Título: Tatuaje
Capítulo 4: La muerte de Lucy
"Si robaran el mapa del país de los sueños
Siempre queda el camino que te late por dentro
Si te caes te levantas, si te arrimas te espero…"
El North Blue era un mar calmo. La gente que lo habitaba no le hacía asco a los piratas, incluso habían permitido que anclaran en el puerto como cualquier visitante, a pesar de ostentar la famosa (muy famosa) bandera pirata de Barbanegra. En otros tiempos, cuando los cuatro grandes yonkos eran los reyes del Nuevo Mundo, la gente común estaría muerta de miedo en sus casas habiendo cerrado muy bien las ventanas e incluso así sabían que su vida estaba llegando a su fin. Pero, en esta nueva era, sin yonkos, sin Barbanegra y sin el Rey Pirata, ya nadie tenía tal nivel de pánico.
La noticia de que su padre, Monkey D. Luffy estaba muerto la había afectado mucho menos de lo que hubiese imaginado hacía tiempo atrás. Prefería pensar que la vida a bordo de aquel navío la había endurecido, que la utilización indiscriminada de su perfecto haki de armadura la estaba endureciendo también por dentro, o que el estar tanto tiempo a la defensiva había logrado hacer de ella realmente una mujer de hierro. Porque después de haber leído el periódico, lo hizo un rollo, se lo metió en el bolsillo de atrás del pantalón de gabardina negro arremangado hasta las pantorrillas que llevaba aquel día, encendió un puro de los que fumaba Barbanegra y a los que les había tomado el gusto, aspiró el humo con fuerza y cuando lo exhaló dejando una nube gris, dejó ir también la tristeza por aquel nefasto momento. Aquella Capitana pirata sentía que Lucy también había muerto.
Monkey D. Lucy había muerto el mismo día en que dejó ir a su pequeño Koichi con Bella. Ese mismísimo día en que asumió su realidad por mucho que le costara. Lucy murió a manos de la que ahora, tres años después, era: una mujer corajuda, con los cojones más grandes que cualquier pirata que vivía con ella en esa nave, e incluso mucho más que muchos otros que navegaban el Grand Line o cualquiera de los Blues. Ella era de verdad una mujer de hierro.
Muy a su pesar, el grupo de bucaneros, rateros, salvajes e imbéciles que viajaban con ella en el barco eran una banda reconocida en el mundo entero, y, aunque ni en diez mil años se parecerían a algo como lo que ella había soñado tener, debía lograr que no sólo ellos la respeten y se respeten a sí mismos, sino que necesitaba imperiosamente que el mundo la reconozca como una nueva pirata a la que temer. Debía ser grande, tan grande como fue su padre, para que Koichi pudiera refugiarse en ella y no andar vagando por el mundo, tal vez huyendo como lo estaría haciendo en ese instante.
Al poco tiempo de llegar al North Blue y de enterarse de la verdadera causa de la muerte de Luffy, supo que la banda de Sombrero de Paja se desintegró y que cada uno de ellos había emprendido una solitaria marcha hacia su destino final. Primero pensó que tal vez Leiko habría querido decirle algo sobre la terrible enfermedad del Rey Pirata cuando la llamó por den den mushi hacía unos meses y que tal vez por culpa de su egoísmo no dejó que su amiga se expresara. Y eso le jugaría en contra ahora que se encontraba a la espera de información sobre su pequeño hijo de apenas cinco años.
Mirando el horizonte desde la playa de aquel pueblo, pensaba en el verdadero motivo por el que no había ido aún al East Blue a buscar a Koichi. ¿Miedo? No, jamás. O tal vez sí. Miedo a que los renegados, incluso después de esos tres años de victorias ininterrumpidas y de tener recompensas de muchos millones, quisieran arrebatarle el mando al verdadero heredero del trono de Barbanegra: el pelirrojo Koichi. O simplemente enfrentar la verdad de su realidad la acojonaba tanto que no quería siquiera pensar en verle el rostro a su madre o a sus hermanos.
– Capitana, todo está listo para zarpar – el escuálido hombre la sacó de su ensimismamiento. Lo observó seria. – ¿Está todo bien? – agregó el tipo, pálido y ojeroso.
– ¿Alguna vez se te ha pasado por la cabeza asesinarme? – le preguntó, logrando que el sujeto comience a sudar frío.
– Pe… ¡pero qué cosas dice, Capitana! – soltó nervioso.
– Veo que si lo has pensado – sonrió. – Me agrada, porque si lo pensaste y no lo hiciste es porque me tienes miedo – el tipo no supo qué contestar. Simplemente bajó la mirada.
