Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta historia está escrita con el único fin de entretener.
Nota: fanfic escrito en conjunto con Capitana Morgan.
Advertencias: lenguaje vulgar, referencia a temas adultos y sexuales.
Sesshōmaru y Kagura
Vale, la carta para Bankotsu había funcionado maravillosamente bien. Si era sincera, Kagura no se esperaba tamaña respuesta por parte del guerrero, tan dispuesta y condescendiente. Tan… complaciente.
No pudo negar que se sintió satisfecha consigo misma. Por momentos no se podía creer el intenso poder de atracción que podía despertar en un hombre y de pronto, ¡puf! se aparece un matón dispuesto a matar a uno de los peores demonios y enemigo público número uno sobre la tierra sólo por ella.
Ya hasta pensaba que sus tetas eran un arma mucho más efectiva que sus cuchillas de viento. Es decir, ¡con ellas podía controlar la voluntad de un hombre, no sólo rebanarlo en miles de pedacitos!
Pero si ponía los pies en el suelo, el mercenario también lo hacía para salvar el propio pellejo y el de sus amigos, pero Kagura quería pensar que era únicamente por ella. Aish, que hasta le entraba un cosquilleo de mariposas (una más idiota que la anterior) en el estomago y se sonrojaba.
A decir verdad, ya con los pies bien puestos sobre la tierra, aquello no era nada romántico. No eran una pareja de amantes que se adoraban con locura, dispuestos a sacrificar el pellejo y la vida por la persona amada. Ambos tenían sus propios intereses y sabían los beneficios que podían conseguir de formar aquella alianza y llegar a un resultado satisfactorio para ambos tanto en el final como en el proceso.
Tendría que pagar con su cuerpo, sí, pero apenas y lo consideraba un pago dado que Bankotsu le gustaba y que, además, era terriblemente atractivo, así que en cierta forma la que llevaba el plan con maña en todo ese asunto era ella, porque si se trataba de pedirle una fortuna a cambio, ahí sí le tocaría pasarse a joder, porque aunque Naraku tuviera pinta de terrateniente acaudalado y refinado envuelto en aquellas caras ropas, se podía decir que estaba en bancarrota y que prácticamente era un indigente; sí, la Perla de Shikon daba mucho poder y todo lo que quisieras, menos monedas. ¡Ya ni castillo tenían! Se la pasaban yendo de templo en templo abandonado como base de operaciones cada tanto, igual que un montón de vagabundos sin casa.
Que hablando de eso, siempre tenía la opción de asaltar un castillo feudal o secuestrar algún terrateniente a cambio de un buen rescate, pero eso era mucho trabajo y riesgo. Kagura realmente prefería pagar con otras cosas, con cosas tal vez un poco más placenteras, sencillas y rápidas, al menos en casos tan extremos como ese.
Y vaya que lo había tenido que hacer. El muy idiota de Bankotsu cumplió su palabra yendo a verla un par de días después de enviarle su respuesta por medio de Kanna, y si bien charlaron los pormenores y detalles de su nueva alianza y complot contra Naraku (luego de que ella intentase matarlo a forma de cálida bienvenida), Bankotsu también vino por su adelanto del pago al trabajo que haría, y a Kagura no le quedó de otra más que, básicamente, convencerse de que aquello sería como chupar una paleta de banana.
Bah, bueno, no es que supiera a plátano o fuera todo un manjar como los hombres siempre aseguraban para convencer a las chicas, pero hasta se sintió poderosa y más sensual que nunca al ver al gran guerrero Bankotsu, dueño de más de mil vidas arrebatadas por sus sanguinarias manos, retorcerse de placer, sudando y apretando los dientes por su culpa, mientras ella hacía su trabajito sobre él, incluso cuando había sido la primera vez que hacía tal cosa.
Al menos se convenció de que hizo un buen trabajo para ser una primeriza, todo estaba en la actitud y Bankotsu quedó más que satisfecho, y a Kagura le quedó ese gusanito de euforia y aquella excitación de sentirse una especie de súcubo. Incluso disfrutó cuando terminó su trabajo y el moreno quedó todo imbécil un buen rato, sonriéndole como tonto.
Pero en fin, eso no era lo importante. Lo importante es que, además del mercenario, no podía simplemente quedarse de brazos cruzados esperando que el muy idiota actuara, que sabrá el cielo cuándo lo haría (sin contar que lo podían matar en el proceso). Necesitaba algo más seguro que su alianza con él: un segundo plan, una segunda opción a la cual pudiese recurrir en caso de que las cosas no salieran como ella esperaba, lo cual, con la suerte de mierda que se cargaba, seguramente sucedería.
La respuesta le llegó rápido en cuanto la pensó. No era una segunda opción, era la opción que siempre había tenido desde que vio a ese demonio enfrentándose a Naraku sin un ápice de miedo y un autocontrol que parecía fuera de este mundo o cualquier ser vivo, con una fuerza y determinación arrogante que sólo podía ser digna del más cruel de los dioses.
Sesshōmaru. Necesitaba de Sesshōmaru.
Kagura sabía que si había alguien con el suficiente poder para matar a Naraku, ese era Sesshōmaru. Tenía más posibilidades que Bankotsu y todo su grupo incluso si estuviesen peleando en equipo junto a InuYasha y sus amigos. Era una verdad que tenía comprobada desde el primer momento en que lo vio.
Por desgracia, Sesshōmaru jugaba en otro bando. No sabía si catalogarlo dentro del bando de los buenos o de los malos; más bien, él parecía estar en un bando neutro: no estaba del lado de nadie, solamente estaba en su propio lado. Pero a la hechicera de los vientos le daba igual dónde estuviera, si podía matar a Naraku, le servía y le estaría agradecida eternamente.
También le daba igual si lo hacía por ella o no, aunque pensaba que sería genial que, en parte, lo hiciera por ella, tal y como Bankotsu lo hacía. ¡Oh, bueno, que a veces se le salía lo romántica! ¿Qué tenía eso de malo? Si fuera por ella le cortaría las bolas a Naraku, pero no podía. Fin del asunto. Pero si lo hacían por ella, eso le daba una especie de extra delicioso e irresistible que muy en el fondo pugnaba por hacerla sonrojar como una quinceañera tonta.
Si era sincera, también estaba dispuesta a pagar a Sesshōmaru con intimidad, pero por otro lado veía al demonio tan estirado, tan frío y serio, que hasta pensaba que el tipo era virgen. O quién sabe, puede que esa máscara de seriecito no fuese más que el engaño enmascarado de un auténtico pervertido.
