Capítulo 4
Todo era húmedo a mí alrededor y al mismo tiempo cálido.
Fui recobrando el sentido de todo mi cuerpo. Me sentía más liviana y al mismo tiempo frágil. Pero me empezaba a sentir mejor.
Vaya imaginación la que tenía.
Mis parpados pesaban y a través de ellos pasaba una muy tenue luz.
Como si hubiera velas a mí alrededor. Supuse que era de noche y había corte eléctrico. Tal vez Natalie había enchufado alguna maquina en el dormitorio de cámaras y había quemado los fusibles.
En ese caso ya no se podía hacer nada.
Yo odiaba dormir.
Para mí era una completa pérdida de tiempo.
¿Sabes cuánto haríamos usando esas horas de sueño?
Tampoco era una gran fan de quedarse acostada porque si en una cama. Pero pensar en levantarse en ese momento, estaba fuera de mi alcance.
Cuanto más despierta estaba, más lugares en mi cuerpo empezaron a arder. Dolían mucho. La mejilla, el cuello, el pecho, el abdomen, la pierna y la espalda.
La espalda era la que más me dolía, molestaba. Era así porque yo seguía acostada boca arriba. El colchón o lo que fuera era cómodo y suave, pero la espalda dolía horrores.
Parecería que la noche anterior un camión de carga me pasó por encima.
De repente mis oídos captaron sonidos a mí alrededor. Movimientos suaves.
Una puerta que se abría y cerraba, pasos, voces lejanas.
¿Estaría en un hospital?
No, eso no podía ser, si fuera así habría más luz.
Mi mente se sobresaltó cuando comencé a recordar esas caras horribles y crueles.
Los recuerdos de mis propios llantos, los de mi hermana. La imagen de Natalie siendo apuñalada por la espalda. Oh esa expresión nunca se borraría de mi mente.
Todo allí empezó a volar, mi mente se mareaba, la sangre bombeaba en mis oídos.
Los pasos a mí alrededor se acentuaban.
Sentí que alguien me tomaba delicadamente mi pierna dolorida, y con ese nuevo tacto mis ojos se abrieron al fin.
Lo que pude ver me dejo estupefacta. Estaba en un dormitorio, o algo así.
Las paredes eran de piedra. Pero no eran artificiales, parecían trabajadas, herméticas.
No había esquinas. Era una cueva.
Me pareció muy extraño.
¿Dónde me había metido esta vez?
Cuando miré hacia el lugar donde había sentido el tacto, vi que había una persona.
Estaba de pie, con la cabeza agachada, al costado de la cama mirándome la pierna. En sus manos tenía una crema o pasta blanca y viscosa.
Murmuraba cosas extrañas. Me hacían recordar a algo. La persona no se dio cuenta que yo había despertado o lo sabía y no le importó.
La miré más detenidamente, era una mujer, tenía el cabello castaño claro, muy largo.
Sus ojos parecían ser claros, pero entre la oscuridad y la lejanía, no sabía de qué color.
Ella era alta y esbelta.
No se parecía a ninguna mujer que hubiera visto en toda mi vida.
Y así era, pues ella no era una ''persona''.
Entre sus cabellos pude ver sus orejas y lo que vi, hizo que perdiera el último pedazo de razón que me quedaba.
¡DEBÍA DE ESTAR LOCA!
Cuando la elfa acercó su mano a mi pierna en un obvio intento de volver a tocarme, antes de que lo hiciera, yo salté de la cama.
El salto sorprendió a la elfa al igual que a mí misma.
No solo había sido rápido, sino que también fue absolutamente increíble.
Mi cuerpo siempre había sido patoso, me caía, me tropezaba por la calle. Era un desastre, una vergüenza para la humanidad.
Pero ese nuevo movimiento era grácil, elegante, rápido y sorprendente.
La otra persona que estaba en el cuarto pareció igual de asustada. Me miraba con la boca abierta y en sus ojos había asombro.
La adrenalina dejó mi sistema y volvieron los dolores más agudamente que antes.
Me maldije mientras empecé a caer lentamente hacia el suelo.
Pero la elfa me sostuvo fuertemente antes de que yo tocara la fría piedra.
Me llevó hasta la cama de una plaza sin decir una palabra.
Con un rápido vistazo me di cuenta que mis brazos tenían cicatrices que parecían estar sanando.
Estaba horrorizada.
Levanté mi mano lentamente hacia la picazón de la mejilla. Pero una mano me detuvo de mi investigación.
Miré y me di cuenta que era la elfa y que ahora me miraba a los ojos. Bajó mi brazo amablemente mientras en su cara había lastima.
-No querrás tocar eso- me dijo con pena en su voz.
¿Cómo me vería? ¿Sería un horror?
Empecé a respirar rápido y acaloradamente.
Quería llorar.
Pero no podía. Tenía que ser fuerte.
La miré a la cara.
-¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy?-
Me ayudó a volver a acostarme y luego mientras volvía a ponerme la crema en la cicatriz de la pierna me respondió.
-Soy Elwen, tu sanadora. Y estas en Mirkwood.- Dijo en lengua común, y por el desuso de ese nombre en su boca, se escuchó raro.
