Capítulo beteado por Janicce Flores Ayala, Beta FFAD: groups/betasffaddiction

Hola se que es tarde pero hasta ahorita tuve chanza de subir el capi ya se que dije que de lunes a jueves subiría capítulos pero mi beta no puedo todos los días así que ahora si les diré los días que voy a actualizar: Lunes, Miércoles y Jueves ahora si y ya no voy a cambiar los días se los prometo quisiera agradecer como siempre a Janicce por su dedicación y su tiempo mil gracias por tu paciencia y por hacer tan maravillosa trabajo te quedo excelente como siempre

Capítulo IV

A la mañana siguiente, me desperté feliz por el sueño que había tenido de Edward y yo, casados y con dos adorables hijos. Me metí a la ducha, me cambié y bajé a desayunar.

—Buenos días, Bella —me saludó mamá— Creo que amaneciste muy feliz, por la gran sonrisa que traes en la cara.

—Buenos días, mamá. Y sí, estoy súper feliz —dije sonrojada. Me senté a desayunar, huevos con tocino.

Después del desayuno, limpié un poco la casa y mi cuarto. Para pasar el rato, me puse a ver una película llamada Votos de amor, la cual me hizo soltar unas cuantas lágrimas; ya por la tarde, mi mamá me habló para que comiera algo y no irme con el estómago vacío, me senté y mi papá empezó a hablar:

—Bella, sabemos que vas a salir con ese chico Edward. Tu mamá y yo vamos a ir al cine, no vas a poder llevarte el carro así que te vamos a dejar y te regresas en taxi. ¿Está bien?

—Sí, papá. No hay problema, vendré en taxi a casa.

—Muy bien. ¿A qué hora quedaste para encontrarte con Edward?

—A las siete.

—Son las cinco, es mejor que subas a alistarte.

—Ok, mamá —subí para arreglarme. Volví a bañarme y me puse un pantalón de mezclilla pegado y una blusa rosa con flores color azul. Me maquillé al natural, polvo y rímel, agarré mi teléfono y las llaves de la casa, las guardé en mi cartera y bajé a la sala.

—Qué bonita te ves, Bella —me dijo mamá con una sonrisa pícara.

—Gracias, ¿ya nos vamos?

—Sí, hija, vámonos —salimos de la casa y cerramos la puerta. Me dejaron en el centro comercial, que se encontraba frente al parque por el que pasamos ayer, y entré al Starbucks. Miré por todo el local buscando a Edward y lo encontré en el fondo, frente a una ventana. Me dirigí a donde se encontraba y le toqué el hombro, volteó y nos saludamos con un beso en la mejilla. Cuando me senté, me di cuenta que en la mesa había dos vasos de cafés y dos trozos de pastel de chocolate.

—Espero que no te molestes, pero te pedí lo mismo que yo, un cappuccino y un pastel de chocolate.

—Oh, no. La verdad es que son mis preferidos —le dije con una sonrisa.

—También los míos —devolviéndome la sonrisa.

Mientras tomábamos y comíamos, platicamos de todo un poco. De Forks, de mi escuela, de mi familia, de mis pocas amigas, de mis gustos por la música y por la comida, que se parecían mucho a sus gustos. Me habló de Inglaterra -que era en donde vivía-, de su escuela y de su familia que se encontraba de vacaciones aquí con él; sus papás, sus hermanos Rosalie y Jasper, y sus respectivos novios, Emmett y Alice; los cuales me cayeron bien por la forma en que Edward hablaba de ellos. No paramos de conversar hasta que se nos acabó el cappuccino, saqué de mi bolso algo de dinero y se lo di, él renegó un poco porque sus padres no le habían educado de esa forma. Le dije que yo lo había invitado para compensar lo de ayer, terminó aceptando el dinero y me dijo que a la otra, él iba a pagar todo. Salimos del local y Edward me preguntó:

—Bella, ¿en qué te vas a ir?

—En un taxi, mis papás se fueron al cine y no pudieron dejarme el auto.

—De ninguna manera, señorita. Yo mismo la dejaré en su casa, exactamente en el umbral —solté una pequeña risa.

—Está bien, señor —le dije haciendo un saludo militar. Él se rió y me guió hacia un volvo plateado, abrió la puerta como todo un caballero y me subí, cerró la puerta y rodeó el carro para entrar por la otra puerta. Le fui guiando hacia mi casa, cuando llegamos, se bajó y volvió a abrirme la puerta, me acompañó hasta la puerta.

—Listo, señorita. En el umbral, sana y salva, como se lo prometí —hizo una reverencia.

—Muchas gracias, caballero —le sigue el juego. Hice como si tuviera un vestido, agarré supuestamente los costados y doblé un poco las rodillas. Ambos, empezamos a reírnos.

—Bella. Sabes… no me he divertido tanto desde haces años con una mujer, ni siquiera con mi hermana. Ojalá que esto se repita.

—Claro, dame tu número y estaremos en contacto —intercambiamos números y se despidió de mí con un beso en la mejilla. Vi cómo se perdía mientras su carro se alejaba, entré a la casa con una gran sonrisa, subí las escaleras hacia mi dormitorio, me cepillé los dientes y me cambié la ropa por el pijama. Antes de quedarme dormida, recibí un mensaje de Edward.

Buenas noches, Bella. Este día, me la pasé genial contigo. Ojalá que se pueda repetir muy pronto. Ya te quiero ver, que descanses.

-Edward-

Sonreí como una tonta.

Buena noches, Edward. Yo también me la pasé genial contigo y también te quiero ver. Que descanses y que sueñes con los angelitos.

-Bella-

Después de enviar el masaje, me dormí con la certeza de que estaba perdidamente enamorada de Edward Cullen.