O peor aún… ¿y si le gustaban los hombres, así como a Jakotsu?
¡Vaya desperdicio de demonio!
¡O todavía más horrible…! Se dijo, con los ojos abiertos como platos, como si fuese víctima de la más espantosa de las revelaciones…
¿Y si Jaken, el pequeño demonio verde que siempre lo acompañaba, era su amante? ¡Y bueno! ¿Qué más podía pensar, si esos dos se la pasaban juntos todo el maldito día por quién sabe cuántos siglos? Sin contar el hecho de que Sesshōmaru nunca terminaba de matar a Jaken, a pesar de los muchos fallos y desventajas que significaba tener a un demonio tan inútil como sirviente. Alguna razón de mucho peso debía existir entre ellos como para que Sesshōmaru le perdonara tantas y le permitiese viajar todavía a su lado.
Y en ese caso… ¿quién podría ser la mujer y quién el hombre en aquella dispareja relación? Porque a pesar de que Sesshōmaru siempre observaba por encima del hombro a todo el mundo, con aquella glacial expresión de "te voy a matar", sus manos, por otro lado, gritaban de manera chillona "manicura". En cambio Jaken, el pequeño demonio rana, por extraño que pudiese sonar, lucía por mucho más varonil y no tan delicado a pesar de no ser más que un pequeño demonio enano, flaco y verde, pero al menos no se le veía peinando primorosamente su cabello (ah, cierto, ni siquiera tenía) ni escogiendo la combinación perfecta de sus ropas. Aquellas actitudes terriblemente vanidosas de Sesshōmaru eran, usualmente, propias de las mujeres, incluso ella misma caía en esas cosas cada mañana.
Kagura negó con la cabeza repetidas veces y se obligó a quitarse de la cabeza la desagradable imagen de Jaken dándole matraca a Sesshōmaru. Ella era perversa y como cualquier persona con libido podía soñar con extraños placeres eróticos, pero no era tan perversa como para que le gustase la idea de ver a semejante monumento de demonio en un papel tan pasivo en manos de un sapito verde con pico de ave y amarillentos ojos saltones.
Pero en fin, no ganaba nada haciendo suposiciones sobre las preferencias de Sesshōmaru. Lo único que tenía seguro es que el tipo era fuerte, poderoso y estaba dispuesto a matar a Naraku, y también estaba dispuesto a recibir toda la "ayuda" que pudiera conseguir aunque jamás se dignase a agradecerle. Kagura lo sabía porque en más de una ocasión lo había buscado para darle pistas con respecto a Naraku, y a pesar de la cara de nada que le ponía Sesshōmaru, nunca le decía que no a su ayuda, lo cual daba a entender que la aceptaba, muy a su manera, claro.
El único problema es que contactar con Sesshōmaru siempre era difícil y una acción casi suicida por el hecho de que él no estaba en su bando, a diferencia de Bankotsu, con quien podía disimular; la ventaja es que era mucho más fuerte que el líder de los Siete Guerreros (aunque Kagura jamás se lo diría, no tenía intenciones de dañar el frágil ego que poseía todo hombre), sin embargo y por otro lado, la demonio no se podía dar el lujo de dejar pasar aliados así como así, mucho menos a alguien como el demonio perro.
Tendría que morderse uno y la mitad del otro, pero se decidió a hacerlo. Total, ya lo había hecho una vez y había funcionado perfectamente, ¿por qué no con Sesshōmaru?
Al desgraciado perro también le escribiría una carta.
Sí, debía funcionar.
"Querido Sesshōmaru,
Te preguntarás por qué te envío esta carta, y antes de que siquiera pienses en romperla con tu gran espada, ¡léela completa! Te juro que no te haré perder el tiempo, sólo necesito que sepas lo que quiero decirte, Sesshōmaru.
A decir verdad, no sé si esto de enviarte una carta de amor (vale, si así lo quieres considerar… no es como si estuviera confesando nada; no, claro que no) en realidad vale para algo (con eso de que no sé ni siquiera para que… bando tiras), pero bueno, que de todos modos ya quiero sacarme este peso de encima.
En fin, la cosa es que quiero, ¡necesito!, que mates a Naraku. Créeme que ya no lo soporto. ¿Tienes idea de lo que es aguantar a un psicópata como él en casa?
No conforme con tener mi preciado corazón en sus manos (y no de la manera romántica) y tenerme cautiva como su esclava, se le ha metido en la cabeza la idea de hacerme su esposa y follar salvajemente con tentáculos en las mazmorras. ¡En serio, necesito que lo mates! ¡Prácticamente me acosa!
Sí, sí, otra vez con la misma cantaleta de que sólo tú puedes matarlo, pero no me salgas con que no te interesa. Sé muy bien que buscas la cabeza de Naraku desde hace un tiempo, y Sesshōmaru, querido, creo que durante mucho tiempo has cometido el grave error de no ver a la aliada que tienes en frente.
Debes estar con unas ganas de matarme que te cagas. Bueno, todo el mundo quiere matarme nomas se enteran que soy una extensión de Naraku; ya ni me ofenden esos dramas.
Pero me imagino que de realmente querer verme muerta, habrías buscado mi cabeza desde hace tiempo, ¿no? No te sonrojes, sé muy bien que te interesas por mí y la información que puedo brindarte. Ni te apures, no se lo diré a nadie… será un secreto entre tú y yo.
Siempre te he dicho que considero eres muy fuerte y poderoso… y guapo, ¿por qué no? Sólo alguien como tú podría encargarse de Naraku, y lo sostengo. Créeme que estoy dispuesta a hacer lo que esté en mis manos para ayudarte; sé que no puedo luchar a la par contra él porque tiene mi corazón, o sea, tampoco me pidas que me suicide así como así, pero soy buena espía y me las arreglo para conseguir información sobre él con el mínimo de pistas e incluso si no confía en mí.
Vamos, que hasta estoy dispuesta en tomarle la palabra de acostarme con él si así le logro sacar información para ti.
Y por favor, no me vengas con que soy una zorra (porque ni toquemos el tema de que eres un demonio… un demonio perro). Sin contar que poco te importaría si me tengo que prostituir por ti, al fin y al cabo que lo único que te interesa es cortarle la cabeza a Naraku y te da igual cómo consigas la información. O lo que pase conmigo.
Joder, ustedes los hombres son todos iguales.
Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? Lo importante es que estoy dispuesta, ahora más que nunca, a ayudarte a matar a Naraku. Te lo digo, Sesshōmaru, no desperdicies la oportunidad que te doy. Soy una extensión de Naraku, vivo en el mismo lugar que él todo el día (insisto, ¿tienes idea de lo horrible que es? ¡Sobre todo cuando deja esos pelos rizados pegados al jabón!) Por lo tanto tengo información muy valiosa sobre él, lo que hace y deja de hacer y puedo tener todavía más si me hago un poco más la simpática. Información con la cual lo puedes atrapar y darle su maldito merecido.
Aunque, si lo llegas a atrapar y no consigues su cabeza (no digo que no puedas, sino porque, tú sabes, Naraku es tramposo y escurridizo como víbora) por lo menos, ¿podrías hacerme el favor de cortarle el pene, y los tentáculos de paso?
En serio, no quiero estar en una orgía con sus tentáculos, aunque a muchas le suene espectacular. ¡Dos en uno!
¡Qué digo, cuatro en uno, o más!
Soy una demonio hembra, no un maldito colador de cocina, carajo.
Y sí, sé que probablemente estés dudando de mí y todo lo que te escribo por lo mismo de ser una extensión de Naraku, pero a mí parecer creo que ya te he demostrado muchas veces que no estoy de su parte, ¿cierto? ¡He arriesgado el cuello por ti!
Y ni las putas gracias me das.
Esto tampoco es una trampa ideada por él, ni mucho menos un desesperado intento por atraerte para darle facilidades (sí, estoy segura de que ya piensas que soy su amante y he caído rendida a sus pies, ¡pero eso, jamás!)
Créeme que todas las malas cosas que he hecho, la mayoría de ellas no han sido porque yo he querido, sino porque ese bastardo me ha obligado (bueno, admito que algunas cosas sí las disfruté. No es como si tú fueras un santo, de todas formas, así que ni me juzgues).
Por ejemplo, el tema de Rin, cuando la secuestré. ¡Yo no quise hacerlo! ¿Por qué estaría yo interesada en secuestrar a tu protegida? Como si me encantara hacer de niñera… ya tengo suficiente con mis hermanos. Fue cosa de Naraku, me amenazó y todo, ya sabes. No tuve opción.
La cosa es que nunca fue mi intención meterme con la niña. Y créeme, Sesshōmaru, si me ayudas y quedo libre, te estaré eternamente agradecida. Hasta estoy dispuesta a cuidar de Rin (insisto, lo del secuestro no fue idea mía… y pues ya tengo cierta experiencia con los niños). Sabes que él tiene la culpa de todo, no es como si realmente quisiera hacer las cosas que él me dice… por eso sería mejor que lo mataras, así no tengo que andar secuestrando a la pobre de Rin, o tener que matar al imbécil de Jaken. A menos que quieras que lo haga.
O tal vez no quieres que para nada lo mate… ¡pero yo no me meto en tus asuntos privados, si es que tienes asuntos pendientes con Jaken! En serio, no es tema mío.
Aunque si así fuera, sería una lástima… ¡vaya desperdicio de demonio! (y me refiero a ti).
¡O sea…! ¡¿Qué tiene ese maldito sapo horrendo que no tenga yo?! ¡¿Es porque no tengo pene, verdad?! (¡Maldito patriarcado!)
Bueno, bueno… no, olvídalo, finge que no leíste eso. Me dio un arranque. Sólo ignóralo.
Como sea, si matas a Naraku, Sesshōmaru, estoy dispuesta a ser la niñera de Rin. Créeme que sería más responsable y capaz que el sapo ese que tienes por sirviente (o sea, él estaba ahí enfrente cuando me la llevé y el tipo no pudo ni levantarse sobre su rechoncho cuerpo). Es decir, creí que tendrías un buen criterio, ¡¿pero dejar a ese Jaken al cuidado de la niña?! Confío en Ah-Un, pero… ¿Jaken? Aunque supongo que probablemente le tienes mucha, muchísima confianza y una relación muy… cercana con él.
Vale, ya, no diré más sobre tu asuntito.
Agrégale a eso que tengo experiencia con los niños; la mitad de las extensiones de Naraku son mocosos, sé cómo tratar con ellos, y peor aún, ¡son niños difíciles, hijos de Naraku! Rin sería pan comido para mí. Dale unas florecitas y se anda entretenida todo el rato. No como Hakudōshi, por ejemplo, que lo tienes que acompañar en sus matanzas de ogros y aguantarle los berrinches monumentales para que esté a gusto la pequeña sabandija.
Ya, no me hagas caso, me desvié del tema. Y bueno, eso. Te pido de todo corazón (eh, ironía, ¿entendiste?) que mates a Naraku. No soporto un día más con él.
Espero tu respuesta, Sesshōmaru.
PD: insisto, si no llegas a matar a Naraku la próxima vez que lo veas, por favor, ¡por favor! Por lo menos córtale el pene y los tentáculos. Desde que se le metió aquella desagradable idea en la cabeza está insoportable buscando meterme la misma idea entre las piernas, literal, por eso ahora estoy tan malditamente desesperada en que me ayudes.
Siempre tuy…
(Bah, a la mierda esto).
Kagura."
Se sonrió al terminar de releer la carta por segunda vez. Sonrió de una manera que no lo había hecho al terminar de escribir la carta que le envió a Bankotsu o la respuesta insolente que le había dado a Naraku con respecto a la suya. Su sonrisa se vio dulcemente contrarrestaba por un leve sonrojo en las mejillas digno de la más soñadora de las adolescentes. Sin embargo se dio cuenta de ello y no pudo evitar llevarse una mano a la mejilla, ligeramente apenada, mientras soltaba un inesperado suspiro de ilusión.
Ay, es que eso de escribir cartas tenía algo de lindo, pensó.
Distraídamente volvió el rostro hacia Kanna, quien la observaba directamente y, como siempre, sin emoción alguna, sin siquiera preguntarse el por qué de la actitud tan extraña e inusual de la muchacha. Aún así Kagura se sintió juzgada por su mirada vacía al saber que actuaba como enamoradiza tonta.
—¿Qué tanto miras? —le espetó de mala gana. Kanna no reaccionó a pesar de haberla escuchado perfectamente. Se limitó a bajar el rostro hacia la carta que llevaba en las manos y se atrevió a hacer una pregunta, cosa bastante inusual con ella.
—¿Se la llevo a Sesshōmaru igual que con la de Bankotsu? —inquirió la albina.
