó profundamente dormida.
Lucius se encontraba ataviado con su elegante bata de seda negra en su habitación recostado en la gran cama de dosel, se hallaba ansioso. Truddy le había informado que Hermione había ingerido su te, así que solo le quedaba esperar a que hiciera efecto.
Cuando considero que había pasado el tiempo pertinente, se tomó una poción afrodisiaca y se encamino hacia el cuarto de su nuera. Al llegar toco dos veces esperando no recibir contestación y al no haberla ingreso en el cuarto.
Hermione se encontraba profundamente dormida, su pecho solo cubierto con el encaje del fino camisón subía y bajaba acompasadamente mientras su indomable cabello se esparcía por las almohadas. La observo solo por un momento mentalizándose que lo que estaba a punto de ocurrir era lo correcto.
- Hermione, levántate – le ordeno. Como activada por un mecanismo la chica abrió los ojos incorporándose – escúchame bien lo que tienes que hacer. De ahora en adelante después de beber tú te iras a la ducha donde te asearas correctamente, después untaras esta crema en todo tu cuerpo, te pondrás tu camisón y te acostaras a dormir. Cuando el reloj de la última campanada marcando las once de la noche te desnudaras y solo te cubrirás con una bata e iras a mi habitación, lo que ahí suceda será borrado de tu mente y al día siguiente al despertar no recordaras absolutamente nada ¿está claro?
- Completamente – contesto de manera autómata
- Entonces desnúdate y sígueme
La chica acato la orden en el acto despojándose de su fino camisón, Lucuis pudo notar que la chica no llevaba ropa interior permitiéndole disfrutar brevemente de la desnudez de su nuera antes de que la cubriera con la delgada bata, encaminándose ambos a la habitación del rubio.
La habitación de Lucius estaba iluminada solo por una tenue luz dándole un ambiente íntimo, la desnudez de Hermione contrastaba con las sabanas gris oxford que cubrían la cama, el rubio se deleitaba observando detenidamente sus forma, jamás creyó que su insípida nuera fuera poseedora de ese hermoso cuerpo lleno de curvas. Su piel era suave y perfumada, sus senos de un tamaño perfecto parecían enmarcar unas lindas aureolas de un rosa suave que estaban coronados por dos suculentos pezones que incitaban a ser devorados, su cintura estrecha y su vientre plano parecían ser el camino que había que seguir para llegar a su monte del deseo, el cual protegía solamente una pequeña y bien cuidada mata de vello castaño.
Separo sus hermosas y bien tornaderas piernas adentrándose en el cuerpo de su nuera, sintiendo de inmediato como la calidez de su interior lo acogía. La poción afrodisiaca había hecho un efecto inmediato proporcionándole una erección casi dolorosa que solo fue aliviada por la estrechez del cuerpo de la chica. Comenzó a moverse pausadamente luchando por contener la lujuria que comenzaba a invadir su cuerpo, debía de ser cuidadoso o ella lo notaria por la mañana.
Lucho una y otra vez porque el instinto animal no se apoderara de él por las sensaciones que ese cuerpo le estaba produciendo. Su mente luchaba con su cuerpo tratando de convencerlo de que ese acto era su deber, una obligación, no debía disfrutarlo, no debía sentir placer en el cuerpo de la esposa de su hijo, pero le era cada vez más difícil contenerse. Sentía como la chica acompañaba cada arremetida, como por instinto levantaba su pubis tratando de que la penetración fuera más intensa, sin que él lo previera y tomándolo totalmente desprevenido el interior de la castaña atrapo su miembro aprisionándolo y comprimiéndolo cuando el orgasmo de la chica exploto bajo de él cerrando fuertemente los ojos y abriendo su boca sin que de esta surgiera ningún sonido arrastrándolo consigo depositando en el interior de la castaña su semilla.
Hermione se levantó esa mañana con mucha energía y muy buen humor, hacia muchos días que no dormía tan bien como esa noche, específicamente desde que su marido había salido de viaje que no descansaba así, por lo general daba vueltas por horas en esa gran cama antes de conciliar el sueño levantándose cansada y somnolienta. Pero esa mañana era diferente, pareciera que el sol brillaba con más resplandor, que los trinos de los pájaros eran mucho más melodiosos y que la fragancia de las rosas cultivadas en los jardines olían mucho mejor. En definitiva su día pintaba bien desde el comienzo. Por primera vez en días no se sentía tan excitada, como si la necesidad de sexo hubiera menguado y eso la hacía sentir feliz.
Después de darse una reparadora ducha se vistió y arreglo como era su costumbre de manera discreta pero elegante para bajar a desayunar y luego ir a la oficina. Para su sorpresa su suegro se encontraba en el desayunador leyendo el periódico y tomando café; era muy raro que se lo encontrara a esas horas por la casa, ella sabía que el la detestaba así que procuraba estar lo menos posible en las áreas de la casa en las que ella regularmente habitaba
- Buenos días – dijo de manera educada sentándose en el otro extremo de la mesa poniendo la mayor distancia entre los dos
- Buenos días muchacha ¿dormiste bien? – Dijo doblando el Profeta llevándose la humeante taza de café a los labios mientras la miraba de aquella manera con un rastro de preocupación algo poco usual en su suegro
- ¿Qué te apetece? Café o té
- Café…gracias –contesto tímidamente
- Trudy- se dirigió a la elfina que en esos momentos le servía un plato de frutas y tostadas –atiende a la señora ¿Cómo te has sentido con esos menjurjes muggles que estas tomando? – Pregunto de forma distraída, aquella pregunta la tomó por sorpresa, era la primera vez que Lucius Malfoy se interesaba en ella en los seis años que tenia de relación con Draco lo que lo volvía desconcertante
- Bien….gracias, todo normal – Sin saber por qué las señales de alerta se encendieron en su cerebro. Lucius percibió la turbación de la chica dándose cuenta que estaba cometiendo una estupidez al querer indagar si su nuera recordaba algo de la noche anterior, ya que era obvio que no porque de lo contrario ya tendría en su casa a todo el escuadrón de Aurores
- Que bien –dijo secamente tratando de volver a la normalidad- ¿para cuándo está programada la junta con los inversionistas de Albania?
- Para dentro de dos semanas
- Perfecto, hazme llegar las propuestas que se les presentaran para analizarlas- dijo limpiándose los labios de manera elegante con la servilleta y levantándose tomo su bastón – que tengas un buen día- dirigiéndose a la salida se marchó dejando a una desconcertada castaña que no tenía idea de lo que estaba pasando
