Capítulo 4

"Una alianza invencible"

Tetis, una de las marinas de Poseidón acababa de evitar la muerte de Shaina y Seiya. Este último seguía sin reaccionar ante el peligro, completamente rendido ante la muerte. Shaina se acercó a la recién llegada, sin poder ocultar su sorpresa.

- Increíble. Juro que te di por muerta en la batalla contra Poseidón.

- Pues ya ves que estabas equivocada. No, simplemente me mantuve cerca del Sr. Julián. Sorrento ya debe estar en camino.

- ¿Sorrento? ¿El general marino?

- Así es, nos separamos en el camino, fue tras del asesino del Sr. Solo.

Shaina abrió los ojos con mayor sorpresa aún. Julián Solo, quien una vez fue depositario del espíritu del temible dios Poseidón acababa de ser asesinado, esto no podía ser coincidencia. Asimismo, comprendía por qué Tetis estaba allí. Todo se trataba de cuentas pendientes. Por muy increíble que pudiera sonar, las marinas y los Santos de Atenea, quienes alguna vez fueron terribles adversarios, ahora tenían un enemigo común…

- ¿Crees que ese coral lo mantenga prisionero el tiempo suficiente para que podamos huir? – le preguntó Shaina.

- Ni hablar, seguramente aún no se liberó porque es un fanfarrón y quiere hacer una salida espectacular…

Dicho y hecho, destellos de luz comenzaron a emerger del coral que mantenía prisionero a Aristocles. De pronto, un estallido desintegró el coral y Unicornio salió caminando de la trampa con una sonrisa burlona en su rostro.

- ¿No te lo dije? – dijo Tetis, sonriendo.

- Dime, "Tetis", ¿realmente creías que unas mugrosas plantas marinas iban a acabar conmigo? – le reprochó Aristocles.

- Por supuesto que no, simplemente le daba tiempo a esta mujer de reponerse… ahora te acabaremos entre las dos. Debes sentirte complacido, dos hermosas mujeres van a darte una paliza…

- Tetis… ¿lo dices en serio? – le preguntó Shaina. Tetis la observó y asintió con la cabeza, en un claro gesto de camaradería. Ellas ya no eran enemigas. Shaina sintió que su fuerza regresaba. Su cosmos ardía más que nunca. Tenía la oportunidad de proteger a Seiya y lucharía junto a una antigua rival, ahora unidas por una causa común. Nunca se había imaginado una muerte más gloriosa, qué gran día era ese…

- Entonces, vengan, niñas, jueguen conmigo un poco antes de las mande al infierno…

Aristocles dio un puñetazo en el suelo y la tierra comenzó a abrirse, la grieta se abría hacia donde estaban ellas. Cada una corrió hacia los lados de la grieta y luego arremetieron contra Unicornio. Shaina le lanzó una patada a la cabeza, mientras que Tetis le arrojó su coral al rostro, tratando de cegarlo. Aristocles detuvo la patada sin necesidad de verla, le tomó el tobillo a Shaina y la lanzó contra Tetis. Esta esquivó el cuerpo de la guerrera de plata, le tomó el brazo y dando un giro la devolvió contra el semidios. Esta vez Shaina aterrizó con una patada cargada de su golpe de trueno.

Aristocles detuvo la patada con una mano, pero con dificultad. Salió despedido e impactó contra un árbol. Tetis corrió a toda velocidad y le dio un topetazo con el hombro, provocando que Unicornio se doblara y Shaina le dio un puñetazo en la barbilla. El árbol fue arrancado del suelo por la fuerza de los golpes y Aristocles salió despedido hacia el cielo. Tetis formó un lazo de coral y le sujetó el tobillo, jalándolo hacia abajo con fuerza. Shaina aprovechó que estaba con la guardia baja y le lanzó su garra de trueno al pecho, lanzándolo a una gran velocidad contra el suelo. Una nube de polvo se levantó cuando Aristocles se dio de lleno contra el césped y se perdió en un cráter.

