EL VIAJE DE CANUTO
Capitulo 4: Mi enemigo Snape
Por Okashira Janet
Harry y Sirius corrieron un poco pero fue imposible que alcanzaran alguna de las carrozas que llevaban al castillo. En medio de la oscuridad ambos echaron a andar hombro con hombro, cada tanto Harry echaba la cabeza hacía atrás para que la sangre no le manchara más la camisa.
Siguieron el camino basándose en las marcas que habían dejado los carruajes, Sirius habló un poco en vista de que su amigo no podía contestarle, finalmente ambos soltaron sendos suspiros cuando se vieron frente a los altos pilares franqueando las puertas que daban entrada al castillo.
—No sabía que este lugar estuviera tan lejano. —Sirius bufó, cómo siempre había ido de la estación al castillo siendo transportado jamás había reparado en las distancias. Los portones estaban cerrados, justo Harry iba a intentar un ahogado conjuro para abrir las puertas cuando una figura oscura apareció frente a ellos abriendo la puerta con aire teatral y magnifico. Harry no pudo disimular su descontento.
—Vaya, vaya Potter. —La voz pedante le provocó arqueadas—. Parece que es su afán presentarse en el castillo lo más lastimero posible, igual y así sus entradas triunfales le atraen más atención. —No podía creer en su mala suerte, ¿por qué de todos los profesores tenía que ser Snape quien le abriera las puertas del castillo?
—No estoy tirando sangre por gusto. —Con voz nasal Harry intentó contestarle lo más digno posible, Snape estaba por contestar algo con mal talante cuando un grito provocó que ambos giraran.
—¡Snivellus! —Sirius se había quedado con la boca abierta, un dedo apuntando de manera grosera a Snape—. ¡Estas viejo!
—Sirius… —Los ojos de Snape se abrieron sin que pudiera evitarlo, su mano quedo inerte al frente, como si no acabara de creer lo que sus ojos veían.
—¡¿Qué diablos hace en Hogwarts un esmirriado como tú? —Fue cosa de un segundo para que Snape reaccionara, tomando a Sirius por la muñeca lo estrujó hasta causarle dolor.
—Así que esta era la broma de la que me habló Dumbledore, muy gracioso de su parte en verdad. —Su voz era más filosa que un cuchillo, Harry sintió con creciente ansiedad que un odio oculto brotaba de Snape y se dirigía por entero hacía Sirius.
—¡Suéltame! —Los ojos grises de Sirius centellearon con orgullo, pero Snape lo doblegó fácilmente.
—Escuche Black. —Parecía regodearse en cada palabra como si fuera un insulto—. Soy aquí el profesor y usted obedecerá porque es un alumno.
—Ah. —Sirius boqueó, sus ojos abriéndose con ansiedad, como intentando devolver de manera desesperada lo que el otro le había dicho.
—No se quede ahí boqueando Black. —De un tirón echó a Sirius dentro del castillo y giró hacía Harry con la varita en alto—. ¡Episkey! —Al instante Harry sintió su nariz caliente y después fría, cuando se tocó le pareció que ya no estaba quebrada y tal descubrimiento le hizo estremecerse. Snape debía estar verdaderamente feliz para haberlo curado y aquella felicidad iba de la mano con saber que Sirius estaría bajo sus órdenes de ahora en adelante.
—No se queden ahí. —Los malignos labios de Snape se curvaron en algo parecido a una mueca—. Deben estar deseosos de hacer su entrada triunfal en el Gran salón, no Potter no se limpie la sangre y usted Black, veinte puntos menos por no traer el uniforme y cincuenta menos por llegar tarde a la ceremonia de selección, no, mejor que sean sesenta y recuerde acumular pensamientos propios de usted en esa cabeza suya cuando le pongan el sombrero seleccionador, no soportaría que debido a su apellido quedara en mi casa.
Sirius apretó los puños tan fuerte que Harry pensó que se sacaría sangre, ambos entraron en el salón escoltados por Snape, todas las miradas se posaron en ellos y Harry sintió que el estomago se le volvía una piedra cuando tuvo que caminar por los pasillos siendo halado por el hombro por la garra de Snape.
—El último alumno para la selección esta aquí. —Snape echó a Sirius delante de mala manera—. El Elegido le acompaña. —Harry sintió que su cara explotaría en rubor, seguro en la mesa de Slytherin Malfoy no pararía de burlarse acerca de la sangre en su camisa, su cara y en fin, en todo él.
—Intuyo que tienen una buena historia que contarnos acerca de su tardanza. —Dumbledore sonrió ampliamente—. Pero por ahora veamos en que casa queda este jovencito. —El sombrero seleccionador fue colocado sobre la cabeza de Sirius quien no pudo evitar una pequeña sonrisa, cuando había sido seleccionado para primer año el sombrero era tan grande que le tapaba los ojos.
—Sirius Black. —El sombrero habló suavemente, de tal manera que sólo él lo escuchaba—. Ya habías sido seleccionado, un león de corazón invencible, aunque eres un Black.
—Pero no cualquier Black, —Sirius susurró con socarronería—, soy Sirius Black.
—Entiendo, ¡Gryffindor! —Al instante las chicas de las otras casas lanzaron jadeos de desilusión, las de Gryffindor estallaron en vivas y chillidos emocionados. Snape le quito el sombrero de mala manera, sus ojos negros dejándole en claro que su estancia en la escuela iba a ser desde ese instante una tortura.