Kagura arqueó una ceja, dudando. Si conocía a Sesshōmaru como lo hacía, sabía muy bien que el tipo no se confiaba mucho si le andaban dando las cosas sin dar la cara; por esa razón siempre tenía que mostrarse ante él cara a cara para darle alguna información, sino, no tomaba nada en serio. Si ya de por si sentía que le había dado demasiadas vueltas a su carta (y es que no había podido evitarlo. Todavía tenía en la cabeza la imagen de Jaken dándole dulce azúcar a Sesshōmaru).
—No, Kanna —suspiró, agotada. No quería pensar en la idea de no tener oportunidad alguna con el imponente demonio por culpa de… Jaken—. Se la daré yo misma, sino, no me tomará en serio. Tú encárgate de distraer a Naraku.
La petición de su hermana logró sacarle una mueca -muy pequeña y diminuta- de extrañeza a la niña, quien si acaso desvió la vista unos instantes, como preguntándose en silencio cómo diablos hacer eso. Kagura lo notó y farfulló algo de mala gana.
—¡No es tan difícil! —exclamó la hechicera de los vientos—. Sólo tienes que encerrarte en una de las habitaciones fingiendo ser yo. Comienzas a gruñir y chillar y maldecir… sólo intenta hacer la voz un poco más… adulta, grave o algo por el estilo. Y trata de ponerle algo de emoción a los insultos, ¿quieres?
Si bien era un hecho que Kanna no podía sentir nada, la pequeña albina pensó que su hermana estaba siendo más injusta con ella que nunca. ¿Cómo se supone que la iba a imitar para hacerle creer a Naraku que solo estaba encerrada en su habitación por si acaso al muy tarado se le ocurría pasar por ahí? ¡Simplemente no le nacía el profundo sentimiento de maldecir y gruñir con ira! ¿Y si le pedía verla expresamente a ella, directamente?
Estuvo a punto de preguntárselo, pero antes de poder decir nada, aunado a lo lenta que podía llegar a ser, vio marchar a su hermana a grandes zancadas y treparse en su pluma una vez que estuvo al aire libre, alejándose en las alturas del cielo.
La albina se quedó observándola desde el suelo, sin ser capaz de sentir angustia alguna por la difícil tarea que su hermana le había encomendado (sin contar el tremendo problema en el que se podía meter si Naraku la descubría haciendo de alcahueta).
A la demonio, por otro lado, ajena a los problemas que le había causado a su hermana (y todo por perder la cabeza por un tipo para lograr que su amo perdiera la suya) no tardó en encontrar a Sesshōmaru no muy lejos de ahí, siguiendo el rastro de Naraku.
Se quedó flotando sobre su pluma unos momentos, pensando en la mejor manera de entregarle la carta sin parecer una loca y al mismo tiempo lograr que todo aquello no pareciese una trampa orquestada por Naraku. Además, no tenía ganas de escuchar los insultos chillones de Jaken a su persona acusándola de bruja, mujerzuela, sucia sirviente de Naraku y quién sabe qué tantas blasfemias más (oh, ahora que lo pensaba bien, eso sonaba a celos por parte de Jaken… y prefería no pensar en eso, ni mucho menos verlo).
En cierto momento, aún en los aires, vio al séquito de Sesshōmaru detenerse en seco. El demonio albino pareció decirle algo a su protegida, Rin, porque la niña enseguida salió corriendo toda sonrisas llevándose a rastras al pequeño demonio sapo, aunque seguían a vista de Sesshōmaru igual que un serio e impasible vigilante.
Kagura encarnó una ceja. Él no levantó la vista, pero con su potente olfato seguramente había detectado ya su olor y esperaba por su movimiento, por eso ni la miraba, probablemente. A ella se le comenzó a calentar la cabeza, pensando de un lado a otro en completo caos de qué manera hacerle llegar la carta.
Estuvo así un par de minutos, ya al borde la impaciente angustia, cuando entonces, como por arte de la más oportuna de las magias, se le prendió el maldito foco.
No era exactamente buena con el origami (alguna vez Naraku mencionó que su siguiente extensión sabría hacer esas cosas, que porque según él a ella la consideraba una inútil y que por eso se la vivía pensando tonterías sobre escapar), pero en una ocasión, tiempo atrás y espiando al grupo de InuYasha a través del espejo de Kanna junto a Naraku (bueno, a veces se aburría mucho, qué más) vio a Kagome, la chiquilla de ropas raras que acompañaba al medio demonio, explicarle a sus compañeros algo de un gran avance de la humanidad: el avión, lo había llamado. Un aparato enorme que, según ella, podía volar y transportar gente y cosas a través de vastos países y mares, que el tiempo del que ella venía esa era la manera más rápida y segura de viajar grandes distancias.
A Kagura no le sorprendió que algo pudiese volar, después de todo ella misma, en esos instantes, estaba trepada sobre una pluma gigante tan práctica que hasta podía colgársela en el cabello, aunque no tenía idea de que en otros lugares le llamasen avión.
De todas formas, tampoco entendió mucho así como los amigos del perro, y Kagome, en un desesperado intento por hacerlos entender, no tardó en sacar una hoja de papel y hacer con ella una serie de sencillos movimientos y dobleces en el mismo hasta formar una figura alargada y punta afilada que se iba ensanchando conforme se extendía hacia atrás, todo junto a un par de extrañas alas laterales, y en cuanto dirigió al viento la figura, con la filosa punta dirigida hacia adelante, esta se elevó por los aires unos instantes y luego fue a enterrarse en el cabello de InuYasha, provocando las risas y burlas de Shippo, el pequeño zorro que los acompañaba, seguido de una serie de insultos mutuos entre esos dos y varios Siéntate's de Kagome.
Kagura se sonrió triunfal y no tardó en recordar con suma precisión la serie de movimientos que Kagome había hecho con aquel papel. Transformando la hoja donde había escrito su potente carta en un avión, sería una forma segura y por qué no, hasta original, de hacérsela llegar a Sesshōmaru, así que para cuando acordó y luego de un par de intentos fallidos, tuvo entre sus manos el mentado avión y tomándolo de la misma manera que la sacerdotisa lo había hecho, lo arrojó con grácil precisión directo al sitio donde se hallaba Sesshōmaru, pero una corriente de aire traicionera (de esas mismas que se supone ella controlaba) terminó desviando de su camino al pequeño avión de papel, que terminó estrellándose en la calva de Jaken.
—¡¿Qué, qué?! ¡¿Qué ha sido eso?! —Kagura vio al demonio sapo pegar un brinco de casi medio metro, asustado, sobándose la cabeza por el duro piquete y apuntando el báculo de dos cabezas hacia todos lados. Más que amenazador lucía terriblemente gracioso—. ¡Quien sea que me haya atacado lo volveré cenizas! —exclamó histérico, mientras la pequeña niña lo veía desconcertada, dejando momentáneamente su tarea de recoger algunas flores silvestres.
