Disclaimer | Ni Kuroshitsuji, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Yana Toboso. Y aunque desearía que Sebastian fuese mío, pertenece enteramente a Ciel.

Advertencias | Slash. Shota.

Nota | ¡Hola bonitas! Con ustedes un nuevo capítulo, disfrutadlo… yo he amado por completo escribirlo. ^_^


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PARTIDA DE AJEDREZ

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"No hay otra manera de ir, sino hacia delante"Ciel Phantomhive. —Cap. 62—

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Capítulo IV

"De cómo pagar una apuesta"

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Esa tarde en el despacho de Ciel, la Templanza, no dio signos de debilidad ante el Caos.

Aun sulfurada, no había cedido en su postura, se irguió en toda su belleza y soberbia ante su opuesto, que parecía en paz, aun cuando sus ojos brillaron con maldad.

Pero la malicia en Sebastian es natural, por lo cual Ciel, no se inmuto ni un poco.

No obstante, vale acotar que Ciel es un buen mentiroso. Con su rostro de apariencia tierna, seduce de un modo distinto a como lo hace Sebastian, a quienes le rodean. Sin embargo, su propia belleza no es capaz de cautivarle como a otros, por el simple hecho de saberse dueño de ella.

Por eso Ciel es sincero, muy sincero consigo mismo.

Está nervioso.

Muy nervioso.

Sebastian, 'el Caos', se negó terminantemente a condenarle en ese momento, la cena estaba muy retrasada y eso era por completo imperdonable, le supo aclarar mirando el reloj de bolsillo.

Con aquel pretexto, dejo solo a Ciel en el despacho, asegurándole con esa sonrisita hipócrita y atractiva, porque admitía que lo era porque Ciel no se miente, como ya se dijo, que mañana le impartiría su castigo.

O vale aclarar, el inicio de su castigo.

El joven amo decidió el tiempo de duración de mi juego, por tanto, me parece justo, que sea yo quien elija el periodo en el que el señorito debe pagar nuestra apuesta.

Ciel no tuvo modo de rebatir, un argumento tan bien planteado.

Esto no debe tomarse de ningún modo, como un arrepentimiento de parte de Ciel. Quizá sí, pero por el hecho, de no haber podido controlar sus emociones ante las provocaciones de Sebastian, que evidentemente, por el simple hecho de ser más viejo vaya a saber cuántos años lleva a cuestas, iba a vencerle.

Es lo único que Ciel lamenta, su impetuosidad.

Lamentablemente Sebastian lo conocía demasiado bien, como para sacar reacciones tan vehementes de él.

Glückwunsch! Wir wussten, dass Du es schaffst.

(¡Bien hecho! Sabía que podías lograrlo.)

La fuerza de la voz de su profesor al pronunciar las palabras en alemán, ha podido traer a Ciel de vuelta a la realidad, quien aturdido, apenas alcanza a contestar con un escueto:

Danke.

(Gracias.)

Bitte, Graf, konzentrieren.

(Por favor, conde, concéntrese.)

Ciel no comprende la frase por completo, pero globalmente y por el tono de voz de su profesor, sabe, que ha sido reprendido.

Es tut mir le… leid.

(Lo… lo siento.)

Tartamudea Ciel sin poder evitarlo. Es definitivo, el alemán no se le da bien.

Ich werde ab jetzt konzentrieren.

(Me concentrare ahora.)

Promete Ciel ante el profesor, que le dirige una mirada severa, antes de tomar de nuevo el libro, retomando la lectura que Ciel debe seguir y completar cada vez que se detenga.

Completar o escribir una novela, es difícil, más si es en otro idioma o se tiene la cabeza en otro sitio.

Pero Ciel aun en su sopor mental, prefiere recibir clases con todos sus tutores, porque de no hacerlo, la ansiedad que le provoca el desconocer los planes de Sebastian para él, terminará por enloquecerlo.

El problema es la perversidad nata de Sebastian.

Ciel sabe que no dudará en hacerle hacer cosas desagradables, humillantes o hasta horribles.

Ya se las ha hecho, exponerle ante la muerte es su favorita. Si se menciona por cierto.