El resto de la cena transcurrió con peores noticias, Snape iba a tener la materia de defensa contra las artes oscuras después de cinco años sin que consiguiera la titularidad, los Slytherin ya circulaban la noticia de cómo se había quebrado la nariz Harry y él gozaba de más fama que nunca porque media escuela ya sabía que su padre era Sirius Black, el conocido criminal que había estado en Azkaban y que a fin de cuentas no había sido culpable en realidad.
Cuando subieron en tropel a la sala común Sirius ni siquiera tuvo fuerza para fanfarronear delante de las de primero como lo hacía todos los años, pesadamente se arrastró hasta su dormitorio. Sólo hasta que subió las escaleras se dio cuenta cabal de que en realidad él ya no tenía habitación.
—Pusieron una cama aquí para ti. —Ron que había subido tras él le palmeó la espalda señalándole la cama del centro—. Tus cosas están ahí, espero no te moleste estar en medio mío y de Harry.
—Para nada Pe… ¡Ron! —Se corrigió rápidamente antes de cometer el error de llamarlo como su antiguo amigo, definitivamente las cosas no iban exactamente de lo mejor dentro de su cabeza. Intentando no pensar demasiado se metió bajo las mantas y cerró los ojos sin hacer caso a la algarabía a su alrededor. ¿Snivellus de maestro?, el destino debía odiarlo y lo peor es que con la buena memoria que se cargaba el murciélago ese año y el que le siguiera iban a ser un infierno.
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Sirius despertó a la mañana siguiente porque un chico llamado Neville murmuraba algo acerca de que su abuela se iba a enojar con él si no conseguía EXTASIS en transformaciones. Con un ahogado bostezo se tapó las orejas con la almohada, sería un bruto si no aprobaba transformaciones él que era un animago.
—Tenemos que ir a matricular nuestros horarios Sirius. —Harry le removió un hombro y soltando un suspiro tuvo que levantarse y seguir a los demás, como ahora Snape daba defensa contra las artes oscuras Ron y Harry aprobaban para Pociones, Sirius estuvo feliz de tenerlos con él. Por desgracia para ser auror debía cursar DCAO, de no ser por ese pequeño detalle intentaría por todos los medios posibles no ver la escurridiza cara de Snape nunca en la vida.
Cuando por fin pudieron acomodar sus horarios los cuatro avanzaron por los pasillos del castillo. Harry con su insignia de capitán de Quidditch, Hermione y Ron con las suyas de prefectos y él sin nada, sintió algo parecido al vacío, pero bueno, era Sirius Black al fin y al cabo así que elevando su barbilla se dijo a si mismo que él tenía la insignia de apuesto y eso era más que suficiente.
Un par de personas se acercaron a Harry preguntándole cuando serían las pruebas para el equipo, Hermione utilizó ese tiempo para confiscar un disco verde lima con colmillos en él, antes de que pudiera engatusar a la chica para quitarle el artefacto Ron se adelantó tomándolo entre sus manos.
—Excelente, siempre he querido uno de estos. —Sirius soltó la risa, Ron no era exactamente un ejemplo de prefecto, seguro Dumbledore le había dado el puesto como a Remus, intentando calmar a sus amigos, aunque algo no pintaba bien ahí porque entonces, ¿por qué le había dado el puesto también a Hermione?. En esas estaba cuando pasó una chica a un lado de Ron soltando una risita, al parecer muy divertida de que el prefecto tuviera semejante comportamiento.
Ron arqueó ambas cejas como contento consigo mismo, Sirius levantó el pulgar en su dirección en señal de un trabajo bien hecho y cuando ambos se sonreían por la hazaña de una conquista femenina Hermione los golpeó en la nuca, aunque para eso tuvo que ponerse de puntillas por la diferencia de alturas.
—Dejen sus niñerías. —Parecía molesta, Sirius estaba por reclamar el maltrato pero Ron se veía tan feliz como si en vez de un golpe le hubiera dado una caricia.
Avanzaron juntos un tramo y luego Hermione se desvió, tenía clase de Runas Antiguas, los tres chicos se quedaron en los pasillos, Harry demasiado ocupado hablando con todos los que querían integrarse al equipo y él y Ron ensayando posturas junto a la ventana. Enseñarle a Ron era más productivo que enseñarle a Peter porque aunque Ron se sonrojaba y no lograba darle a su rostro aquel aire de galán lo cierto es que era mucho más atractivo que su antiguo amigo Colagusano.
Cuando Harry por fin terminó sus asuntos y los encontró ocupados en colocarse uno al lado del otro con la pierna doblada en ángulo contrario y dejando que el aire les revolviera el cabello no pudo hacer otra cosa que darle la razón a Hermione.
—Son unos tontos. —Los tres estallaron en carcajadas y se pusieron a lanzar el frisbee con colmillos que Hermione había decomisado. Sirius casi se sentía en su casa cuando Harry anunció que era hora de enfrentarse a Snape. La lentitud con la que Ron se guardó el frisbee describía a la perfección el estado de ánimo de los tres cuando bajaron al aula de defensa.
Hermione los estaba esperando con tantos libros encima que apenas si podía ver.
—¿Qué haces con tantos libros ratoncita? —Sirius le sonrió galantemente poniendo un brazo sobre su cabeza y empotrándola contra la pared, pero ella le dio un pisotón que le provocó un aullido de dolor, definitivamente aquella no era una chica, ¡era Remus escondido en una piel diferente!
—Apuesto a que Snape nos deja un montón de cargas también. —Hermione alzó la barbilla orgullosa y entró al salón con majestuosidad.
—¿Siempre es así? —Sirius giró hacía Harry aún saltando en un pie por el dolor.