Sesshōmaru, a su vez, miró la hoja de papel en el suelo, con la punta ligeramente doblaba, y finalmente se atrevió a levantar la vista. Alcanzó a ver a Kagura en lo alto, montada en su pluma, adivinando que había sido ella quien arrojó aquello. Pudo verla, aunque le dio la impresión de que Kagura le guiñó un ojo antes de desaparecer rápidamente.
—¿Pero… qué es esto? —murmuró Jaken agachándose para coger el pedazo de papel. Lo miró desde distintos ángulos, tratando de adivinar de qué se trataba (no le hallaba forma), pero casi al instante Sesshōmaru se lo arrebató.
—Una carta —aclaró con calma mientras la desdoblaba con cuidado.
—¿Una carta? ¿De quién? —Jaken se acercó a su amo al tiempo que Rin le seguía el paso. De pronto un suave olor se desprendió de la hoja cuando finalmente Sesshōmaru la extendió por completo. El aroma era suave y discreto, así que sólo pudo ser captado por los dos demonios—. ¿Eso es perfume de jazmín? —inquirió el demonio sapo, sintiendo ganas de estornudar. Sesshōmaru esbozó una muy diminuta sonrisa, una que resultaba irónica por lo familiar que le resultaba la situación.
—Es una carta de Kagura —sentenció el albino al acercarla un poco más a su nariz para comprobar el aroma. Ya había notado desde mucho antes que Kagura solía usar perfume de jazmines para disimular el aroma de Naraku con el fin de que no la confundiesen con él.
—¡Esa bruja del demonio! —exclamó Jaken histéricamente en cuanto escuchó el nombre de la mujer, agitando el báculo como si la tuviese enfrente—. ¡Queme la carta, amo bonito! Seguramente se trata de una trampa de ese infeliz de Naraku.
—Jaken.
El llamado de su amo bonito, con aquel autoritario tono de voz que siempre le resultaba tan terroríficamente familiar, lo hizo cerrar el pico al instante y encogerse aún más. Rin, por otro lado, parecía muy feliz con la idea de saber que su amo había recibido una carta de la extensión de Naraku, y mostraba una enorme sonrisa de entusiasmo mientras le pedía a Sesshōmaru que la leyese en voz alta.
—Pero… amo bonito… —Volvió a murmurar Jaken, pero una gélida mirada de Sesshōmaru lo hizo callar de nuevo.
—Cállate —espetó, al tiempo que le extendía la carta a este—. Y lee.
—¡Qué emoción! —exclamó Rin feliz, dando saltitos, atrayendo la atención de ambos demonios mientras Jaken tomaba el papel entre sus manos temblorosas—. Yo creo que se trata de una carta de amor de Kagura para usted.
Jaken le reclamó algo a Rin acerca del amor y las verdaderas intenciones de Kagura, acusaciones y suposiciones a las cuales Sesshōmaru no prestó atención mientras la niña insistía con que no fuera aguafiestas. Casi al punto de la impaciencia, los hizo callar a ambos con una contundente órden y Jaken, como le había dicho, se dispuso a leer la mentada carta. Aunque Sesshōmaru luego se arrepintió profundamente de haber permitido que su contenido fuera leído en voz alta.
Para sorpresa de la hechicera de los vientos, recibió respuesta a su carta mucho antes de lo que jamás hubiese imaginado. De hecho, luego de tres días desde que la había enviado, tuvo que admitir frente a sí misma que había perdido ligeramente la esperanza de ver una respuesta escrita por parte del poderoso demonio perro, pero grande fue su sorpresa cuando, en un total de cinco angustiosos días de espera, Kohaku llegó con una carta en mano, asegurando que el mensaje iba dirigido a ella.
Luego de indagar un poco (pues no esperaba que el pequeño exterminador terminase involucrado, como si toda la vida hubiese estado ahí, planeando complots contra Naraku) resultó ser que Sesshōmaru había encomendado el envío de su respuesta a Jaken, pero Rin, sabiendo de la desconfianza que el acompañante de Sesshōmaru le tenía a ella, logró noquearlo y quitársela con el fin de que estuviera segura y luego buscó a Kohaku para dársela, a sabiendas que el muchacho convivía con Kagura y la respuesta llegaría (Rin juraba que Jaken terminaría quemando la carta).
Al darse cuenta de que, por alguna razón, Kohaku parecía estar llevando una convivencia extrañamente cercana con la niña, quiso indagar más sobre la naturaleza de su relación (¡el chisme del año!) pero apenas y pudo pensar cuando recibió la carta entre sus manos sabiendo que era de Sesshōmaru.
Ansiosa, entre muerta de miedo y rebasada por su propia emoción, la abrió, pero no se atrevió a leer su contenido inmediatamente. No sabía qué esperar exactamente: la mataba de miedo la sola idea de que Sesshōmaru creyera que estaba tratando de tenderle una trampa a imposición de Naraku, pero también la rebasaba la emoción del poder encontrarse con la posibilidad de formar una alianza más formal y concreta con el demonio. Si así era, no sólo tenía ya a Bankotsu de su lado, jugando en el mismo bando, sino también a Sesshōmaru en el otro lado (e incluso veía algunas posibilidades con el pequeño exterminador).
Eso sí… ni de broma Bankotsu podía enterarse sobre el hecho de que le estaba pidiendo la misma ayuda a otro hombre, montaría en cólera, al igual que Sesshōmaru no podía enterarse que le había pedido ayuda a un humano… un humano resucitado. Sería un golpe demasiado bajo para él y su quisquilloso orgullo, y sin duda alguna le terminaría retirando su ayuda y alianza.
Y por supuesto, el que menos podía enterarse de toda aquella intriga, era Naraku. Incluso le pasó por la cabeza la posibilidad de tener que acostarse con él para despistarlo como nunca. Claro, todo junto a un desagradable y extraño escalofrío.
De pronto se sintió como si estuviese jugando con los sentimientos de tres hombres, y lo peor de todo es que le gustó, y se habría seguido regocijando en su propia intriga un rato más de no ser porque Kanna apareció delante de ella, impasible e imperturbable como siempre, con el redondo espejo entre las manos y mirándola como si por primera vez en mucho tiempo tuviese algo que significativo que decirle.