Pero existen otras acciones que por sus evidentes roles, no le ha forzado a hacer nunca, mas ahora que tiene la potestad, la espada por el mango, le obligara hacer, sin duda.

Quizá abrazar y atender por un día completo a una de esas cosas esponjosas, esos gatos que tanto le gustan a Sebastian, y a él tanto le desagradan por el simple hecho de que le gustan a Sebastian, más que por su alergia como sostiene.

Aunque se pasaría estornudando toda la semana, si le forzaba a hacer eso.

O tal vez le disfrazara como uno… por todos los cielos, Sebastian es capaz de eso, de hecho se imagina la cara del demonio, sonriendo como estúpido, diciéndole lo lindo y adorable que se ve.

Perturbador.

Ciel recita un párrafo completo en alemán, justo a tiempo, interrumpiendo su ensoñación. Solo interrumpiéndola, porque apenas termina y consigue una mirada aprobatoria de su profesor, su vivida imaginación le arrastra a un nuevo viaje.

Ahora se ve, en un lugar peor, haciendo algo peor, y siente un sudor frío recorrerle la columna vertebral con solo imaginarlo.

Sebastian se ríe de él, le dedica frases compasivas, más dolientes en su insultante delicadeza, y él, el Conde Ciel Phantomhive, solo baja la cabeza mientras sigue limpiando el baño, uno de los muchos baños de la mansión, porque Sebastian desea que los asee todos.

Ciel se asquea, se le revuelve el estómago y su pequeño rostro, poseedor de un muy tenue rubor natural en las mejillas, palidece.

Su profesor le observa, pero el orgulloso adolescente es incapaz de notarlo.

Stimmt etwas nicht, Graf?

(¿Ocurre algo, conde?)

Ciel le devuelve la mirada, mientras una de sus manos acaricia su vientre inconscientemente. Traga algo de saliva.

—¿Podríamos concluir la clase por hoy, Lord Hamill?

Murmulla Ciel en un perfecto inglés británico, dirigiéndole al hombre de edad avanzada una mirada, tan sentida, que el profesor, no ve modo de decirle que no.

—¿Se siente mal, Conde? —le aborda el institutor con gentileza.

—En efecto, no me encuentro bien.

Contesta Ciel apartando la mirada, intentando recuperar su altiva postura. El color empieza a regresarle al rostro.

—Está bien. Falta solo diez minutos para que concluya la clase. Así que por hoy, podemos dejarlo aquí.

Ciel suspira, poniéndose de pie, y ya más tranquilo, escolta a su tutor hasta la puerta de entrada de la mansión.

Mientras con todas sus fuerzas, busca ahogar su etérea imaginación.

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Sebastian ordena los libros en los stands de la biblioteca de Ciel. Primero los históricos, por orden de fecha de publicación. Luego las novelas, después los de arte, luego aquellos que le servían a Ciel para estudiar, diccionarios en diferentes idiomas… había tantos, de variados géneros, incluso de cocina a magia negra. Y todos, absolutamente todos, los ordena con inigualable perfección.

Como se espera siempre, del mayordomo de la mansión Phantomhive.

Aunque su conciencia, lo que él significa como 'Sebastian Michaelis', se halla muy lejos de ahí.

Al igual que Ciel, Sebastian medita, en que debería pedirle hacer, u obligar a hacer a Ciel, para que pague su apuesta.

El objetivo real de su decisión recaerá, en que Ciel diga que se niega a hacer lo que le pida, y por tanto le dé la contraorden de cancelar el juego.

Eso lo convertirá en el vencedor real, más allá de aquel primer movimiento que ha realizado la tarde anterior.

Pero obligarle a desistir del juego, orillarle a tomar esa decisión, ha sido, mucho más difícil de lo que había supuesto en un principio.

Ayer, el chiquillo lleno de dignidad, le había sermoneado, y Sebastian había descubierto que es peligroso observarle en esos momentos de supremo decoro.

Ciel le había obnubilado.

Aquello le ha llevado a concluir, que ese niño le gusta más de lo que supone.

Siempre le ha gustado, eso lo sabe desde hace mucho tiempo atrás.