—Uno se acostumbra a ella. —Harry se encogió de hombros y también entró en el aula, a los pocos segundos se sintió mal por decir una respuesta tan poco halagadora para Hermione, lo cierto es que sin ella no estaba muy seguro de que Ron y él estarían con vida aún. Intentó aclarárselo a Sirius pero el joven ya había tomado asiento al lado de una chica muy guapa que empezó a balbucear cuando él le sonrió al descuido.
Negando con la cabeza Harry se sentó al lado de Ron y justo en ese momento entró Snape, la capa negra ondeando a sus espaldas, sus ojos oscuros rápidamente recayeron en Sirius y una mueca que intentaba ser una sonrisa apareció en sus labios.
—Señor Black, como usted es nuevo en Hogwarts y no conoce mucho acerca de nuestras clases o los maestros, —hizo especial énfasis en la última palabra—, le pediré que se siente cerca de mí, en un asiento de adelante estará bien, no, no junto a Potter, veamos… —Snape observó los pupitres vacíos pensando cual compañero le resultaría más desagradable, pero entonces la respuesta vino por si sola cuando Sirius giró a Hermione y ésta le desvió la cara como si estuviera molesta—, con la señorita Granger estará bien.
Hermione chirrió los dientes cuando Sirius se sentó al lado de ella, por dios que lo había intentado, ¡pero sinceramente no lo aguantaba!, ¿qué era eso de andar por ahí creyéndose el gran chulo y queriendo que Harry fuera como él? y que no se hiciera el tonto con ella, sabía perfectamente que a alguien tan apuesto como él no le atraía en lo más mínimo una matadita como ella así que no tenía porque montarse el teatrito del chico galán frente a su persona, gracias.
—Quedamos juntos. —Sirius intentó hacer plática pero al ver que ella le contestaba con un "si" seco prefirió pasar de ella, definitivamente no debía ser una mujer normal.
Snape empezó a pasearse por el salón hablando de las artes oscuras como lo haría un apasionado con su amada. Sirius lo seguía paso a paso, los ojos grises fijos en él, no dejaba de ser el estupido Snivellus que se creía más grande de lo que en verdad era, ¡oh como lo odiaba!
—¿Cuál es la ventaja de un hechizo no verbal? —Snape preguntó con su frialdad habitual, como si todos fueran una especie de retrasados, el brazo de Hermione se disparó en el aire como si estuviera ansiosa por responder. Instintivamente Sirius le metió un codazo que la dobló en dos.
—¿Qué haces? —Sirius la observó fijamente reprendiéndola—. No intentes lucirte frente a Snivellus. —Siseó con desdén, los ojos de ella desprendían cólera.
—Veinte puntos menos para Gryffindor por golpear a un compañero en clase. —Snape arqueó ambas cejas—. No sabía que era del tipo que le gustaba golpear mujeres señor Black. —Sirius sintió que su reputación de casanova se tambaleaba peligrosamente. A lo lejos Draco soltó una risa mal disimulada.
—Hermione…
—La señorita Granger. —Lo corrigió Snape, parecía gozar en dejarlo en ridículo.
—Sólo le decía que no debía ser tan entusiasta con semejante profesor. —Sentenció Sirius de mala manera, hubo un interminable silencio, luego los labios de Snape se movieron lentamente, su voz gruesa y triunfal.
—Usted esta castigado señor Black, el sábado en mi oficina, a las ocho, no voy a permitir semejante comportamiento. —Luego se volvió a erguir como si no hubiera pasado nada y dio ordenes para que en parejas hicieran encantamientos no verbales. Como era de esperarse Sirius y Hermione terminaron juntos, ella llevaba el ceño tan fuertemente fruncido que a Sirius le pareció que sus cejas quedarían permanentemente unidas. Para colmo cuando a los diez minutos Hermione pudo hacer un encantamiento escudo Snape tuvo particular empeño en dejar claro que probablemente no se debía a lo buena que era la muchacha en semejante encantamiento sino que los hechizos de Sirius debían ser considerablemente débiles.
Cuando salieron de allí tanto Sirius como Hermione rabiaban y salieron disparados en direcciones contrarias en cuanto pudieron, Ron y Harry quedaron en pie viendo ya para un lado ya para otro.
—Tenemos una buena y una mala. —Ron le pasó un brazo por los hombros a Harry—. La buena es que Snape ha pasado de molestarte, la mala es que su nueva victima es Sirius.
—No podía esperar menos. —Harry lanzó un suspiro, luego una pequeña sonrisa se coló en su rostro—. Después de todo fue él quien dejo a Snape colgado boca abajo por un pie, ¿no? —Ambos soltaron una carcajada y echaron a andar a la sala común.
Mientras tanto Sirius había caminado una decena de pasillos y había logrado calmarse, si Snape volviera a ser el adolescente que era ya le hubiera retorcido el cuello. Harry ya le había dicho que el maestro era insoportable y se tenían una tirria mutua, por lo menos no era el único que pensaba que era estupido e insoportable. Pero Hermione, ¿que se pensaba?, si Snape era tan desagradable como decían ella no debía estar ahí intentando agradarle, vaya chica más convenenciera.
Con un suspiro se acomodó el rebelde flequillo con tan buena maña que un par de chicas de Slytherin soltaron sendos suspiros, aquello tuvo la virtud de elevar nuevamente sus ánimos. Se paseó por el pasillo diciendo palabras bonitas a las chicas que se atravesaban en su camino de manera distraída, nunca había tenido pegas al ligar con chicas de otras casas.
