DISCLAIMER: los personajes pertenecen a sus respectivos propietarios intelectuales. Crossover Once upon a time x Jurassic World. Rumbelle AU. Contiene información científica actualizada, incluyendo nombres científicos. Smut en capítulos más adelante, oh sí. Estás advertido, dearie.

"Amor jurásico"

You'll be a man, boy!
But for now it's time to run, it's time to run!

Run boy run –Woodkid

Capítulo 4. "Sacrificio y cobardía"

La Dra. French y el Sr. Gold se quedaron paralizados frente al enorme dinosaurio haciendo de los segundos eternos. El empresario cerró en puño la mano que sostenía el palo que le servía de bastón debido a su ahora rodilla lastimada. Estaba claro él no tenía posibilidad alguna de salir con vida. Pero si la científica lograba hacerlo, su hijo tendría esperanza también de conseguirlo.

El Sr. Gold dio un paso al frente, desafiando a la enorme bestia. ––Mi advertencia sigue en pie, Dra. French. Más le vale encuentre a mi hijo con vida.

El Sr. Gold soltó el bastón y corrió algunos metros en dirección contraria, atrayendo consigo al enorme depredador. Afortunadamente aún podía correr pese a la rodilla lastimada y con suerte, lo suficiente para que la científica lograra escapar.

––¡Sr. Gold!

La Dra. French gritó. El Indominus rex acercó sus grandes fauces hacia el empresario, disponiéndose a tomarlo cómo su próxima víctima. El empresario le llevaba ventaja solo por algunos metros. Sólo era cuestión de segundos para que el dinosaurio se hiciera en sus fauces con él. La científica debía hacer algo rápido. ¡Aquél hombre impulsivo y tan egoísta! Había prometido que lo reuniría con su hijo y así sería. Con la adrenalina al máximo, la científica buscó entre sus pertenencias del pantalón de campo y logró sacar una navaja suiza. Sin pensarlo dos veces, realizo un corte en la palma de su mano izquierda. Un hilo de sangre corrió al instante sobre la navaja del instrumento hasta escurrir al suelo.

La Dra. French tomó la piedra más grande que pudo levantar del suelo y la sujetó con la mano herida para asegurarse se impregnara de sangre. Lanzó la piedra hacia el enorme carnívoro en un intento desesperado por atraer su atención. ––¡Hey, tú! ¡¿Quieres sangre fresca?!

El enorme reptil logró percibir el olor a sangre. Sin pensarlo dos veces, el Indominus rex se viró, cambiando hacia la Dra. French como su nuevo objetivo. Los depredadores eran animales inteligentes, y si encontraban una presa herida nunca dudaban en ir tras ella. Adoraban el trabajo fácil. La científica se echó a correr en el momento en que el dinosaurio y ella hicieron contacto visual.

La joven corrió con todas sus fuerzas a través del camino de terracería, para después desviarse adentrándose dentro de la densa vegetación hasta desaparecer de la vista del empresario. Varios arbustos y árboles jóvenes cayeron al suelo, despojados del sustrato por el enorme dinosaurio al seguir a la científica. La Dra. French se movió ágilmente entre el follaje cómo sólo alguien con experticia en campo sabía y la adrenalina le permitía. A sabiendas que el enorme depredador se le dificultaría atravesar la densa vegetación, se desplazó allí donde veía que los árboles se encontraban más cercanos para impedirle el paso al Indominus rex.

La científica siguió corriendo sin detenerse ni mirar atrás, hasta que la capacidad de sus pulmones se lo permitió. Entonces, forzada a hacer una pausa para recuperar la respiración, se permitió contemplar qué tan lejos había dejado al depredador. Al fondo se oía árboles cayendo como si una inmensa máquina despojara a la selva de los árboles. Con una mezcla de pánico y alivio, se permitió tirarse al suelo para pensar en su mejor oportunidad para escapar de aquello con vida. Bien, si el Indominus rex aún iba por ella, significaba que el Sr. Gold seguiría con vida.