-¿Mirkwood?- Pregunté asombrada, '¡No, no podía ser!'.
-Sí, exactamente. ¿Puedo preguntar cuál es su nombre?- Pregunto dejando esa cicatriz, mirándome a la cara por un minuto y luego moviéndose para poner crema en otra de las cicatrices del cuello.
No podía creer que estuviera aquí.
Mirkwood, en Rhovanion, la tierra media.
Al este de las montañas nubladas, al sur-oeste de Erebor.
Por un momento sudé de miedo.
Respondí mientras con mis dos manos cubría mi cara sin tocarme.
-Soy Emma Stark.-
La elfa ahora conocida por el nombre de Elwen, me miró por unos segundos.
-Extraño nombre para una mortal.
Al decir eso me di cuenta que para ella debía de ser extraño tratar con alguien que no fuera su especie, en Mirkwood no había muchas visitas.
Mis manos llegaron hasta mis orejas. Parecían de lo más normal. En si eran pequeñas y perfectamente circulares. Nada de puntas, ni cosas élficas.
Bueno, todavía sigo siendo mortal.
Puse una pequeña sonrisa.
Lo que menos me gustaba de los elfos era que eran inmortales.
Siempre había aprobado la decisión de Arwen de elegir la mortalidad. Preferible vivir los suficientes años con alguien y amar, que sobrevivir 6000 años, y pasar por todas las edades de la tierra en soledad.
Yo obviamente todavía no había encontrado a mi Aragorn.
El Montaraz del norte siempre era mi elección a la pregunta:
¿Tu favorito de la compañía del anillo?
Me acordé de mis hermanas. ¿Dónde estaban Natalie y Luna? ¿Estaban vivas?
Recordé lo que había pasado con Nat y mi cuerpo tembló.
-¿Cómo llegue aquí?- ¿Dónde están mis hermanas?-
La sanadora elfica me retuvo al ver que me quería volver a levantar.
Dejó la crema a un costado, sobre una mesita de madera y me tomó las manos amorosamente.
-Te encontraron en la antigua fortaleza de Dol Guldur- Dijo haciendo una mueca al decir el nombre de la fortaleza.- ¿Hermanas?- pregunto con cara de duda- Solo encontramos a otra humana a tu lado-
-¿Cuál? ¿Dónde está?
Pregunté yo con un aliento y al borde del llanto.
-Está en la habitación de al lado.- Murmuro apuntando hacia la pared de la derecha con un movimiento de la mano.
-¡Tengo que ir a verla!- Grité yo, pero la elfa, con mucha fuerza me obligó a permanecer acostada en la cama.
Me dolía tanto el cuerpo que obedecí, y no discutí.
Pero la miré con angustia y enojo.
Ella negó con la cabeza.
-No puedes andar por los pasillos del palacio así, estas muy mal herida. Tienes que recuperarte. Además no puedes hacer nada por ella, ella está mejor que tu.-
Me fui tranquilizando. Si, era verdad. A mí me habían torturado mucho más tiempo.
No sabía el porqué de ninguna de las preguntas que me surgían en la mente.
¿Por qué estábamos en la tierra media?
¿Esto era real?
¿Estábamos muertas en el planeta tierra?
¿Por qué me habían torturado?
¿Qué iba a pasar con nosotras aquí en Mirkwood?
Sí que había que tener mala suerte. Mirkwood. Podríamos haber caído en cualquier parte de la tierra media, podríamos haber sido rescatadas por elfos de Rivendell o Lothlorien, pero no, me toca estar enferma y asustada en el bosque más enfermo y horrible de la región, por no hablar de que estos elfos no eran mi clan preferido. No eran tan amables, ni tan sabios como los Noldor.
Eran menos civilizados y más oscuros.
Y ahora yo y mi hermana estábamos en sus manos.
¿Y qué les iba a explicar?
En toda mi existencia había leído muchos fanfics, para saber que no era bueno decir la verdad y tampoco era bueno mentir. Y menos a los elfos.
Extracto de un fanfic: ('La humana, mágicamente aparece en la tierra media y se encuentra con la comunidad del anillo completa.- '' ¿De dónde eres?''- pregunta Legolas. -''De Rohan''- Responde la humana. Rápidamente se dan cuenta que miente y la atan con cuerdas.)
Pero yo sabía que mentir solo nos iba a llevar por el mal camino. Y más al saber que el rey de Mirkwood tenía trece calabozos libres por muchos años.
¿Pero era seguro decir la verdad?
O sea, ¿Todo lo que sabíamos?
¿Spoilers y todo?
Yo creo que tampoco.
Pensando en eso me vino a la mente que sería bueno saber en qué año exactamente nos habíamos metido.
Estaba casi segura que en la tercera edad. Aunque no estaba ni de lejos feliz si así fuera.
Miré hacia la elfa que había tomado uno de mis brazos y curaba más de las 10 cicatrices que había podido contar en mi piel.
-¿En qué año estamos?- Le pregunté con voz tranquila. O eso quería hacer pretender.
Me miró con los ojos entrecerrados. Esperé que no pudiera leerme la mente.