Cuando se dio cuenta ya era hora de ir a Pociones, por supuesto el profesor Slughorn no le agradaba en lo mas mínimo, pero era por mucho más tragable que Snape. Cuando llegó Ron, Hermione y Harry ya estaban sentados así que tuvo especial cuidado en sentarse del lado de Harry.
—Eh James, ¿qué me perdí?
—El profesor nos ha prestado libros y calderos a Ron y a mí, pero el maldito me ha ganado el libro nuevo. —Harry mostró su libro viejo y desgastado, Sirius le palmeó la espalda con humor en señal de ánimo. Slughorn empezó a hablar acerca de lo que les esperaría en su clase, lo contento que estaba de ver caras nuevas —justo ahí insertó un guiño a Harry— y otras linduras por el estilo. Luego se paró detrás de un montón de calderos y pidió que le dijeran que contenían. Sirius no supo quien estaba más sorprendido, si él o Slughorn, Hermione contestó a cada caldero con una emoción desbordante, como si contestar correctamente fuera la motivación más grande de su vida, de verdad que daba miedo.
Una de las últimas pociones era una poción de amor, cuando Hermione enumeraba alegremente a que le olía a ella se sonrosó y dejo la última palabra en el aire encogiéndose sobre su banca. Por primera vez desde que la conocía Sirius pensó que en realidad era una chica y que como tal podía tener esas reacciones cursis que volvían el rostro de una mujer todo un poema.
Mientras Slughorn cuestionaba a Hermione acerca de su nombre y si acaso estaba emparentada con magos famosos él alargó la nariz intentando oler algo en la poción, si le preguntaban diría que olía a rosas, la fragancia que se ponía encima todas las mañanas y al lodo del bosque prohibido después de que cayera una tormenta. En definitiva amaba a las mujeres, a si mismo y a la aventura.
—Oye Harry, —le metió un codazo a su amigo y sonrió ampliamente—, ¿a ti a que te huele?
—Hum, —Harry aspiró hondamente, parecía ligeramente confundido—, huelo al aire por las mañanas, ah… creo que podría ser el olor de la Madriguera lo otro, no sé… creo que son flores…
—¡Veinte puntos bien ganados para Gryffindor señorita Granger! —Slughorn gritó elogiando a Hermione quien sonrió complacida, Sirius parpadeó y sintió que un foco se prendía dentro de él.
—Oh, ¿ella siempre obtiene puntos así?
—Nosotros los perdemos y Herm los recupera. —Ron se inclinó hacía Sirius por debajo del brazo de Harry—. No sé que haríamos sin ella. —Luego la clase siguió, Sirius entreabrió los labios, parecía que la había juzgado mal después de todo y bueno, ¿qué querían?, nunca había tenido una amiga antes, con los Merodeadores las cosas eran más sencillas, pero parecía que Ron y Harry estaban completamente habituados a tratar con ella.
La clase se convirtió después de eso en una competencia para conseguir una pequeña poción llamada Felix Felicis, suerte liquida según había dicho Hermione. Las pociones tanto de él como de ella habían quedado medianamente pasables, pero la de Harry había quedado perfecta. Slughorn le entregó la poción de buena gana diciéndole que la usara con sabiduría.
Los cuatro bajaron en tropel, Sirius ya no se sentía predispuesto en contra de Hermione y ella estaba demasiado ofuscada por haber sido vencida por Harry como para pensar en otra cosa. En el camino se encontraron con Ginny cuya larga melena roja estaba recogida en un moño alto, Harry tuvo la vaga sensación de que ella olía como las flores de la poción de amor.
Cuando llegaron al Gran Comedor Harry empezó a explicarles que el libro que le había dado Slughorn tenía apuntes en los márgenes de las hojas con indicaciones precisas acerca de las pociones. Como a Sirius no le interesaba demasiado quien era mejor que quien en clases pasó del asunto y decidió girarse a Ron.
—Oye, ¿a que olía para ti la poción de amor?
—Ah… —Ron se sonrojó— Rosas… —Su cara adquirió el color de su cabello, Sirius le despeinó la roja melena soltando una carcajada, eso era, amar a las mujeres era el destino de los hombres y…
—Pues no me parece bien que sigas las indicaciones que un tal "Príncipe mestizo" escribió en un libro. —Los pensamientos de Sirius fueron interrumpidos por Hermione quien sin dejar de ver a Harry de mala manera arrojó su cabello hacía atrás con fuerza, el aroma a rosas que se desprendió de ella llegó nítidamente hasta Sirius quien abrió la boca. Parecía que el olor a rosas que percibía Ron era un único olor en particular.
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Antes de que llegara el sábado Sirius había tenido que pasar por otras cuatro clases de DCAO y ciertamente las apuestas para ver cuantos puntos lograría perder en la clase siguiente subían de nivel para gran disgusto de Hermione que solía decirle que mas le valdría tener la boca cerrada.
Sexto año se estaba volviendo un infierno, no sólo tenía a Snape humillándolo por todo, también tenía que aguantar el malhumor de Hermione en pociones porque Harry la superaba al usar los consejos del Príncipe mestizo y para colmo las clases se estaban volviendo asfixiantes y seguía sin salirle el maldito hechizo no verbal que a esas alturas Hermione manejaba a la perfección. Canalla fuera esa chica.
Lo único que lo aliviaba un poco era darle lecciones de ligue a Ron, el pelirrojo seguía todos sus consejos al pie de la letra, Harry a veces los veía de reojo, pero nunca se volvía parte activa de las clases. Cuando empezaban con eso Hermione tomaba sus libros y se iba muy digna.