– Usted es muy fuerte, señora – la voz casi no le salía. – Sería inútil hasta sólo pensar en matarla. Ninguno de nosotros lograría atravesar su haki
– Muy bien – le tocó el hombro. – Nos vamos – y mientras se alejaba Lucy pensó que definitivamente esos hombres habían asesinado a Lucy y habían dejado viva a la mujer del haki poderoso. Y eso es lo que haría, dejar que el rumor de Monkey D. Lucy muerta recorriera todos los rincones del mundo.
El presente, no fue el futuro deseado de ninguno de los nakamas del Rey Pirata. En alguna isla del Paraíso, Brook tomaba té con un hombre muy elegante y serio. No había dicho absolutamente nada por respeto a la concentración del hombre, pero creía que reventaría si ese silencio no se cortaba con algo.
– Arashi san – la voz de Brook lo sacó de sus pensamientos. El moreno, que tenía unos treinta y tantos, volteó con expresión cansada. Llevaba gafas de lectura. – ¿Qué es lo que sucede? – preguntó el esqueleto desde el otro lado del escritorio. Una taza de té humeante descansaba sobre sus manos.
– No hay novedades – dijo. Su voz sonaba apagada.
– Pensé que ya no tendrías esperanzas – Brook dejó la taza sobre el escritorio.
– Hace poco hablé con Leiko – se recostó sobre el respaldo del sillón. – Ella tampoco tiene novedades en el East Blue
– Nami san también está en el East Blue – Brook parecía decirlo más para sí mismo que como información para Arashi. El hombre asintió.
– Por supuesto que Oka san no sabe que lo busco – Brook no dijo nada. – Ya es suficiente con que sepa que no podrá ver más a su hija – apretó los dientes.
– No fue tu culpa, Arashi san. Lucy san sabía dónde se metía – el esqueleto quería consolarlo, pero sus palabras estaban inevitablemente cargadas de culpa.
– Si lo fue, Brook san – apoyó sus codos sobre el escritorio y luego su cabeza sobre sus manos. – Permití que mi hermana se involucrara con el peor enemigo de Oto san y ahora no tengo ni a mi hermana ni a mi sobrino – suspiró. – Ni a Oto san
– Es cierto que Luffy san nos dejó… – reflexionó Brook. – No tienes que pensar que fue tu culpa. Lucy san eligió casarse con él, sabía quién era y aún así decidió irse
– ¡Pero yo podía haberlo evitado! – gritó Arashi. Se hizo un silencio incómodo, en el que el moreno retomó su compostura. – Leiko – volvió a hablar más calmo. – Leiko me dijo que la última vez que habló con Lucy – apretó los dientes – ella le pidió que no nos preocupara – estaba a punto del llanto. – Leiko no me lo dijo hasta ahora para evitar esto – golpeó la mesa. – Pero ahora – apretó los puños, Brook se mantenía en silencio – ya es tarde
– ¿Pasaron tres años desde que murió Lucy y recién ahora Leiko dice eso? – una tercera voz se escuchó. Los dos hombres voltearon y vieron otro hombre de cabello negro, un poco más joven que Arashi.
– Ray – Arashi estaba sorprendido de ver a su hermano.
– Silencio – dijo Ray. – Sólo vine para decirte que mamá está bien y te está esperando en Cocoyashi
– No iré hasta que no encuentre al chico
Hola a todxs! Espero que les haya gustado el capítulo. Lucy es una mujer muy fuerte, no sólo físicamente sino también de espíritu. ¿Qué creen que está pensando? Yo creo (si, es cierto, es mi personaje, pero como muchos de ustedes seguramente saben, me gusta darles vida propia y aunque parezca chiste, a veces no sé exactamente lo que están pensando) que Lucy quiere alejarse del lugar donde está confiada está su hijo, a salvo con Bella, y conformar una banda fuerte y a la que todos teman, ser una capitana pirata de renombre para que luego, cuando vaya a por su hijo, no tenga rival. Ahora bien, está en el North Blue, ¿se les ocurre algún enemigo poderoso que pueda confrontarla? Jeje, que mala soy.
Por otro lado tenemos la enfermedad de Luffy. Siempre pensamos con mi marido que Luffy morirá joven: entre los esfuerzos sobrehumanos para hacer sus técnicas y el sometimiento a los tratamientos de Ivankov con sus hormonas (tanto en Impel Down como en el Guerra de Marinefod) estamos casi seguros de que la vida del pobre va a ser corta. ¡Eso si! ¡Va a ser el Rey de los Piratas! Por este motivo pensé que él fallecería así de improviso y dejaría a toda la banda separada. Ahora bien, vimos a Robin y también sabemos que Nami está en Cocoyashi. ¿Qué habrá sucedido con el resto? ¿Y Zoro? ¿Por qué no está con Robin? Juajua
Espero que disfruten la historia y a pesar de que no me han dejado comentarios aún, confío en que les está gustando. Gracias por leer, Mary.