Le gusta por su maldad, por ejemplo. Es algo delicioso, como no le tiembla el pulso para hacer cosas tan reprochables, como el haber mandado quemar a ese montón de niños que se hallaban secuestrados por aquel barón que se había obsesionado con él.

Sin embargo, sus arranques de decencia, le emocionan de un modo que le desagrada, porque no llega a comprenderlo.

Le es urgente, lograr que Ciel le dé la contraorden, porque eso pondría en su lugar a su amo, él se divertiría como no lo ha hecho en años y volvería hallarse en paz.

Toda la paz que un demonio pueda tener, claro está.

Así que su primera opción, es hacerle limpiar todos los servicios higiénicos de la mansión, sabe cuan humillante le será realizar eso, pero descarta de inmediato esa idea, al considerar la terquedad de Ciel, quien mientras lleve a cabo esa labor, se tragara el orgullo, por increíble que eso parezca.

No, no es una idea factible.

Uno de sus mechones le cae sobre el rostro y con sus dedos enguantados lo coloca con gracia detrás de su oreja, mientras sopesa otra opción.

Vestirlo de señorita.

Ponerle ropa íntima de dama, colocarle un corsé que le provea de curvas que no existen —por ser en realidad un varón— y ponerle un hermoso vestido, lleno de encajes, de un color cálido como el rosa, que resalte su piel marmolada.

Sin embargo, tampoco es una idea que funcionaría, a menos que lo exhibiera en un lugar público y anunciara que es el Conde Phantomhive, vestido de dama. Lo cual no es viable, porque destruiría la reputación de Ciel, y haría que sus planes para devorarlo se retrasaran, al desproveer a su amo de las armas más necesarias para conseguir sus objetivos, luego de sí mismo.

Prestigio y dinero.

Sebastian niega con la cabeza, colocando el último de los libros en el stand superior, al hacerlo, una vieja revista francesa, cae lentamente al suelo. Hay una mujer en su portada, de una belleza similar a la desdichada Beast, a la que había seducido. Sin ningún gesto, toma el ejemplar y lo coloca a lado de aquellos libros hindú de temática erótica.

Su mente demoniaca, trabaja en una nueva idea.

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—Lady Alexandra se hallara satisfecha con el desempeño del joven amo.

Pronuncia Sebastian observando por encima del hombro de Ciel, el bodegón que acaba de pintar su amo, mientras el niño, intentando ignorarle, coloca con paciencia los pinceles de vuelta a su lugar.

—Es una lástima que su institutriz de pintura, haya estada indispuesta hoy.

Ciel ya lo cree, es realidad una lástima, porque las clases de pintura se las ha tenido que impartir Sebastian, y no lo tolera, más ahora que le respira en el cuello, produciéndole un desagradable cosquilleo.

Cuando el mayordomo-instructor-demonio, le da algo de espacio, Ciel se desliza fuera del asiento, se gira hacia el más adulto y fija sus ojos en él, completamente decidido a eliminar su incertidumbre.

—Dime de una vez, ¿Qué demonios debo de hacer?

Le rezonga Ciel a Sebastian con un claro hastió en el rostro, cruzando los brazos ante el mayordomo, que le analiza con calma.

Que difícil ha sido decidir su accionar, tomar una decisión que ponga en jaque a Ciel, sin necesidad de vulnerarle ante otros, sin tener que colocarlo bajo el ojo implacable de la humillación pública.

Una salida diferente, con mismos resultados.

Sus ideas confluyeron en una única dirección luego de repasar todas sus posibilidades, y aun ante la vista de la única y más certera de sus oportunidades, Sebastian diría que francamente lo que ha planea hacer es inverosímil. No tanto realmente, considerando su naturaleza.

De hecho, durante siglos ha utilizado aquella jugarreta, con demonios más jóvenes que él, y con centenares de humanos, y siempre ha dado resultado. Incluso demonios más viejos, la han esgrimido en su contra, con efectos perennemente satisfactorios.

Pero Ciel no es un demonio más joven, ni forma parte de esos humanos que antes se han cruzado en su camino.

Ciel es una existencia singular en su constante fragilidad.