Miró hacia las inmensas copas de los árboles que cubrían el sol de la tarde. Si sus cálculos no le fallaban, tenía cuando mucho tres o cuatro horas de luz de día. Intentó levantarse para tratar de orientarse, cuando de pronto sintió un mareo. Apoyándose en el árbol más cercano, miró su mano herida la cuál seguía sangrando. La adrenalina había hecho su trabajo, intentando cicatrizar la herida en las partes más externas, pero los movimientos bruscos al sujetarse de ramas y troncos para intentar escapar, no le permitieron cerrar lo suficiente para dejar de sangrar. ¿Cuánta sangre había perdido? Observó con detenimiento su herida, la cuál no era excesivamente profunda, pero tampoco era lo suficientemente superficial para cicatrizar rápidamente. Necesitaría por lo menos un par de puntadas. Aquello no era bueno. Mientras sangrara el depredador la seguiría por el olor a sangre. Lo único que podía hacer por el momento era cubrirla con algo. Su camisa de campo la había dejado con el cadáver de Rahad, por lo que su blusa de tirantes no le ayudaría a cubrir la herida. Correr solo en sostén no le apetecía ni aunque con ello se le fuera la vida.

Con la mano sana, buscó nuevamente la navaja en su bolsillo. La sacó de uno de sus bolsillos y agradeció no haberla tirado por accidente durante la carrera. La abrió y cortó la parte inferior de su pantalón de campo. Con el trozo de tela cubrió la herida de su mano. El ruido de los árboles cayendo se acercaron más a su localización.

Debía retomar la marcha si quería salir con vida.


El empresario se había quedado atrás, atónito por el sacrificio de la científica. Ciertamente, la Dra. French tenía más posibilidades de sobrevivir a una carrera contra reloj contra aquella bestia, pero nunca sería excusa suficiente para aquél acto. El Sr. Gold se dio cuenta si aquella bella joven moría, sería su culpa. Ya no vería aquellos bellos ojos azules brillar al sonreír, ni escucharía los reclamos inteligentes de la única persona que se atrevía a hablarle de frente y sin miedo. ¿Se lamentaría la joven de su decisión en su último momento de vida? ¿Maldeciría el haberlo conocido, tal como sus conocidos cercanos terminaban haciendo? ¿De qué le servía ahora su dinero y poder, si no podía ayudar a las únicas personas que se preocupaban de forma sincera por él?

"Hasta las bestias tienen corazón, Sr. Gold..."

La voz de la científica resonó en su mente. Todo había sido su culpa desde el inicio. Si no hubiera sido tan débil, si no hubiera pedido ayuda, si hubiera descubierto el complot del parque antes. Si tan sólo hubiera escuchado a su hijo desde el inicio...

"Eres un cobarde."

Seguramente en esos momentos su hijo también estaría ya muerto. Con las piernas flaqueándole y el arrepentimiento pesándole sobre ambos hombros, cayó al suelo de un golpe. Pese al calor de la selva, su cuerpo se sintió frío. La flama de la esperanza había abandonado su cuerpo. Si tan sólo la científica lo hubiera dejado morir en su lugar...

"Al menos, habría dejado de ser un cobarde."

En ese momento el sonido de llantas sobre el camino de terracería le obligó a levantar la vista del suelo. Un vehículo se acercaba a él. Sin embargo, era un carro totalmente diferente al del parque. Tardó unos momentos en reconocer el antiguo diseño. Era uno de los vehículos del primer parque.

––¡Sr. Gold! ––Una voz femenina gritó su nombre. Un halo de esperanza se hizo en su pecho, pero se convirtió en decepción al percatarse que no era la Dra. French, sino la Srita. Claire.

La directora del parque bajó en cuanto el carro se detuvo y se colocó a lado del desbastado hombre. ––¿Se encuentra bien? ¿Está herido?

El empresario negó con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra alguna. En ese momento Owen también bajó del vehículo pero sin tomarle atención al empresario. Su vista rastreó el camino de terracería en busca del miembro faltante.

––La Dra. French fue valiente. ––El Sr. Gold logró articular de nuevo las palabras conforme lograba ponerse de pie por sí mismo––. Lo lamento.

Owen regresó la vista lentamente hacia el empresario mientras procesaba la información. Sin decir nada, camino hacia el hombre con el rostro calmo y la furia contenida dentro de su ser. Los ojos azules del entrenador se clavaron en los castaños del empresario, exigiendo una explicación. ––¿Dónde está Belle?