- Si eso no lo mató tiene que haber quedado malherido – le dijo Shaina a Tetis.

- No bajes tu guardia, Ofiuco. Él es mucho más fuerte de lo que crees- le respondió la marina.

El polvo comenzaba a disiparse cuando dos enormes manos emergieron y tomaron del cuello a las dos guerreras, levantándolas del suelo. Ambas luchaban por liberarse, mientras Unicornio Salía de la nube que ya terminaba de disiparse y las observaba con furia.

- ¡Ratas insolentes! ¿Acaso creen que sus débiles golpes y ridículas técnicas pueden hacerme daño? ¡Soy un semidios, uds. son simples humanos, no hay forma de que me hieran! Ahora mueran… ¡JUICIO CELESTIAL!

Nuevamente, un poderoso relámpago salió del cuerno de la armadura de Aristocles y sacudió violentamente a las mujeres, haciéndolas emitir alaridos de dolor. Seiya seguía sin reaccionar, sólo acariciaba el rostro de Saori y se movía constantemente, como en un estado de shock emocional.

Las dejó caer sobre el suelo, con las armaduras hechas añicos y con sus cuerpos esbeltos cubiertos de quemaduras. Shaina extendió su mano hacia Seiya, como llamándolo, pero él se veía tan lejano… era como un niño que acababa de perder a su madre. Shaina derramó lágrimas, como si quisiera llorar por él; como si quisiera que su dolor purgara el sufrimiento de su amado Santo de Pegaso.

- Seiya… estoy feliz de morir por ti…- murmuró Shaina. Tetis estaba inconsciente. No había nada más que hacer, el enemigo esta vez era simplemente demasiado poderoso. Este sería el fin.

Unas llamas doradas comenzaron a arder con intensidad en los puños de Aristocles de Unicornio, era el golpe de gracia. Apuntó sus puños primero hacia Tetis, estaba molesto por su intromisión, sería la primera a la que castigaría.

- Ventisca del Unicornio…- murmuró mientras las llamas ardían mucho más, dos llamaradas resplandecientes se unieron y formaron una sola, en dirección a la inconsciente Tetis. Dos sombras aparecieron de la nada y se llevaron a Tetis y Shaina. La ventisca se detuvo en ese momento, Aristocles se dio cuenta que alguien había intervenido en la ejecución.

Sorrento colocó en el suelo a Tetis y le pidió a Marin que se quedara con ella y Shaina, que él se encargaría de este nuevo enemigo. Marin se quedó junto a ellas y Seiya, horrorizada porque su temor era cierto, Atenea yacía muerta en brazos de su discípulo. Quiso hablarle a Seiya, pero vio el vacío en sus ojos y simplemente no supo qué decir. Se quedó callada, sosteniendo la cabeza de Tetis, mientras Shaina luchaba por mantenerse en pie. Iban a ser testigos de un duelo formidable, Sorrento era el único en condiciones de luchar.

- Así que otro guerrero de Poseidón…

- Así es, Sorrento de Sirena. Tú debes ser otro de los semidioses.

- Por supuesto, Aristocles de Unicornio ¿Has venido a vengar a tu querido Julián Solo, pececito?

- Búrlate todo lo que quieras. El asesino del Sr. Solo se me acaba de escapar por un pelo, pero tú no correras la misma suerte. Prepárate…- Sorrento se llevó la flauta a los labios, sopló y comenzó a ejecutar una hermosa canción. Aristocles cerró los ojos y extendió sus brazos, como si no quisiera resistirse al efecto de la música. Algo no iba bien… Sorrento notó que el cuerno del casco de su adversario brillaba con intensidad mientras él tocaba, así que dejó de hacerlo, era evidente que no le afectaba.

- ¿Y entonces… para qué debía prepararme?- le dijo Unicornio.

Sorrento alejó la flauta de sus labios, y con voz suave, le preguntó: - Ese cuerno… no es un cuerno ordinario, ¿no es así?