—Se te va a secar aún más el cerebro si le haces caso a Sirius Ron. —Personalmente Sirius no entendía como es que a Ron le gustaba Hermione (nunca lo había dicho pero se lo notaba en esos ojos decaídos cuando ella se iba). Ella era mandona, repelente y completamente inmune a todos sus coqueteos.
El sábado por la noche Harry y él partieron juntos, el de gafas para sus clases con Dumbledore y él para su castigo con Snape, se separaron con sendas palabras de ánimo y luego Sirius enfiló a las mazmorras de Severus, ciertamente lo detestaba con todo su ser. Cuando se detuvo frente a la puerta tuvo que morderse los labios para no gritar "¡Abre ahora Quejicus!" o alguna belleza por el estilo, en vez de eso tocó lentamente con los nudillos en la puerta de madera.
—Señor Black. —Era lógico pensar que Snape lo esperaba con regocijo—. Entré. —Sirius entró de mal talante—. Supongo que ahora que no tiene a sus amiguitos a sus espaldas no se siente tan valiente.
—Supongo que ahora que es maestro siente que tiene el poder que nunca fue suyo. —Sirius escupió de mala gana.
—La razón de mis continuos descalabros a sus manos, —Snape habló con una frialdad heladora—, se debía a que ustedes JA-MA-S atacaron en solitario, siempre tras ese adefesio de Potter.
—¡Cuidado con sus palabras! —Sirius saltó, los dientes apretados—. James no es ningún adefesio.
—Y el pobre, —Snape compuso una sonrisa siniestra—, cree que su amigo sigue vivo, noticias señor Black, el señor Potter de ahora se llama Harry.
—¡Cállate Snivellus! —Los ojos grises de Sirius ardieron.
—Veinte puntos menos para Gryffindor por insultar a un profesor y esta castigado el sábado que viene de nuevo, ahora póngase a lavar todos los calderos, sin magia. —Sirius estuvo a punto de soltar la lengua, pero al final logró retenerse y echándose al suelo de rodillas empezó a tallar un caldero, los labios apretados en un hechizo de piernas de gelatina no verbal contra Snape, lo pensó con tanta rabia y concentración que por un momento creyó que funcionaría, pero cuando a las once de la noche terminó de limpiar todos los calderos Snape seguía parado en sus dos pies como si nada.
—Lo único malo de castigarlo, —le dijo Snape antes de cerrarle la puerta en las narices de mala manera—, es que su presencia nauseabunda también es un castigo para mí.
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Sirius perdía puntos con tanta naturalidad y rapidez en DCAO que nadie se sorprendió de que Hermione estuviera tan cabreada.
—¡Podrías por lo menos probar de cerrar el pico! —Le había gritado enfrente de todos cuando habían salido de la mazmorra ante una nueva perdida de cuarenta puntos. El resto de los Gryffindor no eran capaces de reclamarle nada, las chicas porque era demasiado atractivo y las desarmaba con una sonrisa y los hombres porque era demasiado popular y cercano a Harry como para intentar alguna cosa.
Sirius siempre sonreía de esa manera indolente cuando Hermione lo regañaba, pero por dentro incluso él estaba fastidiado, ¿no se suponía que Snape era adulto y esas cosas?, sentía que se estaba enfrentando a un nuevo Snivellus, con los mismos dieciséis años pero habiendo alcanzado el nivel máximo posible en los videojuegos.
Ron y Harry solían apoyarlo en su lucha incansable en contra del común enemigo murciélago, le daban consejos e intentaban hacer burradas para que los castigaran a ellos, pero como mucho Snape llamaba incompetente a Ron y restaba diez puntos a Gryffindor por las tonterías de Harry.
Los ratos libres se les iban en tratar de hacer los encantamientos no verbales, tiempo que Hermione usaba para hundir la nariz en un libro, de verdad que no entendía a esa muchacha. No la había visto coquetear en ningún momento, siempre andaba rígida como un palo y cumplía su papel de prefecta a la perfección requisando artículos de broma y manteniendo el orden en los pasillos. Era insoportable. De no ser porque Ron la adoraba y Harry tenía debilidad por ella Sirius no se le hubiera acercado en unos buenos metros.
Se suponía que habían quedado de ser amigos, pero era imposible cuando ella tomaba esa pose de cerebrito y ponía particular empeño en pisotear todos y cada uno de sus estudiados piropos.
Las cosas eran más relajadas cuando ella se iba a su clase de Runas y Ron, Harry y él hacían de las suyas sin ella. Ron solía confiscar objetos que luego usaban para jugar, Harry solía estar ocupado con toda la gente que repentinamente le pedía indicaciones para formar parte del equipo de Quidditch de Gryffindor, el joven ya había decidido que las pruebas serían ese sábado por la mañana.
A Sirius le gustaba montar en la escoba, pero personalmente le gustaba más ver el Quidditch que jugarlo. Ron estaba particularmente nervioso con las pruebas que se harían, Harry ya le había dicho que era bueno, pero demasiado nervioso así que Sirius intentaba que se la pasara relajado. Una sonrisa por aquí y otra por allá y las chicas soltaban suspiros cuando los veían juntos. Había una en particular que se ponía muy coqueta cuando Ron andaba cerca, Lavander habían dicho que se llamaba.
Con tanto trabajo en la escuela Sirius ni siquiera tenía mucho tiempo para sus travesuras habituales así que se conformaba con travesurillas pequeñas. Meterle artefactos extraños en la mochila a Malfoy, cantar groserías con Peeves en el pasillo que daba al baño de chicas, salir a medianoche en compañía de Harry bajo la capa invisible sólo para pedir comida a los elfos, cosas de esas. Era poco pero se sentía vivo.