—¿Kanna? ¿Qué haces aquí? No te había visto desde hace días —Kagura se sintió como una reverenda tonta. Como si su hermana fuese a contestarle algo, aunque aún así, sí tenía un par de cosas de que hablar con ella—. Por cierto, el otro día, cuando salí de la guarida… ¿recuerdas que te pedí que me hicieras un favor en caso de cualquier cosa?
Kanna asintió lentamente.
—Bueno, ¿sucedió algo mientras no estuve? —La niña volvió a asentir, sacándole un gesto de espanto a la muchacha—. No jodas. ¡¿Qué pasó?!
—Naraku te buscó en tu habitación —contestó la albina, mientras su hermana se debatía entre sus ganas de arrancarse el cabello, tirarse por la ventana o rodar por el suelo.
—¡Demonios! ¡Siempre tan inoportuno! Justo en ese momento tenía que buscarme, el muy idiota —Se obligó a calmarse un poco, tomando un par de bocanadas de aire. Se tomó el puente de la nariz y luego miró a Kanna, inquisidora y exigente—. ¿Pero hiciste lo que te pedí? ¿Te descubrió? —inquirió atropelladamente, aunque supuso que, claro, su creador no había descubierto a su extensión predilecta haciéndose pasar por su extensión más insurrecta, de lo contrario a esas alturas se le habría armado ya un tremendo lío.
—Sí hice lo que me pediste —contestó Kanna con su imperturbable y fría voz—. Lo mantuve fuera de la habitación, cerrada.
—Ah… ya veo… —Soltó un suspiro de alivio. Eso significaba que sólo habían hablando, más no que Naraku la hubiese visto—. ¿Y qué le dijiste a Naraku para despistarlo?
—Le dije "después".
La hechicera de los vientos frunció el ceño, llena de confusión, pero no le vio el caso seguir preguntando. Naraku no había descubierto nada de sus intrigas con Sesshōmaru y Bankotsu para venderles su cuello, y con respecto a lo de Kanna, quiso pensar que seguramente se había tratado de cualquier órden tonta, como siempre, que la albina dijo haría después en su nombre para despistarlo.
De esa forma, mucho más aliviada de saber que los vientos soplaban a su favor como nunca lo habían hecho, terminó despachando a su hermana y se dispuso a leer el contenido de la carta.
"Kagura,
Aunque me hayas llamado malagradecido y patán, es cierto, tienes mucha razón con respecto a mis deseos de cortarle la cabeza a Naraku. No es una meta que nadie que sepa mi nombre desconozca.
No creo, sinceramente, que estés mintiendo con respecto a las mismas ganas que tienes como yo de ver muerto a tu amo. Lo sé porque has arriesgado el cuello en decirme información importante sobre él.
Aún así no esperes que te dé las gracias. Lo haré cuando me acuerde, y cuando quiera.
Sabes que estoy dispuesto a escuchar cualquier información adicional sobre el paradero, planes y condición de Naraku para atraparlo, porque lo haré, ya sea con tu información o sin ella, pero sin duda alguna, lo admito, tenerte como aliada aceleraría las cosas. Además, aunque en más de una ocasión sí he llegado a pensar que tienes algo más con tu creador, quiero suponer que es cierto todo lo que dices tan desesperadamente en la carta con respecto a salvarte de su asquerosa lujuria, de lo contrario, si estuvieras feliz con las ideas viles de tu amo, no estarías tan contenta proponiéndome una alianza oficial a través de la carta que me enviaste.
Aunque espero que tú no hayas tenido un impulso de… calor e idiotez, y que ahora estés buscando redimirte a través de mi. Eso no lo permitiría.
Con respecto a lo de Rin, sé perfectamente que quien planeó todo eso fue Naraku. Insisto, tal y como te dije la primera vez, que si no tienes la fuerza para derrotar a Naraku, será mejor que ni piensen en traicionarlo, pero ya que tienes una gran desventaja por el tema de tu corazón, estoy dispuesto a matarlo, aún si no estuviera lo de tu corazón de por medio. No por ti, ni por nadie, sino por mi orgullo. A mí me da igual, sólo quiero información de Naraku. El modo en que la consigas es a consideración y criterio tuyo, ya quieras seguirle el rastro como has venido haciéndolo o acostándote con él, y aunque no me interesa lo que suceda entre ustedes y no tengo intenciones de intervenir en su posible relación, hablando como hombre, no te recomendaría meterte con alguien como él.
No es el mejor partido. Según tengo entendido, siempre estuvo enamorado de la mujer de mi despreciable hermano, pero al parecer cree que la mejor forma de conquistar a una mujer es tirándola por un acantilado. No creas que será diferente contigo. Los hombres nunca cambiamos.
Debo confesar, por otro lado, que tampoco me caería mal tener a una niñera eficiente para Rin. Como tú misma has expresado, Jaken es algo inútil. Creo que sería una buena forma de agradecérmelo una vez que consiga matar a Naraku. Sólo trata de mantenerte con vida y no cometer ningún tipo de… estupidez con él. Y me refiero a todo lo que puede abarcar una estupidez.
Como te he dicho, puedo matar a Naraku con tu información o sin ella, pero si me la das todo saldrá más rápido. Estoy dispuesto a recibir toda la información que tengas sobre Naraku, pero no me responsabilizo de los riesgos que esto pueda conllevarte. Aunque los detalles de sus rizados pelos pegados en el jabón están de más. Esos omítelos.
Ya sabes dónde encontrarme.
PD: como muestra de agradecimiento, para que luego no vayas por ahí diciendo que no tengo clase, la próxima vez que vea a Naraku le cortaré el pene y los tentáculos, creo que eso es suficiente agradecimiento por la información brindada. Mientras tanto procura tener bien cerradas las piernas. Si te seduce esto de la alianza no servirá para ninguno de los dos.
PD: NO. Es un rotundo NO y más NO. No tengo nada con Jaken. Absolutamente NADA. No tendría algo con Jaken antes, ni ahora, ni en quinientos años o más. ¿Quién rayos te metió esa idea en la cabeza?
PD: por cierto, hice que Jaken leyera la carta en voz alta antes de saber su contenido. Por tu culpa ahora Rin está preguntando qué es follar, qué es pene y qué es una orgía de tentáculos. Muchas gracias, Kagura (¿contenta?) Eso, te advierto, es algo que tú le explicarás a Rin la próxima vez que me tope contigo.
Sesshōmaru."
Kagura encarnó una ceja al terminar de leer la carta. A pesar de que Sesshōmaru había dicho explícitamente que deseaba recibir toda la información (importante) sobre Naraku, no le seguía quedando del todo claro que realmente quisiera su ayuda. Después de todo, se la pasó diciendo que podía matar a Naraku tuviera o no la información que podía brindarle y que con tanto esfuerzo y riesgos siempre conseguía.