- Je, eres muy perspicaz, muchachito. En efecto, este es un cuerno de un auténtico unicornio, no una burda copia como la que usaba el pusilánime que llevaba la armadura de este signo en la actualidad. Yo mismo maté al unicornio y Hefesto lo puso en mi casco…

- ¿Hefesto? ¿El dios forjador?

- Así es. Así como Poseidón creó tus escamas y Atenea creó las Cloth, Hefesto fue quien forjó nuestras corazas cuando empezamos a servir a Atenea aquí en la tierra. Y ya sabes que en cuestiones de forjar corazas, no hay nadie mejor que Hefesto en el Olimpo.

- Ya veo, es un auténtico cuerno de unicornio. Y puede absorber la energía, ¿no es así?

- Entonces, lo notaste. Impresionante… Sí, por eso tu música no me afectó. Si bien sé que no es música ordinaria, proviene de tu energía cósmica, no tengo más que absorberla y no me hará efecto.

- Gracias, me has dicho todo lo que tenía que saber – le dijo Sorrento, mientras se lanzaba al ataque, sujetando su flauta como si fuera una vara. Aristocles se puso en guardia, era obvio que el concierto se había terminado y comenzaría la pelea de verdad…

Sirena le lanzó un mandoble con la flauta y Unicornio interpuso su brazo para bloquearlo, confiado en que no le afectaría, pero se equivocó, la flauta era demasiado dura. Se tomó del brazo y dio un salto hacia atrás. De nada sirvió, pues Sorrento bajó al suelo y de una patada en las piernas lo derribó. Volvió a lanzarle un golpe con la flauta, lo que lo forzó a rodar hacia un costado y alejarse con espectaculares movimientos acrobáticos. Sorrento lo persiguió, como si no quisiera darle respiro.

Aristocles le lanzó su Ventisca de Unicornio, aprovechando que su adversario estaba con la guardia baja, pero Sorrento se detuvo y comenzó a hacer girar su flauta a gran velocidad, desviando la ventisca hacia arriba. Cuando las llamas se alejaron, el general marino ya estaba sobre su rival, quien le lanzó un puñetazo al abdomen. La tierra se partió detrás de Sorrento, pero él había logrado bloquear el golpe con los brazos.

- Ya te tengo – le dijo el semidios, mientras abría los brazos y exclamaba "¡JUICIO CELESTIAL!" y poderosos relámpagos salían del cuerno. Sorrento aulló por el dolor de ser brutalmente electrocutado, pero le vinieron más fuerzas y golpeó de lleno con su flauta el abdomen de Aristocles, quien no pudo seguir con su técnica. Ambos quedaron de rodillas, tratando de recobrar el aliento.

- Muy impresionante, guerrero del mar – reconoció Unicornio.

- En verdad eres poderoso – le replicó su adversario. Ambos comenzaron a incorporarse lentamente, preparándose para el último enfrentamiento. Sorrento llevó su flauta hacia atrás, en una amenazante postura de ataque, mientras que Aristocles simplemente se quedó erguido frente a él.

- ¡Aquí voy! – exclamó Sorrento, comenzando a lanzarle veloces golpes con la flauta, que su rival esquivaba con facilidad, demostrando sus increíbles habilidades defensivas. En un momento, Aristocles detuvo la flauta con sus manos y lanzó una poderosa patada al plexo del general marino, que lo lanzó contra un árbol.

- Ahora sí morirás…- le dijo, como sentenciándolo a muerte, mientras corría hacia él. Pero algo se interpuso en su camino, era un grupo de personas. Vestían armaduras… sí, eran armaduras de bronce.

- Así que finalmente vinieron…- dijo Aristocles, con voz burlona.

- Sí – respondió uno de ellos, ostentando su corpulencia.

- Pagarás por la muerte de Jabú. Como los Santos de Atenea que también somos, ¡no te irás con vida de este lugar! – dijo otro, mientras todos se ponían en guardia…