Cuando después de una pesada semana volvió a amanecer sábado por la mañana los cuatro bajaron en silencio al Gran comedor, Ron se hallaba tan nervioso que estuvo a punto de ponerle sal a su leche en lugar de azúcar, Harry se quejaba de que de un momento a otro el quidditch se hubiera hecho tan popular cuando Hermione lo interrumpió rodando los ojos.
—No es que el quidditch se haya hecho popular Harry, es que tú lo eres. Nunca antes has sido más interesante y francamente nunca has sido más fascinante como ahora. —La chica clavó en él sus ojos marrones, Ron se atragantó con lo que estaba comiendo y Harry se ruborizó de tal manera que Sirius pensó con espanto que tal vez se había equivocado al pensar que la Evans de su amigo era Ginny.
Hermione siguió alabando todas las cosas que hacían de Harry el ser más popular del momento, Ron se metía bobamente en la plática queriendo destacar que él también había pasado las mismas aventuras al lado de Harry pero la chica no le hizo ni caso. Personalmente Sirius se sentía un poco mosqueado, cuando Hermione hablaba de Harry parecía que estaba alabando al héroe del momento, vamos que su amigo era la onda, pero pensaba que él no se quedaba atrás. Cierto, no había peleado con ese tal "El que no debe ser nombrado", pero no creía que fuera tan malo de cualquier forma. Aunque ahora sentía un poco eso que le había comentado Ron acerca de que era pesado ser solamente el amigo eterno de "El elegido"
Cuando Hermione terminó de alabar a Harry y fue claro que el joven no podía estar más ruborizado empezaron a llegar las lechuzas.
—Remus no me ha escrito ni medio renglón. —Sirius se quejó pasando ambas manos tras su nuca—. No esperaba más fidelidad de un buen amigo.
—A mí tampoco me ha escrito nada. —Harry se encogió de hombros, no le dolía tanto no recibir nada si Sirius también corría la misma suerte. Ron recibió una carta de los gemelos en donde lo bromeaban tanto que terminó por hacerla bola y meterla en la bolsa de su pantalón.
—Idiotas. —Hermione por su parte se apresuró a extender el Profeta sobre la mesa, al instante los tres hombres se inclinaron sobre ella. Todos los días había asesinatos, desastres y eventos relacionados con las artes oscuras. El mundo entero estaba en constante tensión, los dementores rondaban por todos lados haciendo de las suyas.
—¿Ha muerto alguien que conozcamos? —Ron preguntó como todos los días fingiendo normalidad, para Sirius las personas que conocía se reducían a muy pocas y no estaba completamente convencido de que lo sintiera si le pasaba algo, digamos, a su prima Narcissa.
—Quisiera ver a Hagrid. —Hermione se retorció las manos cuando hubieron comprobado que no había muerto nadie conocido—. Me gustaría explicarle porque no continuamos nuestros estudios de cuidado de las criaturas mágicas.
—Oh vamos, —Ron se quejó—, ¿qué podríamos decirle?, ¿qué su materia apestaba y la odiábamos? —Hermione farfulló que no apestaba, se veía afligida.
—Tenemos la prueba de quidditch justo ahora. —Harry se levantó de la mesa, no se veía muy contento con tener que elegir a su nuevo equipo.
—¿Por qué no van ustedes a la prueba y Hermione y yo vamos con Hagrid? —Sirius que quería ver a Alas marchitas habló antes de siquiera pensarlo.
—¿Eh? —Ron pasó saliva incapaz de decir que le gustaría que Hermione lo viera en la prueba.
—Sería una buena idea. —Harry acotó empujando ligeramente a Hermione por la espalda para que aceptara la oferta, si la chica no estaba sentada en las gradas era menos probable que Ron se pusiera nervioso.
—Oh. —Hermione no supo que decir, no es que le gustara mucho el Quidditch, pero le parecía grosero de su parte no asistir a animar a Ginny y a Ron, además… bueno, quería ver a Ron.
—No te preocupes. —Sirius le dio un ligero golpecito en el hombro—. Ron aprobara seguro.
—¡Yo no estoy preocupada por eso! —Hermione chilló enrojeciendo, Ron que estaba parado frente a ella también enrojeció.
—¿Ah no? —Sirius arqueó ambas cejas—. Entonces estas segura de que aprobara.
—Por supuesto. —Hermione se ahogó con las palabras cuando notó la sonrisa que se pintaba en la cara del pelirrojo ante su afirmación—. ¿Cómo no iba a hacerlo si se la pasó todas las vacaciones montado en una maldita escoba? —Sintiendo que el rostro le explotaba en rubor dio media vuelta y echó a andar a paso veloz, Sirius se despidió al vuelo de los otros dos y corrió a alcanzarla. Caminaron lado a lado sin decir nada por espacio de un par de minutos, cuando empezaron a andar sobre el pasto verde Sirius se permitió mirarla de reojo.
—Así que te gusta Ron.
—No digas tonterías. —Aunque el tono rosa en sus mejillas la delataba.
—Es un buen chico, ya sabes, un poco lento y todo eso, pero es bueno, creo que tiene potencial.
—¿Podrías callarte? —Hermione lo miró de medio lado, sin embargo una traicionera sonrisita se apareció en su rostro.
—¡Oh, lo sabía! —Sirius echó ambos codos hacía atrás en señal de victoria—. Estas enamorada, te gusta el rojito.