Luego de dejar de mirarme y seguir otra vez con su trabajo, respondió.
-En el año 2901 de la tercera edad, Señorita Stark.
Dijo Elwen usando mi apellido de lengua común, que en sus labios contenían un acento exótico.
Asentí débilmente, bueno me podría acostumbrar al 'Señorita Stark'.
Al menos faltaban como 150 años para que fuera el año 3018 o 3019.
Teníamos tiempo suficiente para encontrar una manera de volver a nuestra casa, nuestro planeta. O como fuera. Igualmente al ser mortales, moriríamos antes de que algo importante pasara. Como un dragón o Sauron.
Era un sueño del que quería salir, no me malinterpreten, seguro alguna vez en mis años de fanática pensé que sería genial ir a la tierra media a matar orcos. Pero en la realidad apenas había salido con vida. No podía quedarme aquí, apenas sabría defenderme, y solo éramos una carga para quien fuera que nos había aceptado en el reino.
Dios, el rey elfo debe estar muy enojado. Esperaba no encontrármelo nunca o lo menos posible.
En cambio en 2941-2942 es la aventura del Hobbit y Erebor. El dragón Benedict Cumberbatch debía de seguir con su tesoro bajo la montaña. Luego dragón Benedict aterrorizaría a la ciudad de Esgaroth.
Me empecé a preguntar si cada personaje del libro, seria en apariencia como los actores de las películas, cuando la sanadora elfica dejó lo que estaba haciendo, puso otra vez la crema a un lado y se alejó de mí lentamente.
Me miró a los ojos.
-¿Sientes mucho dolor?- Preguntó.
Yo dejé de pensar y me concentré en cómo sentía mi cuerpo.
Si, dolía bastante. Como un tractor pasándote por encima y que luego un avión se callera sobre tu cabeza.
Me quejé fuertemente asintiendo.
Sin avisar, la elfa puso una mano en mi frente, yo ya entendía lo que pretendía hacer. No quería que me pusiera en un sueño elfico.
Empezó a murmurar cosas en el lenguaje de los elfos, Sindarín.
Yo traté de resistir pero mis parpados fueron cayendo lentamente y me perdí en un sueño tranquilo.
Al último segundo sentí que Elwen me decía:
-'Losto Vae.'- (Duerme bien).
Thranduil and Elwen POV.
-Hîr vuin (Mi señor)- Dijo Elwen de pie, en medio de la sala del trono del Rey Elfo. – Las dos mortales han despertado.-
Una figura real, alta y magnifica habló desde su trono.
- Na vedui! (¡Al fin!), Na van? (¿Cuándo?) ¿Fuiste informada de cómo es que llegaron a las manos de los orcos?-
La elfa negó con la cabeza. El rey elfo era muy intimidante y hermoso. La ponía nerviosa.
- Û, Hîr vuin (No, señor), Una se llama Emma, la cual parece ser la mayor de las dos y la otra se llama Luna.
-Nombres extraños- Dijo el rey usando por primera vez el lenguaje común.- ¿Están disponibles para interrogatorios? –
- Û, vuin! (¡NO SEÑOR!)- Exclamó con tono agudo la elfa- Boe de nestad (Necesitan sanar), las hermanas Stark necesitan descansar. Lo único que se me informó, fue que torturaron más a una que a la otra.
- Man pen? (¿Cuál de ellas?) ¿Cuánto tiempo necesitan para reponerse?- Pregunto el rey elfo el cual ya había perdido todo interés.
Él no quería mortales desconocidos paseando por sus pasillos.
-La mayor. Un mes señor, o tal vez más.- Dijo la elfa, el rey era poco amable y eso la molestaba.
- Gwestol? (¿Tu lo prometes?), Boe? (¿Es necesario?) – Dijo el rey ya cansado.
- No (Si), no creo que la mayor quiera salir de su habitación por mucho tiempo.
Esto último llamó la atención del rey. Se incorporó en su trono para poder hablar mejor con la elfa allí de pie.
- Am man theled? (¿Y cuál sería la razón?)- Preguntó con voz curiosa el rey elfo.
-Ella tiene muchas cicatrices, en el cuerpo y la mejilla.- La elfa miró hacia otro lado avergonzada y preocupada. – No estoy segura de poder curarlas del todo.
Eso le dolió al rey. Que Elwen, su mejor sanadora no supiera como curar algo. Esas cicatrices debían ser graves, muy malas.
Y la mortal también las tenía en su cara, en su mejilla.
Eso le hizo recordar sus propias heridas. Sus heridas malditas, las cuales siguieron ocultas para todos los demás, menos para él.
Por primera vez el rey elfo sintió empatía y curiosidad por una persona, que además no era de su propia raza.
Tenía que despedir a la elfa para quedarse solo con sus pensamientos.
- Agoreg vae (Lo has hecho bien), Ego. (Puedes irte.)- Ordenó el rey y luego dejó de darle atención a la elfa.
Esta por su parte antes de irse se despidió debidamente de su rey.
- Boe i 'waen (Debo irme), Novaer (Adios!) – Hizo una pequeña reverencia y se marchó. Dejando al rey del boque negro con más preguntas que respuestas.