¿Quién los entiende? Se preguntó, confusa, pero luego recordó que vivía con Naraku y llego a la conclusión de que era un caso perdido el tratar de entender y adivinar las verdaderas intenciones de un hombre. ¡Y luego se atrevían a decir que las mujeres eran las complicadas, los muy malparidos!
Bueno, al menos, al parecer, no había romance alguno entre Jaken y Sesshōmaru, aunque su carta le costaría el tener que explicarle a Rin con peras y manzanas de dónde vienen los bebés la próxima vez que la viera (y tenía que darse prisa, sobre todo sabiendo esa confiancita que parecía tenerle a Kohaku y con la niña a un paso de la pubertad).
Eso sí, la próxima vez que viera a Sesshōmaru, se dijo Kagura, no tendría ni majadera idea de cómo verlo a la maldita cara sin parecer una imbécil por pensar que Jaken estuviera dándole matraca. Pero el demonio perro tenía razón, ¿cómo rayos se le había metido esa idea en la cabeza? Pero es decir, era fácil llegar a pensarlo: Jaken y Sesshōmaru viajando juntos durante tanto tiempo (aunque Rin ahora estuviera en medio)… y el pequeño sapo demonio con ese báculo de dos cabezas que sacaba la lengua (obsequio de Sesshōmaru, quien por lo visto no era nada tonto), o esas largas y abombadas túnicas cafés que Jaken usaba… ¡cualquiera podía pensar que podía tener tremendo paquete escondido ahí, debajo de todo! (y prefirió no seguir pensando en eso, no fuera a ser que se le antojara…)
Y hablando de paquetes, ya que estaba en el tema, se dijo, de pronto sintió cierta nostalgia por la ausencia de Bankotsu. Se encontró completamente sola como perro en su habitación y deseó tener la compañía del arrogante mercenario tratando de seducirla, hablándole al oído e insinuando guarradas. Puede que, así como ella sólo buscaba una cosa de él, él también buscaba una cosa de ella (entre sus piernas, claramente) pero luego de los breves encuentros que tuvo con él no pudo evitar extrañar sus besos y caricias, tanto así que incluso le pasó por la cabeza al muy idiota de Jaken dándole dulce azúcar a ella también, y como si todos sus extraños pensamientos hubiesen servido como una invocación, la puerta de su habitación se abrió de golpe y ella, ligeramente sorprendida, se volvió, encontrándose con un muy inusual Naraku sonriéndole de una manera tan maquiavélica como sensual. Sólo atinó a fruncir más el ceño cuando se encontró pensando en eso último.
¿Y qué diablos le pasaba al muy idiota ahora? ¿Por qué parecía mirarla sin verla realmente?
—Ya ha sido mucho después, mi querida Kagura —dijo Naraku, acercándose unos pasos a la muchacha sentada sobre su futón, quien al instante guardó la carta debajo de las sábanas.
—¿De qué demonios estás hablando? —Kagura, disimulando, puso su mejor cara de fastidio y lo encaró al ponerse de pie, pero a lo mucho Naraku cerró los ojos unos momentos y se sonrió como si todo aquello no fuese más que un divertido juego.
—Por favor, no te hagas la tonta, Kagura. Tú lo dijiste el otro día… y ya pasaron muchos días.
¿Y ella cuándo había hablado de un tal después? Pero enseguida recordó la tarea que le había encomendado a Kanna con respecto a hacerse pasar por ella días atrás y la extraña actitud con la cual su hermana llegó a decirle sobre dicho acontecimiento cuando estuvo fuera.
¡Puta madre! ¡¿Qué demonios le había dicho Kanna a Naraku?!
Lo cierto era que de haber sabido lo que realmente le esperaba al hacer de alcahueta con Kagura y ayudarla con sus malditas intrigas, haciéndose pasar por ella para despistar su breve ausencia con Naraku, Kanna definitivamente habría contestado un rotundo e irrevocable no con más firmeza de la que nadie podría haber esperado jamás de ella.
No sólo se había tratado de intentar gruñir y chillar haciéndose pasar por ella; nunca, pero nunca, Kagura le dijo qué diablos hacer en caso de que Naraku demandase su atención y presencia, y como se supone su hermana no tardaría en entregar su carta, a ninguna de las dos se les ocurrió pensar en un plan B. Así que la pobre de Kanna pasó por uno de los momentos más bizarros y extraños de su vida mientras esperaba, en algo parecido a la angustiante desesperación, que su maldita hermana regresase y le sacara a Naraku de encima.
—No me vengas con estupideces, Kagura. ¿Aún sigues enojada por lo de la carta? —Desde el otro lado de la habitación, a puerta cerrada, Naraku se recargó a un lado de la misma y se cruzó de brazos, aunque sus labios esbozaban una sonrisilla astuta y ladina, de esas que soltaba cuando creía tener todo fríamente calculado.
Por otro lado, su interlocutora, si así se le podía llamar, se mantenía dentro de la habitación cerrada, con su pequeño cuerpecito hincado tras la puerta y con la oreja pegada a ella. Se mantuvo en silencio y prefirió no decir nada a pesar de las insistentes palabras de su amo.
Estaba segura que la aludida estaba todavía muy enojada por la carta que el híbrido le había enviado días atrás, y aunque no entendía un carajo de los pleitos y emociones de las personas y demonios, siempre había notado que Sango, la exterminadora que acompañaba a InuYasha, se mantenía en tenso silencio cuando quería demostrarle a Miroku que estaba furiosa con él. Así que Kanna hizo exactamente lo mismo que la exterminadora.
Funcionó, porque escuchó a Naraku del otro lado resoplar enojado luego de un rato de silencio.
—¡Por todos los cielos, Kagura! No hagas tanto maldito drama, sólo fue una propuesta —exclamó el híbrido, pegándose un poco más a la puerta, ampliando su sonrisa de pronto—. Además… ¿no te gustaría probarlo? No te arrepentirás.
Kanna, aún contra toda su indiferencia y natural frialdad sin resquicio alguno de emociones, abrió los ojos como platos como jamás lo había hecho. A simple vista parecía ligeramente sorprendida y, por qué no, algo espantada.
Kagura le había leído, furiosa y reclamando (como si ella tuviera la culpa) el contenido de la extraña carta que Naraku le había enviado, y si no se equivocaba con respecto a eso de "probar", seguramente Naraku estaba sugiriendo algo relacionado a sus tentáculos explorando sitios recónditos en su hermana que ella todavía no le interesaba terminar de entender, pero comprendía que se trataba de algo como… intimo y privado. Pero se tratase de lo que se tratase, Kanna no pretendía ni ahora ni nunca participar en nada relacionado a eso.