—Eres un escandaloso. —Ella volvió a tomar su pose de sabelotodo—. No sé como te aguanto.
—De hecho la mayoría del tiempo eres bastante pesada. —Sirius aclaró al vuelo a pesar de la mirada envenenada de ella.
—Y tú eres un farsante del amor y de todas maneras intentó no quejarme.
—Prefiero el termino Playboy.
—No me importa que termino prefieras. —Hermione gruñó y antes de que Sirius pudiera contestarle adecuadamente se encontraron frente a ellos a Alas Marchitas. Sirius corrió hacía él, el animal pareció reconocerlo porque le hizo una marcada reverencia.
—Con que aquí estas amigo, ¿me extrañaste? —Empezó a acariciarlo y Hermione arqueó una ceja tras él, Sirius era una persona diferente cuando trataba con los animales, se preguntaba si tenía algo que ver con su condición de animago—. ¿Quieres dar una vuelta? —El animal se puso rápidamente de pie como incitándolo a subir, Sirius sonrió de oreja a oreja como un niño pequeño.
—Ni se te ocurra. —Hermione retrocedió cuando él giró hacía ella con toda la intención de sujetarla por la cintura—. ¡Dijiste que era una pesada!
—Lo eres. —Con suma facilidad el joven la sujetó por la cintura y la trepó al animal subiendo él atrás. Hermione se sintió estupida por sentir rubor cuando él le pasó las manos por el estomago agarrándose a ella.
—¿Por qué diablos no puedes volar tú solo? —Hermione habló rápidamente aferrando el pelaje del animal sin ser consciente mientras éste se elevaba—. ¿O es que sólo quieres molestarme?
—Me gusta volar con alguien.
—A mí no me gusta volar.
—Mala suerte para ti. —Hermione tuvo la intención de girarse y darle un golpe en la nariz como lo había hecho un día lejano con Malfoy, pero se replanteó las cosas cuando sintió el característico vacío en el estomago que quedaba cuando se elevaba de golpe.
—No vueles muy alto. —Hermione sintió que las manos le temblaban a su pesar.
—¿Por qué eres tan sabelotodo?, —Sirius ladeó el cuerpo para poder verla aunque fuera de perfil.
—¿Tu por que eres un superficial?
—No soy superficial. —Sirius arqueó ambas cejas.
—Te la pasas seduciendo chicas, eso es ser un superficial. —Hermione sintió que el vacío en su estomago volvía a instalarse cuando el hipogrifo dio una vuelta en el aire.
—¿Y tú por qué no andas de arriba abajo con un grupo de chicas?, se supone que las chicas hacen eso, ¿no?
—Yo tengo a Harry y a Ron. —Hermione parecía demasiado asustada para intentar mentir siquiera.
—Ya, pero son chicos.
—Y a Ginny.
—En todo este tiempo te he visto hablar muy pocas veces con ella.
—E-es que su novio… ¿podríamos bajar ya?
—Aguafiestas. —Sirius arqueó ambas cejas y le dio indicaciones al hipogrifo para que descendiera, en cuanto tocaron suelo Hermione bajó de un salto.
—¿Qué hacen aquí? —Hagrid que tenía el ceño terriblemente fruncido apareció pesadamente tras ellos.
—Hagrid. —Hermione medio sollozó retorciéndose las manos pero el maestro no le prestó la menor atención y entró de manera violenta a su casa—. Oh dios, esta enojado.
—Es un exagerado. —Sirius bajó también del hipogrifo y tronó los huesos de su cuello ladeando la cabeza—. Sólo esta así porque decidieron no hacer los EXTASIS de su materia, ¿cierto?
—Bueno, sí… —Hermione titubeó, se veía avergonzada y culpable.
—Oh vamos. —Sirius la sujetó de una mano y entró precipitadamente a la casa—. ¡Oye Hagrid!
—¿Qué? —El antiguo guarda bosques le contestó lo más rudamente posible.
—Alas marchitas definitivamente se ve mejor, en mi casa vivía encima de la cama de mi madre, aquí tiene donde caminar y volar, ¿no crees que su pelaje luce más brilloso?
—Oh, sí. —Olvidando su mal humor Hagrid giró hacía ellos con una sonrisa en su cara.
—Esta chica no aprecia volar sobre él, pero realmente se nota que esta mucho muy feliz.
—Oh. —Hagrid le dirigió una mirada desdeñosa a Hermione, como si "esta chica" fuera desconocida para él.
—Hagrid, por favor… —Hermione empezó a disculparse pero Sirius la interrumpió bruscamente.
—La verdad es que ninguno de los cuatro tomó tu ramo por una razón en particular. —Los ojos grises de Sirius adquirieron dureza de un momento a otro—. Hagrid, tu debes saber todo lo que esta ocurriendo con el que no debe ser nombrado.
—Oh sí. —Hagrid se echó ligeramente hacía atrás—. Es terrible.
—También sabes que James es el elegido.
—¿James?
—Se refiere a Harry. —Hermione aclaró pero Hagrid hizo como si no hubiera oído.
—Como imaginaras todas nuestras fuerzas deben ir dirigidas para cuando llegue ese momento. —Sirius tomó aire, sus ojos grises completamente decididos—. Por eso, por más que amemos a las criaturas mágicas, debemos concentrarnos en lo que la vida nos pide en este instante y lo que nos exige es convertirnos en Aurores.
—Oh, —Hagrid lució definitivamente abochornado—, ya veo. —Hermione quiso golpear a Sirius por mentir tan impunemente acerca de una guerra que ni siquiera comprendía.