––Intenté hacer frente a la bestia por mi cuenta. ––El Sr. Gold hizo una pausa al recordar la mirada de determinación de la científica en aquél crucial momento––. Sin embargo, la Dra. French también así lo hizo. Finalmente, el depredador hizo su elección.

El entrenador de raptores en ese momento arremetió contra el empresario levantándolo del suelo mientras lo sujetaba del cuello de la camisa. El empresario intentó tomar el equilibrio, aturdido por la inesperada reacción del joven. ––No saldrá impune de esto, Sr. Gold.

––Más le vale, primero recuerde a quién se está dirigiendo. –– El Sr. Gold clavó la mirada en él. Ambos hombres se vieron con mutuo odio por unos segundos.

––¡Owen! ¡Por favor! ––La srita. Claire se interpuso entre ambos hombres en un acto desesperado por detener aquella violencia.

El entrenador de raptores bajó sin sutileza al empresario, quién tuvo que apoyarse en la directora del parque para no caer de nuevo al suelo debido a su rodilla lastimada.

––Le aseguro, tampoco era mi plan que las cosas resultaran de esta forma. ––El Sr. Gold respondió de manera sincera una vez pudo apoyarse––. Además, aún existe una posibilidad de que la Dra. French se encuentre con vida. Les perdí de vista cuando se adentraron en el bosque. El depredador nunca regresó.

––Podría ser. Tal como vimos en el valle, el Indominus rex sólo mata por placer y a todo ser vivo que ve ––La srita Claire se apresuró a agregar––. Si no regresó por el Sr. Gold es posible que aún estuviera persiguiendo a... su anterior presa.

––Desafortunadamente, será una respuesta que no sabremos. ––El entrenador respondió en un tono amargo, retornando al vehículo e invitando con ello a los demás a hacerlo––. Al menos no mientras continuemos aquí, sin hacer nada.


Los rayos de luz entraban cada vez más opacos entre las copas de los árboles. La Dra. French caminaba entre la densa vegetación. Había pasado tiempo desde que había dejado al Sr. Gold atrás y desde que el ruido de los árboles cayendo no se escuchaban. Entonces aprovechaba para tomar un descanso. Sin embargo, no pasaba mucho tiempo antes de que el ruido de la vegetación cayendo delatara que el depredador volvía a seguirle el rastro. Ya había pasado varias ocasiones así. De alguna forma, el enorme dinosaurio parecía no darse por vencida con ella.

Siguió caminando unos cuantos metros, atraída por el sonido de lo que parecía agua. Con suerte habría algún cuerpo de agua cerca y si se rehidrataba aumentaría su oportunidad de resistir un poco más. No necesitó caminar mucho hasta dar con una pequeña cañada. Sin perder un momento, la científica bajó hasta donde el agua cristalina corría a paso fijo. Con la mano sana hizo un cuenco para llevarse el líquido vital a la boca. Repitió aquello varias veces hasta saciar la sed, y después continuó haciéndolo para enjuagarse la tierra y el sudor del rostro, ayudándole a refrescarse. El agua corrió entre su rostro y cuello hasta llegar a su blusa. La tela de inmediato se pegó a su ropa interior pero aquello no le molestó. En la intimidad de la selva, la apariencia era lo que menos importaba y menos, cuando tenías un enorme terópodo de más de seis metros persiguiéndote.

Lo importante era seguir con vida.

Con el cansancio ya acumulado, se tiró al suelo por enésima vez. Desató el retazo de tela que cubría su mano herida para lavarla. La herida había dejado de sangrar, pero su mano se encontraba hinchada y con aspecto extraño. Aquello le preocupó. Se puso de pie para acercarse al agua nuevamente y el mareo regresó, haciéndola caer de golpe al suelo. No era la segunda vez. En todo el transcurso había incluso tropezado un par de ocasiones debido a los mareos repentinos, pero esta ocasión el mareo fue mayor que los demás. Volvió a reincorporarse, esta vez despacio. Metió la mano en el agua y enjuagó la herida. Sin la sangre seca sobre la piel, observó con mayor nitidez la textura de su mano izquierda. Pequeños puntos blancos se esparcían alrededor de la piel de su palma. Durante la carrera había sujetado una planta venenosa.