Y aun así, no se romperá, porque siempre ha sabido transformar sus debilidades en fortalezas. Por esa razón resulta difícil someterle.

Sebastian se inclina ligeramente hacia Ciel, enreda sus dedos en el cabello del menor, que no evita un mohín de extrañeza en su rostro.

No hacía falta concretar toda la acción, bastará con dejarla fluir inane, para desconcertar y asustar a Ciel, que soberbio, decente y aún inocente, en su tierna edad, retrocedería. No existían dudas para Sebastian, que desistiría.

Los dedos de Sebastian delinean la mejilla de Ciel, redondeada, grácil y ruborizada casi imperceptible, en una muestra clara de sus rasgos aun infantiles. El ojo de un enorme orbe azul melancólico, le mira desconcertado. La nariz pequeña y recta, elegante como todo en Ciel, respira acompasadamente junto con la boca entreabierta, de labios delicados y rosas, delineados perfectamente.

No resulta tan intrincado como supuso sería.

Ciel, con su sola apariencia, facilita las cosas.

Pero Ciel ignora la vorágine de pensamientos de Sebastian, el corazón le late alarmado ante una conjetura que le resulta descabellada en su pensamiento lineal.

Es todo.

Ocurre lo que un sexto sentido le anunciaba, le tiemblan las rodillas, y el corazón le late aún más rápido de lo que supuso alguna vez lo haría. Sebastian posa su boca sobre la suya.

¡Sebastian le está besando!

Abre los ojos desmesuradamente, sus mejillas se encienden de rabia y grita en su mente que le suelte, desea apartarlo a bofetadas. Sus dedos se recogen en puños, pero es incapaz de alejarle. Una de las manos del demonio le sujeta la nuca, la otra mano le presiona de la cintura pegando su cuerpo al de Sebastian.

Se rinde.

Hipnotizado ante el húmedo contacto en el que son envueltos sus labios temblorosos, mareado ante sensaciones nunca sentidas, estremecido y entregado totalmente ante la abrumadora experiencia de Sebastian, que contrarresta su ingenuidad.

Segundos, solo segundos dura aquel acto.

Y aun cuando Sebastian retira un poco su rostro, para mirar su reacción y dejarle respirar, Ciel es incapaz de actuar, solo rehíla de pies a cabeza, como una hoja, sus pómulos enrojecen en demasía, y los labios le arden como si hubiera besado fuego.

—Lo que el joven amo debe hacer —le susurra Sebastian a Ciel, acariciándole con su aliento el oído—, es convertirse en mi amante.

Por suerte, los brazos de Sebastian le sostienen, o de otro modo Ciel se habría precipitado al suelo, incrédulo, negando lo oído.

Sebastian solo se ríe en su fuero interno.

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¿Sería Ciel capaz de seguir ahora su juego?

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¿Qué tal el capítulo?

Sebastian ya anunciado de qué modo quiere que Ciel pague su apuesta, y ha cobrado algo por adelantado xD

Es exactamente a esto a lo que me refería cuando dije: "Ponerlos en jaque".

Y tengo un millón de cosas más para deciros y explicaros, pero no lo hare, porque no tengo tiempo —he empezado clases en la universidad TT_TT—, y porque deseo leer vuestros comentarios, opiniones, y todo sobre este capítulo, me interesa de modo particular lo que piensen ahora… así que leeré lo que escriban con gusto, y de igual modo responderé. :)

Una vez más quiero agradeceros por todos sus comentarios/favoritos/alertas… me hacéis todas, tremendamente feliz… muchas, ¡MUCHAS GRACIAS por todo su apoyo!

Por cierto, como he empezado clases, voy a estar algo ocupada, así que nadie se alarme si no ven una nueva actualización el próximo sábado, implicara que tardare una semana más, pero haré lo posible para que eso no ocurra… además os dejo la portada del fic (contadme que os parece también), como muestra de mi compromiso con vosotras ;)

Ahora la pizarra de honor para todas, quienes habéis dejado review ^.^

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Sakura Hecate YO LoroLoretta Shinobu Michelle

Jennifer Lia-tan Fernanda — Fionna

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Besos, Aredhiel! ;)