—Para todos fue una decisión difícil. —Sirius se sentó en una silla y cerró los ojos echando la espalda ligeramente hacía atrás—. Pero debíamos tomarla, porque la seguridad del mundo mágico esta primero.
—Entiendo, entiendo, —ahora Hagrid lucía completamente avergonzado—, yo también estoy con Harry y sé que para él debe ser muy pesado, se lo diré en cuanto lo vea y con Ron es lo mismo. —Hermione estuvo tentada de dejar escapar un suspiro, a veces Hagrid era tan ingenuo e infantil.
—Nos alegra que lo comprendas. —Sirius sonrió ampliamente, su cabello negro cayendo sobre su frente como un sueño de verano, Hermione rodó los ojos, mira que usar sus encantos incluso en una situación como esa.
—Oh sí, claro, claro. —Hagrid colocó delante de ellos una enorme taza de algún extraño brebaje que seguramente les hacía pasar por té. Antes de que Hermione le pudiera advertir en susurros Sirius ya había empinado el vaso de manera sedienta. La chica cerró un ojo esperando verlo ahogarse, gruñir o en el peor de los casos escupir todo aquel brebaje verde afuera.
—Sabe raro, ¿qué es? —Pero Sirius simplemente parpadeó observando su taza para después volver a empinarla antes de que Hagrid tuviera tiempo de contestarle. Hermione lo veía con la boca abierta, tomó un sorbito a su propia taza y después de comprobar que era tan nauseabunda como siempre volvió la vista a su compañero que parecía de lo más satisfecho con la taza vacía, ¿no se suponía que era un chico mimado y todo eso?
—¿Tienes hambre? —Hagrid lucía realmente contento cuando dejo caer frente a ambos una tarta tan dura que hizo un eco sordo en la mesa al caer.
—¡Oh sí! —Sirius tomó rápidamente una rebanada.
—Harry y Ron vendrán aquí después de las pruebas de quidditch. —Hermione miró a Hagrid de manera apremiante para que éste dejara de ver a Sirius, estaba casi segura de que esta vez el muchacho echaría fuera la nauseabunda tarta.
—Escuché que Harry es el capitán.
—Será el mejor. —Sirius se pavoneo como si estuviera hablando de si mismo, Hermione tuvo que reconocerle que cuando se trataba de Harry no era celoso en lo absoluto a diferencia de Ron.
—También escuché que Snape te tiene castigado todo el tiempo.
—Ese murciélago. —Sirius negó con la cabeza y luego de acabar con su rebanada de tarta se puso en pie. —Tengo castigo con él por la noche.
—Si por lo menos dejaras de meterte con él. —Hermione entrelazó sus dedos nerviosamente, nunca había visto a alguien que fuera capaz de comer la comida de Hagrid, temía que en cualquier momento Sirius echara a vomitar.
—Él me incita. —Sirius gruñó.
—No puedo ganar puntos con la misma rapidez con que tu los pierdes. —Hermione parecía ansiosa—. Harry por lo menos me daba un margen de tiempo, pero tú pierdes puntos todos los días.
—No te preocupes, —Sirius le palmeó la espalda—, sé que lograras superar esta prueba.
—¡¿Cómo que lo superare?, ¡tú eres quien debería comportarse! —Confundido Hagrid estaba por intervenir cuando la puerta de la cabaña se abrió y Harry y Ron entraron con estruendo.
—¡Ron y Ginny están en el equipo! —Harry exclamó sonriendo.
—¡Eso rojito! —Sirius estrelló su mano en la de Ron, ambos guiñando un ojo.
—¿Hubo problemas Harry? —Para fastidio de ambos Hermione se dirigió al de gafas.
—No, bueno, sólo al escoger a Ron, en la primera prueba Mc Laggen logró bloquear los cinco goles y Ron también así que tuvimos que repetir la prueba hasta que Mc Laggen falló.
—Estuve a punto de fallar el último penal que lanzó Ginny, para ser su hermano no parecía especialmente amable para lograr que me quedara en el equipo. —Ron se quejó, luego, cómo recordando giró a Hagrid abriendo mucho la boca, pero el enorme hombre simplemente le puso una taza de té en las manos.
—Sirius ya me explicó todo, lo entiendo.
—Ah. —Harry también parecía confundido pero Sirius le dijo con una seña que le explicaría después. Los cinco se sentaron en torno a la mesa, Harry explicando como había ido la selección y Hermione prestándole la mayor de las atenciones. Sirius giró a ver a Ron y leyó en su rostro el mismo resentimiento que sentía él. Parecía que para esa chica lo más importante del mundo era sin lugar a dudas Harry Potter.
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Notas de Okashira Janet: Lamento haberme tardado, la cuestión es que me puse a ver un anime "Hana yori dango" me gustó tanto que después me leí el manga y finalmente hice un fic. Realmente una serie que les recomiendo ver.
Agradezco a:
Flor-LupinSparrow
MaxiAnn Hatake
Ale Potter Black
Mariana Masen
Amy-tsubasa
Rosi O.O
Miadharu28
Diosa Luna
Lolilla
CarlaMelina
Criiistiii206
Primrose Evergreen
MarshMallow
Alexa Blaze
Naj
Perse B.J
A todos muchas gracias, esta vez Snape robó escena y los desastres para estos cuatro apenas empiezan. No quiero que la química entre Sirius y Hermione sea instantánea porque a decir verdad en este punto Hermione y Ron están bastante encaminaditos, pero el romance llegara, no desesperen. Un beso Ciao
30 de Agosto del 2011 Martes