Se llevó la mano derecha a la frente. Tenía un poco de fiebre, pero era difícil cerciorarse que fuera por el veneno o por la insolación. Aquello le extrañó. No había plantas en toda la isla que produjeran veneno letal con tocarlas. Sin embargo, con la herida abierta, lo más posible es que el veneno hubiera entrado directo al torrente sanguíneo.

Aquella era la peor situación posible.

Sola y consciente de su nueva vulnerabilidad, la joven se puso de pie para proseguir la marcha mientras aún el veneno se lo permitiera. Debía encontrar un refugio pronto antes de que la noche se convirtiera en su enemiga y aliada de la enorme bestia. Pero antes debía despistar su rastro de alguna forma. Si volvía a correr, el veneno circularía más rápido por su organismo.

Una idea se le vino a la mente. Tomó el trozo de tela cubierto de sangre, lo amarró a una rama y la colocó al borde de donde corría el agua. El agua corriendo empezó a lavar la tela, llevándose la sangre río abajo consigo. Con la navaja cortó un nuevo pedazo de tela de su pantalón y volvió a cubrir la herida para evitar que volviera a sangrar. Con suerte, el dinosaurio seguiría el aroma de la sangre y el río llevaría al depredador en dirección contraria al de ella.

La Dra. French continuó río arriba. Cada vez se le dificultaba más el ascenso y los mareos eran más frecuentes. Sin embargo, con todo el esfuerzo del mundo continuó sin detenerse hasta dar con el inicio de la cañada. A lo lejos divisó nuevamente el camino de terracería. Al menos ya no se encontraba perdida. Se detuvo un momento para descansar y pensar qué decisión tomar. Lo mejor era buscar un refugio cerca, subirse a un árbol alto quizás, y quedarse ahí hasta el amanecer. O bien, podía arriesgarse y seguir el camino de terracería hasta encontrar a alguien o llegar a parque.

No obstante, la científica no logró tomar una decisión. Con el veneno invadiendo su cuerpo, su mente empezó a dar vueltas, obligándola a abrazar el suelo. Cada vez la respiración era más complicada.

No. Debía seguir con vida. No podía morir ahí. ¿O sí?

Con la poca consciencia que le quedaba se viró sobre el suelo, quedando bocarriba para observar el cielo. Los bellos colores del atardecer inundaron sus pupilas. Sin duda, era una bella vista y un buen recuerdo para antes de morir. Tomó aire, esperando su inminente muerte. No sentía arrepentimiento alguno. Cuando había aceptado el trabajo en aquella remota isla, estaba consciente de los riesgos que implicaba. Al fin de cuentas, había realizado el sueño de toda su vida. Se dio cuenta estando al borde de su muerte, que no deseaba más, salvo una cosa.

Lo único que deseaba en aquél preciso instante, era poder saber el paradero del hijo del empresario y poderle haber ayudado en realidad.

––Sr. Gold... discúlpeme.

Una lágrima corrió por la mejilla de la científica. Una corriente de aire movió los mechones de la joven al momento que cerró los ojos.

Después de eso, todo quedó en silencio.

Y el cielo se volvió negro.


Comentarios:

¿Logrará sobrevivir la doctora French? ¿Llegarán el Sr. Gold y el resto a sus familiares antes de que sea demasiado tarde? Habrá que seguir leyendo.

Este fue un cap algo intenso y dramático pero me ha gustado bastante escribirlo, sobre todo la parte de la Dra. French. Me recuerda a mis días de trabajo de campo y la adrenalina que se siente estar a kilómetros de la civilización, dónde lo único que te preocupa es no dar un paso en falso que pueda hacerte perder la vida. Hasta que finalmente, logras sobreponer las incertidumbres que la naturaleza ofrece, con toda la satisfacción de un sobreviviente. Son de las mejores experiencias de la vida. Espero al menos estar transmitiendo un poco de esos sentimientos ya que es lo que me ha inspirado a escribirlas.

El próximo capítulo les adelanto, ¡Al fin el Sr. Gold sacará a luz sus sospechas y comenzaremos a saber la verdad detrás de todo esto! Pero antes, si les está gustando la historia, no olviden dejar fav/voto/comentario.

Nos vemos en el siguiente capítulo :) y feliz inicio de la 5ª temporada de OUAT, dearies.

Sialia A. Muñoz BluebirdOfHapiness

Tomorrow is another day
And when the night fades away

Run boy run –Woodkid