Para disimular un poco, pues sabía que con tanto silencio y con la cabeza caliente (y otras cosas, al parecer) Naraku era capaz de abrir la habitación y buscar directamente a Kagura, la pequeña albina únicamente atinó a hacer una mala imitación de los gruñidos de frustración de su hermana para disimular, y aunque estuvo segura de que su actuación fue pésima, logró engañar a Naraku un rato más.
—No te escuchas muy contenta —dijo él del otro lado de la puerta, aunque la niña encontró ligeramente sugerente su tono—. Mis tentáculos y yo podemos ponerte contenta…
¿Podía abrir todavía más los ojos? Kanna no lo sabía, pero sentía sus parpados estirados, sus pestañas blancas chocar contra sus delgadas cejas mientras el resto de su rostro tomaba una rigidez inhumana.
Si pudiese sentir algo, habría odiado a Kagura con toda la fuerza del alma que no poseía al dejarla indefensa ahí, en medio de sus dramas con Naraku. Y odiaría también a Naraku, por no darse cuenta que hablaba con una jodida cría.
—No… —masculló Kanna, todo lo que alguien como ella podía mascullar, tratando de imitar el tono de voz que muchas veces le había escuchado a su hermana, casi rogando a cualquier Dios que se encontrase allá arriba que la ayudase en aquel enorme problema.
—¿No? —espetó Naraku del otro lado, frunciendo el ceño ante la negativa de su extensión.
—No… —Volvió a mascullar Kanna.
—Escucha, Kagura, juro que voy a…
—Después.
Naraku frunció el ceño cuando Kagura se le adelantó con aquel después. Si era sincero, sonaba extraña, como si no fuera ella del todo, pero lo atribuyó al hecho de estar en una situación como esa, tan poco familiar como extraña. Ni él mismo sabía que estaba haciendo, sólo que de vez en cuando, pues… tenía ciertas necesidades desagradables más propias de humanos que de un demonio de su envergadura, y con una mujer como Kagura pavoneándose con esas caderas por toda la casa, hasta para él era difícil mantener los modales, y ya que Kikyō lo había rechazado tan abruptamente, no encontraba nada de malo en tentarse con su extensión, algo que él mismo había creado y había salido de su propia mente.
—¿Por qué después? —inquirió Naraku. Luego torció la boca, pensando en las posibilidades del porqué del misterioso aplazamiento –más no del todo rechazo- de Kagura. Las contradicciones de la muchacha eran lo bastante raras como para sospechar—. ¿Acaso tienes esa… sangre de la luna?
¿Qué demonios era esa sangre de la luna? Se preguntó Kanna, desviando la vista, pero casi enseguida le dio igual (como casi todo), y tratando de que su voz sonase más grave, más parecida a la de Kagura, contestó que sí, que se trataba de la misteriosa sangre de la luna, fuese lo que fuese, y aunque en un principio creyó que Naraku se había dado cuenta de toda la verdad, lo escuchó reír satisfecho del otro lado de la puerta.
—Entonces, ¿es un trato? Puedo esperar unos días —propuso el híbrido, volviendo a sonreír. Kanna estaba que se la llevaba el diablo. ¡Ella, ella, Kanna!
Si pudiese odiar y tuviese las fuerzas, definitivamente habría matado a Kagura.
Ahora que lo tenía más contento, tenía que decir algo, lo que sea, para que su amo se largase de una vez, y jamás en la maldita vida le volvería a hacer un favor de esos a su hermana.
—Sí. Después —repitió la pequeña, todavía fingiendo la voz. Luego escuchó a su amo decirle que no olvidara su trato y que iría a buscarla después, que no avisaría, y lo escuchó alejarse paso tras paso hasta desaparecer.
Kanna no estuvo muy segura de qué clase de trato acababa de cerrar ante Naraku en el nombre de Kagura, pero algo le dijo que ella no estaría muy contenta.
¡Hola! ¿Creían que no seguiría este fanfic? Por supuesto que sí, sólo que este año se me juntaron un montón de deudas de fics en los foros y la mitad de mis historias quedaron en hiatus u.ú creo que ya es tiempo de terminar los fics a los que les quedan pocos capítulos y salir de las pausas, aunque sea poco a poco, así que antes de que vuelva a ser San Valentín, terminaré este fic. Es lo justo y necesario.
Ahora que he actualizado, inmediatamente me pondré a trabajar en el siguiente capítulo, que irá de Naraku/Yura, aunque aún no sé muy bien qué diablos pondré xD pero espero poder actualizar pronto.
Con respecto al capítulo de hoy, sé que quedó mucho más largo que los demás. Para cuando me di cuenta ya eran catorce hojas, pero Sesshōmaru siempre es un personaje que me ha causado problemas y con el que trato de irme con cuidado.
Con respecto a su carta, sé que quedó súper cortita, pero bueno, el chico no es de muchas palabras xD por otro lado espero que no haya quedado OOC. Me tomé la libertad de que en su carta le diera "consejos" o advertencias a Kagura con respecto a sus planes porque en la serie siempre vi que Sesshōmaru, a diferencia de varios personajes con los cuales convivió, en muchas ocasiones le advertía a Kagura sobre el riesgo de sus actos o le daba como consejos camuflados para que no la mataran xD
Con respecto a Naraku, espero que tampoco haya quedado OOC. Puse que se lanzó más a Kagura porque como Kikyō lo mandó al diablo (al igual que Kagura) pues bien, al final de cuentas vive con la segunda (?) así que en un ambiente de parodia creo que podría intentar darse el lujo de "seducirla" cuando estuviese vulnerable, por eso agregué la última escena entre Kanna y Naraku, donde Kagura le pide a Kanna que la "supla" mientras va y entrega la carta y para desgracia de la niña (y Kagura), sí, Naraku va y busca a Kagura para hacerle propuestas indecorosas mientras Kanna contesta como Dios le da a entender, metiendo así en tremendo problemón a su hermana xD
Bleh, espero que haya quedado gracioso u.ú ni idea. Ya me dirán ustedes.
Y antes de irme, muchas gracias a aquellos que han dejado review en la historia, gracias por la enorme espera y gracias por tomarse el tiempo de leer un nuevo capítulo de este fic que estuvo en pausa tantísimo tiempo.
[A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo]
Me despido,
Agatha Romaniev.
